Capitulo 16 ~Confusión~

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Las mentiras más crueles son dichas en silencio.

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Su pecho era tibio, su calor era embriagante y su perfume era completamente adictivo. Su pecho subía y bajaba lentamente, acompasándose con el suyo. Su cuerpo desnudo tocando el suyo. Su pequeña cintura siendo apretada por su brazo.

Si realmente estaba loco, agradecía estarlo. Sakura se revolvió lentamente hasta que sus ojos soñolientos se abrieron completamente, distinguió su leve sonrisa con la luz de la Luna, entonces sin previo aviso se levantó con delicadeza y empezó a besarle. Con pasión, con amor, con deseo.

¿Por qué resistirse a eso? La agarró por la cintura, aunque sabía que algo andaba mal pero no lo diferenciaba, no tenía cabeza para analizar muy bien qué era lo que faltaba en ese momento.

Comenzó a besarla, recorriendo su cuerpo, mordiendo y succionando cada parte de su piel. Su cuello, su clavícula, descendiendo hasta su plano abdomen y entonces… alto.

¡¿Plano abdomen?

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Se despertó cabreado, su cuerpo estaba sudado y solo por seguridad volteó hacia el lado izquierdo de la cama, vacío. Tan solo como siempre había estado.

Por una parte se alegró. Por supuesto, había estado fantaseando con su compañera, ¡la debilucha Haruno que lloraba por minoridades! Aquella que hacía unos pocos días atrás le había desconcertado con su forma de actuar. Aquella que lo había obligado a dar un gran paso adelante en la relación con quien alegaba sería su hijo —¡Sin que él lo desease!— cuando estaba más que claro que él, no quería saber nada en absoluto con ese bebé.

¡Cielos santo! ¡Lo había sentido! Esa cosa moviéndose lentamente dentro de ella. Fue extraño, muy incomodo, pero tuvo que admitirlo… algo interesante.

Por otra parte, se sentía extraño, tanto como nunca antes se había sentido. Algo andaba muy mal en su cuerpo y debía admitir que necesitaba saciarlo con algo que le asustaba pensar en la respuesta correcta.

Se sentía incomodo, desesperado, frustrado… excitado. ¡Joder! ¡Maldita sea el mundo entero! Durante cinco putos años sus hormonas habían estado plenamente dormidas —en corrección, él las hizo dormir tras meses y meses de no prestarles atención en lo más mínimo— y venían a despertarse ¿Por quién? ¡Por esa maldita de cabello rosado! Por esa bruja que trataba de manipularlo con su carácter bipolar e inocente.

Tenía que darse un baño. Uno de esos fríos que no puedes soportar, tenía que hacerlo.

¡Ahora!

Fueron unos pocos segundos los que pasaron desde que decidió enfriarse su demasiado sudado cuerpo cuando la puerta tronó tres veces. ¡Itachi!

—Otöto, creo que te vendría bien tomar un desayuno, ¡al menos uno!, con nosotros. Está listo y tu parte está servida, así que de una por todas levanta ese culo y muévelo hasta el primer piso.

—¡Cágate! —gritó en respuesta.

—¡Yo también te quiero! Te veo en quince o de lo contrario vendré a por ti. ¿Recuerdas esos tiempos? En los que te despertaba haciéndote cosquillas ¿Deseas volver a aquellos?

La puerta se abrió de manera brusca dejando ver a un irritado Sasuke con el Sharingan activado, completamente desalineado y con un pequeño problema muy notorio hasta para el mismo Itachi.

—¡Oh! —pronunció algo divertido cuando se dio cuenta del porqué esa actitud tan huraña con él, aunque fuese cosa de todos los días su frialdad, Sasuke por lo general no se molestaba en gritar sino en dejar claro con un simple «Hmp» o «Hn» si iba o no a aceptar la oferta— Bueno Otöto, eso es… mejor te dejaré tranquilo.

