La venda sobre sus ojos empezaba a resultar algo molesta para ella, caminar a ciegas no era algo que le resultara agradable, pero era obvio que Kid no querría que ella supiera dónde se encontraban. O eso fue lo que imaginó al oír el sonido de una cerradura abriéndose. Luego fue conducida al interior de lo que era aquella casa. ¿A quién se le ocurriría llevarla a su propia guarida? Sólo a él, por supuesto. Ni loco iba a dejar a Aoko encerrada sola en un almacén como hacían en las películas, y mucho menos la llevaría a un hotel, sería como gritarle a la policía que estaban allí, incluso si se disfrazaba, de todas formas, tampoco tenía demasiado dinero como para estar pagando eso —el devolver las joyas tras robarlas tenía desventajas—.
Pero las cartas ya estaban sobre la mesa, tenía que tener a su amiga de la infancia retenida durante los siguientes dos días, y no iba a retractarse. Aquel teatro había surgido a raíz de una conversación que la joven había mantenido con el pesado de Hakuba a principios de semana. Quitando el hecho de que hubiera preferido que hablase con él en lugar de con aquel detective, era algo molesto escuchar cómo detestaba a su identidad secreta, y aún peor saber que estaba celosa de él; celosa de la atención que Ginzo Nakamori prestaba al ladrón hasta el punto de olvidarse del cumpleaños de su hija (no olvidaría el día en que se encargó de escribir con las luces de aquel edificio una felicitación para ella). Se sentía mal por todo eso, en parte era su culpa, pero quería darle un escarmiento al inspector de alguna forma, quizás así prestaría más atención a la chica.
Por otra parte, debía admitir que también quería causar una mejor impresión en Aoko, aunque en esa situación era algo que veía difícil. Fallo suyo. Mientras la guiaba para abrir la puerta secreta de su habitación (ya que ella no conocía ese lugar), podía notar el pequeño temblor de su cuerpo. Y no habría sabido decir si podía ser por miedo o por pura rabia. La estúpida idea de secuestrarla era muy arriesgada en cualquier sentido. Esperaba que no lo reconociera, pero debía admitir que en el fondo le gustaría que lo hiciera y perdiera el odio a Kid —cosa improbable, seguramente lo detestaría también como Kaito Kuroba—. Sacando todo eso de su mente, suspiró un poco y deslizó las manos por sus brazos desde sus hombros en un intento de reconfortarla (¿pasaría lo contrario tal vez?) y, controlando un poco su tono de voz para amortiguar que lo reconociera, pronunció:
—Hemos llegado, señorita Nakamori, le aseguro que no corre riesgo alguno, la mantendré bajo mi cuidado durante unos días, luego podrá volver con su padre.
La adolescente frunció el ceño sin emitir respuesta, ¿qué se estaba creyendo aquel ladrón? Ella no era ningún tipo de piedra que pudiese robar y devolver en su estúpido show de magia. Por unos instantes, pensó en darle un pisotón en el pie, pero al recordar que estaba sola con ese criminal, sujetada por él y sin saber dónde estaba o sus intenciones... era preferible no arriesgarse a enfadar al secuestrador, al menos hasta que viera el suelo bajo sus pies y no corriera el riesgo de caerse. Aunque por lo que sabía, Kaito Kid no era una persona agresiva, quizás por eso la situación resultaba chocante.
Como si adivinara sus pensamientos, el ladrón desató la cinta de color azul que cubría sus ojos —a juego con ellos—, sin duda estos eran mejor que cualquier zafiro... Desechó esa idea ante la mirada fulminante que la chica le mandaba. No era momento de dejarse llevar por las emociones de Kaito Kuroba, mientras llevara puesto aquel traje, él era el mago de la luna plateada, nadie más.
Y sin embargo, el ladrón no podía evitar la misma fascinación hacia aquellos ojos azules que lo miraban desde el rostro aniñado de Aoko. Ella ladeó un poco la cabeza observándolo esta vez con curiosidad. ¿Por qué el hombre al que odiaba parecía haberse quedado embobado? ¿Era su imaginación? Fijándose en los pocos detalles que podía ver de su rostro, ¿acaso no era demasiado joven para ser el criminal al que su padre había buscado durante tantos años? Tres opciones se dibujaron en su mente:
Kaito Kid poseía la fórmula de la juventud.
Su vista, sumada al rostro oculto del otro, había empeorado.
Ese no era el mismo Kaito Kid que había desaparecido hacía ocho años.
La tercera hipótesis parecía la más adecuada, no obstante, antes de que pensara si quiera en preguntar, el ladrón había desaparecido de su lado y se había dirigido a uno de los percheros de aquella pequeña habitación para colgar su sombrero (debía ser algo molesto llevarlo a cada rato), también puedo ver de reojo su usual monóculo no muy lejos de allí. Tras aquello, Aoko echó un vistazo a su alrededor, ¿por qué estaba en esa habitación tan extraña? A Kaito le hubiera gustado dejarla en un sitio más cómodo, pero corría el riesgo de que supiera que estaba dentro de su casa, y aún no estaba preparado para que alguien conociese la verdad, bastante tenía ya con las acusaciones de Saguru y las indirectas de Akako. Ah, como detestaba eso.
Terminó de acomodar las cosas y volvió la vista hacia la chica sonriendo con su expresión característica.
—¿Tienes hambre?
Aoko definitivamente iba a matarlo.
.
La jefatura de policía estaba que echaba humos, y es que uno de sus mayores temores había ocurrido: Kaito Kid se había convertido en un criminal mayor. Hasta ese entonces la cosa había estado más relajada, al contrario que el dilema de Nakamori y la familia Suzuki, muchos de ellos no tomaban en serio el deber de capturar a un ladrón que devolvía lo robado al poco tiempo, en la mayoría de las ocasiones. El inspector esta vez presentaba un aspecto moribundo, ¿por qué había tenido que llevarse a su hija? ¿Era alguna clase de advertencia o venganza? Mientras tanto, un pequeño niño de primaria daba vueltas por la sala pensando en lo inusual de aquella situación.
Poco después el detective Mouri, junto a Ran, aparecieron por la puerta y un puño fue impactado en la cabeza de Shinichi junto con una mirada furiosa. ¡Le había dicho a ese niño que no se metiera en el trabajo de la policía! Kogoro había tenido que ir con el coche de alquiler a recoger al chico después de que su hija recibiese la llamada de que Conan estaba allí. ¿Cómo había salido sin que lo vieran? El niño se quejó por el golpe pensando que ya debería estar inmunizado contra este por la costumbre. El padre de Ran era demasiado irascible.
—¡Papá! —Ran lo regañó tomando a Conan entre sus brazos— Siento mucho si os ha causado problemas —se disculpó con la policía por haber tenido que aguantar al más pequeño sin ser consciente de que él había sido el que resolvió el enigma.
—Creo que más apropiado que una disculpa sería gratitud —oyeron una voz a sus espaldas y la joven se giró encontrándose con un chico de una edad similar que miraba distraídamente una agenda de anotaciones— 11:59 pm, el inspector jefe recibe una llamada de un niño por el comunicador de uno de sus coches patrulla, 12:04 am, la división de policía recibe la orden directa de dirigirse al lugar del crimen, 12:18 am, se descubre la desaparición de la víctima de Kaito Kid, ella... —el adolescente miró un momento a Ran soltando un suspiro— Te pareces bastante a Aoko —dibujó una sonrisa sarcástica—, lástima que no tengas los ojos azules —Ran sonrió por cortesía con incomodidad.
—Y este niñato —Kogoro sujetó la solapa de la camisa del adolescente mientras lo miraba desconfiado—, ¿quién es?
—Es Saguru Hakuba, hijo de uno de los inspectores jefes de Tokio, su padre nos lo encasquetó para que se le bajaran los humos de jugar a detectives cuando volvió de Inglaterra —contestó Nakamori con desgana, casi por inercia.
—También soy compañero de clase de la víctima y he trabajado en la captura de Kid —finalizó él ante la descripción tan poco seria del policía—, desgraciadamente ese ladrón aún guardaba trucos contra los que no hemos logrado prevenirnos.
Saguru aguantó otro suspiro, en cuanto se cruzara con Kuroba iban a entrarle ganas de molerle la cara a golpes, ¿cómo se le había ocurrido semejante cosa? No estaba demasiado preocupado por el secuestro, ya que sabía al 99% que Kid era Kaito y que a su vez, este jamás le haría daño a su amiga. Aunque debía admitir que al pensar en ellos dos solos le hervía la sangre. Juraba que algún día conseguiría las pruebas necesarias para desenmascarar a su rival.
—¿La chica y tú eráis muy amigos? —escuchó una voz infantil a un lado y se encontró con la expresión de curiosidad de Conan, quien en un descuido de Ran había escapado a su agarre (aunque no le hubiera importado quedarse así...). El detective se agachó para quedar a su altura.
—Nos conocimos a mitad de curso cuando me transferí a su escuela, no es mucho, pero le he tomado cariño —explicó por encima omitiendo lo que realmente sentía hacia aquella chica—, y como todo esto se trata de Kaito Kid...
—Nee, pero, no pareces preocupado por ella, ¿por qué? —siguió preguntando el niño con fingida inocencia mientras buscaba una conexión, Shinichi estaba seguro de que tenía que haberla, y ese chico debía saber algo o no estaría tan tranquilo.
Ante eso, Hakuba no estaba seguro de si responder o no, tampoco importaba mucho, solo era un niño pequeño, ¿verdad? De todas formas no tendría por qué estar contándole nada, no obstante, aún no había olvidado las normas de protocolo inglesas, se vería irrespetuoso para sus costumbres si simplemente lo ignoraba.
—Porque es Kaito Kid, seguramente sólo quiera llamar la atención, él nunca le ha hecho daño a nadie —usó una respuesta genérica—, pero no tienes de qué preocuparte, algún día meteré a ese ladrón entre rejas.
—Pero, ¿no parece extraño que...?
—¡Los niños tienen que dormir! —fue interrumpido nuevamente por el detective durmiente— ¡Ran, llévatelo contigo a casa! —sujetó a Conan dejándolo con la adolescente y se dirigió hacia donde estaban los demás adultos.
Shinichi trató de volver a entrar mientras pataleaba como un niño de verdad, sin embargo, eso no sirvió de nada y tuvo que resignarse a salir del único lugar donde encontraría información... Bueno, en realidad había otro sitio del que podía obtenerla. El instituto donde Aoko y Saguru estudiaban, él ya había oído hablar de ese detective de Inglaterra, estaba seguro de haberlo visto en alguna otra ocasión, pero era probable que no pudiese sacar nada directamente de él, así que necesitaba saber la lista de estudiantes de la escuela. Como era fin de semana, ir directamente no le serviría de mucho, aunque en algunos lugares se daban clases en sábado, no sabía si este era uno, tendría que esperar al día siguiente y averiguarlo; con un poco de suerte podría encontrar a los estudiantes del entorno de Aoko si veía la dirección en el periódico por la mañana.
Él sabía que la conexión se encontraría en ese lugar, por la actitud despreocupada de Hakuba, podía deducir que él conocía la identidad de Kaito Kid, o quizás sólo tuviese una sospecha sin pruebas, por eso no lo había denunciado a la policía. Y dado que las veces que se había encontrado con el ladrón, se había dado cuenta de que era alguien joven, muy probablemente fuese un estudiante; eso solo dejaba una cosa: la verdadera identidad de Kid estudiaba en el mismo lugar que la chica desaparecida y el detective.
Entonces todo tendría sentido. El comportamiento del mago, el de Saguru...
Si sus sospechas eran ciertas, acababa de encontrar la clave para resolver ese caso y descubrir al ladrón de una vez por todas.
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Se dejó caer en el sofá mientras resoplaba, no sabía bien cómo había conseguido meter el colchón de su habitación en la guarida de Kid, pero sin duda era un trabajo agotador. No le había quedado otra, no iba a dejar a su pobre amiga en el suelo. Aunque de todas formas casi había tenido que salir corriendo para esquivar los objetos que Aoko le había lanzado por dejarla ahí encerrada, concretamente dos cojines que trajo con el colchón, un zapato de ella y su propio sombrero de mago.
"Vas, bien, Kaito, vas bien", ironizó en su mente ante tantos intentos fallidos de acercarse a ella sin que se pusiera a comportarse como una niña pequeña gritando y tratando de golpearlo. Cualquier otra estaría llorando, aunque si lo pensaba bien, cualquier otra podría ser fan suya e intentar violarlo si estaba desprevenido. Rodó los ojos y dejó el vaso de agua que había estado bebiendo en la mesa del salón. En realidad, aquella actitud podía llegar a resultarle tierna, debía admitirlo, ya que burlarse de Aoko a veces había sido un hobbie para su verdadera identidad, solo que esta vez las cosas eran un poco diferentes, ya que ella realmente estaba enfada y además era probable que quisiera verlo muerto.
La idea lo alteraba demasiado. No es que le preocupara lo que pensaban de él; Aoko lo alteraba.
De nuevo sus emociones reales alteraban a su alterego, ser personas diferentes no era algo fácil después de todo. ¿Qué habría hecho su padre? Aunque si lo pensaba bien, el Kaito Kid original se había casado con Phantom Lady, así que la situación era bastante diferente a la suya, ya que la chica que tenía en su casa era la hija de un policía. Lo extraño sería que le tuviese cariño.
Cuando las cosas se calmaron un poco, volvió a subir con cuidado, y al no escuchar los gritos de furia de su amiga, entró en la estancia para luego caminar hacia ella con cautela. Estaba sentada sobre el colchón con la espalda pegada a la pared y los brazos rodeando sus piernas, mirando hacia abajo. Kaito llegó a su lado y rozó su mejilla con los dedos un momento.
—¿Estás más tranquila? —la chica alzó una ceja ante las confianzas que se tomaba de repente, pues además de acercarse demasiado había dejado de tratarla de usted.
—¿Sirve de algo que lo esté o no? —nuevamente lo fulminó con la mirada.
Tras inspeccionar su rostro por un momento, el ladrón movido por un reflejo tomó sus mejillas con ambas manos.
—Hago esto por ti.
—Eso no tiene sentido —lo miró desafiante. Quería quitárselo de encima. Su rostro cubierto y su voz aún le resultaban familiares y eso la perturbaba, cuanto más lejos estuviese, era mejor.
—Confía en mí, las cosas nunca son lo que parecen.
—Eres exactamente lo que pareces.
No pudo decir más, ya que las manos del ladrón viajaron en segundos hasta su espalda y su cuerpo fue impulsado contra el suyo. Aoko sólo fue capaz de dibujar una expresión de sorpresa al estar inmovilizada.
¡¿Kaito Kid la estaba besando?!
Akari Etsu:
La historia se me ocurrió a partir de imaginarme como sería una nota de Kid, así que después de leer los significados de algunos nombres me pareció que sería un acertijo digno para él y para que Conan lo resolviera; estos dos personajes realmente me fascinan y por una vez que tengo inspiración... xDD
kamichama riku:
Las intenciones de Kaito son muy sanas(?), aunque se le va a complicar un poco la cosa en los próximos capítulos.
