El dinero no lo es todo
Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer y su casa editorial.
El resto de los personajes y esta historia me pertenecen a mí y a mi imaginación.
Esta historia no puede ser reproducida de forma total o parcial ni bajo ningún concepto en ningún otro sitio web ni este mismo. En caso de hacerlo será denunciado.
Capítulo 32: la historia completa
Esto era una mierda, pero yo sola me había hundido en ella, sin ayuda. Emmett solo quería ayudarme a salir. ¿Entonces por qué no lo aceptaba? ¿Por qué no lo dejaba hacerlo?
Yo sabía por qué era, pero no quería admitirlo.
Mi rechazo a la felicidad, a que eso podía existir para mí se había plantado en mi cabeza desde que tenía 17 años… y había sido todo culpa de una sola persona.
Todo había comenzado con él. Un solo tipo, el primero, y el que había sido una completa basura. Desde entonces no me había permitido volver a sentirme así por alguien. No quería hacerlo, ni podría tolerarlo de nuevo.
.
Faltaban algunos meses para que cumpliera diecisiete, cuando el vino a casa por primera vez.
Era realmente lindo, ese había sido mi primer pensamiento. Pero claro, había pensado que no iba a fijarse nunca en mí porque era una niña. Un niña para un tipo como el, rudo, masculino y demasiado encantador y seductor.
Mi padre ni siquiera se daba cuenta de eso, ni del modo en que el me miraba, sonriendo y tratando de seducirme. Demasiado ocupado mirando los deportes, o bebiendo después de que su última esposa lo dejara. Ella había sido "el nuevo amor de su vida" después de mamá, o eso había dicho el, incluso cuando ella tuviera apenas tuviera 10 años más que yo. Y claro, como si no hubiera habido demasiadas chicas entrando y saliendo de la casa antes de que ella llegara o incluso durante, y mientras ella estaba trabajando.
Yo no decía nada al respecto. Él era un mujeriego. Eso lo había entendido a medida que iba creciendo. Cuando era pequeña, él me decía que eran amigas de él y luego no dijo más nada. Yo solo actuaba como si eso no me importara. Era su vida después de todo.
Papá pagaba por las cosas de la escuela y la comida; algo de ropa y nunca me castigaba o regañaba. No me prestaba la suficiente atención como para darse cuenta cuando yo hacía algo mal o no. Y yo no me vestía de forma provocadora entonces, no como haría apenas unos meses después. Solo entonces el me advertía sobre los tipos y que no permitiera que ninguno de ellos me usara.
Un consejo algo extraño considerando que el usaba a las mujeres hasta que se hartaba de ellas. Pero uno que de algún modo todavía estaba presente en mí
Su amigo del trabajo, Royce comenzó a venir cada vez más seguido a casa y muchas veces se quedaba hasta tarde o incluso a dormir en el sofá luego de los largos partidos de futbol y varios paquetes de cervezas.
Al principio no hablaba mucho conmigo, no más que un hola, o adiós, o comentarios sobre el tiempo o como me iba en la escuela. Pero siempre me sonreía con picardía.
Con el tiempo el comenzó a mirarme con atención y yo lo noté. Cuando usaba faldas o vestidos, el miraba mis piernas y luego sonreía. Entonces mi corazón se detenía, sin poder creer que yo le gustara, aunque fuera solo un poquito.
Pero un día, el aprovecho las circunstancias para acercarse a mí y dar el primer paso.
Eran pasadas las siete y papá aún no había llegado, algo que no me sorprendía. Había comenzado a preparar la cena, sin ningún apuro y estaba terminando de lavar los trastos para poner la mesa cuando tocaron el timbre.
Al abrir la puerta, estaba él. Vestido con jeans y una camisa a cuadros y una barba crecida de un par de días. Probablemente menos de los que llevaba sin venir a casa.
-Rose-dijo
-hola
-lo siento-dijo el- tu padre me pidió que te avisara que no lo esperes para la cena. Hay partido de los Bulls y el y los chicos del trabajo van a mirarlo en el bar de Bill- lugar donde normalmente iba con sus amigos
-oh
-y dijo que no llamó porque sabía que el teléfono no funcionaba
-lleva descompuesto como dos semanas, pero el aún no ha pedido que lo reparen-dije y claro, a él no le agradaban los celulares- gracias por venir, de todas formas, no tenías porque
-bueno, en realidad me quedaba de camino
-¿tú no vas a ver el partido?
-detestó a los Bulls-dijo riendo- así que no- yo asentí-¿estás sola?
-si- el asintió
- y preparando la cena por lo que huelo
-aún está cocinándose
-¿te molesta si paso un rato?
-no- yo me sentí nerviosa entonces- seguro
¿Por qué querría el entrar a casa sino había nadie más que yo?
Él se sentó en el sofá como normalmente hacia cuando estaba con mi padre y me observó.
