¿Mmh? ¿La cama de Kageyama? Oh...
Se frotó los ojos y dejó escapar un bostezo involuntario. La alarma de su celular seguía sonando y al apagarla sonrió porque era el primer día de la semana que había logrado levantarse temprano. Bien, es un comienzo.
Kageyama yacía como muerto en su cama y se agachó para ver si no estaba babeando, porque parecía que sí. Ah, no, solo tenía la boca abierta y roncaba bajito, si no fuera por eso, pensaría que había fallecido hace horas. O semanas. Meses, por qué no.
Se arrodilló en el colchón y lo zamarreó despacio, sabía que cuando dormía poco estaba de mal humor, especialmente si lo despertaban. Kageyama lo ignoró por completo y hundió la cara en la almohada, balbuceando sin sentido.
― ¡Vamos a desayu-!
― QUE RUIDOSO.
Mal humor. Captado. Muy bien. Ahá. Hinata se alejó antes de salir herido. Pero le gustaba comer con él, así que insistió, a la distancia, donde el depredador no podía decapitarlo con sus zarpas. Bah, no era necesario. La mirada que le dio fue de lo más terrorífica.
― ¿H-hasta que hora te quedaste despierto? ―le preguntó, cambiándose con rapidez.
Kageyama gruñó. Sí, era lo más parecido a un animal salvaje en estos momentos.
Esperó a que se preparara, reparando en que el día se había vuelto soleado de un día para otro. Después de la tormenta, siempre sale el sol, ¿No es así? No hacía calor, pero tampoco era el mismo día horrible de ayer. Eso era bueno.
En la mesa en la cual siempre se sentaban había una atmosfera diferente. Kageyama, Tanaka, Nishinoya y Asahi tecleaban en el celular como una especie de sinfonía tecnológica. Le ponían caras a sus celulares y a veces se reían o se enojaban. Cuando Hinata quiso espiar por encima del hombro de su mejor amigo, él lo empujó lejos.
― Ayer vi que me agregaste a un grupo de chat ―dijo Sugawara― pero estaba estudiando así que no me metí y después no lo encontré.
― Hum.
Eso explicaba algo. ¿Acaso fue el único que le prestó atención? Daichi los miraba en silencio y el resto seguía con los ojos clavados en sus pantallas. Tsukishima y Yamaguchi estaban en otra frecuencia, como siempre.
― ¿Están en ese grupo ahora? ¡Quiero entrar!
― No.
― No, Hinata.
―Nop.
― Lo siento.
La negativa fue de los cuatro, rotunda y dura. Indiferente. Siguió molestando porque quería ser parte, pero nadie parecía tener interés en él y siempre le decían que no. ¿Por qué no? Tomó su desayuno de manera resentida, sintiéndose aislado por obligación.
Miró a Kageyama de reojo. Siempre lo miraba de reojo. Su semblante era neutro, no intimidaba cuando estaba concentrado en algo. Lo notaba extraño hoy, distante y... ligero. Como si ya no se preocupara, a diferencia de todos los días que parecía un maniático con las cosas, hasta con las que no importaban. Hoy no. Eso era mejor, o lo hubiera sido si no lo estuviera ignorando.
Y esto continuó también cuando estuvieron solos.
De vuelta en la habitación, Kageyama se tenía que preparar para sus clases y en vez de eso seguía tecleando. Lo empujó ligeramente para que dejara el celular.
― Hey ―se quejó Hinata.
― ¿Qué?
― Estoy triste.
― ¿Y a mí qué me importa?
― ¿Cómo que no te importa?
Forcejeaban como niños mientras trataban de dialogar y él por fin lanzó el celular arriba de la cama.
― No estás triste, sino no estarías molestando.
― ¡Lo estoy! ―casi lo ofendía que dudara de él.
― ¿Y por qué estás triste? ―habló su sarcasmo.
― Olvídalo.
― Dime, idiota.
― No, eres malo conmigo.
― ¿Qué tienes, diez años? ¡Dime!
