Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath porque no entendió, a mi tatita Vero porque es un cielo, a mi princesita Gen porque es mi pequeñaja, a Alex porque somos hermanitas, a Bego porque pronto nos veremos en Madrid, a mi croqueta valiente y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 6 EMMA SWAN

Tras marcharse de la residencia militar, Gen sintió un nudo en el estómago, en su boca el regusto amargo que dejaban los detalles de esa historia, la época en la que Regina vivió no era fácil y sus decisiones marcaron un antes y un después en la vida de muchas personas. Daniel perdió las piernas mas salvó la vida y su dignidad, a cada paso que daba en pos de esa mujer extraña más conectada a ella se sentía, se encontraba a si misma preguntándose qué habría sido de ella, qué sentía, qué la hacía sonreír, por qué lloraba…

Aterrizar en Varsovia supuso dar un paso más en pos de respuestas, le había costado más de lo que imaginaba dar con Alec Vazko, el hijo del famoso falsificador que durante la Segunda Guerra Mundial proporcionó nuevas identidades a millares de personas para que salvaran la vida.

Alec era el único que podía seguir proporcionando los detalles de la vida de Regina, no tenía conocimiento de cuánto podía saber ese hombre ya que en la época que le interesaba investigar no era más que un niño.

Conduciendo el coche de alquiler y siguiendo un mapa a duras penas, llegó a la urbanización donde residía Alec, un complejo de casas completamente idénticas apartadas de la metrópolis, del centro de la ciudad.

Arreglando sus ropas con cuidado, se acercó a la entrada de la residencia de Vazko, llamando a la puerta y esperando pacientemente a ser recibida. Alec la estaba esperando, consiguió hablar con él por teléfono y concertar una entrevista, a pesar de que no explicó los detalles de la misma.

Cuando la puerta se abrió, un hombre de rostro suave y sonriente, con los ojos oscuros y el cabello nevado, le dio la bienvenida invitándola a pasar.

-"Usted debe ser Gen Rodríguez, Hablamos por teléfono"

-Efectivamente, y usted es Alec Vazko, el hijo de August Vazko, el gran falsificador

Ante la mención del nombre de su padre, sus ojos se iluminaron mientras una triste sonrisa aparecía en su rostro, conduciéndola a una salita acogedora, llena de libros por todas partes y señalándole una de las butacas junto al fuego, tomando asiento justo en frente.

Gen dispuso todo lo necesario para seguir recogiendo su historia mientras su anfitrión perdía la mirada en las llamas que bailaban indecentemente sobre los leños en la chimenea, para finalmente romper el silencio, su voz era suave, era la voz de un niño que creció demasiado deprisa, de un hombre cuya alma albergaba los horrores de una guerra cruel y despiadada.

-"¿Vino para hablar de mi padre?"

-No exactamente, estoy escribiendo la historia de una mujer que vivió aquí en Varsovia al inicio de la Gran Guerra y todos los indicios me han guiado hasta su padre, quizás usted pueda esclarecer algunas cosas

-"Yo era un niño en esa época, rondaba los doce años, pero si puedo ser de ayuda lo haré ¡Quién era ella? ¿Cómo se llamaba?"

-Regina Espinoza, quizás no la recuerde muy bien o no recuerde nada de ella, usted lo ha dicho era joven

-"Era joven, pero a Regina no puedo olvidarla, es imposible hacerlo…"

Varsovia 1939

Regina y Myriam llegaron a Varsovia de madrugada, se acercaba septiembre y el calor estival era asfixiante, estaban exhaustas tras viajas por caminos poco transitados una distancia tan larga, evitando de cualquier manera encontrarse con los soldados alemanes que deambulaban las carreteras, vigilaban los trenes y los coches que pretendían entrar en Polonia, la invasión era inminente y no podían fallar.

Estaba oscuro y las piernas apenas las sostenían pero habían llegado a salvo a ese sótano en la casa de uno de los hombres de la resistencia, la hazaña de Regina había corrido como la pólvora y todo hombre contrario al régimen nazi estaba dispuesto a ayudarla, era una mujer valiente y decidida a terminar con Hitler, una pieza valiosa de ese puzle que montaban en las sombras.

Estuvieron escondidas en ese sótano tres días, el tiempo que la resistencia tardó en encontrarles un piso franco al que llamar hogar, a una persona de confianza que las ayudase a comprender el polaco y a pasar desapercibidas.

Una mañana, su contacto las sacó de su escondite pues ya tenían dónde ubicarlas. Tras tanto tiempo a oscuras en ese sótano, sus ojos se maravillaban por cada callejuela, cada detalle de esa bonita ciudad, sin saber que en pocos años sería reducida a escombros.

Entraron en el piso franco, investigando con curiosidad infantil su nuevo hogar. Myriam se dedicó a vaciar su maltrecho equipaje mientras Regina hablaba con la joven muchacha que las había acogido, su nombre, Andreja Vazko.

Desde el primer momento, Regina y Andreja parecieron entenderse, tenían más o menos la misma edad y sus ideales eran fuertes, luchar por la libertad de la humanidad pasara lo que pasara.

Andreja se quedó con ellas, hablaba alemán, inglés y francés a la perfección por lo que las puso al corriente de la situación, todos sabían que Alemania invadiría Polonia, era inminente y las consecuencias de ese hecho serían catastróficas, tenían que estar pendientes para cualquier cosa, cualquier tipo de situación.

Disfrutaron de paz durante un tiempo, los alemanes estaban nerviosos por la inminente Guerra y la invasión como para seguir buscándolas por todo Europa. Se permitieron respirar, pasear por las calles de su nuevo hogar, reconociéndolo, haciéndolo suyo, aprendiendo polaco con grandes esfuerzos gracias a su compañera de piso y aventuras, Andreja.

Nada más llegar a Polonia, Regina expresó su deseo de seguir luchando abiertamente contra Hitler, Myriam se dedicó a asentir pues ella también lo deseaba, cada noche acudían a reuniones clandestinas, analizando los movimientos alemanes para poder contraatacar mas eran demasiado inferiores en número para luchar abiertamente contra el ejército alemán.

El 1 de septiembre Alemania invadió Polonia dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, mas la vida en Varsovia seguía siendo la misma solo que bajo el gobierno de Hitler. La esvástica adornaba las calles y las leyes raciales y antisemitas fueron tomando fuerza poco a poco, hasta que el hecho de ser judía en Varsovia era motivo de preocupación, desaparecían en medio de la noche, sus pertenencias eran requisadas, sufrían palizas y humillaciones, incluso llegaron a obligarlos a permanecer en un Ghetto, demasiado pequeño para la cantidad de habitantes que ostentaban dicha religión.

En medio de esa lucha antisemita fue cuando Regina finalmente conoció a August Vazko, su hija Andreja la llevó una tarde a tomar el té a casa de su padre, mas sabía lo que Regina necesitaba, todo cuanto le preocupaba, Myriam. La joven era de raza judía y si los alemanes lo descubrían acabaría detenida y presa en el Ghetto, hecho que Regina no podía consentir.

Su padre escuchó a la morena, asintiendo sin apenas pestañear. Había oído hablar a Andreja de esa mujer en varias ocasiones y le tenía cariño, supo que iba a ayudarla antes de que esta le explicase los motivos de su anhelo.

Días después de esa primera reunión en casa de los Vazko, Regina se presentó en casa llamando a Myriam a gritos, sabía que tenía que haberle consultado antes de actuar mas no quería preocuparla, la situación de los judíos en Varsovia al igual que en todos los lugares invadidos por los nazis tenía a Myriam con el corazón en vilo, sufriendo por las injusticias cometidas para con su pueblo.

La joven salió de la cocina asustada al escuchar el griterío, para descubrir a Regina destrozando en mil pedazos los papeles que la acreditaban como Myriam Espinoza, los mismos que había usado desde su huida de España hacía ya cinco largos años.

-¿Qué haces Regina? ¿Estás loca? Casi me matas del susto

-"Ya no te llamas Myriam Espinoza, no te llamarás Myriam nunca más, repítelo amor por favor, no te llamas Myriam"

-No te entiendo ¿Qué te ocurre? ¿Nos han descubierto?

-"No, no nos han descubierto, pero ya no puedes llamarte Myriam, no es seguro"

-¿Por qué no puedo llamarme así? Es el nombre que me dieron mis padres

-"Es un nombre judío"

-Hace años que no soy Judía, amor no te asustes, a mí también me preocupa lo que están haciendo con los judíos pero no vendrán a por mí.

-"Vendrán, tu nombre es tu condena, no les importa si sigues las creencias de tus padres, naciste judía y lo serás siempre para ellos, ya no puedes llamarte Myriam, es demasiado peligroso"

La joven de ojos aguamarina tomó asiento, contemplando a Regina, su mirada oscura quebrada y rota, su rostro consternado, su enorme preocupación. Comprendía sus miedos mas no estaba dispuesta a olvidar su nombre por un simple rumor.

-No voy a cambiarme el nombre Regina y menos ahora, no cuando los judíos están sufriendo, no puedo renegar así de ellos

-"Si lo harás, cambiaras tu nombre porque ser judío es una sentencia de muerte y yo me niego a perderte… Me juraste que estarías conmigo para siempre, no dejaré que te separen de mí, ya no eres Myriam, no volverás a serlo nunca más"

El dolor en las palabras de su Regina la estremeció, recordaba su juramento, su promesa, siempre juntas contra el mundo entero, huyeron juntas de España, huyeron juntas de Berlín, estaban dispuestas a todo para protegerse mutuamente, todo incluía ceder a los deseos de su amada y renegar del último resquicio de su vida anterior.

-¿Cuál es mi nombre entonces Regina?

-"Emma, a partir de ahora y para el resto de tus días serás Emma Swan"