Antes de siquiera darse la media vuelta para retirarse, la puerta había sido nuevamente arrojada en sus narices.

—¡Suerte Otöto! Las manos son de mucha ayuda, créeme, tengo experiencia —mintió ahogando una risa, salió tan rápido como llegó para dirigirse al primer piso.

Luego de eso, Itachi lo único que notó. Fue que Sasuke había ignorado completamente su invitación al desayuno. El menor de los Uchiha brilló por su ausencia, aunque en parte sentía algo de lastima por su hermano, simplemente su diversión arrebozaba todo lo demás. No podía culparlo, Sasuke necesitaba su tiempo a solas. Luego tendría «La Charla» con él. ¿Verdad?

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Habían pasado días desde la salida al pueblo, desde ese día, el silencio volvió a aparecer entre ambos. Nadie se dirigía palabra alguna, no se inmutaban ni se esforzaban por distinguir la presencia del uno del otro. Simplemente, la poca relación que había logrado formar se había desvanecido como humo en el aire.

Nada…

Se sentía desconsolada. Su rubio e hiperactivo compañero no ayudaba mucho. Después de todo el Ramen era su mejor amigo y ella ahora no tenía las ganas suficientes para soportar las mayorías de estupideces que se le ocurrían. Suigetsu había pasado de ser un amigo molestoso a un cocinero silencioso, al parecer, ella había contagiado a todos de su ahogo.

Jūgo incluso había estado un poco más alejado, no porque quisiese dejarla sola, sino para practicar más el autocontrol sobre él mismo, tenía miedo de lastimar nuevamente a las personas de manera involuntaria. Aunque aquello en ocasiones no estaba dentro de su control, prefería sentirse mejor sabiendo que se esforzaba por mantenerse firme en su verdadera forma de ser.

Karin, ella solo se dedicaba a golpea a Suigetsu, e Itachi investigaba más sobre lo que sucedía con la sangre Uchiha. Al parecer, no le había agradado mucho el que Sasuke hubiese sido quien descubrió una cura rápida hacia el gran problema que le acechaba.

Kakashi, él solo leía un libro parecido a Icha-Icha Paradise. Suspiró por varios minutos antes de ver cómo entraban la pelirroja y el albino discutiendo nuevamente.

—¡Maldita remolacha hija del demonio! ¡No, qué digo, ni el demonio te soporta! ¡Fea escoba con patas! —renegó con una gran peculiaridad que la hizo sonreír. Ahora era el turno de Karin.

—¡¿Me lo dice la sardina andante? ¡Vuelve a tu acuario y deja de joderme la existencia!

—¡La tenías jodida antes de conocerte! ¡Maldito sea el día en que lo hice, todo fue culpa de Sasuke!

—¡Entonces lárgate maldito pescado!

—¡No se me da la gana!

Y ahí empezaba lo bueno. Sakura rápidamente recogió sus piernas y se arrodilló en el sillón esperando el espectáculo.

—¡idiota!

—¡fea!

—¡Maricón!

—¡Qué bonitos ojos tienes! —gritó sin pensar.

—¡¿He?

Sakura se encontraba con la boca completamente abierta, se esperaba lo usual. Que Karin lo insultara, Suigetsu le respondiese, luego que la de lentes le golpease y Suigetsu volviese a un estado liquido. Luego, todos tranquilos volverían a hacer sus cosas hasta que empezara el almuerzo, donde principiaría nuevamente la discusión hasta que terminaran tirando toda la comía. Sasuke se encolerizaría y los torturaría hasta que se calmasen —si es que en un hipotético caso, el azabache aparecía reunido con todos en la mesa, de otro caso sería Itachi quien calmaría el revuelo hasta donde pudiese—.

Todo era calmo hasta que llegase el día siguiente, y se repetiría la rutina. Pero esta vez, a Suigetsu se le había escapado algo muy interesante e imprevisto. Definitivamente, se arrepentía de no tener algo para comer en medio del espectáculo.

