Hola, aquí de nuevo dejándoles un nuevo capítulo, espero que sea de su agrado y si no pues háganmelo saber, muchas gracias por sus comentarios, los tomo en cuenta. Sin más los dejo :]

Advertencia: AU Occ

Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen si no a su creadora Rumiko Takahashi.

"Corazones de Tinta"

Capítulo 4

La semana había pasado volando, Kagome decidió no visitar a su abuela, ya que tenía bastante trabajo, por lo que le hablo disculpándose; su abuela que era una persona muy comprensiva, le indico que estaba bien, ella tenía un trabajo y debía de ver por sus pacientes, estarían en comunicación constante y de nuevo le recordó que se cuidara, que no durmiera tarde, que se abrigara y que comiera saludablemente.

La chica se encontraba ante el espejo de su habitación, aun se encontraba envuelta en su camisón de dormir, su cabello estaba en una trenza, la cual llegaba hasta su cintura, era domingo, el mejor día según ella. Podía dormir hasta tarde y quedarse en pijamas todo el día. La luz que se colaba por su habitación le dio directamente a los ojos, se acercó perezosamente hasta la ventana y abrió por completo la cortina, dando paso a un bello paisaje, el cielo estaba en todo su esplendo adornado con blancas nubes que se desplazaban lentamente.

Dejo a un lado el paisaje y miro hacia su cama, la cual estaba hecha un desastre, ya que se había dormido hasta tarde leyendo, últimamente estaba investigando sobre una buena alternativa para Sesshomaru Taisho, aquel hombre serio, poco expresivo y frívolo. Durante sus consultas mostraba un poco más su lado amable y atento, pero sabía ella que se debía a que era su terapeuta, no porque realmente le agradara. Tenía grandes expectativas, sabía que en poco tiempo el conseguiría abrirse ante ella y con el tiempo a los demás, solo llevaban 3 sesiones y las cosas mejoraban.

—El día que él me diga que ha encontrado su inspiración, ese día ya no seré más su terapeuta, su alma y su mente habrán sido sanadas—dijo mientras caminaba hacia la cocina.

Esperaba que eso sucediera muy pronto, ya que cuando estaba con él, sentía un enorme dolor en el pecho, no era lastima ni mucho menos rencor; era un sentimientos extraño, de querer alejarse de él, de sus profundos ojos ambarinos, de aquel cabello platinado, brilloso y sedoso, apartarse de él por completo. Abrió su nevera y estaba completamente vacía, ahora recordaba que eso era lo que tenía que haber hecho el viernes en la noche, ir a comprar la despensa. Su estómago le gruño, en señal de que estaba vacío. No le quedaba de otra, tendría que comer fuera y comprar su despensa, sonrió al recordar que el día era soleado, así que deshizo su trenza y se dirigió con rapidez a su habitación estaba ansiosa por elegir su ropa y salir a despejar su mente por unas horas.

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—Ya le dijiste a Sesshomaru de lo nuestro—dijo una voz varonil.

Rin, que se encontraba mirando el menú, se fijó en su acompañante y le sonrió dulcemente.

— ¿Por qué debería contarle mi vida amorosa? —menciono la mujer mirando de nuevo el menú.

—Porque eres su publicista y de igual forma fuiste su novia.

—Querido, eso no importa, mi vida personal no repercute en mi trabajo.

—Lo sé Rin, pero Sesshomaru es muy aterrador cuando se enoja.

—Decidimos salir para pasar un domingo romántico, no para hablar sobre Sesshomaru y el pasado.

—Entiendo, ¿Qué ordenaras?

—No sé, Kohaku —menciono rin mirando a su novio.

Kohaku y ella habían estado saliendo por 6 meses y hace 3 meses eran oficialmente una pareja, ahora mismo pensaban en vivir juntos. Rin era para Kohaku la mujer perfecta, dulce y tenaz a la vez, nunca se rendía, siempre era perseverante. Eso fueron unas de las tantas cosas que le gusto de ella, también estaban sus ojos de un color negro, los cuales tenían un brillo especial, de igual manera amaba su cabello color chocolate, era suave y cuando se recostaba en su hombro los pequeños mechones le hacían cosquillas.