Hinata estaba cruzado de brazos y sí, se sentía un niño de diez años. Pero de verdad estaba triste, aunque lo ocultara en una máscara de infantilismo. Era más fácil.
Kageyama parecía enfadado, así que no se animó a decirle nada más. Se encontraba frustrado porque nunca podía decir nada más, solo fingir, ¡Fingir! Por siempre. Por eso estaba triste. Y porque tal vez, solo un poco, de vez en cuando, hoy, específicamente ahora, estaba un poquito, solo un poquito, celoso de sus propios amigos. Y porque lo excluían.
― Hinata, dime o te juro que...
― Solo... ―lo interrumpió antes de que maldijera o amenzara― quiero un abrazo, ¿Sí?
Apoyó la frente en el pecho de Kageyama, ¿Por qué era tan alto? Eso era injusto. Le rodeó los hombros con los brazos, tratando de no ponerse en un puntitas de pie. Eso sería vergonzoso.
Por primera vez, no lo disfrutó. Se sentía intranquilo y había una sola razón para ello. Kageyama no lo tocó. Esto era un abrazo, no era muy difícil de entender. Los abrazos son mutuos. Quería gritarle que lo abrazara y que dejara de ser tan estúpido solo por un rato. No era tan complicado, ¿O sí? ¿Era tan complicado devolverle el abrazo? ¿Lo era?
― Tengo que ir a clases ―fue toda la reacción que se dignó a darle.
Fue... humillante. Sintió el instante en que pateó sus sentimientos como si fueran basura.
Estaba siendo muy dramático y lo sabía, pero comenzaba a desesperarlo esa vocecita que le decía son solo amigos, son solo amigos, son solo amigos, no te confundas, son solo amigos y siempre lo serán, son solo amigos...
Se separó y no lo miró. No quería mirarlo. Inspiró profundo y se relajó. Basta. Somos solo amigos. Estaba pasando por una crisis tonta en el momento menos indicado.
― Me quedaré con esta cama ―declaró Kageyama, señalando la actual cama de Hinata, la que estaba junto a la ventana.
― ¿Por qué?
― ¿No dijiste que la mía era más cómoda? Quédatela. A mí me parecen iguales.
SON IGUALES, IMBECIL. Quería gritarle. NO ES POR LA CAMA, ES POR TI.
Kageyama agarró su mochila y volvió a centrarse en el celular. Después, se fue.
Hinata reprimió sus ganas de llorar. Era una puta mierda. Y no podía hacer al respecto. No podría hacer nada.
No quería hacer nada.
Las cosas seguirían siendo así, por siempre.
Mierda.
¿Prestar atención a la clase? ¿Qué es eso? ¿Se come? ¿No? Entonces no le interesa.
Kageyama estuvo pendiente del celular durante las dos clases, que después de terminadas, seguía conectado. El grupo (ahora apodado como "El rey y sus geniales y hermosos sempais", aunque alguien lo renombraba cada diez minutos) se había vuelto una tonta adicción. No tenía ningún sentido, pero era divertido. Internamente, le alegraba ser parte de algo. En especial porque había sido su iniciativa. Era insólito, pero no se quejaba. Para nada.
Por más que estuvieran en frente, comiendo en la misma mesa (como en el desayuno, o ahora, al mediodía) seguían con el grupo activo. ¡Por supuesto que sí! Como si se atreviera, cualquiera, a decir lo que solo se animaban a escribir. Tal vez por eso a todos les gustaba tanto el grupo.
Asahi: Nishinoya tiene razón
Asahi: Es como si fuéramos de a pares
Kageyama: Excepto Tanaka.
Asahi: Wow, que rudo.
Nishinoya: JAJAJA
Nishinoya: Tenemos que buscarle un par.
Tanaka: ¿Qué es esto, un grupo de autoayuda gay?
Nishinoya: Quizás
Kageyama: Sí
Asahi: Jaja
Nishinoya: Vamos, si es un grupo de autoayuda gay, hablen
Tanaka: Ni siquiera entiendo a qué se refieren a lo de los pares
Asahi: Por ejemplo, Suga y Daichi siempre están juntos
Tanaka: Son mejores amigos
Nishinoya: ...
