—¡¿Estás loco?! ¡Sólo a ti se te ocurre! —Kaito se tapaba los oídos con las manos en un vano intento de aplacar los gritos de Akako— ¡¿Quieres que te atrapen?! ¡Maldita sea! ¡Es la maldita hija del maldito inspector! ¡¿No entiendes que...?! —la bronca fue interrumpida y la chica no fue capaz de emitir más que algunos sonidos extraños cuando su boca fue cubierta por una de las manos del adolescente, quien exaltado hacía señas de silencio para que dejara de soltar todo ese griterío.

¿Loco él? ¡Era esa bruja la que estaba loca! Si alguien oía esa conversación podía darse por muerto. Y la idea de ser brutalmente asesinado por Ginzo Nakamori lo hacía empalidecer. No obstante, tuvo que salir de sus pensamientos cuando la joven mordió su mano sin piedad; el ladrón se quejó por lo bajo apartándola de inmediato.

—Te la estás jugando, Kuroba, ¿viste las noticias? —sacó su teléfono móvil del bolsillo y abrió la página digital del periódico en internet, donde con letras grandes podía verse la principal en la que su hazaña de la noche anterior se veía expuesta.

—¿Por qué se la está jugando? —el chico pegó un brinco dejando de prestar atención al aparato cuando escuchó la voz de Hakuba a sus espaldas.

—Porque... porque... —"Vamos, Kaito, ¡piensa!"—Pues porque no entiendo las últimas dos lecciones de matemáticas y pronto tendremos el examen —mintió descaradamente. Siempre bordaba los exámenes de dicha asignatura.

Saguru alzó una ceja mientras observaba a los otros dos haciendo una mueca. Echó un vistazo a su alrededor y se acercó a su compañero malhumorado.

—Escúchame, "Kid", ponle una mano encima a Nakamori y la policía va a ser el menor de tus problemas —miró entonces a Akako quien no les quitaba la vista de encima con los brazos cruzados—. Y no olvides que encontraré las pruebas para mandarte a prisión —finalizó la amenaza alejándose de allí.

Kaito bufó haciendo una mueca de fastidio. Definitivamente su integridad física iba a estar en peligro si el detective se enteraba de lo que había ocurrido hacía tan solo unas cuantas horas. Tampoco es que Aoko fuera a contarle a todo el mundo la situación que había vivido, seguramente ni si quiera querría decírselo a su padre, pero la chica se desahogaría de algún modo... La imagen de Keiko Momoi se le vino a la cabeza, luego la sacudió. No, aquello no debía salir de entre ellos dos, ¿y si se desahogaba con él? Suspiró un poco; tenía que aprender a controlarse. En realidad, algo como lo de la noche anterior nunca le había pasado, se quedó en blanco y simplemente se había dejado llevar.

Por instinto, tocó sus labios con los dedos al recordarlo.

Sería sobre la una o las dos de la mañana —aunque de todas formas no es que hubiese dormido mucho después— cuando al estar tan cerca de la chica había caído en la tentación de robarle un beso. Kaito Kid había caído en la tentación.

Por un momento, Aoko dejó de intentar golpearlo. Se había quedado en estado de shock y sólo era capaz de observar al joven frente a ella con los ojos muy abiertos por la impresión. Sus mejillas cobraron un color rojizo y él ladrón no puedo evitar que la palabra "adorable" la describiese en su mente.

Con lentitud se separó de ella sin quitar la vista de esa imagen. Por unos instantes, recorrió su figura con la mirada y se sorprendió a sí mismo con sus pensamientos. ¿Desde cuando un simple beso lo ponía de esa forma? No era la primera vez que besaba a una chica bajo el anonimato; incluso podía recordar aquella vez que casi conquistaba a la "novia" de su querido pequeño detective haciéndose pasar por Shinichi Kudo. Había sido un día bastante extraño.

Sin embargo, ver a Aoko con las mejillas sonrojadas y aquel pijama que no llegaba a cubrirle medio muslo no tenía punto de comparación, ni siquiera con la hermosa princesa Anne que una de esas tantas veces lo había ayudado a escapar del inspector que trató freírlo a base de balas. Notó que por alguna razón su amiga de la infancia se le hacía, sencillamente, perfecta.

