Terapia de parejas.

Tercera pareja: Kuchiki Byakuya y Kurosaki Ichigo. Ex rivales.

Cuando el capitán noble y el adolescente de dieciocho años recientemente cumplidos entraron al consultorio, Lois estaba en un enredo de cables y enchufes detrás de una máquina en una mesa que el pelinaranja reconoció de inmediato.

-Oye.- dijo informalmente. -¿Eso es un detector de mentiras?- pestañeó levemente interesado.

-¡SI!- la mujer alzó un puño al aire, pero su exclamación parecía más que nada de celebración en vez de estar respondiendo a la pregunta. -¡Finalmente logre hacer que está cosa funcione!- gorjeó limpiando el sudor de su frente con satisfacción. –Oh, ya llegaron…- recién los notó.

-Hanayaka Lois, soy Kuchiki Byakuya.- se presentó el mayor inclinándose cortésmente.

¿Cómo sabía su nombre? Ella no tenía idea.

-Eh… Yo soy Kurosaki Ichigo. Un placer, Lois-san.- agitó una mano.

-¡Vinieron justo a tiempo! ¡Es mi oportunidad de probar la maquina!- frotó sus manos con lo que Ichigo solo pudo identificar como maldad pura.

-¡Oye, espera!- la frenó. -¡Nosotros no necesitamos ningún detector de mentiras! ¡Solo tenemos que resolver un pequeño desacuerdo!- cruzó las manos frente al rostro.

-Oh…- la terapeuta perdió visiblemente el interés. –Está bien… Tomen…- les tendió un libro de "Como pasar de Seme a Uke."

Byakuya destruyó el libro con Kido.

-¿Segura que es usted la terapeuta Hanayaka Lois que recomienda el capitán comandante?- alzó levemente una ceja en señal de completa incredulidad.

-¡Tú estás completamente loca!- el pelinaranja tradujo amablemente al pelinegro.

-¿Por qué nadie quiere mi libro?- se preguntó con un mohín la mujer. –Ñeh, misterios de la vida.- se encogió de hombros.

-Oye, ¿puedes resolver nuestro problema o no?- el Kurosaki ya estaba perdiendo la paciencia.

-¿Y cuál es su problema?-

-¡Él quiere matarme!- apuntó acusadoramente al imperturbable noble.

-¿Es eso cierto, Kuchiki-kun?- una delgada ceja pelinegra tembló ante la informalidad de la extraña humana.

-Si, en realidad.- no lo negó.

-¿Y por qué?- se sentó en su sofá, cruzando una pierna sobre la otra.

-Porque Kurosaki Ichigo ha osado robar la pureza de mi hermana pequeña y por lo tanto debo aniquilarlo a la mayor brevedad posible.- y si no hubiera sido obligado a usar un gigai, ya lo estaría matando.

-Si, entiendo. Tiene sentido.- Lois asintió de acuerdo con las palabras del Kuchiki.

-¡¿Qué?! ¡¿Tú estás de acuerdo con él?!- el de ojos marrones estaba que no podía creerlo.

Esa terapeuta estaba demente.

-Bueno, el tipo tiene un punto. ¿Qué harías tú si un mocoso con aires de grandeza y cabello raro robara la pureza de tu hermanita?-

Ichigo alzó un dedo, dispuesto a refutar, pero pensó en Toshiro, que quería robar la pureza de su hermanita Karin, y cerró la boca.

-De acuerdo, lo acepto, entiendo que quiera matarme. ¡Pero no tiene por qué hacerlo! ¡Porque yo no robe la pureza de Rukia! ¡Se lo estoy diciendo desde hace días y no me escucha!-

-¿Tienes que gritar tanto siempre?- la mujer se sobó los oídos.

-¡Solo has que me escuche! ¡Destruyó medio Seireitei persiguiéndome solo porque no me cree!-

-¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Pero ya no grites!- chilló ella, sin soportar más tortura a sus pobres oídos. –Kuchiki-kun, ¿por qué no le crees a Ichigo-kun, me dices?- pestañeó algo demasiado dulcemente.

-Me he enterado que Rukia ha estado durmiendo en su habitación y ahora ella se ha presentado con síntomas de embarazo.- el pelinegro cerró los ojos tratando de aparentar calma pero fallando debido a su leve ceño fruncido.