Rin por su parte, amaba locamente a ese hombre, era tres años mayor que ella y lo conoció mucho antes de que fuera nombrado vicepresidente de la compañía, así que no le importaba su puesto ni mucho menos su estatus social, simplemente se había enamorado de él. Tal vez fue su trato hacia ella, respetuoso y profesional pero con el tiempo se volvió cariñoso y hasta cierto punto algo empalagoso, pero lo amaba, simplemente por ser él; estaba enamorada de su sonrisa, fresca y llena de vida, también de los detalles que tenía hacia ella , como mandarle todas las mañana orquídeas, las cuales alegraban su día. Después de una relación tormentosa al fin había encontrado a una persona que la amara y que estaba dispuesto a dar el siguiente paso, podía ver claramente su futuro con Kohaku, su boda, la luna de miel, la casa donde formarían una familia y al final, se podía ver con el de vieja, aun enamorada.

— ¿Pasa algo amor? —pregunto Kohaku mientras acariciaba la mano de Rin.

—Solo pensaba en lo feliz que soy desde que te conocí —dijo la chica sonrojándose.

—Ese día es inolvidable amor, desde ese momento mi vida fue mejorando, no solo en el trabajo sino en mi vida personal.

Kohaku se acercó a ella y le dio un dulce beso en los labios, ambos se miraron sonrojados como si se hubieran dado su primer beso.

—Cambiando de tema Rin, ¿En dónde nos mudaremos en tu casa o en la mía?

Rin analizo la situación por unos segundos y al final se le ocurrió una gran idea.

—En ninguna de las dos—dijo ella sonriendo.

— ¿Entonces en dónde? —pregunto confuso Kohaku.

—Hasta el día en que Sesshomaru entregue su libro, ese día viviremos juntos, pero con una condición.

— ¿Cuál?

—Que compremos una casa entre los dos.

Kohaku se quedó sorprendido por las palabras de la chica, eso significaba que estaban dando el siguiente paso en su relación.

—Y si Sesshomaru no logra su cometido ¿Qué pasara?

—Renunciare a ser su publicista—dijo la chica seria—no porque fuera una mala publicista y amiga, lo he estado pensando desde hace ya bastante tiempo, ya que me atormenta estar a su lado, lo quiero mucho ya que viví con él momentos hermosos—hizo una pausa—pero siento como si él fuera el ancla que me mantiene en el pasado, en aquella relación destructiva.

—Entiendo, has estado casi 10 años con él, como su publicista y amiga—dijo mientras sujetaba la mano de la chica —has visto de cerca como su carrera empezó, como fue creciendo y ahora la ves decaer.

—Así es, si no puede cambiar esta vez, jamás lo hará—dijo sujetando la mano de su amante.

—Ya veraz que si lo lograra, él es un gran escritor, pero aún le falta algo, esa chispa que haga que todo el mundo lo ame, más allá de su aspecto físico, sino que en verdad sea apreciado por las personas.

—Eso espero Kohaku, que el salga de esa oscuridad que nubla su mente.

—Ya verás que lo lograra.

—De todos modos no perdemos nada, porque pase o no la prueba compraremos una casa para vivir juntos.

—Es una promesa—dijo el chico mientras besaba la mano de la chica.

Rin no estaba arrepentida de lo que había dicho, Sesshomaru era su amigo, pero no podía permaneces más a su lado, el pasado tormentoso le había dejado una huella, una muy grande y visible. Ella quería buscar su felicidad y la tenía frente a ella, Kohaku era todo lo que necesitaba para ser feliz.

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Sesshomaru se encontraba en una cafetería, sus dedos tecleaban constantemente y sin pausa en la computadora, estaba tan concentrado que desconocía que un grupo de chicas lo miraban desde afuera. Por fin había tenido algunas ideas y esa mañana supo que si se quedaba en casa no podría hacer nada, por lo que decidió salir desde temprano; cuando él se fue Inuyasha aún estaba durmiendo y roncando como un león, así que desde las seis de la mañana se encontraba ahí, su celular sonó de pronto rompiendo su concentración y dándose cuenta de las miradas de las chicas, las ignoro por completo y centro su atención en el mensaje.

—Me acabo de despertar y no hay nada en la nevera, cuando vuelvas compra algo de mercancía—leyó Sesshomaru— ¿Pues qué hora son?

Miro su reloj de muñeca, eran ya las 11 de la mañana, había estado en aquella cafetería cinco horas, miro su taza de café, la cual estaba completamente llena.

—Hace unos segundos te serví de nuevo café —menciono una mujer con un delantal, la cual tenía unos 50 años.

—Gracias, pero ya me iba—dijo mientras cerraba su laptop.

—Has estado casi cinco horas pegado al monitor, por lo visto estas trabajando en tu nuevo libro—dijo la señora con una sonrisa maternal— soy fan tuya y agradezco que vengas a nuestra cafetería.

