—Ah, ¡no puede ser! —exclamó con evidente decepción lanzando la gema hacia algún punto sin cuidado alguno por la falta de interés.

—¡Oye! —Aoko le reprendió atrapando como pudo el Hwak Eye entre sus manos— ¿Cómo puedes tirarlo así sin más? ¡Esto vale más que mi casa!

—Pero no es la joya que estoy buscando —respondió él mientras soltaba un suspiro desganado y se sentaba en el suelo de la habitación de su compañera—. Puedes devolvérsela al inspector, a mí no me sirve para nada —añadió más concentrado en contar las baldosas del techo que en la gema por la que había arriesgado la vida.

La chica, por el contrario, sólo pudo mirarlo atónita y alzar una ceja ante aquello, ¿realmente era posible que a un ladrón le importasen tan poco las cosas que se tomaba la molestia de robar? Desde luego, aquel hombre era un completo desastre.

—Con vender una sola de las que te has llevado hasta ahora podrías tener todo lo que quisieras... —comentó en voz baja, mientras miraba el brillo de aquella piedra preciosa con curiosidad. El mago simplemente se encogió de hombros.

—No tengo un palacio, pero vivo bien, ¿fama? Me sobra. Creo que tampoco necesito un diamante o algo similar para comprar un televisor; ¿mujeres? Me sobran las fans locas, además... —sin finalizar la frase, se incorporó tranquilamente y caminó hacia donde ella se encontraba hasta rozar su mejilla con los dedos— ¿...para qué debería pagar a cualquier mujer pudiendo robar tu corazón?

Su típica sonrisa se dejó ver cuando el rostro de su compañera cobró un pequeño rubor. No obstante, Aoko ignoró ese hecho y golpeó su mano con la suya para apartarla. Cerró los ojos un momento, como si tratase de repasar las palabras exactas que debía utilizar antes de por fin atreverse a hablar:

—No puedes hacer eso —hizo un pequeño gesto de negación bajando la mirada al suelo—. Estoy enamorada de alguien, Kid, en realidad... te pareces demasiado a él —soltó un suspiro—; es un mago de pacotilla, y un idiota, y un pervertido, y un cobarde que no es capaz de mirar un pez sin salir corriendo... pero no lo cambiaría por nada.

El ladrón no respondió a aquellas palabras, se limitó a dedicarle otra sonrisa, esta vez, de forma diferente, con una calidez que la hija del inspector nunca hubiese esperado ver en él. Aún así, no tuvo tiempo de intentar preguntarle, pues Kid besó su frente a penas un instante y se encaminó hacia la ventana, por donde se dejó caer ante los ojos de la joven. Cuando ella se asomó a esta, no quedaba ningún rastro del ladrón fantasma. Como si hubiese desaparecido por arte de magia.

Así, la noche pasó entre millones de pensamientos y emociones vividas; dejando en el transcurso de esta que el amanecer hiciera actor de presencia después de una merecida sesión de sueño para aquellos involucrados entre los que, desgraciadamente, Ai Haibara no había conseguido alcanzar; pues trabajando y trabajando, la luz del sol le hizo notar que ya era de día.

La niña tomó su taza de café en un vano intento de aplacar el cansancio, ¡cómo había costado abrir esos archivos de Toichi Kuroba! Si a la complejidad de la contraseña le sumaba la protección de aquel maldito virus que casi se había cargado su ordenador (y el del profesor Agasa), había tenido una noche de lo más "entretenida", oh, sí, ese detective adolescente iba a deberle más de un favor. Por si fuera poco, ¡él se había dormido! Bufó alzando una ceja al ver el cuerpo de Conan descansar sobre el sofá de la casa del profesor, ajeno a todo su sufrimiento.

Después de su sorpresivo encuentro con Kid, Shinichi había logrado arreglárselas de alguna forma para que la preocupada Ran le dejase quedarse a dormir con ellos, simplemente porque quería descubrir la información oculta del difunto Kaito Kid original y, sin embargo, se había ido a encontrar con ese pequeño problema al intentar entrar en una de las carpetas.