Yo me sentí nerviosa repentinamente. Esta era la primera vez que estábamos solos en una misma habitación, y se sentí muy diferente.
-¿Cómo va la escuela?
-siempre preguntas eso- dije
-bueno, la escuela es importante, o eso es lo que dicen
Yo me senté a su lado, dejando un buen espacio entre ambos y lo miré a los ojos.
-¿tú eras bueno en la escuela?
-no era el mejor, pero me las arreglaba- admitió
-pero tú eres buena, o eso es lo que dice Phil- no sabía que mi padre hablara sobre mí en el trabajo, así que eso me sorprendió
-me va bien, como siempre-me limite a decir
-así que inteligente y hermosa…- yo mordí mis labios sintiéndome muy avergonzada de pronto. Él nunca me había dicho eso- apuesto a que tu padre debe estar quitándote a los chicos de encima todo el tiempo- entonces Royce me estaba mirando con esos ojos seductores suyos.
-no realmente-confesé
-¿no?- el alzó una ceja- bien, tal vez sea por tu novio
Yo me reí nerviosamente
-no tengo novio
Y lo creas o no, nunca tuve uno, pensé.
-Dios… los adolescentes de verdad están mal de la cabeza-confesó y ahora mirando mi blusa con detenimiento.
Me había puesto una blusa blanca con botones al frente que era bastante amplía y un par de shorts que eran bastante largos para ser shorts. Nada que yo pudiera considerar sexy.
Pero el no parecía pensar lo mismo. Sus ojos le dieron una rápida ojeada a mis piernas y solo entonces volvieron a mis ojos
-así que sin novio, ni pretendientes… ¿no vas a salir con tus amigas a algún sito hoy, viernes por la noche?
-no lo creo-dije- estoy cansada. Así que probablemente cene y luego mire algo de tv antes de irme a la cama
-sola de nuevo- yo no contesté esta vez. Siempre me iba a la cama sola y él hecho de que él lo mencionara hizo que mi piel se erizara al imaginar una escena diferente.
Royce se acercó a mí y entonces acaricio mi cabello mientras me miraba a los ojos.
-Dios, realmente eres hermosa-dijo y sin dudarlo me beso
Yo me paralice al principio, pero cuando pude reaccionar, trate de seguirle el ritmo. Su boca era experta y rápida. Y su lengua no tardó en unirse, haciendo que yo me pusiera nerviosa y me separar de él.
Royce me sonrió satisfecho
-bien, entiendo- el volvió a sonreír- me iré a casa
Él se puso de pie y entonces comenzó a caminar hacia la puerta, dejándome aun en el sofá confundida y sorprendida.
-deberías cerrar la puerta-dijo ya frente a esta. Yo me paré y entonces fui a hacerlo- nos veremos Rose- dijo
-adiós
.
La siguiente vez, casi estaba ansiando que hubiera una. Esperando la próxima fecha de un partido o la próxima vez que papá no estuviera en casa y que el viniera a verme…
Pero él lo hizo cuando ambos estaban en casa. Yo había estado en mi cuarto haciendo mis tareas hasta que los escuché llegar. Solo entonces me había escabullido silenciosamente en la cocina, a donde él me había visto entrar.
Solo diez minutos después Royce fue por "cervezas" y a preparar unas palomitas a la cocina.
Y tras meter un paquete de palomitas en el microondas, me había acorralado contra la pared y me había besado sin tregua.
Oh, y yo me había entregado a él, como una tonta e inexperta niña. Una que solo quería seguir aprendiendo y sintiendo lo que él podía darme. Esa vez el uso su lengua, jugueteando con ella en mi boca e instándome a intentarlo también.
Apretó entonces mi trasero entre sus manos y cuando la alarma del microondas sonó él se apartó de mi para ir por las cervezas a la nevera.
-te ves sexy hoy -dijo- deberías usar vestidos como ese más seguido
Me guiñó un ojo y regresó a la sala, dejándome allí, con las hormonas a tope y por poco alucinando con que había sucedido.
Probablemente no había sido mucho entonces y aún estaba a tiempo de detenerlo si es que hubiera querido hacerlo. El problema, es que no había querido.
.
Para la tercera vez, las cosas ya se fueron de control. Habían pasado más de dos semanas desde la primera vez que él me había besado. Y mientras yo quería creer que no estaba enamorada de él, cada día ansiaba más y más volver a verlo.
Mi padre se había quedado viendo el partido en el bar de Bill esta vez Y Royce había llamado al teléfono de la casa, que tras mi insistencia, mi padre había decidido reparar.
Había dicho que en diez minutos llegaría, así que yo había ido prácticamente corriendo a mi armario para cambiarme. No tenía demasiado de donde elegir, pero tenía un par de vestidos que usaba a veces para ir a las competencias de gimnasia.