—¿Qué has dicho? —murmuró con una voz irritada y sorprendida. Un leve toque de vergüenza adornaba su tono de hablar.

El rostro de Suigetsu reflejaba claro que deseaba salir corriendo rápidamente para no hacer frente a esa incomoda pregunta.

—Yo…

—Tú —tartamudeo la de lentes— ¿En realidad…? ¿Mis ojos son… lindos? —su rostro se ruborizó.

Sakura sonrió, deseando estar hasta el final de la conversación, pero vio a Jūgo asomarse por la puerta, llamándola. Se extrañó de eso pero aún así, solo asintió, aún con esa sonrisa en su rostro levantándose y saliendo de la casa.

—¿Qué sucede? —preguntó lentamente.

—Encontré un pájaro, es un gorrión.

La chica de ojos jade levantó ambas cejas impresionada por que le haya llamado solo por eso. No es que le incomodara, pero Jūgo no la buscaba solo para mostrarle animales, no cuando sabía que ella se estaba distrayendo por algo. Así que, acertada en sus sospechas, vio el rostro ansioso del peli naranja.

—¿Qué…?

—Son de Konoha —le interrumpió con una voz clara—. Al parecer han entrado en la aldea. La han descubierto, eso es lo preocupante. A esta altura, tu olor los guiará rápidamente.

Sakura palideció de manera instantánea.

—¿Sasuke sabe de esto?

—Aún no, pero no debe tardar en hacerlo.

Sakura asintió algo aturdida antes que un fuerte mareo la hiciese tambalearse, se arrodilló en el césped rápidamente con miedo a caer de una forma brusca. En menos de lo que se esperaba, ya tenía a Jūgo a su lado.

—¿Se siente bien, Sakura-san? —la pelo rosa negó frenéticamente con su cabeza antes de arquearse levemente y expulsar todos lo que había desayunado ese día, tosió frenéticamente mientras sentía una de las manos de el de cabello naranja palmear su espalda. —¿Qué le sucede?

—No lo sé.

—Permítame, por favor —luego de esto, Jūgo la alzó con sumo cuidado, por primera vez sintió como era el chico. Sus músculos completamente formados y tersos, le recordaban a Sasuke. Su cuello ancho y su rostro varonil. Claro, él podría en cualquier momento conseguir a alguien que sepa merecerlo, aunque su gran problema, era el sello maldito.

—¿No hay una manera de detenerlo? —pronunció de forma automática a un tema completamente sin tocar, Jūgo la miró por unos instantes hasta que advirtió su vista en su cuello, donde naturalmente, Sasuke tendría la marca de maldición.

—No la hay. O eso supongo, Orochimaru creaba, no combatía. Si él hizo algo para empezarlo, jamás está en sus planes retrocederlo.

Sakura cerró los ojos, sin poder disfrutar ese momento. Se sentía pésima, cansada y demasiado mareada como para siquiera resguardar algo de dignidad y pedirle al chico que la bajara. Apretó los dientes cuando sintió que su cuerpo se iba de un lado al otro, aunque supo que Jūgo estaba completamente firme en el suelo, no pudo reprimir el instinto de aferrarse a su cuello para no caer, en su supuesto caso.

No pasaron ni diez segundos cuando una voz grave la despertó nuevamente, mas sus ojos no se abrieron.

—¿Se puede saber que haces? —Sasuke parecía enojado o incomodo por algo. Inquieto, pero no más que eso.

—Tuvo un vahído, Sasuke-san.

—Eso es malo, recuéstala en el sofá —ese era Itachi con su típica voz serena y apaciguadora— Sakura. He, Sakura ¿me escuchas? —sintió la fría mano de alguien pegarle con algo de delicadeza la mejilla.

—Tiene fiebre —Pronunció el azabache con un pequeño toque de intriga en su voz.

—Llévala a la habitación.

