Hola de nuevo, ya dejo de ser un One Shot, consistirá en un fic de aproximadamente 8 capítulos, no estuvo planeado como los otros tres así que espero que les agrade. Capítulo dedicado a la presión de Alexza Snape y todas las chicas del escuadrón que querían el final que esperan.

Siempre se me olvida: personajes son de J.K. Rowling… lo demás es mío.

CAPITULO 2

Me puse un traje sastre color café, ¿acaso hay un color más lúgubre que este? No, lo dudo mucho, me puse una túnica beige color crema con botones negros, me deje el cabello suelto y me maquillé un poco, nadie iba a verme derrotada. Alcé la vista a la recámara y ve avergoncé de mi misma, ropa sucia y tirada por todas partes, ni que hablar del piso de abajo. Mi primera salida desde que Severus se fue, y lo hago para reunirme con él en el Ministerio y firmar el acta de divorcio. Tomó la red flu y mi abogado esta esperándome afuera, veo a Severus con su respectivo abogado del otro lado del pasillo.

- Señora Snape.

- Granger muy pronto de nuevo Fernsby – me recargue en la pared igual que él... silenciosa, faltaban unos cuantos minutos para poder acabar con mi matrimonio y con mis sueños en el.

- Hermione – genial, cuando me habla por mi nombre es porque algo pasa – Hay un problema con... el señor Snape no quiere cambiar lo que pediste.

- Pues dile que sino acepta no le firmaré el divorcio, quizás necesite algo que lo motive para recordarle quien esta accediendo a esto.

- Tu tienes derechos, por los años de matrimonio y de cierta forma ambos formaron su patrimonio, mereces esa pensión que quiere darte, acéptala.

- Esa pensión es demasiado y lo sabes, no necesito su dinero, díselo.

- La casa...

- La casa ya la puse en venta – lo interrumpí – En cuanto consiga un comprador te llamo para que le des el dinero.

- Él quiere que te la quedes, dice que esta a tu nombre y que te la compró a ti, ambos invirtieron en ello.

- La venderé Osmar, y le daré la mitad de lo que me den, sé que no es el divorcio que hubieses querido pero lo que me interesa él no puede dármelo.

- Pasen – dijo la secretaria, pasaron los abogados y por un segundo la mirada de Severus y la mía se cruzaron para al final entrar al despacho, era una mesa larga de madera fina con sillones negros, el agente del ministerio estaba en la orilla, mi abogado se sentó del lado derecho del juez y yo a su lado, Severus y su abogado quedaron frente a nosotros. El juez empezó a hablar y mi mente se fue, mi corazón intentaba protegerse de tanto dolor, de tanto sufrir, no quería escuchar nada de todo eso.

- ¿Hermione? – me llamó Osmar – Te llama el agente.

- ¿Perdón?

- ¿Están seguros de la decisión del divorcio, ya lo han pensado bien?

- Vamos a separarnos Sev, tomarnos un tiempo para pensar las cosas, pero no el divorcio.

- Hermione la gente esta casada o no lo esta, no le veo el caso a separarnos sin un divorcio.

- Pero, mínimo hay que tomarnos un par de semanas para pensar lo bueno y lo malo de nuestra relación y así tratar de mejorar.

- Ya pensé esto Hermione, no es una decisión precipitada es algo meditado con tiempo.

- Pero si nos divorciamos no habrá vuelta atrás, nunca volveremos a estar juntos.

- Eso es justo lo que quiero, entiéndelo – me lo dijo calmado, serio, inyectándome un veneno de la forma más tranquila y dulce para no lastimarme, pero no dejo de matarme desde el día en que me pidió la separación.

...

- La decisión fue previamente pensada y sin posibilidad de cambio señor Juez – le dice Severus – ¿Verdad Hermione?

- Si, así es.

- Bueno entonces ¿cuáles son los arreglos? – el abogado de Severus extendió el pergamino, se puso las gafas y comenzó a leer.

- Mi cliente el señor Severus Snape Prince le deja a la señora Hermione Jane Granger la casa que compartieron en su matrimonio, así como la mitad de la cámara de Gringotts que abrieron al casarse, le dará una pensión mensual de 3000 galeones, a su vez le deja la mansión Snape que se encuentra en Gales y él se deja la de Cataluña, tienen dos elfos y le pide a la señora Granger que escoja al que le parezca.

- ¿Está de acuerdo señora Granger? – mientras me pregunta el juez, Osmar me presiona la mano para que acceda.

- No, no estoy de acuerdo.

- ¿Qué propiedad desea? ¿O que cantidad? - jueces... hombres de leyes, piensan que todo se reduce a eso, a cosas materiales.

- Creo que mi abogado ya habló con ustedes – le dije dirigiéndome a Severus y el pigmeo que lo representaba – Las propiedades son tuyas, de tu familia, nada te peleo, los elfos nunca me han interesado, tu bien sabes que la cámara de Gringotts la llenaste con tu sueldo y tu fortuna, no quiero nada de eso, ni tu pensión ni nada, venderé la casa y te pasare la mitad como corresponde.

- Hermione por favor.

- Es eso Severus o no te daré el divorcio.

- Te has quedado sin empleo – y eso a él que le importa, claro que había perdido mi empleo si después de tantas peleas deje de rendir, cuando me dejo falte los primeros días y cometí errores, terminaron despidiéndome como favor especial – Acepta la pensión... te corresponde, al menos de aquí a lo que encuentras algo.

- Solo quiero acabar con esto Severus, quieres tu maldita libertad pues te va a costar, no quiero nada de ti, ni tu compasión ni tus limosnas, nada, ¿me has escuchado? No te necesito.

- Calmémonos por favor... ¿Señor Snape accede usted a las peticiones de su mujer? – ¿mujer? El muy hijo de puta llevaba semanas sin tocarme, vi que accedía, y me dieron el acta de divorcio para firmarla – Una vez firmada el acta se les entregara en algunas semanas – tomé la pluma viendo pasar todos esos momentos a su lado, cuando me pidió matrimonio frente a mi padre ya que solo así lo terminaron por aceptar, cuando fuimos de luna de miel, cuando compramos esa casa, al decorarla, sin querer mi dolor me venció y comencé a llorar, las peleas, gritos, los te amo que quedaron ahogados en las habitaciones, los gemidos al hacer el amor, todo se iba a la mierda por falta de amor.

- ¿Hermione? – su voz me caló en lo más hondo, ¿qué quiere ahora?, firme el documento y me levanté para verlo a la cara, no me importaba estar llena de lagrimas, nada de eso...

- No te preocupes ya tienes el maldito divorcio que querías, has con tu libertad y tu vida lo que se te venga en gana – le arroje el documento y me salí de ahí, dejando a mi abogado a que terminara el asunto.

...

Llegué a mi casa destrozada, el maldito letrero de se vende me producía nauseas y ganas de matar a mi ahora ex marido, tomé una cerveza ya que no tenía para comprar algo mejor, abrí unas papas doradas y me senté en el sillón a comerlas mientras la cerveza se acababa y abría otra, así consecutivamente, la chimenea se activo, era Ginny ¿qué demonios quería ahora? No espero a que respondiera y entró, abrió la boca por como tenía la casa.

- Creo que deberías aprovechar el elfo que tienes y ponerlo a trabajar un poco Herms.

- Ginny... no te esperaba.

- ¿Estas ebria? – claro que no, reconozco que no estaba totalmente sobria pero tampoco estaba cayéndome de borracha.

- No, claro que no – observó las botellas de cerveza en el piso y la de whisky que se había terminado dos días atrás.

- ¿Olvidaste que me cuidarías a James y a Severus? – me lleva la que me trajo, en ¿qué maldito momento me pareció buena idea que le pusieran así a mi ahijado?... – ¿Paso algo?

- Lo siento mucho Ginny lo olvide, he estado pensando en otras cosas, perdí mi empleo y no estoy pasando por un buen momento – envió su patronus a cancelar la cena que tenía con Harry, celebraban su aniversario... se sentó a mi lado y me sentí un poco vulnerable.

- ¿Hermione qué tienes? ¿Y Severus? – negué con la cabeza para que no siguiera con su interrogatorio, me abrazó y sentí la calidez de un consuelo que llevaba semanas necesitando, me callé los problemas con Severus no le dije a nadie y ahora ya no valía la pena callar.

- Firmamos el divorcio en la tarde.

- ¿Qué? – me consoló todas esas lagrimas que llevaba en silencio hasta que estuve lo suficientemente calmada para hablar, quedándome dormida en el sofá. Al despertar todo estaba recogido y olía a desayuno saludable y Ginny en la cocina.

- Ginny no debiste.

- Hermione necesitas desayunar, no había nada... anda come algo – tomé zumo de calabaza, con una tostada de mermelada, un poco de salchichas guisadas y fue todo lo que pude consentir – ¿Por qué no me dijiste lo que estabas pasando?

- No lo sé... Ginny ni siquiera yo entiendo lo que pasó ¿cómo iba a contárselo a alguien más?

- ¿Qué pasó?

- No sé, dijo que había dejado de amarme, que ya no era feliz y me pidió el divorcio, le pedí... le suplique Ginny y no me escuchó, me dejo... no tengo nada Ginny...

- Tranquila, vamos a ver... comemos juntas y platicamos, llegas tarde al trabajo anda cámbiate.

- Me despidieron.

- Ay Hermione ¿cuánto te ha tocado callar? – le conté todos los cambios de Severus, conversación por discusión hasta que se quedó con la misma cara que yo – ¿Piensas que hay otra?

- Tu grandiosa razón debe ser otra mujer ¿no? – no me respondió y siguió llevándose pociones e ingredientes – ¿Es más joven? ¿Guapa? ¿Atractiva? ¿Te da mejor sexo que yo?

- No hay nadie ya te lo he dicho.

- No te creo.

...

- No lo sé Ginny... no lo sé, y realmente ahora no importa.

- Él te amaba Hermione.

- Tú lo has dicho, me amaba.

- Vamos acompáñame a San Mungo a decir que no podré ir a dar consulta y después nos iremos tu y yo a una tarde de mujeres... yo invito – sonreí dejándome arrastrar por mi amiga, tomé un baño y me arregle lo mejor que pude.

Llegamos a San Mungo y esperé afuera de su consultorio esperándola, ella daba las indicaciones a la secretaria y de unos pacientes especiales que tenía, después que salió fuimos a la cafetería y se detuvo.

- Y si tomamos el café afuera.

- Si, está bien... pero necesito entrar al baño.

- Lo hacemos en la cafetería de afuera – su actitud me parecía demasiado extraña, había dolor en sus ojos – Por favor – la quité de en medio para poder ver a Severus sentado con una medimaga, la conocía, se llamaba Cindy... no recordaba su apellido, me acerqué a ellos, y me detuve al ver que ella le acariciaba las manos y él correspondía a su gesto – Hermione detente.

- Quiero que me vea... quiero que sepa que lo he visto.

- No vale la pena, vámonos – pero no me importó me acerqué un poco más, el soltó a la mujer y me vio fijo a los ojos – Vamonos – me jaló llevándome de ahí, hasta su consultorio.

- ¿Los habías visto?

- Si, pero no creí que hubiera algo, al principio él iba a su consultorio pero después los empecé a ver en la cafetería de aquí o la de afuera, no sospeche nada... pensé que si tuviera un romance se escondería, Hermione no estaban haciendo nada malo, quizá malinterpretamos las cosas.

- Estaban tomados de la mano, a un día de obtener el divorcio Ginny.

- Quizá deberías hablar con él.

- No, ya todo murió para mí, todo, mi matrimonio, mi amor por él, todo – lloré en silencio mientras me llegaba el patronus de mi abogado.

Tenía comprador para la casa, llegué firme los papeles, me daban un mes para desocuparla, lo primero que hice fue quemar la foto de nuestra boda, una fotografía llena de mentiras... llena de él, y ahora llena de odio.

SEVERUS SNAPE

- Nunca va a perdonarme Cindy.

- Te dije que pensaras las cosas antes de hacerlas Severus.

- ¿Tenía opción?

- Decirle la verdad.

- Me hubiera odiado mas... mucho más.

- Habla con ella Severus, ahora que es tiempo, quizás no puedas recuperar tu matrimonio pero al menos te quedaras mas tranquilo que hiciste lo mejor por ella.

- Da igual... ella me lo dejo muy bien en claro que no me perdonaría.

¿Cuánto daño le causé? Desde que me fui esa noche de su lecho, a punto de penetrarla, a punto de hacerla mía como cada noche, para refugiarme en la maldita bebida, nunca volvía dormir con ella, y eso la destrozó... lo sé... le daba besos vacíos y cortos, la prive de mis caricias, hasta que tuvo que hacerme esa pregunta, y lo solté todo, le pedí el divorcio y la maté, me suplicó una explicación ¿y qué mas podía decirle? Nada sino un: no te amo, acabé con ella en esos días, por eso traté de irme de la casa cuanto antes para no seguir dañándola, y quebré ese retrató, aquel que llevaba tantas promesas implícitas, la deje cuando jure amarla para toda mi vida, rompí esa promesa haciéndole el mayor daño posible cuando me comprometí a su padre a matar si era necesario a quien la dañara.

Me duele su dolor... pero no puedo hacer nada... no va a perdonarme, pero da igual porque no lo merezco.

Hice todo lo que pude chicas, mi tiempo hasta aquí terminó, se que es triste no me arrojen muchos crucios, quejas: ya saben dónde encontrarme, es un poco dramático pero prometí final feliz así que no se desesperen… todo irá formándose con calma.