El despertador cantó las siete y media de la mañana. Kageyama lo apagó enseguida.

Se removió en la cama, bostezó y después se levantó de mala gana. Hinata nunca escuchaba el despertador.

Qué vergüenza le hizo pasar anoche. Con qué soltura se había atrevido a abrazarlo, poniendo esa cara inocente y dulce. Cariñoso. Eso era. Negó con la cabeza al aire, no se iba a poner a reflexionar sobre lo que le había dejado esa conversación. Ya lo había hecho toda la noche y no hacía falta divagar más.

― Despierta, Hinata. Vas a llegar tarde.

No había respuesta.

― Hinata, tienes que desayunar.

Podría estar muerto y no habría diferencia.

― Hinata idiota levántate o te saco yo de la cama a las patadas.

O estaba muerto de verdad.

Solo quedaba un último recurso.

―Hinata, te vas a perder la práctica de vóley.

Dio señales de vida. Se reincorporó confundido, mirando la habitación como quien no sabe dónde está.

― ¿Qué práctica de vóley?

― La de levántate o me iré a desayunar solo.

Cinco minutos después estaban afuera. Tenía a su compañero de cuarto colgado del brazo como la noche anterior, y en realidad, no le molestaba. Se lo permitía porque parecía hacerlo feliz. Sus emociones eran siempre radiantes, así que le llegaban como los rayos del sol en un día frío y nublado como el de hoy. Si lo pensaba así, Hinata no era tan diferente a un sol, con su cabello naranja y su personalidad risueña. Era bueno tenerlo a su lado.

Daichi y Sugawara clavaron sus ojos sorprendidos en ellos cuando llegaron. Sí, puede que sea algo raro que llegaran tomados de los brazos. Gracias al cielo, nadie hizo ningún comentario molesto. Tsukishima y Yamaguchi estaban muy ocupados charlando a un costado de la mesa. Tanaka y Nishinoya tenían la misma expresión de incomprensión en el rostro. Asahi comía.

Kageyama se deshizo de Hinata y dejó la mochila en el suelo para ir a buscar el desayuno. Hinata lo siguió y estaba seguro que si fuera un perro, estaría moviendo la cola de un lado a otro.

― ¿Por qué estás tan feliz? ―le preguntó en la fila de la cocina.

― Je.

Se encogió de hombros. Tenía 18 años y la pantomima aniñada era parte de él. Eran parte de su personalidad, parte de su encanto. ¡Sí, maldita sea! Eso fue todo lo que pudo deducir en toda una noche de deliberada meditación sobre Hinata.

Kageyama gustaba de Hinata. Sabía lo que sentía, por más que no lo comprendiera. Esa era su conclusión.

De todas formas, no se veía a él mismo en una relación con Hinata. De hecho, no se veía en una relación con nadie. Tampoco sabría qué hacer, qué decir. Muy complicado para él. Daba igual, porque Hinata era un idiota. No habría manera de que funcionara, ni aunque fuera correspondido y ni siquiera podía visualizar eso. No, imposible.

En la mesa, todos los miraban. Lo molestaba bastante, no sabía qué pasaba. Desayunó veloz para poder huir a clases.

Le sorprendió enterarse que la última clase que tenía la compartía con Hinata. Uf, no. Él entró al aula y ni bien lo vio se acercó alegremente.

― No.

― ¿Eh?

Tenía la mochila abierta y solo la llevaba sobre un hombro. Tenía un libro en la mano, el mismo que Kageyama tenía sobre la mesa. Estaba permanentemente en movimiento, como si fuera hiperactivo.

― Que no te vas a sentar conmigo ―le dijo.

― ¿Por qué no?

― Vas a hablarme y a distraerme.

― ¡Yo...! ―se dio cuenta que era cierto. Se rió―. Ah, olvídalo. Aburriiidooo.

Se sentó delante de él, pero sus ánimos no parecieron decaer. Tarareaba. No lo tenía al lado, pero el tenerlo cerca, se sentía cómodo.

No le habló, pero lo distrajo. Tenía la melena naranja frente a sus ojos y era mucho más llamativa que el profesor. Cuando Hinata dejaba de prestar atención a la clase, podía verlo de perfil; su nariz pequeña y redonda, ligeramente respingada, sus ojos tan abiertos como siempre, de aquel marrón claro, miel, tan brillantes como su cabello, su... Cerró los ojos y maldijo entre dientes de manera inaudible. Hizo un asombroso esfuerzo por concentrarse en la clase.

