Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath y su radio swanqueen, a mi princesita gen porque adora esta historia, a mi tatita Vero porque me encanta, a Alex porque está sin internet, a Bego porque sigue siendo la voz de mi conciencia, a esos globos de colores que ya están en las estrellas y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 2 DESDE EL PRINCIPIO

No había mucho que decir o preparar, no tenía un puesto de trabajo al que acudir y era libre de marcharse a España de inmediato, la curiosidad por comenzar a desvelar los misterios que encerraba la mujer de la fotografía hormigueaba en sus dedos, provocaba que su estómago se contrajera de impaciencia, necesitaba marcharse cuanto antes y empezar esa nueva historia por lo que se despidió de sus familiares, explicando por encima que se marchaba un tiempo por trabajo y cogió el primer avión que le llevaría a Madrid.

El viaje fue largo y pesado, el más largo que había hecho nunca mas los nervios y la ansiedad mezclados con la alegría que sentía al aprovechar sus habilidades para desentrañar una historia humana y verídica, hicieron que este fuese apacible y sin mayor sobresalto.

Una vez en barajas, comprobó los cheques recibidos para su estancia, la señora White no había escatimado en gastos por lo que podía alojarse en un buen sitio y no en un motel de mala muerte, interiormente lo agradeció pues no sabía cuánto estaría en Madrid y cuánto soportaría su espalda un colchón lleno de muelles sueltos.

En cuanto se registró en su hotel, con vistas a la Gran Vía, entró en la habitación sintiendo el peso del cansancio y el jet lag atacando con fuerza, la cama la llamaba a gritos por lo que decidió descansar, el archivo con los nombres de todos los ciudadanos de esa provincia no iba a largarse a ninguna parte. Sonriendo por sus pensamientos absurdos, rápidamente cayó dormida.

Al cabo de unas horas, despertó desorientada y preguntándose dónde se hallaba, hasta que recordó su viaje y su recién estrenado trabajo como investigadora para un particular. Miró el reloj y supo que aun tenía tiempo, quedaban algunas horas para que cerrara el archivo, por lo que se levantó, acicalándose sus rizados cabellos frente al espejo, estos caían como una cascada color café, rizos indomables como ella, sus ojos verdosos brillaban expectantes al igual que su sonrisa.

Sin más cogió su pequeña bolsa donde llevaba todo lo imprescindible, libreta y bolígrafo para recoger los detalles de la historia, la fotografía de Regina con su nombre completo detrás, una cámara de fotos que llevaba a todas partes y su identificador de prensa, no sabía si lo tendría que usar ya que trabajaba para un particular y no para una cadena.

El edificio que albergaba el archivo histórico nacional, consiguió deslumbrarla unos instantes, el viejo continente estaba cargado de sorpresas y entre ellas esas maravillas arquitectónicas que mezclaban lo cásico con lo contemporáneo en una fusión única y enigmática.

Entró sin anunciarse, preguntando por los censos de 1934, sabía que ese tipo de documentos eran púbicos y podía revisarlos sin necesidad de un permiso especial, su objetivo era encontrar a la familia Espinoza y descubrir si quedaba algún miembro con vida, alguien que pudiese hablar directamente con ella sobre Regina.

Las horas fueron pasando, en 1934 más de diez familias llevaban el apellido Espinoza y no sabía cuál de ellas era la que necesitaba. Descartando aquellas que no vivieron en Madrid se quedó solo con cuatro y esas fue las que investigó con ahínco, buscando durante cerca de una hora la genealogía de cada una de ellas, intentando toparse con el nombre de Regina en alguna parte, hasta que, ya sin paciencia y sabiendo que pronto cerrarían, la encontró sin más.

Regina Espinoza, nacida en Madrid, en 1916, hija menor de Henry Espinoza, sin fecha de muerte conocida, desaparecida en 1934. En ese documento aparecían dos nombres más, las hermanas de Regina, Zelena y Belle, quizás ahí ya tenía por dónde empezar a buscar. Anotó todos los datos en su libreta y devolvió los archivos, marchándose ya que estaban cerrando el lugar.

Sin ganas de descansar, paró a comer algo mientras usaba el internet del restaurante buscando los datos de Zelena y Belle Espinoza, Belle había fallecido hacía ya varios años pero Zelena seguía viva y no solo eso, su dirección aparecía en la guía.

Gen terminó de comer con una sonrisa, su trabajo iba viento en popa, el primer paso había sido todo un éxito y ahora tenía la oportunidad de hablar con la hermana de la mujer a la que estaba investigando, la verdad es que estaba siendo un buen día.

