El proceso de abrigarse se vio interrumpido con un bostezo. No había dormido nada. Kageyama no lo quería admitir, pero estaba nervioso por el primer día de clases. Terminó de ponerse la chaqueta negra, todavía con la cabeza llena de hoy empiezo la universidad y hoy jugaremos vóley como equipo oficial de Karasuno, otra vez. Eso le alegraba el día.
Estaba siendo silencioso por respeto a su compañero durmiente, pero cuando se dio vuelta se encontró con sus ojos grandes abiertos. Estaba tenso y asustado. Hinata tenía miedo.
― ¿Qué? ―preguntó, entre confundido y preocupado.
Si algo había aprendido de él, era que podía ser muy rápido. Hinata se reincorporó y saltó sobre él, agarrándose como si fuera algún tipo de animalito indefenso.
Kageyama no entendía nada. Por poco pierde el equilibrio e intentó inconscientemente atraparlo para que no se cayera. Cuando recuperó la estabilidad, asoció la comodidad y suavidad que tenía entre manos con Hinata. Retiró las manos instantáneamente, porque no lo iba a sostener del trasero para que no se cayera. Acababa de levantarse y sus reflejos no eran los mejores, pero tampoco hizo nada para atajarlo. Y Hinata se cayó.
Se volvió a subir a la cama, a su cama. ¿Qué diablos le pasaba? Se abrazó las piernas. La angustia en su rostro hacia que fuera imposible enojarse con él, pero seguía sin comprenderlo.
― ¿Qué fue eso? ―insistió.
― Tuve una pesadilla. Fue horrible.
Al fin las cosas cobraban un poquito de sentido. Pero le daba igual.
― Vamos a desayunar ―propuso, nada mejor que tapar preocupaciones con comida.
Además, tenía hambre. Se dirigió a la puerta, pensando en lo fastidioso que sería tener que bajar y subir las escaleras tres veces al día para ir al comedor. Aunque él, por su parte, estaba en forma porque hacía deporte... pobres desafortunados los que no lo hacían.
No iba a ser tan sencillo salir de la habitación. Hinata se le volvió a trepar, esta vez cuando más desprevenido estaba: de espaldas. Cruzó sus piernas sobre su estómago y le rodeó el cuello con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello. Era tan liviano.
Incomodidad. Eso era todo lo que podía sentir.
Sin embargo, Hinata no era así. El sueño debió ser una real mierda para que se sintiera tan mal por él. Por eso no podía empujarlo lejos con un golpe. Y seguía sintiéndose tan incómodo.
― ¿De qué era la pesadilla? ―inquirió.
Fijó la vista en la puerta, se quería ir. No era bueno manejando los sentimientos de los demás, pero Hinata... ¿Por qué siempre era más difícil con él? Por ese efecto que tenía en sus propias emociones. Esto no le gustaba nada.
― Íbamos a jugar un partido oficial contra... ―Se quedó callado. Hablaba despacio, arrastrando la voz aniñadamente― no puedo recordar contra quienes. Pero era oficial y no había nadie viéndonos. Y no había nadie en las tribunas y después no había nadie en la otra cancha. Entonces Daichi dijo que no importaba, que debíamos calentar igual. Entonces la levantaste para mí y yo salté y... ―apretó los brazos en torno a su cuello― cuando salté, fue como si hiciera mucha fuerza. El suelo hizo craaack y se rompió y se empezó a hundir y yo solo podía mirar la pelota. Sabía que todos ustedes se estaban cayendo, y esa parte fue larguísima, solo estaba la pelota y yo en el aire, y ustedes se caían porque el piso se rompió y...
― Fue solo un mal sueño. El suelo no rompe.
― Ya lo sé, pero se rompió ―dijo tontamente.
No, tontamente no. Ese sueño era producto de todas sus preocupaciones.
― El suelo nunca se va a romper mientras yo esté aquí ―afirmó, por más incoherente que fuera― así que bájate y vamos a desayunar.