Pero no pudo. Su cabeza no se detenía.

A ver, no es como si considerara a Hinata atractivo. Está bien, sí lo hacía. Pero era diferente a lo que podría considerar atractivo. De nuevo, sabía lo que sentía, pero no lo comprendía del todo. No sabía explicárselo a sí mismo, por más que especulara mucho sobre el tema, se encontraba con lo que sentía entre manos, preguntándose, ¿Y yo qué hago con esto? No lo quiero. Pero no lo podía desechar, porque ahora era parte de él.

Dejaron el aula juntos, dirigiéndose a la cancha de deportes. Llegarían unos quince minutos temprano, pero podrían aprovecharlos con más entrenamiento. Hablaron de la clase que compartían hasta que salieron de la escuela. Las canchas estaban al costado de la universidad, dos techadas y una al aire libre. La pregunta era cómo iban a recorrer esos metros con el aguacero de afuera.

La conversación amistosa se vio interrumpida por el clima. Era más importante que las nimiedades del estudio. Los truenos eran estridentes y las gotas salpicaban hasta la parte techada de la entrada de la universidad, mojándoles los zapatos.

― ¿Qué hacemos? ―le preguntó a Hinata.

― ¿Correr?

― No seas idiota. Mejor esperemos...

― Correr.

Y Hinata corrió.

No tenía más opción que seguirlo. No iba a permitir que le ganara.

Sus pies chapoteaban en los charcos y fue desagradable cuando el agua fría se le metió en los zapatos, mojándole las medias. La tormenta era terrible. Cuando se refugiaron bajo la delgada línea seca que había debajo del techo de la cancha, ya estaban empapados de arriba abajo.

El gimnasio estaba cerrado. Mierda. Se apoyaron contra la pared con frustración.

― Correr ―se burló Kageyama con desprecio.

― Cállate.

Se estaba muriendo de frío. La temperatura había descendido abruptamente por las lluvias y los dos estaban con una camiseta de manga larga, ese era todo el abrigo. Kageyama solía ser precavido y sacó una chaqueta abrigada de la mochila.

― ¿Me la prestas? ―dijo Hinata, ilusionado.

― La traje para mí, ¿Por qué te la daría si tengo frío?

― Yo también tengo frío.

De su cabello anaranjado caían gotas, sumado con su puchero, parecía un verdadero perrito abandonado. Trató de ignorarlo mientras se abrigaba.

Hinata le tironeó la chaqueta antes de que pudiera subirse el cierre.

― Comparte ―protestó.

― ¿Cómo voy a compartirla? ¿La parto en dos?

Hinata se arrimó, y estaba congelado. Con un gruñido malhumorado, se apiadó de él. Le permitió el abrazo tímido que intentaba darle, inseguro de que Kageyama lo rechazara. No lo hizo. Sus bracitos le rodearon la cintura por adentro de la chaqueta. Estaba tiritando. Trató de taparlo con el resto del abrigo, como si pudiera meter a Hinata en él y cerrarlo. Obviamente no podía, no era tan grande.

Se quedaron abrazados contra la pared durante mucho tiempo. Estaban pegados y era un poco molesto que las ropas estuvieras húmedas y frías, pero no había manera de solucionar eso. Hinata entró en calor rápidamente y una vez que lo hizo fue como tener su propia estufa personal. Además, su altura era perfecta para encajar en su cuerpo.

Siempre era cómodo tenerlo cerca.

Pero lo ponía nervioso. Una nariz fría, pequeña, redonda y ligeramente respingada, rozaba su cuello con suavidad. Además, Hinata era de abrazar fuerte. Estaban acurrucados contra la pared, protegiéndose contra la lluvia y el viento. Tenía frío y, al mismo tiempo, estaba bien. No tenía necesidad de volver y abrigarse, porque de alguna manera, esto era mejor.

Se quedó mirando la lluvia por lo que le parecieron horas. Comenzaba a adormecerse de la tranquilidad cuando divisó a dos figuras a lo lejos. Se aclaró la garganta como si le estuviera avisando al otro que iba a deshacer el abrazo. Se dirigió a Tsukishima y a Yamaguchi, que venían quejándose del clima.

