Aplastó la cara contra la almohada, lo que estaba haciendo era tan inmoral. No, Hinata no debía masturbarse en la cama de Kageyama. Eso era algo que jamás se le ocurrió, algo con lo que no podía siquiera animarse a soñar, que no debía, no podía, no... Y lo estaba haciendo ahora mismo.
Cuando hablaron sobre la convivencia, nunca mencionaron los horarios y/o espacios para masturbarse. Para Hinata era importante, pero está demás decir que no iba a hablar de ello. Cuando despertó en la cama de Kageyama solo y calentito, se preguntó hace cuanto tiempo se había ido su compañero a clases, y más importante, cuando regresaría. Pero no pudo desaprovechar una oportunidad como esta, no sabiendo cuándo volvería a estar solo y en su cama. Probablemente nunca en su cama.
Estaba en una posición incómoda, con la cara aplastada contra la almohada que tenía un ligero olor a Kageyama. No era fácil estar semi-boca abajo, pero no pensaba en ello. No podía pensar en mucho. Movía su mano rápidamente, estaba cerca de terminar y no quería saber lo que pasaría si no lo lograba a tiempo. Que se sintiera tan sucio era parte del encanto, como del miedo. Agarró las sábanas con fuerza con la mano que tenía libre, dejando escapar un suspiro tembloroso.
Oh, no. Oh, no, no. No.
La llave contra la cerradura era un sonido familiar que le remontaba a la niñez, donde esperaba ansiosamente a que su madre llegara del trabajo para saludarla y darle un abrazo. Qué inocente. Qué dulce recuerdo. ¡Esto no tenía nada de inocente ni de dulce! Quitó su mano de los pantalones y se refugió bajo las mantas, haciéndose el dormido. ¿Qué otra cosa podía hacer?
Cerró los ojos, queriendo que se lo tragara la tierra. O el colchón, cualquier cosa. Oyó un par de ruidos domésticos y rogó porque solo viniera a buscar algo y se largara.
Pero el tiempo pasó y se las vio solo él y su mente. Empezó a divagar y a recordar el cómo había terminado durmiendo allí. Pensar lo distraía de la frustración sexual, especialmente si se trataba de sus mierdas sentimentales. Se acordaba de anoche perfectamente y sentía que iba a volverse loco, Kageyama era muy injusto al decir cosas tan lindas, todas el mismo día. Para él probablemente no fueran nada, mientras que para Hinata eran un golpe emocional. Ignorando lo que ocurrió cuando se acostaron (¿De dónde sacó las fuerzas para atreverse a darle ese abrazo y quedarse así? Él no se quejó, no lo rechazó...), la discusión que tuvo contra Kenma lo hizo sentirse raro. Cenando, Kenma lo miró con extrañeza cuando se lo mencionó. "Sonaba celoso" fue su comentario, y al ver su cara de incredulidad, amagó con una sonrisa. Pero no dijo nada más. ¿Celoso de qué? ¿De quién?
Un golpe en la espalda irrumpió las preguntas, haciendo que se desvanecieran de su cabeza. Se sentó de golpe, horrorizándose al recordar que minutos antes se estaba masturbando pensando en la persona que lo miraba ahora.
― Vas a llegar tarde a tus clases, idiota ―le recriminó.
Su corazón latía con fuerza por el susto. Asintió torpemente y cuando Kageyama se dio la vuelta, huyó al baño. Se duchó y nadie mencionó nada sobre el momento cursi de la noche anterior. Mejor.
Era tarde para bajar a desayunar, pero no tan tarde como para apurarse y correr. Desayunaría después, por más que la panza le gruñera sentía que si comía algo lo iba a devolver todo. No sabía el por qué se había levantado tan nervioso... Aunque tal vez la frustración sexual y el comentario de Kenma juntos tuvieran algo que ver, y repensarlo no era una buena combinación para empezar el día.
Le hubiera gustado compartir los horarios con Kageyama. No tendría que preocuparse por despertarse ni quedarse dormido, porque se levantarían juntos y desayunarían juntos. Pero hasta ahora, ninguna de sus clases coincidía, aunque todavía no tenía todas las horas de las clases confirmadas.
