Un inmenso agradecimiento a todas y todos los que estuvieron pendientes de la maratón y dejaron sus maravillosos comentarios acerca de esta historia.

Aquí les traigo un nuevo capítulo! =)


CAPÍTULO 15

"Luchando"


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- Este es mi número de emergencia. El número del club está también aquí, pero si realmente me necesitas, llama a este primero. Si nadie responde, entonces llama al club. Si no puedes contactarme entonces deberías…

- Blaine, todo estará bien. Dudo que algo vaya a pasar. Me has dado ocho números de teléfono diferentes en los últimos diez minutos y ya sé exactamente a quién voy a llamar si algo sale mal… que no pasará porque voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para asegurarme de que Landon esté sano y salvo en mis manos. Te lo prometo.

Blaine lo miró frunciendo el ceño por un segundo antes de apartar la mirada, sus ojos cayeron sobre el reloj en la pared frente a él. Tenía diez minutos para salir de la vivienda si quería llegar a tiempo pues le esperaba un largo viaje al trabajo, pero se sentía como que diez minutos no sería suficiente tiempo para interrogar a su ex sobre lo complicado que era cuidar a un niño pequeño.

Suspirando caminó por el pasillo hacia la habitación de Landon, los latidos de su corazón desaceleraban mientras le daba una última mirada a su hijo dormido, memorizando cada una de las pecas en la nariz antes de acercarse, entonces se arrodilló y lo besó.

- Estaré de vuelta tan pronto como termine la fiesta, lo que probablemente será alrededor de las tres. Hay comida en la nevera y un montón de diferentes lugares de entrega por si no te gusta lo que hay en la despensa. Sin embargo, me gustaría que no ordenes porque Landon podría levantarse a causa del ruido. De hecho, si quieres una pizza, puedo ir a buscar una antes de irme y…

- Blaine – Kurt se rió entre dientes, caminando hacia el hombre nervioso delante de él. Había visto al ojimiel nervioso miles de veces, pero nunca así. Su corazón aleteó al saber que su ex era tan torpe y nervioso a causa de su amor por su hijo.

Sí, había una parte de él que estaba triste porque Blaine tenía miedo de salir y dejar a Landon bajo su cuidado, pero la tristeza aminoraba al darse cuenta la cantidad de amor que irradiaba del moreno cuando se trataba de su hijo. Él haría cualquier cosa por Landon, como era evidente por el trabajo que realizaba, y Kurt sabía que si incluso miraba mal al pequeño, Blaine lo mataría. Y no lo culparía por hacerlo.

- Todo va a estar bien. Tengo tu lista de números de emergencia, la lista de alimentos que le gustan a Landon por si acaso se despierta, las películas que le gusta ver cuando tiene miedo… lo tengo todo. He cuidado niños antes, puedo hacer esto, sólo confía en mí.

- Eso es más fácil decirlo que hacerlo – murmuró, cruzando junto a Kurt para salir de la habitación. Se detuvo frente a su puerta, mirando hacia abajo a la bolsa de lona como si le fuese a morder si incluso hacía un movimiento para recogerla. Otro suspiro largo y cansado salió de su boca antes de que diera otra rápida mirada hacia Kurt, sus ojos dorados se deslizaban arriba y abajo en silencio, como si se estaba asegurando de que esa era la decisión correcta. – Por favor, tienes que estar aquí cuando regrese.

- No voy a ninguna parte. No vamos a ninguna parte. Te lo prometo.

Con una última mirada de despedida mientras recogía su bolsa, Blaine salió del apartamento, dejando al ojiazul de pie en el edificio exterior mientras escuchaba el sonido de las pisadas de su ex por el pasillo hasta que desaparecieron en la escalera. Una vez que el ojimiel se había ido, aseguró todas las cerraduras y luego se fue a beber algo, instalándose con un vaso de leche y unas cuantas galletas de animalitos del contenedor gigante que estaba en el mostrador de la cocina.

Cuando lo vio por primera vez, Blaine le explicó que Landon las amaba y siempre había suficientes por esa misma razón. Habían sido las favoritas de Kurt cuando tenía esa edad también y comerlas ahora, remojadas en leche, lo llevó de vuelta a ser un niño otra vez.

Dios, cuando tenía la edad de Landon le encantaba pasar tiempo con sus padres, comiendo galletas y viendo películas juntos. Había noches cuando su padre llegaba a casa y sólo se sacaba sus botas de trabajo, ignorando el hecho de que olía a aceite de motor, y se acomodaba en el sofá junto a su esposa y su hijo, envolviéndolos en sus brazos mientras veían la película favorita de Kurt para la semana.

