Chapter 2: Día completito.

La pesadilla estaba concluyendo pero ocurría algo… Le empezaba a faltar el aire. Era la primera vez que en un sueño le ocurría algo tan real. Sentía que sus pulmones se aplastaban y se vaciaban por segundos, ¿cómo una pesadilla le hacía sentir eso? Era muy... Auténtico. De repente, todo se volvió negro y abrió los ojos. La presión en sus pulmones seguía ahí y, cuando su vista se aclaró, pegó un fuerte grito ante lo que tenía en frente.

-¡AAAAAAAAAAAAAHHHH! –Claire lo empujó tirándolo al suelo.

-Ay… ¡Estúpida, por qué haces eso! –se quejó Jeff desde el suelo.

-¡Otra vez tú! –dijo Claire, incorporándose en la cama-. ¡¿Qué demonios hacías encima de mí?! ¡Casi me ahogas!

-Mala suerte que no lo haya conseguido –contestó con una sonrisa.

Claire simplemente le empujó y ella se levantó de la cama. Extrañamente ya no le tenía tanto miedo, en sus ojos ya no se leía esa sed de sangre que había tenido la noche pasada en varias ocasiones. Ahora él la miraba desde el suelo, con una extraña sonrisa seductora, se podría decir que incluso se veía… Normal. Ella solo le miraba con cara de odio, aunque no era eso precisamente lo que sentía.

-¿Por qué no me dejas en paz o me matas de una vez?

-¿Quieres morir? –contestó con una pequeña risa.

-Yo no he dicho eso.

-No has contestado a mi pregunta.

Y no lo hizo, Claire simplemente pasó de él y salió del cuarto para dirigirse a la cocina. Empezó a subir las escaleras pero, de repente, se vio frente a frente con Jeff, que estaba en mitad de estas.

-¿Cómo has…?

-¿Por qué ya no me temes? –preguntó, esta vez sin la sonrisa.

-¿Por qué has vuelto? –siguió Claire.

-¿Por qué no te asustas?

-¿Por qué me regalaste el cuchillo?

Jeff volvió a sonreír, mientras que Claire estaba muy seria. Entonces esta le empujó y siguió hasta llegar a la cocina, donde volvió a cruzarse con Jeff.

-No me insultas, no huyes de mí, no me temes… -decía Jeff, caminando a su lado.

-La verdad –Claire se paró y le miró directamente a los ojos-. No creo que seas tan malo como haces ver.

-¿Acaso no sabes que voy por el mundo tallando sonrisas a la gente? –dijo con maldad.

-De momento a mí no me has tallado ninguna y, además de eso, me has regalado tu preciado cuchillo –contestó ella.

-Será porque… -Jeff agarró las caderas de la chica acercándola a él y haciendo que se sonrojara algo cabreada-. Me gusta tu forma de ser…

-¿Cómo te atreves a…? –Claire estaba a punto de darle un puñetazo pero Jeff en seguida le agarró la mano.

-No deberías pegar a alguien que puede acabar con tu vida en un segundo.

-Pues, por favor, empieza ya…

A Jeff realmente le sorprendieron esas palabras.

-¿Por qué quieres morir?

-¿Por qué no me quieres matar?

-¿Siempre vas a contestar a mis preguntas con otras preguntas? –dijo, con una sonrisa.

-¿Todavía no te has dado cuenta? –contestó, con otra sonrisa, Claire.

Los dos estaban muy cerca, sus narices casi podían rozarse…

-¿Cómo te puedo demostrar que no te quiero matar todavía?

-¿Qué tal si soltándome? –Jeff obedeció y la dejó libre-. Y también podrías dejar de aparecer por mi casa.

-Eso es más complicado.

-¿Por qué?

-Porque ahora eres… Mía…

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En la mansión de los Creepypasta…

-¡BEN NO HUYAS! –gritaba Slenderman persiguiendo al rubio por toda la mansión.

-¡NI DE BROMA ME PARARÉ! –dijo Ben, huyendo del sujeto sin cara.

Jane salió de su cuarto por aquel griterío y lo que vio no fue del todo agradable. Pasó, justo delante de ella, un Ben completamente desnudo que corría sin parar y, a pocos metros detrás de él, pasó también corriendo el sujeto sin cara Slender con una esponja en las manos. En seguida los dos desaparecieron de la vista de Jane.

-¿Pero qué…?

Al momento, salió Nina también de su cuarto.

-¿Qué era ese griterío? –preguntó.

-Ni idea.

Las dos chicas se miraron entre ellas y, con un gesto de odio, volvieron a meterse cada una en su cuarto dando un portazo.

Jeff llegó a casa y le recibió entre lametazos su fiel amigo Smile Dog, este simplemente le acarició unas cuantas veces para luego dirigirse al sofá, no sin antes cruzarse con un desnudo Ben y un enfadado Slender, los dos corriendo y gritando justo delante de sus narices. Jeff ante eso se quedó un rato parado.

-¿Qué demo…?

-Ben no quiere bañarse –dijo una dulce voz detrás de él.

Jeff se dio la vuelta y se encontró con la pequeña Sally, que traía entre sus manos a una muñeca.

-Ah Sally… Estás aquí… -Jeff dirigió la mirada hacia donde se habían ido Slender y Ben, y luego volvió a mirar a la niña pequeña-. Qué raro, Ben sin querer bañarse…

-Tú ironía a veces es… Divertida –dijo Sally soltando una pequeña risa.

-¿Ah sí…? –contestó Jeff con una pequeña sonrisa maléfica.

En cuanto vio la oportunidad, el adolescente le arrebató la pequeña muñeca a la niña y salió corriendo. Sally solo soltó un quejido y empezó a perseguirlo por toda la mansión, mientras que Jeff no paraba de reírse ya que era imposible que esa niña le alcanzara, aunque sin poder darse cuenta, al momento se chocó con algo y se vio en el suelo, aún con la muñeca en la mano. Cuando este miró hacia arriba su cara cambió a una de cansancio…

-¡Jeff! –gritó una voz chillona, a la vez que se acercaba mucho al chico-. ¡Has vuelto!

-Hola… Nina… -dijo sin ganas el asesino adolescente.

-¡Oh mi Jeffy, mi Jeffy, mi Jeffy…! –contestó Nina mientras lo estrujaba entre sus brazos-. ¿Dónde ha estado mi Jeffy?

-¡Aparta! –gritó empujándola-. No me llames así, ¡y no te importa donde haya estado!

-¡Oh Jeffy…! –Nina volvió a lanzarse encima de él-. ¡Tu manera de hacerte el duro me encanta!

-¡Olvídate de mí, Nina! –gritó nuevamente el pelinegro, empujándola aún más fuerte.

Al momento, Sally apareció en esa escena y no pudo evitar sacar una terrible sonrisa pícara.

-Vaya Jeff, no sabía que tú… -dijo la pequeña, señalando a ambos adolescentes tirados en el suelo-. ¿Cuándo empezó su relación?

-¡¿Qué?! –gritó Jeff, poniéndose rojo del cabreo-. ¡Nina y yo no tenemos nada!

-¡Oh claro que sí! –dijo Nina, intentando volver a abrazarle-. ¡Estamos destinados a estar juntos!

-¡QUE NO!

-¡QUE SI!

-¡QUE…!

-Oh Nina, Nina, Nina… -la perteneciente de esa voz se llevó las miradas de todos. Jane estaba bajando las escaleras y, aún con la máscara, se notaba que tenía una sonrisa en sus labios-. Veo que todavía no te has enterado…

-¿Enterarme de qué, odiosa estúpida? –dijo Nina, con una terrible cara de odio hacia la pelinegra.

-Que ese maldito bastardo… -contestó Jane, mirando a Jeff-. Ya tiene otra chica en sus pensamientos.

Todos los que estaban allí abrieron los ojos de manera sobrenatural. Sally, al segundo de oír eso soltó una pequeña risa pero paró en cuanto su "hermano mayor" la miró con cara de odio. Por otra parte Jeff volvió a mirar a Jane que estaba satisfecha de haber dicho eso y él no podía odiarla más en ese momento. Y, por último, Nina sintió un fuerte cabreó pero, al momento, se le pasó ya que su poca cordura y gran locura siempre la habían hecho creer que Jeff estaba colado por ella y eso no iba cambiar, seguro que Jane se estaba inventando lo que acababa de decir.

-Mentirosa –dijo Nina, con una sonrisa psicópata en la cara-. Una niñita buena no debe decir mentiras…

-¡Como te atreves a decir eso, estúpida! –gritó Jane-. ¡Ni estoy mintiendo ni soy una niñita buena! ¡¿Pero quién te has creído que eres?!

-¡No! ¡Dime tú quién te has creído que eres para…!

-¡BASTA YA! –gritó más fuerte que todo y lleno de rabia el chico-. ¡YA BASTA LAS DOS PEDAZO DE ESTUPIDAS! ¡Estoy harto de vuestras luchas y de vuestras tonterías de niñas tontas! ¡SI NO FUERA PORQUE LA REGALÉ MI CUCHILLO YO OS JURO QUE…!

-¿A quién le regalaste tu cuchillo?

Entonces a Jeff se le bajó todo el enfado de golpe y observó que las tres chicas que estaban en frente de él miraban a su espalda sin decir palabra. Jeff sintió un gran escalofrío y se dio la vuelta encontrándose cara a cara con… Ni más ni menos que Slenderman. Este no se veía muy contento y, aparte de eso, llevaba en uno de sus tentáculos al pequeño Ben colgado boca abajo y, gracias al cielo, el tentáculo le envolvía todo el cuerpo ya que el rubio seguía desnudo. Jeff miró a su amigo que le sonrió de una manera como queriendo decir "jejé… ¿qué hay?", y después el pelinegro volvió a mirar a Slender que, al parecer, su cabreo había aumentado.

-Slender… -rió nervioso el pelinegro.

-No has contestado –dijo el ente sin cara.

-Contestar… -Jeff volvió a reír nerviosamente-. ¿Contestar a qué…?

-¿¡A quién le regalaste tu cuchillo?! –preguntó, acercándose tenebrosamente a él.

-Yo… Eh… Yo… -por primera vez, Jeff no sabía qué decir y sentía un pequeño temor-. Pues verás… Yo…

Jane suspiró y no se creyó lo que iba a hacer.

-¡Me lo regaló a mí! –dijo la pelinegra, poniéndose entre medias de esos dos.

-¿Qué? –preguntaron a la vez.

-Sí… ¿No recuerdas Jeff? –dijo Jane, acercándose al chico, algo que odió-. Como yo perdí el mío y bueno… Jeff me dio el suyo. Dijo que él no lo necesitaba en ese momento.

-¿Eso es cierto? –dijo Slender, mirando a Jeff.

Este simplemente tragó saliva y asintió levemente con la cabeza.

-¿Y por qué no me lo dijiste?

-Ah, ya sabes Slendy… Jeff no podría aceptar que hizo algo bueno por mí por una vez en su inmunda vida –contestó Jane, colocando una mano en el hombro del pelinegro.

-Ag… Está bien… -Slender simplemente volvió a ponerse firme-. Tu turno Ben, ¡hora de bañarte!

-¡No me rendiré! –gritó Ben intentando zafarse, pero era imposible.

Slenderman simplemente rió y se fue de la sala. Jane y Jeff suspiraron al creer que el sujeto sin cara los dejaría en paz y que se había creído todo ese puñado de mentiras, aunque ellos no sabían que era justamente lo contrario porque, aunque Slender no era su padre, los conocía perfectamente y sabía de seguro que esos dos guardaban algún secreto ya que se odiaban demasiado entre ellos como para que Jeff le diera su preciado cuchillo a Jane. Aunque, por otra parte, decidió dejar el tema ya que era la primera vez en sus vidas que cooperaban juntos, aunque fuera solo por el hecho de meterle una mentira a él mismo.

Mientras tanto, Jane quitó bruscamente la mano del hombro de Jeff y este la miró asombrado. Todavía no creía que ella le hubiera protegido, al igual que ella tampoco lo creía. Jane se levantó del suelo y se acomodó su vestido negro, mientras era seguida por la vista del pelinegro.

-¡Me debes una bien grande Jeffrey! –gritó Jane, apuntando con su dedo índice al chico para luego volver a su cuarto-. Y esta vez… Más te vale cumplir…

Los demás se quedaron un momento en silencio para luego levantarse del suelo.

-¿Qué ha querido decir con eso, Jeff? –preguntó Nina, extrañamente en un tono normal.

-¡Y a ti que más te da! –gritó Jeff.

Antes de salir de allí, el pelinegro le tiró la muñeca a la niña y esta simplemente la cogió con pena mientras miraba por donde se iba el chico. Este, justo cuando iba a salir por la puerta se cruzó con Eyeless Jack, el pelinegro simplemente lo empujó a un lado y salió de la mansión, dejando al de máscara azul desconcertado.

-¿Por qué me da que Jeff está de mal humor? –dijo Jack, girando su cabeza hacia donde creía que estaban los demás.

-Acertaste –contestó Sally, que seguía mirando por donde se había ido el otro chico.

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-¿Qué vais a hacer este fin de semana?

-No lo sé, ¿y tú Hugo?

-Mm… No sé, ¿y tú Alba?

-Ni idea… ¿Eva?

-Igual…

Claire se encontraba justo en su taquilla, cogiendo sus cosas para luego dirigirse a casa, aunque no pudo evitar escuchar la conversación del grupo de chicos que estaban justo a su lado y que no paraban de hablar de sus planes, ya que hoy era viernes y las clases al fin habían acabado.

-¿Claire?

La nombrada se giró al oír su nombre. Ese grupo de cinco la miraban y ella no pudo evitarse ponerse nerviosa y más, sobretodo, porque el que la había nombrado era Hugo, el chico más guapo de todo el instituto, aunque extrañamente, ella no sentía nada hacia él, simplemente le parecía guapo, pero ya había aceptado hace mucho que un chico como él no querría a una chica como ella.

-¿Tú que harás el fin de semana? –preguntó Hugo, acomodando su melena rubia con un movimiento de cabeza.

-Yo…

-Si tienes planes divertidos, ¡infórmanos! –siguió Alba, otra chica que, a diferencia de muchas de clase, no parecía una completa guarra.

-La verdad es que…

-¿Sí…? –siguió Eva, la otra chica que había y que parecía menos simpática, pero aún así no como las perras de su clase.

-Pensaba… Pensaba pasar el fin de semana en el bosque.

-¿En serio? –preguntaron los cinco a la vez.

-¿Pero tú sabes lo que hay ahí? –preguntó Raúl, uno de los tres chicos del grupo.

-Por favor Raúl, no empieces con tus…

-¡Los asesinos más asesinamente asesinados del mundo! –interrumpió Raúl a Eva.

-Creo que lo que acabas de decir no tiene mucho sentido –siguió Hugo, entre risas.

-¡Lo que quiero decir es que ese bosque es peligroso!

-No lo veo tan peligroso –dijo Claire, con una pequeña sonrisa-. A mí me gusta.

-Bien amiga –siguió Raúl sonriente-. Me apuesto a que el lunes no sigues con vida… ¡O mejor! Si sigues con vida… Será después de haberte asustado por alguno de esos asesinos, aunque es casi imposible escapar.

-¿Una apuesta, eh? –Claire sonrió pícaramente-. Acepto, no creo que haya ningún… -entonces recordó a Jeff-. Asesino…

-¿Y ese cambio repentino? –preguntó Diego, el único del grupo que todavía no había hablado-. No me digas que crees en estas historietas tontas de Raúl.

-No… Claro que no… ¡Bueno, me voy chicos! Pasad un buen fin de semana –Claire se despidió con prisa y salió corriendo del pasillo.

-Vaya, ya la asustaste… -dijo Diego, mirando a Raúl.

-¡Mi especialidad! –soltó victorioso.

-Raúl, eres completamente estúpido, pobre chica… -siguió Eva-. Le estropeaste el fin de semana.

El moreno de ojos castaños soltó una risa para luego empezar a caminar con el resto del grupo. Aunque ninguno se dio cuenta de que Hugo, se había quedado mirando por donde se había ido Claire, hasta que la rubia de Alba se giró y lo vio.

-Hugo, ¿no vienes?

-Ah… Sí, voy…

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-Tienes que matarla…

Jeff se giró al oír esa voz, pero al no ver nada siguió caminando por el bosque. Ya estaba harto; harto de esa extraña familia, harto de la forma de ser de Jane, harto de que Nina no le dejara en paz, harto de que todos le vieran como el problemático y que Slender no confiara en él (bueno, en cierta manera sí que era el problemático y, en cierta manera, le gustaba serlo), y estaba harto de esa niña a la que acababa de conocer…

-Si estás harto de ella… Simple, mátala.

El pelinegro volvió a girarse, esta vez la voz había sonado muy cerca de su cabeza. Le pareció demasiado extraño pero tampoco sintió temor, ya sabía de hace años que su cordura no andaba del todo bien y las voces eran normales, aunque preferías ignorarlas.

-Si fuera tan fácil… -dijo para sí mismo.

-Has matado a miles de personas y ahora vienes con esto… ¿Qué no es fácil?

-Ella… Ella…

-¿Ella qué Jeffrey?

-Es una presa difícil –dijo apretando sus puños.

-¿Presa difícil? Mm… ¿Y no será que estás empezando a sentir algo hacia esa chica?

-¡Ni de broma! –gritó Jeff-. ¡Nunca sentiría eso por una chica a la que voy a matar! ¡Y menos ella que lleva tanto tiempo en mi lista negra!

-Por eso mismo Jeff, lleva demasiado tiempo… Nunca has dejado a alguien tanto tiempo con vida.

-¡Déjame! ¡Además no eres real!

-¿Y tus ganas de matarla sí? ¡Oh, vamos! ¡Si hasta le regalaste tu cuchillo!

-Sí, pero simplemente lo hice para que se protegiera. No quiero que ningún otro me quite el privilegio de matarla.

-Suenas estúpido con esas escusas tan tontas. Vamos, vete a verla, ¿no es lo que estás deseando?

Jeff no dijo nada, simplemente se limitó a mirar con odio a ninguna parte en especial, para luego comenzar a andar hacia la casa de aquella chica. La voz tenía razón, quería verla, pero él no estaba empezando a sentir nada hacia ella… No, no, no. Simplemente quería disfrutar con ella… Sí, eso quería. Quería confundirla, hacerla creer cosas que no eran para luego… Matarla de la forma más dolorosa posible. Sí, ese era Jeff the Killer, y eso es lo que pretendía hacer.

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-Sí mamá… Ajá, al bosque… ¿Qué?… ¡No, claro que no será peligroso!... Ah mamá, ¿tú también con esas? ¡No me pasará nada!... Un pequeño campamento en el bosque… No me ocurrirá nada… Sí, sí… ¡Genial! ¡Gracias mamá! –Claire, después de eso colgó con una sonrisa.

Después de barios minutos hablando con su madre al fin la había convencido para que la dejara hacer una pequeña acampada en ese horrible bosque. La verdad, no sabía por qué les había dicho eso a los chicos, pero después de pensarlo se le ocurrió que era buena idea. Además sería una buena escusa para, por fin, explorar el extraño bosque que tantas veces le había llamado la atención y, también para ganar la apuesta que tenía con Raúl. Ella sabía perfectamente que no había asesinos en ese bosque, bueno excepto… Jeff…

-¿Cómo va eso, muñeca?

Claire se encontraba de espaldas al perteneciente de esa voz pero lo conoció en seguida y, sin pensárselo dos veces, cogió el cuchillo que este mismo le había regalado de uno de los cajones de su cómoda. La herramienta seguía manchada por la sangre que había dejado Jeff tiempo atrás.

-¡Aléjate! –gritó Claire, volviéndose hacia él-. ¡Déjame tranquila!

