Disculpen la tardanza, he estado bastante ocupada, mil disculpas para ustedes, sin más aquí les dejo el siguiente capítulo de la historia, espero que sea de su agrado. Gracias por todo su apoyo :]

Advertencia: AU Occ

Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen si no a su creadora Rumiko Takahashi.

"Corazones de Tinta"

Capítulo 5

Ahí estaba ella, sentada en su escritorio con las piernas cruzadas, aquel vestido negro comenzaba a brillar por la recién entrada de los rayos del sol a la habitación, en sus manos tenía un libro, que al parecer estaba leyendo. Le vino a la mente el ejercicio que le había dejado hace ya un mes, aprenderse palabras del diccionario, memorizarlas, ejemplificarlas y aplicarlas a su vida cotidiana; ahora mismo podía describirla con una sola palabra: "hermosa" la cual significaba, grandiosa, excelente, perfecta, apacible y serena.

Kagome no aparto la vista de su libro, sabía muy bien que era él quien había entrado, ya que era su costumbre desde hace un mes, entrar sin tocar; espero solo unos minutos más ya que podía sentir sus ojos ambarinos sobre ella mirándola en silencio ,fijamente y con intensidad, como si siempre buscara algo en ella.

—Buenos días Sesshomaru—dijo la chica bajándose de su escritorio y dejando a un lado el libro.

—Siento la tardanza—dijo el cerrando la puerta y caminando hacia el sofá negro.

— ¿A qué viene esa actitud? —dijo Kagome identificando cierta molestia en él.

—Rin me ha dicho que sale con Kohaku— menciono el chico molesto.

—Ahora entiendo ¿Cómo te sentiste cuando te lo dijo? —pregunto ella sentándose a su lado.

—Enojado, con ganas de matar a Kohaku.

— ¿Tu odio solo es hacia él? —pregunto la chica.

—También a Rin, pero ella…

Sabía muy bien que no podía odiar a Rin, durante el mes que habían estado trabajando con él, había revelado parte de su infancia así como de la relación que tuvo con la chica; No era difícil saber que Sesshomaru necesitaba amor, sentirse amado para poder compensar el abandono de su padre así como el de su madre, es por ello que al ser Rin quien le dio ese amor incondicionalmente, no podría odiarla, ya que sería traicionar aquel amor.

— ¿Me dirás?—pregunto la chica haciendo que Sesshomaru abra los ojos de repente.

—No puedo odiarla, a ella no, por eso mi frustración y enojo va dirigido a él.

Kagome había descifrado parte del carácter del chico, sabiendo que cuando el abría los ojos y mencionaba algo, era cierto; en cambio cuando mencionaba algo con los ojos cerrados y apretaba sus parpados era totalmente falso.

—Entiendo, ahora por favor cierra tus ojos y despeja tu mente de todo ese odio, ira y enojo, que tienes no solo hacia una persona si no hacia ti mismo.

— ¿Cómo sabes que tengo odio hacia mí?

Kagome se apartó de su lado y se dirigió hacia la grabadora que tenía en su escritorio, la encendió, dando lugar a una bella música, la cual era interpretado por violines; el ambiente se relajó, ella camino de nuevo hacia él y se sentó de nuevo a su lado.

—Por la manera en cómo te expresas—dijo mientras tocaba el rostro de Sesshomaru haciendo que este cierre sus ojos lentamente.

—Ella me dio demasiado, no podría odiarla—dijo tocando las manos de la chica.

—No tienes por qué odiarla, ya que ella ha buscado su felicidad—dijo mientras alejaba sus manos del chico.

— ¿Qué pasa con la mía? —dijo apretando los puños.

—La felicidad no es algo que venga a nosotros, tenemos que salir a buscarla—realizo una pausa—además la felicidad no requiere de otra persona, con el simple hecho de que tú te sientas feliz contigo mismo.

—No me siento feliz conmigo mismo.

—Por ahí comenzaremos Sesshomaru.