Había días en que su madre le permitía jugar con su maquillaje, los dos todos ataviados en sus vestidos mientras bebían té del juego azul de té de porcelana de ella. Su padre llegaba a casa después y se unía a la diversión, su gran cuerpo aplastado en una de las pequeñas sillas mientras ruidosamente sorbía de su taza, y el meñique siempre levantado. Kurt reía hasta que se le ponía la cara roja durante la fiesta del té y después abrazaba a sus padres y los besaba en la mejilla diciéndoles lo mucho que los amaba.

Esos recuerdos, aquellos en los que su familia estaba junta y completa, eran sus favoritos. A veces, cuando se sentía solo, pensaba en cómo era la vida antes de que su madre muriera y recordaba lo feliz que era. Entonces pensaba en lo mucho que la echaba de menos.

Porque vivir sólo con un padre es una cosa difícil de hacer…

Cuando su madre murió, él era pequeño. Unas pocas semanas después de su muerte lo único que Kurt podía hacer era pasear solo, las lágrimas acunadas en sus ojos mientras se preguntaba dónde estaba su mamá. Su padre tenía el corazón destrozado y le tomó bastante tiempo para salir del encierro y darse cuenta de que tenía un hijo que criar y cuidar, un hijo al cual amar, un hijo para el que ahora sería padre y madre. Burt asumió ambos papeles y mientras hizo todo lo posible, las cosas no fueron iguales. Las noches que Kurt pasó con una niñera no eran lo peor, pero había noches que anhelaba que su padre estuviera ahí para ver una película con él en lugar de la habladora Amy Myers, quien pasaba más tiempo en el teléfono con su novio que cuidándolo.

Había días que Kurt se sentaba fuera de la habitación de su papá y lo escuchaba dormir después de haber pasado la noche anterior trabajando hasta muy tarde en el auto de un imbécil que no lo apreciaba, su manitas picaban con las ganas de llamar a la puerta y despertarlo pero sabía que no podía porque si su papá no dormía, no tendría energías suficientes al día siguiente para trabajar arduamente y si no hacía eso entonces tendrían dificultades para pagar las facturas. Así transcurrió el resto de la infancia de Kurt, queriendo que su papá estuviera con él y su mamá faltando en todo momento mientras él deseaba que su familia pudiera estar junta de nuevo.

Incluso ahora deseaba que su familia estuviera completa y junta, pero no la familia en la que solía pensar, sino la familia que debería haber formado con Blaine y Landon.

Aún perdido en sus pensamientos, Kurt pasó bastante tiempo mirando a la pared, mientras que las galletas de animalitos que dejó en su vaso con leche crecieron demasiado, volviéndose aguadas y se hundieron hasta el fondo. Sus ojos se levantaron poco a poco a lo largo de la pared hasta el centro de entretenimiento donde un puñado de fotografías enmarcadas de Landon y Blaine se asentaban en la parte superior, ambos con los rostros sonriendo. Había fotos del pequeño en todas las edades, desde el nacimiento hasta ahora y en cada una Blaine parecía realmente feliz mientras sostenía a su hijo cerca de su corazón. La última foto, que era la más reciente, los mostraba a los dos en lo que parecía el tercer cumpleaños de Landon, el niño llevaba un sombrero de fiesta, mientras que su padre le daba un beso en la mejilla.

Avery estaba también en la foto, lo que le hizo preguntarse quién la tomó, pero mientras miraba a la pequeña familia en el retrato, deseó haber estado allí. Haber sabido de su hijo antes.

- ¿Kurt? – El sonido de su nombre lo trajo de vuelta a la realidad y miró hacia la puerta, vio a Landon a pocos metros de distancia, sus pequeños pies jugueteando, balanceándose como de costumbre mientras abrazaba a su perro Margaret Thatcher fuertemente – ¿Señor Kurt?

- ¿Sí, cariño? ¿Qué pasa?

- ¿Puedo dormir aquí? Mi estómago me duele.

El castaño frunció el ceño, levantándose del sofá para caminar hacia donde el niño estaba. Se arrodilló para estar al nivel de los ojos del pequeño y puso una mano suavemente en su frente, agradecido de que no estaba caliente al tacto. – ¿Necesitas usar el baño? ¿O te sientes enfermo?

