La chica miraba algún punto de la sala sin prestar realmente atención. Si no recordaba mal, debían encontrarse en una de esas pesadas clases de inglés que sólo el gran Saguru Hakuba era capaz de entender; aunque bueno, quizás Kaito supiera algo también, Kaito... Se revolvió el pelo con ambas manos, ¿por qué no era capaz de sacárselo de la cabeza? Desde que aquella mañana había logrado ver esa similitud entre él y Kid, no era capaz de estar cerca de su compañero, y el sentarse a su lado le complicaba bastante las cosas.
Estaba nerviosa, ¿había sido su imaginación? Tal vez todo era culpa de su mente trastocada por las cosas que había ocurrido en el tiempo que estuvo con el ladrón. ¿Por qué le había devuelto aquel beso? Solo recordar lo de ese día hacía que la vergüenza se notase a kilómetros en su rostro. ¿Por qué demonios lo había besado? Aún con todo, incluso agradecía al idiota de Kaito que la hubiese alejado de Hakuba hacía unas horas, porque tanto él como Keiko no dejaban de nombrarle a Kid. Kid por todas partes, ¿acaso ese mago tenía que ser el tema de conversación de cualquier persona que se le cruzara? Como si no hubiesen cosas mejores.
Bufó con desgana. Aún tenía que aguantar dos horas más, dos horas más de estar al lado de Kaito Kuroba, dos horas más de desviar la mirada hacia él cuando no se daba cuenta, fijarla en sus labios y recordar al idiota del ladrón y las dos malditas veces que cortaron la distancia porque sí, sin ninguna explicación lógica posible. Después de todo, ¿qué razones podía tener él para besarla? ¿Y ella? Aún menos tratándose de la persona que le quitaba la atención de su padre.
Tan ensimismada en sus pensamientos estaba, que no se dio cuenta de en qué momento el chico había volteado hacia ella. Ni siquiera se percató de cuánto tiempo llevaban observándose, ella con una extraña mirada, él con simple curiosidad por aquella expresión. Finalmente, salió de su ensoñación al escuchar su voz:
—¿Tengo algo en la cara? —Kaito se señaló ambas mejillas con confusión.
—¿Qué...? ¡Ah! Es sólo, sólo... —sintió cómo su rostro comenzaba a arder y volteó la cabeza hacia la pizarra mordiéndose los labios— No es nada, olvídalo —negó con rapidez mientras tomaba el bolígrafo y comenzaba a escribir las palabras escritas por el profesor de turno.
El chico se rascó la mejilla en silencio. ¿Qué le pasaba a Aoko? Ella normalmente no se comportaba así, aunque hubiese pasado dos días "secuestrada", no debería ser para tanto... En ese momento una pequeña pelota de papel impactó contra su hombro.
Kaito miró hacia el lado del que había venido en busca del autor del delito y se encontró con los ojos de Akako clavados en él. Sintió un escalofrío dibujando una mueca. Debía admitir que prefería mil veces que fuera Aoko quien lo observara con detenimiento. No obstante, la bruja le hizo una ceña indicándole que recogiese la bola de papel. Tras pensárselo un poco, finalmente el chico decidió hacerle caso.
"¿Qué le hiciste a Nakamori?"
Él alzó una ceja y escribió algo para luego devolverla cuando nadie miraba.
"¿Por qué crees que le he hecho algo?"
"Lleva todo el día sonrojándose y evitando encontrarse con cualquier persona cuando hay cambio de clase."
"No le he hecho nada."
El papel siguió volando por el aula cada vez más arrugado. ¿Por qué esa bruja no lo dejaba en paz? Él mismo estaba empezando a ponerse nervioso y no era una sensación agradable.
"No se habrá enterado de que eres Kid, ¿verdad?"
Antes de que pudiese responder cualquier cosa, tocó el timbre del final de la hora y su compañera, excusándose con que tenía que ir al baño, salió disparada como un resorte esquivando a su amiga Keiko, la cual había tratado de alcanzarla para hablar con ella. Al mago le costaba admitirlo, pero Akako tenía razón, el comportamiento de la chica era perturbante.
¿Era posible que lo hubiera descubierto? Si era así, el inspector Nakamori iba a asesinarlo por partida triple: primero por ser Kid, segundo por secuestrar a su hija y tercero por besarla. El panorama no parecía para nada a su favor, ya se veía teniendo que pedirle a Phantom Lady que lo sacara del país antes de que fueran a arrestarlo. Aunque su detective favorito no lo había delatado, su compañera tenía bastantes razones para hacerlo.
