Disclaimer: Ningún personaje me pertenece a mí (son todos de Rowling y la Warner y no los tratan tan bien como yo) y no obtengo ningún rédito económico de esta historia.

Este fic participa en el Reto #42: "Pero con una condición" del foro Hogwarts a través de los años.

Personaje: Ron Weasley

Condición: Debe aparecer alguien de Slytherin

La imagen es una promocional del Hogwarts Legacy.

Reescribí/reedité este fic en junio del 2023, prácticamente tres años de haberlo escrito. Si lo preferís, está a vuestra disposición en el capítulo siguiente. Esta versión original queda como testigo de la mejora/empeoramiento del estilo escritor y también por si alguien prefiere disfrutar de ella en lugar de la nueva (siempre me sorprende que una historia tan sencilla tenga tantos favs/follows, la verdad, porque nunca esperé que los ameritase). Aviso para navegantes de que ni siquiera he corregido las faltas de ortografía o gramática más obvias, está tal cual lo publiqué originalmente.


Le tendió la mano. El chico del suelo dudó, mirándola incrédulo.

—Vamos hombre, no tenemos todo el día.

Nott la aceptó y Ron tiró de él, levantándolo. En cuanto estuvo de pie deshizo el contacto físico; casi pareció que evitaba restregarse la mano en la túnica para limpiarse. Ron sonrió amablemente.

—¿Queréis tomar una cerveza en las Tres Escobas? —propuso con afabilidad.

Zabini, Pucey, Greengrass, Malfoy, Goyle y Parkinson intercambiaron una mirada asombrada. Nott se quedó en el sitio, mirando fijamente a Ron. Finalmente, parpadeando, consiguió contestar:

—No creo que a tus amigos les apetezca —dijo señalando con la barbilla detrás de Ron.

Ron se volvió, como sin entender a qué se refería Nott. A un par de metros tras él estaban Harry, Hermione, Seamus, Dean, Neville y Luna charlando y riendo entre ellos.

—Pues yo creo que sí.

—Ni siquiera les has preguntado —espetó Malfoy.

—Deduzco entonces que vendréis si dicen que sí. —Se volvió hacia ellos y gritó—: ¡Gente! ¿Os parece bien que vengan con nosotros a cenar?

El resto del grupo se acercó ante las palabras de Ron. Hermione se colgó del brazo de Ron y sonrió ampliamente. Harry esbozó una sonrisa tímida y Seamus abrazó a Dean por la cintura y susurró algo en su oído.

—Pues claro, Ron —contestó suavemente Luna—. Será más divertido con ellos.

Ron miró expectante al grupo de Slytherins, que directamente no habían esperado nada de eso cuando Nott tropezó sin querer con el grupo de Gryffindor, tirando las bolsas que Ron llevaba en la mano. De hecho, había podido ver cómo se encogían como un perro esperando un golpe. Eso le había animado a ofrecerles la compañía.

—Pensaba que habías dicho una cerveza —intervino Zabini arrastrando las palabras.

—Bueno, si solo queréis una cerveza, nos conformaremos, pero nada os impide quedaros a cenar —repuso Ron.

—A Madame Rosmerta no le importará —aseguró Neville—. Puedo avisar a Hannah.

El resto del grupo vitoreó ante las palabras de Neville y bromearon con él sobre sus motivos para ir a ver a Abbott mientras Neville se sonrojaba como un tomate.

—A lo mejor os habéis golpeado la cabeza y habéis olvidado quienes somos —dijo Malfoy arrastrando las palabras.

—¿Asustado, Malfoy? —intervino Harry con media sonrisa.

—Más quisieras, Potter. —El grupo de Gryffindor sonrió. El de Slytherin suspiró.


Draco volvió a la mesa con cuatro jarras de cervezas de mantequilla, sosteniendo dos en cada mano.

—Ahora vienen Adrian y Greg con las demás —dijo posándolas suavemente en la mesa y sentándose—. ¿Dónde están los demás?