Así que después de meterme en uno de esos y arreglar un poco mi cabello, bajé a la sala a esperar que el tocara la puerta.
Royce no había demorado mucho más de lo que me había dicho, aunque esta vez sí parecía diferente.
Me había dado un beso ni bien había atravesado la puerta sin ningún tipo de tapujo o cuidado, ya que estábamos solos.
-¿vamos a tu alcoba, quieres?
-bien-yo mordí mis labios nerviosa y me dirigí escaleras arriba con el siguiéndome justo detrás.
Mi estómago estaba hecho una bola de nervios. No tenía idea de que iba a pasar o de lo que él iba a hacer. Pero se sentía bien, incluso cuando sabía que algo de eso estaba mal, y que estábamos haciéndolo a escondidas, yo quería hacerlo.
Cerrando la puerta de mi alcoba detrás de él, Royce no tardó en volver a besarme con ganas. Su lengua volvió a jugar en mi boca y a diferencia de antes, yo me sentí más segura al responderle.
Sus manos me aferraron por la cintura con ganas y él acercó su cuerpo al mío de forma posesiva, mientras yo sentía que mi cuerpo estaba hecho de gelatina. Yo lo dejé hacerlo, lo dejé llevar el ritmo, y entonces el comenzó a subirlas hacia mis pechos, tocándolos aun por encima de mi ropa. Yo me estremecí, pero él no se detuvo. Paso sus manos por debajo de estas, por el contorno y finalmente agarrándolos.
Yo apreté mis piernas entre si
-¿lo estas sintiendo?- yo lo miré confundida
El quitó lo botones de mi camiseta y entonces bajó las copas de mi sostén. Presionó uno de mis pezones entre sus dedos y la parte baja de mi estómago se contrajo.
-eso es- dijo el mientras con su otra mano tocaba el otro.-tus pechos son hermosos-dijo- yo solté el aire con fuerza y volvía a sentir una puntada de placer
El bajo una de sus manos hasta mi entrepierna, metiéndola debajo de mi falda y entonces tocándome sobre mis bragas.
Yo me estremecí
-Royce yo…apreté mis piernas nerviosa- yo... Nunca lo hice
-está bien-dijo y viéndome a los ojos - iremos despacio
Yo asentí
-¿quieres que continúe?
-si- él sonrió y volvió a tocarme, pasando suavemente sus dedos sobre mis bragas. Mientras su boca comenzaba a chupar mis pezones. Oh Dios.
Esa había sido la primera vez y se sentía tan nuevo, sensible…. Con cada paso de su lengua sobre ellos sentía un nuevo espasmo en mi cuerpo y toda mi piel se erizaba
Royce sonrió al verme hacerlo.
-¿te gusta lo que estoy haciendo?- yo asentí-bien. Quiero que sigas diciéndome lo que te gusta
Yo asentí una vez más.
El presionó entonces sus dedos con más fuerza sobre mis bragas y los empujo un poco hacia adentro al llegar a mi centro. Y esta vez, al volver a subir el metió sus dedos entre mis bragas. Mi mano fue hasta su muñeca y la sujete, sintiéndome totalmente nerviosa. ¿Estaba esto bien? Se sentía bien, pero no estaba segura…
-¿quieres que pare?- yo lo pensé por un segundo y finalmente negué
-bien, no tengas miedo-dijo- no haremos nada que no quieras ¿de acuerdo?
Yo asentí y entonces liberé su mano. El continuó bajando y esta vez al sentirlo directamente sobre mi piel noté que las sensaciones se acrecentaban. Yo gemí y el me besó
-eso es- me alentó- esto va a gustarte- sus dedos volvieron a curvarse hacia atrás y entraron apenas en mi centro. Yo me estremecí apretando mis piernas.
Su mano volvió a subir y se apoyó sobre mi clítoris, bueno, lo que más tarde me enteré que se llamaba clítoris, dando vueltas con sus dedos sobre él.
Oh… si, aun podía recordar cómo se había sentido. La primera vez que me corría. Aun sin entender exactamente lo que pasaba, y sin siquiera saber lo que era un orgasmo lo había experimentado. Y se había sentido como el cielo mismo.
Más aun después de dos veces. Entonces Royce me parecía el tipo más increíble del mundo.
Pero desde luego, las nuevas sensaciones no terminaron allí.
Ya estábamos en la cama luego de que yo me hubiera corrido por segunda vez, cuando el comenzó a quitarse los pantalones.
Yo estaba nerviosa… no sabía... Dios ni siquiera había visto a un hombre desnudo antes de eso, mucho menos tenía idea de lo que era el sexo oral o la masturbación.
Royce solo se quitó los pantalones, quedándose con sus boxers puestos y entonces permitiéndome ver su erección sobresaliendo debajo de la tela.