Hinata obedeció. Parecía más tranquilo. Se sostuvieron la mirada hasta que hey eso fue terriblemente incómodo. Volvió a fijar la vista en la puerta, antes de abrirla y salir.
― ¡Espera a que me visto! ―oyó.
No le contestó. No quería esperarlo, quería comer. Pero lo esperó. Y mientras lo hacía, se estrujó los cachetes de la cara, calientes. No supo por qué. ¿Vergüenza? Bah, tonterías.
Hinata salió cinco minutos después y su sonrisa se iluminó al ver que Kageyama todavía estaba allí. Como su humor había regresado, habló sin parar hasta que llegaron al comedor y él estuvo de acuerdo en lo que decía por primera vez en la vida:
― Deberían permitirse las carreras en los corredores. Así nunca definiremos quién es el mejor.
― La escuela tendría problemas porque un alumno idiota de pelo naranja se tropezó en las escaleras y se murió ―dijo solo para molestarlo.
― ¡Yo no me tropiezo!
Kageyama le echó una mirada incriminatoria y Hinata bajó la cabeza como un perrito que fue retado. Ambos sabían que eso había sido una mentira.
El comedor era enorme, podía albergar a todos los estudiantes con perfecta comodidad. El problema era el caos que armaban los estudiantes. Muchas mesas, muchos chicos. Mucho barullo, muchas conversaciones, una encima de la otra. Mucho lio junto, mucho para empezar la mañana así. Mucho para su gusto.
Se pusieron en una fila. Kageyama no estaba seguro de qué era lo que tenía que hacer, así que optó por adaptarse e imitar al resto. Hinata lo imitaba a él, echándole caritas confusas de vez en cuando. Agarraron una bandeja y la mujer les pidió el carnet de estudiantes. Ambos se pidieron un café y tomaron un paquete pequeño de galletas que le ofreció la mujer. Kageyama optó por las saladas, Hinata por las dulces. Cuando el paquete y el café estaban sobre la bandeja, los dos buscaron asiento.
Sugawara levantó la mano y los dos se sentaron en la mesa. Fue bastante agradable desayunar todos juntos, peleándose y gritando como el resto de los alumnos.
Kageyama podría adaptarse con facilidad a este lugar.
Las clases tuvieron ese toque familiar a me aburro, mátenme. La universidad no era tan diferente como le habían dicho, no para alguien que estaba acostumbrado a las exigencias como él. Para alguien que, de todas maneras, estaba acostumbrado a distraerse. En cambio, el vóley fue más emocionante de lo que había sido en los últimos años. Takeda Ittetsu se había esmerado para conseguirles un partido amistoso contra Nekoma.
Efectivamente, la cancha era más grande. Dejó todo su potencial en ella, ¡Y perdieron! Aunque en el tercer set. Estuvieron tan cerca, ellos también habían entrenado duro estos años. No por nada era el fiel rival de Karasuno.
Hace tiempo que no se sentía tan bien. Si había estado ansioso respecto a las clases, ahora lo veía un poco estúpido. La universidad era genial. Igualmente aburrida que la escuela, pero mucho mejor en el vóley. Y al final, eso era lo único que le interesaba.
Sin embargo, había algo que lo inquietaba.
Kenma, el armador de Nekoma, hablaba con Hinata. A pesar de estar en equipos contrarios, se habían hecho muy buenos amigos a lo largo del tiempo. Y eso le molestaba. Mucho. Hinata podía ser amigo de quién quisiera, por supuesto. De Tanaka, de Nishinoya, del conserje, de una piedra, de dios. De quién quisiera, de verdad. Pero le nacía una rivalidad natural hacia el armador, tan innata como su habilidad.
― ¿Estás celoso? ―preguntó Sugawara con curiosidad.
― ¿Qué? ¡No! ¿Por qué lo estaría?
― No lo sé ―se sumó Daichi― debe ser porque estás hace diez minutos mirándolos con mala cara.
― ¿Por qué estaría celoso del armador del otro equipo? Yo soy mejor.
― No me refería al armador... no en vóley ―dijo Sugawara con una sonrisa.