Yamaguchi los saludó, pero no se acercaron tanto. Debajo del techo, pero alejados.

Hinata miraba el suelo con las manos en los bolsillos, como si el lodo fuera interesantísimo. Kageyama volvió a aclararse la voz y murmuró:

― ¿Tienes frío?

Hinata levantó la cabeza y sonrió.

― No, estoy bien.

Esa sonrisa siempre lo relajaba.

Daichi llegó al instante, precavido, con un paraguas. Por su poca emoción no parecía haber buenas noticias.

― Se suspende la práctica.

― ¿Qué?

― Oww no.

― ¿Por qué?

― Al parecer hay goteras en la cancha y el director se negó a darme las llaves. Por si alguien se llega a resbalar y se lastima.

― ¡Pero podemos practicar a los costados! ¿No? ―A su lado, Hinata se movía inquieto, deseoso de jugar.

― No sabemos donde en qué condiciones está la cancha, idiota ―le reprochó― cualquiera podría lastimarse.

― ¿El rey se preocupa por sus súbditos? Wow.

― ¡Cállate, Tsukishima!

― No sé por qué te molesta tanto ese apodo ―intervino Hinata― "El rey de la cancha" suena grandioso, especialmente porque ya no eres el rey egoísta... no tanto.

― ¿Qué quieres decir con "no tanto"? ―respondió golpeándolo en la cabeza, pero fue esquivado.

― ¡Solo bromeaba! Sigues siendo El rey de la cancha, pero de otra manera.

Y Hinata lo hizo de nuevo. Le dedico una sonrisa. No podía discutir contra eso, así que intentó golpearlo de nuevo, fallando.

En el fondo, lo hizo sentir mejor. El rey de la cancha, pero no de la manera egoísta que hace que los demás te abandonen. Le gustaba eso. Aunque el apodo le seguía trayendo malos recuerdos, trataría de pensarlo así la próxima vez que alguien intentara usarlo como insulto.

― Es mejor que vayamos adentro, aquí se van a resfriar ―dijo Daichi.

Tsukishima volvió con Daichi compartiendo el paraguas, con Yamaguchi usando la mochila como sombrero para protegerse vanamente contra la lluvia.

En cambio, ellos dos, corrieron. Iban empatados, hasta que Kageyama vio de reojo que la figura pequeña y naranja a su lado desapareció. Convirtió sus pasos en trote hasta detenerse para ver qué había ocurrido. Hinata estaba desparramado de cara al suelo. Se mordió el labio para no sonreír y, aunque pensó en ponerse al resguardo de la lluvia en la universidad, ¿Para qué? Ya estaba hecho una sopa. Se paró al lado de él, esperando a que se levantara.

― ¿Estás bien? ―le preguntó Daichi al pasar.

Hinata levantó el pulgar antes de levantarse. Caminaron todos juntos el tramo que restaba hasta la entrada. Una vez allí, Kageyama no podía evitar la sonrisa. Hinata era un desastre: tenía barro en todas partes, hasta en el rostro, en ese rostro que lo miraba con odio. Pero en vez de decir algo insultante, se dirigió hacia él, sospechosamente.

― ¿Por qué no me das un abrazo?

― ¡Sobre mi cadáver! ―le gritó Kageyama.

Hinata insistió, lo seguía. No se iba a dejar atrapar, no quería terminar todo sucio y asqueroso como él, aunque ya lo estuviera. Pero una cosa era agua y otra cosa era... tenía césped pegado al lodo adherido en su cuerpo. Qué asco. Corrieron por los pasillos de la universidad como si volvieran a ser niños de secundaria.

Una vez la habitación, se calmaron. Tenían que bañarse, especialmente Hinata.