Oyó un resoplido de indignación.

—¿Porqué yo?

—Porque soy tu hermano mayor, porque en su salud muy poco has contribuido y porque te joderé por el resto de tu vida si no lo haces.

Con un chasquido de lengua por parte de Sasuke quien la levantó rápidamente. Sakura pudo notar la diferencia entre Jūgo y él, aunque Sasuke fuese menos corpulento que el pelo naranja, le ganaba en creces al suyo. Realmente, si Sasuke no tenía a nadie a su lado, era por idiota.

Sintió la cama a los pocos minutos y entonces la puerta se abrió con estrepito antes de oír a Itachi y Sasuke juntos.

¡Ninpō: Jinsei tensō shimasu no Jutsu!

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No confíes en nadie, ni siquiera en mí.

Esa pequeña frase le había dolido de sobre manera. ¿No confiar en nadie? ¿Ahora todos sus amigos estaban dispuestos a matarlos si alguien que estuviese de acuerdo con el consejo los encontrase? Hinata no sería capaz de eso. No, por supuesto que no, pero si no cumplía con las ordenes del alto mando, de una simple manera la asesinarían en frente de sus ojos.

No confíes en nadie… ¡nadie!

¡Nadie, ni siquiera en los que consideraba sus hermanos! ¿Iruka-sensei? ¿El Sensei cejudo? ¿El cejas de azotador? ¿Kiba? ¿El perezoso Shikamaru? ¿La preciosa y delicada Hinata? ¡Hasta la puerca de Ino Yamanaka! ¿Acaso todos estaban tras él y Sakura-chan? No había nadie…

Ni siquiera en mí.

Ni siquiera en ella, quien le ayudó en momentos difíciles, quien estaba dispuesta sacrificarse por él solo para mantenerlo con vida. Naruto supo en ese instante que nada de esto lo hacían por voluntad. Si los encontraban, Hinata quisiera o no les diría su ubicación.

El consejo jugaba sucio y su mejor manera de hacerlo era a través de sellos malditos. Tu lengua era clave, la sellaban si querían y la hacían hablar cuando quisieran. Nadie era libre en esa aldea a la cual tenía tanto afecto.

Tenía razón…

Sasuke tenía razón. El consejo ya lo tenía planeado, por supuesto. ¿Quién en su sano juicio hubiese querido cargar con el hijo de un traidor? Ellos lo sabían y sabían que Sakura iría hacia ellos cuando se enterase de la creación de ese niño que viviría completamente solo en el mundo.

Ella no era de tener tanto afecto a los niños, pero era de Sasuke. La persona que más amaba en ese mundo. Sakura simplemente era parte de un sucio juego que hicieron esos vejetes de porquería.

Sakura les había dado su lealtad, su poder, su vida… su libertad. ¿Y a cambio qué? La trataban como la peor basura del mundo.

Naruto sintió asco, asco hacia la aldea. Apretó el pergamino, quería llorar. Porque se imaginaba por el dolor que estaría pasando Hinata. Porque sentía que todos sus amigos sufrían por cada intento de encontrarlos fallido. El consejo tenía sus tácticas para hacer las búsquedas de criminales más incentiva.

Sai se los había explicado con lujo y detalle un día que iban de misión. Cuando él y Sakura iban riendo y peleando por ahí.

El consejo llegaba a utilizar tortura, los mortificaban hasta que ya no pudiesen más y entonces, les daban un día de descanso en donde las heridas no hacían más que empeorar. Luego, amenazados por una segunda tanda, los enviaban a dar caza a los traidores. Entonces esa búsqueda se transformaba en algo más llamativo. Quien obtuviera más pistas sobre los fugitivos, era quien se salvaba del martirio.

El rubio se alarmó, tanto que sus ojos se inundaron de lágrimas con gran rapidez.

—Hinata-chan —musitó.

