Se sentaron en la escalera que llevaba al segundo piso. Sugawara tenía las manos apoyadas sobre el regazo, cerradas con nerviosismo. Le había dicho que quería hablar con él y estaba buscando las palabras correctas, porque él siempre tenía las palabras correctas. Tan diferente a Kageyama.

― Dime, si le das tantas vueltas...

― No, no te preocupes. No es importante, solo quería hacerte una pregunta un tanto... personal.

Kageyama levantó una ceja, esperando a que prosiguiera.

― Eh... ¿Qué relación tienes con Hinata? Quiero decir, ustedes están viviendo juntos, y... bueno, siempre están juntos, todo el tiempo. Creo, no estoy seguro, que podría sentirse mal por tu trato.

― ¿De qué estás hablando? ―respondió, hostil.

Lo irritaba que se metieran en su vida personal. También lo irritaba Hinata. Ambas cosas en una sola conversación no era nada satisfactorio.

― ¿Qué piensas sobre Hinata? Eso es lo que quiero saber. Con toda sinceridad.

Entrecerró los ojos y lo miró hasta que Suga se removió, incómodo. El parecía tener menos ganas de hablar de esto que él, y si era así, ¿Por qué sacaba el tema?

― Pienso que Hinata es la persona más irritante y molesta que conocí en mi vida. Pero es mi mejor amigo.

Su tono fue duro, pero al parecer eso era lo que Sugawara quería oír. Se inclinó un poco, alegre.

― ¿Entonces lo quieres?

El "¿Qué te importa?" estaba a punto de salir de su boca con la misma intensidad que le daría a una palabrota. Luego recordó que se trataba de Suga y solo intentaba ser amable. Bajó los hombros, no tenía intenciones de enojarse con él, y como respuesta, solo los encogió. Como si no importara.

― Tomaré eso como un sí. Me lo suponía y quería pedirte que seas un poco más... demostrativo. Sé que podría ser difícil por tu personalidad, pero sería bueno para Hinata que le tuvieras consideración...

― ¿Estás diciéndome que debo ser más cariñoso con Hinata? ―estalló y Sugawara se sobresaltó, echándose hacia atrás― No voy a tener esta conversación, no te metas si no te incumbe ―declaró.

Se levantó y se fue. Así de simple.

¿Qué no le tenía consideración por Hinata? ¡Si pensaba en él todo el tiempo!

Oh. Esperen, eso no es lo que...

Está bien, sí, lo pensó. La frase enojada apareció en su cabeza. Avanzó a zancadas hacia ninguna parte, repasando la conversación con Suga en su cabeza. Más cariñoso. ¿Por qué le preocupaba? La relación que tenía con Hinata era asunto de ellos dos, de nadie más. Y en el fondo, sí le preocupaba. De repente se sintió un poco tonto por dejar pasar la oportunidad de hablarle a un amigo sobre eso que tantas veces lo había hecho reflexionar: Hinata. En serio, ¿Qué mierda de relación tenían? Se le escapaba, estaba fuera de algo que pudiera deducir por sí mismo. Pero definitivamente, sería muy bochornoso hablar con Sugawara de esto. Con la única persona que podría llegar a sincerarse era con Hinata, pero no podía hablar con Hinata sobre su problema personal con Hinata. Eso sería inútil y raro. Especialmente raro.

Oye, Hinata, ¿Cómo ves nuestra relación? Podía ver su cara confundida y al segundo estaría riéndose de él. En serio, podría intentar insistir, te hablo en serio, le diría, ¿No crees que sea diferente al resto?

La puerta de su habitación apareció en frente. Entró en silencio, tratando de no despertar a su compañero, pero él tenía los ojos clavados en la pantalla de su celular.

― Creí que dormías ―le gruñó.

Cómo no iba a tenerle consideración, cómo para no preocuparse por un tarado como Hinata que no cuida de su salud.

― No puedo dormir ―se quejó, sin mirarlo― ¿Qué quería Suga?

― Nada ―murmuró.

Hinata tenía la cara larga y triste. Tecleaba sin expresión, fuera de lugar para alguien que le ponía entusiasmo hasta a la más mínima acción de su vida. Su entusiasmo solía animarlo y dedujo que parte de su mal humor era porque Hinata no anduviera sonriendo.

― Parecía serio, ¿De qué hablaron?

― Duerme y déjate de joder ―le contestó.

― ¡No te la agarres conmigo solo porque tú estés de ese humor!

― Dije que durmieras, hazlo ―se masajeó la frente, como si intentara prevenir el dolor de cabeza, pero no era más que un gesto de cansancio.