-¡Eso es por comer la comida de Inoue! ¡Y juró que yo no la toque, ella dormía en mi armario!-

-¿Algún día vas a dejar de gritar?- Lois ahora se frotó las sienes. -¡Ya, ya! ¡Vamos a resolver esto de una vez con el detector de mentiras!- su ánimo se renovó ante la perspectiva de estrenar su aparato.

-¡Si, perfecto! ¡Esa cosa probara que no miento!-

-Pero solo si dejas de gritar.- la mujer se cruzó de brazos, una mirada oscura en sus ojos grises verdosos.

-Eh… Claro. Lo siento…- se disculpó en apenas un susurro.

-¡BIEN!- ahora fue ella la que gritó hasta casi romperle los tímpanos. -¡Entonces te conectare!- jaló al pelinaranja hacia una silla de madera y lo conectó a la maquina por medio de los dedos, las muñecas y la cabeza. –Funciona así. Si mientes, se encenderá esta pequeña lucecita roja de aquí. Si dices la verdad, se encenderá la verde. ¿Entiendes?-

-Si.- contestó, y se encendió la luz roja en señal de que mentía. Ichigo se sonrojó. –Ok, ya entiendo…- ahora se encendió la verde.

-Bien, pues entonces Kuchiki-kun y yo te iremos haciendo preguntas. Yo empiezo. ¿Dormiste con la hermanita de Kuchiki-kun?- hizo la primera pregunta.

-No.- contestó con confianza, sorprendiéndose cuando se encendió la luz roja. -¡¿Qué?! ¡Esa cosa está rota! ¡Yo no tuve sexo con Rukia!- para su alivio, ahora se prendió la luz verde.

-Ok, ok, creo que sé lo que pasa. La máquina no está rota. Solo que hay que hacerte las preguntas correctamente formuladas. ¿Tú alguna vez dormiste con esa Rukia-chan?-

Ahora el joven pensó un poco antes de contestar.

-Si…- admitió finalmente, encogiéndose en su lugar ante el aumento repentino en el Reiatsu del noble.

-¿Pero no hicieron nada, verdad?-

-No.- la luz verde se encendió. –Solo dormimos en la misma habitación, o incluso en la misma cama, pero eso cuando teníamos misiones o algo así, y siempre había gente a nuestro alrededor.- de nuevo, la luz verde.

-¿Entonces tú no le robaste su pureza a Rukia?- Byakuya entrecerró levemente los ojos.

-No, Byakuya, yo no desvirgue a tu hermana.- el Kurosaki sonrió petulante cuando la lucecita verde respaldó sus palabras.

-Entiendo… ¿Entonces sus síntomas recientes han sido por causa de la cocina de Inoue Orihime?- el pelinegro parecía finalmente estar aceptándolo de una vez.

-Si.- por cada vez que se prendía la luz verde, la sonrisa de Ichigo se agrandaba.

-¿Entonces tú ni una sola vez has pensado en besar, tocar o siquiera mirar a Rukia con intensiones libidinosas?- su ceja se arqueó levemente al momento de formular probablemente su última pregunta.

-No. Jamás.- la sonrisa del menor desapareció ante el brillo lúgubre y mortífero de la luz roja.

-Kurosaki Ichigo…- el noble ocultó su mirada con su cabello.

-¡Espera! ¡Esa cosa está rota! ¡Juró que nunca he pensado en Rukia de esa forma!- de nuevo, la maldita lucecita roja lo contradijo. -¡Bueno, tal vez lo he pensado un par de veces! ¡Pero solo pensamientos fugaces! ¡No tenía intención de realmente hacerle esas cosas!- luz roja. -¡Tal vez si tuve esas intenciones! ¡Pero soy demasiado cobarde para llevarlas a cabo!- luz verde.

Suspiró aliviado.

-¿Crees que eso salvara tu vida, Kurosaki Ichigo?- finalmente alzó la vista, sus ojos gritando asesinato sangriento.

-Eh… ¿Si?- luz roja.

Lois se las arregló para desconectar la máquina del muchacho antes de que este tuviera que salir corriendo debido a una lluvia de hechizos Kido de parte del furioso capitán.

Tal vez su relación no estaba mejor que antes pero… al menos el detector de mentiras estaba ileso y listo para la siguiente ronda.