El cerró los ojos y se dejó que aquella música lo inundara, profundamente dejo que entrara en su alma y en su mente, tratando de buscar una respuesta a su la contante pregunta que se hacía: ¿Dónde está mi felicidad?

—Relájate—susurro Kagome mientras realizaba anotaciones en su libreta.

La voz suave y dulce de la chica hizo que se relajara aún más, ella había sido esa luz que siempre había buscado en la oscuridad. Innumerables veces mientras se encontraba con la oscuridad de su pasado, la voz de Kagome lo guiaba hacia la sus recuerdos más gratos de su infancia, ella había pasado de ser su terapeuta a algo que necesitara, como una droga de la cual dependía.

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Sango miraba con determinación su monitor, desde aquella fiesta no había recibido un solo mensaje de Miroku, se gustaban y hasta se besaron; pero aun no recibía ni una llamada, ni un mensaje y muchos menos un e-mail de su parte.

—Ya estamos 20 de noviembre—dijo ella mirando su agenda con fastidio.

Un mes exacto había pasado desde la fiesta, se había divertido conociendo gente nueva, pero lo que más le gusto fue el haber estado con Miroku, aquel chico de cabellera negra y ojos del mismo color, varonil y amable, bailo con él la mitad de la noche, ya que el resto se la paso platicando y ya casi al final se besaron innumerable veces.

La campanilla de la puerta sonó sacándola de sus pensamientos, Sango alzo la vista para saludar al paciente, pero se sorprendió bastante al ver un ramo gigante de flores, el cual ocultaba a la persona que había entrado. Entonces el ramo fue colocado en la mesa del centro dejando ver a un chico vestido de enfermero.

— ¿Qué es todo eso? —pregunto la chica.

—Un regalo—dijo el chico acercándose a ella.

—No te debiste molestar Koga—dijo la chica emocionada.

—No son para ti—dijo el chico—son para Kagome.

Sango se enderezo en su asiento y miro con seriedad a su amigo.

—Ella está en una consulta.

—Lo sé, por eso la esperare aquí.

—El paciente casi acaba de entrar.

—Esperare Sango—menciono sentándose.

La chica castaña lo miro extrañada, hasta ahora se había dado cuenta de que llevaba su uniforme azul, supuso que estaba saliendo de su guardia.

—Hubieras ido a dormir, ella no te podrá atender, está ocupada.

—Solo le entregare este ramo y me voy, no me quedare a platicar.

— ¿Están saliendo? —pregunto de repente Sango.

Koga la miro con una sonrisa, Sango se sorprendió enormemente, en todas las pláticas que había tenido con Kagome jamás había mencionado algo sobre Koga, ni mucho menos que saldrían. Él era su amigo de la infancia y lo conocía muy bien, no era feo, todo lo contrario pero no era el hombre adecuado para Kagome.

—Respóndeme Koga—exigió Sango.

—De acuerdo, no estamos saliendo pero ella me ha dado una oportunidad.

— ¿Cómo está eso de que no salen pero te dio una oportunidad?

—Es muy complicado de explicar, solo te diré que lo intentara, verme como algo más que un amigo.

Todos los gestos que hacía y lo que decía, eran verdad y revelaban que él se sentía muy contento, como un hombre que había estado luchando innumerables batallas encontrar de la chica que amaba. Al fin había ganado una batalla, en la cual la chica había aceptado intentarlo, demostrando así que el que persevera alcanza sus objetivos.

—Koga, hay que hablar de esto en otro lugar.

—Bien Sango, nos pondremos de acuerdo más tarde.

— ¿Esperaras entonces?

—Sí, esperare tranquilamente.

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Inuyasha comenzaba a preocuparse, hacía ya dos semanas que su madre no se comunicaba con él, lo último que le dijo es que su padre había comenzado, en secreto, una demanda con su amante, la cual le quería sacar dinero para que reconozca al niño que estaba esperando.

Conocía muy bien a su padre y sabía que odiaba los escándalos, por lo que siempre se comportaba de un modo ante la sociedad y de otro diferente cuando estaba en casa; las pocas veces que estaba en casa eran unos extraños, no saludaba ni mucho menos se asomaba, siempre estaba metido en su despacho, haciendo llamadas o leyendo documentos.