Nishinoya: Claro
Kageyama miró a Sugawara y a Daichi disimuladamente. Era cierto. Mejores amigos o no, a veces parecían pareja. Se sonreían ajenos a todo el mundo. Arrugó la nariz, no sabía si pensar que eso era tierno o le daba asco. O ambos.
Hinata entrecerró los ojos y le sostuvo la mirada, como si buscara pelea. Hizo caso omiso al enano de cabello anaranjado y volvió a la conversación, que si estaba un segundo sin mirar, aparecían cincuenta comentarios y no entendía qué estaba pasando. Como ahora. ¿Qué?
Nishinoya: Hinata y Kageyama no se discute
Nishinoya: Ellos serían los primeros en venir al grupo de autoayuda gay de Tanaka
Tanaka: Hola soy Kageyama y me peleo con Hinata porque soy un idiota
Asahi: Lo siento Kageyama, pero lo leí con tu voz
Kageyama: Jódanse
Nishinoya: Jeje
Nishinoya cambió el nombre del grupo a "Autoayuda gay con Tanaka".
Nishinoya: Hola, soy Nishinoya y mi sempai no me noticea
Asahi: ¿Quién?
Tanaka: Hola soy Nishinoya y Asahi no me noticea
Nishinoya: Eso
Asahi: ¡Yo si te noticeo!
Asahi: (Lo que sea que sea)
Nishinoya: Aww
Tanaka: Hola soy Kageyama y le hago todas las levantadas a Hinata
Kageyama: ¿Celos?
Tanaka: No me refería a eso
Tanaka: Si Hinata te lo pide, se la levantas
Nishinoya: Guiño guiño guiño
No lanzarle el plato de sopa en la cara fue una de las cosas más duras que tuvo que enfrentar en su vida. Se tragó la vergüenza como pudo, deseando que su cara no se viera tan caliente como se sentía. Y Hinata se removía a su lado y era raro. Tanaka lo estaba mirando y comenzó a reírse.
Kageyama: Hola soy Tanaka estoy solo.
Nishinoya: Jajaja es cierto
Tanaka: Hola soy Kageyama y le levanto las bolas a Hinata
Asahi: Qué remate
Las risas de Nishinoya y de Tanaka fueron instantáneas. Eran escandalosos y Kageyama se vio tentado de abandonar la mesa, rojo como un tomate. Se rascó la mejilla y después se preguntó por qué se estaba comportando tan tímido de repente. Frunció el ceño hasta que casi le dolió la cabeza y las risas cesaron.
Daichi se aclaró la garganta y todos voltearon hacia él. Habló del próximo campeonato de vóley, dejando la mesa para ir a la cancha. Todos lo acompañaron, poniendo atención y avivando sus espíritus competitivos de ganas de ganar. Los campeonatos eran pura gloria para Kageyama y la impaciencia creció en él hasta que por fin pudo tocar una pelota en la práctica.
Pero algo definitivamente no andaba bien.
La pelota parecía suspendida en el aire, como si lo estuviera esperando. Pasaba en cámara lenta, aguardando tranquilamente a que recordara y relacionara lo que no quería ni pensar. Inconscientemente, dirigió su pase a Hinata y fue el peor pase que dio en su vida.
Si Hinata te lo pide, se la levantas.
Su error fue mirar a Tanaka. Los chicos volvieron a estallar en risas y solo pudo agacharse e ir a buscar la pelota perdida.
― Lo siento, ¡Otro pase!
Otro pase había pedido. Qué estupidez. Antes de empezar, los chicos ya se estaban riendo y volvió a fallar el pase, otra vez hacia Hinata.
― ¿Qué te pasa? ―exigió él, fastidiándose.
― ¡Nada! No pasa nada. La próxima...
― ¡Más te vale!
― ¡No me interrumpas!
La próxima, juró. Al menos esta vez, nadie se rió y pudo pasarla limpiamente. Hinata la remató con facilidad y el choque contra el piso rebotó en el eco del gimnasio. Como las risas. Tanaka y Nishinoya estaban tentados y Asahi se tapaba la boca y miraba para otro lado. Daichi comenzó a gritarles y Kageyama se marchó de la práctica.