—No es nada, su café es muy bueno y me mantiene despierto.

—Me alegra oír eso, además esas jovencitas han estado cerca de dos horas ahí—dijo apuntando la ventaba detrás de él— deberías ir a saludarlas.

—No tengo tiempo aurita—dijo guardando sus cosas y dejando dinero sobre la mesa.

—Te deseo mucha surte Sesshomaru Taisho—dijo la mujer con una sonrisa.

Sesshomaru se tomó de un solo sorbo el café, fue su forma de agradecer a la mujer por sus buenos deseos.

—Vendré más seguido—dijo saliendo del establecimiento.

Las mujeres caminaron directamente hacia él, las ignoro completamente, podía escuchar que lo llamaban pero realmente no estaba con ánimos de saludarlas, solo quería comer algo, comprar la despensa y regresar a su casa. Se subió a su auto y cuando estaba por arrancar, una de las chicas toco su ventana. Lo pensó por unos segundos y bajo el cristal.

—Sus libros son muy bueno, espero que tenga mucha suerte en el próximo—dijo la joven de unos 16 años en japonés.

Hace bastante tiempo que no hablaba su propia lengua, solo hablaba inglés. El amablemente le sonrió y arranco. Aquellas palabras habían sido casi las mismas que le había dicho la señora de la cafetería, solo que en una lengua que le recordaba a su hogar, Japón. Extrañaba a su madre, su casa en la cual tenía momentos gratos de juego con Inuyasha, pero también fue ahí donde dejo su dolor y odio a su padre. Poco a poco comenzaba a sentir alivio, como si aquel peso que caraba se fuera de él gradualmente.

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Su comida había estado deliciosa, ahora caminaba por el estacionamientos del supermercado, el cual era el más grande de toda la cuidad. La brisa estaba fuerte provocando que el vestido blanco se alzara constantemente, ella los sujeto para que no mostrara de más, su cabello estaba en un chongo adornado con unas pequeñas flores, había decidido ponerse unas sandalias, ya que después de comprar pasearía un rato por la costa, ver el mas y mirar hacia el horizonte.

Aquel vestido blanco era su favorito, ya que la tela era sumamente delgada y suave, era amplio en la parte de abajo, puesto que en la parte superior estaba ceñido a su cuerpo, se sentía libre y muy feliz, recordando que en una revista leyó que los colores con los que te vistes habla mucho de ti, el blanco era un color que representaba no solo la paz, si no la alegría, la naturaleza y la libertad. Llego a la puerta principal y tomo un carrito de compras, del interior de su bolsa marrón saco una lista, en la cual tenía todo anotado.

Primero iría por los vegetales y frutas, solo concentrándose en sus favoritas y más fáciles de cocinar, ya que era algo que no se le daba muy bien, en cuanto a las frutas no era muy exigente, gustaba de todas; prosiguió con el detergente de lavar, después por el papel higiénico, el cereal, leche, huevos, carne y finalizando en la sección de pastas, miro detenidamente todas sus opciones, amaba las pastas instantáneas, pero su abuela le había prohibido comer eso, ya que según ella no tenía nutrientes.

—Tenga o no nutrientes me gusta mucho—dijo la chica mientras tomaba unas cuantas y las colocaba en su carrito.

Una vez que termino con la lista se dirigió a las cajas, puesto que era domingo había demasiada gente.

—Es por eso que debí venir el viernes y no hoy—dijo la chica haciendo y puchero.

Analizo cada una de las cajas y opto por hacer fila en la que considero tenía menos gente.

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Sesshomaru había llegado al supermercado, de forma rápida busco los vegetales y las verduras, de igual manera escogió la carne y el pescado, busco algunos refrescos, cerveza y botanas. Los domingos lo ponían de mal humor, ya que al día siguiente era lunes, indicando que la rutina comenzaría de nuevo; de igual manera odiaba enormemente ir a comprar despensa, miro su carrito analizando todas las cosas que había colocado ahí, todo lo que le había pedido Inuyasha estaba ahí, así que se dispuso a ir a pagar.

—Por eso odio salir de casa—dijo mirando las largas filas y escuchando el parloteo de la gente.