—Me pregunto si alguna vez fuimos una familia—dijo Inuyasha mientras revisaba su celular por décima vez.

Si su madre no le hablaba ese día, mañana mismo la llamaría, de seguro ella estaba con su padre, apoyándolo incondicionalmente como era su costumbre, la cual había sido motivo de innumerables desacuerdos y discusiones con su hermano. Sesshomaru era su único hermano y lo quería demasiado, porque a pesar que cambio demasiado, el seguía siendo una persona importante en su vida, desde pequeños lo había apoyado, ya que en el pasado sus padres siempre discutían, hasta el punto de que habían golpes; en una ocasión sus padres comenzaron una pelea, tiraron cosas, gritaron, el solo tenía 6 años, corrió rápido hacia el despacho de su padre y al entrar pudo observar como su padre le daba una bofetada a su madre, tan fuerte que la piel blanca de su madre se volvió roja. No comprendía del toda la situación pero recordó que su maestra siempre le decía que un niño debe respetar a una niña, la debe tratar con amabilidad y con ternura; supo entonces que lo que su padre acaba de hacer estaba mal, así que corrió hacia su madre y la cubrió con su pequeño cuerpo.

— ¡Apártate Inuyasha! —le había gritado su padre con una furia.

—No toques a mi madre—dijo con apenas 6 años.

Su padre se acercó hacia él y levanto su mano, justo cuando estaba por darle una bofetada, Sesshomaru entro y tiro a su padre en el suelo.

— ¡Hermano! —grito sorprendido un pequeño Inuyasha.

— ¡No te atrevas a tocar a Inuyasha! —grito Sesshomaru de 14 años.

—Niños tontos, yo hago lo que me da la gana—dijo su padre levantándose del suelo.

—No te desquites con ellos—dijo su madre con una voz temblorosa.

— ¡Salgan de mi vista los tres! —grito su padre de una forma aterradora.

Izayoi tomo a Inuyasha de la mano y lo saco de ahí, seguida por Sesshomaru, que cerró con fuerza la puerta del despacho.

—Madre ¿Cómo puedes permitir que tu marido golpe a tu hijo? —dijo Sesshomaru molesto.

—Lo he hecho enojar, además no lo iba hacer.

—Entiendo que tú te dejes golpear, pero que permitas que a uno de tus hijos le hagan lo mismo, ¿eso es amor de madre?

—Tú no sabes nada Sesshomaru, además no le pego.

— ¡Por que llegue a tiempo, no te das cuenta que el ya no es mi padre!

— ¡No digas eso, el los ama!

Sesshomaru sujeto a Inuyasha y corrieron hacia la habitación del menor.

—Prométeme que no le dirás a nadie lo que paso hoy—le dijo Sesshomaru.

—No hermano—dijo Inuyasha con una sonrisa.

—Fuiste muy valiente, al defender a mamá.

— ¿Por qué discuten? ¿Ya no se aman? —pregunto el pequeño de 6 años.

—Es complicado de explicar, ni yo sé que tanto pelean.

—Hermano tu no dejaras que nada me pase ¿Verdad?

Sesshomaru abrazo a Inuyasha, el pequeño escucho los sollozos de su hermano, y sentía como en su brazo caían las gotas, su hermanos que parecía ser fuerte se encontraba vulnerable, llorando como un niño pequeño.

— ¿Por qué lloras hermano? —pregunto Inuyasha.

—Te juro que nada te pasara, siempre te protege.

Y siempre mantuvo su promesa, lo protegió a capa y espada de la furia y discusiones de sus padres. Ahora que él era el que necesitaba que lo protegieran, porque en ese último mes había tenido grandes problemas para dormir y en escribir su próximo libro, muchas veces se preguntaba ¿Por qué las cosas malas siempre le suceden a las buenas personas? Su hermano lo protegía siempre y consolaba a su madre siempre que podía, ante sus ojos, él era una buena persona, claro en ocasiones era muy frio y no expresaba sus sentimientos, pero ese era su carácter.