― ¿Kenma? ― Entrecerró los ojos, dándoles a entender que se estaban metiendo en terreno peligroso― ¿Lo dicen por Hinata?
― Yo... lo siento si no es así. Fue solo un comentario ―se disculpó Sugawara, aunque algo parecía hacerle gracia.
Si estaba sugiriendo que tenía celos por ver a su mejor amigo hablando con otra persona, estaba equivocado. El problema era puntualmente Kenma. Él no era cualquier armador, era uno que usaba su inteligencia en el juego, por lo que lo posicionaba en un lugar superior al resto. Y sí, le disgustaba que hablara con Hinata, pero también le disgustaría si se hiciera amigo de cualquier persona en el equipo de Karasuno. Pero Hinata en especial, ya que era, después de todo, su mejor amigo.
Si aquello eran celos, entonces los tenía. Y Kageyama no estaría de acuerdo con quien lo afirmara.
Hizo rebotar la pelota contra el piso varias veces, decidido a no volverlos a ver más. La tarde se había pasado tan lenta como veloz, por lo que se sentía agotado, pero sin ganas de irse a dormir. Todavía quedaba la cena. El equipo se retiraba y él se fue con ellos, dejando atrás a Hinata y a Kenma.
Nadie habló durante la comida. Después de una práctica, siempre era así. El hambre reinaba como si fueran fieras voraces, insaciables de alimento. Cenar después de un buen partido era uno de los placeres más bellos que tenía la vida, especialmente si la comida era abundante. No fue el caso, ya que la escuela pagaba solo cierta cantidad, el resto debía pagarse aparte. Y como era el primer día, un buen primer día, Kageyama, Tanaka y Nishinoya pagaron un segundo plato.
Cuando se lo estaba terminando, sonó el celular de Tanaka. Él se lo extendió y Kageyama le echó una mirada confundida, sin dejar de comer.
― Hinata.
¿Por qué Hinata no lo llamaba a su...? Oh. Había olvidado su teléfono.
― ¿Qué quieres?
― ¿Me traes la billetera? Tú te quedaste con las llaves.
Su voz sonaba suave, con el eco típico de la conversación por celular. No, no quería subir dos pisos más. Ni siquiera había terminado de comer. Tanaka había dejado de prestarle atención, porque tenía un plato de comida en frente. De vez en cuando le echaba una mirada pendenciera, como si comprobara todo el tiempo que Kageyama no le estaba revisando los mensajes o algo. Seguramente tenía toda la memoria llena de porno. Sí, debe ser eso.
― Ni en tus sueños. Ven por la llave.
― No pueedo ―se quejó y podía ver el puchero que estaba haciendo sin necesidad de mirarlo de verdad― vamos, si me traes la llave y encuentro alguna ferretería abierta, le haré una copia y problema resuelto.
Sonaba tan fácil. No era tan fácil. No, no iba a subir dos pisos y para colmo había dicho "si me traes...". No iba a subir dos pisos y bajarlos e ir a donde mierda estuviera, porque quería seguir comiendo. ¿Y dónde se supone que está, de todas formas?
― Te dije que no.
― Heem... ¿Y si pago la cena de mañana? ―ofreció.
Hinata, idiota. Intentando sobornarme.
― Y la del almuerzo.
Tantos años habían servido de algo. Un soborno era siempre bienvenido para él. Especialmente si incluía comida extra.
― Ugh, está bien. Pero apúrate. Llave y billetera. Estoy en la puerta.
Le devolvió el celular a Tanaka y levantó el mentón, interrogante.
― Nada.
― Solo van a tener otra cita ―molestó Nishinoya.
Kageyama rodó los ojos. No era la primera vez que Hinata lo sobornaba con comida y hace unos años se habían encontrado a algunos del equipo mientras cenaban después de un partido. Desde entonces, los burlaban con lo de las citas. Una cita implica hablar, además de cierto grado de romanticismo, ¿No es así? Porque esa noche ni siquiera se miraron. Comieron como vikingos antes de una batalla. Esos eran sus buenos recuerdos con Hinata, cuando tenía la boca muy llena de comida como para hablarle.