—Por ahí, bailando —contestó Ron mientras cogía una de las cervezas.

—¿Potter está bailando?

—¡Ah, que preguntabas por Harry! Pensaba que habías preguntado por el resto en general —Hermione y Ron se dieron cuenta que las mejillas de Draco se habían sonrojado—. Ha salido del pub, por lo visto le llamaban al felétono.

—Teléfono, Ron —le corrigió suavemente Hermione.

Draco asintió, dando un sorbo a su cerveza.

—Es curioso —hizo una pausa mientras los dos le miraban expectantes—. Cuando hace unos meses Theo se tropezó contigo, Weasley, pensaba que nos ibais a llevar ante los aurores. Y aquí estamos, celebrando vuestro compromiso.

—No te creas, es porque esperamos un buen regalo de bodas de tu parte.

—¡Ron! —le reprendió Hermione con una risa—. No es cierto, Draco. Realmente queremos que estés ahí. Que estéis todos. Pero sí, ¿quién iba a decirlo, verdad?

—¿Qué os casabais? Se veía venir desde cuarto, Granger.

—No, que íbamos a llevarnos así de bien.

Ron paseó la mirada por la pista de baile del pub, sonriendo con satisfacción. Luna estaba bailando con Daphne, habían congeniado rápido y no habían tardado mucho en empezar a salir, siendo el primer lazo entre los grupos que se había forjado. Harry no estaba a la vista, pero sabía por él mismo que Draco y él se veían casi a diario. De hecho, admitía estar un poco celoso de que Draco le quitase el puesto de mejor amigo. Seamus y Dean charlaban con Neville y Hannah cerca de la barra, la última incorporación al grupo cuando esta por fin había acorralado a Neville para pedirle salir.

Adrian y Greg, cargados con cervezas, hablaban con Blaise y Pansy, que habían estado bailando juntos. Seguramente no tardarían mucho en anunciar su compromiso. Theo estaba en el centro de la pista, dándolo todo con una bruja muy guapa que no alcanzaba a reconocer desde la mesa.

—¿Por qué? —La pregunta de Draco le distrajo de sus observaciones y volvió su atención a él.

—Perdón, me distraje. ¿Qué decías?

—Que por qué nos invitasteis a cenar con vosotros, Weasley.

—Bueno, creíamos que era buena idea hacerlo. Siempre ibais juntos, y veíamos como os trataban y no nos parecía justo.

—¿Quieres decir que fue por lástima, Weasley?

—No, Draco. Quiero decir que no nos parecía justo cómo os trataban. Nosotros os veíamos como nosotros, con ganas de divertiros y pasarlo bien. Juntos, podíamos hacerlo.

Con un gesto, señaló al resto del grupo, queriendo indicar que estaban en lo cierto. Draco asintió y miró en dirección a la puerta.

—Estoy seguro que no tardará, Draco —dijo Hermione.

—No estaba mirando por él —respondió secamente este.

—Draco… —Ron espero a que este le mirase con una ceja levantada—. Funcionó. Nos llevamos bien, somos amigos. Estamos celebrando mi compromiso con Hermione y pronto tendremos que celebrar el de Blaise y Pansy. Nos tiramos a la piscina y nos salió bien.

—Porque obviasteis un montón de mierda por nuestra parte.

—Todos cambiamos, ninguno somos los mismos que íbamos al colegio —acotó amablemente Hermione.

—Sí, sí, ya lo sabemos. Pero no me refería a eso. Quiero decir, Hermione tiene razón, todos necesitamos que nos tiendan la mano cuando erramos el camino y nos permitan volver, yo también lo tuve que aprender por las malas. Vosotros os merecíais volver también y todo eso. Pero yo me refiero a que no lo entiendo, Draco.

—¿El qué?

—No entiendo por qué sigues siendo el único que usa nuestros apellidos con todos nosotros cuando es evidente que nos tienes tanto aprecio como nosotros a ti.