En el pasillo se encontró a Suga y a Daichi hablando. Les tenía una sana envidia, pero lo ponía contento que al menos ellos tuvieran lo que Hinata no podía tener. Los saludó alegremente cuando se acercó, metiendo un bostezo sin querer en la mitad de las palabras.
― ¿De qué hablaban? ―preguntó curioso, leyendo la hora en el celular para comprobar que todavía tenía unos minutos.
― Dicen que casi hubo una pelea ayer a la noche, en la puerta de la universidad ―comentó Daichi.
― Oh, sí ―asintió― fueron Kageyama y Kenma.
― ¿Qué? ―dijeron los dos en sintonía.
― Pero solo discutieron ―dijo, restándole importancia.
― ¿Por qué? ―inquirió Suga.
― Por... eh, ¿Mí? Creo. No sé. Aunque ya se estaban peleando porque Kenma hizo un comentario sobre Kageyama y que es egocéntrico y después él woa levantó la voz y...
Tenía dos pares de ojos sorprendidos en su persona.
― ¿Qué?
― ¿A qué te refieres con que discutían por ti? ―preguntó Sugawara.
Hinata no quería explayarse sobre eso, no con Daichi ahí. Se quedó inmóvil y callado. Tenía hambre. Suga se dio cuenta que miraba a Daichi y se aclaró la voz.
― Ehm... espero que no te moleste, pero le conté lo de nuestra charla, lo del otro día...
No le molestaba. Daichi era discreto e inteligente, y definitivamente confiaba en él. Le sonrió, haciéndole saber que todo estaba bien.
― Kenma dijo que Kageyama no se preocupaba por nadie, ni por mí, entonces Kageyama dijo que sí se preocupaba por mí y él como que ―hizo el gesto de que le pasó el brazo y fue algo vergonzoso― y después... hum. Dijo ―intentó imitar su voz― yo me preocupo por él a mi manera ―se tapó la cara. Esto era un poco estúpido. Tenía hambre.
― Debe ser duro para ti que diga ese tipo de cosas, sabiendo que no las dice en el sentido que te gustaría ―dijo Daichi, reflexionando para sí mismo.
A su pesar, sonrió. Era exactamente eso. Se alegró de tener a Sugawara y Daichi compartiendo este secreto, lo hizo sentir mucho mejor y qué diablos Tanaka. Se sobresaltó al verlo allí, con cara de nada. Su cara estaba llena de sin expresión, como si le hubiera dado una embolia o algo. Cuando notó que ya no era invisible, sacó pecho y se puso firme.
― ¿Quién gusta de quién?
― NADIE ―gritó avergonzado, moviendo sus manos de un lado a otro como queriendo decir que aquí no pasaba nada, que todo lo que había escuchado era mentira y dios por qué estaba ocurriendo esto.
― ¿Quién te gusta, Hinata? ―se rió ruidosamente― ¿Cómo no le vas a decir a tu sempai? Yo te ayudaré en todo lo que necesites, consejos y veladas románticas...
Siguió parloteando, y esta vez ni Sugawara ni Daichi tenían intención de ayudarlo. Ellos se reían silenciosamente, ¡Ni siquiera lo disimulaban!
― Ya cállate, no quiero consejos ―lo empujó suavemente.
― ¡Pero si recién empiezo! Ah, y no puedes olvidar lo más importante.
Tanaka tanteó los bolsillos del jean y sonrió maliciosamente cuando dio con su objetivo. Sacó del bolsillo -ohdiosmio- un preservativo. Hinata nunca se sintió en una situación tan ridícula. Lo miró boquiabierto, las personas normales no llevan un preservativo en el pantalón a las clases de la mañana.
― ¡Tanaka! ―agradeció que Daichi interrumpiera― ¿Cómo le vas a dar eso a Hinata?
