Hola de nuevo… Este capítulo puede ser perturbadoramente gracioso… se recomiendan a los que tengan afecciones cardíacas (o vejiga sensible) por favor firmar estas pólizas de vida *reparto varias hojas y bolígrafos*
Y respondiendo a la pregunta de un review… Eris y Enio NO SON las mismas diosas!.
Eris es la diosa de la discordia, hermana de Ares nacida del Caos… es la que se encarga de sembrar la discordia que crea las guerras. Enio es la diosa de la batalla en sí, la que se presenta y promueve el caos en medio de la pelea y al lado de Ares, pero debido a las similitudes en sus nombres siempre se las confunde, algunas versiones dicen que ella no es real, y que solo aparece en el culto Romano como la diosa Bellona, la que dirige la batalla para los romanos y cuyas puertas de su templo siempre permanecen abiertas mientras Roma este en guerra, y otras versiones dicen que es la contraparte de Enio.
Bueno, no les quiebro más la cabeza y los dejo con el fic.
Cronos amenazaba al mundo, y lo último que quería… era realizar una búsqueda para la diosa de la discordia, así que me negué. Eris parecía no estar muy contenta con mi respuesta, Quirón siguió sin hacer nada y sin la presencia del Sr. D en el campamento la rubia provocadora tenía vía libre para sus diabluras, al día siguiente me levanté pensando en la personita que se había instalado en la cabaña de Ares esa noche, al parecer durmió plácidamente, al contrario de nosotros que tuvimos que escuchar las peleas y discusiones entre los chicos de Ares.
Supongo que tenía ese efecto en los semidioses hijos del dios de la guerra.
Después de un baño y del desayuno intentamos volver a las actividades normales, pero con la presencia de Eris era imposible. Se paseaba de uno a otro lado del campamento cuchicheando y chismeando entre los campistas, como su carácter manda, siempre buscando desatar algún conflicto, un pequeño rumor por aquí, como por ejemplo: decir que los chicos de Apolo son más guapos que las chicas de Afrodita, o que las armas que fabricaban los de Hefesto eran más bonitas que las que traían los de Ares, incluso logro arruinar la paz que reinaba en los campos de fresas al decir que los chicos de Deméter cosechaban mejor que las propias Ninfas, y que el canto de los chicos de Apolo era más majestuoso que las flautas de caña de los Sátiros.
De un momento a otro, no dejaban de oírse discusiones entre varios campistas, peleas y alguno que otro roce de espadas, y ella solo avivaba más el fuego señalando la arena de práctica como el lugar para resolver sus problemas, y no dejaba de reírse durante las peleas mortales a espada entre nuestros compañeros, desde la casa Grande intente hablar con Quirón acerca del problema pero él me lanzaba evasivas todo el tiempo.
—Algo que ocultar, Señor— le interrogué.
Él puso una mueca incomoda, y entonces comprendí que se trataba de algo serio, quizá vergonzoso, pero serio.
Salí de la Casa grande sin respuesta.
—Y qué me dices, Percy Jackson?—
Dijo mientras caminaba hacia mí con ese aire de buscapleitos.
—No tienes que hacerlo, Sesos de algas— me recomendó Annabeth. —Tratándose de la discordia, quien sabe qué problema se puede ocasionar—
Ella la vio disgustada. Al parecer los hijos de Atenea no eran fáciles de provocar, eran los únicos que no habían tenido discusiones fuertes, porque lo resolvían todo sentándose y hablando como gente civilizada, o semidioses civilizados… y esa renuencia a un conflicto por algo trivial era algo que la molestaba.
—Percy es listo— añadió. —Sabe que sí no hace esta búsqueda por mí, esto se puede poner mucho peor—
A la distancia pude ver como los chicos de Ares llevaban encima a algunos de la cabaña Hefesto hacia el lago para arrojarlos.
—Crees que puedes venir y hacer lo que te plazca— le ingirió Annabeth.
