No entraba dentro de sus planes robar nada en esa semana, y aún así, se había visto forzado a fijar una fecha para que su nuevo show empezara. Esa vez, las cosas debían ser un poco diferentes a lo habitual, más sutiles también, o podría poner en peligro a más gente además de a sí mismo.
Se dedicó a observar durante un largo rato su traje de mago, al parecer también iba a necesitar un par de complementos más para el disfraz, sólo por precaución, ¿sería difícil conseguirlo? El no lo creía así, por lo que no tardó en sacar su teléfono para enviarle a su cómplice un mensaje con las instrucciones que debía seguir.
Poco después, el timbre de la puerta sonó indicándole que debía bajar ya y salir, o eso, o Aoko lo arrastraría a fuera golpeándolo con cualquier cosa que se encontrase —probablemente estaría exagerando al pensar así—. De todas formas, no pudo evitar dibujar una amplia sonrisa ante la idea de que la chica aún siguiera la rutina de ir a buscarlo por las mañanas a pesar de su extraño comportamiento, eso significaba que tampoco estaba tan mal (aunque el día anterior había ido a clase en coche patrulla...).
Guardó rápidamente el traje y bajó por las escaleras llegando a abrir la puerta justo cuando la chica estaba a segundos de volver a llamarlo. Ella pestañeó un momento antes su llegada repentina, alzando una ceja, y volvió la vista a la calle echando a caminar en silencio junto a su compañero tras comprobar que este había terminado de cerrar con llave.
Kaito clavó sus ojos en ella, ¿tan traumatizante le había resultado la experiencia con Kid? Empezaba a ser preocupante aquella actitud sombría que tenía, debía hacer algo, cualquier cosa para encontrar de nuevo a la que era su amiga Aoko. Tras pensarlo a penas unos instantes, apoyó la mano en el hombro de la chica, quien se limitó a detener el paso, y la hizo girar hacia sí para encararla. Ella mantuvo los ojos cerrados, inspiró hondo y volvió a abrirlos mientras se decidía a hablar.
—Besé a Kaito Kid —antes de que el ladrón pudiese fingir una expresión de sorpresa, Aoko prosiguió—, porque me recuerda a ti.
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El niño amortiguó la caída como pudo tras haberse colado por la ventana de la casa; tras un momento de aturdimiento, trató de ubicar cada uno de los muebles de la sala para grabarlos en su mente. Cuando estaba a punto de levantarse, algo pesado impactó sobre su espalda haciendo que perdiese el equilibrio de nuevo, causando un pequeño sonido de reproche.
—Auch, Haibara, ten más cuidado —se quejó mientras la niña se levantaba tranquilamente sin rasguño alguno.
—¿No puedes con el peso de una niña de primaria? —no le tomó importancia y simplemente se encaminó observando a su alrededor— No parece la casa de un ladrón de joyas —Shinichi sonrió.
—Tú mejor que nadie sabes que las cosas no son lo que parecen.
La chica se encogió de hombros y asintió, pues la realidad en la que ellos vivían distaba mucho de ser lo que cualquier persona corriente podía esperar al verlos. Aunque eso era otra historia.
Haibara metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y con cuidado, sacó los transmisores que aquella noche había estado fabricando con el profesor Agasa —ya que no se fiaba de que el anciano pudiese equiparlos correctamente en tan poco tiempo, y no necesitaban más inventos que explotaran a dos segundos de su utilización—. Observó la sala y se acercó al sofá agachándose un momento para adherir un par de dichos aparatos en este.
—¿Intentas hackear el ordenador? —inquirió poco después al percatarse de que el otro chico se había desplazado hacia la mesa en la que se encontraba aquel portatil colocado descuidadamente.
—No sé si tendrá información relevante, pero con un poco de suerte podríamos encontrar los planos del edificio donde Kid planea robar el Hawk Eye —le explicó él mientras trataba de descifrar la contraseña que le pedía la computadora para acceder a los archivos—. Vamos a ver...
—"Ku-ro-ba-Kai-to" —el niño alzó una ceja al escucharla—, si ha sido tan descuidado como para que pudieras encontrarlo fácilmente, quizás esa sea la contraseña.
—Ya lo he intentado, pero que Kaitou Kid se comporte como un estúpido no quiere decir que realmente sea idiota —comentó mientras escribía algunos códigos con números, obteniendo nuevamente error en la pantalla—. Um... —la mano de su compañera le dio un leve empujón para que le cediese el sitio.
—Cuando se te ocurra algo brillante asegúrate de decírmelo, por ahora será mejor que me dejes esto a mí —dijo empezando a teclear varias veces—. Tú deberías darte una vuelta por la casa para ver si hay alguna cosa extraña, ¿no crees, señor detective?