Tras terminar de comer decidió llamar al teléfono que aparecía en la guía junto a la dirección de Zelena, descubriendo con asombro que era un asilo de ancianos. Preguntó por la señora Espinoza, pidiendo permiso para visitarla y hablar con ella, provocando que la muchacha al otro lado del teléfono se exaltase alegre ya que Zelena no tenía familia y no recibía visitas.

Miró su reloj, eran las cinco de la tarde y la residencia cerraba a las ocho para las visitas, tenía tiempo al menos para conocer a esa mujer y ganarse su confianza, quería que esta le contara todo cuánto recordase de Regina.

Con la fotografía como si fuese un amuleto, se presentó en la residencia de las Hermanas de la Caridad, ahí una joven novicia la recibió de forma alegre, con una sonrisa en el rostro, reconoció su voz como la muchacha que había respondido al teléfono.

-"Soy la hermana Astrid, creo que hablamos por teléfono"

-Gen Rodríguez, vine para visitar a Zelena Espinoza

-"Ella está sola, nunca recibe visitas ¿Es usted voluntaria?"

-Periodista, necesito hablar con ella por una historia que estoy escribiendo y tiene que ver con su familia

-"Está bien, sígame"

Siguió a la joven monja por esos pasillos eternos, sintiendo claustrofobia, hasta que Astrid se detuvo frente a una puerta, anunciándose y dirigiéndose con cariño a la mujer que habitaba en ese lugar, explicándole que alguien quería verla.

Gen entró tras ella, posando su mirada en la anciana mujer, de ojos claros y mirada perdida que esperaba al fin de sus días recluida en ese lugar. Zelena la miró curiosa y extrañada mientras Astrid las dejaba solas para que pudieran hablar.

-"Así qué periodista… ¿Qué puede contarle una anciana como yo que sea motivo de noticia?"

-No estoy aquí por las noticias, estoy escribiendo una historia

-"Una historia, hay miles de historias en el mundo, miles de vidas que en sí mismas son una historia, pero está aquí, ha viajado muy lejos para hablar conmigo…"

Gen tragó saliva, meditando las sabias palabras de una mujer que había vivido demasiado, antes de sacar la fotografía y entregársela, provocando que lágrimas acudieran a sus ojos mientras sus arrugados dedos acariciaban casi con veneración el contorno de la muchacha que salía inmortalizada en ese trozo de papel.

-"Regina…"

-Estoy escribiendo su historia y me gustaría que usted me hable de ella, cómo era, quién fue

-"Es una larga historia… Y yo solo puedo contarle el inicio, el principio de todo, a partir de ahí no sé cómo continua"

-Sin inicio no hay historia

-"Siéntese, no miento al decir que es largo de contar"

Madrid, 1934

Cora resoplaba una y otra vez, dando vueltas en el gran salón del palacete señorial que tenía el honor de llamar hogar, su hija Zelena ya estaba lista, impecablemente vestida para la misa de domingo, esperando en silencio en un rincón junto a su padre, Belle hacía ya un año que se había casado y esperaba su primer hijo, llenando a la familia de alegría, mas Regina… ella era un caso aparte.

Se detuvo de pronto, no quería gritar pues las damas se comportan con decoro, resopló una vez más provocando que su esposo y su hija riesen por lo bajo, hasta que el estruendo de un correteo anunció la llegada de la más joven de la casa. Regina entró en el salón, su vestido verde pálido mal colocado y con el cabello a duras penas sujeto por los alfileres, con mil mechones rebeldes sobre su rostro.

Prácticamente desesperada, Cora se abalanzó sobre ella colocando su vestido y sus cabellos, convirtiéndola en la dama perfecta y apremiándola a salir o llegarían tarde a la ceremonia y ninguna familia española de bien llegaba tarde a la misa de domingo.

Ya en el coche, Regina se aburría, suspirando una y otra vez solo de imaginar el tedio que le esperaba en la iglesia, levantarse, sentarse, arrodillarse, rezar, pedir perdón por estupideces… odiaba la misa y odiaba tener que ir y comportarse, pero lo que más odiaba era que Myriam no asistía, su doncella y mejor amiga desde que tenía uso de razón era judía y acudía a la sinagoga en lugar de la iglesia, hecho que ambas encontraban estúpido, Dios es Dios y se le puede rezar en cualquier parte.

-"¿Por qué no puedo ir a la sinagoga con Myriam? Tengo curiosidad, quiero saber si es tan aburrido como la misa"

-Regina, no digas tonterías, no puedes ir a la sinagoga porque eres católica

-"Pues entonces que venga Myriam a la iglesia con nosotros"

-De ninguna manera, ella es judía, y una sirvienta, deberías dejar de frecuentar a esa gente Regina, tu eres una señorita ¿Qué hombre querrá casarse contigo si descubre que te escapas a montar a caballo y te peleas como una vulgar campesina con los criados?

