Capítulo 17 ~Sólo una~
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Si cada ser humano diera una oportunidad… ¡sólo una oportunidad!... a los demás, todos seríamos felices.
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Sakura había sido muy caprichosa en muchos aspectos. Tenía su forma de ser y nadie lo negaba, ni siquiera ella quien se defendía de todas criticas negativas hechas a su persona, pero debían admitir que —por más de no tener tantos atributos como Karin o Ino—, tenía algo en su ser que la hacía poseer… ¿Ternura?
Por enésima vez, el azabache resopló antes de echarse nuevamente en el pasto del jardín, observó por leves minutos las hojas del árbol de cerezos balancearse suavemente ante la brisa débil. El verano empezaría azotar con gran fuerza, era uno de esos días aun en los que no llovía a todo dar como siempre. En esa época del año era donde el aguacero caía de forma rebelde sobre todo pueblo al menos durante unas tres semanas, en ocasiones malogrando sembríos y beneficiando a otros como los de arroz.
Habían encontrado ese lugar con Orochimaru un año después de habérsele unido, el feudal de ese pueblo era muy amable y justo, pero sus formas de administrar a esa pequeña aldea era tan mala que su gente apenas si tenía para sobrevivir.
Orochimaru tampoco les hizo demasiado bien, en sus experimentos esa gente, desesperadas por el hambre y algunos niños ingenuos, había sido la presa justa para las pruebas del ex Sannin. Luego de la muerte de este nunca más volvió a saber de ese pueblo. No tenía ningún nombre asignado según lo que tenía entendido. Su gente no era aliada con nadie y para otras aldeas ese pueblo no existía.
Ahora se daba cuenta que ese lugar podía subsistir muy bien sin ayuda de un gobernante que lo administrara. Había mucha pobreza en ese lugar, pero no tanto como cuando llegó.
Recordó con algo de pesar el dinero que le había dado al mocoso ese solo para que dejara de llorar, se preguntó ¿cuantas caries tendría ya ese niño? Una de las razones por las que no le gustaba mucho lo dulce. Debía admitir que le agradaba, en su mínima expresión, pero no tanto como había visto comer a Sakura o Naruto —cuando no lo veía atragantarse con Ramen, claro—, incluso a su hermano que en ocasiones le encontraba comiendo Dangos.
—¡He, Sasuke! Te quedarás todo el santo día ahí. Entra a casa ya —había escuchado de parte de Itachi, el idiota de su hermano mayor. Su único apoyo en esos instantes aunque el no lo aceptara en voz alta. ¿Cómo hacerlo si hasta hace dos meses pensaba que no había ser tan ridículo como él?; dijo ridículo, no idiota que era en donde entraba su estúpido ex compañero de equipo.
No quería entrar a casa, no cuando sabía que encontraría a la reina de sus complicaciones mentales sentada en el sillón, acariciando con cariño a esa bola que tenía como estomago, a ese ser que si no fuese por ellos, la mataría lenta y dolorosamente. Incluso una vez se lo preguntó. ¿Qué sucede cuando tu propio hijo, es quien te mutila lenta y dolorosamente?
—¿Qué sientes? —le preguntó aquella vez con el intento de hacerle un escarmiento.
—Feo… —respondió con una sonrisa en su rostro. Incluso al borde del colapso mental, ella seguía siendo… ella.
Sakura seguía confundiéndolo casa vez más hasta el punto en que meramente ya no soportaba más, el simple hecho de verla hacía que su cerebro se retorciera de la forma más horripilantemente posible, sus ojos se movían sin quererlo hacia su vientre, hinchado por los cinco meses que llevaba cargando a «su hijo». Y sí, porque resignado de que nadie le hiciese el mínimo caso, terminó por aceptarlo. ¡De acuerdo! ¡Ya! Ese niño era suyo.
