Respirando hondo, se atrevió por fin a entrar en la habitación secreta después de todo aquel día, casi se había hecho de noche, aunque así le sería más normal utilizar la ropa de Kid —si llevaba alguna otra indumentaria, a Aoko se le haría más sencillo descubrir lo evidente—. Con lentitud, cerró tras de sí para luego buscar la figura femenina con la mirada.
Ella estaba encogida sobre el colchón, casi oculta entre las sábanas, ¿no habría despertado aún? Por las cosas movidas a su alrededor, imaginó que simplemente después de un rato se había vuelto a dormir.
Se sentó a su lado y llevó una mano al cabello revuelto de la joven para acomodárselo por detrás de la oreja. Entonces se sorprendió al descubrir que la chica estaba perfectamente despierta cuando se encontró con esos ojos azules que estaban fijos en él. Kaito pestañeó pensando en si debería apartarse de allí.
—¿Intentarás besarme de nuevo? —preguntó ella con desinterés mientras apoyaba las manos para poder incorporarse un poco hasta quedar sentada.
—¿Intentarás tú golpearme?
Ella alzó una ceja y tras pensarlo un momento negó con la cabeza. El ladrón sonrió.
—¿Por qué tienes siempre esa sonrisa arrogante? —inquirió Aoko de repente ante el gesto.
—La seguridad es una de las mejores armas de un mago, incluso si las cosas salen mal, puedes hacer creer a los espectadores que todo está planeado y tener un éxito mayor, señorita —explicó bajando un poco el sombrero con una de sus manos enguantadas para ocultar más el rostro—. Además, es imposible no sonreír al haber atrapado una joya tan deslumbrante —comentó en tono insinuante antes de reír un poco por la expresión de enfado que se dibujaba en el rostro de ella.
—Idiota —bufó molesta girándose para no verlo— Sabía que no se podía hablar con un... —comenzó a murmurar hasta que sintió unos brazos rodear su cintura— O..Oye, que me besaras no significa que puedas tomarte tantas confianzas —reprochó clavando la vista en el suelo.
—Pero que me hayas hablado en vez de huir o lanzarme cosas es un progreso —comentó ensanchando su sonrisa—, significa que me odias un poco menos —razonó-, estoy feliz.
—¿Quién te dijo que te odio? —ladeó la cabeza un poco hacia atrás para verlo extrañada— No me conoces.
—Um... —casi había olvidado que Kid no podía saber las mismas cosas que Kaito— No existe nada oculto para mí en este mundo —Aoko rodó los ojos ante aquella respuesta, ¿simplemente había estado espiándola? Suspiró.
—No te odio —hizo una pausa para hablar—; odio que robes cosas y las devuelvas para burlarte de la policía y seas lo único que está en boca de todos, creo que mi padre no piensa en otra cosa, ¡Kid, Kid, Kid! Es lo único que sabe decir —resopló al recordar e infló un poco las mejillas mientras se sinceraba sin saber bien por qué; el cautiverio debía haberle afectado— De todo eso deduzco que hasta un estúpido ladrón se hartaría de oírlo y por eso tendría la "brillante" idea de secuestrar a la hija del inspector —supuso sobre la razón de que estuviera encerrada allí—. Pero olvídate de conseguir nada, él lleva demasiados años deseando atraparte y no descansará hasta hacerlo, por mucho que te aburra, es su deber —finalizó cruzando los brazos.
Esta vez, fue el ladrón quien bajó la mirada unos instantes. Después de pensar durante algunos segundos, apoyó la barbilla en el hombro de la chica con tranquilidad y se aventuró a proseguir en voz baja:
—Ese razonamiento no es válido. Porque el Kaito Kid que el inspector persiguió durante tantos años y yo... no somos la misma persona.
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El pequeño detective apoyaba las manos en el respaldo de la silla, expectante, mientras observaba como la chica movía las ventanas en la pantalla del ordenador de Agasa —que ella misma se había apropiado poco a poco sin que el pobre hombre lo notara—. Cuando terminó de seleccionar las páginas. Giró la silla para encarar al otro chico mientras cruzaba los brazos.
—Toichi Kuroba; fue un mago muy famoso internacionalmente, se casó con una mujer llamada Chikage y tuvieron un hijo —observó un momento la computadora—, no se colocó el nombre en el informe de red —aclaró—; y según los archivos, murió accidentalmente durante uno de sus espectáculos de magia hace aproximadamente ocho años.