― No, Kageyama no te enojes ―le suplicó Asahi, seguido de Tanaka y Nishinoya.
Le dieron alcance y lo obligaron a detenerse. Divisó a Daichi con mala cara en la puerta y, detrás de él, Sugawara y Hinata miraban con curiosidad.
― ¡Te juramos que no nos volveremos a reír! ―prometió Tanaka.
― Es solo un chiste, no te enojes por eso.
― No estoy enojado, solo... olvídenlo y no sean idiotas ―masculló.
― ¡No hay problema! ―le aseguró Tanaka, dándole golpecitos en la espalda― No pongas más esa cara que da miedo.
― Si te molesta solo dínoslo ―asintió Asahi.
― ¡Siempre puedes contar con tu grupo de autoayuda gay! ―afirmó Nishinoya.
― Noya, baja la voz ―le dijo el grandote, avergonzado.
― Solo bromeo, Kageyama sabe que no hay manera de que Hinata y él estén juntos.
El dolor que trajo esa frase fue tan real que lo asustó. Apretó los labios con fuerza y se quedó mirando sus pies, construyendo rápido una barrera enorme para que no le afectara. ¡Rápido, dije! ¡Rápido! Que se acomoden los ladrillos de hielo antes de que sea demasiado tarde. Pero era en vano, era demasiado tarde. Las palabras tan sinceras le hicieron daño.
Todo el mundo tomó a mal su silencio y enseguida cambiaron sus expresiones.
― ¿Te sientes bien? ―se preocupó Asahi― ¡Ustedes llevan sus bromas demasiado lejos!
― Kageyama... te gusta Hinata, ¿Cierto?
Sonaba a certeza. Nishinoya no estaba esperando una respuesta realmente. ¿Cómo se dio cuenta? Tragó saliva. No quería estar aquí. Quería golpear la pelota y que los resultados cambiaran, hacer de cuenta que no estaban hablando de esto y, dios, ¿Dónde firmaba para que la tierra se lo tragase?
― ¡No! ―Contestó automáticamente.
Oh, eso sonó tan falso que fue como si gritara que sí. Se quedaron callados.
― ¿Podemos volver a la práctica y fingir que nunca tuvimos ESTA CONVERSACIÓN?
― Oye, lo siento ―le dijo Nishinoya― no quise decir eso.
― Siempre tendrás tu grupo de autoayuda gay para apoyarte ―declaró Tanaka, y por primera vez, esto no parecía causarle gracia.
― ¡Sí! No te preocupes ―le sonrió Asahi.
Eso fue lo más incómodo que tuvo que pasar en su vida.
―...lo que digan. Volvamos a la cancha.
― Espera, quiero hablar contigo a solas ―pidió Nishinoya.
Los demás se lo concedieron. En la puerta, seguían los tres igual que antes, solo que la curiosidad se había vuelto incredulidad.
Nishinoya parecía más pequeño que de costumbre. Sus hombros cayeron, entre humilde y apenado, pero al mismo tiempo no era ninguna de las dos cosas. No lo miraba.
Apostaba a que quería disculparse. Era un buen chico, por más que se metiera en problemas. No iba a soportar que se disculpara, todavía no se había recompuesto lo suficiente como para terminar de armar la barrera de fría apatía que tanto necesitaba ahora. No pensaba dejarse llevar por sentimientos que no iban a ninguna parte, porque Nishinoya fue sincero y tenía toda la razón. No había manera de que él y Hinata estuvieran juntos.
― Si vas a pedirme perdón entonces ahórratelo y vamos a la cancha que estamos perdiendo el tiempo.
― No te iba a pedir perdón. Solo... sé que es extraño y estúpido, pero pensé que nunca nadie me entendería y ahora vienes tú a decir que te gusta Hinata.
― Nunca dije que me gustara Hinata.
― Tampoco lo negaste.
No, no lo hizo.
― No entiendo de qué me estás hablando.