-"No pienso casarme jamás madre…"

En ese momento llegaron a la catedral donde oirían misa, apaciguando inmediatamente el enfado de Cora por las palabras de su hija, su pequeña rebelde, en cierto modo siempre supo que sería difícil, desde muy niña veía más allá con esos enormes ojos negros, no comprendía por qué ella mandaba y los demás obedecían, jugando siempre con los criados sin hacer distinción. Myriam, la hija de su ama de llaves, había crecido junto a Regina, eran inseparables desde que aprendieron a andar, mas a sus dieciocho años la joven morena estaba lista para ser esposa, tenía que dejar atrás su ansiedad por vivir aventuras, la sociedad la aplastaría de otra manera y, aunque sus padres adoraban esa vena rebelde de su pequeña, sabían que debían erradicarla por su propio bien.

Tras la misa en la que la joven intento permanecer despierta sin apenas éxito, volvieron a casa donde no tardó ni dos segundos en correr a su habitación y cambiarse el atuendo, hacía un día maravilloso para salir a montar a caballo. Una vez vestida con sus ropas de amazona, la puerta se abrió discretamente y, con una sonrisa, Myriam se presentó ante ella. La joven tenía su misma edad, eran inseparables, las dos caras de la misma moneda, completamente distintas y aun así no concebían la vida sin la otra. Myriam tenía los cabellos rubios, caían por su espalda rebeldes, su piel era pálida y rosada, sus ojos del color del mar o eso creía Regina ya que jamás lo había visto, la morena era su polo opuesto, ojos oscuros, entre negros y color café, cabellos como la noche y su piel, dorada y olivácea. Myriam ensanchó su sonrisa provocando que Regina entendiese sin palabras y empezase a reír.

-"Sí querida, fue horriblemente aburrido"

-Yo tuve que soportar la sinagoga ayer, no te quejes tanto Regina

-"Vamos a montar…"

-Tu madre se enfadará, me ha dicho ya como un millón de veces que no me mezcle contigo, que eres la señora

-"Pues como soy la señora te ordeno que vengas conmigo a montar, madre no tiene por qué enterarse"

Entre risas, ambas salieron a hurtadillas del lugar, conocían cada rincón y sabían escabullirse, corrieron al establo donde ensillaron los caballos y partieron, a galope tendido, a la inmensidad del campo donde eran libres, donde gritaban hasta perder el habla, donde el viento golpeaba sus caras con fuerza y se llevaba sus lágrimas, donde no eran señora y sirvienta sino Regina y Myriam.

Ese día en especial era el día en el que todo iba a cambiar, Zelena las vio escapar y, preocupada por su hermana pequeña, decidió seguirlas pues la joven no escuchaba las advertencias de sus padres y pronto sus actos traerían consecuencias.

Sin hacerse ver, llegó al prado donde parecían haberse detenido, podía verlas a los lejos sentadas sobre la hierba, riendo y lanzándose hojas como niñas pequeñas, en cierto modo era tierno que Regina olvidase la diferencia entre su estatus social y el de la joven doncella, tratándola como a una igual.

Lo que Zelena no podía intuir de ninguna manera fue que desde hacía ya tres largos años, ambas niñas dejaron de verse como simples amigas, un sentimiento mucho más profundo que la amistad, alimentado por sus momentos huyendo de todo para atreverse a soñar, nació en ellas precipitándolas al abismo.

Desde su escondite, vio como su hermana pequeña se entregaba en un beso apasionado con otra mujer, sabiendo que eso significaba la deshonra e incluso la muerte, una abominación sin sentido. Fuese lo que fuese lo que Regina sentía debía ser erradicado.

En su tierna juventud, Zelena no entendía que estaba moviendo la ficha de un tablero de ajedrez inexistente, que volver a toda prisa a su casa y contarle a sus padres lo que había visto desencadenaría el inicio de la historia.

Cuando Regina volvió, con una sonrisa en los labios, los cabellos llenos de hojas y el corazón gritando de alegría, su padre, más serio que nunca, la obligó a entrar en el despacho donde su madre lloraba angustiada. La joven no comprendía que estaba pasando hasta que su padre habló precipitando lo acontecimientos a pasos agigantados.

-Myriam va a marcharse, se ira mañana mismo, no la quiero cerca de ti, y tú vas a casarte, te he prometido con un duque, la semana que viene te marcharás de Madrid, tu futuro esposo vive en Sevilla. Te guste o no tus tonterías de niña se acabaron, debes crecer Regina, nadie debe saber que estas enamorada de una mujer, sería tu ruina, sería la ruina de todos.