-¿te gustaría hacer algo por mí?- yo lo miré a los ojos sin entender a qué se refería- ¿hacer que yo me sienta como yo acabo de hacerte sentir a ti?
-si…- Royce sonrió y me dio un largo y profundo beso
-no tienes que estar nerviosa-él por el contrario, parecía el tipo más calmado del mundo- si no quieres hacerlo está bien
-no sé cómo… no sé, como se supone que….
-puedo guiarte y enseñarte cómo hacerlo -yo asentí con la cabeza- ¿sí?- yo volví a asentir al tiempo que mordía mis labios- bien.
El terminó de quitarse la ropa y por mi primera vez en mi vida vi esa parte de los hombres de las que todas mis amigas hablaban y yo aún no conocía.
Me sentí extraña al tocarlo al principio, pero Royce me hizo sentir cómoda y tranquila. Él me guio sobre cómo hacerlo, paso a paso. Como usar mis manos alrededor de su erección y luego como hacerlo con mi boca, usando mi lengua y no mis dientes.
Fue divertido entonces. Aprender algo nuevo, algo tan excitante e increíble…
Royce se corrió entre mis manos y luego de limpiarse, volvió a besarme para quedarnos tendidos en la cama por un buen rato.
Ese día se fue apenas diez minutos antes de que mi padre llegara a casa. Yo me metí en la ducha tratando de ocultar cualquier evidencia de lo que había sucedido y metí mis sabanas a la lavadora solo por si acaso.
Después de esa vez, comencé a ver las cosas de un modo diferente. Comencé a entender a que se referían mis compañeras de gimnasia cuando hablaban de cómo se sentían cuando se acostaban con alguien y aunque yo todavía no lo había hecho, no veía la hora de que eso sucediera.
.
Para nuestro cuarto encuentro la ansiedad me estaba carcomiendo. Incluso había anotado en mi calendario todas las fechas siguientes de los partidos de futbol, sabiendo que mi padre no estaría en casa y que entonces podría ver a Royce.
Esta vez repetimos los que habíamos hecho la vez anterior. El me tocó con sus dedos haciendo que yo me corriera, como él le decía, y yo se le había chupado a él al mismo tiempo que lo masturbaba. La diferencia, sin embargo, fue que él esta vez él también me dio sexo oral.
Y fue… mierda, bueno, en ese entonces creía que no podría encontrar adjetivos que describieran como me sentía.
El placer… cuando mi cuerpo se relajaba después de correrme, ese estado en el que pareces flotar en una nube y que nada más importa, era todo lo que deseaba sentir. Tantas veces como pudiera y por tanto tiempo como pudiera. Y es por eso que quería más.
-¿no vamos a acostarnos?-pregunté tímidamente mientras apretaba mi mejilla contra su pecho desnudo.
Royce rió suavemente
-¿no estamos acostados ahora?
-sabes a que me refiero- yo me ruboricé y traté de ocultarlo
-no sabía que ya querías hacerlo- él parecía sorprendido- pensé que como aun no lo habías hecho ibas a querer esperar un poco más
-quiero hacerlo-dije y plantándole un beso en los labios.
-de acuerdo- él me sonrió y entonces acarició mi mejilla y el contorno de mi rostro con su mano- Dios, eres jodidamente hermosa ¿ya te lo había dicho?
-si…- ahora yo me sentía avergonzada
-bueno, pues lo eres- aseguró haciendo que mi autoestima subiera un poco más- ¿los chicos aún siguen sin invitarte a salir?
-sí, ¿por qué?
-porque no puedo creerme que te dejen pasar como si nada- el negó con la cabeza- Dios, estos malditos adolescentes…. No tienen idea de lo que se están perdiendo
-ya basta- dije, retándolo- ¿entonces?- yo me refería a mi pregunta
-de acuerdo-él aceptó- pero no creo que deberíamos hacerlo aquí- eso tenía sentido. No quería estar una vez más a escondidas de mi padre y mirando el reloj cada diez minutos asegurándome que él aun no llegaría a casa
-está bien-acodé
-podemos hacerlo en mi departamento ¿Qué dices?- yo asentí con la cabeza-bien. Eso será mejor
Oh, iba a conocer su departamento y entonces no tendríamos que medirnos con nada…
-¿tienes algo para anotar? Te dejaré mi dirección
Yo busqué un papel y una pluma sobre mi mesa de noche y se los pasé. El anotó su dirección rápidamente y me los devolvió.
-el miércoles estaría bien-me dijo- alrededor de las 6, después del trabajo ¿qué dices?
-tengo practica de gimnasia
-oh
-pero puedo faltar, no te preocupes- mi entrenador lo entendería. Le diría que estaba enferma o algo. No iba a perderme esto por nada.
-bien- él me sonrió- será el miércoles entonces
.