—Y que me vas hacer— alardeo. —Soy la favorita de mi hermano—
Eso no lo discutía aunque me enfurecía pensarlo, si yo fuera Ares… y tuviera a una hermana que siembre discordia y provoque conflictos gratuitos para mí yo también lo querría. Desde la arena de práctica venía Clarisse, lucía animada, con la piel empapada de sudor luego de haber pulverizado a sus retadores.
—Te divertiste, sobrina— le dijo.
Ella no dijo nada, pero por su pequeña sonrisa en las muecas de sus labios parece haberse divertido, por otro lado Silena Beauregard apareció a nuestra derecha cubierta de polvo blanco y algunos rayones de labial en sus mejillas.
—Y a ti que te pasó— le pregunto Clarisse.
—Tuvimos una pelea por ver quien se maquillaba mejor— dijo con algo de lamento en su voz.
Eris se río.
—Parece que no hubo un ganador—
Silena suspiró resignada.
—Y bien…— volvió a dirigirse a mí.
No dije nada.
—No te preocupes Percy— me dijo Annabeth. —recuerda que los conflictos siempre tienen solución, podemos manejarlo—
Ella nos vio con detenimiento, como si estudiara la forma de crear discordia entre nosotros, pero eso no era necesario la verdad.
—Hay cosas más importantes de que ocuparnos en este momento— le dije.
Eris se mofo sonriente.
—Cronos y sus titanes pueden esperar un poco, no lo crees?—
Me molesto ese comentario, pero no podía darle la pelota… sería seguir su juego.
—Ya lo escuchaste Eris— le dijo Annabeth.
De nuevo volvió a mirarnos con ese semblante de busca problemas.
—Y que es lo que quieres exactamente— le pregunto Clarisse.
Nos dijo que era una insignificancia, mientras parecía lucir más calmada, recalcando que algo pequeño que un "grandioso" héroe como yo podía realizar en un dos por tres, pero por los consejos y la extraña renuencia de Quiron a intervenir en los problemas recientes del campamento, pensé que lo razonable sería rechazar, pero cuando lo hice, esta vez parecía realmente molesta frunciendo su entrecejo.
—Muy bien!— sentenció. —Yo no quería llegar a esto— dijo, tomándomelo en broma
Mi segundo grave error.
—Eso es…— decía Silena.
Eris había sacado una pequeña cosita amarilla de la bolsita de cuero café atada a su cinturón, al verla de cerca me percate que era una manzana, pero no cualquier manzana. Era una manzana dorada, la arrojo tranquilamente frente a mí con un semblante sonriente.
—Y de qué va esto— pensé.
Pero entonces me di cuenta de que… Clarisse, Silena y Annabeth veían fijamente el frutito amarillo, sus miradas estaban perdidas como hipnotizadas. Me pregunte que se trataba y yo también vi. En la manzana había una inscripción bien clara que pese a la distancia entendía.
Decía… "Para la más bella".
—Adoro esta parte— dijo Eris.
Las tres chicas se acercaron hasta quedar de pie ante el fruto. Y de pronto…
—Es mía— dijo Annabeth.
—No, es mía— decía Clarisse.
—Se equivocan, es mía!— dijo Silena.
Y pronto las tres se agacharon y tomaron el fruto al mismo tiempo tironeándoselo hacia su dirección respectivamente, mientras las veía atemorizado. Entonces lo que paso en la boda de Tetis y Peleo acudió a mi mente, como pude ser tan estúpido.
—Qué te parece— me presumió Eris mientras veía a las chicas pelearse por el codiciado fruto en un espantoso entrevero de cachetadas, manasos y tirones de pelo.
—Esa es la manzana que Hera, Atenea y Afrodita se disputaron en la boda de Peleo y Tetis— argumente.