No les hizo caso. Si les respondía, iba a ser peor.
Subió los escalones con pereza, ya que tenía más ganas de dormir que de andar correteando por la universidad. Estaba con la panza llena de yakisoba y el cuerpo lleno de cansancio.
Abrió la habitación y buscó entre el pilón de ropa tirada al lado de la cama de Hinata. Localizó el jean que se había puesto hoy, el que cambió por los shorts deportivos antes de ir al club de Karasuno. Allí encontró la billetera. Su mal humor no mejoró a la vuelta, por más que el trayecto hacia abajo en las escaleras siempre fuera el más fácil. Habían interrumpido su comida y si no le hubieran ofrecido más a cambio no hubiera aceptado.
Creyó que ahí terminaría todo. Que le entregaría las cosas, le daría un golpe en la cabeza y luego se iría a dormir. Pero su humor se intensificó cuando vio armador de Nekoma hablando animadamente con Hinata.
Empujó la billetera contra su cara. ¿Hola? ¿Saludar? No, eso no existía para él. No cuando estaba a punto de enojarse.
― ¿A dónde vas? ―preguntó de mala manera.
Hinata estaba radiante, como siempre. Ni siquiera notó sus ganas de partirles el cuello a los dos. Oh, esperen, sí estaba enojado.
― A... por ahí ―se encogió de hombros, recibiendo la billetera.
Eso era lo que temía.
No era la primera vez que Hinata salía con Kenma, después de todo, eran amigos. Sinceramente, no podía importarle menos (excepto que el otro era armador y le caía mal). Pero ahora, había reglas que establecer. Reglas de convivencia.
― ¿Por ahí? ―cuestionó― te recuerdo que mañana tenemos clases. No vas a llegar a cualquier hora de la noche y...
― ¿Tienes niñero?
El comentario de Kenma fue bajo, pero cargado de cizaña. Kageyama sabía perfectamente que la rivalidad odiosa era mutua.
Le irritaban sus ojos. Ese marrón le daba ese toque de inexpresividad a su rostro. Como si jamás se preocupara por nada. Como si no le importara nada. Tan contrastante con Hinata; sus ojos eran luz, luz pura. Los Kenma eran opacos, tan faltos de vida. Eso le parecía a él. Y le irritaba tanto. Cuando hizo aquel comentario, lo miró.
― No soy su niñero ―masculló, y añadió más alto―. YO ―enfatizó, como si quisiera demostrar que no todo lo que decía era porque cuidaba como niñero de Hinata― tengo clases mañana. Necesito dormir, y si este idiota llega a cualquier hora me despertará.
Quiso seguir hablando. Desde hace tiempo tenía ganas de despotricar contra ese chico, que cuando podía, hacía acotaciones innecesarias. Las odiaba. No llegó a decir nada más, porque él lo interrumpió.
― Yo, yo, yo ―murmuró.
El apodo de "Rey de la cancha" le resonó en la cabeza. ¿A eso se refería?
Basta.
― ¿Por qué no te metes en tus asuntos? ―de fondo pudo ver a Hinata intentando contenerlo, porque él sabía qué el vaso estaba colmado de gotas e iba a rebalsar. Estaba rebalsando.― Tú también tienes clases mañana, así que no sé qué haces aquí. Deberías prestarle más atención a las notas, porque no vas a llegar muy lejos como armador.
Listo. Lo dijo. Se sintió bien.
Kenma frunció ligeramente el ceño. Oh, demostraba otra emoción que no fuera indiferencia. Gran cosa.
― ¿Estás intentando ofenderme?
― Oigan, tranquilícense ―intervino Hinata.
― Porque me da igual. Todo el mundo sabe que tú eres el que no va a llegar muy lejos como armador si no te quitas la capa.
― Yo ya no soy así.
Dijo las palabras con bronca. Las dijo con veneno, porque debía decirlas en pasado, ya que significaba que alguna vez habían sido ciertas. Las dijo con odio. Apretó los puños. Hace años que no tenía tantas ganas de golpear a alguien en la cara. En cambio, Kenma solo lo observaba con sus ojos de gato, tranquilo, porque eso era todo lo que sabía hacer.
― Como digas.
Hinata se calmó al ver que Kenma no le seguía la pelea. Pero Kageyama aun estaba picante. Aflojó los puños, todavía con la llave en la mano.
― Mejor vamos a comer, ¿Dale? Deja a Kageyama en paz, él no es un rey egoísta.
― Pero si nunca se preocupa por los demás ―replicó― está más ocupado pensando en que vas a despertarlo cuando llegues para preocuparse por ti.
― ¿Estás insinuando que no me preocupo por Hinata? ―preguntó, pensando en qué bonito sería cambiar su inamovible mascara apática de un pelotazo la próxima vez que jugaran. Accidentalmente, claro.
― No lo estoy insinuando, lo estoy diciendo ―suspiró, mirando el suelo― Hinata, mejor vam...
― ¡Yo sí me preocupo por él! ―le escupió las palabras en la cara. Le rodeó los hombros a Hinata con aire de compañerismo, por más que nunca hicieran eso― ¡Deberías ocuparte de tus propias cosas en vez de meterte! Yo me preocupo por él a mi manera y el resto no te incumbe.
Le echó una mirada asesina, algo que había aprendido un poco de Tanaka. De esas super intimidatorias. Después de eso, les dio la espalda y se fue. No tenía nada más que decir. No quería seguir hablando con ellos tampoco.
Notó que todavía tenía las llaves en la mano. Se las lanzó por la cabeza a Hinata, no vio si las recogió o no.
Entró a la pieza dando un portazo. Agradeció que fuera de esas puertas que se abrían siempre y cuando no estuvieran cerradas con llave. También rogó que nadie viniera a molestarlo. Se cambió de ropa sin ganas y se acostó con todas las ganas de golpear una pelota en la cara de alguien.
Por supuesto que se preocupaba con Hinata. Él era su mejor amigo. Quería lo mejor para él, por más que no se lo dijera. Pero a veces se lo demostraba. Además, él sabía que le tenía una confianza que no depositaba en nadie más. Al diablo con lo que decía Kenma.
Una parte de él se preguntó si realmente se notaba todo lo que acababa de pensar. Si Hinata sabía que... uh, ¿Lo apreciaba? Y esas cosas. Tenía la esperanza de que así fuera. Porque no iba a hacer nada al respecto, era malísimo para expresar sus sentimientos. No iba a ponerse cursi sobre la amistad con su mejor amigo. Para qué.
A pesar de que estaba agotado, no pudo dormir. Estaba muy enojado como para dormir, aunque ya no pensara en eso. Se quedó con la cabeza en blanco, esperando impacientemente a que el enojo se disipara. Funcionaba.
Se durmió y se despertó. Todavía no se acostumbraba a dormir aquí. Era muy exigente para descansar y había ciertas cosas que lo descolocaban. La cama era más alta a causa de los cajones debajo de ella. Hacía más frío en esta habitación, por culpa de la gran ventana. Las sombras no eran las de su viejo cuarto y todavía no se había acostumbrado a ellas.
Habrá pasado mucho tiempo, porque oyó el ruido metálico de la cerradura. No se movió. Hinata había llegado. ¿Cuánto había pasado? Horas, seguro. Era muy ruidoso. Era algo raro para alguien que es habilidoso y de cuerpo pequeño.
Se escuchó un golpe y escuchó una maldición.
― ¿Qué estás haciendo, Hinata?
― Oh, no, no, no te despiertes. Me vas a matar por despertarte si te despiertas.
Resopló y se incorporó un poco, como si intentara mirarlo.
― ¿Qué estás diciendo?
Semejante estupidez. "Es Hinata" pensó, como si eso fuera toda la justificación que podía darse.
Sintió un cuerpo extraño en la cama.
― Lo siento, estoy... solo estoy un poco mareado.