¡Lo aceptaba! ¡Incluso pudo jurar que escuchó a Itachi aplaudirle por eso! Pues bien. Se habían salido con la suya, ese niño que había sentido moverme dentro de Sakura hacía unos días, esa cosa que le absorbía el Chakra a cada hora a esa de pelo rosado, ese bebé que era un simple experimento de Konoha, ese pequeño que llevaba sangre Uchiha, ese que pronto sería un infante, ajeno a todos os problemas que tenían los mayores, quisiera o no era parte de él.
Sasuke por primera vez supo lo que era enfrentarse a algo tan grandiosamente diminuto como para no poder vencerle. Así como una bacteria, una muy poderosa bacteria de la cual no podías deshacerte.
Porque Sasuke Uchiha, con diecisiete años de edad, con una mente lo demasiado confundida como para siquiera querer enfrentar peligro alguno y un azabache en plena maduración —porque aún no terminaba ni de ser un adolescente ni llegaba a ser un adulto—, aquél muchacho buscado por las cinco malditas naciones… iba a ser padre de un niño que nunca quiso.
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Supo de inmediato que había sido una pequeña patadita. O al menos un pequeño movimiento pero igualmente dio un improvisado saltito aun estando de rodillas en el cuarto. El día había sido perfecto en su mayoría y veía con gran satisfacción que el azabache había estado rondando pensativo, sin animo ni de querer ocultar su distracción. No era normal ver a Sasuke caminar completamente aturdido de un lugar a otro. Tras esa costumbrista frialdad se podía apreciar sin esfuerzo toda la confusión que vivía.
Su hijo se movía poco, pero Sakura trataba de disfrutarlo cada vez que lo hacía, al parecer Suigetsu tendría razón: el pequeño nacería con el mismo carácter de su padre.
La puerta del cuarto sonó.
Se paró instantáneamente antes de ver entrar al Uzumaki con una gran sonrisa en el rostro. Al parecer poco a poco empezaba a recuperar esos ánimos que había perdido antes. Sus manos estaban ocupadas sujetando una bandeja con dos tazones —muy grandes— de sopa.
Ramen…
Dudó por unos segundos mientras su compañero se acercaba a ella con esa mueca de felicidad, en esos días había estado comiendo regular, pero debía admitir que casi la mayoría de cosas que había merendado antes de quedar en estado en ese instante no le provocaban nada más que molestas nauseas. El aroma llegó a sus fosas nasales y aunque no le dio la sensación de vértigo, supo enseguida que Ramen no era lo que necesitaba en ese momento.
—Sakura-chan, gasté uno de mis cupones del viejo que vende en el pueblo. Para conseguir uno de esos tienes que ir a consumir mucho así que las estaba guardando para una ocasión especial. ¡Hay que celebrar por los cinco meses y medio que tienes! —expresó con entusiasmo. Todas las ganas de negarse a la invitación del rubio se fueron al carajo. ¿Cómo podría decirle que no luego de que hubiese gastado su maldito cupón de mierda en un plato para ella?
Suspiró…
En otro momento, de seguro le hubiese mandado a la mierda sin importar que hubiese gastado dos cupones y un millón de ellos, después de todo era Sakura Haruno, ¿es que acaso luego de haberle propinado golpes que Naruto aún no había olvidado, sería tan gallina de no negarse ante la cara de cordero del Uzumaki? ¡Por supuesto que lo hubiese hecho! Pero le debía tanto al rubio que se sintió enferma en siquiera pensar en oponerse.
Miró con algo de pena el tazón y se acarició con disimulo el vientre.
—"Lo siento bebé. Tendrás que probarlo otra vez." ¿Eso es para mí? —preguntó fingiendo incredulidad. Ese plato contenía más carne de cerdo, verduras y muchos fideos de lo que hubiese imaginado en la vida. Incluso en Ichiraku no le daban a Naruto el lujo de ponerle tantas cosas. Sintió un cosquilleo, eso era demasiado para que se pagara con un simple cupón, él debió haber pagado algo extra por aquello.
Nuevamente no quiso ni pensar en lo que había "sacrificado" para darle de comer.
—¡Sí, lo compré especialmente para ti! ¡Tienes que comer proteínas, muchas cosas nutritivas para hacer crecer fuerte y sano al pequeño Naruto-chan!