Busco la caja que tuviera menos gente, camino hacia una pero la anciana que estaba ahí estaba contando uno por unos sus centavos, camino hacia la siguiente caja y vio a una chica con el vestido blanco, la chica tenia sujetado su cabello en un chongo, dejando su cuellos descubierto y aquella piel lechosa, la cual le pareció haber visto en algún lugar. Examino más a la chica, su vestido era ceñido hasta la cintura, el resto era amplio y llegaba hasta sus rodillas, tenía sandalias y llevaba en su hombro derecho su bolsa. De repente la mujer paso sus manos por su cabello y sintiendo que la miraban giro el rostro. Sesshomaru se sorprendió al darse cuenta de que era Kagome Higurashi, su terapeuta, ella igual estaba sorprendida, ya que por primera vez veía a Sesshomaru con ropa casual, una bermuda a cuadros con una camisa azul y tenis deportivos, sus ojos estaban ocultos detrás de la gorra azul, pero sus cabellos platinados relucían.

— ¿Está formado en la fila? —le pregunto una mujer.

—Si—contesto el formándose adecuadamente.

Kagome que se había girado, se encontraba algo inquieta, se recordaba una y otra vez, que era su paciente, que no podían tener una relación más haya que no sea profesional. Como ella era la siguiente coloco sus cosas en la máquina, no voltio hacia atrás, sabía muy bien que él la observaba, una vez que estuvo vacío su carrito lo coloco frente del empacador para que colocara sus compras ahí. Miro atentamente el monitor, donde aparecían los precios de los productos que ella había elegido.

—No me ignores—dijo Sesshomaru a su oído.

Al escuchar eso sintió un escalofrió el cual recorrió su cuerpo, los cabellos de su nuca se habían levantado.

—No te he reconocido, perdón —dijo ella apartándose un poco de él.

—Estamos en la misma situación, tampoco te he reconocido—menciono el dándose cuenta de la acción que había hecho la chica.

Kagome volvió a concentrarse en el monitor, donde revelo la suma final, pago al chico de la caja y espero con paciencia su cambio, mientras que el chico que empacaba las cosas las colocaba con cuidado en el carro de compras.

—Espérame—le dijo Sesshomaru de nuevo al oído.

Kagome sintió que fue más una orden a una súplica, solo por esta vez se permitiría hacer lo que quisiera, así que espero a un lado a que el pagara sus cosas, mientras que analizaba lo que contenía su carro, había demasiada comida, cerveza, botanas y demás. Se preguntó si quizás haría una fiesta o algo ya que era bastante solo para él. Kagome miro su celular, tenía unos cuantos mensajes de Koga, decidió no leerlos, si era algo importante el hablaría o simplemente entendería que estaba ocupaba. Miro de nuevo hacia Sesshomaru el cual estaba pagando, le pareció gracioso el hecho de que el comprara su despensa, era algo que nunca se imaginó que él hiciera.

Sesshomaru termino de pagar y busco inmediatamente a la chica de vestido blanco, la ubico en la puerta, condujo su carro hacia ella.

— ¿Quieres beber algo? —le pregunto a la chica.

— ¿Esto es una cita? —pregunto ella recordando la vez que lo conoció en el parque.

—No, es solo una invitación a beber algo—dijo mirándola fijamente.

—De acuerdo, hay demasiado calor—dijo ella mientras caminaba hacia la salida.

Sesshomaru la siguió hasta su auto, ella abrió la cajuela y estaba comenzando a colocar las bolsas en ella, cuando Sesshomaru se acercó y la ayudo. Ella se quedó mirándolo, no podía ignorar el hecho de que él era amable, claro cuando quería, porque hace unos momentos le respondió groseramente, o eso es lo que había notado.

—Listo—dijo Sesshomaru cerrando la cajuela.

— ¿Dónde nos vemos? —pregunto la chica.

—Cerca de la playa, hay un restaurante, no recuerdo su nombre pero tiene un acuario al frente.

—De acuerdo, se cuál es, te veo ahí en un rato.

Kagome se subió a su auto y vio como el cambia hacia el suyo, Kagome estaba algo confundida, no sabía si lo que haría estaba bien, jamás se había encontrado con sus pacientes en la calle y si lo hacía solo se limitaba a saludarlos y ya, pero ahora había aceptado una invitación del hombre de mirada ambarina, recordó su mirada penetrante y fija en ella, como si tratara de buscar algo en ella, algo que no quería que el descubriera.