Mientras su cabeza daba vueltas a todo aquello a la vez, no se dio cuenta de cuándo sus dedos viajaron a rozar los labios de la joven con fascinación. En cambio, ella seguía clavada en su sitio sin moverse. Sentía como si su corazón se hubiese parado y, de repente, este volvió a latir con fuerza cuando el ladrón se acercó a su cuello y lo delineó con la nariz inspirando su aroma. Aoko tembló y rompió su trance empujándolo por los hombros.

—¿Qué haces? —trató de no tartamudear poniendo la máxima distancia posible entre ellos sin levantarse (no estaba segura de si sus piernas la sostendrían).

Desde aquel extraño suceso, la vergüenza y la confusión habían evitado que los dos adolescentes se encontraran más de lo estrictamente necesario. Kaito casi había huido del lugar sin responder a la pregunta de su compañera. ¿Qué demonios había hecho?

Y simplemente por eso se hallaba ese sábado allí, ya que su idea inicial era saltarse las clases y dormir sus necesitadas ocho horas. Pero con aquella mujer en mente le resultaba imposible conciliar el sueño. Ah, la bruja tenía razón, se había vuelto completamente demente.

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Conan se agachó y con cuidado se deslizó por dentro de un agujero que había en la vaya del recinto en el que se encontraba. Miró a sus lados con precaución y terminó de entrar al fin dentro del lugar. "Parece que el ladrón fuese yo". Pensó Shinichi con ironía mientras se ocultaba tras uno de los árboles de la zona verde.

Gracias al profesor Agasa, había logrado que lo dejaran salir de su jornada escolar un par de horas antes de lo previsto, tenía la mala suerte de que la escuela de primaria Teitan también diera clases durante aquel día. Pero se las había apañado para encontrar la ubicación del instituto donde Aoko y Saguru estudiaban. Esa era su única pista, y quizás la única oportunidad que tendría de atrapar al ladrón fantasma.

Consiguió llegar sin ser visto hasta el recibidor donde vio a una mujer de unos aproximados veinticinco años ordenando una especie de archivos de los alumnos, el pequeño detective supuso que en alguno de esos archivadores estarían las listas de las clases, así que utilizó su modulador de voz y tras carraspear un momento utilizó el tono del inspector Nakamori para llamar a la mujer, quien sorprendida se dirigió a donde este le pedía. Él sabía que el engaño no duraría mucho, así que sin peder tiempo se encaminó hacia la sala de los archivos y movió un par de cajones intentando encontrar los del alumnado.

—Por edad... —empezó a murmurar en voz baja mientras confirmaba las clases hasta que por fin dio con una en la que figuraban dichos nombres— ¡Esta es! —dejó la hoja en su sitio y tras memorizar el número del aula echó a caminar en busca del pasillo donde debía encontrarse, comprobando que no hubiesen profesores o alumnos cerca.

Le tomó varios minutos encontrarla, desgraciadamente, al llegar allí se dio cuenta de que iba a tener que arrastrarse por el suelo. Todo por capturar a ese ladrón. Rodó los ojos: realmente parecía ser él el criminal. Empujó la puerta con lentitud tratando de no hacer ruido y, cuando localizó el asiento donde se encontraba Hakuba, se coló en el aula colocando las manos en el suelo, gateando por entre las mesas agradeciendo que todos estuviesen ensimismados tratando de comprender los jeroglíficos que parecían ser dibujados por la profesora en la pizarra de aquella clase de álgebra.

Al llegar junto al chico con extremo sigilo, sacó de su bolsillo un transmisor-localizador de los que le había dado el profesor Agasa y lo pegó en su chaqueta; después salió de ese lugar lo más rápido que pudo, para no ser descubierto a penas unos minutos antes de que sonara la campana del final de la clase. Se apresuró a esconderse tras una puerta que parecía ser del cuarto de limpieza y dejó una pequeña abertura para poder observar.

Tras ver salir a un par de personas, encendió el transmisor.

—¿Estás preocupada por Nakamori? —se oyó una voz femenina— Ella estará bien, ¿No dijo Kid que la devolvería mañana? Eres parte de su club de fans. No sé de qué os preocupáis.

—Pero, ¡Koizumi!, Aoko odia a Kaito Kid, ¿y si le hizo enfadar? ¿Y si...?

—¡Ya! —esta vez la voz a Conan se le hizo familiar— Él nunca le ha hecho daño a nadie, no vale la pena preocuparse —se oía molesto.

—Pero también es tu amiga... —la chica se quejó con reproche ante su indiferencia.