—Casi…— dijo Eris. —Es una copia!—
Annabeth luchaba frenéticamente tironeando a Clarisse del pelo mientras Silena hacia lo mismo con su ropa.
—Temo que la original, me fue robada— dijo en pena. —Así que hice esta, que no es tan poderosa como la original…—
—Como la original?— interrogué.
Silena comenzó a tirar de las mejillas de Annabeth para someterla mientras que Clarisse le hacia una palanqueta en el brazo.
—Si esa fuera la original— aludió Esas chicas ya se habrían asesinado mutuamente".
Ahora Clarisse tenía a ambas, Annabeth y Silena, entre sus brazos estrangulándolas, pero ellas se resistían y continuaban peleándose el fruto, en ese momento llego Charles Beckendorf, líder de Hefesto, empapado hasta la ropa interior y muy confundido por lo que estaba ocurriendo.
—Qué está pasando aquí?— Pregunto él.
La pelea de gatas parecía atraer la atención del campamento, pues pronto había un montón de chicos rodeando al trío.
—Qué les hiciste?— pregunte.
—Qué no es obvio?— dijo Eris sin poder creer mi ignorancia. —Se supone que la manzana es para la Más bella—
Charles enmudeció al oírla y luego volvió a verlas, en especial a Silena preocupado al ver que nuevos raspones aparecían en su bella piel bronceada.
—No es divertido— dijo sonriente.
—Detenlas, se van a hacer daño!— le dije.
—Qué dices Percy?— pregunto Eris.
Yo veía a Annabeth, Clarisse le había pegado a un costado del entrecejo y le salió un pequeño moretón.
—Pero ya hombre— le dije sin darle a entender si me refería a ellas o a la búsqueda que me pedía.
—bien—
Se acercó al trío el cual ya estaba rodeado de casi todo el campamento, algunos apoyando a una y otra y otros preocupados por su seguridad.
—Chicas alto!— les dijo Eris y de inmediato pararon. —Así no conseguirán ponerse de acuerdo—
Por un momento me sorprendí de las palabras de tipo embajadora de la paz que sonaba, considerando que es la diosa de la discordia, que iluso fui.
—Vamos a someter esto a juicio— les dijo.
—Qué?— pensé.
Todo el campamento parecía darle la razón, y luego se volteó hacia Charles y a mí.
—Y creo que se quién puede tomar tal difícil decisión…—
Comenzó a darme un mal espinazo cuando dirigió sus ojos en mí… —No es cierto, Percy!— declaró.
Las tres murmuraron mi nombre, lo que me puso más nervioso. Entonces Eris tomo la manzana dorada y la deposito en mis manos, todo el campamento palideció.
—Percy, es tu deber darle fin a esta trágica disputa— me dijo con una voz melodramática de actriz de telenovela.
Hubo un silencio incomodo, y luego la primera de las tres se me acercó.
—Percy…?— decía Annabeth con una voz muy, MUY cariñosa. —Tú me quieres verdad?... Sabes que soy la más bella—
Comenzaron a revolotearme mariposas en el estómago mientras veía a Annabeth muy cerquita mío, con las manos juntas y suplicantes, una mirada de ojitos grandes y vidriosos como los del gato con botas de Shrek, mientras todo el campamento me miraba de forma muy picarona, sentía que toda la sangre se me subía a la cabeza.
Los chicos de Atenea no daban crédito a lo que veían.
—Percy…?— decía Silena con una voz MUY sensual detrás mío. —Yo soy hija de Afrodita, la belleza esta mis genes—
Se acercó por mi detrás y poniendo esas delicadas, suaves y frágiles manos en mis hombros, provocando un escalofrió electrizante en mi espinazo. Todo el campamento me veía de una forma celosa de que una niña de afrodita me hablara.
Los chicos de Hefesto lucían atemorizados mientras Charles me miraba de forma indignante y amenazadora.