El alivio no duró nada. Hinata no entendía qué estaba pasando. En serio, tampoco quería saber qué estaba pasando. Otra mano le ofrecía un preservativo, uno diferente. Daichi sostenía su cara seria de papá enojado. Oh, basta.
― ¿Ah? ¿Qué?
― ¿Cómo que qué? ―cuestionó Daichi a Tanaka― Esos son de mala calidad. Si intentas ayudar a Hinata, no puedes ofrecerle esos, estos son más resistentes que...
Hinata agradeció haber nacido con esas piernas. Corrió, a lo largo del pasillo, por más que estuviera prohibido. Corrió hasta la clase a la que llegaba tarde, y antes de entrar, estalló en risas. Eso había sido muy bizarro. Se rió solo, como si hubiera perdido la cordura.
Pasó por alto las miradas de sus nuevos compañeros al entrar con retraso, agitado e intentando no romper en risas otra vez. Estaba nervioso, una parte de él tenía miedo y al mismo tiempo, quería reírse otra vez.
Sus amigos eran lo mejor del mundo. Eso era todo lo que podía decir al respecto.
Después de una clase larga y aburrida dibujando pelotas de vóleibol en el margen de la hoja, salió corriendo en dirección al comedor. Si seguía sin comer su panza evolucionaría en una bestia y se tragaría a sí misma. Sería un inconveniente.
Chocó con una persona y gritó disculpas, chocó con otra e hizo lo mismo. Pero esta vez, esa otra persona lo tomó del brazo.
Daichi le puso mala cara. Era casi tan aterrador como Kageyama cuando se enojaba. Se estremeció, pensando en que iba a morir, por Daichi o por el hambre. Pero él cambió de expresión al reconocerlo y le sonrió.
― Qué casualidad, quería hablar contigo de algo.
― Denme los condones después, cuando pueda guardarlos ―bufó, comenzando a caminar de nuevo― pero da igual, no voy a usarlos.
― No quería hablar de eso ―su voz fue escalofriante así que Hinata cerró la boca y lo escuchó atentamente―. Solo quería saber exactamente qué hay entre Kageyama y tú. Suga no me dio muchos detalles, y no quisiera meter la pata...
― Nada...
― ¿A qué te refieres con nada?
― No tenemos nada, él no sabe nada, el resto no debe saber nada. Nada de nada.
Fue patético decirlo. Nada de nada. Solo un idiota que está enamorado de su mejor amigo desde hace años. Vaya historia de amor ¿Eh? Se olvidó completamente del hambre. Daba igual, no creía que la comida pasara a través del gran nudo que sentía en la garganta.
― Lo siento. No te desanimes. ¡Pasa a menudo!
Ojalá pudiera sentir ese optimismo. Daichi seguía sonriendo, pero no era tan tonto como para darse cuenta lo falso que era ahora. Estaba preocupado. No quería preocuparlo. Se mordió el labio, pero no pudo evitar contestar.
― ¿A quién le pasa a menudo? ―cuestionó.
― A todo el mundo. ¿Crees que eres el único que se enamoró de alguien que no estaba interesado? Probablemente haya habido alguien que le haya pasado lo mismo contigo.
― ¿A qué te refieres?
― El amor está en todas partes. Me refiero a que quizás le hayas gustado a alguien y tú no le prestaste atención. Le pasa a todo el mundo. ―Insistió.
Daichi se encogió de hombros, en un intento de hacerlo sentir mejor. No se sentía mejor para nada. Hubiera sido lindo gustarle a alguien, pero no podía aceptarlo en su cabeza. Como si fuera imposible gustarle a alguien. Además, hipotéticamente, si le hubiera gustado a alguien, sería fatal, porque se habría sentido mal por no poder corresponderle por tener los sentimientos pegados a Kageyama.
― Si yo le gustaba a alguien, ¿Por qué nunca me enteré? ―resopló.
― ¿Kageyama sabe que gustas de él?
― Por supuesto que no ―respondió inmediatamente. Qué locura. Imagínense su reacción. Oh, no. Eso no iba a pasar.
― Esa es la respuesta.
