Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath y su llama troll, a mi tatita Vero porque la adoro, a mi princesita Gen y su bonita sonrisa, a Alex porque es mi alter ego andaluz, a Bego y sus críticas constructivas, a mi diosa del sexo particular y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.
CAÍTULO 5 COMO EL VIENTO
-Entonces señor Múller ¿Fue amor a primera vista?
-"Por mi parte sin duda, mas la historia se complica, yo no sabía quién era ella, no sabía de lo que era capaz, el no saber me costó muy caro"
Daniel volvió a posar su mirada azul cristalina más allá de los grandes ventanales, su rostro reflejaba determinación, quizás buscando entre sus recuerdos aquellos momentos que compartió con Regina.
Tras un suspiro resignado, siguió hablando, deshaciéndose de ese pedazo de historia que llevaba largo tiempo guardado en su alma, permitiéndole a la joven norteamericana plasmar en su cuaderna recuerdos largo tiempo ocultos tras una vida de invalidez y soledad.
París, 1935.
El joven Daniel tardó más de lo que imaginaba en descubrir aquello que le obsesionaba desde hacía semanas, quién era la muchacha de las flores que se había colado en su mente sin darle tregua alguna, Regina Espinoza. Tras conocer su nombre quiso averiguarlo todo sobre ella, descubriendo que vivía con su hermana Myriam, que regentaba una pequeña floristería y que no tenía más familia que aquella muchacha rubia que la acompañaba a todas partes. Cuanto más sabía de ella más fascinado estaba y la necesidad de cortejarla ardía en sus venas.
Dos tardes por semana se dejaba caer en la tienda de Regina, al principio de forma tímida mas, con el paso de los días, sus visitas se volvieron decididas. Compartía sus palabras con la mujer que había robado sus sentidos, atesoraba sus risas y sonrojos, sin llegar a comprender que estaba cayendo en la telaraña que la resistencia tejía, aquellos que no deseaban una nueva guerra y hacían lo posible por evitarla.
Meses más tarde de ese primer encuentro, consiguió con gran alegría la atención de la morena, desde entonces no fue extraño verlos pasear cogidos del brazo por las calles de Paris, el joven soldado fascinado por la belleza y la frescura de la morena y esta fingiendo un interés que no sentía, sabiendo que al llegar a casa se pelearía con Myriam ya que esta no entendía la importancia de sus actos.
Cada noche la historia se repetía, sentadas sobre el colchón Myriam se negaba a mirarla mientras ella le explicaba una y otra vez que Daniel no significaba nada, que solo estaba poniendo su granito de arena para evitar el horror de una nueva guerra. Discutían acaloradamente y se reconciliaban con pasión desmedida, en esos momentos Myriam aprisionaba a su amaba entre sus brazos, susurrando eres mía, estremeciendo el alma de Regina pues si alguien era capaz de desestabilizar sus esquemas y mover el mundo bajo sus pies era su rubia de ojos aguamarina.
Los meses iban sucediendo sin mayor complicación, las peleas con su Myriam dejaron de tener sentido ya que esta se resigno, conocía a Regina y sabía que no podía cambiarla, que haría lo que le viniera en gana en todo momento, aunque también sabía que la joven había dejado todo por estar a su lado y no parecía arrepentida, aun leía en sus ojos oscuros la profunda admiración, el amor profundo que le regalaba, abandonarse a la confianza ciega en ella fue sencillo y así dejaron de lado las peleas, Myriam sabía que su supuesta hermana se comportaba como una puritana mojigata con el estúpido de Daniel, solo ante ella era la auténtica Regina, libre como el viento, arrebatadora como un huracán.
El soldado vivía un sueño hecho realidad, sobre todo desde el momento en el que su amada Regina aceptó casarse con él, convirtiéndolo en el hombre más feliz del planeta, incluso no le importaba que la hermana de su prometida apareciese en todas las conversaciones, al fin y al cabo comprendía que solo se tenían entre ellas y no pensaba separarlas, qué iluso fue…
En medio de ese sueño, las órdenes de volver a Berlín llegaron para romper su burbuja de perfección, no sabía cómo se tomaría Regina su traslado ya que parecía ser indefinido. Paseando con su prometida sin pronunciar palabra, finalmente fue esta la que se detuvo y le obligó a mirarla directamente a los ojos, esos ojos oscuros que trastocaban su mundo y le hacían perder la razón.
-"¿Qué ocurre Daniel?"
-Nada grave Gina, es solo que debo marcharme de París y no sé cuándo volveré
-"¿A dónde vas?"
-Me reclaman en Berlín, aunque estaba pensando que podrías venir conmigo, eres mi futura esposa, no tardaremos en casarnos y así puedes conocer a mi familia y tu nuevo hogar
-"¿Irnos los dos? ¿A Berlín? No creo que sea posible Daniel, aquí tengo mi tienda, mi vida está aquí ¿Y Myriam? ¿Qué pasará con ella? No puedo dejarla solo me tiene a mi"
-Lo sé, no pretendía irme contigo sin ella, es tu familia y pronto la mía, no la vamos a dejar sola, en cuanto al trabajo en Berlín también puedes vender flores… Yo no tengo opción es una orden y debo cumplirla mas no deseo separarme de ti
-"Está bien… hablaré con Myriam, Berlín no es una mala opción"
Loco de alegría por saber que no iba a separarse de Regina, besó sus labios sin intuir que la sonrisa de Regina era forzada mas su mente encajaba los engranajes con prisa, su misión había dado un giro inesperado, desde Berlín tenía más opciones, podía recabar mucha más información, al fin y al cabo ese era el centro, la capital del posible conflicto si este llegaba a suceder.
En esta ocasión, Myriam no entró en cólera por haber tomado la decisión sin consultarle, incluso se atrevió a sonreír al ver su rostro sonrosado y sus nervios, buscando las palabras para explicarle que se marchaban de París. Le explicó los motivos de esa inesperada marcha y la joven solo asintió, tenía ganas de explicarle a Regina los extraños rumores que llegaban de su pueblo, los judíos estaban inquietos ya que Hitler los odiaba sin motivo ni razón, no tenía ganas de adentrarse en la capital cuyo gobernante despreciaba a su pueblo mas era inútil preocupar a Regina con esas tonterías.
Unos días más tarde estaban a bordo de un tren rumbo a Berlín, un trayecto que fue más una tortura ya que, aunque Myriam sabia que Regina mantenía una falsa relación con aquel hombre, ver en primera persona como este enredaba su mano en la de su morena, como depositaba tiernos besos en la comisura de sus labios o jugaba con sus hermosos cabellos oscuros, conseguía encolerizarla, fingió dormir todo el trayecto para evitar saltar sobre ese ser que osaba pensar que Regina era suya.
Al llegar a Berlín, Daniel acompañó a su prometida y a Myriam al pequeño apartamento que había alquilado para ellas, siguiendo los deseos de Regina que ansiaba libertad hasta ser su esposa. La ciudad en sí era hermosa y lúgubre, en cada esquina aun perduraba el horror de la gran guerra y el alto precio que Alemania tuvo que pagar por resultar perdedora de dicho enfrentamiento, no era de extrañar que pusieran su esperanza en un tirano como Hitler, la desesperación enloquece a las masas y estas claman por un líder que pueda liberarlos sin comprender que su único objetivo era traer el horror sobre Europa.
Cuatro años después de pisar Berlín por primera vez, la situación en Europa era insostenible, Hitler gobernaba como un tirano, anexionándose países de forma pacífica sin que los aliados se pronunciaran, asustados por las consecuencias de una segunda guerra.
Durante esos años Regina se comportó como la prometida perfecta, los Müller se enamoraron de ella en el acto, al igual que tomaron cariño a su joven hermana, la muchacha que la acompañaba a todas partes.
La morena demostró en más de una ocasión su enorme inteligencia, participando abiertamente en debates de política y defendiendo las ideas hitlerianas ganándose la admiración de su futuro esposo, atrapado por el partido y todos sus amigos y familiares.
Mas en la intimidad, lo que empezó como una pequeña misión de reconocimiento y recabar información, se volvió en una lucha activa de la que Myriam empezó a formar parte en cuanto supo las intenciones del Führer para con los judíos europeos, sin llegar a comprender el alcance de dichas intenciones, el exterminio masivo.
Ambas pertenecían a un pequeño grupo de aliados que luchaban desde dentro contra Hitler, aunque sus pequeños golpes no provocaban el daño que necesitaban para tambalear ese sistema corrupto que les estaba conduciendo al horror una vez más.
Durante ese tiempo, Regina se volvió temeraria, el hecho de sentirse valiosa al pertenecer al movimiento que pretendía salvar a Europa del horror la empujó a aprender a manejar las armas con presteza e incluso a montar y colocar bombas para sus pequeños atentados. Fue una de esas bombas la que consiguió cambiarlo todo.
Era Agosto, el Agosto de 1939, hacía un calor asfixiante y Daniel tras besar los labios de su amada y dejarla en la puerta de su casa, se marchó recibiendo la orden de velar un cargamento de armas que llegaría a la capital esa misma media noche, sin saber que Regina también tenía en conocimiento de dicho cargamento y pretendía volarlo por los aires junto a unos compañeros de su grupo clandestino.
Tras una pequeña discusión con Myriam, que pretendía acompañarla, se marchó pasadas las diez, completamente vestida de negro y con los explosivos entre sus ropas, dejando atrás a su chica pues nunca le dejaba participar cuando había peligro de saltar por los aires en cualquier momento.
Llegaron a las vías de uso militar que su contacto les había señalado y, rápidamente, Regina colocó los explosivos con gran diligencia y precisión, un solo fallo y acabarían todos muertos. Cuando terminó de colocar el último cartucho, sus compañeros se apartaron y ella esperó, con el detonador en sus manos, en cuando pasara el tren lo haría saltar por los aires y sería un golpe maestro. Ya estaba felicitándose a sí misma por su hazaña aún sin lograr, cuando un convoy apareció de la nada, un imprevisto con el que no contaban aunque tampoco demasiado grave, la dinamita no podía verse, camuflada entre las vías y no había muchos soltados por lo que, tras la explosión, podrían salir corriendo sin que llegaran a atraparlos.
El tren se acercaba, podía escuchar como repiqueteaba en la vías, necesitaba salir de los matorrales y ver el alcance de su trabajo una vez presionase el detonador mas los acontecimientos escaparon de su control al reconocer a Daniel entre los soldados que custodiaban las vías.
En ese momento, el destino, caprichoso y macabro, hizo que Daniel posara su mirada en ella. Quizás sus ropas oscuras servían para pasar desapercibida pero no para él, no para el hombre que la amaba, que llevaba cuatro años a su lado. Extrañado al ver a su prometida a esas horas justo en ese lugar y con el estomago estrecho por los nervios al pensar qué podía estar haciendo ahí. Daniel se acercó a ella y justo en ese instante llegó el tren. Regina tuvo que actuar en una milésima de segundo, apretando el detonador ante los ojos asustados del soldado y echando a correr en dirección contraria mientras a su espalda, la bomba colocada estallaba destrozando todo el armamento, matando a los soldados que custodiaban dicho cargamento y alcanzando a Daniel que, al estar más alejado, salvó la vida por los pelos, quedando inválido y sin la capacidad de volver a caminar.
Regina corrió, sin mirar atrás, corrió pues sabía que Daniel sobreviviría al ataque, que la había visto presionar el detonador, al día siguiente su cara y su nombre estarían en cada rincón de Berlín y sería mujer muerta.
No podía tardar, dejaría Berlín en cuanto recogiese a Myriam, sus compañeros le ayudarían a atravesar la frontera esa misma noche y el destino lo tenía claro en su mente, un lugar donde jamás se atreverían a buscarla.
Mientras Regina huía, Daniel perdía la consciencia con el corazón destrozado, la columna partida y la certeza de que odiaría a Regina el resto de sus días, había destrozado su vida.
Berlín, 2002
Gen guardó el silencio consternada, Regina condenó a ese hombre a una silla de ruedas de por vida, quizás sin desearlo pero lo hizo. Daniel seguía mirando más allá de la ventana, hacía un rato que guardaba silencio meditando su historia compartida con la joven periodista que no sabía cómo continuar la conversación. Fue el anciano quien habló, con voz derrotada mas sincera.
-"Ella me salvó…"
-Le condenó a una silla de ruedas
-"Cuando desperté y supe que no andaría nunca más, quise matarla con mis propias manos, la odié, mi corazón y mi cuerpo estaban destrozados por su culpa, mas unas semanas más tarde la invasión de Polonia dio inicio a la Segunda Guerra Mundial, de haber estado bien habría luchado, habría cumplido ordenes, habría participado en las masacres que se dieron en nombre de mi nación… Ella me salvó, evitó que me convirtiera en un monstruo sin alma. Quizás me quitó las piernas pero dejó intacta mi integridad… Nunca podré olvidarla, con el paso del tiempo entendí su decisión, ella tenía que apretar ese detonador"
-¿Sabe qué fue de ella?
-"Cuando la guerra terminó, la busqué, necesitaba que supiera que no la odiaba, no después de ver los horrores que se hicieron en nombre de Alemania, no la encontré pero si descubrí dónde se marchó, aunque al terminar la guerra ya no estaba ahí"
-¿Dónde fue?
-"A Polonia"
-¿A Polonia? ¿No era ese el foco del conflicto?
-"Regina era muy inteligente ¿Sabe? Huyó al epicentro del conflicto porque sabía que a nadie se le ocurriría buscarla justo ahí. Se la estuvo buscando en toda Europa pero no en Polonia, encontró paz durante un tiempo"
-Gracias señor Müller, seguiré con mi investigación…
-"Sé que en Polonia cambió de nombre, se puso en contacto con un falsificador, uno muy bueno, quizás el mejor de la resistencia, su hijo sigue vivo en Varsovia, quizás el tenga la siguiente parte del puzle señorita Rodríguez"