—¡¿He? —Sus ojos casi se salen de sus cuencas al escuchar aquellas últimas palabras— ¿Na… Naruto-chan?
—Por supuesto —espetó orgulloso—. Como tío de ese niño estoy dispuesto a darle mi nombre. ¡Así tendrá un motivo para seguir luchando sin rendirse!
—O un buen motivo para suicidarse cuando tenga entendimiento de quién fue el imbécil en quien fue inspirado ese nombre.
Sakura se sobresaltó tanto que incluso tuvo que tapar su boca para callar un pequeño grito. Se inclinó levemente para ver que en la puerta del cuarto estaba Sasuke con una expresión irritada en el rostro.
Vio como Naruto tenía una pequeña vena hinchándose en la frente y parte de la mejilla, se volteó hacia el moreno dispuesto a entablar una conversación no muy civilizada con el Teme.
—¡Ese nombre me lo puso mi padre! ¡Y mi madre lo aprobó con mucha felicidad! —se excusó antes de empezar la verdadera batalla— ¡Ese nombre es reconocido mundialmente! ¡Tengo un puente nombrado en mi honor! ¡¿Y tú qué? Apenas si tienes un tronco con tu nombre tallado en él.
—¿Te has dado cuenta que «Naruto» es algo comestible, verdad? ¿Que viene de un ingrediente de tu maldita comida adictiva? ¿Qué ese nombre es el hazmerreir de las cinco naciones ninja? —Entrecerró los ojos— ¿Y de qué árbol me estás hablando? ¿Has perdido la cordura? Yo no tengo ningún árbol tallado con mí no…
Fue hasta entonces que no había notado el semejante sonrojo que traía Haruno ante la mención de ese árbol. Era uno pequeñito, de cerezos. Lo había visitado de vez en cuando de niña y al ver que tenía muchos nombres escritos en él —la mayoría eran antiguos y pertenecían a cada pareja que se había realizado. Lo supo porque en ellos estaba escrito el nombre de Kushina-san y el cuarto Hokage, así como de la madre de Ino e Inoichi— había aprovechado para escribir las iniciales de sus nombres y quedaron tallados.
No fue hasta que Naruto quiso tallar su nombre con el de Hinata cuando se fijó en el «Sasuke y Sakura» que había escrito. Recordó la vergüenza que había sufrido cuando él se lo increpó en medio de toda la aldea que la miraba como si estuviese loca.
—¡Debe ser una broma! —maldijo mirando con odio a Naruto.
—No estamos hablando de nuestros nombres, Teme. ¡Y ese bebé se queda con el nombre de Naruto-chan!
—¡Sobre mi cadáver!
—¿Y porqué mierda te importa tanto? —aumentó el tono de voz.
—¡Porque es mi hijo, imbécil!
Sakura tuvo la leve sensación que todos en esa casa estaban acostumbrados a declarar sus sentimientos cuando estaban en un estado de cólera inalcanzable por cualquier humano común y corriente. Entonces cuando procesó bien la información recibida, un escalofrío bajó por su nuca hasta el final de su columna.
No supo porqué, pero Naruto sonrió tan complacido que incluso parecía querer enseñarse sus pulcros dientes al Uchiha.
—Repite eso… Teme —se burló en un murmullo mientras Sasuke apretó su mandíbula hasta que incluso sintió como tronaba. —¿Sabes qué, Sakura-chan? Creo que me iré a pasar el rato con Suigetsu, me lo llevo, será para otra ocasión —canturreó alejando la bandeja de Ramen intacta de ella, la peli rosa agradeció en término medio el que se llevara la comida, pero le había dejado un problema mucho mayor, un Sasuke completamente patidifuso por lo que había salido de forma deliberada de sus labios.
Se mordió el labio inferior, tratando de contener una sonrisa que quería salir como fuese de sus labios. Se preguntó si Sasuke realmente lo había dicho porque le nació en un momento minúsculo o porque realmente solo quería que Naruto saliese, aunque sus pensamientos eran difíciles de estar cerca de la verdad cuando veía el confundido rostro de Sasuke.