¿Esa era la respuesta? ¿Eso es todo? ¿Ese era todo el consuelo que podía obtener? ¿Qué alguien, quizás, nadie sabe, probablemente o no, gustaba o gustó de él y jamás se lo dijo? ¿O no? ¿Eso?
No lo ayudaba a sentirse mejor. Para nada. El único consuelo ahora era saber que Daichi estaba diciendo estas cosas para subirle el ánimo. Caminaron en silencio, y como Hinata era pequeño, a veces lo empujaban sin querer.
― Daichi, ¿Te puedo pedir un favor?
― Claro.
― No quiero que nadie se entere de esto. Nadie más.
― No hay problema. Hablaré con Tanaka para que no se le ocurra decir nada.
Asintió. Eso lo tranquilizaba. Era lo más cercano a un consuelo que podía obtener. El hambre volvía a hacerse presente de a poco.
En la mesa estaba Tanaka haciendo alboroto con Nishinoya. Yamaguchi se reía de ellos. Los tres parecían amigos cercanos, mientras Kageyama estaba en el extremo opuesto de la mesa bebiendo un jugo en cartón con la palabra "fastidio" en la cara. Le pareció triste. Se veía tan solitario de esa manera. Se dirigió hacia él a saltos y lo empujo para que le hiciera lugar en el banco.
El ambiente estaba cargado de impaciencia. Todas las miradas estaban puestas sobre él.
― ¡¿Quién te gusta, Hinata?!
Nishinoya parecía muy entusiasmado al respecto. Daichi llegó tarde para decirle a Tanaka que cerrara la maldita boca, pero por lo menos la expresión que puso les informó a todos que si seguían hablando, alguno iba a morir.
Tomó una respiración profunda. Esto no estaba pasando. Tenía mucho miedo de cómo reaccionaría Kageyama. Daichi comenzó a decir algo para desviar el tema, percibiendo su preocupación. Temía que le preguntara, o peor, que le pareciera bien. Una parte de él quería al mismo Kageyama que se peleó con Kenma. "Celos" había dicho su amigo. Quería que le demostrara celos. Enseguida supo que eso no iba a ocurrir.
Para su sorpresa, Kageyama se puso de pie y lo agarró de la manga, tirando de él.
― Vamos, no soporto cuando se ponen tan gritones. Además, me debes un segundo plato.
― ¡Sí! ―fue todo lo que se le ocurrió decir.
Hinata pidió su comida y pagó el almuerzo extra de Kageyama. Ambos para llevar. Ninguno de los dos quería volver a la mesa; las razones de Hinata eran evidentes. Kageyama se quejó de que estaban con ese asunto de los amores, y que era molesto. Caminaron, Hinata lo seguía porque él sí parecía saber hacia a donde se dirigían.
― ¿Entonces a ti no te interesan esas cosas? Quiero decir... ―no te pongas nervioso, no te pongas nervioso, es una conversación normal, no te pongas nervioso― ¿No te gusta nadie?
― No... Me gusta el vóley. Eso es todo lo que me importa realmente.
Era realmente estúpido si creía que iba a escuchar otra cosa. A veces Kageyama era tan obvio.
Nunca tocaban estos temas. Kageyama no era habilidoso para empezar conversaciones simples, si no tenía nada importante qué decir, simplemente se quedaba callado. Y Hinata nunca sacó el tema a colación porque no quería saber. Llegó a preguntarse si Kageyama era asexual, o vóleysexual, quién sabe, pero como jamás hablaron de ello tampoco tenía la certeza. Lo único que sabía era que Kageyama no gustaba de él. De eso estaba seguro.
― Y tú... no mencionaste nada sobre eso ―Hinata lo miró sin comprender― sobre la persona que te gusta.
Su semblante inexpresivo no le decía nada. Indiferencia. Hinata tragó saliva antes de reírse. Le daba miedo lo natural que se había vuelto mentirle, contraponiendo su corazón en pena con un ánimo alegre.
