Shinichi corría tanto como sus piernas de niño de primaria le permitían hacia la comisaría de policía con la esperanza de que el inspector Nakamori aún no hubiese salido con sus demás compañeros. Había descubierto, con horror, lo que realmente significaban las palabras que Kid había dejado en aquella nota y tenía a penas unos veinte minutos antes de la hora que el ladrón había acordado, y eso con suerte de que Ran no lo hubiese pillado mientras salía o hubiera resultado imposible salir en mitad de la noche. Kaito Kid estaba por aparecer, lejos de los lugares donde la policía trataba de cuidar todo lo parecido a una piedra preciosa de color azul, azul... Donde menos lo esperaban. Porque Kaito Kid no pretendía robar ninguna joya esa noche, lo que él realmente quería era...

Un grito ahogado de sorpresa seguido de una caída por el tropiezo se escuchó en la calle. El sobresforzar su cuerpo le estaba pasando factura, pero ya a penas quedaba tiempo. Sin aliento se levantó del suelo y buscó con la mirada dando con uno de los coches patrulla, corrió hacia él y se plantó delante para llamar la atención del agente que lo conducía.

—¿Dónde está el inspector Nakamori? -preguntó exaltado cuando este se detuvo dando un frenazo, la verdad es que seguramente le gritaría que podía haberse matado, pero eso no era lo primordial en aquel momento.

Cuando al fin consiguió que el agente le diera el comunicador del vehículo, tomó aire y exclamó:

—¡Su hija está en peligro! ¡Kid no busca ninguna joya! —prosiguió rápidamente a explicar lo que había descubierto antes de que el hombre le colgara pensando que era una broma— Con "el hombre de ley", la nota habla de un policía, usted, por eso no la recibió en comisaría, cuando nombra a un "niño azul" es una alegación a un juego de palabras con el nombre de su hija: "青(Ao)" en japonés es azul, y "子(Ko)" significa "niño" si los juntamos quedan la palabra "青子(Aoko)", es decir "Niño azul". Cuando Kid habla de dos zafiros dice que son gemelos y están en "la nieve", se está refiriendo a los ojos azules de su hija haciendo una metáfora con el color de su piel —intentó no hablar atropelladamente y finalizó—. Por lo tanto, ese papel decía: "El próximo viernes a las doce de la noche me encontraré con la chica que custodia el inspector Nakamori, Aoko."

Al otro lado del transmisor sólo se escuchó el sonido de algo golpeando contra el suelo.

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Lentamente la ventana fue cediendo a sus enguantadas manos. Poco a poco, se deslizó en silencio hacia dentro de la habitación sin evitar que una amplia sonrisa se apoderara de su rostro al verse allí al fin. Sabía que lo que estaba haciendo era una locura, pero al dirigir la mirada hacia aquel cuerpo femenino que adormilado entreabría sus ojos azules, cualquier rastro de cordura se había desvanecido. Hizo una pequeña reverencia.

—Es un placer conocerla, señorita.

La chica confusa no emitió palabra alguna, ¿Kaito Kid? ¿Acaso no era aquella la noche de su siguiente robo...? Sus pensamientos acerca de eso se detuvieron un instante y de repente se dio cuenta: ¡¿Qué mierda hacía Kaito Kid en medio de su habitación?! Abrió los ojos como platos y en un acto reflejo lanzó su almohada a modo de "defensa" dándole de lleno en la cara, ya que este no se lo esperaba. Ante este gesto, el sombrero de copa cayó irremediablemente al suelo por el impacto, mostrando un rostro cubierto a media cara hacia arriba por una especie de máscara blanca, en lugar del usual monóculo; Kid no era tan idiota como para presentarse sin cuidarse de que su amiga no lo reconociera.

El ladrón alzó una ceja pasando la mirada del proyectil a la expresión rabiosa de la joven. No había duda de que Aoko Nakamori no le tenía precisamente cariño. Aún sabiendo eso, recogió su prenda y la colocó nuevamente mientras se acercaba a la adolescente, quien se fue pegando a la pared que tenía tras la cama en un vano intento de retroceder a la cercanía. Sin embargo, en unos segundos ya estaba acorralada por el hombre enguantado de blanco. Decidió empujar sus hombros para tratar de librarse de aquella situación tan irreal que estaba viviendo...

Y en ese momento, el transmisor que Kid llevaba sonó.

"¿Qué demonios?" El ladrón maldijo por lo bajo. "¿La policía? ¿Ya me han descubierto?" Eso parecía decir Jii cuando le hablaba por aquel aparato. Debía salir de allí antes de que llegaran. Así que se apartó de la chica y extendió una mano hacia ella sin borrar la sonrisa de su rostro, a pesar de que el tiempo le faltaba.

—¿Me permite sostener su mano?

Adivinando la respuesta esquivó con agilidad el predecible golpe fallido de ella y, antes de que Aoko pudiese darse cuenta, se encontraba en los brazos de Kaito Kid. Fuera de su casa. En medio del aire. La chica pudo sentir como una mano enguantada la atrajo contra el pecho del ladrón, amortiguando de esta manera cualquier tipo de grito y a la vez escondiéndola de ver el suelo de las calles por debajo de ellos. Agradeció esto y se sujetó con fuerza y miedo a la chaqueta del mago mientras las luces de los coches patrulla empezaban a verse a lo lejos.

Seguro que en uno de ellos estaba su padre.

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La casa del inspector Nakamori había sido revisada de arriba a abajo. El hombre comprobó, con horror, que no había rastro alguno de su hija por ninguna parte. Por otro lado, Shinichi había logrado colarse cuando el policía con el que estaba había recibido la orden de inspección inmediata, por lo que en ese momento se encontraba en la casa junto a los agentes.

"¿Eh? ¿Qué es esto?" Tiró con la mano de algo que sobresalía de la funda de la almohada que había caído en el piso mientras ellos no estaban.

—Oiga, señor —tras echarle una ojeada al objeto en cuestión, movió un poco la manga del inspector imitando lo que haría un niño y le acercó el papel que había encontrado allí.

"Al último minuto del próximo domingo,

devolveré su preciada gema en el lugar donde el tiempo de la ciudad se marca.

Kaito Kid."

El "acertijo" era en sí, sencillo, nada que ver con la nota anterior. El detective estaba seguro de que lo había hecho a propósito. Pero, ¿por qué? ¿Desde cuándo Kaito Kid involucraba a terceras personas en sus crímenes? Aunque no hubiese pedido rescate ni amenazara la integridad física y/o psicológica de la hija de Nakamori, frente a un juez sin dudar aquello sería juzgado como un secuestro en toda regla. ¿Por qué un ladrón de joyas se molestaría en llevarse consigo a alguien que no tenía nada que ver con las piedras y, además, para decir que la regresaría en los dos días siguientes?

Aquel caso no tenía ninguna lógica. Y quizás era más fácil simplemente esperar al domingo por la noche, frente a la torre del reloj como se especificaba en la nota. No obstante, Shinichi Kudou no se iba a contentar con eso. Lo veía improbable, pero si Kid podía pasar tan fácilmente de un robo a un secuestro, con el tiempo podía llegar a convertirse en un criminal más peligroso, incluso un asesino.

Observó como el inspector arrugaba la hoja lleno de ira e impotencia. Había sido humillado. ¿Sería realmente el mago de la luna plateada una persona cruel? Hasta ahora al detective del este no se lo había parecido. Por eso la situación en la que se encontraban le desconcertaba. Tampoco era como si pudiese simplemente encontrar el lugar al que había huido, Kaito Kid no haría llamadas ni pediría encontrarse solos en un lugar específico para pedir un pago por la vida de Aoko, lo único que tenían era aquel trozo de papel que seguramente no llevaría sus huellas dactilares.

Soltó un suspiro, al parecer sí iban a tener que esperar a la fecha acordada, de nuevo. Pero mientras tanto... Miró de reojo al hombre desolado que se contenía por no hacer pedazos la nota. Mientras tanto podía intentar averiguar algo que uniera a esa persona bajo el pseudónimo de Kaito Kid con Aoko Nakamori.

Porque él estaba seguro de que debía haber una razón para aquel suceso.