—Hermano veras que superaras todos los obstáculos.

Inuyasha guardo sus últimas cosas en su maleta, Sesshomaru se había ido tan rápido que no le había podido decir que esa noche se iría, era un problema que tomara clases extras, ya que comenzaban antes de las vacaciones de navidad, no quería que él estuviera solo en navidad ni menos en años nuevo, pero tenía que ver por su futuro igual.

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La música se había detenido, Sesshomaru abrió los ojos lentamente, la chica estaba realizando apuntes en su libreta.

—La música se ha terminado—dijo Sesshomaru mirándola.

—Al igual que tu sesión—dijo ella poniéndose de pie.

—Has estado distante desde el día que comimos en la playa.

Kagome se apartó del chico y coloco su libreta en su escritorio.

—El pasado debe quedar atrás—dijo refiriéndose a la charla que tuvieron—además soy tu terapeuta, no lo olvides.

—Vez por eso no muestro mis sentimientos, por personas como tú—dijo el chico molesto.

Normalmente no le importaba los comentarios que tenían hacia ella, pero eso la irio.

—Es mejor que te vayas—menciono dirigiéndose a la puerta.

—Lo siento, eso fue grosero—dijo acercándose a la chica.

—Es lo que pensabas, no hay problema con ello—dijo sin mirarlo.

Sesshomaru sujeto su muñeca y la miro directamente a los ojos.

—Tenía un amigo que siempre me decía que no debía mostrar mis sentimientos hacia la gente, porque podían dañarme.

—Tu amigo tenía razón, pero es necesarios que te dañen para que tú salgas adelante

—Tu sanas el corazón y la mente de tus pacientes, pero y a ti ¿quién te sana? —pregunto Sesshomaru.

Entonces todo su pasado se presentó ante esos ojos dorados, ella había decidido ayudar a la gente, porque creía que con eso su pasado oscuro podía desaparecer, con el tiempo, enmendar sus errores había sido su opción, pero ella no era feliz, cada día que pasa, cada paciente que salvaba era un paso más hacia su perdición.

—Siempre creí que salvar a un paciente era suficiente para mí.

—No puedes ser fuerte todo el tiempo.

—Creo que los papeles se intercambiaron—dijo ella con una sonrisa—yo debí ser una dulce mujer que ame a todo mundo y tu un hombre que odie a todos.

—La vida no es un cuento de hadas—menciono el chico.

—Sé que no lo es, pero soy una adulta, no puedo dejar que esto me afecte.

—Tú tienes un pasado doloroso y que lo guardas con tu sonrisa.

—Eso es algo que no te incumbe.

—Tu sabes del mío es justo.

—Pero yo…

—Es lo mismo, sé que no le dirás a nadie de mi pasado y yo no diré del tuyo.

— ¿Por qué te lo contaría? —dijo ella soltándose del agarre del chico y desviando la mirada.

—Desde el momento en que te conocí, me fue imposible comprenderte, tienes muchas facetas, así como puedes salvar a un niño y estar feliz, puedes gritar y maldecir a un extraño que te invito a salir.

Kagome se rio a carcajadas, aquel comentario le había recordado la primera vez que lo conoció, desde ese momento supo que el representaría una molestia, ya que siempre sus ojos dorados buscaban muy dentro de ella algo.

—Tú por el contrario has cambiado demasiado—dijo ella mirándolo— de monosílabas pasaste a frases completas.

Sesshomaru se acercó a ella de nuevo, ella se asustó bastante por lo que retrocedió y al topar con su escritorio se detuvo y miro al hombre frente a ella, aquellos profundos ojos ambarinos la miraban fijamente.

—Salgamos—le dijo el chico.

— ¿Por qué lo haría?

—Quiero que seamos amigos.

—Pero yo no puedo tener ninguna relación con mis pacientes.

—La amistad no es nada malo, además creo que los dos necesitamos compañía.