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Para él, había sido algo extraño encontrársela en el supermercado, pero más aún verla vestida de ese modo, se preguntaba cuántas facetas tenía esa chica, era tan despistada, que no se había dado cuenta de cómo la miraba el cajero, también del hecho de que ese día lucia radiante; durante el tiempo que la tenía frente de él, la analizo tratando de descifrar que era lo que le atraía de ella. Porque sentía una gran atracción hacia esa chica, tal vez era su frágil y bien formada figura o tal vez sus ojos color chocolate. No podía negar que se encontraba dichoso por que la chica acepto su invitación, claro que no lo hizo para que salieran como pareja, simplemente quería conocerla mejor, quería ver una faceta nueva de ella, ya que siempre se comportaba como la psiquiatra que era.

Condujo hacia el restaurante, realmente no tenía prisa en llegar; entonces una idea le vino a la mente, este encuentro representaría una oportunidad muy grande para estudiarla, qué era lo que le gustaba a las mujeres, porque después de todo ella era una mujer. Si, era por eso que la había invitado, quería investigar más sobre las mujeres, no era otra cosa; se lo repitió una y otra vez para algo dentro de él no estaba del todo convencido.

Una vez que estaciono, se dirigió al restaurante, el cual se encontraba algo lleno, al entrar se quitó las gafas negra, sabía que era difícil pasar desapercibido, pero solo por esta ocasión supuso que era bueno que lo reconocieran como un gran escritor, ya que el dueño le dio una mesa con vista al mar, y en un lugar bastante tranquilo. Hacia bastante tiempo que no salía de su casa, no era por que estuviera ocupado si no porque simplemente no le gustaba estar rodeado de gente, de escuchar conversaciones sin sentidos, absurdas y sin fundamento alguno.

—Siento la tardanza —dijo la chica sentándose enfrente de él—había bastante tráfico, ¿ya ordenaste?

—No ¿Qué vas a querer?

—Una limonada por favor—dijo ella mirando el mar.

—Es una vista bastante hermosa—dijo el de pronto, haciendo que la chica lo mirara.

—Así es, es por eso que me mude aquí—dijo Kagome con una gran sonrisa.

Si había algo bello en una mujer, eso era su sonrisa, pensé Sesshomaru; había conocido muchas mujeres pero muy pocas con una sonrisa autentica y la chica sentada frente a él, no se molestaba en ocultar sus sentimientos. Él chico ordeno las bebidas y en unos cuantos minutos el mesero ya estaba sirviéndoles unos bocadillos y sus respectivas bebidas.

—Es extraño verte con otras ropas que no sean tus vestidos negros—menciono Sesshomaru.

—Mucha gente me lo ha dicho, así que no me afecta en nada—dijo ella.

—No lo hice con afán de ofenderte—dijo el recriminándose por el comentario absurdo que había hecho.

—Disculpa, he venido predispuesta—dijo ella disculpándose.

—Entiendo que mi carácter es muy difícil de tratar y que aparente ser alguien cerrado.

—Me alegra que te des cuenta, has mejorado mucho en tan poco tiempo.

—Eso es porque tengo una terapeuta muy buena—dijo el chico seriamente.

—Muchas gracias por el cumplido, pero siempre he dicho que es un 40% mi trabajo y un 60% del paciente.

—Deberías darte más crédito, la gente actualmente necesita de una guía de alguien que le indique lo que tiene que hacer, a quien tiene que seguir, quien tiene que ser.

Kagome escuchó atentamente las palabras del chico, tenía mucha razón, en algunas ocasiones se recriminaba depender de los traumas de otros, ya por esas personas ella tenía un trabajo. Su abuela le había dicho que no lo vea de esa manera, que vea la otra cara de la moneda, ella ayudaría a todas las personas que le solicitaran ayuda, ya que ella evitaría que esa gente se hunda en una profunda soledad y oscuridad.

—Por desgracias el mundo se divide en dos clases de personas, las que demuestran sus sentimientos y las que se guardan todo. Los primero dicen que los segundo son unos tontos por no decir lo siente y los segundos piensan que los primeros son unos tontos por decir todo lo que sienten—dijo Sesshomaru mirando hacia el océano—una batalla que siempre será ganada a medias.

— ¿Una batalla ganada a medias? —pregunto la chica.

—Sí, pues considero que estamos a la par.

—Hoy estas muy platicador Sesshomaru —dijo ella alegremente.

Se quedó pensando en esas palabras, solo era abierto ante las personas que consideraba de su confianza, como su madre, su hermano y Rin, pero ahora se encontraba cómodo, podía hablar de lo que quisiera, sentía que ella lo comprendería.

—Es normal, las personas tiene que platicar—dijo enojado.

