No pudiendo dejar de escribir, aquí esta otro fic. Un one shot cortito para leer en un ratito.

n.n

Disclaimer: Las TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leo, desde siempre, por siempre y para siempre. Y ni gano dinero por escribir este fic, salvo sus invaluables reviews.

…..

DEMASIADO TRANQUILO

Leonardo llegaba de haber ido a la tienda de Abril. Le ayudó a acomodar algunas cosas, por eso fue él nada más. Pero en cuanto puso un pie en su casa… notó algo extraño: estaba tranquilo, demasiado tranquilo. Echó un vistazo rápido: no había nadie, pero luego escuchó un golpeteo metálico que venía del taller. Esos deberían ser Rafael y Donatelo que estaban reparando alguno de los vehículos, o quizás la moto; pero ¿y Miguel Ángel? La tele estaba encendida, pero no había nadie que la estuviera viendo. Tuvo un feo presentimiento.

Enseguida fue al taller.

Efectivamente, ahí se encontraban Donatelo y Rafael.

-Oigan ¿y Miguel?

Rafael se encogió de hombros. Donatelo fue el que respondió.

-Antes de que comenzáramos con la reparación, yo lo vi en la sala, viendo la tele.

-No está.- Leonardo salió muy preocupado de ahí.

Rafael y Donatelo se miraron por un segundo, dejaron lo que estaban haciendo, y siguieron a su líder.

Leonardo fue derechito a la sala y… ahí estaba Miguel Ángel, sentado en el sofá. Como no estaba sentado como Sensei manda, sino con la cabeza hasta por en medio del respaldo y estirado él de tal forma que los pies los tenía sobre la mesita de estar (pero sobre un cojín, hasta eso fue precavido), por eso Leonardo no lo vio desde lejos.

-Aquí estás.- dijo Leonardo, casi casi suspirando de alivio.

-Sí. ¿Por?

-Por nada.- le sonrió.

Donatelo y Rafael ya estaban ahí también viendo que Miguel Ángel estaba bien oculto.

-No había ningún motivo por el que te preocuparas, Leo.- le dijo Donatelo.

-En realidad no. Es sólo que… no lo sé.

-Estás muy tenso, ¿sabes?- le dijo Rafael -Necesitas vacaciones.

-Unas vacaciones nos caerían bien. ¿Tú qué dices, Miguel?

Miguel Ángel dejó de ver la tele para contestarle.

-Me parece buena idea.

Eso fue todo lo que dijo.

No hubo aplausos, ni gritos, ni brincos, ni quejas siquiera. Miguel Ángel es quien se quejaba constantemente de que nada más tenía obligaciones, puras obligaciones y nada de vacaciones, y cuando se presentó esta oportunidad, debería estar celebrando, pero no lo hizo.

Naturalmente, esto les pareció raro a las otras tortugas.

-¿Todo bien?- Leonardo se sentó en el sofá, Donatelo en el sillón y Rafael se quedó de pie detrás del sofá.

-Sí.

Leonardo no preguntó más. Sabía, gracias a su peculiar sexto sentido, que algo no estaba bien con su hermanito. Aunque no se veía preocupado, ni triste, ni con temor, pero tampoco estaba contento, como suele serlo la mayor parte del tiempo; más bien, se veía tranquilo, demasiado tranquilo. Miró la tele. Estaban pasando Los Padrinos Mágicos: Timmy estaba siendo torturado por su niñera Vicky.

-¿Saben qué?- de repente dijo Miguel Ángel.

-Ya se te ocurrió donde pasaremos las vacaciones.- Rafael se adelantó a hablar por él.

-No es eso. He estado pensando…

-¿Tú piensas?- dijo Rafael con exagerada sorpresa, a lo que Leonardo le hizo una seña de que lo dejara hablar.

-¿Qué has pensado?- Donatelo le pregunto con mucha curiosidad.

Miguel Ángel no es el tipo de tortuga que le de por pensar cosas serias, pero… su extraña actitud de pasividad indicaba algo serio.

-Hemos tenido mucha suerte.

-¿En qué?- dijo Rafael -No nos hemos sacado la lotería.

-Sí nos sacamos la lotería.- dijo Miguel Ángel, todavía con esa calma que no era usual en él.

-¡¿Pero con qué?!- Rafael empezaba a desesperarse.

-Miren al pobre de Timmy.

-¿Qué tiene?- volvió a preguntar Rafael.

-Tiene a sus dos papás que ganan bien, tienen una bonita casa en un lindo vecindario… pero Timmy no es feliz. Sus papás deben dejarlo con Vicky porque tienen que ganarse el pan de cada día, y ella es muy mala.

-¿Y eso que tiene que ver con nosotros?

Ahora sí Leonardo tuvo que tomar medidas drásticas para que Rafael se callara: lo jaló hacia el sillón para que cayera de cabeza en el asiento, obligándolo a girar para que no se lastimara (para que cayera de espalda y no de frente, así que quedó boca arriba en el asiento y con los pies al aire), y le tapó la boca con una mano.

En tan incomoda postura, Rafael no pudo hacer nada para ponerse de pie ni librarse de su opresor.

Eso no logró que Miguel Ángel se retorciera a carcajadas.

-Es cierto.- dijo Leonardo -Timmy tiene una niñera muy mala, pero tiene a sus Padrinos que le conceden todo lo que les pida con ayuda de la magia.

-No es lo mismo.- le refutó Miguel Ángel, sin dejar ese tono de una sensata conversación -Sus padres y él no están mucho tiempo juntos, y un niño necesita de sus papás y hermanos. Ojalá Timmy tuviera aunque sea un hermano… Nosotros la pasamos mal cuando éramos niños, pero estábamos juntos, y ahora de grandes, nos metemos en problemas, pero seguimos estando juntos, y yo prefiero eso, a tener un padrino mágico.

Se hizo el silencio.

Sorprendieron las palabras de Miguel Ángel. ¿Cómo ha ocurrido algo así?

Si hubiera sido el Miguel Ángel de siempre, ya estaría pensando qué pedirle a sus padrinos mágicos, si los tuviera, pero ha pensado otra cosa, algo que ninguno de ellos, al menos en un tiempo, no se les había ocurrido. Eso les hizo sentir raro, como si hubieran olvidado algo muy importante: estar juntos. Hace algunas semanas que no han hecho nada juntos porque últimamente cada quien ha estado ocupado en sus asuntos.

Luego de la breve confusión, Rafael aprovechó para quitarse la mano de su hermano mayor de su boca y consiguió voltearse, quedando entre Miguel Ángel y Leonardo.

-Pues a mí me gustaría – Rafael volvió con sus sarcasmos - meterte en una caja, sellarla bien y mandarte a Parangaricutirimicuaro, para dejar de oír tus ocurrencias.- se sentó igual que Miguel Ángel, incluso puso un cojín para apoyar sus pies en la mesita, sólo que no quedó 'tan abajo' por su altura.

Miguel Ángel respondió con un encogimiento de hombros, y se recargó en el brazo de Rafael.

-Pero si haces eso, Rafa,- dijo Leonardo -¿a quién más podrías usar de saco?- en tono de broma, claro, y se arrimó más a Rafael y se deslizó en el sofá para quedar como Miguel Ángel, desparramado, pero sin poner los pies en la mesita, mejor recargó su cabeza contra el hombro de su hermano de la bandana roja.

-Todavía me quedarías tú para usarte como saco.

-Claro. Mejor me voy con Miguel.

-No creo que sea posible Rafa.- Donatelo se acercó y se sentó al lado de Leonardo, también extendiéndose a sus anchas, y además entrelazando su brazo con el de él- No puedes hacerle nada malo al conse de Sensei.

-Uff…- Leonardo fingió alivio.

Si fueran otras las circunstancias, Rafael los tacharía a todos de bebés, pero por una vez, estaría bien seguir el juego.

-Quelonios… Yo que ya me había hecho ilusiones.

-Shhhh… No me dejan oír.- Miguel Ángel los calló.

-Perdón.

Guardaron silencio para ver la caricatura, pero por un rato, porque sí era graciosa. Estaban risa y risa.

Miguel Ángel sonreía más bien, disfrutando tanto de la serie como el que estuviera con sus hermanos.

Después de un grato momento, pasó una escena donde la niñera le daba de comer al niño cereal integral.

-¡Pobre!- expresó Donatelo su indignación.

-¡Darle a un niño ese feo cereal que sabe a cartón!- exclamó Rafael -Ya siento que odio a esa Vicky.

-Yo también.- dijo Donatelo.

-Mmhhh… Eso me recuerda que no he comido nada… en toda una hora.- dijo Miguel Ángel, y fue a la cocina.

-Todo un record para él.- Rafael ironizó.

-Si no ha comido nada,- dijo Leonardo -es por eso que ha estado tranquilo.

-Justamente- dijo Donatelo -al oírlo que iría por algo de comer, pensé que su insólita inactividad se debía a su nula ingesta de energizantes durante cierto tiempo prolongado, sobre todo de edulcorantes. Y ahora que coma el cereal, se renovará su nivel de energía.

-O sea,- dijo Rafael -que no ha comido nada dulce, por eso ha tenido baja la pila, pero se pondrá como siempre cuando se coma su plato lleno hasta el tope de cereal, leche y mucha azúcar. Me cae mejor así como está ahorita, y que no ande dando de brincos por todos lados.

-Yo preferiría- dijo Leonardo -seguir así de relajado hasta las cinco, cuando venga Sensei a ver sus novelas… o incluso verlas con él, pasar el rato juntos.

-Igual y nos la seguimos. ¿Cómo ves, Doni?

-Me parece una idea, extravagante, pero sí, nos la seguimos.

-Entonces,- dijo Leonardo -hay que evitar que Miguel se acelere.

Corrieron hacia la cocina.

Con excusa de que también se les había antojado el cereal (de hecho, sí se les antojó), Rafael distraía a Miguel Ángel, y mientras, Leonardo cambió el tazón del azúcar normal por el tazón del otro que según no tiene calorías, y por consiguiente, no te acelera.

Todos regresaron a la sala a seguir viendo caricaturas con un plato repleto de cereal, leche y azúcar, olvidándose por competo que ya no son niños pequeños como para estar viendo caricaturas acompañadas con cereal a media tarde.

Después se les unió su padre, que también tomó una postura muy desordenada.

Disfrutaron estar juntos, como lo han estado siempre, aunque cada vez se van distanciando más, padre e hijos, pero es parte de la vida: en algún momento, cada uno tomará su camino, cada uno tomará un diferente destino, pero seguirán unidos. Qué bueno que se los recordó el hermano que nunca se estaba quieto y escogió el momento correcto para ser demasiado tranquilo.

Y claro que se fueron de vacaciones, pero eso es otro fic.

…..

Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.

Gracias por tomarse su tiempo y leer mi fic.

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