No podía negar, que a pesar de tener amigos, se sentía realmente sola, ninguno de ellos la comprendía; pero no podía evitar sentir cierto temor por tener alguna clase de relación con Sesshomaru Taisho.

—Lo pensare—dijo ella alejando al chico—ahora es mejor que te vallas.

—Puedo ser muy insistente.

—Eso ya lo veremos.

Sesshomaru abrió la puerta y la cerro detrás de él, sabía muy bien que ella guardaba un paso doloroso, así como él, pero por su trabajo era fácil guardar sus verdaderas emociones, porque mientras ella demostraba sus emociones él deseaba que le mostrara sus verdaderas emociones, no las que los demás esperen de ella.

—Ahora puedo pasar.

Alzo la vista, y vio a un chico con un enorme ramo de rosas.

—Pasa—dijo Sango.

Sesshomaru se apartó y mientras el chico pasaba a su lado sus miradas se cruzaron.

—Señor Taisho venga aquí—le dijo la chica de cabellos castaños.

—Quiero la última hora mañana—dijo él.

—Pero Kagome me ha dicho que usted solo puede en la mañana.

—Mañana no puedo tengo una junta.

—De acuerdo, entonces a las 7pm.

—Disculpa, el chico de hace rato es el novio de la doctora.

Sango se sorprendió por la pregunta, sin duda alguna aquel hombre no podía ser comparado con ningún otro, era sumamente varonil y bello.

—No para nada, es su amigo de la infancia—dijo Sango.

—Gracias, nos vemos mañana.

Si, definitivamente era un hombre muy atractivo, y por lo que pudo ver se sentía traído hacia Kagome, en su rostro se formó una sonrisa, amaba las novelas de amor y ahora frente a sus ojos estaba comenzando un nuevo capítulo.

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— ¿Ahora qué quieres? —dijo Kagome con fastidio al escuchar la puerta abrirse.

—Kagome ¿Así saludas a todos tus pacientes? —pregunto Koga extrañado.

Kagome cambio su semblante y le sonrió.

—Perdón, pensé que eras otra persona ¿Qué te trae por aquí?

—Vine a darte esto —dijo ofreciéndole el arreglo— son especialmente para ti.

Ella observo el arreglo, era lindo pero por una extraña razón no lo quería, ya que era aceptar los sentimientos de Koga, le había dicho que le daría una oportunidad pero realmente estaba dudando si aquella decisión fue la adecuada, quería a Koga pero no lo amaba.

—No debiste molestarte.

—Al verlas pensé en ti.

—Es un lindo detalle—dijo mirándolas— ¿Por qué me las estas dando?

—No hay nada oculto, simplemente las vi y pensé en ti.

—Si no me dices, no las aceptare.

—Bien, quería verte es solo eso.

Kagome se acercó a él y tomo el gran ramo, observo su oficina y lo coloco en una mesa de la esquina, donde el sol le deba perfectamente.

—Sabes que estoy trabajando.

—Lo sé, ahora me voy.

—Gracias Koga, me has alegrado el día—dijo la chica con una sonrisa.

Koga se sintió realmente feliz, había sido una buena idea ir a verla, aunque lucia algo apagada.

—Sabes que si te pasa algo puedes contármelo.

—Todo está bien, bueno es hora que te vallas que tengo mi agenda repleta.

—Sí, me retiro, que tengas un buen día.

Ambos se despidieron y él cerró la puerta; Kagome miro de nuevo el ramo de flores, solo se estaba engañando ella misma, odiaba realmente los arreglos florares, los detestaba como pudo aceptarlo, claro lo acepto porque eran de Koga, su mejor amigo que la amaba locamente.

—Soy muy mala—se dijo así misma.

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Aun no sabía muy bien porque insistía con ella, durante el mes que había pasado descubrió que ella realmente era muy buena en su trabajo, ya que le había revelado su pasado y todos los traumas que tenía, se sentía en desventaja, porque él no la veía solo como su terapeuta sino como algo más. Con ella podía mostrar su verdadera yo, pero últimamente ella se encontraba algo distante, evitaba su mirada y aún más los roses que tenían, aquella mujer era todo un enigma para él, tenía tantas facetas que la simple idea de saber cuáles eran le causaba gracia, sabía que podía ser dulce, alegre, enojona y terca, pero quería conocer más de ella, puesto que lo había ayudado.