En realidad, Haibara no podía culparlo, era normal que el cansancio lo hubiese dejado exhausto después de lo que le había tocado vivir. La dura expresión de la mujer se fue suavizando ante eso y se permitió, sólo por unos segundos, mecer los cabellos oscuros de su compañero antes de notar que este empezaba a despertarse. Entonces ella retiró la mano como si nada y le alcanzó las cosas de la escuela cuando él terminó de ubicarse después de haber estado profundamente dormido.

El chico pestañeó, luego cayó en cuenta de que era jueves y de que no podía seguir faltando a clase con excusas tan pobres como que tenía que ir al médico o al dentista (miedo le daba el dentista que tuviese que mirarle las muelas del juicio a un niño de aparentemente siete años). Era hora de encontrarse con la Liga Juvenil de Detectives y responder a las miles de preguntas que les lanzarían. Solo de pensarlo, tenía ganas de quedarse en casa. Pero no quedaban opciones, así que en poco tiempo ya estaban en medio de la calle dirigiéndose a aquel lugar.

—Pandora —pronunció la niña llamando su atención—, una joya escondida que dará a su poseedor el poder de la inmortalidad. El conocido por la interpol como "ladrón 1412", comúnmente llamado "Kaito Kid" la encontró hace ocho años. Después, murió en un incendio provocado durante una de sus funciones de magia, hasta donde se puede deducir, fue un asesinado premeditado por una mafia que trata de encontrar dicha piedra. Además, esas personas probablemente tuvieron algún tipo de conexión con La Organización en un pasado, ya que en los archivos del difunto Toichi Kuroba habían datos primitivos de varios tipos de veneno y programas de virus similares a los que vi en mis inicios siendo Sherry —soltó Haibara de golpe mientras ella misma trataba de asimilar la última información nombrada—. Pero no te emociones, como acabo de decir, son datos demasiado primitivos, por lo que no habrán vuelto a tener ningún tipo de contacto desde hace demasiado tiempo y no podrás sacar nada de ellos —finalizó volviendo a caminar con tranquilidad unos pasos por delante del niño de las gafas.

Shinichi se quedó callado pensando en todo aquello y finalmente, suspiró con desgana, no tenía tiempo para estar lidiando con otra organización mientras siguiese en el cuerpo de Conan Edogawa, por mucho que quisiera, serían demasiadas ocupaciones a la vez. En ese instante, la imagen de Kaito Kuroba se le vino de nuevo a la cabeza. Al menos todo el enigma del nuevo Kid y sus razones podía intuirlo casi al completo. Ante eso, dibujó una pequeña sonrisa, tenían demasiado en común, aunque trabajaban de una manera completamente diferente; pues el ladrón se exponía haciéndose pasar por alguien muerto y en cambio, él intentaba ocultar el hecho de que seguía vivo. Kaito había decidido ser la carnada perfecta para atraerlos, ¿acaso no era eso una locura? Pero estaba seguro de que el ladrón sabía arreglárselas.

—Kudo —salió de sus pensamientos—, ¿aún pretendes atrapar al Kaitou Kid actual? —inquirió la chica.

Y realmente, tenían suficientes pruebas para hacerle pasar una temporada en la cárcel, no sólo sabía su identidad, sino que había grabado su conversación en el instituto e incluso tenía los archivos que demostraban que él y su padre eran culpables de ser el ladrón fantasma, no obstante...

—Por supuesto que lo atraparé —respondió el detective seguro de sus palabras—, pero no en este momento. En el próximo robo en el que esté presente, en un duelo justo, no dejaré que se me vuelva a escapar.

La joven rodó los ojos ante la respuesta. Jamás lograría terminar de entender la nobleza y mentalidad de su compañero, aunque debía admitir que era una forma de pensar interesante. Shinichi Kudo era una persona bastante especial, pero esa era otra historia a la que ya daría vueltas en otro momento, pues sus amigos de la liga de detectives aparecieron llamándolos a gritos.

Juntos, Conan y Ai se dirigieron hacia ellos y trataron de calmarlos, aunque entre risas y juegos, la antigua miembro de "Los hombres de negro" olvidó mencionarle al otro adolescente aquel ínfimo detalle. Ese que nombraba la estrecha relación entre el ladrón 1412 y el creador del Barón Nocturno, Yusaku Kudo, pues incluso los números de aquel apodo habían sido escritos por él. Pero, después de todo, había algunos misterios que debían quedar sin resolver.

Y tan absortos estaban cada uno en sus propias ideas, que no lograron darse cuenta del momento en que una figura familiar se cruzó con ellos en dirección opuesta, con ese rostro aniñado y reconocible de la hija del inspector Nakamori, quien, con todo el cúmulo de sentimientos encontrados, no había sido capaz de seguir la ruta de su rutina diaria, simplemente huyendo de encontrarse más de lo necesario con su amigo de la infancia.

—Si sigues a paso de tortuga llegarás tarde —escuchó la joven antes de que su mano fuese tomada por aquel chico que le sonreía mientras tiraba de ella para no ganarse uno de esos discursos que la profesora de historia solía soltarles sobre la puntualidad.

Aoko dirigió la mirada hacia la unión de sus manos con curiosidad, ¿tan repentinamente había vuelto la confianza? A pesar de la extrañeza, le hacía feliz volver a tener cerca a Kaito, y esto le hizo estrechar su mano con fuerza. No sabía qué debía pensar del beso, de sus sentimientos, de nada, pero al menos mientras lo tuviese consigo, para ella era suficiente. La amistad de tantos años por encima de todo.

Sin embargo, aunque intentó ocultar el deje de nostalgia y tristeza, el mago la miró de reojo y se giró un poco antes de llegar para hacer aparecer una rosa en sus manos, ofreciéndosela como de costumbre. Su compañera rodó unos ojos, ¡ese idiota no cambiaba nunca! Y aún con ese pensamiento en mente, tomó la flor y la guardó con cuidado, siendo ella quien lo arrastrase después al salón de clases.

—Mira a quiénes tenemos aquí... —bufó Akako pasando por un lado de Kaito para dejar una nota en su bolsillo; él le dedicó una mirada desconfiada.

Minutos después, la pizarra se llenó de esquemas sobre las guerras habidas y por haber del continente asiático, a lo que el mago no prestó demasiada atención mientras desdoblaba el dichoso papelito.

"¿Estás loco? Vi lo que hiciste en mi bola de cristal, ¡¿por qué no saliste de allí antes de que te dispararan?!"

Buscando su bolígrafo, el adolescente trazó algunas líneas con tranquilidad, ¿no era obvia la respuesta?

"Si tú fueses Kid y tuvieses que elegir entre huir dejándome con un asesino o salvarme, ¿qué harías?"

El papel acabó siendo arrugado entre las manos de la bruja en silencio, jamás volvió a verse con un nuevo escrito en la mesa del ladrón.

Las horas fueron pasando sin prisas, mezcladas entre miradas furtivas que los dos amigos de la infancia se dedicaban, inmersos en su mundo mientras intentaban no ser descubiertos por el otro. ¿Tantas vueltas había que darle al asunto? Kaito pensó que ya había sido suficiente tortura para ellos, no podía simplemente hacerse el desentendido durante mucho más tiempo, lo sabía, sólo esperaba a que llegase el momento adecuado...

—Hey, ¡Nakamori! —el ladrón hizo una mueca de fastidio cuando Hakuba los detuvo en la salida— Me gustaría poder hablar contigo sobre el tema de Kaitou Kid, ya sé que no tienes nada que ver, pero se ha abierto una nueva investigación con respecto al hombre que tu padre arrestó anoche y tú eres la única persona que ha podido estar cerca de ese idiota —soltó un pequeño suspiro—; queríamos preguntar directamente al tipo que estaba en comisaría, pero, desgraciadamente...

Muerto.

Aquella mañana con su teléfono móvil, Kaito había podido comprobar que ya había sido lanzada la noticia de la muerte de aquel hombre de negro, aunque sin detalles, estaba seguro de que el mismo Kid era sospechoso del asesinato. Pero bien sabía él que había sido cosa de aquella maldita organización, probablemente habían dado la orden de silenciar al miembro que había tenido la mala suerte de ser atrapado.

De todas formas, no iba a dejar que involucrasen más a Aoko en eso. Bastante había tenido ya la pobre chica con verlo a él lleno de supuesta sangre. Así que, antes de que Saguru pudiese proseguir con su interrogatorio, se metió en medio de la iniciada conversación.

—¿Nos perdonas unos minutos, Hakuba? Hay algo importante de lo que debo hablarle a mi novia, así que te agradecería que la dejaras respirar un rato —y echó a correr llevándose a su compañera de allí, dejando atrás a un detective con la boca abierta y una exclamación a medio acabar.

Mientras escapaban de su molesto compañero, el mago tuvo que reprimir una carcajada por el poema en el que se había convertido la cara de Saguru. ¡Jaque mate! Si no le tenía ya suficiente manía por ser Kaito Kid, estaba seguro de que acababa de sentenciarse a que intentase incluso hacerle vudú con alguna de esas cosas raras que llevaba Akako escondidas a clase. Por otro lado...

Tomó aire y se atrevió al fin a encarar a la mujer que lo miraba con la misma incredulidad, ¿su novia? ¡¿Su novia?! ¿De qué se había perdido? ¿Kaito le correspondía o sólo había sido una treta para librarse del detective? Una vez más aquella sensación de ansiedad se hacía presente y le suplicaba a su compañero una respuesta en silencio.

—¿No debí decirlo? —tomó sus manos y sonrió— Espero que no vayas ahora a contarme que decidiste que te quedarás con Kid porque besa mejor que yo —bromeó volviendo a mirar al frente mientras echaba a caminar con lentitud—, aunque con dos besos me lleva ventaja, creo que tendré que besarte de nuevo.

Pero la chica se detuvo en seco al escucharlo. Sorprendida, ensanchó los ojos al recordar de golpe aquella sensación de ya haberlo visto antes, ¿estaba soñando? ¿Realmente sus sospechas no eran infundadas? Cerrando los puños, tragó saliva y sólo fue capaz de murmurar:

—Nunca te dije que fueran dos.

El rostro de su compañero empalideció mientras sentía el impulso de taparse la boca ante aquel error que acababa de delatarlo, el temor a ser descubierto comenzaba a volverse un pequeño mareo que tuvo que controlar. Todo por hablar de más. Y en lo que su mente trabajaba en inventarse una excusa con la que pudiese escapar una vez más del peligro, unos delgados brazos rodearon poco a poco sus hombros.

—Atrapé a Kaitou Kid —pronunció casi inaudible alzando el rostro para mirarlo con esos enormes ojos azules que, al atreverse a ladear la cabeza para observarla, le dijeron que había perdido y debía aceptar su derrota, sin más engaños.

—Es usted muy lista, señorita —murmuró entonces con aparente tranquilidad—, no me extraña que me haya enamorado de ti.

Y la joven sonrió: había ganado en su propio juego a ese ladrón de corazones.


Notas finales:

Como os habréis dado cuenta, hemos llegado al final, me hubiera gustado extenderme más, pero la historia estaba pensada para tener alrededor de unos diez capítulos, aunque aún queda un epílogo que me estoy planteando si debería poner o no (?) -no estoy segura de si quedaría bien, ¿debería dejarlo así?-

Lady Paper:

De hecho el capítulo 10 fue uno de los que más me gustó escribir, las escenas de acción no suelen ser lo mío, así que fue todo un reto.. espero haber llenado tus expectativas, y bueno, el error brutal de "arrogase" ya lo cambié, fue un lapsus mental o algo (?)