Y es que Kaito ya estaba harto, Kid por aquí, Aoko por allá, no había forma de olvidarse de ella ni cinco minutos. ¡Su amiga estaba bien! Hacía poco había descubierto un baño secreto en la dichosa habitación secreta, así que no era problema, tenía el desayuno hecho para cuando se despertara y toda la comodidad posible (que sin duda era mayor lejos de él). No le había hecho daño a Aoko, ni la había matado ni amenazado ni ninguna atrocidad.

—Hazle caso a Kuroba, Momoi —al fin Shinichi pudo escuchar a Hakuba—, sabe de lo que habla —apoyó la mano sobre el hombro de su compañero y murmuró cerca de su oído—. ¿No es así, Kai-Tou-Kid? —hizo énfasis en la pronunciación y en sus ganas de molestar al otro.

—¿Cómo mierda tengo que decirte que no soy Kid?

Conan pestañeó mientras agudizaba el oído para escuchar mejor aquellos susurros, así que, Kuroba, ¿eh? Ya no tenía dudas de que aquella era la voz de Kid. Vio al detective por la rejilla de la puerta acompañado por solo una de las chicas mientras discutía con su no tan amigo el ladrón fantasma. Vaya, ¿Ese era Kaito Kid? Podía decir que sí, pues aquel rostro se parecía al que alguna vez había tenido como Shinichi Kudo —aunque sin verse de lejos las diferencias eran más notorias— y por encuentros anteriores sabía que la identidad secreta del mago era similar a él.

Al caso, su plan había sido todo un éxito, ¿realmente era tan fácil? ¿Cómo podía ese chico ser tan descuidado? ¿Por qué aún no lo habían descubierto? Al recordar su discusión con Hakuba, pudo deducir que no habían encontrado ninguna prueba en su contra. Por no mencionar que Kaito Kid debería tener el triple de edad.

Kuroba... Ese apellido le sonaba de algo. ¿Dónde lo habría escuchado antes? Sacudió la cabeza, no era momento para pensar en eso, tenía que seguirlo antes de que se separara del detective.

Por su parte, Kaito se había puesto de muy malhumor: Saguru no dejaba de acusarlo y darle a las frases dobles sentidos contra él —y con razón—; aquello era molesto. Y por si eso era poco, había descubierto a su detective favorito siguiéndolo desde hacía ya un buen rato. Se había imaginado algo por el estilo cuando mientras discutía con Hakuba ambos habían tropezado y al levantarse había encontrado un pequeño aparato de radio en el suelo. Tenía que deshacerse de la vigilancia de Shinichi.

El ladrón siguió caminando con despreocupación mientras calculaba la distancia entre ellos. Sonrió. Era el momento perfecto.

Giró como si nada en una de las esquinas de la calle, desapareciendo así de la vista del niño. Conan se apresuró a seguirlo y, al llegar al camino que este había tomado, soltó una maldición sintiéndose burlado al verse frente al muro de aquel callejón sin salida.

No había rastro del mago.

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Los ojos azules se abrieron con dificultad, casi no podía recordar lo que había ocurrido anteriormente. Frotó sus ojos despacio y trató de enfocar aquellas paredes blancas que la rodeaban. Luego estiró un poco los brazos con tranquilidad hasta que los recuerdos la asaltaron e instantáneamente la escenita del ladrón se le vino a la mente como grabada con fuego.

Por unos instantes sintió ganas de llorar, ¿por qué se había dejado besar? ¿por qué le ardía el rostro y no podía dejar de darle vueltas al asunto? Estaba conmocionada. Soltó un pesado suspiro y bajó la mirada abrazando uno de los cojines que había a un lado de la cama.

"Estúpido Kid."

Irremediablemente la expresión le resultó familiar, al igual que la noche anterior la figura de ese hombre al tenerlo tan cerca. Estrechó un poco más el objeto mientras sonreía con desgana. Ya había entendido la respuesta a aquellas dos preguntas.

"Estúpido Kaito."

¿Por qué no podía ir a salvarla? De nuevo suspiró, Kaito no era un policía ni un héroe, solo un mago de pacotilla que la hacía enojar, un mago de pacotilla que le hacía sentir cosas demasiado extrañas para ella. ¿Entendería alguna vez sus sentimientos? Cerró los ojos tratando de olvidar, algo que sabía imposible.

Porque Kaito era un mago de pacotilla muy parecido a Kid.


kamichama riku:

Pues al final las visitas a Kaito no estaban planificadas y Kid no dijo mucho cofcofCobardeCofcof (?), pero se va desarrollando la historia, poquito a poco xDD