Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath y sus geniales RW que ya son un fic llamado el día que Cora volvió del Averno (Pasen todas a leerlo), A mi tatita Vero porque es un cielo, a mi princesita Gen porque sufre con mi ausencia, a Alex porque está mudita, a mi póker de ases porque cada día que pasa la quiero más, a mi estrella que brilla en el cielo, a Bego y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, Laura Brooks, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.
CAPÍTULO 13 AQUELLOS AÑOS
Storybrook-Maine, 2002
Dar con Marco no fue difícil, el pueblo en sí no era muy grande y todos los vecinos parecían conocerse entre sí, a parte el ex alcalde era un ciudadano respetado y querido por la comunidad, por lo que encontrar la dirección que el señor Hoper le había proporcionado fue una tarea de niños.
El hogar de Marco no era muy ostentoso, más bien una casita sencilla a las afueras, cerca del frondoso bosque que rodeaba la zona, del pequeño porque colgaban unas campanitas que se mecían con el viento, dándole al lugar un sonido especial, un toque mágico y sencillo.
Con algo de prisa y sintiendo que estaba cerca de su meta final, cruzó a zancadas la distancia que la separaba de la puerta, sus cabellos rizados bailando al son de la brisa del atardecer y los nervios flotando en su vientre, portando bajo su brazo firmemente custodiados los cuadernos que recogían esa historia que ya empezaba a cobrar vida en su interior, el relato de las desventuras y las alegrías de una mujer que la había fascinado por completo.
Llamó al timbre, esperando ansiosa una respuesta mas esta no llegaba y empezó a impacientarse. Tras varios minutos parada frente a la puerta frunció el ceño ya que estaba segura de que el señor Wood la estaba esperando. Transcurridos unos diez minutos en los que fue cambiando su peso de un pie a otro y removiendo sus cabellos en un tic ansioso, volvió a llamar sin recibir respuesta alguna.
Impaciente y algo desorientada, sus pasos la guiaron alrededor de la vivienda, buscando resquicios de actividad en su interior, hasta que dio con el garaje y vio que la puerta estaba entreabierta y que salía luz de su interior. De forma tímida y curiosa, se fue acercando al lugar y, empujando levemente esa puerta echó un vistazo al interior, viendo como el dueño de la casa estaba enfrascado en la reparación de un reloj antiguo, seguramente desde su lugar de trabajo no había escuchado el timbre.
Sin saber muy bien cómo anunciarse ya que su presencia ahí podía perturbar la minuciosa labor del señor Wood, se quedó plantada observando como este colocaba con paciencia los engranajes de esa pieza de colección, sin saber cuánto tiempo dedicó a su minuciosa observación. De pronto, el anciano exclamó satisfecho, cerrando la puertecilla del reloj y dándole cuerda, comprobado que este funcionaba a la perfección.
Con una sonrisa alzó la mirada, sorprendiéndose al comprobar que tenía visita y sonriendo mientras su mirada se posaba en esa extraña desconocida. Viéndose descubierta, Gen se decidió a entrar en la estancia y presentarse, observando minuciosamente a ese hombre, de edad avanzada aunque indefinida, gestos amables y mirada penetrante.
-Buenas tardes señor Wood, soy Gen Rodríguez, creo que me estaba esperando
-"Así es señorita Rodríguez, disculpe que no reparase antes en su presencia, estaba enfrascado en mi labor y suelo perder la noción del tiempo"
-No se preocupe, fue interesante observarlo trabajar ¿Es usted relojero?
-"Más bien coleccionista, me gusta devolverle a la historia su cometido, aunque sea simplemente reparando un antiguo reloj"
-Supongo que el señor Hoper le ha informado de mi labor y el motivo por el cual estoy aquí en Stroybrook
-"Está recogiendo la historia de Regina ¿Verdad?"
-Exactamente, la última pieza del puzle me trajo hasta aquí, se que llegó tras la guerra acompañada por una mujer, Emma Swan y un bebé, Judith., también me han dicho que nadie la conocía como usted
-"Eso es cierto, nadie llegó a conocer a Regina como yo, exceptuando a Emma por supuesto"
-¿Podría contarme cómo continua su historia?
-"Puedo y lo haré, mas no aquí en mi garaje ¿me acompañaría a pasear por el pueblo? Mientras tanto le narraré cómo llegó Regina a Storybrook… Aquellos fueron buenos años para ella, lejos del horror que tuvo que vivir durante la guerra"
La sonrisa del señor Wood, amable y sincera, contagió a Gen. Esta espero pacientemente a que el antiguo alcalde se adecentara, aceptando sin reparo su proposición. Tras unos minutos en los que Marco limpió sus manos y adecentó sus ropas, salieron a la suave brisa del atardecer, andando sin rumbo fijo mientras nuevos recuerdos, nuevos relatos eran narrados, mientras esa historia tomaba ya su giro final.
Stroybrook-Maine, marzo 1946.
Era una tarde lluviosa, el cielo estaba completamente negro y descargaba ese aguacero sin dar tregua, cuando el coche del ejército estadounidense se detuvo frente a la residencia de los Wood. El señor Wood había servido con honor a su país durante la primera guerra mundial y aun en su retiro ofrecía sus servicios en todo cuanto fuese necesario, por lo que la recibir aquella llamada en la que se solicitaba que diese asilo a Regina no se negó. Conocía por encima las hazañas de aquella mujer, española de origen y cuya colaboración con el ejército estadounidense había sido de gran ayuda durante los últimos años de guerra.
El coche oscuro que las llevaba a su nuevo hogar, se marchó, dejándolas frente a esa casa donde las estaban esperando. El señor Wood se asombró al ver la juventud de ambas mujeres, sus rostros fatigados, sus ojos cargados de demasiados recuerdos y con ellas una pequeña cuyo brazo estaba marcado con los números de la muerte, una superviviente al horror.
Las hizo pasar en el acto y su mujer les sirvió sopa caliente para espantar el frío glaciar que traía consigo la lluvia. Comieron en silencio, en sus ojos se reflejaba la alarma ya que no había habido un momento en los últimos años en el que se sintieran a salvo. El ambiente estaba tenso, el aire cargado mientras aquella mujer de ojos oscuros escrutaba a sus anfitriones buscando signos de amenaza mientras protegía, a su manera, a la muchacha de cabellos claros y el bebé que portaba.
De pronto la puerta se abrió y los pasos acompañados de un silbido alegre llegaron hasta el comedor donde rápidamente entró un joven, empapado de los pies a la cabeza mas alegre, con una sonrisa contagiosa.
El joven miró a sus extrañas inquilinas, comprendiendo en el acto que tenían en sus hombros una larga historia. Sus años sirviendo en el frente le habían enseñado a leer el alma de las personas y, mirando el rostro rudo, los ojos oscuros y la mueca de amenaza que Regina presentaba supo que estaba ante alguien que era capaz de dar su vida por aquellos a los que protegía.
Marco Wood no tardó en ganarse la confianza de Regina, demostrándole su apoyo mudo y contagiándole su vitalidad y alegría día tras día. Así el joven descubrió que la morena se sentía encerrada en la morada familiar, que deseaba encontrar pronto un empleo y un hogar para Emma y la pequeña. Con el paso de las semanas, veía interactuar a las dos mujeres convenciéndose de que su primera impresión no fue errónea, no eran amigas, ni hermanas, un sentimiento mucho más profundo habitaba en ambas, un sentimiento que por mucho que tratasen de ocultar se veía a simple visto, con los dulces gestos de Regina hacia su rubia, el apoyo que se daban, las miradas que se regalaban cuando creían que nadie estaba mirando.
Con ayuda de Marco y la reputación de los Wood, Regina consiguió entrar a trabajar en el pequeño ayuntamiento del pueblo, los ingresos no eran muy altos pero bastaron para que pudieran alquilar una pequeña casita, ganando así la independencia que tanto deseaban a los pocos meses de llegar.
Poco a poco dejó de ser extraño verlas pasear por el puerto, por las calles del pueblo, una pequeña familia unida en el horror de la guerra y, aunque todos sabían que se comportaban como un matrimonio, nadie osaba inmiscuirse ya que, con el paso de los meses, todo Storybrook conocía las historia de cómo juntas habían liberado a tantos presos formando parte de las guerrillas, de la resistencia, como se habían enfrentado al nazismo con uñas y dientes sin que realmente fuese su guerra ya que ambas eran españolas y España no había entrado en guerra, historias narradas entre susurros hacían que es pequeño pueblo de pescadores admirase el coraje y el valor de Emma y Regina, una admiración que superada la aversión por la forma en la que decidieron vivir sus vidas, amándose a pesar de ser mujeres.
Los años iban pasando, años en los que los horrores de la guerra quedaron atrás, Judith iba creciendo, convirtiéndose en una niña alegre y querida por todo el pueblo. La muchacha sabía que era un pequeño milagro, que había estado a punto de morir en el exterminio masivo de su raza, aun así veía en Emma y Regina su familia, ellas la criaron entregándole todo el amor que poseían, haciendo de ella una niña feliz y risueña que conquistaba a todo el mundo con su sonrisa.
Con el paso de los años, Regina fue ascendiendo dentro del ayuntamiento, su carácter fuerte y su infinita inteligencia le ayudaron a subir escalones que hasta la fecha habían sido negados a una mujer, demostrando que no había nada que ella no pudiese conseguir. Cinco años más tarde se hacía con el título de alcaldesa, la primera mujer en Storybrook que ostentaba dicho puesto, se lo había ganado con trabajo duro y con el cariño de prácticamente todo el pueblo, podría decirse que desde que partieron de España rumbo a lo desconocido, no podían ser más felices. Durante esos años la tranquilidad y la paz con la que siempre soñaron por fin consiguieron alcanzarla, Emma demostró su fuerza y tenacidad consiguiendo el puesto de Sheriff cuando el anterior falleció trágicamente de un ataque al corazón, poco a poco iban creando su propio lugar en el mundo, consiguiendo realizarse como personas, trabajando duro y regalándole a su hija un futuro, una educación y todo el amor que tenían para ella.
Y así iban pasando los años, ellas ya no eran las extrañas europeas que llegaron una noche lluviosa a nuestro pueblo, eran la alcaldesa y la Sheriff, Emma y Regina, queridas por todos. Paseaban de la mano sin pudor ni vergüenza, regalaban su sonrisa a sus vecinos, simplemente vivían en paz, como siempre habían deseado, por fin tras tantos años de dolor, de lucha incesante, de huir, tenían un hogar, una familia y la estabilidad que tanto habían necesitado.
Stroybrook-Maine 2002
A medida que Marco iba relatando como Emma y Regina habían hecho de Storybrook su hogar, sus pasos los llevaban de un lado a otro de ese pueblo, el señor Wood le mostró dónde estaba la pequeña casita que Regina alquiló con su primer sueldo, para más tarde enseñarle la mansión blanca que fue su hogar durante tantos años, los mismos que ejerció su papel de alcaldesa en el pueblo, pasearon sir rumbo fijo hasta que marco dejó de hablar, clavando su vista en el horizonte, pensativo…
-Señor Wood ¿Me permite hacerle una pregunta?
-"Por supuesto, pregunte lo que desee"
-Si aquí encontraron un hogar, ¿Por qué se marcharon? ¿A dónde fueron?
-"Bueno, aquí encontraron estabilidad, un hogar y a gente que no se atrevió a juzgarlas sino a comprenderlas, fueron felices durante muchos años"
-Entonces ¿por qué marcharse?
Sumido en sus propios pensamientos, sin pronunciar palabra, marco comenzó a andar seguido de cerca por Gen, que esperaba una respuesta mas no deseaba presionar a su anfitrión. Sin darse cuenta de a dónde iban, concentrada como estaba en anotar todos los nuevos datos recibidos, de pronto marco se paró en seco y entre susurros, le dio su respuesta.
-"Aquí fueron felices, al menos durante algunos años, pero hubo algo con lo que Regina no contaba y que la cambió para siempre"
Gen abrió la boca más su pregunta murió en su garganta al darse cuenta de dónde estaban. Sin saber cómo habían llegado al cementerio del pueblo y Marco se había detenido frente a una sencilla lápida.
Sus ojos se posaron en ella y cualquier pregunta que pudo tener se desvaneció, murió en su garganta mientras un nudo se posaba en su estómago y las lágrimas se apoderaban de sus pupilas.
Un nombre y una inscripción: Emma Swan, 1916-1961, amada esposa y madre.