Y el siguiente miércoles fue nuestra quinta vez y en la que por fin el me quitó mi virginidad. Sonaba realmente emocionante, pero yo no sabía que eso iba a doler un poco también.
Diez minutos antes de las seis, salí de casa con mis cosas de gimnasia solo para que mi padre no sospechara nada. El ni siquiera tenía idea de que días entrenaba o cuales eran mis horarios, así que no podría sospechar.
Hecha una bola de nerviosa al tocar el timbre de su departamento, pero al verlo a él abrir la puerta todo desapareció.
Dios, se veía como James Dean, pensó mi inconsciente, con esos jeans azules y una camiseta blanca. Creí entonces que era tan afortunada de estar con un tipo como él, sin importarme cuantos años más que yo tuviera…
-hey-dijo
-hola- Royce me dedicó una de esas sonrisas que me dejaban sin aire
-pasa, Rose, por favor.
Yo entré a su departamento y lo primero que vi a mi izquierda fue una enorme cama con sabanas de color blanco.
-lo sé, no es muy grande…- me dijo- pero no necesito mucho
-es muy lindo-dije y en parte sintiéndome algo intimidada en un lugar que era "tan suyo". Él había estado en mi habitación dos veces ya, pero esto era diferente.
-¿quieres tomar algo? ¿Agua, té, café?- yo negué con la cabeza -bien… ven aquí- yo me acerqué a él y él rodeó mi cintura con sus manos antes de besarme con deseo.
Yo adoba el sabor de sus labios, el modo en que se movían de un modo tan experto contra los míos, pensando que nunca podría ser yo la que besaría a otro de ese modo.
-¿Cómo llegaste aquí?
-caminando-dije
-¿con ese vestido?- yo me sonroje
-Dios….- el hundió su cabeza en mi cuello y llevó sus manos a mi trasero para apretarlo. Casi de inmediato él hizo la tela hacia arriba y comenzó a tocarme sobre mis bragas haciéndome gemir y apretar mis piernas entre sí.
-si…- él sonrió al ver como yo estaba comenzando a excitarme- Dios, adoro la cara que pones cuando estas gimiendo
El continuó besándome y rápidamente consiguió quitarme las bragas para tocarme con mayor facilidad.
Hecho esto, me llevó hasta la cama y comenzó a darme sexo oral. Eso me gustaba, Dios, de verdad lo hacía… vi a Royce tocarse frente a mí y aun entregada a él, gemí disfrutando del placer que me estaba dando. La última vez que habíamos hecho esto estaba algo nerviosa, pero ahora que ya sabía cómo se sentía, solo quería más.
Luego de hacer que yo me corriera una vez, yo le di sexo oral a él, pero esta vez, sin hacerlo terminar. Él me había detenido diciendo que necesitaba durar un poco más y que ya estaba lo suficientemente duro.
Volviendo a besarme y girándome sobre la cama, para que quedara recostada boca arriba y con él encima mío, él se detuvo un segundo antes de proseguir con el asunto.
-¿estás… tomando algo?-yo lo mire confundida- la píldora… o
-no, no estoy tomando nada- respondí nerviosa. ¿Se suponía que debía estar haciéndolo?
-de acuerdo. Está bien, no te preocupes- el me dio otro beso tal vez en un intento de aliviar mis nervios. A continuación buscó algo en el cajón de su mesa de noche y sacó un par de paquetes cuadraditos de color plateado. Condones.
Mi padre tenía a montones de esos en casa. No era la primera vez que los veía, pero nunca sobre un… tipo.
Royce separó uno de los demás y volvió a besarme al tiempo que una de sus manos tocaba mi centro. Mi cadera se hizo hacia arriba y él sonrió.
Vas a estar bien, me dije. Esto va a estar bien, no tienes que estar nerviosa.
Unos segundos después el abrió el paquetito y deslizó el condón por su erección todo a lo largo. Oh, mierda… solo entonces me di cuenta de que "todo eso" iba a entrar en mi interior.
¿Cómo no lo había pensado antes? Mierda… los nervios volvieron a poseerme y él lo notó.
-tranquila-dijo- haré todo lo posible para que no te duela.
Oh, iba a doler entonces.
Tomando una bocanada de valentía asentí con la cabeza y él se inclinó sobre mí mientras con su mano llevaba su erección hasta mi centro.
Sin saber para que prepararme, cerré mis ojos y apreté su antebrazo entre mis manos por las dudas.
Lentamente sentí como el poco a poco iba abriéndose paso dentro de mí y contuve la respiración mientras poco a poco sentía como eso dolía. Él se retiró igual de lento y entonces volvió a entrar, esta vez yendo un poco más profundo.
Y así continuó por varios minutos, hasta que consiguió entrar por completo en mí, mientras me besaba y decía que todo estaría bien.
Se sintió extraño y aunque dolió menos de lo que esperaba, finalmente comencé a disfrutarlo.