A pesar de que aquel apelativo había tenido un pequeño tono de burla, Conan se limitó a cumplir lo que la mujer en sus mismas condiciones le pedía. Ella tenía razón, de esa forma sería probablemente más productivo. Así que agarró los transmisores y dejó el ordenador en manos de Ai Haibara para ir a inspeccionar la sala, donde desgraciadamente no halló gran cosa. Ladeó la cabeza hacia la puerta que conducía al pasillo; ¿estaría mal investigar a partir de ahí? Ciertamente estaba cometiendo allanamiento de morada, tampoco es que fuera la primera vez que acababa por accidente —o sin él— en una propiedad privada, pero era demasiado agradable aquella sensación de ser él el criminal.
Sacudió la cabeza para sacarse aquella idea y dirigirse a las habitaciones del piso de arriba; no fue difícil adivinar cuál era la del adolescente —pues era la única que estaba desordenada—. Así que se adentró en el cuarto de Kaito observando los rincones durante largo rato. Pensativo, miró tras el armario y el resto de muebles buscando algún signo dejado por el mago. Nada. suspiró un poco apoyándose contra la pared, tenía que haber algo, al menos el disfraz de Kid no lo llevaría encima, ¿verdad? Metido en sus pensamientos, rozó sin querer a un lado de la pared en la que notó un cambio de volumen. ¿un saliente?
—Esto es... —siguió tanteando y, cuando estuvo seguro, empujó causando que la puerta secreta cediera. Sonrió, era tal como pensaba.
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Un incómodo silencio había invadido la calle repentinamente alzándose entre los dos estudiantes que estaban clavados en el suelo sin ser capaces de pronunciar palabra que lo rompiera. Aún seguían en aquella posición, el uno frente al otro con la mano de Kaito apoyada en el hombro de su amiga; paralizados, con las emociones recorriendo su cuerpo a mil por hora. Al fin Aoko había logrado confesar aquellas dos cosas que la carcomían desde que se había dejado llevar por su maldito secuestrador. Luego estaba Kaito, quien ni con su mejor cara de poker podía digerir aquella confesión repentina. ¿Aoko estaba interesada en él? ¿Realmente su nombre, el de ella y un beso podían tener cabida en la misma frase? Y si encima para rematar le añadía el hecho de que Kid y él eran la misma persona...
En algún momento, aquellos ojos azules que no dejaban de observarlo con expectativa y... ¿timidez? tuvieron un efecto hipnótico en él. Esos dichosos ojos azules en los que Kid había hecho énfasis en nombrar. Lentamente, la mano que la sujetaba fue moviéndose hasta sostener la espalda de la chica e impulsarla poco a poco hacia su compañero, tan cerca... Aoko apoyó una en el brazo del chico sin saber con seguridad si debía empujarlo o atraerlo hacia ella y acabar con aquella ansiedad que sentía. Finalmente, desistió de pensar y cerró los ojos, incitando a Kaito a continuar.
El contacto fue mínimo, a penas un roce de labios que hizo a Aoko enterrar las uñas en la manga de la chaqueta de su amigo por el nerviosismo, arrugándola. ¿Aquello era real? Era una sensación tan extraña y a la vez anhelada para ellos... y sin embargo, un ruido seco rompió el encanto haciendo que los adolescentes se separasen en cuestión de unos pocos segundos y ambos dirigieran su atención hacia lo que había provocado aquel sonido.
Una leve mueca se dibujó en el rostro del ladrón al descubrir a la persona que frente a ellos, tranquilamente recogía las cosas que se le habían caído —¿accidentalmente?— al suelo. Terminó de acomodar las cosas y de nuevo se incorporó mandándole una extraña mirada. Aquella expresión de entre burla y reproche nada inocente que sólo Akako Koizumi podía transmitirle.
Había interrumpido el momento a propósito; y él lo sabía.
Mas eso no parecía importarle en lo absoluto a la bruja que se acercó hacia ellos y, saludándolos de una fingida manera amistosa, se metió en medio sujetándolos de las muñecas para luego emprender el camino hacia el instituto con la excusa de que si se quedaban allí quietos como estatuas iban a llegar tarde. Y no era que no tuviese razón en eso... pero... Las miradas de Kaito y Aoko se cruzaron por un instante cubriendo sus rostro de un pequeño rubor antes de que cada uno desviase la mirada hacia otro lado.
Y así las horas fueron transcurriendo, esa vez, ya no era sólo la chica quien evitaba cualquier clase de contacto, sino que Kaito tampoco era capaz de mantener la calma cerca de ella. ¿Desde cuándo él era así? Oh, quien viera al desvergonzado Kaito Kuroba huyendo por un simple beso. Ni él mismo podía ver algo lógico en todo aquello.
Por si no era bastante con ese problema, parecía que la alarma femenina de Akako se había puesto en marcha, esa que le decía "Hey, alguien está consiguiendo robarle el corazón a Kid antes que tú, ve y has tu papel de acosadora psicópata" como él se la imaginaba. Quizás exageraba, pero no eran imaginaciones suyas que de un día para otro había vuelto a tener a la dichosa mujer encima a cada minuto. Durante la clase que estaban dando, la veía tan concentrada en él que podría jurar que intentaba echarle alguna especie de conjuro maléfico para "hacerlo caer a sus pies". Cosa que en definitiva, no iba a suceder.