—No te enojes, que no te queda—dijo la chica—como bien mencionas, es una batalla a medias, donde uno quiere convertir al otro porque considera que su postura es la adecuada, pero ¿Quién es el que tiene la razón?

—Nadie.

—Yo no lo creo así, considero que debemos ser ambos, demostrar lo que sentimos y guardar lo que realmente somos.

— ¿Guardar lo que somos?

—Sí, piénsalo, todos somos únicos, pero el pasado de cada quien es lo que nos hace ser lo que somos, por desgracia las experiencias malas son las que más predominaran en nuestra vida—la chica miro el océano—gracias a ellas tienes la opción de mejorar como persona.

— ¿Por qué no evitarlo?

—Porque al querer evitarlo lo atraes más a ti—dijo la chica con una sonrisa—aquella frase de los opuestos se atraen es verdad, porque se necesita tanto de la luz como de la oscuridad, no se puede vivir con uno.

—Entonces yo soy la oscuridad y tú la luz —dijo Sesshomaru sorprendiendo a Kagome.

—No creo que es todo lo contrario.

Ella no se considera la luz, de hecho consideraba que gracias a ella había una profunda oscuridad en su vida, quiso creer en las palabras que su tío y su abuela le decían, que ella no era la culpable de la muerte de sus padres, que simplemente era una adolescente experimentado, a cualquiera le pasa. Ella llego a repetírselo una y otra vez, ensayando para cuando el mundo le preguntara sobre su vida, creando una pantalla entre ella y la gente, entonces como le había dicho a Sesshomaru Taisho, ella no era la luz, ella era la oscuridad.

Por su parte, él estaba sorprendido por la respuesta de la chica, sin dudar alguno el consideraba que ella era la luz, ya que ella ayudaba a las personas a sanar su dolor, a vivir con él, siendo así una extensión de cada uno de ellos. Sin duda Kagome Higurashi, parecía tener un pasado muy duro e incluso doloroso, la chica frente a él, estaba perdida en sus pensamientos, ella no era la doctora que se presentaba en sus sesiones, con la cara seria y con una sonrisa escuálida. Sin duda alguna el pasado de la gente era complicada, cada uno cargaba con un dolor diferente, porque hasta en eso, todos quisiéramos cargar con el dolor de otra persona menos con el que tenemos.

—Como sé que tu dolor es más fuerte que el mío —dijo Sesshomaru.

—Eso es algo que jamás sabrás —dijo la chica—porque soy tu terapeuta y nada más.

Sesshomaru la observo atentamente, su semblante había cambiado, aquella sonrisa hacia sido cambiada por una mueca, distorsionada y sin sentimiento alguno, casi como él, era como verse así mismo.

—Y si te pido que fueras algo más que mi terapeuta—dijo fijando sus ojos dorados en los ojos chocolates.

— ¿Cómo qué?

—No te hagas a la tonta, sabes muy bien a que me refiero.

—Estas demente—dijo la chica sujetando el cuello de la camisa del chico, acercándolo hacia ella —no puedes pensar solo en ti, debes considerar los sentimientos de la otra persona, eres un chico muy malo Sesshomaru—dijo Kagome soltándolo.

Sesshomaru parecía no reaccionar, aquella mujeres lo había puesto nervioso, como alguien tan bueno, podía convertirse en alguien peor que él.

—Me marcho, gracias por la limonada—dijo levantándose—nos vemos mañana en mi consultorio.

Ella camino lentamente hacia la salida, mientras que un Sesshomaru confundido la miraba irse, ella era como la tinta, tenía varias tonalidades, pero al final siempre dejaba una huella, la cual permanecía en él, incorregible, irresponsable, inolvidable.

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Kagome estaba en su auto, los seguros estaban puesto y a pesar del calor que había no baja ninguna de sus ventanas, su corazón estaba acelerado y su mente estaba confusa.

— ¿Qué fue lo que hice? —se preguntó la chica.

Aquella parte de ella, la que odiaba, la que detestaba salía a la luz, nadie había sacado ese lado suyo, juraba que esa parte de ella había desaparecido; pero hoy salió, y debido a las palabras de Sesshomaru Taisho, sus ojos ambarinos siempre buscaban algo en ella, algo que ella trataba de ocultar en lo más profundo de su ser, eso era lo malo de amar mucho, era lo malo de demostrar siempre lo que sentía, sin pensar en las consecuencias que eso implicaba.

Continuara…

¿Qué les pareció? Dejen sus comentarios que siempre los leo, gracias por su preferencia, saludos :]

Atte: Ina-chan.