― Déjate de joder ―lo imitó, molesto.

― ¡Pedazo de imbécil, estás medio enfermo y...! ¿Para qué me molesto en cuidarte? ―masculló unas cuantas maldiciones mientras se metía en la cama.

También se sentía mal. Le dio la espalda a Hinata aunque él no volvió a hablar. Se puso los auriculares y deseó tener una pelota para golpear, pero prefirió descansar hasta su próxima clase. Puso la alarma por si se quedaba dormido. No creía que fuera a poder, pero lo siguiente que supo que es que la alarma estaba sonando ruidosamente y había pasado una hora y media soñando algo que no podía recordar. Le parecía que había dormido menos de diez minutos. De igual manera, la siesta surtió efecto.

Hinata no estaba en la habitación. Se sentó y se quitó los auriculares. Se sentía sedado por el sueño, lo que era bueno porque el dolor de cabeza y la bronca desaparecieron totalmente. El sueño reparador siempre era lo mejor. Qué porquería, su celular se había descargado por tener la música prendida todo este tiempo. Fingió que no le importaba y se cambió para ir a su próxima clase.

Tomó muchas notas de lo que decía el profesor, no quería que sus calificaciones bajaran por el tiempo que pasaba jugando vóley. No de nuevo. Cuando salió, tenía renovadas ganas de ir a la práctica y pasarse el resto de la tarde hasta la hora de comer pasando pelotas. Se podría decir que había recuperado su humor, pero todo cambió cuando Nishinoya apareció.

― Shouyou y tú son muy unidos, ¿Quién le gusta? Daichi no quería que insistamos sobre el tema, pero...

Nishinoya era muy ruidoso para su gusto. Sus ojos grandes lo azuzaban expectantes y Kageyama no podía entender el interés que tenían las personas en saber sobre la vida amorosa de los demás.

― No le gusta nadie. Tanaka debería dejar de espiar conversaciones si ni siquiera las entiende ―replicó, su tono de voz dejaba en claro que no quería meterse en asuntos que no le correspondían.

― ¿En serio te tragas eso? Seguro lo dice para que no lo molestemos. Se nota que alguien le gusta ―afirmó el libero, dando grandes pasos para igual su ritmo.

Trató de creerle a Hinata. Le creía a Hinata. Era su mejor amigo. Pero no pudo evitar que su cabeza dudara, recordándole las malas experiencias del pasado. A lo que más le temía Kageyama. No se trataba de perder un campeonato o nunca ser el mejor, no se trataba de no realizar sus sueños ni nada por el estilo. Temía que lo volvieran a dejar de lado. Otra vez. Otra vez no, por favor.

Hinata era la persona más cercana que tenía. Llegaba a dejarlo de lado y todo se desplomaría de nuevo. Eso también incluía al vóley, porque si algo andaba mal entre ellos algo andaría mal con los pases.

― Oye, Kageyama, deja de poner esa cara aterradora y contesta mi pregunta.

― Yo qué sé, pregúntale a Hinata ― ¿Cara? ¿Qué cara aterradora? Pero si ya estaba de mal humor de nuevo.

― Pero Daichi dijo...

Así fue todo el recorrido hasta llegar a la cancha de vóley.

El entrenamiento estuvo como siempre. Podía olvidarse de todos sus problemas, de todas sus preocupaciones, porque en la cancha, Hinata siempre iba a estar para recibir sus pases. No importaba si después no anotaba, siempre estaba ahí para él.

Pero al salir del entrenamiento, algo seguía preocupándole en su interior y no sabía qué era.


No pasa nada, se decía. Ahora está todo bien. Eso se decía.

Se preguntó si Kageyama seguía enojado con él por la tonta discusión de si iba a dormir o no. Parecía muy estresado desde que empezaron a compartir habitación (o era la universidad, o siempre era así en la convivencia) y después de la práctica se veía cansado y desanimado. Era... inusual. Lo ponía feliz que no fingiera su estado de ánimo en su presencia, mostrando su abatimiento frente a él. Hinata nunca le demostraba sus emociones negativas, aunque eso tenía que ver con que el culpable de todas ellas fuera el mismo Kageyama.

Otro tema era el de la pequeña discusión. Le afectó que le gritara que estaba intentando cuidar de él cuando se negó caprichosamente a dormir, por más que lo dijera entre insultos. Era lindo, pero terrible a la vez, como toda cercanía sentimental que no iba con la intención que Hinata soñaba. Tal como Daichi había dicho.