—Percy…!— me grito Clarisse. —La belleza no es solo externa, también es de carácter—
Se puso a un costado mío y comenzó a codearme el hombro de forma insinuante mientras sonreía descaradamente. Tuve que aguantar una nausea. El campamento entero se reía considerando siquiera esa posibilidad, pero Clarisse les gruño, los chicos de Ares tenían la mandíbula desencajada de ver a su consejera actuar así.
—Si tres diosas no pudieron resistirse a esto, mucho menos tres mestizas— decía Eris muy orgullosa de sí.
—Percy, tú me salvaste el verano pasado, sé que piensas que soy la más bella—
Annabeth se acercó aún más pegándose a mi brazo y depositando tiernamente su cabeza encima de mi hombro, sentía que mi cara se quemaba.
—Percy, soy la más hermosa hija de Afrodita, sabes que soy la más bella—
Silena apoyo su cuerpo sobre mí, frotando sus pechos contra mi espalda, esta vez me quemaba otra parte del cuerpo que no quiero mencionar.
—Percy, sabes que soy la guerrera más hermosa, por eso siempre peleamos—
Clarisse me dio un suave golpecito en el estómago, y casi tuve que devolver el contenido que de ahí salía hacia mi boca, a lo lejos un chico de la multitud me grito que si lograba superar esto sería el héroe más grande de todos los tiempos. Mire a la culpable de todo esto con toda la furia que mi razón distraída por las chicas me permitía concentrar.
—Crees que podrías deshacer eso— dijo Charles. Una pregunta estúpida en verdad, porque parecía que la diosa de la discordia disfrutaba más que nadie de esto.
Las chicas continuaban apretujándome con sus muestras de su afecto, y supe que no tenía opción…
—Cuál era esa búsqueda de la que hablabas?...—
Como lo había dicho antes, aquella manzana dorada que provoco todo esto no era la original, se la habían robado y no sabe de quien fue... Pero de lo que estaba seguro era de que se trataba de un semidiós, pues ningún dios puede robar objetos mágicos de otro por una vieja ley.
Y créanme, ya había vivido en carne propia eso.
Mi misión era sencilla, debía recuperar la manzana dorada original para que así aquella rubia caótica pudiera seguir provocando conflictos por los siglos de los siglos.
—Y como se supone que vamos a saber quién la tiene y dónde?— pregunta Grover.
Estábamos reunidos en el porche trasero de la casa grande, alrededor de la mesa donde Quirón y el Sr. D siempre juegan a las cartas, Quirón seguía renuente a hablar haciendo pensar en que le habría dicho Eris.
—No tienes alguna sospecha de quien pueda ser?— pregunto Annabeth después de haber recuperado la cordura unos instantes.
Volteaba de rato en rato a verme, la mayoría de las veces no me daba cuenta, pero cuando mis ojos cruzaban con los suyos ella de inmediato veía a cualquier otra parte con las mejillas encendidas…
La cara que puso cuando sus cuando sus hermanos de cabaña le contaron como actuó no tiene precio.
—Probablemente sea alguno de tus parientes divinos el causante— decía Clarisse.
Yo de reojo la veía recordando la cara que puso hace instantes y ella me lanzaba una mirada tal que haría parecer a las furias de Hades como niñas berrinchudas, cuando las chicas de su cabaña le narraron su comportamiento, ella volteó hacia mí, y por un momento pensé que esta vez realmente me mataría.
—Te refieres a Fobos y Deimos, pero ellos son seres divinos también! No podrían hacerlo solos— explico Silena.
A diferencia de las dos primeras, cada vez que ella me veía era yo el que volteaba a otra parte recordando las insinuaciones de la hija de Afrodita y la mirada asesina del líder de Hefesto, Charles, y cuando Annabeth se daba cuenta de ello me veía con una mirada fatal, cómo si le hubiera dado un puñetazo a su abuela.
—Pero bueno, al menos puedes decirme donde estaba la última vez?— le inquirí a la diosa de discordia.