Prefirió no presionarlo, al menos por esta vez.
—¿Venías por algo en especial? —se removió incomoda al ver que Sasuke no le respondía— ¿Sasuke-kun?
—Itachi quería saber como andas —contestó.
—¡Eso es mentira, Sakura! —oyó como le gritaba Itachi desde el primer piso, contuvo una carcajada al ver la mirada psicópata que se posesionó de los ojos del azabache.
—Ese Itachi —rió tratando de salvarle el orgullo, después de todo, ya tenía lo que necesitaba—, siempre ocultando lo que siente.
Esa fue una clara indirecta.
—Si —contestó lentamente.
—Nē, este es el periodo más largo dentro de casa en la que no peleamos. Es un buen progreso —cerró los ojos contenta.
—¿Enserio no te agrada el nombre de Naruto?
—Debes estar realmente demente si es en lo único que piensas, teniendo a un asesino enfrente tuyo.
Pareció como si ella emitiese una risilla complacida, se incorporó para caminar hasta la cama y se sentó en ella. Levantó la mirada y palmeó un lugar a su costado.
—Es tu cuarto después de todo —Sasuke entendió al instante. Negó con su cabeza apresuradamente.
—Estás demente.
—¿Me tienes miedo? —Se embromó— ¿Tienes miedo a una mujer que apenas puede correr en su estado?
—No seas estúpida —resondró con un gruñido.
—Entonces no tienes nada que perder, además tengo que revisar esa mano —señaló la venda que aún traía puesta.
Sasuke parecía indignado y ella sabía casi al instante lo que le respondería. Él era caprichoso aunque no lo demostrara, orgulloso y un poco presumido, pero todo tenía su porqué. Sakura sabía que tenía razones de sobra para comportarse de ese modo, pero también tenía pena… Con esa actitud solo lograba alejar a los demás, después de todo, parecía que eso era lo que realmente quería.
—Ya sanó hace poco menos de un mes ¿Para qué lo quieres revisar?
—De acuerdo, Sasuke. Me has descubierto —fingió estar desilusionada de una forma muy poco convincente—, quiero conversar contigo ¿Tanto pecado es quererlo? Como la última vez.
Como la última vez…
La última vez que conversaron no terminó de forma muy gratificante, fue humillante ya que desde ese momento su cerebro había quedado muy afectado, necesitaba tiempo para volver a ser quien realmente era y Sakura solo estaba para hacerle recaer.
—No quiero hablar contigo.
—¿Entonces para qué has venido aquí? ¿Por qué Itachi te lo ha dicho? —Sasuke cerró con fuerza la puerta, estuvo seguro que su hermano gritaría nuevamente si escuchaba eso— ¿O es que simplemente sabes que te interesa tu hijo aunque te trates de convencer de lo contrario? —se levantó hasta acercarse a él, tanto que hasta sintió el calor que desprendía— Maldita sea deja de ser tan orgulloso. ¡Deja de verte a solo a ti y verás cuanto daño haces a los demás!
—¡No me alces la voz como si tuvieses algún derecho sobre mi! No eres más que un maldito estorbo que ha venido a joderlo todo. ¿Por qué no nos haces un favor y te la…? —Y entonces lo besó.
Sakura tenía los nervios de punta, sus dedos que agarraron el cuello del azabache los sintió como si miles de agujas le picaran, su cuerpo sentía un terrible escalofrió que la hizo estremecerse a la par de Sasuke. Por impresionante que pareciese, Sasuke movió titubeante sus labios sobre los de ella. La peli rosada lo jaló un poco más logrando que se inclinase.
Retuvo una sonrisa al darse cuenta cuanta estatura le ganaba el chico, hasta que su burbuja de ilusión se reventó cuando sintió los brazos del azabache tratar de separarla. Se agarró a su cabello, dispuesta a no soltarlo hasta que él se rindiese primero; no logró resistir mucho, Sasuke sin cuidado alguno la desprendió para mostrar su rostro consternado.