De todas formas, no debía alterarse por una suposición o se descubriría él solo, así que por el momento, iba a atender a la próxima clase, así que miró la pizarra... y recordó que le tocaba gimnasia.
"Qué listo eres." Ironizó reprochándose en su mente mientras tomaba las cosas para salir a las pistas de dicha asignatura.
Educación física a última hora, ¿aquello era bueno o malo? Muchos alumnos estaban demasiado cansados al acabar la jornada y siempre se quejaban cuando ocurría algo como eso, pero él no podía ponerle pegas, además, así podía practicar un poco la agilidad; eso le vendría bien a Kid... Mientras le daba vueltas a las cosas no pudo evitar fijarse en un par de piernas que pasaban por allí. Oh, sí, las clases de gimnasia en realidad tenían muchas cosas buenas...
—Nakamori debería denunciarte por acoso.
Volteó hacia Akako quién lo miraba con las cejas alzadas y le señalaba disimuladamente hacia la chica que había estado mirando hacía unos segundos... Aoko. Por pura casualidad, pero era Aoko. ¿Cómo no se dio cuenta? ¿No habían más chicas cerca? ¿Por qué precisamente ella? Parecía que desde que su absurdo plan había empezado, un imán había hecho que se atrajeran hasta el punto de no ver nada más. Bueno, nada menos la expresión de pocos amigos que le mandaba Hakuba al llegar unos segundos después. ¿Era su imaginación el aura asesina que desprendía? Para su suerte el profesor de esa hora apareció impidiendo así cualquier tipo de confrontación.
Así que era hora de olvidarse de todo y empezar a correr.
El calentamiento inicial consistía en simplemente dar unas dos o tres vueltas al campo, por lo que no resultaría difícil para él. Los alumnos empezaron a moverse, unos más perezosos que otros y poco a poco fueron recorriendo la pista en carrera de resistencia. Kaito no podía evitar la tentación de echar alguna mirada disimulada a sus compañeras de clase. Rió por lo bajo y alzó de nuevo la mirada al frente.
Casi se le desencajó la mandíbula al fijarse en una figura familiar a lo lejos, un pequeño cuerpo que esperaba pacientemente a un lado del edificio principal. ¿Cuándo había llegado Conan allí? Supuso que había vuelto al lugar donde hacía unos días había encontrado aquel extraño transmisor. Tenía que encontrar la forma de escabullirse hacia el edificio sin que nadie lo notase.
¿Acaso escapar no era la especialidad de Kid?
Esperó al momento en el que estaban todos reunidos y, quedándose por detrás de los demás, se fue con cuidado hacia la zona de árboles para poder camuflarse. Dirigió la mirada hacia donde había visto a su querido pequeño detective para averiguar si seguía allí. Al cerciorarse de ello, se movió sigilosamente hasta llegar al lado contrario para dar una vuelta y sorprenderlo por detrás.
—¿Dónde...? —Conan estaba tratando de hallar la imagen del ladrón entre los alumnos cuando una mano desconocida le tapó la boca y su dueño lo capturó fácilmente con la otra.
—Un placer conocerte en persona, pequeño detective —escuchó la voz de Kid hablarle en susurros—, aunque es de mala educación espiar, ¿no crees? —"Mira quién lo dice" Pensó Shinichi mientras trataba inutilmente de librarse del agarre, como deseaba dejar de tener el cuerpo de un niño— No sería bueno que fueses por ahí diciendo que me viste la cara anoche, um... pero no es lo que vas a hacer, ¿verdad, Edogawa?
El adolescente le dedicó una de sus típicas sonrisas al recibir la mirada fulminante de él. Amaba hacerlo enojar; bueno, también era divertido hacer enojar a Hakuba o Nakamori, pero el niño no tan niño tenía algo especial, pobre detective del este. Tras ver que nadie se encontraba cerca de ellos, soltó al chico y suspiró.
—Y bien, ¿qué haces aquí? ¿Aún no me has acusado a la policía?
—Que un niño esté en la torre del reloj y vea a Kid no es creíble, aunque hablara con mi verdadera identidad, cualquiera diría que Shinichi Kudo no estaba en ese lugar y a no ser que enseñara pruebas físicas te dejarían libre.
—Así que esa era la razón —soltó una pequeña risa—, el pesado de Hakuba lleva intentándolo demasiado tiempo, no sé por qué tanto interés en alguien que devuelve lo que roba.
—Sólo es una de las razones —guardó las manos en los bolsillos y miró al ladrón—, después de todo, si te entrego nunca sabré por qué haces estas cosas —ladeó la cabeza hacia los alumnos— ni por qué secuestraste a Aoko Nakamori.