― De que estoy enamorado de Asahi.
Nishinoya apretaba los puños con fuerza y como Kageyama no le respondió, levantó su vista hacia él, sus ojos brillantes y furiosos. Sabía muy bien qué quería decir esa expresión. Frustración. Frustración pura.
Ya sea porque entendía a la perfección la frustración o por una conexión de sentimientos no correspondidos, por lo que fuera, se dejó abrazar por Nishinoya. Empezó a comprender que le esperaba un camino duro ahora que le había dado forma a lo que sentía y eso le daba un poco de miedo, era enterrarse en lo desconocido sin saber cómo defenderse.
Le devolvió el abrazo, compartiendo la frustración y aliviado de que, aunque no supiera defenderse, tenía de apoyo a Nishinoya. Y el de los demás. Era nuevo en esto de los afectos, no acostumbraba a abrazar y solo se lo había permitido a su madre y a Hinata, pero ahora estaba bien. Porque nada estaba bien.
El libero lo abrazó con fuerza y oyó un resoplido que pudo haber sido de bronca o de tristeza. No lo sabía. Pero sentía ambos, juntos, molestando. Sentimientos. Qué carajos.
Se separaron y Nishinoya recuperó su sonrisa, dando pasos alegres hacia la cancha. Supo que estaba aparentando. Nunca había sido bueno para distinguir los estados de ánimo de los demás, pero por primera vez empezaba a meterse en todo este rollo. Y no le gustaba nada. Prefería seguir siendo el Kageyama Tobio que se dedica completamente al vóley y eso es todo lo que puede llegar a entusiasmarlo, pero supo que las cosas no volverían a ser las de antes.
Quería hablar de Hinata con esto. ¡Luego! En la noche. Algo debía preguntarle, sobre amor. Bah, ¿Qué sabría él? Aunque era al único que se animaría a preguntar directamente.
Solo, un detalle. Un detalle pequeño.
¿Dónde está Hinata?
― ¿Dónde está Hinata? ―expresó en voz alta.
― Y Suga... ―añadió Nishinoya.
― Se fueron ―Daichi parecía irritado― se suspende la práctica por hoy.
Todos protestaron, pero Daichi no estaba de humor y realmente era peor que Oikawa cuando estaba de malas. Bueno, eso es una exageración. Nadie es peor que Oikawa. Fueron al comedor y se distrajeron, hablando del campeonato y de que, si tenían suerte, podrían conocer lugares nuevos, según dónde fueran los partidos. Le gustaba viajar, aunque se la pasara durmiendo. Escuchar a sus amigos tontear y gritar toda la tarde lo relajó, volviendo a la normalidad. Fue inusual que Hinata no apareciera e interrogaron a Sugawara cuando llegó.
― Eh... Se siente mal. Está durmiendo, así que no vendrá a comer.
La cena fue igual que siempre, pero había una inexplicable tensión en el aire, que venía de Sugawara y Daichi. Ellos no hablaban ni sonreían como siempre. Tendrían sus problemas, quien sabe. Se preguntó si debería llevarle comida a Hinata, pero eso no lo dijo en voz alta ni lo hizo. Si quería comida, que se la pidiera cuando subía a la habitación, y si estaba muy mal, entonces consideraría traérsela (por más que al final terminara accediendo).
A pesar de todo, había sido un buen día. Todo había acabado bien y tenía bastante material para reflexionar en una noche de insomnio, pero no había problema, porque era viernes. Al día siguiente no habría clases, solo se iba a despedir de Hinata porque él prometió a su familia que los visitaría. Kageyama no había prometido nada y era un largo viaje, así que todavía no decidió nada para el fin de semana. Lo consultaría con la almohada, también.
Se podría decir que tenía sus expectativas arregladas para esta noche, pero lo que halló en la habitación lo tomó completamente desprevenido.
Hinata estaba hecho una bolita en su cama, la de al lado de la ventana, llorando sin consuelo. Estaba tenso y parecía estar temblando, pero no estaba seguro. Su rostro estaba empapado de lágrimas que caían rodeando esa boca pequeña y furiosa, de pena honda.
Se asustó y se acercó con urgencia.
― ¿Hinata? ¿Qué te sucede?
― ¿Qué mierda te importa?
― ¿Cómo no me va a importar? Eres... ¡Mi mejor amigo! ―Afirmó, casi con orgullo.
― ¿Estás jodiendo, no? ― ¿Qué era ese vocabulario? ― ¡Tú no eres mi mejor amigo! Ni siquiera quiero que seas mi amigo.
Se quedó mirándolo, atónito. ¿Estaría enfermo o algo?
― Hinata, deja de decir tonterías. ¿Estás enfermo o...?
― ¿Crees que estoy bromeando? ―se sorbió la nariz y lo miró con los ojos llorosos― ¡No quiero ser tu amigo! Limitémonos a jugar vóley juntos hasta el día en que pueda vencerte.
― ¿De qué estás hablando? Deja de ser un idiota ―le contestó, perdiendo la paciencia.
Agradeció la barrera de frialdad que había construido en la tarde. Sin ella, esto sería algo difícil. Quizás sentiría las heridas que le producían sus palabras, pero no tenían sentido, así que no les dio importancia.
Hinata se limpió la cara con un gesto patético. Lo conmovía y tenía ganas de abrazarlo y decirle que no se preocupara por bobadas, que estaba todo bien, que sí era su mejor amigo. Esas cosas. Quería que volviera a sonreír y quería dormir.
― ESTOY HARTO DE TI, de eso estoy hablando. Estoy harto de cargar con esta amistad que ni siquiera quiero, me cansé de ti y de todo lo que te incluye, no es tan difícil de entender con la personalidad de mierda que tienes. Así que déjame en paz de por vida, ¿Quieres? ¿Entiendes lo que te digo? ¡Y no somos mejores amigos! ¡No somos amigos! Somos compañeros de vóley y nada más, y ojalá no fuera ni eso.
Sus palabras rompieron la barrera y le entregaron un déjà vu. Conocía esta sensación. La conocía de antaño, se la sabía de memoria. Conocía a la perfección lo que era una confianza quebrada, una fe que se vuelve tonta, un agujero que creía lleno y ahora se daba cuenta que estuvo vacío una vez y que Hinata no quería llenarlo.
Conocía esa brecha. Sus anteriores compañeros hicieron un buen trabajo al enseñarle lo horrible que era quedarse solo. La asquerosa sensación de que alguien que te importa te destroce y te empuje a un lado, sin tener en cuenta qué es lo que vayas a sentir. Y esto fue mil veces peor que la primera vez, porque no se trataba de compañeros con los que se gritaba en un partido, se trataba de quien consideraba su mejor amigo. Se trataba de quien se había enamorado.
No sentía más que un agujero en el pecho y un creciente y desesperante miedo. Sus pies se movieron solos. Dio media vuelta y salió por la misma puerta por la que había entrado y nunca había sentido tantas ganas de echarse a llorar. Se atragantaba en angustia y su cabeza repetía las palabras de Hinata, con la rabia y pena con la que las había pronunciado.
Era incomparable con cualquier otra sensación que experimentó en su vida, ya que las sensaciones más fuertes las había sentido jugando al vóley en campeonatos, pero jamás sería lo mismo. Podía sentir todo lo que quisiera y estar enojado, triste o lo que fuere, pero en el fondo sabía que habría más partidos por jugar que lo estaban esperando. Hinata era un partido único que ya se había terminado y nunca volvería a tener la oportunidad de jugar. Si es que había participado alguna vez, porque se sentía más como estar en la banca, esperando a que Hinata asintiera y lo dejara entrar a su partido. Era una alegoría compleja e innecesaria, pero era lo que más podía asemejarse a sensaciones fuertes. No obstante, esto sobrepasaba lo que era una sensación. Era tristeza en el más puro de sus sentidos.
Solo había un lugar al que se le ocurrió ir.
Asahi apareció en el umbral y se veía muy confundido. Nishinoya se asomó por detrás.
― ¿Kageyama? ¿Qué pasó?
No sabía cómo saldría su voz. No sabía si podría llorar en frente de ellos. No sabía cómo enfrentarlo. No sabía qué decir. No sabía nada.
― Yo... puedo... ¿Pasar la noche... aquí? ―inquirió, lleno de dudas.
― Claro ―dijo Nishinoya― dormiré con Asahi. No hay problemas.
― Pero, ¿Qué pasó?
― Peleé con Hinata. No quiero hablar de eso.
Y no preguntaron. Eso fue lo mejor. No quería hablar y si fuera por él, se hubiera ido solo a alguna parte. Pero era de noche y no tenía alguna parte a donde ir.
― ¿Quieres cambiarte? ―Ofreció Asahi― Nosotros ya vamos a dormir, tengo que levantarme temprano mañana...
― Solo me iré a dormir. Está bien. Gracias.
― ¿Necesitas algo?
― No.
― Bueno...
― Buenas noches ―murmuró Nishinoya, que de buenas nada tenían.
Ni siquiera prestó atención a la habitación, que parecía muy diferente a la que vivía. No quería pensar en nada. Se acostó en la cama de Nishinoya y era tan impropio, tan lejano a lo que estaba acostumbrado. Era terrible. Se sentía terrible.
Una vez que las luces estuvieron apagadas, se puso a llorar. Todo lo que no había expresado en la semana, la presión universitaria, las pocas horas de sueño, las tensiones, sus nuevos sentimientos, la pelea, la soledad, el miedo, todo estalló en ese momento. Se sintió indefenso. No lloraba hace años y la última vez su madre había estado allí para abrazarlo. Ahora no había nadie para abrazarlo y de a poco dejó de importarle que hubiera dos personas en el mismo cuarto, no podía dejar de gimotear y removerse y permitirse lo que nunca se permitía a sí mismo.
Tenía familia, tenía amigos.
Y se sentía tan solo.
Hinata...
No durmió casi nada. Alcanzó a adormecerse unos minutos, pero apenas pasaba media hora que volvía a estar consciente y daba vueltas en la cama y se consumía en silencio. A la llegada del amanecer, supo que era inútil permanecer allí. No iba a conciliar el sueño. Era imposible.
Se levantó y se calzó las zapatillas. Antes de irse, se distrajo con la cama contigua. Nishinoya descansaba la cabeza en el amplio pecho de Asahi y él le rodeaba el cuerpo con un brazo y, de verdad, parecían pareja. Eso lo hizo sentirse peor, porque los envidiaba y al mismo tiempo sentía lástima por Nishinoya, porque estaba en una situación similar a la de él. No había caso. El amor no correspondido lo arruinaba todo.
Salió a correr por el campus y la zona de los alrededores. Era todo lo que podía hacer. Quizás, si se agotaba físicamente, podría dormir. Y dormir era la única manera de no pensar.
No estaba entrenando, estaba corriendo en su más pura definición. No tenía destino pero llevaba prisa. Hacía frío y también buscaba el calor del ejercicio, pero no era suficiente. Nada era suficiente para llenar ese vacío.
Corrió como si hubiera un lugar al cual huir de sus sentimientos.
Quiero aclarar (sí, de nuevo vengo a aclarar~!) que lo de Kageyama no es una tragedia boba y exagerada. A lo largo del manga, demuestra el miedo que tiene de que él pase la pelota y no haya nadie (y no esté Hinata) para recibirla, trauma que le dejaron sus ex compañeros. Y todas las veces que se molesta por lo que pasó. Y me gusta pensar en todos los personajes como algo más que un personaje, alguien que tiene sentimientos, y en él, alguien que realmente teme que lo dejen de lado, aunque no lo vaya a admitir. Y que esa persona que lo deja de lado sea Hinata, tiene un peso enorme. Lo aclaro porque siempre odié esas historias donde uno deja al otro y ese otro se corta las venas y se suicida y pum, es un idiota. Este no sería el caso, ¡O al menos así lo pensé yo! Pero como siempre, sus ideas, headcanons y opiniones son bienvenidas c:
