Derechos Craig Bartlett, etc.
La dama en el bar
-No, no puedo calmarme, ¿Cómo quieres que lo haga con toda esta locura?... No, no lo he hecho, y ni siquiera sé si lo voy a hacer… bueno, tal vez sería más fácil para mí si me explicaras qué demonios te hice… sí, sigo con lo mismo, y seguiré con lo mismo hasta el final de los tiempos… ¡No! ¿Te das cuenta tú de cómo te estás comportando? ¡Ni siquiera he podido ver a mi hijo en dos meses, que es la mitad de su vida!; de seguro que ya ni me recuerda… Sí, te lo dije y lo repito, pienso seguir con lo mismo hasta que me des una explicación, y no voy a firmar una mierda tu estúpido divorcio, ¿entendiste…? … ¿Bueno?... ¡Mierda!
-Linda noche, ¿eh?
Un tanto confuso, volteo. Sí, le estaba hablando a él, le sonreía cínicamente detrás de esa cortina de castaño cabello ondulado que le cubría la mitad del rostro; sus ojos, de un color indefinible en la semi penumbra estaban clavados en él, mirándolo, burlones.
Por fin dejó el teléfono al que le había estado gritando segundos antes sobre la barra y se empinó el enorme tarro de cerveza que le acababan de re llenar, para pedirle al cantinero que lo hiciera de nuevo.
-Adorable noche, señorita –le respondió, mientras se limpiaba la boca con la manga de la camisa azul oscuro y se recostaba pesadamente sobre la barra, mirando cómo el frío y oscuro líquido llenaba su tarro de nuevo. ¿Cuántos se había tomado ya? ¿Acaso importaba?
-Aquí tiene.
Casi se lo arrebató de las manos y se lo empinó como si su vida dependiera de ello. A su lado, la chica soltó una risita.
-¿Qué es tan gracioso? –le preguntó.
La joven se encogió de hombros.
-Esa cerveza debe ser demasiado buena si te la tomas con tantas ganas; ¿no vas a invitarme una?
-No pareces chica de tarros de cerveza; -le respondió de mala gana, sin mirarla -de hecho, ni siquiera pareces una chica que frecuente bares, así que te aconsejo que tomes un taxi y regreses por donde viniste.
-Lo dice el que no podrá ni salir del bar por su propio pié en unos minutos, a como veo que va la cosa –esa sonrisa de nuevo.
El rubio rodó los ojos.
-¡No te das cuenta que quiero estar solo?
La otra imitó su gesto.
-¿Y tú no tedas cuenta que eso a mí no me importa? Estoy aburrida, y tú eres el tipo menos repugnante de todo este pozo de porquería.
-Gracias por el cumplido –Masculló el otro, resoplando.
-Invítame un tarro, anda –insistió la chica.
-Sólo si prometes que vas a callarte –le respondió él.
-Mientras esté bebiendo…
En un par de minutos la chica tenía otro enorme recipiente lleno de espumoso líquido oscuro. Lo miró con detenimiento, lo olió y frunció un poco la nariz. Sin proponérselo, el joven sonrió. Seguro que no había hecho algo así en su vida… o tal vez sí. La chica lo tomó con ambas manos y le dio un trago tan largo que casi lo dejó a la mitad.
-Wow…
-¿Qué? –fingía ingenuidad, pero sus ojos le sonreían, traviesos.
-Tiene una garganta muy profunda, señorita.
La castaña soltó una cristalina carcajada.
-Me halaga, caballero –le mostró sus perfectos y perlados dientes en una coqueta sonrisa de lado, mientras se echaba atrás la cortina de cabello de un cabezazo, para dejarle ver el otro ojo igualmente brillante, sólo por unos segundos, hasta que el cabello regresó a su lugar.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó, al tiempo que recargaba la cara contra el puño derecho –nunca te había visto.
-Creí que no querías hablar –la sonrisa se ensanchó, al tiempo que daba otro trago, mucho más modesto esta vez.
–Soy Arnold –fue toda la respuesta de él, al tiempo que le extendía la mano.
La otra lo miró por un momento, parecía un poco… ¿contrariada, acaso? Como fuera, en un segundo se repuso, y luego de negar ligeramente y sonreír de nuevo, le extendió su mano.
-Soy Lila –le respondió.
Arnold casi se caía de la silla.
-¿QUÉEEE?
Tomó bruscamente una vela a su lado y la acercó a la cara de la chica, tan rápido que casi le chamuscaba el largo cabello, pero ella se limitó a mirarlo, impávida.
-¿Bien? –preguntó, cuando el chico pareció terminar su inspección.
-Sólo me cercioraba de que no fueras pelirroja –le respondió francamente, la chica soltó otra carcajada.
-¿En serio? –parecía estárselo pasando de maravilla.
-Sí –respondió con los ojos muy abiertos, sólo eso me faltaba.
-¿Y qué hubieras hecho si fuera pelirroja? –Inquirió, al tiempo que, poniendo los codos sobre la barra, acercaba su cara a la de él.
-Creo que habría salido corriendo –soltó, con los ojos muy abiertos.
La chica soltó una risa escandalosa, casi histérica, muchos alrededor voltearon a verla, algunos impresionados, otros comenzaron a reír sólo de verla.
-¿Qué es tan gracioso? –inquirió él.
-Eres raro, Arnold, eso es todo –al fin se había calmado, y ahora vaciaba su tarro.
-Me pareces familiar –soltó él de pronto, ignorando el insulto como por instinto -¿eres una cantante o algo así?
La castaña lo miró con una ceja levantada.
-¿Crees que con esta voz –soltó, señalándose a sí misma –podría ser cantante?
-Tienes una linda voz –respondió el otro encogiéndose de hombros.
-Gracias –soltó a su vez ella, al tiempo que pedía que le rellenaran el tarro –, pero la verdad es que no me pagan por mi voz, sino por mi trasero –el chico levantó las cejas, azorado, la chica volvió a reír y se apresuró a aclarar: -soy modelo.
-Oh –exclamó el otro –, bueno, no he visto tu trasero, pero de seguro es lindo.
-Diablos, ¡tú sí que eres un caballero! ¡Aprendan, todos ustedes! –Gritó, mirando a los demás hombres en el bar (ella era la única representante del sexo femenino en el lugar), algunos rieron (los que no le habían quitado la vista desde que había entrado, y habían estado siguiendo la conversación discretamente), mientras que el resto la miró con cierta curiosidad por un momento y luego volvieron a sus asuntos.
-Lo siento –soltó el rubio, algo apenado (el alcohol sin duda ya le estaba haciendo estragos en el cerebro).
La otra le iba a responder cuando un teléfono comenzó a sonar; era el de ella esta vez, la chica lo miró de mala gana y lo arrojó a la barra.
-¿No vas a responder? -inquirió.
-Nop –soltó, mirando la resplandeciente pantalla con el entrecejo fruncido. Apenas se extinguió el último timbrazo, volvió a sonar de nuevo, pero no fue hasta la tercera vez que contestó: -¿Qué demonios quieres, Karlo? …¡¿Ahora? ¿Es en serio?! ¡Voy a demandarte!... Al demonio con eso, ¡Estoy borracha!... No… ya te dije que no… demonios… Sí, ya sabes lo que eso significa… No. No vengas por mí, yo iré… Sí; puedo llegar yo sola… Rayos –Había colgado.
-¿Ya te vas? –inquirió Arnold, un tanto decepcionado; la verdad, comenzaba a divertirse con la muchacha.
-Sí –resopló la otra –pero tú te vienes conmigo –completó, al tiempo que se ponía de pié y le tendía una mano.
-¿Y a dónde iremos? –inquirió él, al tiempo que analizaba la silueta que acababa de alzarse frente a él; usaba un entallado vestido negro y tenía un figura espectacular.
-¿Acaso importa? –Inquirió la otra, sin retirar la mano que él no tomaba –cualquier lugar es mejor que este pozo de basura… sin ofender –agregó, mirando al cantinero. El aludido le sonrió genuinamente; a una criatura como esa se le perdonaba lo que fuera.
De mala gana, Arnold tomó su mano y ésta tiró de él con fuerza, haciéndolo ponerse de pié al instante, tiró unos billetes en la barra y lo arrastró a la salida.
¿Acaso acababa de pagarle la cuenta? ¿Y qué pasaba con esa fuerza? A pesar de ser tan bonita como todas las chicas con las que había salido (sí, le gustaban las mujeres bonitas), esta distaba mucho de ser una delicada florecita como las que él estaba tan acostumbrado a tocar.
Salieron al frescor algo caldeado de esa noche de verano, y vio pasar su coche mientras la chica lo arrastraba a la calle.
No pagues taxi –dijo él –traigo un coche.
-Vamos aquí cerca –respondió ella descuidadamente –caminemos. Además, estás loco si piensas que puedes manejar en este estado.
Entraron a un edificio que, el efecto, estaba muy cerca, subieron un par de pisos por las escaleras y entraron en un salón muy amplio e iluminado.
-¡He encontrado el lugar perfecto! –Le gritó un hombre apenas entraron, y pasándolo olímpicamente por alto, la tomó de las muñecas y la arrastró detrás de un biombo –póntelo rápido; mientras más pronto te desocupes, más pronto seguirás con tu cita.
-No es una cita –soltaron sus labios antes de que su cerebro lo procesara.
-Sí, claro –el tipo, que debía de ser el tal Karlo, lo miró distraídamente y sonrió –claro, me olvidaba de que esta mujer nunca tiene "citas."
-Cállate, Karlo –escuchó la voz de ella al tiempo que veía sus brazos estirados sacarse la brillante tela negra y luego tomar en su lugar una azul, amplia y vaporosa.
Un minuto después, salía de detrás del biombo con un largo vestido que parecía flotar alrededor de ella. Había tenido razón en sus suposiciones: tenía un lindo trasero… no, no "lindo" espectacular, más bien.
-Perfecto, perfecto –murmuraba Karlo al tiempo que revoloteaba alrededor de ella como un abejorro, mirándola desde distintos ángulos con una mano en la barbilla –ahora ven aquí –, la tomó de la muñeca y la sentó en una silla, le pasó un cepillo un par de veces por el cabello, le retocó un poco el maquillaje, y la sacó del salón, Arnold los siguió sin saber muy bien por qué, entraron a un elevador y llegaron rápidamente a la azotea.
Luego de un par de fotos con la ciudad de fondo, estaban libres de nuevo.
-¿No vas a cambiarte? –le preguntó él mientras era arrastrado por ella, de nuevo al elevador, mientras Karlo los ignoraba olímpicamente, totalmente abstraído en su laptop, sentado aún en la azotea.
-No –soltó ella –, me largo antes de que a este tipo se le ocurra otra cosa... Un momento…
-¿Pasa algo? –inquirió el chico, al mirar la repentina preocupación en el rostro de ella, pero, para su sorpresa, la fémina sonrió.
-Nada, nada de nada.
Salieron del edificio y la chica lo arrastró de nuevo, pero él ya no preguntó a dónde iban y volvió a meterlo dentro de un edificio cerca de ahí.
-¿Escaleras de nuevo? –Inquirió él -¿No podemos usar el ascensor?
-No seas llorón –fue toda la respuesta de ella. Dos pisos más arriba, entraron en una puerta que ya estaba abierta. Era un pequeño departamento.
-¿Aquí vives? –inquirió él.
-De momento.
-Deberías tener más cuidado con la puerta.
-¿Eh?
-La dejaste abierta.
La chica miró por un momento la susodicha, luego las llaves en su mano, luego a él.
-¿En serio?
-Sí.
Lo miró un momento con una ceja levantada, luego se encogió de hombros.
-Tal vez me olvidé de cerrarla –dijo -, o tal vez hay algún asesino esperándome adentro.
Lo soltó con una naturalidad que sólo podía ser producto de haber estado bromeando, sin embargo, revisó todo el departamento con paso lento y el celular en la mano. Él la siguió todo el tiempo, pero además de un montón de ropa sucia tirada por todos lados (incluyendo ropa interior), trastes de comida para llevar y algunas botellas vacías de cerveza, todo lucía normal.
-¿No te falta nada?-le preguntó él.
-Mientras ya se haya largado, no me importa- soltó ella encogiéndose de hombros y cerró la puerta, luego lo invitó a tomar asiento en el único sillón de la sala.
-¿Qué quieres hacer? –inquirió la chica, sentándose a su lado, luego de un rápido viaje a algún lugar del pequeño departamento.
-Caer en coma estaría bien –soltó el otro junto con un suspiro.
-En eso puedo ayudarte –dijo la otra mostrándole una botella entera de vodka, mientras le sonreía, algo cansada.
-¿En serio no llamarás a la policía?
Ella sonrió.
-¿Para qué? ¿Para decirles que olvidé cerrar la puerta? Relájate, chico próximamente comatoso.
Arnold le sonrió. La muchacha le devolvió el gesto.
-Debe ser una perra-dijo una vez que le llenó un vaso.
-¿Eh?
-Tu esposa.
-No quiero hablar de eso, Lila –"Lila" se sonrió a sí mismo, irónico, vaya vida de porquería...
-Bien –la otra se encogió de hombros, y luego de chocar su vaso contra el de él, se lo empinó con gran ahínco.
oOo
Abrió los ojos lentamente, debía ser ya tarde, porque la luz entraba a raudales por la ventana.
Le dolía el cuello, y las sábanas olían raro…
Momento. No estaba en su cama…
Comenzó a recordar, como por episodios: la chica en el bar, la llamada a su esposa, las fotos en la azotea… los besos…
…
¿Qué demonios había hecho?
Una punzada muy fuerte le perforó la cabeza al tiempo que veía su anillo de matrimonio refulgir en su dedo, el cual aferraba unas sábanas de unos extraño grabados de… ¿Qué eran? ¿Hongos?
Se incorporó despacio, mareado, adolorido y feliz de ver que aún tenía la ropa puesta.
Fue al sentarse que notó que estaba sobre un sillón; el mismo sillón sobre el que había bebido hasta perder el conocimiento esa misma madrugada...
A su lado, en el piso, la hermosa chica del día anterior dormía sobre una delgada colcha, tapada con la sábana que debía ser el juego de esa con la que estaba tapado él.
La miró por un momento, confundido. ¿Por qué esa hermosa muchacha había metido a un perfecto desconocido a su casa? ¿Y por qué ahora dormía junto a él?
La miró un largo rato, con mucho detenimiento…
Se frotó los ojos, confundido. Él conocía a esa chica, aunque aún no la ubicaba… ¿La habría visto antes en alguna revista, o en algún comercial?
…No.
La conocía de antes, mucho antes.
Esa nariz… ese mentón, esas cejas…
…No podía ser… debía ser sólo su imaginación; su cerebro pasándole factura por los excesos de la noche anterior…
Los ojos de la chica se abrieron en ese momento; un par de enormes ojos ligeramente enrojecidos, pero tan azules como los recordaba…
…Sí; los recordaba…
La susodicha se puso de pié; ya no traía el largo vestido de la noche anterior, sino sólo una enorme camiseta con una marca impresa… de yogurts, al parecer…
Eso qué importaba en ese momento…
Era una locura, pero toda esa cara… Tenía MUCHOS años sin verla, pero se parecía tanto…
Sus labios se abrieron en automático, sin esperar una orden de su cerebro (o, al menos, de la parte consciente de éste).
-He… ¿Helga?
La chica, que iba rumbo a la puerta en ese momento, se detuvo, volteó a verlo y le sonrió.
-¿En serio? ¿Hasta ahora me reconoces, Arnoldo? –Rodó los ojos -sí que eres lento.
Y salió del cuarto como si nada.
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Una idea que se me acaba de ocurrir para un fic. Sería una historia corta, sin pretensiones de ningún tipo, más que hacerles pasar un momento entretenido.
Si les interesa leer lo demás, me dicen.
Abrazo mega apachurrado para todas y todos, ¡Nos leemos! :3