― No me gusta nadie, Tanaka estaba espiando una conversación y Suga y Daichi hablaban de unos amigos de ellos, y él pensó que hablaban de mí ―no era del todo falso, lo que hacía que la mentira fuera más natural― y después todos empezaron a ofrecerme condones y salí corriendo...
Se rió, esta vez de verdad. Kageyama le dio un golpe suave en el hombro, negando con la cabeza.
― ¿Cómo puedes ser tan infantil para salir corriendo por una cosa como esa? Idiota.
― ¡Quisiera ver qué harías tu en esa situación! Fue tan raro ―protestó.
― Yo les hubiera reventado los condones en la cara, en vez de salir corriendo como un niño. Estás en la universidad ahora.
Eso lo hizo reírse aun más.
― ¿Ah, sí? Veamos quién es el infantil.
Y echó a correr. No tenía que mirar hacia atrás para saber que Kageyama lo perseguía. Avanzó con rapidez, sin dirección, esquivando alumnos. Pero de repente algo andaba mal con su cuerpo. Pisó mal el suelo y Kageyama lo sobrepasó como una bala. Eso no le importó. El campus dio vueltas antes de que tropezara. Cayó sobre sus manos y rodillas. Cerró los ojos con fuerza y cuando los volvió a abrir, todo había pasado. Vio las zapatillas negras volver hacia él y levantó la cabeza.
― ¿Estás bien? ―preguntó Kageyama, agitado.
Hinata se levantó, frotándose las rodillas.
― Sí. Solo me mareé.
― Y no tiene nada que ver con salir de parranda el día anterior y pasar todo el día sin comer, ¿No?
El dejo de sarcasmo lo avergonzó. Tenía razón. Lo último que su cuerpo había consumido era cerveza y había sido hace más de doce horas.
― Mejor comamos ―murmuró.
Se sentaron a la sombra de un árbol y los dos sacaron sus almuerzos, revueltos por la carrera. Había varios chicos disfrutando del día despejado bajo la sombra de un árbol, pero Hinata pensó que era un poco inútil intentar disfrutar de este clima porque hacía bastante frío para un simple otoño.
Cualquier pensamiento fue olvidado cuando el aroma a comida acarició su sentido del olfato. Devoró la comida sin decir una palabra, mientras Kageyama comía despacio su segundo plato. Algo que tenían en común y nadie iba a negarlo era esa hambre voraz.
Terminó en tiempo record. Era como Flash de la comida, acabando hasta la última migaja en menos de cinco minutos. No estaba del todo lleno, pero estaba satisfecho. Se sentía mejor.
Había algo extraño en ese silencio. Volteó hacia Kageyama y lo pilló mirándolo.
― ¿Qué? ―no se estaba sonrojando. Pff, no.
Sus ojos azules se mantuvieron en él, asombrosamente relajados. Estiró la mano y le tocó el cabello. Está bien, ahora estaba sonrojado. Por completo. Corrió el rostro, para intentar disimularlo.
― Tenía la esperanza que fuera un insecto ―dijo Kageyama, decepcionado― así podría habértelo tirado encima.
En la mano tenía una hoja seca que había sacado de su cabello. Hinata apretó los dientes y masculló:
― Cállate, a menos de que quieras encontrar un bicho de verdad en tu cama ―lo amenazó.
― ¿Otro más? Porque anoche había un bicho pelirrojo en mi cama ―bufó.
Eso solo lo avergonzó más. No dijo nada.
Siempre era lo mismo. Un gesto bonito, un comentario tonto, el gesto arruinado y comentarios mordaces e incómodos. Hinata odiaba cuando pasaban esas cosas, porque su corazón latía de la emoción para marchitarse unos momentos después. Se le ocurrió que podría pedir ayuda a sus amigos, ahora que sabían (por lo menos Sugawara y Daichi) que él le gustaba.
¿Pedir ayuda? ¿Para qué? Pensándolo mejor, eso sonaba terrible. No quería que se metieran. Solo quería olvidarlo, pero no tenía idea de cómo hacer eso. Y mudarse a la misma habitación que él no era un buen comienzo para olvidarlo.
― ¿Qué te pasa? Algo está mal, estás no-molesto.