¿Por qué él? No tenía nada que ofrecerle a aquella bruja más que su visión de la magia completamente contraria, incluso ella había llegado a amenazarlo de muerte, y en cambio, ahí seguía tan vivo como siempre siendo advertido cada vez que algo malo podía pasarle, ¿su enemiga decía? Más bien parecía su madre; una madre que no aprobaba a su "pretendiente". Oh, sí, sin duda aquellas dos mujeres eran una de las bases de la complicación de su vida.
Pero la otra base era más importante en aquel momento. O eso fue lo que pensó cuando su teléfono móvil vibró al recibir un mensaje de Jii. Con disimulo, Kaito lo leyó durante aquella clase y sonrió un instante, todo estaba listo para el próximo robo. Debía concentrarse en eso, tenía que pensar como Kid, no como su verdadera identidad, al menos así sería más fácil para él... ¿pero y si Kid se ponía a darle vueltas al dichoso beso también?
Se dejó caer sobre la mesa de nuevo desganado, los símbolos matemáticos en la pizarra habían perdido cualquier sentido o interés posible para él, ¿cuánto tendría que esperar para que llegara la noche del miércoles? Dado que aquel martes aún era de día, podía prever una avalancha de dudas y ansiedad con respecto a todo lo que estaba viviendo en aquel tiempo.
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—Diez minutos.
Saguru Hakuba, junto al inspector Nakamori y el resto de los policías al cargo, miraba con atención la hora en su reloj, de un momento a otro, Kid debía aparecer para hacer su show exhibiéndose como de costumbre, ya que si lo hacía bajo las sombras sería ir en contra de sus propios principios. Aunque el adolescente debía admitir que un robo tan repentino le desconcertaba, ¿no tenía ya bastantes cosas en las que pensar desde la historia del secuestro? Akako no era la única que se había dado cuenta del comportamiento de aquellas dos personas. Kid en definitiva, debía estar completamente loco.
Por otra parte, con lo ocupados que estaban en la seguridad de la sala principal, nadie reparó en la chica que sigilosamente se colaba por el pasillo en busca de las escaleras a la azotea, estaba segura de que aquel sería el único sitio donde podría encontrar al ladrón fuera de la vigilancia de su padre; por muchos helicópteros que hubiesen, ninguno estaría tan cerca como para reconocer a la hija del inspector, o por lo menos de escuchar nada de lo que pudiese decir. Suspiró, ¿por qué estaba haciendo tal cosa? Ella no debía aclarar nada con Kaitou Kid, él era un simple ladrón, no lo conocía, no sabía ni su nombre, era consciente de por qué había correspondido aquel beso... y aún así, incluso tras haberse declarado a su amigo de la infancia, se encontraba en ese lugar dispuesta a meterse en la boca del lobo.
Los hechos de los últimos días la alteraban de sobremanera, no sólo por el mago, sino que también había complicado más las cosas con su compañero. Se había "declarado", y ya, después de eso ambos se habían estado evitando por completo, como si no existieran. Eso le dolía, ¿por qué ese idiota la besaba y no era capaz de tan siquiera darle una respuesta? Ella sabía de sobra que la personalidad de Kaito no iba nada con los compromisos, sin embargo...
No. Ese no era momento para darle vueltas a la estupidez suprema del otro adolescente, tenía que centrarse o no podría hablar con Kid, ¿qué quería decirle exactamente? Ni ella misma lo sabía. Pero siguió de todas formas subiendo por aquellas escaleras hasta llegar a la zona deseada y echó un vistazo a su alrededor mientras se ocultaba por un lateral, ya solo faltaban...
—Ladys and gentlemen, It's show time!
La voz del ladrón fantasma resonó por las cercanías del edificio, dando inicio a su nuevo acto. También sonaban de vez en cuando algunos improperios pronunciados por el inspector, quien soltaba toda la rabia acumulada por la impresión de verlo de nuevo frente a sí tras el último percance que habían tenido. Aún con esto, una sonrisa seguía manteniéndose en el rostro del ladrón, quien fácilmente esquivó a los policías dejando varias pistas falsas para que no se entrometiesen demasiado en su camino. No quería que saliesen perjudicados si aparecían aquellos hombres de los que había jurado vengarse.
Con maestría y rapidez se deshizo de la urna de cristal que protegía el hermoso Hawk Eye y tomó la joya con cuidado en sus guantes blancos. ¡Ya la tenía! Programó unas bombas de gas somnífero para que cualquiera que entrase en la sala perdiera el conocimiento al instante y echó a correr hacia las escaleras de la azotea, estaba cerca. Pronto iba a saber si esa gema era la maldita Pandora que tanto ansiaba destruir. Cuatro escalones, tres...
Y entonces la puerta se abrió.