Kageyama mentiría si dijera que era la primera vez que se distraía mirando su cuerpo. Analizaba las cualidades de su equipo y eso incluía las aptitudes físicas. Pero esta vez era diferente. Buscaba una conexión entre sus sentimientos y sus deseos, pero parecía haber algo que no concordaba. No lo deseaba, no como lo haría alguien que gustaba de la persona a la que estaba mirando desnudarse en frente suyo. Era muy diferente, sí. Tenía más ganas de ducharse que otra cosa, pero también se le antojaba acariciar la piel de la espalda de su mejor amigo. Deslizar sus dedos de arriba abajo, y luego... nada. Nada más. No quería besarlo, no quería hacerlo, no quería nada más. Un abrazo, tal vez. ¿Podría llegar a querer un beso? ¡Puede ser! Pero no cabía en su imaginación.

No quería pensar más en Hinata. Y sin querer, era todo lo que tenía en la cabeza.

Una vez limpio y calentito, se sintió más a gusto con el día. Se amodorró en la cama y aprovechó la paz (su compañero se estaba duchando) para poder estudiar un rato.

Está demás decir que esa paz no duró demasiado. A los diez minutos tenía a Hinata sentado al lado, siendo un incordio como siempre.

― Es que me aburro ―alegó, empujando la cabeza contra su hombro.

Intentó alejarlo. Hinata se había secado el cabello y era sedoso al tacto, despeinado como siempre, pero agradable. No entendió cómo, simplemente pasó. Enredó los dedos en las hebras anaranjadas y pensó en tironearlas para que dejara de ser tan molesto, por lo menos un rato. No se animó. El gesto se convirtió en una caricia y él se dejó mimar sin objeciones. De repente se quedó quieto y feliz.

Retiró la mano y volvió a meter la nariz en el libro. Hinata se quejó, pero no insistió. Pasaron una hora o dos, llenos de la compañía del otro. Uno estudiando, el otro chateando y mirando el techo. Kageyama se alegró al ver que podía retener toda esa información y estaba más seguro para sus clases. Por lo menos, un poco. El estudio era como un salvavidas para él: le costaba concentrarse y encontrarlo, sabía perfectamente que lo de privilegiado solo contaba en el vóley. Pero una vez que lo hallaba, el mar podía ser muy extenso a su alrededor, pero estar a flote le aseguraba no ahogarse en miles de cosas. El colegio era complicado, la universidad extenuante. Lo último que quería era ahogarse.

Cuando cerró el libro, Hinata lo miró con sus ojos grandes, inquisitivos, curiosos. Eran hermosos, a pesar de no tener nada en especial. Marrones y claros, como el pedazo de tierra prometida en el que le gustaría estar en vez de verse atrapado entre tanto mar.

Como si despertara de un sueño, la realidad hizo toc toc en su cabeza. La realidad le informó que, idiota, te quedaste mirando fijamente a Hinata como un rarito. Pero él le sostuvo la mirada y tenía las mejillas como si hubieran terminado de jugar un partido.

Todo se volvió terriblemente incómodo desde el momento en que pensó qué tan malo sería besarlo ahora. Terrible idea, probablemente. Desvió la vista y metió el libro en la mochila. Sacó otro. No quería seguir estudiando, pero definitivamente no quería seguir pensando en Hinata. ¿Qué eran esas ganas de besarlo? Estupideces.

Leyó demasiado. Era la una de la mañana cuando se dio cuenta que debía dormir. Y que no sería en su cama.

Hinata estaba hecho un ovillo a su lado, respirando con tanta serenidad que le daba miedo moverse. Se levantó en sumo silencio y le quitó el celular, para dejarlo a un costado de la cama. La pantalla prendida indicaba que tenía tres mensajes de Kenma. Chateaba mucho con él. Tiró las frazadas sobre él y luego le dio vergüenza la manera en que lo cuidaba.

Se acostó en la cama de Hinata, pero no pudo dormir. No se lo podía sacar de la cabeza, pero por muchas razones.

Era más que evidente que estaba raro. Se distraía más de lo normal, se ponía nervioso por tonterías y Kageyama no sabía qué hacer al respecto. Llegó a su límite de silencio. Necesitaba hablarlo con alguien.

Hizo una conversación en Facebook con Tanaka, Nishinoya, Asahi, Daichi y Sugawara. Los dos últimos no estaban conectados, así que mejor los sacó. Tsukishima le caía mal y no tenía nada contra Yamaguchi, pero tampoco eran tan cercanos como para hacerlo parte.

Antes de que pudiera escribir algo, empezaron a preguntar.

Tanaka: ¿Qué es esto?