Supongo que duró bastante. Realmente no recuerdo exactamente cuánto tardó él en correrse, pero sí sé que no fue de inmediato. Entonces no tenía idea de cuánto se suponía que debían durar los hombres o si incluso todas las chicas conseguían tener orgasmos como los que él me hacía sentir. Todo lo que yo estaba conociendo con Royce pensaba que era lo mismo que hacía todo el mundo.
Tiempo después me daría cuenta de que estaba muy equivocada.
Después de correrse y de estar tendidos un rato sobre la cama, volvimos a "follar" como él le decía, y en esta ocasión yo si pude terminar al igual que él.
Después de eso, no me quede mucho tiempo más en su departamento. No podía volver demasiado tarde a casa, así que él me llevó en su auto de regreso.
.
Entonces nuestros encuentros continuaron, haciéndose cada vez más y más frecuentes. Al principio él me decía cuando nos veríamos cuando venía a casa por algún motivo, pero después comenzó a llamarme al teléfono de casa a la misma hora cada vez, de modo que yo supiera que se tratara de él y casi saliera corriendo disparada a atender en cuanto este sonaba.
Pero claro, el no saber qué día lo hacía, me ponía ansiosa y eso lo hacía aún más increíble.
Mi padre no sospechaba en absoluto. Últimamente estaba pasando casi todo su tiempo con Rachel, su nueva novia y con quien llevaba apenas cinco meses saliendo. Lo que era todo un logro.
Y si bien estaba faltando a bastantes clases de gimnasia y mi entrenador ya no estaba tragándose mis excusas, no iba a dejar de hacerlo si eso me permitía estar con Royce.
Las cosas iban bien, iban increíbles y no veía la hora de contarles a mis compañeras de equipo sobre él y yo.
El sexo iba bien. Después de la primera vez, las demás fueron increíbles. No solo porque yo no tenía idea de que pudiera correrme más de tres veces, siendo que Royce conseguía que lo hiciera hasta incluso seis o siete veces por cada que nos veíamos; sino también porque yo me sentía mejor conmigo misma; más segura e incluso sexy, algo que antes habría creído casi imposible.
Royce me alentaba a arreglarme, no solo porque a él le gustara, sino también porque decía que así los chicos iban a mirarme más. Algo que si bien pensé que no iba a importarme, terminó resultando muy estimulante. Se sentía bien que los chicos me miraran e incluso que comenzaran a invitarme a fiestas que nunca antes lo habría hecho. Así que de algún modo, todo eso mejoró mi vida social.
Y si bien el sexo había sido dulce y tierno al principio, las siguientes veces, comenzó a tornarse un poco más fuerte y rudo. Royce comenzó a tirarme del cabello en varias ocasiones y a hacerme rogar cuando quería correrme o cuando quería que dejara de tocarme y me follara. Pero él hacía que todo eso me gustara.
Y todo parecía estar pasando tan rápido que yo incluso perdía la noción del tiempo que pasaba con él o las cosas que estaba dejando de hacer por escaparme de casa y acostarme con él.
Eventualmente él dejo de ir a casa y cuando le pregunté porque dijo que era mejor de ese modo. Que para él sería mejor de ese modo, ya que no tendría que disimular frente a mi padre lo que sentía por mí o cuantas ganas de metérmela tenía. Y obviamente blanquear nuestra situación con mi padre estaba fuera de discusión. "el jamás lo entendería" me había dicho, mientras que yo no entendía porque tanta negación. Él siempre estaba con chicas más jóvenes, entonces ¿Por qué iba a enfadarse si yo salía con alguien mayor? Royce, sin embargo no pensaba lo mismo. Y ante el temor de que él pudiera oponerse a nuestra relación o me prohibiera volver a verlo, yo acepté no decirle nada.
Los meses pasaron y nuestra relación pareció consolidarse aún más. Yo estaba enamorada de él y obvia e ingenuamente creía que él también lo estaba de mí.
Más aun después del oso que él me había regalado para mi cumpleaños número 17 y el pequeño muffin con una velita que me había preparado cuando yo había ido a verlo dos días después de la fecha de la celebración. Celebración que había consistido en una pizza en casa con mi padre y Rachel, quien nos había dado la noticia de su embarazo de ya tres meses apenas un par de días atrás. Y si bien ella no me parecía nada adecuada para mi padre y no me interesaba para nada cultivar una relación con ella, me había comprado una blusa y mi padre un celular para mi sola.
Ese había sido el mejor regalo de todos, y él ni siquiera lo sabía. Podría tener mi independencia y hablar con Royce por allí cuando y como lo quisiera. Así que de ahí en más arreglábamos nuestros encuentros por mi teléfono o hablábamos por la noche antes de irnos a la cama. Sabía que tampoco podía estar todo el día hablando con él, incluso cuando eso era lo único en lo que pensaba mientras revisaba mi teléfono incontables veces a lo largo del día esperando ver una llamada o mensaje suyo. Él trabajaba durante toda la semana y hasta pasadas las seis, así que por lo general solo era después de esa hora cuando hablábamos.
Y aunque muchas veces había querido quedarme a dormir en su casa, él no me había dejado. Yo podía inventar excusas para mi padre, diciendo que me quedaría en casa de una amiga o de una compañera, pero aun así Royce se negaba. Decía que de ese modo estábamos bien y que no teníamos que arruinar las cosas, haciendo algo diferente.
.
Después de decirle que lo amaba y que, como yo había entendido él me había dicho lo mismo, incluso cuando esas palabras ni siquiera hubieran salido de su boca, él dejó de llamarme.
Pensé que tal vez su teléfono se había dañado en el trabajo o que podía haberlo perdido, así que trate de no desesperarme. No pensé que algo malo hubiera sucedido, pero si me resulto algo extraño que hubiera pasado tanto tiempo sin saber nada de él. Por lo general nos veíamos cada un par de días, o bien porque el pasaba a recogerme, me llamaba o me pedía que fuera yo quien fuera a su departamento. Una semana entera pasó y yo no tuve ningún tipo de noticias. Así que le envié un par de mensajes, pero nadie respondió.
La temporada de futbol ya había terminado, y papá había estado llegando a casa a horario y asentándose con su nueva novia. No había lugar para Royce pudiera venir a verme.
Así que para cuando terminó la primera semana lo llamé a su departamento, pero nadie contestó. No dejé un mensaje entonces, pero si lo hice los días siguientes, cuando él seguía sin contestar, incluso a la noche, cuando no había forma de que el no estuviera en casa.
¿Acaso estaba evitándome? Esa idea se me había pasado muchas veces por la cabeza, pero nunca había parecido factible. ¿Por qué habría de evitarme? ¿Había hecho algo malo? Él no lo había dicho.
Ya nerviosa y sin saber que pensar, después de dos semanas, fui a su departamento por la tarde, después de que mi padre llegara a casa.
Abajo, una chica me dejo entrar al edificio, y luego de subir rápidamente las escaleras hasta llegar a su piso, toqué la puerta con energía.
Unos minutos después, otro tipo abrió.
Él se veía tan sorprendido como yo.
-¿puedo ayudarte?-preguntó
Detrás de él vi varias pilas de cajas de cartón, como si acabara de mudarse
-estoy buscando a… Royce-balbuceé
-lo siento, preciosa, no lo conozco- dijo el tipo
-él vivía aquí-agregué con la esperanza de que el tuviera algún dato más. Él no podía solo haberse ido, ¿o sí?
-acabo de mudarme, hace tres días- me explicó- lo siento, pero de verdad no conocía a quien vivió aquí antes que yo.
Sentí como mis rodillas se vencían y mi presión bajaba más de lo que debería. ¿Cómo había podido dejar que pasara tanto tiempo? ¿Cómo él se habías mudado sin decirme nada? ¿A dónde estaba ahora? ¿Por qué no había contestado ninguno de mis llamados?
-¿estás bien?-preguntó el tipo. Yo no fui capaz de contestar.
De pronto mi mente no parecía apta para formular una oración coherente, mientras un sudor frio comenzaba a recorrerme la parte posterior de la nuca.
-¿quieres un vaso de agua?-yo negué con la cabeza y mire a los ojos al tipo ese una vez más. El de verdad no parecía tener idea de donde Royce estuviera. Pero, ¿Por qué se había ido en primera lugar? ¿Por qué no me había dicho nada?
Sin saber realmente como, salí corriendo de allí y no me detuve sino hasta llegar a casa. Desesperada revise mis emails y el teléfono de la casa en busca de algún mensaje, de alguna explicación…
No había nada.
Entonces me eché a llorar. Y llore y llore, como nunca antes lo había hecho. Me sentía sola, dolida, abandonada, olvidada, enojada y sobre todo aun lo amaba a él, y por eso lloraba aún más. No pude evitar culparme por ello, incluso cuando no tuviera sentido.
Un par de horas más tarde, mi padre entró a mi habitación para preguntarme por la cena. Yo tenía los ojos hinchados y estaba bastante roja luego de haber estado tanto tiempo llorando.
-¿qué sucedió?- fue lo único que preguntó
-me fue mal en una competencia-mentí
-ya habrá otras-dijo sin importancia. A él nunca le habían interesado mis competencias. Simplemente firmaba mis autorizaciones cuando tenía que hacerlo o me daba dinero para pagar los viajes, inscripciones o trajes nuevos. Eso era todo. - no te pongas así, vamos.
Yo me soné la nariz con un pañuelo y volví a mirarlo. ¿Cómo podía él entenderlo? A él nunca le habían hecho eso. Sino que siempre era él, quien dejaba a las chicas con que salía, y ellas eran las que lloraban o lo maldecían.