Fuera de cualquier reflexión, le preocupaba Kageyama. Él estaba sentado en su cama mirando melancólicamente por la ventana. Hinata lo encontró así cuando salió de la ducha. Se sentó a su lado, apoyando sus manos sobre el regazo y moviendo el pie nerviosamente.

― ¿Qué pasa contigo? ―le preguntó de manera dulce.

Uh. Eso había sonado más acaramelado de lo que le hubiera gustado. Fijó la mirada en la ventana, en aquel azul ennegrecido que tenía la noche. No había luna visible. Se comentaba el clima tormentoso que habría los días siguientes, cosa que no lo ponía muy contento. Los días soleados eran mejor para hacer deporte. ¿Ven? Pensar en el clima funciona. Hinata se forzó a pensar en el clima, porque Kageyama lo estaba mirando con incredulidad.

― No lo sé ―confesó, molesto con quién sabe quién.

― ¿Algo te está molestando? ―adivinó. Quería que Kageyama se abriera con él, las veces que lo hacía eran pocas pero valiosas para él.

― Solo me siento frustrado y no sé por qué. No es el vóley ni son las clases, y podrían ser ambos ―bufó.

Inesperadamente, dejó caer la cabeza sobre su hombro. Hinata se mordió el labio porque no sabía qué hacer más que repetir en su mente una onda de te amo te amo te amo que no podía detener. En una de esas casualidades de la vida, Kageyama lograría captar esa onda y darse cuenta de sus sentimientos de mierda. Pero Hinata sabía que la frecuencia de la onda era diferente, y no tenía ni la menor idea de cuál era la frecuencia de su mejor amigo. Las señales quedaban flotando en el aire, te amos perdidos en el espacio.

― Ya pasará ―contestó, porque no sabía realmente qué tenía que decir. Animarlo, supuso e igual no dijo nada más.

Kageyama volvió a sentarse correctamente y a Hinata se le ocurrió que, al no ser tan habilidoso con las palabras, podía compensarlo siendo impulsivo y demostrativo. Le rodeó el cuello, colgándose en un abrazo simpático de super amistad, porque otra cosa no iba a conseguir. Acomodó su mentón sobre la curvatura del hombro, sonriendo porque Kageyama no podía verlo, y gracias a algún milagro, no se separó.

― Ya pasará ―le repitió Hinata en un susurro.

Era erróneo suponer que nunca se habían abrazado. No eran de la mejor calidad, no eran grandes ni largos abrazos, pero para Hinata significaban un mundo de felicidad. Kageyama no era muy aficionado al contacto físico, pero había ciertos días en ciertos momentos en los que se sentía dispuesto a aceptarlos. Como ahora.

Sintió las manos de Kageyama apoyarse sobre sus costillas. Comenzó a presionar estratégicamente hasta que Hinata se alejó a las carcajadas. Odiaba las cosquillas, pero no había un escape fácil al estar tan cerca de él. Pataleó hasta que pudo empujarlo lejos y casi se cae de la cama.

Estaba agitado y la sonrisa involuntaria se mantuvo en su rostro cuando clavó su mirada en esos ojos azules que tanto le gustaban. Kageyama lucía satisfecho, de alguna manera que no podía entender. Parecía más relajado y eso era bueno. Él desvió la mirada de nuevo hacia la ventana y Hinata lo imitó. No se preguntó ni le preguntó por qué le hizo cosquillas, pero fue perfecto para romper el ambiente. A veces lo hacía en los campamentos de entrenamiento de vóley cuando Hinata insistía en hablar con él durante la noche y no lo dejaba dormir. Entonces su risa cortaba cualquier tensión y todo estaba bien.

Como ahora.

Hasta que Kageyama volvió a hablar.

― Dime la verdad, ¿Te gusta alguien?

Sus ojos buscaron algo con lo cual distraerse. El cajón debajo de la cama era perfecto. Era de un marrón barnizado que podría ser hermoso, una antigüedad, pero lástima que era muy viejo. Con el cajón en mente, intentó poner su mejor voz de actor.

― Te dije que no me gusta nadie, ¿No me crees?

No sabía si sonaba nervioso o por sus nervios se oía nervioso, independientemente de cómo fuera su voz. Su corazón latía rápido como alguien que no quiere ser atrapado, y al mismo tiempo, está atrapado dentro de algo más grande hace mucho tiempo. Cajón. Cajón de madera. Piensa en el cajón, no en tus sentimientos. Cajón.

― Nishinoya dijo... agh, olvídalo. ¿Por qué le haría caso a Nishinoya? ―protestó, retórico.

Eso, Kageyama, ¿Por qué le harías caso a Nishinoya?

Porque tiene razón.

