Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath y sus sueños en los que no aparezco, a mi tatita Vero porque es un amor, a mi princesita Gen porque me anima a sonreír, a Alex porque esta desquiciada, a Bego porque sus lecciones de historia funcionan, a la señora de Pemberly y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 7 SALTANDO AL TREN

Varsovia, 1942

Myriam había muerto, había desaparecido sin más, al igual que Regina Espinoza. Ya no eran las niñas enamoradas y sedientas de aventuras que escaparon de Madrid, la guerra lo cambia todo y con ellas no fue la excepción.

Sus nombres cayeron en el olvido, tomando una nueva identidad que las acompañaría el resto de sus días. Emma observaba a su Regina dormir plácidamente, su espalda descubierta en pleno julio, las sábanas cubriendo apenas resquicios de su desnudez. Su morena llevaba el cabello corto, se deshizo de la melena cuando empezó a dificultarle su tarea para con la resistencia y aun así le parecía la mujer más hermosa del mundo. Ya adultas a sus veintiséis años de edad habían recorrido Europa buscando su lugar en el mundo, descubriendo con horror las consecuencias de una guerra cada vez más cruda y violenta.

A pesar del calor asfixiante de ese verano, un escalofrío recorrió la espalda de la joven, uniéndose a Regina en el lecho con un suspiro que encerraba demasiado, sus ojos aguamarina clavados en las facciones señoriales y distinguidas de su amada, recordando cómo empezó todo, como señora y sirvienta huyeron para ser felices y terminaron metidas en una reyerta que no les concernía, luchando por la libertad de una nación que no era la suya.

Analizando su trayectoria desde que Myriam dejó de existir, desde que Emma Swan tomó posesión de ella, volvió a suspirar. El cambio era notable, ya no era y no volvería a ser sirvienta y Regina, su Regina jamás volvería a ser noble y señora de alta cuna, ambas eran temerarias, guerreras en las sombras, peleaban para la resistencia con puño de hierro y más en esos momentos, más en esa situación.

Sabía que debía dormir, en pocas horas darían uno de sus golpes como venían haciendo desde que un chivatazo llegó a sus oídos y descubrieron a dónde iban a parar los trenes de ganado que se llevaban a los judíos del Ghetto, solo con recordar la descripción de aquellos campos donde los nazis encerraban a miles de inocentes, donde los masacraban buscando su exterminio, las nauseas se apoderaban de ella al igual que el primer día, al igual que la adrenalina recorriéndola porque no podían permitir que esa situación continuase, por toda Europa los judíos estaban siendo asesinados y utilizados para el provecho de los alemanes, ya fuese como cobayas humanas para experimentos demasiado horribles para ser descritos o como mano de obra esclava en sus fábricas.

Tras recibir dicha noticia le bastó cruzar una mirada con Regina, más conocida dentro de la resistencia como la dama Mills por su ascendencia noble y su recién adquirido apellido, para saber que ambas pensaban lo mismo, debían hacer lo imposible por parar esos trenes, por salvar cuántas vidas fuese posible dado que eran inferiores en número.

Recordaba con una sonrisa como Regina ideó un plan dejando a sus compañeros asombrados, no en vano la dama Mills era reconocida, su inteligencia y valor no dejaban indiferente.

Su plan era sencillo, consistía en emular la técnica de ataque de las guerrillas en la guerra de España contra Napoleón. Pocos hombres en tierra mas con el factor sorpresa de su parte, no atacar nunca en el mismo punto de la vía del tren, incluso a ser posible atacar a trenes diferentes cada semana para evitar un posible contraataque defensivo por parte de los alemanes.

Sabían por boca de sus contactos que apenas viajaban soldados en los trenes, demasiado seguros de sí mismos y de que sus debilitados viajeros no se atreverían a escapar.

Desde ese momento, cada semana se dedicaban a asaltar los trenes de la muerte, en grupos de diez como mucho esperaban la señal de Regina para saltar, terminando rápidamente con los soldados aprovechando en muchas ocasiones que estos iban embriagados por el vodka y no esperaban un ataque de esa índole y mucho menos de esa estrategia militar tan característica de la guerrilla española, estrategia que no podían comprender.

Cuando Emma, Regina y Andreja saltaban sobre un tren traían consigo la vida, la libertad, sacando a esos pobres desdichados de su prisión de metal y madera. August proporcionaba documentación falsa para dichos supervivientes y estos junto a sus familias abandonaban el país salvando la vida, recordando los ojos oscuros de Regina, el grito victorioso de Emma y la risa cristalina de Andreja celebrando que una vez más habían hecho lo que era correcto.

Volver a casa tras saltar al tren siempre traía consigo la necesidad imperiosa de devorarse, de amarse, de apagar la adrenalina de la batalla aun recorriendo su sangre, la emoción de haber vencido. Esas noches sus gritos resonaban huecos entre esas cuatro paredes, esas noches dos amantes se hacían un solo ser, dos mujeres se entregaban jurándose sin palabras que estarían juntas hasta el fin de sus días.

Emma abrió los ojos, perdida como estaba en sus propios pensamientos no notó que Regina había despertado y acariciaba con cuidado el contorno de su rostro. Una sonrisa cristalina nació en sus labios mientras su morena cortaba la distancia y le regalaba un beso, tímido y dulce, tantos años a su lado y la seguía amando con la intensidad de los primeros días.

-Buenas noches dormilona ¿Estás lista?

-"Estoy lista… Ese tren no llegará a Treblinka, no hoy"

-Ojalá pudiéramos salvarlos a todos

-"Ojalá amor, pero hacemos lo que podemos ¿Ya es la hora?"

-Lo es, vístete yo iré a avisar a Andreja

Depositando un nuevo beso en sus labios, se levantó dejando a su amada atrás para que se adecentara, encontrando a Andreja estudiando los planos de las vías con un vaso de vodka en las manos. Andreja era una muchacha fascinante, se había vuelto un miembro de su familia, una hermana para ellas, sus cabellos largos y rizados siempre parecían pelearse con el viento y sus ojos oscuros brillaban cargados de vida, al menos los primeros días pues tras la ocupación poco a poco se fueron endureciendo, el destino de su pueblo y su gente consiguieron hacer de ella una mujer determinada y valiente, capaz de cualquier cosa por proteger a aquellos a los que amaba, su padre, su pequeño hermano Alec y esas dos mujeres extranjeras a las que adoraba.

Charlaron durante algunos minutos sobre el plan de ataque de esa noche mientras Regina aparecía junto a ellas en la cocina, las tres se miraron con una sonrisa, en esos años habían cambiado demasiado, habían crecido, habían decidido vivir luchando contra el nazismo con uñas y dientes, ninguna de las tres sabía que esa noche iba a cambiarlo todo.

Una vez listas, salieron sigilosas del piso franco, reuniéndose con el resto del grupo en el punto de encuentro sin saber que uno de ellos las había vendido, que estaban condenados, que en cuanto saltaran al tren su vida terminaría para siempre.

Esperaron pacientemente, como llevaban haciendo ya demasiado tiempo y la sensación de que algo no marchaba cómo es debido bailaba en el vientre de Regina, demasiada calma nunca era bueno.

Cuando llegó el tren, mucho más desprotegido que el resto de trenes que habían asaltado, la morena lo supo, era una trampa y debían salir de ahí. Gritó, con todas sus fuerzas, una retirada a tiempo podía salvarles la vida mas los soldados alemanes sabían perfectamente dónde estaban, el tren siempre fue el señuelo para que pudieran saltar sobre ellos y detener de una vez por todas a la mujer de la que todo el mundo hablaba, la española de la resistencia, la que había puesto patas arriba su estructurada organización y liberado a miles de presos destinados a los campos de exterminio.

Cuando escuchó los disparos se le paró el corazón unos instantes, demasiado conmocionada para comprender que estaban siendo atacados, hasta que la mano de Emma se enredó en la suya obligándola a reaccionar. Tomó su arma dispuesta a tomar batalla cuando Andreja la agarró del brazo y gritó.

-Vete, vete Regina márchate, marchaos…

-"Pero…"

-Nos han traicionado Gina, sabrán nuestros nombres, irán a por mi padre, a por Alec, marchaos y cuidad de los míos

-"No puedo irme, no podemos dejarte aquí"

-Vete Joder, antes de que sea tarde, esta no es tu Guerra Regina, nunca lo ha sido, vete

Con Emma aun sujetando su mano, empezaron a correr sin mirar atrás, aprovechando la locura desatada por la inminente llegada de los alemanes a su posición, corrieron y corrieron hasta que el sonido de los disparos quedó muy atrás, corrieron sabiendo que dejaban junto a las vía a amigos, familia, ideales nobles que defender… corrieron sin detenerse y sin soltarse de la mano sin saber qué iba a ser de ellas. Si las habían denunciado no tenían un lugar al que volver, solo se tenían a ellas mismas y la certeza de que debían permanecer juntas, que no debían soltarse… Sabían que si el hecho de haber hecho explotar aquel cargamento en Berlín las había empujado a la boca del lobo, el hecho de haber saltado al primer tren las había condenado, no habría paz en sus días hasta el fin de la guerra, solo huidas y destinos inciertos, solo ellas dejando su pequeña huella en la historia aunque nadie lo recordase.

Corrieron hacia el único lugar donde poder sentirse a salvo, el hogar de los Vazko, rezando para que tanto August como Alec estuvieran a salvo, rezando para que el anciano falsificador pudiera darles una salida.