—Antes que digas algo más de lo que me pueda dañar —le tapó la boca con las manos con desesperación mientras el azabache fruncía el ceño— ¡Te amo, ¿me escuchas bien Uchiha Sasuke? Y eso no va a cambiar, mátame, tortúrame, lo siento. Pero seguirá, podré resentirme contigo e incluso molestarme pero jamás te odiaré, así que deja de intentar alejarme de ti. Solo te estás dañando y lo sabes.
Sakura aflojó con duda el agarre y Sasuke se encargó con un manotazo de liberar su boca. La miró, seriamente furioso.
—¿Por qué haces esto? —lloriqueó.
—Porque ya me cansé de perder a la gente que llego a querer —respondió secamente—. Me harté de que cada vez que quiero algo alguien me lo arrebata. No quiero volver a sentir esa desesperación. No lo sabes ¿Verdad? —interrogó agarrándole las muñecas con fuerza— Ese sentimiento que te desgarra por dentro, las ganas de gritar y no poder hacerlo, el dolor al darte cuenta que ya nada de lo que has perdido podrá regresar… el darse cuenta que lo que has vivido no es una pesadilla sino una maldita realidad de la que no puedes escapar…, no quiero volver a sentirlo, deja ya de molestarme… por favor.
—No lo perderás —juró en un murmullo—, sólo dame la oportunidad de demostrártelo. Sé que puedo.
El silencio los envolvió durante minutos en los cuales Sakura sentía la tensión el cuerpo de Sasuke, las ganas de ir a abrazarle, decirle que todo estaría bien que ya no estaba solo, que incluso Itachi quería hacer todo lo posible para hacer volver al antiguo Sasuke que había antes, pero decirle cosas como esas solo lograría desesperarlo más de lo que ya estaba.
Uchiha por un momento la obligó a mirarle, ella se paralizó al comprobar que los ojos carbón del moreno tenían un color rojizo bordeándolo y una capa cristalina envolviéndolos.
—Solo una —agregó con voz tosca—. No la desperdicies…
Sakura sonrió de tal forma que le dolieron las mejillas, tan frio y orgulloso Sasuke salió de la habitación al momento que ella tapaba su boca con las manos, las lágrimas desbordaron sus ojos, por primera vez se sentía tan alegre que no pudo ocultarlo. Era la misma sensación de cuando supo que Naruto había llegado a defenderlos del sorpresivo ataque de Pain, también cuando vio a al Uchiha menor luego de dos años de haberse ido con Orochimaru…
Como cuando se dio cuenta… que él había sido quien descubrió la solución a su problema.
Solo una…
Oportunidad para hacer ver, que la vida tenía muchos sentidos para desearla.
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Con una frustración digna de matar a cualquiera que le cruzase el camino, se dirigió hacia el gran sótano, un lugar donde podía con toda confianza patear paredes, gritar o sacar toda la frustración que llevaba encima. Si Sakura, Naruto e incluso Kakashi creían que ese lugar no era digno de llamarse «guarida de Orochimaru» estaban muy equivocados. Por supuesto, no habían visitado el subterráneo que había acechando esa gran casucha.
La cantidad de rejas, calabozos y socavones eran muy sorprendentes. Incluso Sasuke se había horrorizado en silencio de la cantidad de personas moribundas que se encontraban en ese lugar, ahora había cambiado, los calabozos seguían pero las personas ya habían muerto, el azabache visita frecuentemente ese lugar para hacerse recordar que la vida era así de frágil, con un chasquido de dedos se desvanecía.
Bajó los escalones de la mugrosa escalera llena de una capa verdosa debido a la humedad y la oscuridad, chasqueó la lengua cuando fijó la vista en su mano, había agarrado una parte del musgo que se encontraba ahí. Con una expresión de asco en el rostro siguió su camino.
Su tranquilidad inmutable, su rostro aplacado; todo parecía tan en orden si no fuese porque tenía las ganas más inmensas de golpearse contra una pared hasta que su cabeza sangrase.