—Bueno... — la rubia se palpaba la barbilla con un mientras recordaba.
—Ahora que lo recuerdo, la última vez que la tenía estaba en una gran ciudad blanca con un lago y un pico enorme y un nombre muy difícil de pronunciar—
Todos parpadeamos ignorantes.
—Ciudad blanca... — murmuro Annabeth.
—Lago y pico enorme... — murmuro Clarisse.
—Y un nombre difícil de pronunciar... — murmuro Silena.
Me puse a rodar los engranajes de mi cerebro y logre prender mi bombilla.
—Te refieres a Washington? — pregunte.
Los ojos de Eris se iluminaron.
—Cierto! Así era como se llamaba... — presumió con su peculiar sonrisilla de niña traviesa.
—Bueno, entonces iremos a Washington— dijo Clarisse.
—Realmente crees que se encuentre ahí, sesos de alga— comento Annabeth.
—Tienes alguna idea mejor, listilla— le contradije.
Silena sonreía de forma picara al vernos haciéndome ruborizar, por desgracia no me percaté de que Eris se colocó a mi espalda y me coloco la manzana dorada en mi cabeza con la inscripción "para la más bella" apuntando hacia las susodichas.
—Percy...? —
La hija de Atenea ataco primero... Entrelazando sus dedos frente a ella.
—Sin sabiduría un rostro bonito no es más que una cabeza hueca— explico su punto mientras suavizaba su mirada y sus ojos tormentosos temblaban de ternura logrando que me perdiera en ellos. -Entonces yo soy la más bella-
—Percy...? —
La hija de Afrodita era la siguiente... Con los brazos juntos entre su pecho, resaltando su busto y meciéndolos como dos melones maduros.
—La belleza exterior lo es todo— dijo mientras juntaba las manos frente a sus labios exquisitamente mientras pestañeaba. —Yo soy la más bella—
—¡Percy! —
Y la última y mucho menos importante hija de Ares me hablo.
—Olvida a esas dos y elígeme, recuerda a las amazonas, son grandes guerreras y hermosas— decía mientras me daba un gesto de aprobación con su pulgar. —Eso demuestra que soy la más bella—
Aquello me dejo tan perturbado que necesitare años de terapia para olvidarlo, el encantamiento de Eris demostró una vez su punto, ni siquiera las mestizas notables del campamento podían resistirse, ni siquiera tres diosas pudieron, Eris no dejaba de reírse.
—Que sucede Percy? No puedes escoger a una— se burló.
Murmuraron mi nombre como súplica, excepto por Clarisse quien más bien parecía amenazarme con un puño, si yo me sentía así, imaginen que fue lo que sintió el pobre París ante las tres poderosas diosas que podían desintegrarlo molécula por molécula si se sentían ofendidas.
—Bueno, lo más importante ahora es recuperar esa estúpida manzana— dije desviando el tema.
Todas asintieron.
A la velocidad de la luz de una estrella fugaz Eris comenzó a susurrar en los oídos de todas, y eso no era bueno.
—Iremos contigo— dijeron las tres al unísono.
Un escalofrío bajo por mi espalda mientras Eris gozaba, no saben cuánto quería en aquel momento darle un golpe en toda su divina cara.
—Se supone que solo dos pueden venir—
—Al diablo con las leyes antiguas! — dijo Clarisse.
Un trueno retumbo. En el cielo.
—Quizá decidas en el camino... — dijo Annabeth.
—Y queremos estar ahí para oírlo— dijo Silena.
No tuve opción.
Tenía que ir a la capital de la nación a buscar un poderoso objeto mágico capaz de provocar un conflicto de escala bélica cargando llevándome conmigo a las chicas más guay, y clarisse, que me presionaran para decidir cuál es la más bellas.
Ni siquiera puedo decir que me las he visto peor.
—Pues allá vamos—
CONTINUARA…
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Nos leemos! :)