Shinichi pudo confirmar que era justo el periodo de tiempo en el que Kaito Kid había estado desaparecido.
—Espera, Kudo, hay más —su tono de voz alertó a Conan— Cuando todavía estaba en La Organización... escuché ese nombre un par de veces —antes de que el detective la interrumpiese, ella prosiguió—. No, no fue asesinado por "los hombres de negro" como tú los llamas, pero su muerte tampoco debió de ser un simple accidente —volvió la vista a las tantas anotaciones en el monitor—. Si Toichi Kuroba era Kaito Kid, es probable que fuese el objetivo de algún otro tipo de gente. Además... —releyó la ventana y la cerró antes de que su compañero pudiese verla—. Olvídalo, eso es todo.
Conan se apropió del ratón del ordenador y desde su posición empezó a seleccionar la información de las páginas restantes junto con algunas imágenes que habían. Debía ser capaz de encontrar algunas pistas de lo que había realmente tras todo eso. Después, recordó la lista escolar que había estado ojeando en el instituto de Hakuba. Sacó el teléfono móvil y buscó la fotografía que le había hecho por si llegase a necesitarla antes de dejarla en su sitio.
—Kuroba, Kuroba... ¡Ya está! —encontró los caracteres que buscaba y siguió la línea del nombre— "Kaito Kuroba" —leyó volviendo a guardar el aparato para luego comprobar la similitud de rasgos entre el joven que había visto con las fotos del niño pequeño de hacía ocho años.
Estaba a sólo unos pasos de atraparlo. Aunque, si se detenía a pensarlo, ¿sería lo correcto desenmascarar a Kid? Todavía no sabía la razón por la que "aquel ladrón al que le gustaba vestirse de mujer" había aparecido de repente con la identidad secreta de su padre. Además, si no recordaba mal, también había insinuado en una ocasión que su madre era la ladrona conocida como Phantom Lady. Algunas cosas empezaban a tomar forma en la mente del detective, no obstante, el comportamiento del mago lo desconcertaba: ¿por qué devolvía las joyas?, ¿por qué apareció de la nada?, y sin contar las veces que habían trabajado juntos en algunos casos.
Se apartó del ordenador dándole vueltas al asunto. Aún quedaba la cuestión principal: ¿Por qué había secuestrado a la hija del inspector?
—Hey, Haibara, ¿crees que podrías extraer información sobre Aoko Nakamori? —no estaba seguro de si la red contendría datos sobre ella, aunque más de un artículo del policía debía haber.
—No prometeré nada, pero veré lo que puedo hacer —echó una mirada al niño e inquirió—. ¿Por qué te interesa tanto este caso en particular? La víctima ni siquiera puede ser considerada como tal.
—Porque quiero descubrir la verdad sobre Kaito Kid —dibujó una sonrisa vislumbrando a su rival en su mente—, y no podemos dejar que vaya por ahí secuestrando gente por diversión. Ahora que sé su identidad no puedo dejar pasar la oportunidad.
La niña sin mostrar interés en los desvaríos del detective volvió a su labor en el ordenador, dejando que él siguiese hablando como si lo escuchara. Sin embargo, ella misma tenía curiosidad por un dato, aquel que había omitido al pensar que no hubiese sido conveniente de saber para Shinichi, no en ese momento. Quizás cuando terminara su investigación sobre la tal Nakamori tendría tiempo de buscar sobre aquello. Porque, ¿quién iba a decir que el Kaito Kid original era alguien tan conocido para Yusaku Kudo?
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—¿Eres un imitador?
El ladrón negó ante aquella pregunta.
—Mi padre fue en ese tiempo Kaito Kid —inspiró hondo por un momento—, él fue asesinado —Aoko se tapó la boca con una mano debido a la impresión. Aquello sin duda encajaría con la desaparición repentina del criminal hasta hacía relativamente poco tiempo—. Yo no aparecí para burlarme de tu padre, sino para buscar a los asesinos del mío. Bueno, tampoco espero que me creas —se encogió un poco restándole importancia y estrechó el abrazo en su cintura.
Lo había recordado, había recordado que aquella situación era meramente temporal y debería centrarse en buscar las joyas que podían ser Pandora... "Podía ser", ¿por qué tenía que haber tantas malditas piedras en el mundo? No creía que fuesen necesarias. Esas piedras preciosas que Toichi Kuroba había perseguido hasta encontrarse con aquella organización. Si se descuidaba demasiado, podría correr el mismo destino que él... La voz de su compañera disipó esas ideas.