Solo una…
¿En qué mierda estaba pensando? ¿Darle una oportunidad a esa molestia devastadora? ¡Se lo dijo! Por su madre que se lo había dicho. Tonteando pero lo suficiente claro para que ella se emocionara de la manera que le vio hacerlo. Se sentía un reverendo estúpido, su carácter se había ido a la mierda sin que él pudiese haber hecho algo.
Aceptaba que Sakura Haruno estaba influyendo demasiado en su actuar.
Sin embargo, fuera de sentirse tan desconcertado por su actuar, debía admitir que cierta molesta esperanza esta naciendo en alguna parte de su cuerpo que no lograba descifrar. Tenía miedo, mucho, no lo demostraría jamás ni en un millón de años, pero se sentía temeroso ante lo que podría pasar.
La felicidad era efímera siempre, venía, se iba y te dejaba destrozado en el proceso. Él lo había sentido, le había dicho a Sakura —resumido— exactamente lo que sentía. Se sintió tan desesperado, simplemente quería que lo dejara en paz, dijo cosas sin sentido en esa habitación de las que ahora se empezaba a arrepentir. Pero las cosas ya estaban hechas…
Un ruido desde más adentro de ese lugar captó su alertada atención. Frunció en entrecejo mientras su mano estaba decidida a ir hacia su katana en cualquier momento, sus sentidos se agudizaron de tal forma que su Sharingan ya se había activado por si solo.
Era imposible que alguien estuviese en ese lugar a menos que fuera intrusos, una sombra empezó a acercársele con rapidez, su mano fue directamente a su arma. Instantes mínimos a que tocara el mango de su defensa, la sombra se posicionó frente a él agarrándolo se las muñecas y mirándolo con una expresión suavizada. Apretó los dientes antes de fijarse con detenimiento quién demonios había sido capaz de ser tan veloz en ese instante y se dio cuenta de los ojos negros que lo miraban profundamente.
—¿Itachi? —indagó con su voz ronca.
—¿Se puede saber qué haces aquí?
—Qué gracioso —ironizó el azabache—, te iba preguntar exactamente lo mismo hace dos segundos. Yo soy quien viene con más frecuencia a este lugar y no he visto ni un alma hasta ahora. ¿Qué haces tú aquí?
—Yo pregunté primero —lo interrumpió insistente.
—Venía a romperme el cráneo ¿Contento? —Itachi alzó una ceja con consternación— Ahora es tu turno.
—Trato de guardar un secreto, ¿por qué quieres dañar tu integridad física?
Sasuke movió las manos mirando a su hermano con intensa incomodidad. Itachi miró las suyas antes de soltar con avidez al moreno para darle más espacio. El menor de los Uchiha con pesar tuvo que agarrar sus agredidas articulaciones para desaparecer ese entumecimiento, miró por encima del hombro de su hermano y este interfirió su visión moviéndose nuevamente.
—¿Qué tanto escondes, Itachi? —reivindicó con firmeza.
—¿No puedes ser tú quien me responda primero? Me resulta estúpido que a cada que hago una pregunta tú arremetas otra. Tratémonos con respeto y avancemos por edades.
—Perfecto, del menor al mayor; responde ahora.
Sus ojos vacilantes se movieron nerviosos hasta que resopló un pequeño «sígueme» y avanzó de espaldas a Sasuke, el pelinegro lo siguió decidido sin objetar nada. Llegado al minuto de caminata pudo observar unas manos agarrando uno de las varillas de acero que bloqueaban la salida del calabozo. Miró consternado a su hermano mayor.
—Dime que esto es una broma —gruñó enfurecido mirando las bandas que traían en su frente los cautivos.
—Era la única forma.
—¿La única forma? —Repitió con desdén— Matarlos es una muy buena manera.
—No los mataré. No le haría eso a mi aldea.
—Te darán la medalla de honor, Itachi —alabó el menor— ¡Por imbécil! —Escupió al último— ¿Qué piensas hacer después con ellos? ¿Soltarlos?
