El despertador todavía no había sonado cuando abrió los ojos. La mañana tenía gustito de fin de semana, de esos días en que no tienes nada que hacer y puedes quedarte en la cama todo el día. Pero era martes y no podía quedarse en la cama todo el día, por más tentado que se viera. Aun así...
Hinata era cómodo como un peluche. Era como si, gracias a él, le hubieran tirado azúcar al día, endulzando un pequeño detalle de la vida, como si fuera un café matutino o un caramelo en horas improvisadas. Era simplemente... necesario. Hinata se había vuelto necesario para que pudiera disfrutar de estos detalles.
No tenía idea de qué hora era, pero no tenía la menor intensión de levantarse hasta que sonara el celular. La falta de sueño repentina se debía, probablemente, a que estaba muy nervioso y ansioso para con todo. Más específicamente, la raíz de esto era Hinata, y nadie más que Hinata.
Y hablando de él... Le estaba dando la espalda. Kageyama yacía a su lado, con una mano incómoda y la otra descansando en la cintura de Hinata. Era como esas típicas cucharitas de las películas, excepto que no se tocaban realmente. Había una distancia prudente entre su cuerpo y el de su novio, y su brazo lo cruzaba, pero nada más. Ni siquiera tenía forma de abrazo. Bueno, quizás Hinata no se moviera mucho por las noches, pero Kageyama sí, así que no le extrañaba que hubieran terminado en una posición diferente a la que estaban cuando se fueron a dormir.
Se sentó, rascándose la cabeza con vagancia. Hinata lo miró y cayó en la cuenta que estuvo todo este tiempo despierto.
― Buen día ―lo saludó, alegre. ¿Inusual? Sí. Pero Kageyama estaba alegre. ¿Y qué?
Hinata no le respondió. Bufó y se volvió a acurrucar contra el colchón, dándole la espalda otra vez.
Estaba enojado. Eso lo dejó muy en claro. Inmediatamente recordó lo que había pasado en la noche. No, no quería pensar en eso. No, nop. Definitivamente no.
Apoyó un dedo entre los omoplatos del otro. Lo arrastró hacia abajo, siguiendo la curva de su espalda, como se le había ocurrido hacer una vez (solo que en aquella ocasión había querido hacerlo cuando no tenía su camiseta puesta). Ahora, eso no importaba mucho. Quería al Hinata explosivo e insoportable. Eso era, quería provocarlo. Pero Hinata se estremeció en un escalofrío y le frunció el ceño.
― No hagas eso.
― No me des la espalda ―replicó.
― No me digas que hacer.
― Sí te digo.
― No.
― Sí.
No hubo respuesta. Esperaba un tonto juego de "Sí" y "No", pero Hinata volvió a la misma posición. Eso indicaba que realmente estaba molesto, y sus emociones influían siempre en él, siempre, por más que no quisiera. Desde el principio había sido así, eso no había cambiado. Kageyama empezaba a molestarse, por lo que decidió tomar la decisión más sencilla: de un solo empujón lo tiró de la cama.
Hinata se levantó de un salto y lo miró entre perplejo y rabioso.
― ¿Por qué hiciste eso?
Kageyama se arropó hasta el cuello y lo miró, calentito y a gusto.
― No quiero que me contagies de tu mal humor. Y como es mi cama, yo decido quién se queda y quién no.
― ¡Después me dices infantil a mí! ―Se quejó, cruzándose de brazos.
― ¿Estás enojado por lo de anoche? ―preguntó, directo al grano.
La reacción de Hinata fue instantánea. Todo su cuerpo pareció pesar el doble, decayendo sobre sí mismo, pero aun de pie, como si pudiera contra todo. Soltó un suspiro de resignación.
― Sí. No te entiendo.
― No es muy difícil de entender. Yo dije que no quería besarte y no me ibas a obligar. Fin de la discusión. No es la gran cosa.
― Pero... deberías querer ―dijo Hinata con incredulidad.
― ¿Quién lo dice?
― Eh...uh, no lo sé.
Rara vez tenían un silencio incómodo. Este fue supremo, reemplazando a todos esos silencios incómodos que nunca tenían. Fue realmente extraño. Kageyama se volvió a sentar en la cama, como si la situación ameritara un poco más de seriedad. O solo necesitaba compensar el silencio con acciones.
Desde el principio supo que no iban a funcionar como una pareja normal y corriente. Que eran simples por separado, pero juntos siempre eran más complejos.
― Hinata, yo siempre me tengo que ajustar a tu ritmo ―expresó, sin mirarlo. No tenía idea qué era lo que tenía que decir, así que solo iba a ser honesto―. Me parece un poco injusto.
― Lo sé. Pero esto no es vóley, u horarios, o lo que sea ―él se removió, inquieto. Ya no cruzaba los brazos, solo caían a sus costados con dejadez―. No puedo saber lo que pasa por tu cabeza.
― Es... ―sé honesto, se recordó, se alentó― Cuando mi cuerpo quiere algo, mi mente quiere otra cosa, y al revés.
― No entiendo.
― Yo tampoco ―confesó.
Sí, era complicado. Cuando no estaban haciendo nada, la cabeza de Kageyama se iba por las ramas pensando en Hinata. Y no todo lo que pensaba era precisamente inocente. Pero como no estaban haciendo nada, no había necesidad de hacer algo. Entonces solo eran pensamientos. Y cuando Hinata lo tocaba, o cuando se besaban, su cuerpo respondía solo, pero su mente estaba en otro lado. En preocupaciones, en inseguridades, puntualmente, en todas las cosas que no sabía. En que no sabría qué hacer si seguían adelante, si eso le importaría, si a Hinata le importaría. Si a sí mismo le importaba. Si eso estaba bien. Tenía que estarse recordando todo el tiempo en que no debía pasarse, que no tenía que darse rienda suelta, porque todo debía ser previamente calculado y sopesado. Entonces su mente y su cuerpo no coincidían, porque su cuerpo opinaba distinto, ¡Pero si siempre funcionaban bien en un partido! Pero esto no es vóley, había aclarado Hinata. Y tenía toda la razón. Esto era completamente nuevo y estaba ocurriendo con tanta velocidad que no sabía cómo enfrentarlo, no había tenido ni un minuto para reflexionarlo de verdad sin perderse entre sus propias divagaciones, que al final, no le llevaban a ninguna conclusión.
― ¿Qué piensas sobre el sexo? ―inquirió Hinata. A veces pensaba que eran muy directos.
― Es una tontería ―contestó, queriendo restarle importancia.
Porque obviamente no era una tontería, era un problema. El problema físico que estaban pasando por este momento era toda su culpa (bueno, y la presión de Hinata también) y no sabía qué hacer.
Hinata no pareció nada contento con esa respuesta. Aunque no había estado nada contento desde que despertó. Kageyama no tenía nada más que decirle, así que lo invitó, con señas, a que volviera a la cama con él. Se acostaron otra vez y no podía soportar verlo tan abatido. Le dio un beso en la mejilla y él acercó más su carita. Acarició sus pecas con los labios hasta depositarle otro beso en la nariz, otro en la frente y finalmente, uno casto en los labios.
A pesar de todo, Hinata esbozó una sonrisa. Y se lo devolvió. Él tomó su rostro, con sus pequeños dedos fríos, y le besó el mentón, para luego llenarle la cara de besos.
Siguieron comportándose así de tontos y cariñosos hasta que sonó la alarma. Lo principal era que le había arrancado una sonrisa tranquila y dulce. Se sentía tan... no él, comportarse de esta manera, pero en ningún momento se puso a reflexionar sobre ello. Quizás, eso era lo que tenía que hacer. No pensar.
La estratagema de no pensar era entretenida, pero se detuvo, otra vez, por más que Hinata insistiera. Estaba despertando una parte que creyó que no poseía, un lado que prefería rechazar. Rechazar sus sentimientos era fácil, pero su novio no parecía muy feliz con ello.
― Es una tontería ―bufó Hinata.
― ¿Qué?
― Eso dijiste sobre el sexo. Una tontería. ¿Qué quieres decir?
Kageyama quiso responder con sarcasmo idiota o algún insulto bobo, pero se dio cuenta que el otro estaba intentando continuar con la conversación seria. Eso significaba dejar de negarse a sí mismo y ser muy sincero, y eso era una molestia. Hinata siempre era una molestia.
― Ya te lo expliqué.
― ¿Entonces quieres decir que nunca vamos a hacerlo? ¿Es porque no quieres o porque tienes algún problema con eso?
Se dio cuenta que Hinata estaba teniendo más problemas para preguntar que él para contestar. Tocaba sus dedos constantemente, y cuando no, estaba haciendo y deshaciendo las arrugas del edredón. Sus ojos estaban clavados en el movimiento de sus dedos, en vez de mirarlo atentamente como solía hacer. Era la viva imagen de alguien terriblemente incómodo. Bien, porque Kageyama también se sentía así.
¿Cómo explicarle a Hinata que tenía miedo de dejarse llevar?
Soltó un largo suspiro, una vez más, frustrándose al no saber cómo decirle lo que ni él mismo podía comprender. Pero Hinata no lo interpretó así.
― ¡No te estoy obligando a nada! ―se disculpó― Solo... quiero saber... quiero entenderlo.
― ¿Crees que yo no? Es difícil para mí. De repente todo se dio vuelta y no lo entiendo, y además tengo que intentar explicártelo a ti. No sé cómo hacer eso. Apenas puedo controlar mis ganas de besarte, cuando quiero y cuando quiero más de lo que debería. Y cuando no quiero, solo... no quiero. No estoy seguro de cómo explicarlo, están las veces en las que no tengo ganas y las veces en las que las ganas son difíciles de manejar, porque ni siquiera he tenido tiempo de pensarlo y... y me estás asfixiando un poco. Pero no me estoy quejando de eso. Porque quiero que estés a mi lado y es bastante obvio que estoy haciendo las cosas más difíciles.
Hinata se quedó en silencio. No dijo nada, incluso cuando Kageyama se separó y se volvió a sentar. Eso era ser honesto. Y ahora sentía una vergüenza rara y deseó no haber dicho nada de eso. Pero Hinata lo abrazó y hundió la cara en su hombro.
― Lo siento. Creo que tienes algo de razón con eso de "tratar de seguir mi ritmo". Sé que puedo ser un poco...
― ¿Acelerado?
― Sí.
― Pero nunca me quejé de eso (excepto cuando eres molesto). Además creo que yo también estoy siendo acelerado con todo esto y así no se hacen las cosas.
― ¿Tú, que actúas todo el tiempo natural, hasta cuando yo te digo que no es normal, ahora intentas hacer las cosas como deberían ser? ―Hinata se rió― Déjame decirte que eso es una idiotez. Si ambos somos acelerados, que sea así. Si ambos fuéramos lentos, que sea así. ¿Eso tiene algo de sentido?
― Más del que que debería ―asintió.
Y esta vez, Hinata tenía toda la razón. Ellos debían ser como eran. Si Kageyama tenía ganas locas de amarlo, lo haría, y si no sentía la menor gana de hacer algo, entonces no debía hacerlo. Y sonaba tan sencillo...
― Vamos a desayunar ―propuso Hinata, y esta mañana, él tenía las mejores ideas del mundo.
El resto del día transcurrió tan normal como cabía de esperar. Hasta le resultó aburrido. Evitaron al grupo hasta que se volvió ineludible, entonces tuvieron que enfrentarlos en el almuerzo. Y por enfrentarlos quiere decir que no hicieron ni dijeron absolutamente nada. Las ganas de interrogarlos se reflejaban en los ojos de todos y a Kageyama le parecía un tanto... divertido. Todos sabían que pasaba algo pero no sabían qué. Era secreto suyo. De nadie más. Algunos asumieron que habían arreglado las cosas siendo amigos, o algo así. Como Daichi. Sonreía serenamente y comía charlando de un trabajo práctico con Asahi. En cambio, sentía los ojos de Sugawara en ellos, casi intimidantes. No dijo casi nada durante toda la comida, mientras que Hinata habló animadamente (quizás con demasiados ánimos), con la boca llena y muchas gesticulaciones, haciendo mucho ruido. Había una satisfacción oculta en eso. En ese Hinata tan Hinata, en esa autenticidad de sí mismo que no veía hace mucho tiempo. Sí, lo había extrañado, inaguantable como era.
Generalmente se salteaban el receso para hacer la digestión, ya que Hinata y Kageyama eran un par de enfermos del vóley y les gustaba entrenar aunque fuera suave y después se les revolviera el estómago. Pero esta vez no fue así. Usaron como escusa que debían hacer la digestión, detalle peculiar que sorprendió a todo el grupo.
Ni bien entraron a la habitación, Kageyama supo el por qué estaban ahí. Hinata se lanzó a sus brazos y se dieron un primer beso pasional, tan lleno de amor como de deseo.
Deseo. Kageyama se permitió sentirlo, se dejó arrastrar por él. Porque esperaba hacer congeniar su cuerpo con su mente, y su cuerpo le ordenaba cual necesidad que tenía que empujar a Hinata contra la cama y que suceda lo que tuviera que suceder. La opinión de su cabeza no era no. Esta vez, no era no, no quiero. Era un constante "Hinata, Hinata, Hinata...". Y su cuerpo lo interpretó como se le dio la gana.
Cayeron sobre la cama entre besos. Hinata corrió un poco la cara para suspirar, pero eso no lo detuvo. Siguió un camino de besos hasta el cuello e intentó acomodarse para no aplastarlo, porque estaba debajo de él. Sintió que le tironeaba el cabello y la camiseta. Kageyama se detuvo para admitir un poco de espacio entre los dos, que el otro utilizó para poder quitarle la camiseta.
Hacía frío, pero se sentía caliente. Estaba sentado a horcajadas de su novio y se sentía caliente. Era toda una novedad, y tal vez, lo nuevo no era tan malo. Tal vez podía ceder, podía dejar que él paseara los dedos por su pecho, tal vez las cosas podían resultar de manera acelerada, tal vez amarlo se trataba de esto, tal vez, solo tal vez, Hinata de verdad había dado vuelta su mundo entero.
Metió sus manos por debajo de la ropa de Hinata y acarició sus costados. Su piel se sentía tan agradable como había imaginado. Él lo tomó del rostro nuevamente y se volvieron a fundir en un beso, mucho más tranquilo, pero sin dejar ese deseo de lado, que siempre estaba presente en cada roce.
Alguien golpeó la puerta. Kageyama lo ignoró y continuó perdido en el beso, en la piel agradable de Hinata, en los cabellos naranjas y en los ojos que a veces parecían tener el mismo color hermoso que lo caracterizaba. Hinata recorría su espalda, siempre con los dedos, como un mimo sutil que hacía crecer una impaciencia dentro de él, pero frenó todo movimiento y, quejándose, dijo:
― Ve a abrir la puerta.
Kageyama quiso trasmitirle su impaciencia, sus ganas de ignorar esa interrupción, sus ganas de comérselo entero (ahora que lo aceptaba), porque lo tenía servido en bandeja en su propia cama. Y Hinata nunca se había visto tan apetecible. Aun no estaba seguro si haber dejado que el deseo se despertara completamente había sido una buena idea. Ahora no se quería levantar.
― Ya se va a ir.
Se olvidó los golpes de la puerta con más besos. Hinata parecía tener nula voluntad contra eso y le correspondió inmediatamente. Pero la voz de Tanaka se hizo presente del otro lado de la puerta, gritando un insufrible "¡sé que están ahí!".
Kageyama abrió la puerta con violencia y lo miró enojado. Tanaka empezó a decir algo sobre la práctica, pero cerró la boca cuando vio que estaba semi desnudo y furioso.
― Estoy besando a Hinata. Me importa una mierda la práctica.
Le cerró la puerta en la cara y dio la vuelta. ¿En qué estaba? Oh. Hinata tenía los ojos muy abiertos y las rodillas contra el pecho.
― ¿Qué? ―inquirió.
Hinata hizo una mueca con la boca, como si hubiera sido un tic. Después, lo repitió. Luego se echó a reír a carcajadas.
Kageyama no sabía si sentirse ofendido o preguntarse qué tan enamorado estaba de él como para que le pareciera fascinante esa muestra tan simple de felicidad. Así que se quedó con las dos opciones y se cruzó de brazos.
― ¿Qué? ¿Por qué eres tan idiota? ―insistió. Se lo preguntaba seguido, y con razón.
Hinata se rió más y aguardó hasta que dejara de rodar suavemente sobre la cama.
― ¡Eres tan... directo! ¡Tú eres el idiota! ―continuó riéndose.
Kageyama se apoyó contra la puerta y se le quedó observando hasta Hinata se calmó. Entonces, su expresión cambió de repente.
― Lo siento.
― No te preocupes, estoy acostumbrado a que seas un idiota ―le contestó Kageyama, pero no estaba enojado. No podía enojarse cuando solo se estaba riendo.
― Cállate.
Se despegó de la puerta. Después de todo, una vez que cambió de humor, empezó a tener frío. Se puso su ropa de nuevo, a sabiendas que el ambiente fogoso se había terminado. Maldito Tanaka.
Se sostuvieron la mirada y, sin previo aviso, Hinata sonrió. Sincero y bonito. Bajó la vista.
― Estaba muy nervioso.
― ¿Y? ―respondió, aunque eso no se lo esperaba. Hinata parecía tan decidido como él.
― Solo eso. Creo que por eso me reía. Además de que eres un imbécil que no sabe cómo hablar con las personas. ¡Encima Tanaka! Se lo dirá a todo el mundo.
― No lo pensé, ¿Bien? Solo quería que se fuera.
― Una tontería.
― ¿Eh?
― Eso dijiste sobre el sexo.
Hinata le mostró una sonrisa de orgulloso triunfo. Porque le había arrebatado todas sus convicciones sobre la parte física de la relación, dejando a Kageyama desnudo figurativamente, y en unos minutos más, hubiera dejado de ser solo figurativo. Kageyama gruñó porque todavía no entendía nada de lo que pasaba y solo dejó caer su cabeza sobre el hombro de su novio.
― ¿Entonces? ―preguntó Hinata.
― No sé. ¿Vamos a la práctica?
― NO. ¿Estás loco? Se lo dijiste a Tanaka. A Tanaka, ¿Entiendes? En este momento ya lo debe de saber hasta mi mamá.
Imaginarse la reacción de la madre de Hinata le daba gracia.
― Entonces... ¿Dormimos?
― ¡No! ―Hinata titubeó― Además, no me refería a eso ―. Kageyama dejó que el silencio corriera hasta que él continuara― Estaba hablando de lo otro. Lo de... eso. De de nosotros.
― No lo sé, Hinata ―bufó con frustración.
Odiaba no saber algo. Para compensar, tomó a su novio de la barbilla y le plantó un beso que, si de ser sinceros se trataba, no había más que enojo en él. Hacia nadie en concreto. Enojo en sí. Contrariadamente (como siempre), Hinata se lo devolvió con dulzura.
― Está bien, durmamos.
― Pero un rato. Tengo que estudiar.
Hinata rodó los ojos, asintió y se tiró encima de él, y lo tuvo que arrastrar para acomodarse en la cama.
Kageyama siempre supo que Hinata era igual a problemas. Que una relación con él era igual a problemas. También pasó por alto lo estable que podían ser sus personalidades complementarias, y lo feliz que podía hacerlo aquella bolita naranja.
Después de un tiempo, acá volví (más o menos). Todavía tengo un par de problemas así que no voy volver a subir semanalmente, ni siquiera sé cuando, pero voy a intentar que sea pronto. Para avisar cuando subo los capítulos y publicar mis obruchas particulares, me hice una página de Facebook: (www).(facebook) (milanganesa) Los paréntesis están porque fanfiction no permite publicar links...
Ahora sí, mi aclaración del capítulo es: Ya sé que Hinata no tiene pecas en el canon, pero me cago en eso. Es pelirrojo y yo digo que tiene que tiene que tener pecas. Las pecas son hermosas. No hay más explicación.
PD: Ni siquiera yo sé cómo terminé escribiendo una relación tan rara. Me cuesta mucho buscarle un lado físico al KageHina: o son asexuales o son demasiado sexuales. No les puedo encontrar un punto medio y así terminé complicando todo jaja. Pero al mismo tiempo, pienso que lo que escribí es completamente natural y que las parejas no tienen (o no deberían tener) una estructura convencional que seguir, o por lo menos, esa es mi opinión.
Gracias a todos los que siguen la historia, valoro mucho sus comentarios ^^