—Te creo —respondió en voz baja; algo de esa historia la perturbaba en cierta manera, pues a cada momento le recordaba más a su amigo Kaito, pero que el nombre se pareciera, no tenía mucho que ver, ¿verdad?—. Y bien... ¿por qué estoy aquí entonces? ¿Qué tiene que ver conmigo? —inquirió viendo como el ladrón se llevaba un dedo a los labios en señal de silencio.
—Eso es un secreto —dijo como si nada guiñándole un ojo. Un cojín fue arrojado contra él llevándose el sombrero hasta hacerlo rodar por el suelo—. ¡Ese estuvo cerca! —exclamó ahora de espaldas a la chica con una mano en la frente para seguir mejor la trayectoria del proyectil que daba contra la pared en ese instante.
La joven trató de controlarse chocando su frente al ver la imagen infantil que daba el ladrón buscando la prenda que se le había caído a cuatro patas. Había dicho que le creía... pero la actitud desde él a veces quitaba cualquier tipo de seriedad a los asuntos. Para su desgracia, una vez más llegaba a la conclusión de que el mago era un estúpido. Tan estúpido como Kaito Kuroba. Trató de alejar aquel pensamiento.
—Si me sigue mirando así, señorita Nakamori, pensaré que se ha enamorado de mí —bromeó el mago por la mirada clavada en él a la vez que se sentaba en el suelo ignorando el hecho de que estaba manchando su traje blanco.
A Aoko le entró un tic en el ojo y se cubrió con las sábanas de espaldas al mago, dispuesta a ignorarlo. Aquel hombre la ponía de mal humor, no le daba respuestas claras, ¡y encima se burlaba de ella! Agradecía que no pasaría demasiado tiempo allí, un día ya había sido desquiciante, pero el ladrón le había dicho que sería sólo hasta el domingo por la noche. Suspiró; si hubiese tenido que quedarse hasta que pagaran un rescate, alguna de las dos personas que se encontraban en la sala no habría salido viva, y no estaba segura de si por el secuestro o por sus ganas de ahorcar a Kid para que no pudiese decir semejantes estupideces.
—¿Te han dicho que te ves bien cuando estás enfadada? —vio el rostro cubierto de Kaito, quien se había colgado al revés de alguna clase de alambre para hacer ver como si estuviese flotando boca abajo frente a ella.
La chica se dio la vuelta al otro lado. Ante eso, Kid se movió a este con los brazos cruzados y una sonrisa vencedora en el rostro como si aquel fuera un juego demasiado fácil para él. Tenía las piernas flexionadas puesto que se sujetaba con estas de aquello que fuera lo que lo sostenía. La joven se quedó mirándolo un momento y finalmente, tiró de él haciendo que se rompiese el alambre y cayera al suelo chocándose irremediablemente con ella.
—¿Quién se ríe ahora? ¡He atrapado a Kaito Kid! —ironizó sin poder evitar una pequeña risa a pesar del enfado.
—¿Estás segura de eso?
El ladrón rodó por un lado mientras la chica descubría que sus manos habían sido esposadas. No, no había atrapado a Kid, ¡él la había atrapado a ella! Supuso que eran uno de esos artilugios que tenían los magos, por lo que debía de haber algún truco para poder quitárselas. Alzó la cabeza y vio a Kaito ya de pie sacudiéndose los pantalones blancos que estaban algo grises por dar tantas vueltas en el suelo. Su expresión de burla le hizo saber que no le diría cómo quitárselas.
Así que se puso en pie guardando el equilibrio como podía y caminó tras él, quien estaba a punto de abrir la puerta para salir y dejarla allí; alzó los brazos juntos y los pasó por encima de su cabeza hasta la altura de sus hombros, causando que se sorprendiera un poco, pues el mago no había predicho algo así. Y cuando se dio cuenta, estaba encerrado entre el cuerpo de la chica y sus manos esposadas. Esta vez, fue Aoko la que sonrió victoriosa.
—Segura.
Creo que el capítulo me quedó... aburrido, o me dio la sensación ;_; Pero bueno, en el siguiente habrá más acción, creo que ya agoté las conversaciones de personajes (?).
Akari Etsu
Conan utilizando a Saguru como un espía xDD Con la imagen de niño se le vería menos sospechoso si lo fuera, así que se me vino a la cabeza. Y bueno, este fanfic es el que más rápido he actualizado en la vida (?)
Lady Paper:
Ah... como quieras ._.