Intentó acercarse a él, por si se había puesto enfermo o algo. Entonces entendió.
Hinata olía a cerveza.
Se dejó caer de espaldas. Si era su culpa, no iba a ocuparse de él.
― Ve a dormir, así te sentirás mejor ―aconsejó, aunque sonó más a una amenaza.
Hinata no le respondió. Solo se quedó allí, sentado. Kageyama optó por ignorarlo, tirando de las mantas para cubrir su cuerpo. Después sintió calor y se destapó, mirando el techo. Se puso de pie, como si no pudiera quedarse un segundo quieto. Abrió la ventana: si corría aire fresco, Hinata se sentiría mejor y tal vez se iría a descansar.
Pero cuando buscó su propia cama a tientas, encontró a Hinata acurrucado allí. Lo empujó, deseando que se cayera sin querer de la cama y volvió a reclamar las mantas.
― No me empujes ―murmuró.
― Ve a tu cama.
― Si me paro, me voy a marear.
― Es tu culpa por emborracharte.
― No estoy borracho ―su murmulló fue más alto, como si intentara levantar la voz― solo mareado.
Masculló un "da igual" y se arrimó a él. El viento que entraba por la ventana lo obligó a estar más cerca del calor del otro, escondiendo su cuerpo hasta la nariz con la frazada. Si Hinata se quedaba así de quieto toda la noche, no había inconveniente en que se quedara. Ya le había tocado compartir cama con otros de sus compañeros en los campamentos de vóley. Después de dormir con Nishinoya, seguía preguntándose cómo es que un enano podía moverse tanto, y juró que si Hinata llegaba a tener los mismos hábitos que el libero lo iba a echar del cuarto de una patada.
Pero nunca era tan sencillo cuando se trataba de Hinata.
― ¿Es cierto lo que dijiste ahí afuera?
― ¿Qué cosa? ―solo quería que se callara y QUERÍA DORMIR.
¿Desde cuándo era tan difícil dormir? La noche anterior la había pasado fatal. Habría dormido como mucho cuatro horas, todo interrumpido y eso explicaba bastante de su mal humor más malo que de corriente, o su arrebato contra Kenma.
― Lo que dijiste, eso. Lo de que te preocupas por mí.
Hinata sonaba torpe, bajo. Por lo general, su voz era estruendosa y cantarina, pero ahora sonaba solo... bajo. Tan falto de emoción que la hacía extraña.
― ¿Por qué mentiría? ―espetó, ofendido ante la desconfianza― Eres mi mejor amigo. Claro que me preocupo.
Hubo largo silencio en el que creyó que no debería haber hablado. Era un poco vergonzoso decir esas cosas en voz alta y si encima Hinata se quedó dormido...
― Mmh.
Fue un asentimiento. Uno enérgico, que contrastó con la atmósfera somnolienta.
Se tensó al sentir que Hinata lo rodeaba y apretaba con la cara su pecho. Su mano le hizo una pequeña caricia en la espalda, imperceptible, como si la intención hubiera sido que pasara desapercibida. Pero esto era demasiado para que pasara desapercibido.
Se quedó duro como una piedra hasta que se dio cuenta que la conversación había terminado. Está ebrio, y probablemente dormido, se dijo sin decirlo. Relajó los músculos, tratando de hallar una manera más cómoda para dormir, pero no podía moverse. La pequeña figura de Hinata encajaba a la perfección con su cuerpo alto y no se atrevió a romper las posiciones, así que solo inclinó un poco la cabeza hacia la almohada. Su nariz rozó con el cabello de Hinata, que continuaba oliendo a alcohol y a sudor. Pero no era tan malo. Se durmió pensando que no, ese calor no era tan malo.
Les aclaro (siempre aclaro cosas xD) que amo al personaje de Kenma con todo mi amor, pero como es el punto de vista de Kageyama, en este capítulo lo que cuenta es su opinión.
Desde ahora actualizaré los martes c:
Sigo agradeciendo eternamente a los que me alegran el día con un comentario, muchas gracias por seguir la historia~