Hinata, ¿la torturarían a ella? ¡Demonios! Ella quien era tan débil y frágil. Con toda su fuerza y gran voluntad, eso no hacía la diferencia en que sea aún una niña indefensa. Con su Naruto-kun para esto y su Naruto-kun para el otro, con esa vocecita de niña buena, con esa carita que reflejaba todo el desprecio que sufrió de niña y la fortaleza que tenía ahora para seguir adelante y demostrarle al mundo lo que ella valía.

¡No podían atreverse a hacerle daño! Simplemente, deseó haber sacado a Hinata de esa aldea en cuando ellos se fueron.

Si es que algo pasaba con Hinata, simplemente jamás podría perdonárselo.

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Sakura sintió un poco de ardor cuando el Jutsu empezó, se quejó levemente e Itachi frunció el ceño tratando de ver cuál era el problema. Y lo encontró.

—Sasuke, no sé qué es lo que te pasa, pero regula un poco más tu Chakra ¿Quieres? —recibió un gruñido como respuesta, aunque obedeció a la petición (orden) de su hermano. La peli rosa miró por unos segundos al Uchiha menor quien mantenía su mirada con una horripilante incomodidad en su mano, puesta deliberadamente en su vientre hinchado. En verdad le disgustaba esa situación.

Se sintió repentinamente culpable por esa expresión confusa en su rostro. Entonces, fuera de lo que realmente pensaba, expresó con voz sutil.

—Pueden parar, chicos. Me siento mejor.

Itachi la observó durante leves segundos. El rostro de la peli rosa representaba un gran cambio de cómo estaba hacía unos minutos, pero no se encontraba recuperada en su totalidad. Miró a Sasuke para entonces entender el porqué de la proposición de la chica.

—Aún estas débil, Sakura. Será mejor seguir, ¿puedes Sasuke? —preguntó sin cargues para no presionar a su hermano. Si él se sentía demasiado bloqueado, Sakura se sentiría peor.

—No veo el porqué no —respondió directamente, sin aparta mirada de su mano.

—No es necesario, Sasuke-kun. En serio…

—¡Maldita sea! —Masculló, ignoró a la chica, miró a su hermano— Itachi, puedo hacerlo. Llevamos haciéndolo más de un mes entero.

—De acuerdo, tranquilo. Seguiremos entonces.

Sakura solo observó con preocupación al azabache, no se veía muy centrado en lo que tenían que hacer, pero aún así lo dejó continuar.

Durante todo ese tiempo Sakura se dedicó a observarlo.

Su cabello había crecido levemente desde la vez en que se encontraron, tenía unas leves ojeras por el cansancio sufrido mientras que su rostro seguía serio. Sakura sabía que así lo vería la mayoría del tiempo, Sasuke no era de demostrar debilidades sino de verse siempre confiado y poderoso. Le preocupó mucho ese aspecto de su carácter.

Las personas quienes se confiaban morían con mayor rapidez, se asustó de ese simple hecho, puede que le hubiese agarrado un poco de resentimiento en todo el tiempo que llevaban juntos ya que no había sido capaz siquiera de reconocer a su hijo, pero… ¿Enserio podía culparlo? Ella debía ponerse también en la posición del azabache. ¿Cómo confiar si aquél niño que tanto insistían era suyo realmente lo era? Incluso Sakura, ¿cómo podía estar tan segura ella de que ese niño era del Uchiha menor? Aunque, una de las pruebas más confiables era que respondía a la perfección con el Chakra de los Uchiha.

Sonrió levemente al regresar a su rostro, sus labios en realidad te daban una sensación de querer besarlo en ese mismo instante, su barbilla fuerte y varonil. Definitivamente, Itachi era atractivo, pero a los ojos de ella, Sasuke no tendría comparación alguna jamás en la vida.

Porque era el hombre que amó con toda su alma, el hombre al cual quería más que a nada. Porque Sasuke era completamente diferente a los demás, había sufrido demasiado y no era culpa suya el no querer volver a sentir cariño por alguien. Sabía perfectamente lo que sentía, la sensación de traición, decepción, desesperación, enojo. Una ira incontrolable.

