Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath y sus teorías locas, a mi tatita Vero porque es un cielo, a mi princesita Gen porque somos familia, a Alex porque es mi andaluza favorita, a Bego porque me echa la bronca si desaparezco, a la mejor escritora del mundo mundial y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 4 FLORISTERÍA EN PARÍS

Tras dejar a Zelena y encontrar el paradero de Daniel, se puso en contacto con Ruby Lucas, la nieta de la señora White, explicándole brevemente que debía seguir la pista de Regina por lo que necesitaba viajar a Berlín, recibiendo la inmediata autorización. La señorita Lucas le recordó una vez más que llevase un control minucioso de sus gastos ya que al final del trabajo le sería devuelto cada céntimo que usó para llevar a cabo esa investigación.

Tras colgar, recogió sus escasas pertenencias y se marchó al aeropuerto sin mirar atrás, nada quedaba en Madrid que fuese de interés para la historia que estaba recogiendo.

El viaje a Alemania, bastante más corto que su viaje anterior, lo pasó estudiando todo cuánto pudo obtener de Daniel Müller, no era mucha la información sobre él, no era un hombre importante de eso no tenía dudas.

Una vez en tierra, un taxi la llevó a su alojamiento donde se registró inmediatamente, pidiendo una guía de la ciudad, el nombre y la dirección de la residencia militar donde Daniel Müller habitaba ya los tenía pulcramente apuntados en su libreta.

Tras un par de horas reconociendo el lugar, maravillándose con todo cuanto veía, tan distinto a Boston, tan distinto a cualquier lugar que hubiese visto antes en su vida, finalmente llegó a su destino. El enorme edificio, parecido a un hospital donde veteranos de guerra descansaban esperando su final se alzaba ante sus ojos majestuoso. Sin demora penetró en recepción donde una joven muchacha la recibió con una sonrisa. Su alemán era pésimo más intentó comunicarse con ella, provocándole una sonora carcajada y que esta respondiera en perfecto inglés.

-"Podemos hablar en inglés si lo desea ¿Qué necesita?"

-Mucho mejor, el Alemán no se me da muy bien, estoy buscando a una persona, Daniel Müller

-"¿Al señor Müller? ¿Para qué lo busca?"

-Soy periodista, estoy escribiendo la historia de una persona que en algún momento de su vida coincidió con el señor Müller, necesito su versión, si eso fuera posible

La muchacha se la quedó mirando unos instantes, antes de indicarle el número de habitación y darle una tarjeta de visitante para que pudiera entrar, no era la primera periodista que se adentraba en el lugar, muchos de sus habitantes tenían historias desgarradoras y fascinantes de contar, mas no el señor Müller, de eso estaba segura…

Gen caminó segura por esos pasillos, acostumbrada como estaba a ese tipo de lugares, buscando la habitación que la chica de recepción le había indicado. Cuando la encontró, llamó educadamente y se atrevió a entrar, de forma tímida en la estancia. Toda la habitación estaba teñida de blanco, como si de un hospital se tratara, sobre la mesa un jarrón con rosas empezando a marchitarse y, frente a la ventana, una silla de ruedas portaba a un hombre, de cabello cano y mirada clara, mirada apagada y perdida más allá del gran ventanal, contemplando su ciudad con un gesto disgustado en los labios.

Al escuchar los nudillos sobre su puerta y como esta se abría suspiró, de recepción le habían avisado que una periodista subía a entrevistarlo mas no entendía por qué, se giró lentamente dejando ver su maltrecha existencia a esa mujer extranjera que se presentaba ante él.

Antes de que la joven pudiese romper el silencio, se adelantó ya que no comprendía por qué una norte americana había viajado tan lejos a hablar con él, nunca hizo nada interesante en su vida.

-"Así que periodista, dígame ¿Por qué hablar conmigo? Ni siquiera luché en la Gran Guerra"

Gen se quedó muda unos instantes, no sabía qué tipo de relación tuvo ese hombre con Regina, no sabía si hablar de la morena traería recuerdos amargos para ese hombre cuya vida ya estuvo marcada por la invalidez y el sufrimiento.

Sabiendo que esperaba una respuesta, sacó su cuaderno, abriéndolo justo en el lugar donde finalizaba la historia de Zelena, dispuesta a seguir completando ese puzle.

-Señor Müller, estoy escribiendo la historia de una mujer que en 1935 estuvo comprometida con usted… Se llamaba…

-"Regina, se llamaba Regina, no necesita recordármelo señorita…"

-Rodríguez, Gen Rodríguez

-"Señorita Rodríguez, no necesito que me recuerde el nombre de esa mujer, ella fue lo mejor que me pasó en la vida y también fue la mujer que destrozó mi corazón en mil pedazos…"

Gen tomó asiento, dispuesta a recoger la historia de ese hombre ya que, aunque había dolor en sus palabras, sabía que su alma deseaba gritar todo cuánto vivió en aquella época, lo que Regina significó para él y su existencia.

París, 1935

Un año había pasado desde que en medio de la madrugada Regina y Myriam se escabulleron huyendo de su hogar, su único propósito permanecer juntas pasara lo que pasara, no dejar que les arrebatasen ese amor ardiente de juventud por el que eran capaces de cualquier cosa.

Una vez en Barcelona, habían vendido las joyas de la joven morena, consiguiendo bastante capital como para empezar de cero lejos de ahí, el destino ni lo pensaron, ambas sabían que vivirían en París.

Llegaron a la capital francesa en tren, su recién adquirida fortuna les permitió que el viaje fuese tranquilo y sin sobresaltos ya que ninguna de las dos podía olvidar el olor a plumas de ese camión que las sacó de Madrid de madrugada.

Una vez en París, Regina se empeñó en alquilar un pequeño estudio sobre una floristería, toda la casa olía a flores y ellas sentían que estaban en la cima del mundo, la anciana que regentaba la tiendecita, rápidamente se encariñó con Regina y, puesto que no tenía hijos, se encargó de enseñare el oficio admirada por lo rápido que esta aprendía, permitiéndole que trabajara en su tienda ya que había tomado la decisión de dejársela cuando ya no estuviera en nuestro mundo.

A los ojos de todo el mundo, ambas mujeres eran hermanas, con el resto del dinero de las joyas, Regina le dio a Myriam una nueva identidad, no sería jamás Myriam Hidalgo sino que a partir de ese momento su documentación aparecía con el nombre de Myriam Espinoza, todo aquel que las conocía tenía el mismo comentario en sus labios, no pueden ser más diferentes y no pueden quererse más, dos niñas que lo han perdido todo y se tienen entre ellas, lejos estaban de comprender que, cuando llegaba la noche y con ella la soledad de las cuatro paredes de su habitación, las máscaras caían y ellas se amaban con la pasión arrolladora de la primera vez, ajenas al mundo que las rodeaba y a los cambios que sutilmente iba sufriendo Europa, cambios que originarían el mayor horror que el mundo había presenciado jamás.

Un año había pasado y no era extraño ver por las calles de París a soldados alemanes deambulando, la idea de que Alemania quería entrar en guerra para conseguir el dominio de Europa no era un secreto, más bien un susurro que de boca en boca iba llegando a cada rincón, sin que nadie llegase a creerlo, no después de la catástrofe de la primera Gran Guerra.

Regina escuchaba, sabía que los pequeños detalles marcaban la diferencia y estaba segura de que los rumores se acabarían haciendo realidad. Durante la noche hablaba con Myriam de sus temores, dejándose abrazar por su amada, dejando que esta dibujase figuras sin nombre en su desnuda piel. Myriam callaba, sus temores eran distintos a los de su morena, su miedo más aterrador era perder a Regina y la conocía demasiado bien, la aventura hervía en sus venas y llevaban demasiado tiempo en paz, tranquilas… Sabía que Regina no tardaría en meterse en problemas mas no podía intuir que su morena ya estaba comprometida hasta el cuello con el primer indicio de Resistencia a Hitler y sus planes.

Su misión era sencilla, tenía un nombre y un apellido, Daniel Müller. El joven era un soldado de a pie, común, bonachón, el cabeza de turco perfecto para extraer información de los alemanes de forma sutil y discreta… Y, por mucho que le dolía ya que Myriam no iba a estar de acuerdo con sus actos, aceptó sin vacilar, enamoraría al muchacho, se involucraría con él, conocería a sus amigos, a su familia, conocería a través de sus labios uno a uno los planes del Führer.

Daniel acababa de graduarse en la academia, era joven, lleno de sueños y grandes metas que alcanzar, con el alma noble y el ideal de defender a su país por encima de todo. Su primer destino fue París y no le desagradó, esa ciudad destilaba magia por cada rincón, era hermosa y sencilla.

Disfrutaba paseando por las callejuelas del casco antiguo, disfrutando del olor a flores y café, esa era su rutina, todas las mañanas deambulaba por ese lugar con una sonrisa en los labios, hasta que la vio, quedando estático unos instantes.

Esa muchacha era la mujer más hermosa que había visto en su vida, de cabellos negros y salvajes, ojos oscuros que destilaban pasión y picardía, labios del color de la sangre, coronados por una enigmática cicatriz. Por un instante el joven soldado sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía, sus manos empezaron a sudar y su corazón golpeó con fuerza en su pecho.

Se acercó a ella, necesitaba conocerla, conocer su nombre, un nombre que no olvidaría jamás en toda su vida. La joven estaba acompañada por una muchacha rubia de ojos claros, entre las dos cargaban una cesta llena de rosas de camino a la floristería. Sus ojos oscuros lo miraron y en sus labios nació una sonrisa justo cuando el joven, nervioso y asustado mas decidido a hablar con ella, les cortó el paso. Su uniforme le otorgaba el respeto de la población mas esa joven no parecía interesada en sus galardones de la academia, solo miraba sus ojos consiguiendo que su estómago se encendiera. Finalmente le habló y al escuchar su voz Daniel supo que esa mujer debía ser su esposa, tenía que conseguirla como fuera.

-"¿Sabe? Nos hará llegar tarde, ¿Puede apartarse?"

-Yo… Yo… lo haré señorita mas debe decirme su nombre

-"¿Mi nombre? ¿A un desconocido como usted?"

-Daniel Müller, sargento, originario de Berlín y destinado a su hermosa ciudad

-"Encantada Daniel Müller, mas mi nombre tendrá que averiguarlo usted, buenos días"

Daniel vio como la muchacha se alejaba riendo, de vez en cuando se giraba y le sonreía, le incitaba, necesitaba conocerla, necesitaba conquistarla, necesitaba que fuese suya… No contaba con que esa misteriosa y bonita mujer sería su ruina, no sabía que desde que puso sus ojos en ella estaba condenado.