- No… Tengo hambre – dijo tímidamente, mirando a Kurt a través de sus pestañas largas y oscuras. Miró hacia donde estaban las galletas en el plato y cuando el ojiazul dirigió su mirada hacia el punto de atención del pequeño, rió suavemente, colocando una mano en la parte baja de la espalda de Landon para guiarlo hacia el sofá.

- ¿Tu papá te deja comer a esta hora una galleta?

- Tía Avery me deja comerlas a veces. – el niño sostuvo una en su mano y la estudió, sonriendo antes de sumergirla en la leche de Kurt. – Por la noche quiero dormir en la cama con papá, pero él no está aquí, así que no puedo dormir.

- ¡Oh! ¡Oh cariño! – fue todo lo que Kurt pudo decir antes de quedarse completamente en silencio, con los ojos tristemente mirando como Landon remojaba su galleta y acariciaba con sus dedos la diminuta cabeza de Margaret Thatcher. A medida que el niño comía, el ojiazul sentía más dolor en su interior porque el niño deseaba que su papá estuviera en casa mientras estaba partiéndose en su duro trabajo y eso le hizo acordar de sí mismo hace mucho tiempo. Las circunstancias no eran tan diferentes, él había sentido lo mismo que Landon sentía. Blaine era como Burt en ese sentido, siempre trabajando para mantener a su hijo. La mamá de Kurt murió y Burt asumió ese rol y se hizo cargo de todo. Kurt dejó a Blaine y éste tuvo que actuar como ambos padres por su hijo y el pobre Landon tiene que hacer frente a algunas de las consecuencias de los hechos.

Sin embargo, a pesar de todo, el castaño sabía muy bien que el pequeño estaba bien atendido y era amado. Él respetaba a Blaine por hacer lo que tenía que hacer para asegurarse de poner un techo sobre la cabeza de su hijo y comida en su estómago. Sin embargo, al ver a Landon sentado en el sofá a esa hora, en silencio susurrando acerca de cómo quería abrazar a su padre y dormir junto a él, rompió el corazón de Kurt.

- ¿Extrañas mucho a tu papá?

- Sí. – Otra galleta fue sumergida en la leche y Landon la observó mientras se ablandaba – Papá trabaja mucho, pero lo extraño. Él me protege de los monstruos y la oscuridad. – observó al niño abrazar a su animal de peluche con más fuerza – Mi habitación es aterradora cuando papá no está aquí.

- ¿Tú y Avery ven películas hasta que tu papá llega a casa?

- Sí. Vemos Nemo o Piecito hasta que papá regresa.

- ¿Piecito?

- ¡El dinosaurio! – respondió como si fuera lo más natural del mundo, descuidando su galleta que ahora estaba ahogada. Landon corrió por la habitación y buscó en el montón de películas sobre el estante, dando la vuelta con una amplia sonrisa en su rostro mientras agitaba una en su mano – esta es la de Piecito.

- Oh, entiendo. ¿Quieres ver eso?

- ¡Sí! – contestó emocionado rebotando sobre sus pies y aplaudiendo alegremente mientras Kurt encendió el DVD y fue a buscar una tasa pequeña con leche para Lan y una cuchara para darle de comer el resto de sus galletas de animalitos mientras veían la película. No pasó mucho para que el pequeñito empezara a bostezar y en poco tiempo estaba profundamente dormido con su cuerpo apoyado en el de Kurt, su perro Margaret Thatcher en su regazo. Había colocado un brazo alrededor de la cintura del ojiazul y la cabeza en su pecho.

Kurt detuvo la película y puso algo en la televisión que no lo hiciera llorar, así es como terminó viendo un programa de cocina. Se fue acomodando en el sofá sosteniendo a Landon contra su pecho mientras se acostaba en los cojines. El niño estaba dormido, con la nariz metida en el hueco de la clavícula de Kurt y su pecho subía y bajaba con cada respiración. El castaño le frotó la espalda, un nudo en la garganta se formó cuando se dio cuenta de que quería eso más que nada en el mundo.

Él quería ser papá. Quería tener amor y una familia, pero no podía ver eso con Alex, no con lo ocupado que su futuro esposo estaba siempre. Alex probablemente nunca querría tener hijos, probablemente diría que no y luego le enviaría a Kurt una cesta de frutas y la sola idea le hizo dar ganas de vomitar.