La mirada de su hermano mayor le hizo saber que estaba en lo correcto con esa suposición, las ganas de golpearlo lo invadieron nuevamente. El ninja de Konoha lo miraba con sorpresa, jamás se imaginó que los dos estuviese reunidos, cuando lo capturaron pensó que la Haruno había encontrado al mayor de los Uchiha pero ahora su juicio había cambiado.
Sin embargo, pensó, Sakura Haruno no tenía mucho Chakra para sobrevivir más allá de cuatro o cinco días por lo mucho. Debería de haber muerto.
—Haruno Sakura —jadeó el hombre, ante la atenta mirada de su compañero también preso—. Haruno Sakura ¿Se encuentra con ustedes?
Ambos chicos lo miraron.
—¿Porqué tendría que contestar a eso?
—Sí —respondió el moreno.
—Pero —Itachi le observó con irritación— ¿Estás demente? ¿Cómo te dignas a decir eso cuando debe de ser confidencial?
—No es por ofenderte, Nii-san —satirizó—. Pero tu respuesta inicial es una clara afirmación a su pregunta, no me culpes por tu idiotez.
—Así que ella sobrevivió. El consejo estaba asegurado de que moriría instantáneamente, no hay nada que revierta ese proceso a menos de practicar una cirugía para extraer el experimento… No tienen idea de a lo que se enfrentan ¿Verdad? Esa cosa no es un niño, ni siquiera será humano. Es solo un intento de recrear a un Uchiha. Sus habilidades de ser descubiertas serían una prodigiosa arma para cualquiera, pero no querrá ser dominado —se burló el personaje.
Itachi frunció su ceño, dejando a un lado su enojo con Sasuke quien también parecía poner mucha más atención en lo que decían esos fracasados. Si podían obtener más información de ese niño sería mucho mejor para saber qué hacer. Aunque Itachi no tenía planeado en ningún momento deshacerse del hijo de su hermano.
—¿Qué tratas de decir con no querrá ser dominado? —preguntó Itachi con un tono tan amable que asqueó al mismo Sasuke. Si ese ninja no cantaba le harían decir hasta sus últimos recovecos con una sola acción.
—¿Ustedes creen que podrán hacerle sentir algo más allá de la búsqueda del poder? Recuerden que un Uchiha —sonrió sínicamente—, hijo de Uchiha Sasuke para ser más precisos, sus ansias de poder serán mucho mayores a la de él mismo. ¿Saben lo que sucederá? Cuando ya no tengan más que enseñarle, querrá probar cuanto poder tiene, hará lo mismo que la codicia hace… probará hasta dónde llegan sus límites… sin importar matar en el proceso…
Sin importar matar en el proceso…
Sasuke sintió un desesperante escalofrió.
Probará hasta donde llegan sus límites.
Hasta donde llegan sus límites.
—¡Por qué! ¡¿Por qué lo hiciste, Itachi?
—Para probar mi contenedor…
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Continuará…
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Gracias chicos por haber esperado todo este tiempo, espero que este capítulo les guste. Me he pasado con el OoC, pero no encontraba una manera decente para hacerle admitir sus miedos a Sakura xD.
Espero que les haya gustado el leve SasuSaku y como se que quieren Lemon, les propongo un trato, si me dejan comentario tan hermosos como lo hacen siempre, y me perdonan por tardar mucho, pondré lemon en el próximo capítulo. ¿Lo quieren? ¿Sí? *¬*
Seré un asco escribiendo escenas Hentai pero haré mi mayor esfuerzo y le pondré a full todo. ¿Desean?
¡Gracias por todos sus comentarios!
Y para los que no encontraron la pagina de Facebook, búsquenla en mi perfil. Si no la ven me avisan para ver qué sucede. Gracias por interesarse.
Nos leeremos en el próximo capítulo que desea tener Lemon ^-^
¡Matta~nee!
Si ven alguna falla ortográfica o tienen más consejos para que mejore la escritura de mis FF, háganmelo saber. Espero sus opiniones ^^