Lo tomó del brazo, un poco abrazándolo. La tensión había vuelto y necesitaba romperla como sea. Le sonrió, pícaro, provocativo.

― No me digas que estás celoso ―probó con fastidiarlo.

― ¿Qué? ¡No!

Sonaba a la defensiva y se echó a reír antes de apoyar nuevamente su cabeza sobre el hombro. Kageyama era cómodo.

Hubo un momento de silencio en que no formuló pensamiento alguno. Bien. Cosa rara que el otro no se alejara de la cercanía ni del contacto, pero era el menos indicado para quejarse. Se vio tentado a cerrar los ojos para escuchar el sonido del viento afuera como un murmullo incesante.

― ¿Y qué si estuviera celoso?

La interrogante resonó entre las cuatro paredes, haciendo añicos cualquier quietud previa. Su corazón se volvió a disparar, poniéndose más nervioso que antes, y esta vez no había tiempo para tranquilizarse pensando en un maldito cajón de madera.

― ¿Por qué estarías celoso? ―respondió rápidamente, con un toque de desesperación.

― ¡Porque eres mi mejor amigo! Es normal que sienta celos por alguien que puede robarme todo el tiempo que pasas conmigo.

Hinata aplastó su cabeza contra el cuerpo del otro y terminó por darle otro abrazo fuerte. Sentía la cara ardiendo, sin estar seguro de por qué. Sintió unos brazos largos y cálidos estrecharlo y se quedaron callados una vez más.

Hinata se transformó en un mar de abrumadoras emociones. Había una de ellas que destacó sobre ellas, y fue muy raro porque solía sentirse mal por las muestras de afecto que él le daba, ya que nunca tenían la intención que él quería que tuvieran. Pero, esta vez, se sintió bien. Porque era su mejor amigo. Un amigo celoso. Y no importa que mal estuviera todo para sus destrozados sentimientos, para su lugar en la friendzone, seguía siendo un lugar valiosísimo que nadie más tenía.

― Sugawara me dijo que... no literalmente, pero me dio a entender que yo podría ser más cariñoso contigo ―dijo con tono desdeñoso, como alguien que pide disculpas porque la mamá lo obliga.

Wow. No podía creer que estuviera diciendo y haciendo esto. No sabía qué hacer cuando volviera a ver a Suga, si debía golpearlo por meterse o agradecerle por haber logrado algo. Probablemente un poco de ambos, pero más de lo último.

― No tienes que hacer algo que no quieras.

Cuando terminó de decirlo, cayó en la cuenta de un par de puntos importantes. Si hacía algo que no quería, ¿Eso quiere decir que lo estaba haciendo para complacerlo? Además, ¿De qué se estaba quejando? Este era el abrazo más largo que habían tenido y era perfecto.

― No, eh... no es tan malo.

Fue solo un susurro que se oyó incómodo de su parte y lo hizo sonreír mucho. Pero mucho. Se mantuvo en sus brazos con una inmensa felicidad hasta que Kageyama comenzó a alejarse.

― Es tarde. Vamos a dormir.

Lo vio ir a apagar la luz. Hinata aprovechó y se acurrucó en la cama para ver si podía abusar de su suerte y dormir con él.

― Tienes tu propia cama ―le gruñó cuando lo halló entre las sábanas.

― La tuya es más cómoda ―mintió.

― Eso lo hubieras pensado antes de elegir primero ―contestó de mala gana― vete.

― Pero...

Intentó empujarlo y Hinata se resistió, juguetón. No tenía sueño. Estaba muy contento como para tener sueño. Sintió que le tiraban del cabello y se quejó, pero el resto pasó muy rápido.

Kageyama tironeó su cabeza hacia donde estaba él. Sintió su cara sobre su cabello cuando lo soltó, y fue un gesto perturbadoramente tierno que lo dejó desorientado. Él aprovechó su segundo de inutilidad para tirarlo de la cama.

Hinata se encontraba en el suelo sin comprender de qué se había tratado la noche. Se levantó y se acostó en su cama sintiendo la mezcla entre felicidad y extrañeza. Algo había cambiado esa noche. O eso era lo que deseaba.


¿Algo habrá cambiado realmente? ¿O Kageyama va a seguir siendo el mismo idiota de siempre? Chan, chan, chaaaan (música dramática) (?) Próxima actualización: El martes que viene.

Aprovecho el espacio para promocionar un one-shot (lemon) que hice hace poco de IwaizumixOikawa. Lo pueden encontrar en esta cuenta.

Me encanta el amor que le dan a mi fic, sus comentarios me alegran la semana, de verdad :D