Nishinoya está escribiendo...

Kageyama supo que había cometido un gran error al hacer esto. Pero ya estaba hecho y lo hecho, hecho está.

Kageyama: Quería hablarles de Hinata.

Nishinoya: ¿Qué?

Asahi: ¿Qué le pasa a Hinata?

Kageyama: No lo sé

Kageyama: Pero algo le pasa

Nishinoya: Es cierto que está raro...

Tanaka: Siempre fue raro

Kageyama: Sí.

Tanaka: Jajaja

Asahi: ¿Y si realmente le gusta alguien?

Tanaka está escribiendo...

Nishinoya está escribiendo...

Todos escribían, pero pasó un largo tiempo antes de que alguien se animara a responder eso. Asahi lo decía inocentemente, pero llegaba a haber una pizca de verdad en aquello y, ¿Cómo se supone que iba a enfrentarlo? Apenas podía entender que gustaba de Hinata y todavía estaba perdido en esto. ¿Dónde estaba su salvavidas naranja?

Nishinoya: Es lo que estuve diciendo y todos me decían que no

Tanaka: Yo no dije que no, Daichi me dijo que no y da miedo

Nishinoya: Sería lógico que le gustara alguien

Nishinoya: Eso explicaría muuuucho

Asahi: Pero no veo a Hinata con muchas chicas. ¿Quién creen que sea?

Asahi: Me refiero a que somos sus amigos más cercanos, deberíamos notar si hay algo entre Hinata y alguien

Tanaka: Tienes razón

Nishinoya: Oigan

Tanaka: ?

Kageyama: Qué

Nishinoya: Conociendo a Hinata, podría no ser una chica

Nadie contestó por un buen rato. A Kageyama se le vino una sola cosa a la mente: Kenma.

Las luces estaban apagadas. La cama de su compañero era cómoda, por más que él dijera que la suya era mejor, no encontraba diferencia alguna. Era cálida y olía a Hinata. El corazón le dio un vuelco y experimentó una extraña angustia. Se encogió en posición fetal y esperó a que contestaran. El silencio de la habitación era ensordecedor, por más que no tuviera sentido. Se había vuelto insoportablemente denso y si no fuera porque afuera estaba todo mojado por la lluvia, le habría gustado salir a correr. Siempre le quitaba los nervios.

No esta vez.

Nishinoya: Es una suposición

Kageyama: Kenma

Tecleó sin detenerse a pensar qué mierda estaba haciendo.

Tanaka: ...

Nishinoya: PUEDE SER

Asahi: ¿Tú crees que sea gay?

Tanaka: Bueno, nunca tuvo novia...

Nishinoya: Kageyama tampoco :P

Tanaka: TIENES RAZÓN

Tanaka: KAGEYAMA ES GAY

Le frunció el ceño a la pantalla, sintiendo las mejillas calientes. No podía negarlo del todo.

Kageyama: Con ese concepto, tú también eres gay

Nishinoya: OHHHHHHHHHHHH

Asahi: OHHHHHHHHH

Nishinoya: LO DIJOOO

Nishinoya: QUE VAS A RESPONDER A ESO

Tanaka está escribiendo...

Tanaka está escribiendo...

Tanaka está escribiendo...

Tanaka: Váyanse a la mierda.

La conversación se desvió completamente. Aunque se sintiera mal emocionalmente, tenía un peso menos en la espalda. Ya había hablado sus preocupaciones con alguien, por más que no resolviera nada, eso era bueno. Ellos siguieron escribiendo estupideces y afirmando la heterosexualidad de cada uno, cuando lo único que hacían era verse más homosexuales. Kageyama hacía algún comentario cínico de vez en cuando hasta que los ojos se le empezaron a cerrar del sueño.

Lo de Kenma era solo suposiciones, sí. Era probable, sí. Era una mierda, sí. Pero había algo que era igual de importante: Kageyama dormía en la cama de Hinata. Y era bobo pero se sentía más cerca de él y por esta noche, no estaba tan mal.


¡Al fin pude subir este capítulo! Anduve con un montón de problemas con la computadora, pero al final lo solucioné~

Personalmente, me encanta este capítulo. No sé por qué, pero eso de los que más disfruté escribiendo y espero que ustedes lo disfruten al leer c: