Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
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/-/- ETERNAL -\-\
II
Kiss me
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Sakura fue incapaz de frenar la tierna caricia de los labios del hombre que la estrechaba sin intenciones de soltarla. La desolación y la posterior alegría que vio brillar en su mirada, le produjo una enorme sensación de culpabilidad. Se abrazó a su cuello, dejándose arrastrar por la pasión que comenzó a despertar en su cuerpo. El anhelo de permanecer allí para siempre, la tomó por sorpresa. ¡Era un desconocido!, y no sólo eso, ¡probablemente ni siquiera era humano!, recordó la manera tan increíble en la que apareció frente a ella.
La conciencia le gritaba que lo apartara inmediatamente, pero algo más, una emoción primigenia, ordenaba a su voluntad doblegarse y entregarse sin reservas. Abrió la boca, permitiendo que él la llevara a la locura con los movimientos eróticos de su lengua. Su sabor era único, algo hasta ahora jamás experimentado.
—Hikari —repitió él separándose unos centímetros.
Una oleada de realidad la golpeó con intensidad. Él creía que era otra persona. Obviamente la había confundido con una mujer posiblemente muy parecida a ella, una a la que seguramente amaba. Un escalofrío la recorrió, dejándola temblorosa y decepcionada. Ahora que podía verlo con claridad, su corazón se enamoró un poco más de él. Era un hombre muy atractivo. De cabello azabache y algo largo, un poco desordenado. Un sedoso mechón cubría uno de sus preciosos ojos negros. La piel blanca y reluciente, contrastaba con su ropa negra. La contemplaba como si aún no creyera posible lo sucedido, sus finos labios separados, expectantes para devorarla de nuevo.
Se acercó con idénticas intenciones de saborearla otra vez, ella desvió el rostro. No. Por muchas ganas que tuviera de dejarse besar por él toda la vida, aquello no volvería a suceder. Debía aclarar el malentendido.
—Yo no…no soy…te has confundido. Mi nombre es Sakura…Sakura Haruno —reunido el valor volvió a mirarlo. La expresión de él no cambio ni un poco.
—Tu cabello es distinto, también eres más alta. Pero tus ojos son los mismos, tu piel… —acarició el contorno de su cuello—, tan delicada como la recuerdo. Tu voz suena igual, tu olor me hipnotiza como siempre —sonrió y ella se quedó sin respiración—. Eres mi Hikari, aunque no lo recuerdes…has reencarnado para mí. Mis sentimientos por ti no han cambiado, no importa que seas humana —sentenció con determinación.
Por supuesto que le daba igual. A pesar de odiar a los humanos, él jamás podría rechazarla a ella. Recordó sus palabras de despedida, esas que nunca se permitió olvidar. Ella le había asegurado que algún día haría que amara a esos inútiles seres, cuánta razón tenía.
—Me llamo Sakura Haruno, por favor, llámame así…no sé quién crees que sea, pero te anticipo que no tengo nada que ver con la mujer que pareces pensar que soy. Por favor, apártate de mí —no le gustaba que la mirara de esa manera, mucho menos que siguiera llamándola Hikari.
¿Por qué estás tan asustada?, nunca te haría daño…
Ella pegó un respingo al escucharlo dentro de su cabeza. Él se percató en seguida de su reacción. Imposible, ¿él no podía saber que ella tenía la habilidad de leer su mente, o si?. Además, ¿Por qué no había podido hacerlo hasta ahora?, pensó que ante él su don era inservible.
—He entrenado durante todo este tiempo para controlar lo que pienso —respondió adivinando sus preguntas—. No me gustaba que pudieras saber todo lo que yo pensaba sobre ti, eso me podía en desventaja —volvió a sonreír—. ¿Seguirás negando quién eres, aun cuando nuestras almas ya se han reconocido? —acunó su rostro entre sus enormes y fuertes palmas.
—Déjame ir —no tendría fuerzas para apartarlo si decidía volver a estrecharla entre sus brazos.
—Nunca. No de nuevo —negó tajante.
—Mister Dark si está por allí, es mejor que me ayude de una buena vez —pidió a la oscuridad.
Sasuke arqueó la ceja, no comprendiendo por qué hablaba con los contenedores de basura que estaban tras él. Tan distraído se encontraba, que reaccionó demasiado tarde, el feroz gato negro cayó encima de él, tomándolo desprevenido. Se apartó de Hikari para evitar que el animal callejero la lastimara con sus garras, cogió del pescuezo al felino, su puño se cerró con fuerza, pensaba matarlo rápidamente por haber puesto en peligro a su amada. El grito de ella lo detuvo.
— ¡Suéltalo, no lo lastimes! —ella ya se hallaba en la entrada del callejón, a varios metros lejos de él.
Soltó al gato que corrió hacia donde ella permanecía de pie. Su intención no era asustarla, pero el rostro de Hikari no reflejaba más que miedo y preocupación. Se quedó de pie, mostrándole que no se acercaría a menos que ella lo permitiera.
—Siento mucho que me hayas confundido con tu novia —la oyó disculparse temblorosa—, pero yo no soy la mujer que buscas. Por favor déjame en paz, no me sigas, no quiero volver a verte —corrió hacia la calle, seguramente a buscar un taxi.
¿Qué no la siguiera?, ¿Qué no la buscara de nuevo?. Estaba muy equivocada. Sabía que el beso que se dieron, tuvo el mismo efecto devastador en ella, que tuvo en él. La sintió estremecerse, desarmarse entre sus brazos. Si, tal vez se apresuró apareciendo así frente a ella, soltándole todo sin investigar antes sus antecedentes. Arreglaría su error. No fue difícil seguir el vehículo en el que se transportaban ella y su odioso gato. Incluso ese animal era una prueba más de que ella era su Hikari, su reina tenía el poder de comunicarse con los animales.
El hotel era uno de los más seguros del vecindario, pero ningún tipo de seguridad le impediría acercarse a ella. Esperó hasta que distinguió la luz de una de las habitaciones del tercer piso encenderse, en seguida saltó hacia su balcón. Las cortinas permanecían abiertas, dándole una completa imagen del interior.
Sakura comenzó a guardar su ropa en la maleta con bastante urgencia, no se quedaría un segundo más de lo necesario más que para pedir otro taxi y adelantar su vuelo.
¿Qué no era eso lo que querías?, encontrar tu propio Conde Drácula para ti solita
—Mister Dark, no diga una palabra más, porque estoy tentada de lanzarlo por la ventana. ¿Por qué dejó que las cosas llegaran a tanto? —recriminó cerrando la valija de golpe.
¿Y qué iba a hacer, restregarme en su nariz y hacerlo estornudar hasta la muerte?. Además, no parecías muy indispuesta allí colgada de él. Aunque, te juro que si te hubiera clavado los colmillos, habría intervenido antes.
—No sé qué me sucedió, me atraía como un imán —admitió asustada, rememorando el hechizo en el que cayó cuando sus miradas se mezclaron.
Deja de fantasear niña, vámonos de una vez. No me fío de este lugar.
—Tiene razón, será mejor que…
— ¿Vas a alguna parte?
Mister Dark se erizó y lanzó un bufido. Ella no se atrevió a girarse, era él. ¿Qué hacia allí, por qué no la escuchó cuando le exigió que la dejara en paz?. No supo si suspirar aliviada o, enfadarse por la estúpida reacción de deseo que la asaltó de pies a cabeza.
—Dile a tu mascota que no voy a lastimarte, te he dicho que jamás te dañaría Hikari.
—Basta —estaba empezando a aborrecer ese maldito nombre—. Soy Sakura, ¡llámame Sakura! —lo encaró enojada.
—Veo que por fin has perdido el miedo —se aproximó lentamente.
—Ni un paso más, o juro que te haré volar por los aires —advirtió amenazante. No permitiría que volviera a tocarla, si lo hacía, era muy posible que acabara lamentándolo.
—Hn tu telequinesis, con ese cuerpo humano es posible que termines acabada, ¿eres capaz de utilizar todas tus habilidades? —preguntó curioso.
— ¿Cómo sabes…cómo supiste de mis dones? —abrió los párpados con sorpresa.
—No olvides que te conozco mejor que tú misma. Puedes leer la mente —tocó con cariño su sien—, entenderte con cualquier ser vivo —señaló al gato—, curarte rápidamente de todo daño —acaricio el contorno de la perfecta piel de su rostro—, mover objetos, incluso personas sin utilizar un dedo —tomó su mano, besando cada nudillo—, puedes controlar la voluntad de los más débiles, haciendo que sigan tus ordenes —paseo el pulgar por su labio inferior. Sakura tuvo que refrenarse para no acariciarlo con la lengua —. También, sabes canalizar la energía de los elementos, creando grandes bolas de poder, capaz de desintegrar un elefante —delineó los surcos de sus palmas.
— ¿En serio? —se oyó preguntar intrigada—, eso es nuevo —se mordió la lengua, así que por eso se había podido librar de ese tipo que quería desangrarla en el club.
—Tu sangre es la más deliciosa que he probado nunca.
—Así que es eso, pretendes dejarme seca —se llevó la mano al cuello y retrocedió preocupada.
— ¿Qué tengo que hacer para que sepas que no voy a dañarte? —la comprensión con la que la observó, la tranquilizó de nuevo.
—Qué tal si empiezas por dejarme ir —pidió señalando la puerta.
—Pídeme lo que sea, menos eso —negó apretando los labios.
—Entonces, explícame, porque no entiendo nada. ¿Por qué estás tan obsesionado conmigo?, ya te dije que mi nombre no es Hikari, que yo no te conozco…
A pesar de que se moría de ganas de que no fuera así. Era claro que él era su sueño hecho realidad, al menos si no estuviera tan encaprichado con la bendita Hikari.
—Me conoces, pero no me recuerdas. En tu vida pasada, fuimos muy cercanos…
Él se detuvo abruptamente, claramente no pensaba decirle toda su verdad. ¿Por qué?, ¿Qué no estaba desesperado por convencerla?. Ella le creería, no es como si le pareciera inverosímil lo que él sugería. No estaba tan equivocado al señalar que sus almas se reconocían, ya que muy en su interior, las sensaciones comenzaban a embargarla. Gritándole, pidiéndole que le permitiera tomarla y llevársela lejos, que la mantuviera protegida y amada hasta la muerte.
— ¿Qué tan cercanos?...
—Lo suficiente para esperar tu regreso —aseguró con fervor.
Ella comenzaba a bajar la guardia. Sasuke no quería contarle todo, suponía que ella recordaría por sí sola en cualquier momento. No podía haber borrado lo acontecido en el pasado, ¿o sí?. Aquello sería injusto y cruel, que ella jamás retornara a ser su Hikari, le paralizaba el corazón. No, su reina tenía que volver y, en esa ocasión, él no la traicionaría. Vivirían su amor, incluso moriría por ella de ser necesario.
— ¿Éramos…novios? —sus mejillas se pusieron rojas.
—No. Nunca estuvimos juntos de esa manera, tú tenías miedo de que algo me sucediera si se descubría la preferencia que albergabas por mí. Pero nos amábamos —aclaró desesperado por volverla a besar.
— ¿Siempre has sido…lo que eres?, por cierto, ¿Qué eres con exactitud?
—Sí, siempre he sido un vampiro.
—Y yo también era…es decir, Hikari era…una vampiresa… —no le sorprendió su disposición a conversar, ni siquiera lo miraba como si creyera que estaba loco, su lado sobrenatural dominaba su parte humana, comprendió complacido.
—No sólo una vampiresa, eras la reina. Mi reina y la de todos los de nuestra especie.
— ¿Reina?... ¿ustedes se rigen por una monarquía? —se dejó caer en la cama, el impacto de sus palabras la dejó estupefacta.
—Ya no más…no desde que… —tragó con fuerza.
— ¿Qué le pasó, cómo murió?
—Los distintos clanes ancestrales comenzaron a ambicionar más poder. No les gustaba verse sometidos por una hembra, menos cuando ésta, era una pacifista que prefería proteger al débil y mantener el equilibrio entre el bien y el mal. Ellos comenzaron a conspirar en su contra, planeando atacar lo que Hikari tanto cuidaba. Sabían que no podrían dirigir un ataque frontal contra ella, era demasiado poderosa para vencerla en una batalla de igual a igual…los vampiros más antiguos y fuertes, arrasaron con infinidad de aldeas, derramaron toda la sangre que pudieron, ni siquiera era por la sed, era únicamente para disgustarla a ella, para hacerla sufrir.
— ¿Aldeas de qué? —preguntó trémula, conociendo ya la respuesta.
—Ella amaba a los humanos. Decía que nosotros, como raza superior, debíamos encargarnos de guiarlos y preservarlos.
— ¿Acaso beber de ellos era protegerlos? —resaltó contrariada.
—Nosotros no bebemos sangre humana. Los vampiros como yo…como ellos, nos alimentamos de nuestra propia especie. La sangre humana nos es insuficiente, lo vemos como algo indigno, únicamente los vampiros convertidos lo hacen, no tienen muchas opciones de alimento —explicó con frialdad.
— ¿Los vampiros como tú?... —¿pues cuántos tipos había?, antes de aquella noche, habría jurado que los caminantes nocturnos eran simples cuentos.
—Yo soy un raza pura. Nacido, no convertido. Mi clan es de los principales, sólo la reina estaba por encima de nosotros. Poseo habilidades únicas, así como el resto de los ancestrales de mi tiempo, mi elemento es el fuego, mi poder el rayo.
—Ya veo… —no, no veía ni comprendía nada, necesitaba un poco de tiempo para poder asimilar la increíble historia que él tan calmada y confiadamente le contaba—. Entonces… ¿Qué hizo ella cuando lo supo?
Él agachó la cabeza, sus hombros se endurecieron, de repente no parecía tan comunicativo como antes.
—Hizo lo que ellos esperaban. Decretó un mandato que los justificó a ponerse en contra de ella. Nos condenó a la exterminación —la sobresalto su tono helado—. Nos habíamos convertido en monstruos, no merecíamos la vida que se nos otorgó…
—Pero…ella también moriría, ¿no? —murmuró incrédula.
—Era el ser más valiente que he conocido. El consejo decidió derrocarla, solo existe una manera de destruir a un vampiro como ella…Hikari…ella permitió que la asesinaran, no luchó, ni siquiera intentó hacerlos cambiar de opinión. Aceptó su destino, a pesar que pudo haberse defendido y destruirnos a todos.
Sakura se quedó muda, el sufrimiento del hombre frente a ella la partió en dos. Sus ojos vacíos y amurallados la veían sin ver. No podía escuchar lo que pasaba en su cabeza, él se había cerrado completamente. Insensible a sus recuerdos, como un bloque de hielo que solo exudaba frialdad.
Su vida estuvo plagada de situaciones extrañas, de sentimientos a veces demasiado confusos y atormentados. Los sueños sin forma de interminables noches brumosas, acudieron a su mente. Había ocasiones en las que no se reconocía a sí misma, en las que pensó que su cuerpo y su alma no se correspondían. A veces algo le faltaba, no tenía un lugar. Otras, estaba dividida entre dos mundos, la sabiduría y la experiencia que le daba una madurez impropia de su edad; y la ingenuidad y la inocencia de apreciar todo con nuevos ojos. Con un desconocido criterio.
¿Era posible que fuera dos personas a la vez?. Tsunade no dejaba de decirle que cargaba con un alma vieja y atormentada cuando le leía las cartas, ella se reía de sus charlatanerías. No dudaba de lo que el hombre frente a ella le contaba, seguramente sabría mucho más que ella de su importante antepasado. La información que él le brindó, encajó perfectamente en las lagunas de su extraordinaria vida. Ya no era simplemente Sakura Haruno, la fenómeno sin familia con poderes increíbles. En una realidad muy distante, fue la reina infeliz de una raza de traidores, una mujer con un fatal destino…una criatura etérea que era infinitamente amada por el ser más hermoso que Sakura había conocido en toda su existencia.
—Te creo. Sé que tienes razón, posiblemente yo sea la reencarnación de la mujer que amas. Pero no soy ella. No soy Hikari, y tampoco quiero serlo —sentenció con dureza.
Ella era Sakura Haruno. Si, en el pasado tuvo otro nombre, otro cuerpo, incluso perteneció a otra especie. Pero en este tiempo, en el presente, ella era una joven descuidada, de cabello rosa, de ideales simples, que trabajaba como recepcionista en un local de adivinación y que no debía preocuparse por asuntos que no le incumbían.
—No comprendes…
—El que no quiere comprender eres tú. No seré el reemplazo de nadie. Tengo una vida, estoy contenta con ella. No necesito que seres sobrenaturales me la estropeen, no necesito de un hombre que me persiga día y noche llamándome por un nombre que no es el mío, y que por cierto, ya aborrezco. Que me repita que me ama, cuando ni siquiera me conoce. No sabes si ronco por las noches, o si soy alérgica al polen, si me gusta el dulce, si prefiero el frío o el calor…
—Te gustan los amaneceres –se dejó caer frente a ella, impidiéndole escapar de nuevo de su cálida mirada—, ver salir el Sol y deleitarte con sus rayos. Odias las injusticias. No puedes permanecer quieta por más de cinco minutos. En las noches de invierno, te gusta descansar frente al fuego, acompañada de una manta, porque a pesar de que adoras el frío, no lo soportas con facilidad. No bebes alcohol, siendo vampiros tenemos gran resistencia a cualquier bebida embriagante, pero a ti te gusta mantener el control. Muestras tus emociones sin dificultad, le sonríes a los niños, lloras cuando algo te conmueve…
— ¡Error! —lo empujó enfadada, él lo permitió—, error, error, error… ¡todo mentiras!, esa no soy yo. ¡Esa es tu Hikari! Sé que estás ansioso por encontrarla en mí, pero te equivocas. Odio levantarme temprano, cuando despierto, hace ya bastantes horas que el Sol salió. A cualquiera ser honrado le desagradan las injusticias —debatió con obviedad—. No soy nada inquieta, puedo mantenerme tumbada por horas, siempre me quedo dormida leyendo libros en mi sofá. Sí, me gusta el frío, lo mismo que el calor, o el clima templado, me gusta simplemente despertar y disfrutar del día, porque adoro vivir. ¡Yo no hubiera permitido que me asesinaran una panda de conspiradores malagradecidos!, ¡no soy como tu reina, no soy tan benevolente, ni tan estúpida para darles la espalda y dejarlos clavarme una daga en el corazón! —gritó iracunda.
Él se quedó de piedra. Pálido, como si lo hubiera golpeado. Su intención no fue ser cruel, pero no soportó cuando él comenzó a describirla con tanta confianza. Quería dejar en claro lo que ella realmente era, cómo pensaba, cómo sentía. Unos celos irracionales se apoderaron de ella cuando comprendió que él amaba a la otra mujer que creía que existía en su interior, no a ella, la verdadera Sakura Haruno. Pero es que ni siquiera se atrevía a llamarla por su nombre.
—Hn, pues para no saber nada, has descrito muy bien lo que aconteció con ella —sonrió tétricamente, Sakura comprendió que aquellos cambios en su ánimo, eran bastante comunes. Él volvía a convertirse en un ser sin emociones—. Pero no fue de una panda de conspiradores de lo que Hikari no quiso defenderse —platicó inclemente—, fue de mí. Fui yo quien le atravesó el corazón, fue a mí, al único ser en el que confiaba, a quien permitió acabar con su vida y, al que perdonó con su último suspiro —se giró hacia la ventana—. Tienes razón, tú no eres ella, Hikari jamás me lastimaría de este modo. Ella era bondadosa y dulce, tú eres despiadada y rencorosa —el desdén de su voz fue como una garra rasgando sus entrañas.
Desapareció tan fácil como llegó. Sakura se dejó caer al suelo, ¿Qué le pasaba, por qué lloraba?. Él no era nadie, un amor del pasado de su antiguo yo, sólo eso. No tenía nada que ver con ella, con la Sakura de hoy. Entonces, ¿Por qué sollozaba, por qué sentía que le estuvieran arrancando la piel a tiras?. Él no volvería, eso era lo mejor. Ella se levantaría en cualquier momento, cuando las piernas le respondieran. Cogería su equipaje, no regresaría a esa ciudad maldita. Iría a una playa, donde pasease gente normal, donde los chicos la verían y tendrían malos pensamientos acerca de ella, donde la sal del mar le daría comezón, bebería de unos cuantos cocos, se broncearía y compraría unos bonitos llaveros para su amiga Tsunade. Si, un magnifico plan, lo haría en cuanto terminara de recoger todas las piezas de su destrozado corazón.
Un beso, únicamente eso necesitó para prendarse de aquel extraño y precioso ser. Rió entre los lamentos, ¿Cuál era su nombre?, no se lo preguntó, ya no importaba. Jamás lo sabría. Se recostó en la alfombra, unos minutos más, requería cerrar los párpados solamente hasta que la tristeza le diera una pausa. La sensación de haber perdido lo que más amaba en la vida, no era algo nuevo, una reminiscencia se instaló con certeza. Hacía mucho, ya antes había experimentado ese dolor tan atroz.
Mister Dark se acurrucó contra ella, no le dijo nada, el consuelo de su calor le bastó.
…
Sasuke se dirigió con agilidad al techo del viejo edificio, de allí podría desaparecer sin esfuerzo. El desencanto no era tan malo, por eso él no se dejaba arrastrar por la esperanza, que era tan insustancial e innecesaria como la fe. Aquella humana podía ser la reencarnación de su reina, claro que lo era, pero como ella tan terminantemente le explicó, no significaba que hubiese renacido como Hikari, amándolo y ansiando estar con él. Era un duro revés, él la anhelaba tanto, ella por el contrario, lo único que quería era perderlo de vista. Que estúpido fue al creerse dichoso por un segundo, pensando que por una vez, la vida le sonreía colocándola justo en su camino. La humana no era más que un frío despertar, un traidor espejismo, fácil de encontrar, mucho más fácil de perder.
El sufrimiento se desvanecería tarde o temprano. Si no, viviría con ello, llevaba quinientos años haciéndolo, cinco siglos más, no serían problema. Tal vez cuando ella volviera a renacer, no fuese un fiasco como esta vez. Antes de desaparecer en la nebulosa noche, captó un movimiento por el rabillo del ojo. Abajo, escondido entre los árboles, permanecía escondido uno de los suyos. Acechaba el hotel con claras intenciones.
Hikari
El olor del joven vampiro le llamó la atención, era uno de los chicos del grupo de su hermano. Un raza pura, aunque bastante inexperto y nuevo comparado con él. Decidió plantársele enfrente, ¿Cómo llegó hasta allí?, era un vampiro débil, ¿había podido percibir a la reina?, ¿de qué manera?, ella era humana, a los vampiros les pasaban desapercibidos. A menos claro, que el macho hubiese sentido su poder, así como él cuando la descubrió en el club.
—Deidara —el rubio se exaltó al escucharlo tras él.
—Sa…Sasuke —hizo una apresurada reverencia.
— ¿Qué diablos haces aquí?
—Yo…la seguí —confesó sabiendo que de nada serviría mentir, Sasuke era mucho más fuerte e inteligente que él.
— ¿Por qué?, no es más que una humana —comentó impasible.
—Yo…no sé. Ella llamó mi atención en el club, pero cuando quise morderla, me ordenó que la dejara en paz. Lo hice, aunque no sé por qué. Segundos después de que la orden se desvaneciera de mi cabeza, decidí buscarla de nuevo. Te vi con ella en el callejón, así que pensé que ya estaba tomada, aun así, no pude resistirme a esperar…no comprendo —aceptó confundido—. ¿Has terminado con ella?, quiero probarla, sé que es una simple humana, pero huele realmente bien…
—Desaparece —advirtió, sus ojos tornándose escarlatas.
—Pero…no es justo. Ni siquiera te gustan las humanas —se quejó molesto.
—Búscate a otra, o mejor, consigue a una de nuestra especie. Si Itachi se entera que bebes sangre de tan baja categoría, te expulsará de su grupo.
—No creo que vayas a visitarlo sólo para contarle. A ti te desagradaría encontrarte con él, ¿Cuánto llevas lejos, cien, doscientos años? —indicó creyéndose vencedor.
—Tal vez acceda ir a visitarlo, de paso puedo llevarle tu cuerpo inerte. Dime Deidara, ¿piensas desobedecer una orden directa de un vampiro ancestral como yo?
El joven macho se tensó, preparándose para la batalla.
—No lo hagas chico, te arrancaría el corazón antes de que te des cuenta —prometió con seguridad. Los ojos azules del vampiro se abrieron de miedo.
—Itachi dice que no eres tan fuerte, no te alimentas como deberías, solo quieres alardear —sus colmillos empezaron a deslizarse.
—Hn, aunque llevara un siglo de sequía, podría arrancarte la cabeza sin esfuerzo. No te arriesgues Deidara, es la última oportunidad que te doy.
—Itachi se enfadaría si me dañas, mi hermana es una de sus compañeras de sangre, ella haría que te matara si me haces daño —lanzó con fanfarronería.
—Itachi es mi hermano, pero, en el extremo caso de que pusiera por encima los deseos de una de sus amantes, a los de su familia…¿Qué te hace pensar que él pueda vencerme, olvidas quién soy?. Tú no habías nacido aún, sin embargo, conoces la historia, ¿no?
—A…asesinaste a la reina —su jactancia desapareció.
—Contaré hasta tres. Uno, do-… —Deidara se esfumó por arte de magia.
Chasqueó la lengua, tendría que regresar a la habitación de la humana y advertirle que desapareciera lo antes posible. No podía seguir en la ciudad, si era cierto que desprendía un olor agradable para los vampiros, otros jóvenes inexpertos como Deidara, no tardarían en aparecer y atacarla. No debería importarle lo que le sucediera, no obstante, no quería cargar de nuevo con su muerte.
La luz de la recamara continuaba encendida, la maleta seguía en el mismo lugar, era ella la que no se veía por ningún sitio. Fue un ruido extraño el que le indicó de su paradero. Rodeó la enorme cama, el bulto en el suelo lo sorprendió. Ella estaba echa un ovillo, escondiendo el rostro entre sus manos y estremeciéndose como si no pudiera contenerse. Los sollozos apenas sofocados por sus palmas, el gato negro acurrucado contra su vientre, lo miró como si quisiera desintegrarlo. Ella se detuvo abruptamente, no lo había escuchado, de eso no le quedaba duda, él no hizo ningún ruido. No, ella no lo oyó entrar, lo sintió.
— ¿Qué haces aquí? —se recompuso de inmediato, hablándole con mucha dignidad, como si estuviera de pie con la barbilla alzada y, no desgarbada en el piso con la cara llena de lágrimas.
— ¿Por qué lloras? —aquello no era lo que tenía pensado decirle, pero fue lo que brotó de sus labios.
—Porque el hotel no tiene servicio a cuarto. ¿Qué diablos te importa a ti lo que me pase? —acotó con rudeza—, ¿a qué has vuelto?, a echarme en cara que no soy tu preciosa y perfecta Hikari. Supéralo, ni siquiera la besaste alguna vez, ¿cómo es que estas tan perdido por ella?, es absurdo amar a alguien que no tuvo el valor de tocarte o dejar que la tocaras por miedo al que dirán. Si claro, una reina valiente, dulce y bondadosa. Cobarde diría yo. Admítelo amigo, la has idealizado al punto de la obsesión. Es como si yo estuviera absurda y estúpidamente enamorada de Brad Pitt. De quien por cierto tengo un autógrafo, él me miró y me sonrió, incluso se tomó una foto conmigo. Pregúntame si quiero casarme con él por portarse tan caballeroso, ¡por supuesto que no!. Necesitaría más que miradas y palabras para volverme loca de amor por alguien…
— ¿Es esto a lo que llaman desahogarse? —cuestionó con ecuanimidad.
Sakura se avergonzó, estaba comportándose como una completa chiflada. Pero es que frente a él no conocía otra manera actuar. Necesitaba mantenerlo a distancia, que no supiera cuando daño le había hecho con su partida.
— ¿Qué quieres?
Sasuke se percató que se dio por vencida. Sus irritados ojos verdes se desviaron lejos de él, suspiró cansada, como si cargara el peso del mundo en sus pequeños hombros. Tal vez fue muy duro con ella, aceptó pesaroso. Intransigentemente había esperado que ella se convirtiera en su reina en cuestión de segundos, que lo tratara como antes, que lo aceptara y comprendiera sin rechistar. Su reacción fue mejor de lo que se hubiera esperado —tuvo que admitir—, porque no cualquiera hubiera confiado en sus palabras, pero ella lo hizo. Aunque no quisiera tener nada que ver con él o con Hikari.
—Estás en peligro —asustarla era lo último que pretendía hacer, pero era mejor ser sincero y directo—. Un vampiro del club te siguió hasta aquí, le gustó tu olor, pretendía entrar y atacarte cuando yo me fuera. Tranquila —se agachó frente a ella al verla tensarse—, me deshice de él, pero temo que más de ellos puedan aparecer.
— ¿Te deshiciste de él?
—No lo maté —aclaró apresurado.
— ¿Por qué no? —la pregunta lo sorprendió un poco.
—Porque no era más que un chiquillo…
—Un chiquillo que esperaba para atacarme, posiblemente me habría dejado seca antes de que tuviera tiempo de pestañear —se levantó de un brinco y corrió a cerrar las puertas del balcón.
—Pensé que tenías un lado pacificador —frunció el ceño contrariado.
—No, soy despiadada y rencorosa, ¿recuerdas?. Si alguien quiere comerme, me defenderé. Gracias por avisarme, así podré estar en guardia —miró a través de los cristales, buscando alguna posible amenaza.
—Puedo protegerte hasta que regreses a tu ciudad —ofreció formal, ¿Qué otra cosa podía hacer?, por la memoria de Hikari, debía cuidar de su reencarnación, aunque no se cayeran bien.
—No es necesario, puedo cuidarme sola, siempre lo he hecho —se masajeo los brazos, sintiéndolos rígidos.
—No lo dudo, pero no creo que en el pasado hayas tenido que vértelas con vampiros que tienen mil veces más fuerza que tú —la observó comenzar a dar vueltas por la habitación.
—Es preferible vérmelas con ellos a…
—Anda, no te detengas. Prefieres enfrentarte a ellos a tenerme cerca, ¿es eso? —apuntó ofendido—. ¿Por qué no lo admites?, reconoce que en el momento en el que nos encontramos, sentiste algo por mí. Tal vez no tenga sentido, comprendo que quieras resistirte…pero te prometo que valdrá la pena.
—Tú me haces desear cosas que no puedo tener…me descontrolas…me…
— ¿Te qué? —en un parpadeo ya estaba a centímetros de ella.
—…me atraes —se lamió los labios.
Ya estaba. Lo había dicho, aceptarlo no le costó ningún trabajo. Él tendría que ser idiota para no darse cuenta de las reacciones que generaba en ella.
—Pero no te quiero cerca, porque tú estás enamorado de un imposible, y yo no estoy dispuesta a ser tu premio de consolación. Tú serías el primero y único para mí, mientras que yo sería la pálida sombra de tu preciosa ilusión eterna.
—Déjame besarte —demandó renovado.
—No es a mí a quien quieres besar —negó decaída.
—Son tus labios los que me llaman —rozó con su lengua el inflamado relieve de su boca—. Esto es más fuerte que nosotros, no podemos detenernos, nos pertenecemos… —la atrajo por la cintura, pegándola a él, sintiendo sus curvas adhiriéndose a su cuerpo.
—Dilo…
— ¿Qué cosa? —su lengua salió al encuentro de la suya.
—Mi nombre…Sakura, repítelo…admítelo —rogó con ojos esperanzados.
—Tienes una voluntad de hierro —sus frentes se frotaron.
—Si no puedes aceptarlo, lo mejor será que…
Él le coloco el cabello detrás de las orejas, dejando al descubierto su preciosa cara. Era el momento de tomar una decisión, alejarse de allí y volver a sumirse en la oscura soledad que era su existencia, o darle lo que ella pedía, esperando secretamente a que algún día no muy lejano, ella despertara siendo la mujer que él amaba, la reina que una vez perdió y que suponía, no tardaría en surgir. ¿Qué más daba un nombre?, ¿Qué más daba su condición de humana y su carácter obstinado?, a cambio de por fin estar con ella, de por fin tenerla para él, juntos, como siempre debió ser.
Sakura tenía pavor hasta de respirar. Si él se negaba, no tendrían una oportunidad. Respetaba que él la quisiera por quien fue, incluso agradecía al destino por ponerlo en su camino, por ser la reencarnación que él había esperado durante años. Pero debía dejar en claro que aunque sus almas fueran las mitades rotas de un mismo corazón, ella no era la misma persona. Si, estaba dispuesta a convertirse en la mujer que él tanto anhelo ver aparecer de nuevo, pero con sus añadiduras, manteniendo su propia marca. Él amor que se profesaban no tenía explicación, era un amor eterno, imperecedero, no lo entendía, sin embargo estaba dispuesta a entregarse. Con una única condición…
—Sakura —pronunció con voz ronca—. Bésame Sakura, hazlo antes de que me vuelva loco —exigió suplicante.
…que la viera, que supiera a quien tenía en sus brazos.
—Lo haré, juro que sí. Sólo, un detalle… —la felicidad la llenaba.
— ¿Qué pasa ahora? —la frustración de su rostro la hizo sonreír.
— ¿Cómo te llamas?
—Hn…Sasuke, Sasuke Uchiha.
—Bueno Sasuke, no más distracciones, ¡bésame…bésame ya! —aceptó rendida.
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Segundo capítulo marchando. Gracias por el recibimiento que le dieron al fic, agradezco también sus opiniones, saben que me encanta leer lo que piensan y soy feliz de que les gustó la idea.
Ando con mucho trabajo, he adelantado algo del quinto capi, pero no lo he terminado, como les comenté, espero subir toda la historia antes de que acabe el mes, ojalá los planes no cambien.
Anticipo que en el siguiente, habrá lemon. Mi amiguis es medio lujuriosa así como varios de ustedes XP, por lo que me obligó a escribir escenas para adultos, hahaha. No se crean, fue principalmente mi idea, los vampiros son muy sexosos, imposible no tocar ese ámbito de su personalidad, so, prepárense para la continuación, saben que no me gusta dar esas advertencias al principio, por eso lo hago de una vez, sobre aviso no hay engaño.
Bueno, sin más que decir, me despido con un fuerte abrazo y deseándoles que estén de lo mejor. Cuídense, nos leemos espero que pronto =).
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SasuSaku CANON