― No me siento bien. Creo que voy a descansar hasta la próxima clase.
― Te acompaño ―dijo, poniéndose de pie.
― No, está bien.
― Tienes cara de que te vas a desmayar en el pasillo.
Hinata se paró y se preguntó qué tan malo sería para Kageyama si él le extendiera la mano para ayudarlo a pararse. Era probable que pensara en que se le va a caer la mano si lo ayudaba. O algo así. Se palmeó el trasero para quitarse las hojas.
― No me voy a morir en el pasillo, ¡Antes tenemos que ganar el próximo torneo! ―intentó mostrar entusiasmo para que lo dejara en paz.
― De todas formas tengo que ir a buscar los apuntes.
Gracias a la comida tenía las energías renovadas, pero seguía mal. Porque Hinata estaba cansado de tanta mierda. Estaba cansado de tanta mierda hace años. Y no iba a hacer nada al respecto. Solo quería tirarse a dormir hasta que el sentimiento se pospusiera para otra ocasión en la que no molestara tanto.
En el primer piso se encontraron con Sugawara. Se interpuso en su camino con una pequeña sonrisa de disculpas.
― ¿Están libres? Si ya tienen sus horarios, podemos ver qué horarios libres coinciden para ver si se puede acordar otra práctica durante el día, ¿Qué les parece?
Hinata empezó a hablar, ¡Le parecía genial! Pero Kageyama lo interrumpió, alzando la voz sobre la suya.
― Veamos los horarios después. Tenemos que descansar.
― Qué aburrido ―susurró Hinata.
― ¡Cállate!
― No.
Kageyama lo empujó muy poco suave y Hinata le levantó el puño.
― Chicos, ya no están en la secundaria―los reprendió Suga.
― Hum ―opinó Hinata.
Ambos bajaron la cabeza, regañados.
― Mejor nos vamos a la habitación. Hinata tiene que dormir.
― Suenas como mi mamá ―se burló Hinata.
― Oigan, no empiecen de nuevo... ―pero Suga era el que realmente sonaba como la mamá de los dos― Kageyama, ¿Puedo hablar contigo?
Sugawara parecía dubitativo. Se rascó la mejilla, mirando distraídamente a Hinata como si le estuviera hablando a él.
― Después. Tengo que llevar a este inútil a dormir antes de que se muera en el camino.
― Yo puedo llegar solito.
Sus miradas se cruzaron, como muchas veces, con fuego en los ojos. Se lanzaban miradas furiosas a menudo, pero estaban vacías. Realmente no se odiaban. Vivían provocándose, nada más. Era divertido y mantenía algo encendido entre los dos.
― Vamos ―exigió.
― Está bien ―se rindió Hinata.
Se rindió porque lo estaba cuidando. Se estaba preocupando por él. ¿Ves, Kenma? Él se preocupa por mí, le hubiera querido decir antes de ponerse a sollozar. Porque no se preocupaba de la forma en que soñaba que lo hacía. Eran solo amigos. Mejores amigos.
Sugawara notó su estado de ánimo y le acarició la espalda con cariño. Subieron las escaleras sin ganas hasta la habitación donde vivían.
― Recupérate. Si necesitas algo, llámame, pero si no es una emergencia, te enseñaré a golpes lo que es una emergencia.
― Te llamaré, aunque no tenga una emergencia ―afirmó para molestarlo, mientras su corazón se estrujaba.
Él lo estaba cuidando. Se sentía tan hermoso como horrible.
― Nos vemos en las prácticas, Suga~
― Adiós, Hinata.
Dejó un rastro de ropa y se desplomó en la cama. Dormir en ropa interior era lo más cómodo que había. Se arropó a sí mismo como pudo, acurrucándose otra vez, solo él y la cama.
Se preguntó si debía llorar. También se preguntó si las cosas serían así para siempre. Quería que la respuesta a las dos interrogantes fuera un "no". Sin embargo, pasó mucho tiempo de su vida aprendiendo a ser realista, para saber que la respuesta era un terrible "sí".
