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ONE SHOT DEDICADO A LO(A)S HERMANO(A)S MAYORES
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Disclaimer:
LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a mi idolatrado Leonardo Hamato; tampoco gano dinero por escribir este fic, yo escribo por puro gusto, con todo el gusto del mundo; mi recompensa son sus invaluables reviews y uno que otro jalón de oreja.
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TE LO DIJE
Leonardo estaba puliendo sus katanas con el mismo esmero con que Donatelo construye vehículos, o con el que Rafael golpea el saco de boxeo, o como el que Miguel Ángel pone para llegar al último nivel de cualquier videojuego en el que se enfrasque. Era una labor delicada, no porque tuviese que tener cuidado con el agudo filo de sus katanas, sino porque se empeñaba en que quedaran perfectamente relucientes, y siempre lo conseguía.
Una vez acabada esta labor, dejó sus katanas en su estribo, y también el soporte que se ata a la espalda (y con el cual puede llevar consigo sus armas).
Bajó a inspeccionar a sus hermanos.
Siendo no sólo el líder de su clan, sino además el hermano mayor (título que le dio su padre gracias a su carácter sereno y obediente desde muy niño), ha implicado que casi toda su vida ha estado al pendiente de las actividades (por no decir travesuras) de sus hermanos menores, y es que resulta ser que no puede darse el lujo de confiar en ellos en que no se metan en problemas; no significa que no los ame, pero sus hermanos menores suelen meterse en problemas, incluso Donatelo, aunque Donatelo, mientras esté trabajando en la construcción de algo, está tranquilo, pero si Rafael o Miguel Ángel deciden salir a explorar (sin haber pedido el permiso debido), no duda en acompañarlos (sin siquiera preguntar si han obtenido el permiso debido) para poder hacer las pruebas obligatorias de campo; así que Leonardo debía ir a ver que todo estuviera en orden.
Mientras bajaba al nivel inferior, recordó aquella vez cuando Donatelo, como a los nueve años, construyó su primer vehículo motorizado: a su vieja bicicleta había conseguido instalarle el motor de una vieja podadora. Su padre fue muy considerado con Donatelo cuando él le pidió que le ayudara a conseguir lo que necesitaba para darle mayor potencia a su bicicleta, porque su padre estaba orgulloso de la inventiva de Donatelo, y quería alentarlo, sólo que el día en que Donatelo había terminado con la "moto-bici", Splinter debía salir por los víveres. Donatelo se desilusionó, quería hacer cuanto antes la prueba de campo, pero Splinter le pidió paciencia, que no iba a tardar; sólo que su padre no consideró que su hermano, siendo un niño, no tenía la paciencia para esperar a hacer esa prueba de campo a su regreso, más aun alentado por Rafael y Miguel Ángel; así que, fácilmente, los tres fueron a hacer esa prueba, ignorando por completo las palabras del mayor. El mayor trató de pedirles a sus hermanos que esperaran a su padre, que podría ocurrir algo… pero no lo escucharon; no tuvo opción que ir tras ellos. Rafael fue el piloto de pruebas, y durante los primeros cinco minutos, todo iba bien, hasta que Rafael quiso ir más rápido y aumentó la velocidad, condujo a la perfección la moto-bici por otros cinco minutos, pero al accionar los frenos, no pudo detenerse, fue demasiada potencia para los débiles frenos de una bicicleta; el mayor tuvo que lanzase y tirar a Rafael de la bicicleta antes de que se estrellara contra la pared.
Leonardo se detuvo a mitad de las escaleras para reírse por lo bajo. En este momento, al recordar, le pareció gracioso, pero esa vez estuvo muy asustado, no por el regaño de su padre al enterarse de lo sucedido, sino porque su hermano pudo haberse hecho daño.
Continuó bajando, sin prisa.