-Vamos, te di ese cuchillo para defenderte de gente peligrosa –Jeff sonrió-. No de mí.

-¿Gente peligrosa? –Claire rió forzadamente-. ¡En este momento no conozco a gente más peligrosa que tú!

-Che, che, che… -el pelinegro empezó a acercarse a ella y, sin mucho esfuerzo, le agarró de la muñeca para que no le hiciera nada con el cuchillo-. Muñeca, no deberías jugar conmigo…

-¡Te odio! –gritó Claire-. ¡Te odio y quiero que me dejes en paz!

-Oh vamos… -Jeff se acercó a su oreja-. No creo que me odies tanto, esta mañana lo hemos pasado… Bien.

-¿Bien? –Claire le empujó para quedarse apartados-. Tú y yo nunca lo pasaremos bien, ¡no quiero que te acerques a mí!

-¿Ahora me tienes miedo?

-¿Ahora no es cuando deberías desaparecer?

Jeff rió para luego acercarse a Claire y quitarle el cuchillo, lo tiró al suelo dejando a la chica indefensa. Él simplemente colocó sus dos manos en las mejillas de la chica, obligándola a mirarle a los ojos, aunque su mirada fuera de completo odio, eso a Jeff le hacía reírse. Se fue acercando lentamente a Claire, mientras que ella, por inercia cerró los ojos, esperando algo que no quería que ocurriera, pero justo, cuando sus labios estaban a punto de rozarse, Jeff volvió a separarse.

-Vaya, vaya, vaya… -dijo Jeff con una gran sonrisa pícara y haciendo que Claire abriera los ojos-. Me odias, soy peligroso, no me quieres cerca… ¿Pero te dejarías besar por mí, eh muñeca?

-¡Imbécil! –Claire lo empujó, ahora sí que sentía rabia-. ¡No me dejaría besar por ti ni aunque me pagaran! ¡Quiero que te alejes de mi vida! ¡Que te vayas y no vuelvas a aparecer por mi casa!

Jeff la ignoró por completo y se tumbó en su cama, manchando un poco las sábanas de sangre. Este colocó sus manos en la nuca y cerró los ojos.

-Vaya, que cómoda es tu cama… La usaré alguna vez… ¿Por qué no hoy? –dijo, como si se le hubiera ocurrido la idea más brillante del mundo.

-¡Pero qué…!

-Ah no –interrumpió-. Que tengo que ir a hacer mi pequeño trabajillo…

-Por favor… -Claire ya estaba cansada de todo ese rollo, el mundo empezaba a darle vueltas-. Por favor… Déjame en paz… Vete, por favor…

-¿Irme? –Jeff abrió los ojos y la miró-. ¿Acaso ya te has cansado de mí y a penas nos conocemos?

-Yo… -extrañamente, Claire empezó a sentirse mareada-. Solo quiero que te vayas…

-Vamos, solo comenzamos a… -entonces Jeff se fijó en ella-. Oye, ¿te encuentras bien? Te ves casi tan pálida como yo…

Y, sin poder hacer nada, Claire cayó al suelo cerrando los ojos. Jeff se levantó en seguida de la cama pensando lo peor, la miró unos segundo para luego llevar su mano a su cara y después notar su pulso.

-Menos mal… Sigue viva –dijo para él mismo-. Ya pensé que mi trabajo no podría realizarse pero, ¿qué demonios hago ahora? ¡Las víctimas que se me desmayan acaban con un cuchillo en su estómago!

-Pero a esta no la vas a matar… ¿Verdad?

Jeff suspiró al volver oír la voz que recorría sus pensamientos, la ignoró por completo y una idea se le ocurrió para volver a despertar a aquella chica.


Bueeeeno, la verdad... Estoy algo triste, ¿enserio no me merezco ni un pequeño review? :C Ñe, cómo sea... Aún así creo que seguiré con la historia, aunque sea... No sé por qué, simplemente me divierte escribirla y, aunque nadie la lea, por lo menos me entretengo con algo jejé.

Pues eso,

chao :D