El sonido de su celular hizo que los pensamientos que tenia de ella desaparecieran, en la pantalla estaba el nombre de Inuyasha.

— ¿Qué pasa ahora?

—Desayunemos juntos—dijo la voz de Inuyasha por el teléfono.

—De acuerdo, estoy yendo a la casa.

—Bien

Inuyasha muy raramente desayunaba, él era de los que comían a las 12 y hasta la noche, sabía que algo pasaba. Al llegar a su casa Inuyasha ya estaba en la puerta.

—Eres rápido—comento mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

— ¿Por qué crees que compre despensa? —pregunto mientras ponía en marcha el auto.

—Lo sé, pero te fuiste tan temprano—hizo una pausa—Hoy en la noche sale mi vuelo.

Sesshomaru no aparto su vista de la carretera, así que su hermanito se iba, genial justo cuando comenzaba a acostumbrarse, pensó el mayor.

— ¿Por qué no me lo dijiste ayer?

—Estabas ocupado, que no quise molestarte.

— Supongo que es nuestro último día.

—Si, por eso quiero que nos la pasemos genial —dijo Inuyasha sonriendo.

De nuevo se quedaría solo, ya no habría alguien que lo recibiera en su casa, ni alguien que le diera los buenos días o los ronquidos de Inuyasha que se escuchaban hasta su habitación. Durante el desayuno se la pasaron hablando de lo bien que iba la terapia y de la personalidad enigmática de Kagome Higurashi.

—Es extraño que hablas tanto de una mujer, normalmente solo me hablabas de Rin.

—Rin es parte del pasado—comento serio Sesshomaru.

— ¿Entonces Kagome es tu presente?—dijo con una sonrisa pícara Inuyasha.

—No exactamente.

—Ha pasado un mes y jamás la conocí, dime como es ella.

—Para que quieres saber.

—Pues no paras de hablar de ella, anda dime.

—Tiene el cabello negro azabache, largo y algo rebelde, sus ojos son grandes y de color chocolate, mide 1.65 cm, tiene curvas y muy bonitas piernas, su piel es tan blanca, que se nota rápidamente cuando se sonroja.

—Valla, es muy bonita y tiene pechos.

—Todas las mujeres tienen pechos, así que ella no es la acepción.

—Eso lo sé, pero ¿Son grandes? —pregunto curioso Inuyasha.

—Normales—dijo Sesshomaru bebiendo un poco de su café.

—Valla pues como la describes es una chica muy linda, en particular me gustan más con los ojos oscuros, y más bajitas, así que te la dejo hermano.

—No digas estupideces Inuyasha.

—Es la verdad, ella te ha cambiado bastante.

—Demasiado para mi gusto.

—No te rindas, sé que sacaras adelante tu libro, ya lo veraz—dijo Inuyasha para animarlo.

—Por favor cuida de mamá, sé que esta vez no lo podrá superar.

—Hare lo que pueda, no te prometo mucho.

—Bien ¿Qué hacemos ahora? —pregunto Sesshomaru.

—No lo sé, sorpréndeme.

Ambos hermanos se dispusieron a salir, Inuyasha estaba feliz, ya que después de todo su hermano no estaría tan solo, estaba aquella mujer de nombre Kagome, la cual había hecho un estupendo trabajo mejorando la personalidad de su hermano. Ahora era tiempo de que el buscara a una mujer adecuada para él, quería ser amado y amar a alguien incondicionalmente.

Continuara…

¿Comentarios?, espero que le haya gustado, disculpen de nuevo mi tardanza, muchas gracias a todos por sus comentarios, hay algunos que no puedo contestar porque no me lo permite la página, no sé qué será, pero trato de contestar todos los comentarios, sin más me despido, saludos.

Ina-chan :]