Sus hermanos ya no son unos niños, saben cuidar de sí mismos… más o menos, pero siguió bajando sin preocuparse al oír nada más que el silencio… Recordó otra cosa más que sucedió también hace años, aunque no tenía que ver con el silencio, o tal vez sí: Rafael se apresuró a contarles a Miguel Ángel y a Donatelo que, el hermano mayor y él, habían encontrado un cocodrilo albino, un enorme cocodrilo blanco, pero como ni Miguel Ángel ni Donatelo le creyeron, los llevó a buscar a ese cocodrilo de piel blanca; naturalmente, el mayor les pidió que no lo hicieran, que se trataba de un enorme cocodrilo y muy peligroso, pero no lo escucharon; de cualquier modo, fue con ellos para asegurarse que no les sucediera nada malo. Pasaron una hora buscando al cocodrilo albino, pero no lo hallaron, y por alejarse demasiado, se perdieron; tan entusiasmados estaban por descubrir al cocodrilo, que no se fijaron en el camino. Los hermanos menores no sabían cómo regresar a casa, pero el mayor, que había puesto atención a su padre sobre lo que debe hacerse para no extraviarse en el laberinto de las alcantarillas, fue que pudieron regresar a casa antes de la cena (y antes de que su padre se preocupara por ellos).
Al terminar de bajar las escaleras, Leonardo vio a Miguel Ángel que estaba ejecutando asombrosas (y peligrosas) piruetas con su patineta. Avanzó hacia él, y se quedó a prudente distancia, observando, divertido, las acrobacias de su hermanito.
- ¡UUUJJJJJUUUUUUUUUUUUUU! -
En esa "Nollie" (truco en el que te desplazas y saltas sin que la patineta se despegue de tus pies) que ejecutó, apenas logró aterrizar de pie; su patineta cayó lejos.
Leonardo pudo darse cuenta de un detalle de ese salto; sólo esperaba que su hermano lo escuchara, no como en una ocasión, cuanto tenían como doce años, cuando a Miguel Ángel se le había antojado comer hot cakes; no sabía cómo hacerlos, pero quiso intentarlo, y el mayor trató de disuadirlo diciéndole que no podía comer nada entre comidas, pero Miguel Ángel prosiguió en su afán por comer hot cakes, y bueno, el mayor se mantuvo cerca. Miguel Ángel logró mezclar los ingredientes siguiendo las instrucciones de la caja (hasta ahí iba bien),y obtuvo una abundante masa, pero en el momento de la cocción, cuando el mayor le sugirió que mantuviera la llama baja, Miguel Ángel dejó la llama muy alta para que se cocieran más rápido, ¡estaba muy hambriento!, y con la llama más alta… se le quemó ese primer hot cake que había hecho, pero una vez que escuchó la explicación del hermano mayor de cómo debía cocinarlos, ambos se dieron un banquete (el mayor también comió porque el menor le imploró, como sólo él sabe hacerlo, para que comieran juntos, aunque más tarde Splinter los reprendió); los hot cakes habían estado riquísimos.
Ya que su hermanito había aterrizado, no sin trompicones, Leonardo se acercó a él para decirle de ese detalle que observó en su ejecución.
- Hola Miguel. –
- ¡Hola Leo! ¿Cómo ves que ya casi me sale la Nollie? -
- Bien, pero oye: si pones el pie delantero en el "Nose", y el pie trasero justo a la mitad de la patineta, cuando des un "Pop" con el "Nose", debes "raspar" con el pie de atrás para que se desplace de en medio hacia el "Tail"; si no lo haces, en la siguiente, te vas a dar un buen golpe. -
- No hay problema, bro, lo tengo todo bajo control. – subió a su patineta y se lanzó de nuevo.
Miguel Ángel subió a su patineta, colocando un pie en cada extremo de ésta y se impulsó; avanzado unos metros, golpeó con el pie de delante ese extremo de la patineta, dio un impresionante saltó junto con ésta…
Leonardo miró con expectación el vuelo en patineta de Miguel Ángel, sabiendo ya lo que sucedería.
…pero al descender, la patineta se fue por su propio rumbo y le estorbó al aterrizar…
¡ZAZ!
Miguel Ángel cayó hacia el frente, pero consiguió apoyarse en la mano derecha.
Leonardo corrió a auxiliarlo.
- ¡Miguel! ¿Te hiciste daño? -
Miguel Ángel se puso de pie.
- Estoy bien. – dijo de lo más tranquilo, pero … - ¡Auuu! ¡Mi manita! -
- Te lo dije. – su tono de voz no fue de regaño, sino cariñoso, aunque un tanto angustiado.
Le ayudó a ir hasta el sofá, lo sentó y fue por el botiquín de los primeros auxilios; su hermano se hizo un feo raspón en su mano derecha.