Si tan solo ella pudiera hacerle ver que no todo era color sangre.

Entonces recordó lo que Jugo le había dicho.

—Konoha —musitó en medio del proceso.

Tanto Itachi como Sasuke la vieron como si se hubiese vuelto loca, en esos últimos meses el nombre de la aldea había pasado a formar parte de un tabú, el que ella fuese quien lo mencionase era mucho peor, aún así, esperaron que dijese algo más.

—Konoha está en ese pueblo. Han entrado, Jugo me lo ha dicho.

Los hermanos se miraron uno al otro, Sasuke simplemente asintió concentrando más Chakra, Sakura sintió más quemazón solo por unos segundos antes que Itachi saliese de la habitación.

Azabache, rosa. En ese pequeño espacio se creó la más intensa sensación de querer salir corriendo uno en diferente dirección del otro, sin embargo, también fue un poco reconfortante que no hubiese terceros viendo la incomodidad que había entre ambos.

Sakura como siempre, aburrida de esperar tanto, dio el primer paso.

—S-solo tienes que concentrarte en el flujo de Chakra, es como escalar arboles… pero con las manos —sonrió con nerviosismo—. La otra diferencia es que, en vez de tener cuidado en no poner demasiado Chakra en la planta de los pies para no romper la corteza del tronco, debes aumentarlo como si quisieras hacerlo. Algo fácil.

Sasuke pareció ignorarla.

—Lo siento, sé que no soy muy buena para enseñar. No sé explicarme con gran detalle ¿A que si?

Silencio…

—Nē —llamó la chica—, ¿piensas callarte hasta la eternidad? No te servirá si piensas que me rendiré.

—Entonces dime qué quieres para que me dejes en paz.

Sakura sonrió delicadeza. Sasuke era como un niño. Un muy grande y orgulloso niño el cual tenía un capricho por cumplir, Sakura se encargaría de hacerle quitar ese capricho. Por las buenas o por las malas.

—Dame una oportunidad.

Sasuke bufó con brusquedad.

—Te he dado la oportunidad de vivir, no me pidas más de lo imposible.

—¿Ni una sola?

—No ahora —expresó de forma fría y cortante, aun así, ella sonrió…

No Ahora…

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Habían pasado dos días desde aquella plática. El tiempo pasaba rápidamente sin que ellos se diesen cuenta si podían pararlo a o no. Sakura empezó a cuidarse un poco más, comía más cosas sin arrojarlas al minuto y medio, Naruto empezó a comer un poco más de Ramen ya que durante un día de ellos había estado tan deprimido como Sakura.

Karin y Suigetsu parecían no molestarse en siquiera dirigir palabra alguna, e Itachi… bueno. Él seguía tal cual, investigando más cosas luego de haber atrapado al intruso de Konoha, por lo cual Sasuke no podía ni verlo un segundo. Por primera vez, quiso vencer a su orgullo y preguntarle qué opinaba de Sakura. ¿Habría algún daño en su ego si lo hacía? No lo sabía, pero esperaba tener el valor para arriesgarse.

¿Cómo hacerlo cuando por años no entabló una conversación decente con alguien? Y sí, Naruto era parte del «nadie».

Luego del almuerzo, mucho después de este, cuando el sol ya se ocultaba poco a poco en el horizonte, cuando estuvo seguro que Sakura había ido al pueblo con Naruto y no había moros en la costa, se atrevió a interrumpir el filosófico momento de su hermano mayor con los pergaminos por un lado y por el otro.

—A este paso terminarás tan loco como Orochimaru.

—Mira quién habla —respondió en un murmullo sin apartar la vista de los documentos.

—¿Tienes un minuto?

—Cincuenta y siete segundos ahora. ¿Para qué soy bueno? —Sasuke se exasperó.