—¿Por qué quieres saberlo? Yo soy un mago, y el mundo es mi escenario, cosas como la verdad y la ley no tienen importancia alguna —estiró los brazos mirando a su compañera desde lejos—. Las clases están a punto de acabar, me temo que no puedo dejar que me sigas a mi casa, detective de secundaria —echó a caminar de nuevo hacia donde debía estar—, así que dejemos la charla... —dejó la frase inconclusa al percatarse de una gabardina negra sobresaliendo por uno de los lados de la entrada.
"Mierda, ¿qué hacen aquí?"
Corrió a mezclarse con la multitud olvidándose de Shinichi Kudo, ese tipo de ropa era como la que ellos usaban, ¿qué hacían en su instituto? ¿Lo habían descubierto? No, eso era imposible, había tenido cuidado... entonces... Apretó los puños. Aoko. Kid había secuestrado a Aoko y ellos habían seguido su rastro, igual que Conan, pero, ellos debían de pensar que sólo lo había hecho porque era hija del inspector, ¿verdad?
"Mierda." No estaba seguro, al menos le consolaba el hecho de que la policía había decidido vigilar y estar cerca de la chica. Pero él tendría que tener cuidado.
Aunque...
—Ya hemos revisado las instalaciones de seguridad —el hombre hablaba en voz baja con alguien al otro lado del teléfono—. Si, en unos días tendremos los preparativos —miró varias veces a su alrededor comprobando que los estudiantes que salían del recinto no se fijaran en él— Pronto sabremos si el Hawk Eye es lo que buscamos.
Cuando se cortó la comunicación, el hombre volvió a echar una ojeada a su alrededor.
No notó la presencia del adolescente que se hallaba escondido al otro lado del muro en el que se había apoyado.
"Pandora..."
.
"El día en que Mercurio ilumina la noche,
tomaré el Hwak Eye a la hora que el cielo oscurece.
Kaitou Kid."
El inspector, cabreado, arrugó la hoja entre sus manos. ¿Qué se creía aquel ladrón? Aún ni siquiera había terminado de pasar un día desde que tenía a su hija de vuelta en casa y ya estaba mandándole cartas extrañas a la policía. ¡Qué ganas tenía de encajarle un puñetazo en el rostro de una vez por todas!
—Parece que el miércoles por la noche va a tener trabajo, inspector —Saguru Hakuba se hallaba junto a la mesa del despacho inspeccionando las palabras de Kid, que había vuelto a escribir para descifrarlo tranquilamente mientras el policía hacía trizas el original. Demasiado fácil.
Durante el fin de semana de histeria, alguien de una familia adinerada había decidido hacer una visita a aquella zona de Japón para exponer aquella extraña gema llamada Hawk Eye. Podía suponer que Kid había estado demasiado ocupado con lo del secuestro como para notarlo hasta ese entonces.
Al fondo de la sala, Aoko los escuchaba vagamente desde su asiento en una de las sillas de la estancia con las piernas cruzadas. Su padre la mantenía allí esa noche para no dejarla sola en la casa y que no pudiesen ocurrir percances como la última idea del ladrón. Que conociéndolo era alguien capaz de volver a hacerlo. Pero la chica estaba sumida en su propio mundo: ¿por qué Kaito y Kid se le hacían tan similares?, ¿no era aquello imposible? Ella misma había esposado a su amigo hacía ya tiempo para demostrar su inocencia. Claro que, estando en una sala de cine podría haber logrado escaquearse en la oscuridad... No, simplemente no podía ser.
Se mordió los labios al recordar, por enésima vez, que lo había besado. Buscar una razón era algo que ya no tenía sentido alguno, pues en el fondo lo sabía desde el inicio de aquello: le había devuelto el beso, simple y llanamente, porque había visto la imagen de su amigo en él. Había empezado a notar el peso de los sentimientos que tenía hacia Kaito, y a la vez, eso hacía que sintiese una atracción irremediable hacia Kid.
Suspiró. Aquello no podía seguir de esa manera. Cerró los puños mientras miraba al techo. ¿Y si se encontraba de nuevo con el ladrón? Quizás sería una buena forma de aclarar sus sentimientos, o tal vez todo lo contrario. Pero ya estaba decidida; si así podía aclarar de una vez sus dudas y emociones, ese miércoles iba a estar presente como nuevo espectador en el próximo escenario del mago.
Estaba dispuesta a quitarse ese peso de encima.