Leonardo tardó más en curar ese raspón (y es que fue difícil convencer a su hermano que lo que le iba a aplicar para desinfectar la herida no iba a arder) en lo que Miguel Ángel regresó por otro trancaz… en lo que Miguel Ángel regresó a realizar otra "Nollie"; esta vez lo consiguió, porque hizo lo que Leonardo tuvo que repetir lo que ya le había sugerido que hiciera antes.
- ¡Sí! – vitoreó dando de brincos, ya no se acordó del feo golpe ni mucho menos del dolor - ¿Viste, Leo? ¡Ya me salió! -
- ¡Ese es mi hermanito! - Leonardo le aplaudió.
Miguel Ángel le sonrió y volvió a ejecutar el truco; que lo pudiera realizar bien una vez, no era garantía de que ya lo tenía dominado, y en eso se iba a ocupar.
Leonardo dejó a su hermano con su práctica, y fue al taller porque oía movimiento ahí. Encontró a Donatelo subido en una escalera y colocando el póster de su compositor favorito de música algorítmica (música creada a base de fórmulas matemáticas desarrolladas a partir de un sofisticado software) llamado Ángel Rada.
- Hola Doni. –
- Hola Leo. -
- Doni, el póster está muy abajo, así puede caerle grasa, y está algo chueco; súbelo un poco de tu lado derecho. -
Donatelo bajó de la escalera sin haber hecho nada de lo que le sugirió, apartó la escalera y se alejó para admirar su póster.
- Está chueco. -
- Te lo dije. -
Donatelo volvió a colocar la escalera y subió por ella.
- Leo, dime qué tanto debo moverlo. -
- Un poco más arriba de tu lado derecho… - eso hizo Donatelo – Ahora un poquito más abajo… – Donatelo seguía fielmente las instrucciones – Ahí está bien. -
Donatelo bajó con apremio y quitó la escalera.
- ¡Sí! Ahí está bien. – sonrío satisfecho.
- Pero puede caerle grasa de motor. – tuvo que repetirle.
- Tienes razón. -
Fue en busca de algo que protegiera el delicado papel de la sucia grasa del taller.
Leonardo admiró por un rato ese póster y los demás que había, algunos eran de Rafael. Entre Donatelo y Rafael, habían colgado en las paredes del taller varios pósters; parecía que esos pósters decían: "Territorio de Rafa y Doni", por todos músicos que les gustaba a esos hermanos suyos.
Entonces, algo le dijo a Leonardo que fuera a la cocina; le pareció sentir que de ahí provenía una poderosa energía a punto de hacer explosión.
Era Rafael.
Se acercó con cautela.
- Rafa. -
- ¡Est&%#" frasco!
Leonardo hizo una mueca de disgusto por las "palabritas" que dijo su hermano, no iba a permitir que hablara de esa forma, aunque la situación lo ameritaba: Rafael trataba de abrir un frasco de mermelada de fresa y no podía; pero Leonardo enseguida cambió su semblante, le pareció gracioso que, Rafael siendo el más fuerte de los cuatro, no pudiese abrir el frasco. El que no pudiera abrirlo, tenía su explicación científica, pero Leonardo estaba a punto de reír por lo gracioso que se veía su hermano forcejeando con el frasco; sin embargo, se contuvo para sugerirle lo que debía hacer.
- Rafa, si pones la tapa bajo el chorro de agua caliente por unos segundos, te será más fácil abrir el frasco. -
- ¡#$%&#, #$#&%&%$$#, $%&$$ frasco! – Rafael seguía intentando abrir el frasco, y maldiciendo aún peor.
Así que Leonardo, por esas palabritas que escupía su hermano, le tapó la boca y lo obligó a girar la cabeza para que le prestara atención; Rafael le miró con enojo, pero él le miró y habló con serenidad.
- Pon el frasco bajo el chorro de agua caliente por unos segundos. -
La firme calma en las palabras del hermano mayor, lograron que la ira de Rafael se apagara un poco, y obediente, fue al fregadero, abrió la llave de agua caliente, puso el frasco un ratito bajo el chorro, y luego, así como así, giró la tapa y…
¡PUF!
- ¡Por fin! -
- Te lo dije. – Leonardo se encargó de cerrar la llave.
- Muero de hambre. – Rafael buscó rápido con que secar el frasco, y luego un cuchillo y pan de caja; en un segundo, ya estaba devorando su pan untado con rica mermelada.
Leonardo amablemente le sirvió un vaso con leche, y se retiró.
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