—Es la costumbre, Weasley.

—Pues yo creo que es un método de autodefensa porque quieres mantener una fachada de indiferencia que no sientes y que crees que usar nuestros nombres es confesar el cariño que nos tienes.

La puerta del pub se abrió y Draco miró ansioso en su dirección. Ron y Hermione soltaron una risita. Este se volvió ofendido hacia ellos. Ron se echó hacia adelante, con una sonrisa maliciosa.

—Otra cosa que no entiendo, Draco, es a qué estás esperando a comerle la boca a Harry, cuando es obvio para todos que ambos los estáis deseando.

Draco se atragantó con la cerveza. Con la mirada siguió a Harry, que se dirigía a la barra ignorante de las cervezas que ya estaban encima de la mesa.

—No digas tonterías, Weasley. Ronald. Ron. Como sea. Harry ha hecho bastante perdonándome tantas cosas. —Bajó la mirada mientras dibujaba en la condensación que se había formado en su jarra.

—Harry ya te había perdonado antes de que os invitásemos. Fue cosa suya que lo hiciéramos. Iba a escribiros él, pero las cosas surgieron de aquella manera.

Todos salieron al frío de la noche mientras charlaban y reían. Era muy de madrugada y era el pub que más tarde cerraba, así que no había donde ir a seguir la fiesta. Durante unos segundos, aquello fue un caos de abrazos y besos mientras se despedían unos de otros, separándose para ir hasta casa los que vivían en Hogsmeade y desapareciéndose los de fuera. Al final, sólo quedaban Draco, Harry, Ron y Hermione.

—Bueno chicos, nosotros también nos vamos.

—Buenas noches, Ron. Buenas noches, Hermione —Harry abrazó y besó a ambos con cariño.

—Buenas noches, Weas… Ron. Buenas noches, Hermione —Draco estrechó la mano de Ron que tiró de él y le dio un abrazo.

—¿Miedo, Draco?

—Más quisieras, Ron.

Se despidió de Hermione quien también lo abrazó y le estampó un beso en la mejilla. Desconcertado, Draco se tocó la mejilla donde esta le había besado. Ambos dijeron adiós con la mano un segundo antes de desaparecerse.

—Bueno, Draco. Yo vivo a dos manzanas y he bebido demasiadas cervezas como para desaparecerme, así que voy a ir dando un paseo. Supongo que tú duermes en Wiltshire.

Draco asintió, pero no se decidió a desaparecerse.

—Pot… Harry. —Este se dio media vuelta, con las cejas enarcadas divertido por el uso de los nombres propios que estaba haciendo Draco—. ¿Te importa si camino contigo hasta casa?

—No tienes que preguntarlo, Draco.

Echaron a caminar plácidamente en silencio. Ambos llevaban las manos en el bolsillo, pero caminaban hombro con hombro, como si el frío les hiciese juntarse. Finalmente, Draco rompió el silencio.

—Ron dice que lo habías planeado —viendo su cara de interrogación, le dio contexto—: Lo de invitarnos a salir.

—¡Ah! Sí. Lo hablamos varias veces, que sería interesante conoceros mejor. Y al final todo salió rodado de manera natural.

—También cree que debería comerte la boca. No me mires así —se defendió—, he usado sus palabras textuales.

—¿Y tú qué opinas al respecto? —Harry se paró junto a la cancela del jardín de su casa.

—Que tiene razón. Pero sólo si tú quieres.

—Demonios, Draco, solo me falta hacerte señales de humo.

Draco se acercó a él despacio, cogiendo su cara entre las manos. Harry respondió agarrándole la cintura y estrechándolo todavía más. Durante unos segundos, se miraron a los ojos, con sus labios a milímetros de distancia. Con suavidad, Draco salvó ese trecho y lo besó delicadamente, apenas un roce de labios. Ronald Weasley tenía razón. En ambas cosas. Volvió a apretar sus labios contra los de Harry y esta vez profundizó el beso.