—Quiero hablar contigo.

Itachi asintió, dejando a un lago uno de los pergaminos y agarrando otro para revisarlo.

—Sí, adelante.

—De Sakura —respondió casi al instante. Itachi despegó la vista de sus pergaminos por primera vez y miró a su hermano, algo sorprendido pero esperando.

—En ese caso, te concedo diez minutos más.

—¿Si te hablo de «de mi hijo» cuantos me concederías?

—Si quieres te acompaño a tomar un té —sonrió divertido. Sasuke lo fulminó con la mirada casi instantáneamente mientras sus manos se volvían rígidas. Sus nudillos pronto empezaron a ponerse blancos y adormecidos por la fuerza con que empuñaba sus dedos.

Su mirada no bajaba la intensidad por lo que Itachi suspiró al momento de levantarse. Caminó alrededor de la mesa y abrió la puerta, salió siendo seguido con pereza por su hermano menor y entonces se sentó en uno de los sillones.

Tras un largo suspiro Itachi empezó.

—¿Qué es lo que querías preguntar?

Ahí empezaba todo. Sasuke se despidió con mucha lástima de quien lo había acompañado durante largos años. Su orgullo en ese momento, se iba ir a la mismísima mierda. ¡Qué importa! Después de todo, si no era él, sería su hermano quien lo dejaría en la situación más embarazosa del mundo. Como si eso no hubiese pasado ya.

—¿Qué piensas…? —él era Sasuke Uchiha, y gracias a ello supo controlar muy bien su cuerpo para no terminar sonrojado como nena— ¿Qué piensas de ella?

—¿De quién?

Itachi sabía a quién se refería, pero joder a Sasuke era un buen método para ablandarlo.

—¡De Karin! —Expresó con ironía ante la mueca de decepción que fijó su hermano— ¿De quién demonios estaría hablando, Itachi?

—Si quieres mi opinión sobre Sakura, es una niña muy agradable. Tenaz un poco caprichosa pero en el buen sentido. ¿Te sirve de algo?

—No de mucho…

—¿Sabes? Sé que te entrará por un oído y te saldrá por el otro, pero si en realidad quieres estar con alguien, busca quien se asemeja en algo a ella. Solo piénsalo un segundo, Sasuke —pidió al ver la interrogante en el rostro de su hermano—. Le has hecho daño y aún así te ama, veo el resentimiento pero no ha dejado de hacerlo. ¿Enserio piensas que cualquier mujer después de eso te amaría?

Sasuke pareció querer interrumpirle, pero Itachi le cortó incluso antes de pronunciar la primera letra.

—Y Karin no es un ejemplo, Otöto-baka. La prueba es que ahora ande de besitos con el acuario que llevas como compañero.

—Suigetsu.

—Como sea…

Sasuke miró el suelo como si fuese lo más interesante del mundo aun cuando su hermano volvió a hablar.

—Escucha, Sasuke. La peor forma de encontrar una tranquilidad es rehuyéndole a lo que sientes, deja ya de ser tan orgulloso. Puede traerte demasiados problemas. Muchos más de los que podrías imaginar y peores a los que ya tienes. Por cierto, si me necesitas estaré en siempre dispuesto a escucharte, por más que mis consejos los tomes y los sueltes rápidamente.

En silencio, observó a su hermano irse del lugar, a encerrarse nuevamente en esa estúpida habitación llena de pergaminos y experimentos. Sasuke lo meditó por unos instantes, su hermano tenía razón en algo, él siempre había agarrado sus consejos y luego los había soltado sin ninguna duda ni remordimiento.

Pero esta vez tenía una diferencia, ahora, en realidad se sentía demasiado confundido para poder siquiera darse el lujo de desmoronarse en cualquier instante…

Por esta vez… le haría caso.

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¡Gracias por pasarse a leer! Espero que les haya gustado el capitulo.

¡Matta~nee!