Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mi hija Kath porque es toda una artista y la quiero muchísimo, a Mi tatita Vero porque es un solete, a Alex porque me parto con ella, a mi princesita Gen porque es una de la personitas más importantes para mí, a mi preciosísima novia porque cada día me hace más feliz, a mi estrella que brilla en el cielo, a bego y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, Laura Brooks, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma, en carrera y a esthefybautista.

CAPÍTULO 15 REGINA WHITE

Esa noche no pudo dormir. En la habitación del pequeño hostal donde decidió descansar antes de continuar su excéntrico viaje recogiendo los pedazos de toda una vida por orden de su propia protagonista, miraba por la ventana sin poder apartar su vista de las estrellas, aun conmocionada por el relato que Marco le había regalado, los últimos años de Emma Swan.

Durante horas escribió en sus notas con todo detalle el último capítulo de esa historia de amor, entre lágrimas escurridizas ya que no podía detenerlas. Su interior estaba devastado por un cúmulo de emociones a las que no podía nombrar, se sentía excitada ya que estaba cerca de terminar esa historia, conmocionada ante el hecho de que una de sus protagonistas hubiese fallecido y sobre todo sentía una curiosidad desbordante y se preguntaba sin poder evitarlo por qué Regina le había contratado para escribir su propia historia, porque había dilapidado sus dinero pagando viajes y honorarios en lugar de explicársela ella misma, era un misterio que pronto tenía que resolver.

Con sus cuadernos completamente abarrotados de pulcra caligrafía, miraba por esa ventana pensando cuál debía ser su siguiente movimiento. Podía simplemente presentarse en casa de la señora White, en casa de Regina y darle todo cuánto había recopilado, mas una pequeña espinita de desconcierto seguía alojada en su pecho.

Con el sol saliendo por el horizonte, suspiró mirando el amanecer, sabiendo de pronto qué debía hacer, cómo proseguir, antes de presentarse ante Regina debía averiguar por qué cambió su apellido, el último pedazo de su historia, qué fue de ella al marcharse de Storybrook con su hija para no regresar.

Sin ganas de esperar un solo segundo más, recogió sus cosas y, tras pagar su cuenta en el hostal se marchó rumbo a Boston, debía averiguar quién era Regina White, tenía que darle un final a esa historia.

Caía ya el atardecer cuando llegó a Boston, los estragos del cansancio hicieron mella en ella por lo que se dirigió a su apartamento, necesitaba dormir con prisa ya que en el estado mental que se encontraba no conseguiría avanzar en su trabajo y era algo que no podía permitir, no estando tan cerca de la meta.

Al entrar en su hogar, dejó sus escasas pertenencias y sus valiosos cuadernos con cuidado en la mesa para, acto seguido, tumbarse en la cama durmiéndose en el acto, sin apenas desvestirse, mientras sus sueños se llenaban de recuerdos que no eran suyos, eran invadidos por los oscuros ojos de Regina quebrándose por el dolor.

A la mañana siguiente, aun consternada pero decidida, usó todas sus dotes de periodista para encontrar toda la información necesaria sobre Regina White, descubriendo así que no fue un cambio de apellido para desaparecer como solía hacer en Europa, sino que Regina se había casado con Leopold White, un importante hombre de negocios ya fallecido, viudo y padre.

La hija de Leopold, Mary Margaret Blanchard, seguía viva y la dirección que aparecía en el registro no estaba muy lejos. Sin pensarlo, Gen cogió su coche y puso rumbo al hogar de la señora Blanchard, si su padre se casó con Regina esta debía conocer el final de la historia que tenía entre manos.

Al llegar a su destino, un barrio a las afueras de Boston cuyas casas eran todas idénticas, tranquilo y apacible, se dirigió al número 108 donde constaba que Mary Margaret Blanchard vivía, llamando al timbre y esperando ser recibida.

Unos minutos más tarde, la puerta se abrió dejando ver a una mujer de avanzada edad, cabellos canos y ojos azul oscuro que la miraba de forma inquisitiva.

-Buenos días, estoy buscando a la señora Blanchard

-"Yo soy la señora Blanchard ¿Quién es usted?"

-Soy Gen Rodriguez, periodista, si usted me concediera unos minutos me gustaría hacerle unas preguntas

-"¿A mí? Yo no tengo nada interesante que contar señorita Rodriguez"

-Bueno, estoy investigando la vida de Regina Mills, escribo un libro sobre ella y la última noticia que tuve es que se casó con su padre

Mary Margaret Blanchard se la quedó mirando unos instantes, antes de hacerse a un lado permitiéndole entrar en la vivienda. Sin decir nada, se dirigió al salón seguida prudentemente por Gen ya que esta aun no sabía si su anfitriona hablaría con ella o por el contrario la echaría de ahí.

Una vez sentada en su sillón, indicó con la mano un asiento frente ella esperando que Gen se acomodara y mirándola intensamente unos instantes antes de romper el silencio.

-"¿Por qué escribe sobre Regina?"

-Ella me lo pidió, me ha contratado para que escriba su historia

-"Entiendo… ¿La escribe desde que escapó de España?"

-Sí, más o menos, estuve en Storybrook, ahí descubrí que se había casado con su padre

-"Eso fue hace mucho tiempo, no sé qué quiere que le cuente yo señorita Rodriguez"

-Verá, es delicado pero me cuesta entender que Regina decidiese casarse

-"Por Emma, claro, debe saber ya toda la historia, Emma fue el amor de su vida"

-Pero aun así se casó con su padre

-"La primera vez que vi a Regina no la recuerdo señorita Rodriguez, yo era muy pequeña, pero mi padre jamás la olvidó ¿Conoce la historia de los trenes? Emma y Regina asaltaban los trenes de la muerte y liberaban a sus prisioneros… Mi padre y yo viajábamos en uno de esos trenes.

No siempre fuimos White, en Europa nuestro apellido fue una sentencia de muerte de la que Regina nos salvó, gracias a ella mi padre y yo viajamos a Boston con un nuevo apellido y durante años me habló de ellas, de Emma y Regina, no conocía sus nombres pero sabía que les debíamos la vida.

Grande fue su sorpresa cuando, tantos años después, reconoció en un bar de carretera en el que paró para descansar tras un largo viaje de negocios, a la misma mujer que lo sacó de ese tren…"

Boston-1963

Era ella, estaba seguro, los mismos ojos oscuros, las mismas facciones en su rostro, el tiempo había pasado sobre ella moldeándola, convirtiéndola en una mujer hermosa a la par que desolada. Estaba tras la barra de un bar de carretera, aguantando insultos de camioneros borrachos, al verla a Leopold se le detuvo el corazón en el pecho, una idea acudió a su mente, hacía ya una eternidad esa mujer salvó su vida y la de su hija, le tocaba a él salvarla.

Se sentó frente a ella pidiendo un café, era amable y atento, distinto al resto de clientes de ese mugriento lugar, junto a él vio a una muchacha joven, de mirada clara y cabellos caoba, la muchacha sonría a Regina y esta le devolvía el gesto con amor, parecía que era importante para ella.

Cuando dejó frente a él su café, Leopold tomó su mano con suavidad obligándola a mirarlo a los ojos y sonriendo.

-¿Me recuerdas?

-"¿Debería hacerlo?"

-Supongo que no, fuimos mucho en aquellos trenes, tú nos salvaste… ¿Sabes? Llevo toda una eternidad preguntándome tu nombre pues tu rostro no pude olvidarlo jamás

-"Me llamo Regina"

-Yo soy Leopold White

-"¿De industrias White?"

-El mismo, me fue bien, gracias a ti…

Regina le regaló una sonrisa triste, el era un pedazo de su pasado, un pedazo de Emma, se alegraba de que su labor en Polonia hubiese repercutido en la gente mas no esperaba que encontrarse con Leopold mejoraría su vida, al menos un poco.

El señor White no tardó en convencer a Regina de que él la cuidaría, tanto a ella como a su hija, así fue como ambas se instalaron en la mansión de los White. Pronto las habladurías se hicieron evidentes, una mujer más joven que el señor White viviendo en su casa, el matrimonio no fue más que una farsa para que el nombre de Regina no se viese manchado con calumnias ya que Leopold jamás la miró como a una esposa.

La cuidó y la protegió, le dio a Judith una educación que esta aprovechó con creces, convirtiéndose en una de las historiadoras más reconocidas a nivel mundial junto a su esposo Peter.

Cuando Leopold murió, dividió su fortuna entre su hija Mary Margaret y Regina, esta última heredó también la casa y decidió no cambiarse el nombre, convirtiéndose en la señora White.

Boston-2002

-Entonces señora Blanchard, ellos se casaron por las apariencias

-"En cierto modo si, también porque mi padre quiso darle su apellido, cuando murió Regina quedó en una buena posición económica, nunca le faltó de nada, así cumplió su promesa de cuidar de ella"

-¿A usted le pareció bien ese matrimonio?

-"Yo crecí escuchando la historia de cómo vivía gracias a Emma y Regina… Con ella en casa contándonos como había luchado contra el nazismo, contándonos sus anécdotas y aventuras con Emma… era como tener una hermana mayos y tanto Judith como yo manteníamos a flote a Regina, ella no se recuperó de la muerte de Emma, jamás lo hizo.

Mi padre nunca la tocó, la comprendía porque el también perdió al amor de su vida, mi madre. Eran amigos, se entendían, hablaban durante horas, les gustaba pasar tiempo juntos, eso fue todo, fuimos una familia extraña pero al fin y al cabo una familia"

-¿Mantiene el contacto con ella a menudo?

-"No tanto como me gustaría, la muerte de Judith supuso un gran golpe para ella, ese accidente le quitó a su hija, le quitó lo último que le quedaba de Emma, pero aun así se mantuvo en pie, siempre fue una mujer fuerte, mi padre y ella criaron a la pequeña de Judith y Peter con todo el cariño y el amor del mundo, Ruby viene de vez en cuando a verme, me trae noticias pero Regina, ella no sale de su casa si no es necesario, lo ha perdido todo y la edad no perdona señorita Rodríguez"

Gen guardó silencio, la señora Blanchard divagaba ya que mezclaba en sus palabras la información que quería transmitir, aun así no dijo nada pues ya recompondría ella en su cuaderno todo cuanto le había relatado.

Ya tenía el punto final de esa historia, solo le quedaba una cosa por hacer, al día siguiente visitaría a Regina con todo cuanto había recopilado y esperaba recibir la respuesta a todos los porqué que se arremolinaban en su mente.