Sinceramente, desde que se encontró con Blaine en el club de striptease, se dio cuenta de que toda su perspectiva de la vida cambió y eso lo asustó, porque sabía que no importa qué, no tenía ninguna posibilidad de hacer las cosas bien, no importa lo mucho que lo intentara. Ser amigo de Blaine probablemente nunca volvería a suceder. Landon nunca sabría que él era su otro padre y probablemente terminaría en un matrimonio sin ningún sentimiento de por medio.

"No, espera. Tu mente va muy rápido" se dijo a sí mismo. Extendió la mano y tomó su teléfono, marcando el número de Alex y esperó a que su prometido contestara. Le tomó un par de intentos, pero después de lo que parecía la milésima vez que sonaba, Alex contestó con una voz sin aliento. – ¡Bebé! Sabía que llamarías a tiempo.

- Alex, hay algo que necesito preguntarte.

- Sabes que no tienes que preguntar por sexo telefónico Kurt. Sólo tienes que…

- Eso no es por lo que te llamé – se quejó rodando sus ojos mientras se hundió un poco más en el sofá. Landon resopló, frotando su diminuta nariz contra el cuello de Kurt antes de establecerse de nuevo, y él volvió a frotar su mano arriba y abajo en la espalda de su hijo.

- ¿Alguna vez… ¿alguna vez piensas tener hijos?

La aguda risa de Alexander taladró los oídos y el corazón de Kurt – ¿Hijos? ¿Es por lo que me estás llamando? Hoy tuvimos una pelea, me colgaste y luego me llamas y preguntas acerca de tener hijos… ¡Estás loco!

- Sólo quiero saber. Nunca hemos hablado de ello. Estamos comprometidos y sin embargo, nunca hemos hablado sobre el futuro.

- Bebé es tarde allí. Probablemente has estado bebiendo, estás solo y lo entiendo. Entonces, ¿podemos hacer caso omiso de ese tema y tener un poco de diversión? Sé que me extrañas y quieres…

- NO QUIERO TENER SEXO POR TELÉFONO CONTIGO, MALDITA SEA ALEX. QUIERO… QUIERO HABLAR CONTIGO. NECESITO DISCUTIR LAS COSAS CONTIGO Y NUNCA ESTÁS EN CASA, NO PASAS EL SUFICIENTE TIEMPO CONMIGO Y LO ODIO – bufó. Landon se agitó en sus brazos por el grito y Kurt se tranquilizó, sacudiendo la cabeza mientras las lágrimas por la ira llenaron sus ojos.

- Oh, Dios mío, ¿vamos a pelear de nuevo? ¿Va a hacerte feliz si digo que no quiero niños? Honestamente bebé no puedo soportarlos. Son pegajosos y horribles y quien en su sano juicio querría… – Antes de que terminara de hablar, Kurt colgó el teléfono y lo lanzó a través de la sala aterrizando en un montón de ropa doblada de Landon.

Una vez que el teléfono estaba fuera de sus manos, Kurt envolvió sus brazos alrededor del pequeño y lo abrazó, las lágrimas que luchó por no derramar finalmente escaparon por las esquinas de sus ojos mientras amargamente pensaba en lo mucho que odiaba a su prometido ahora.

Tampoco pudo dejar de pensar en cómo la única cosa perfecta que había tenido en su vida estaba probablemente pasando por un momento difícil con un grupo de idiotas repugnantes mientras sólo trataba de hacer un dinero que era muy necesario.

Girando, Blaine dejó que sus muslos se apretaran alrededor del tubo y se detuvo, su espalda arqueada mientras se movía hacia atrás para hacer frente a la multitud. La voz de Christina Milian fluyó como la seda a través de los altavoces y la multitud revoltosa estaba vitoreando, animando y gritando un montón de obscenidades que para el moreno eran habituales mientras bailaba.

En el otro lado de la sala Kong, el bailarín corpulento, hacía un baile con una silla mientras Blaine mostraba sus habilidades acrobáticas.

La mayor parte de la multitud estaba con Sombra, sin hacer caso a Kong. A medida que los improperios de los borrachos se hicieron más fuertes, el ojimiel empujó su ira con su mala educación a la parte posterior de su mente y siguió adelante.

El cumpleañero era un chico que estaba sentado al frente y en el centro de la sala, estaba mirando a Blaine con admiración. Sus ojos estaban ya nebulosos por el alcohol mientras sonreía y miraba a Sombra deslizarse hacia abajo del tubo con movimientos perfectos.

Una vez que se bajó, Blaine con ojos cansados se paseó por el escenario y perezosamente se subió al regazo del muchacho del cumpleaños, una sonrisa falsa pintaba su cara mientras lentamente hacía su rutina en los muslos de su cliente – Feliz cumpleaños dulzura – ronroneó parpadeando sus pestañas alargadas por el rímel antes de besarlo en la mejilla y continuar con el baile.

La multitud que lo rodeaba empezó a aplaudir, riéndose de cómo el cumpleañero se puso rojo cuando el ojimiel comenzó a presionarse en él otra vez, y después de un segundo o dos de mostrar a su cliente lo que podía hacer, se levantó de nuevo, sumergiendo sus dedos en la cintura de sus shorts. – Regalo para Caleb. Entrega especial – musitó.

Sus shorts cayeron al suelo, dejando al descubierto una tanga púrpura brillante que hizo que los ojos del chico se ensancharan aún más. Sonriendo, Blaine se dio la vuelta y volvió a su trabajo, y empezó a frotarse en el regazo del desconocido mientras que los hombres al azar arrojaban dólares. Continuó este acto hasta que la canción terminó, se deslizó del regazo de Caleb y se arrodilló para recoger su dinero y meterlo en una caja cerrada que estaba escondida detrás del escenario. Kong también estaba de regreso y lanzó la pequeña cantidad de dinero que tenía en la misma caja.

- Kong, tu caja está del otro lado.

- ¡Nah! No estoy trabajando para mí esta noche Sombra. Mi novio me va a llevar a Honolulú la semana que viene y tengo suficiente dinero para que me dure todo el viaje y más. Has tenido unos días de mierda. Te has ganado este dinero.

- No necesito tu caridad.

- Nunca dije que era caridad. Piensa en ello como un regalo. Cómprale a tu hijo algo agradable o llévalo a cenar. Yo invito.

- Kong, honestamente…

- No todos bailamos para vivir Sombra, recuérdalo. Algunos lo hacemos por diversión. En este momento me estoy divirtiendo mientras tú pareces que alguien te estuviera apuntando con una pistola a la cabeza. Vamos relájate, no te preocupes por el dinero. Sólo termina esta noche y vuelve a casa con tu pequeño.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Blaine, su corazón oprimía su pecho mientras miraba a su compañero de trabajo. – No sé qué decir.

- No te pongas sentimental. Yo no estoy haciendo tanto dinero como tú de todos modos. La multitud te aclama y yo sólo soy el plato débil – Soltó una carcajada y le dio una palmada en el hombro girando la cabeza hacia el escenario. – Será mejor que te cambies y vuelvas allí antes de que Vinny venga a buscarte. Tienes otra actuación en unos pocos minutos. Mientras voy a controlar a la multitud.

- Gracias K – respondió sonriendo tímidamente mientras su amigo desapareció del otro lado de la cortina. Una vez que se aseguró de que todo el dinero estuviera guardado en su caja, corrió a su camerino para quitarse su tanga y ponerse algo más siniestro. Atrás quedaron la boa de plumas y la ropa de color púrpura. Esta vez se puso una prenda de cuero negro.

Sus shorts eran tan pequeños como siempre, con una correa de seda casi negra, y añadió una camiseta oscura de malla sin mangas, terminando todo con botas negras de tacón y ataviadas de cadenas. No se puso medias esta vez, decidiendo que la parte superior de malla era suficiente, arregló su cabello y agregó más sombra de ojos alrededor, casi pintando una máscara negra en su cara. Al terminar dio un paso atrás y admiró su trabajo en el espejo.

En el exterior podía oír a todo el mundo cada vez más y más excitado, por lo que se miró una vez más en el espejo y luego corrió por el pasillo hasta el escenario, casi tropezando con Vinny en su prisa.

- Sube al escenario rápido, Sombra.

- Ya voy.

Tomando una respiración para tranquilizarse, abrió las cortinas, cambió el gesto de su rostro a lo que él sabía que a sus clientes les gustaría ver antes de que saliera al escenario, recorría con sus manos la longitud de su torso mientras se pavoneaba hacia el cumpleañero y sus amigos de nuevo. El grupo de hombres se volvió loco, gritando tan fuerte como la música que retumbaba, empujando a Blaine mientras bailaba moviendo las caderas y soportando las manos de los hombres extraños en todo su cuerpo.


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*Quiten los paréntesis*