-¿esto no es por un chico, no?- oh, brillante papá, pensé. Se te encendió la lamparita.
Cinco meses saliendo y acostándome con él y solo ahora él sospechaba que pudiera tratarse de un chico.
-porque si lo es…- yo lo observé atenta, sin decir nada- no vale la pena, créeme. Los hombres no la valemos- él se rió irónicamente- todos somos unos idiotas.
Eso fue algo que quedó grabado en mi cabeza, y era por eso que odiaba llorar por los hombres, incluso ahora.
-pediré una pizza ¿qué dices?
-como quieras-contesté
-solo tú y yo, vamos, llevamos tiempo sin comer juntos, nena
Yo le lancé una mirada envenenada. Eso no era mi culpa.
-¿Qué hay de Rachel?- ella era su última novia, y la cual había dejado embarazada varios meses atrás, haciendo que no pudiera deshacerse de ella como las demás.
-fue a casa de su madre-dijo- peleamos esta mañana
Yo asentí.
Eso pasaba cada semana, unas dos o tres veces.
-¿pizza entonces?
-de acuerdo- él me sonrió como creyendo que con eso me haría sentir mejor.
-te esperaré abajo- dijo y con eso salió de mi habitación.
Me di una ducha y luego bajé a cenar con mi padre, los dos solos, como llevábamos demasiado tiempo sin hacer.
Aun me sentía deshecha y sin poder encontrarle una explicación a la desaparición de Royce.
Le había dicho que lo amaba la última vez que nos habíamos visto, y él me había correspondido, ¿entonces por qué no decirme nada? ¿Por qué lastimarme así?
Dándole un buen mordisco a la pizza con peperoni miré a mi padre no sabiendo si quería preguntárselo o no. Él era el único que podía decirme algo más sobre Royce, pero tenía que tener cuidado al preguntar y cuidar mi tono sino quería que el sospechara.
-¿ya se terminó el supertason?- pregunté, optando por ir a un tema neutral
-hace casi un mes, Rosie-el rió divertido- ¿por qué?
-solo… no estaba segura. Tu no habías dicho nada y como estabas volviendo a casa temprano…
-¿te molesta?- yo negué con la cabeza
-¿así que no hay más futbol ahora?
-¿desde cuando estás tan interesada en los deportes?
-solo estoy buscando un tema del que hablar, papá- apunté
-de acuerdo, de acuerdo- el levantó sus manos a la defensiva- bueno, esta semana habrá un partido importante, por el comienzo de la temporada- yo asentí con la cabeza. ¿Ahora cómo podía preguntarle sobre Royce?
-¿irás al bar de Bill entonces?
-no lo creo- él bebió un poco de cerveza y luego continuó hablando- es probable que lo mire en casa. Rachel dice que no le gusta el bar. Dios, santo esa mujer va a volverme loco.
Yo sonreí ligeramente. Recordaba haberlo escuchado diciendo eso desde que era niña con cada una de las chicas que salía.
-¿y qué hay de ese tipo del trabajo?…. El que venía a casa a ver futbol contigo,… el que se llamaba…- yo fingí no acordarme de el
-¿Royce?
-sí, ese- dije mientras mi corazón se aceleraba repentinamente- hace tiempo que no viene por aquí. ¿Te peleaste con él?
-no- el masticó un trozo de pizza y me miró con cuidado- Royce se mudó, se fue Nevada -me lanzó como si fuera un dato más y dejándome helada.
-¿de…de verdad?
-sí, consiguió otro trabajo allá, de construcción, mejor pago, ya sabes- yo lo miré sin poder decir una palabra- fue hace como un mes, si mal no recuerdo- dijo- y se fue hace dos semanas para allá. Además es joven, no tiene familia, ni nada que lo ate aquí… lo mejor que pudo haber hecho fue aprovecharlo.
Mi estómago se comprimió y mis labios temblaron. Necesitaba irme de allí.
-¿estás bien, Rose?- yo asentí
-solo… me duele un poco el estómago- me levanté de la mesa y lleve mis manos a mi abdomen.
-¿ha sido la pizza?-el parecía repentinamente preocupado
-no lo sé- mentí- iré al baño y luego a mi alcoba a recostarme un rato.
-bien
-gracias por todo papá-dije y ya yendo escaleras arriba.
-te guardaré un poco de pizza para después en caso de que tengas hambre
Sin siquiera voltearme a verlo, regrese a mi habitación y me tendí en la cama sintiéndome vacía y estúpida.
"él no tiene nada que lo ate aquí" había dicho mi padre. Y obviamente Royce había creído lo mismo para irse de un día para el otro y sin decir nada.
Entonces todo tuvo sentido.
Yo solo había sido un juego, un entretenimiento, alguien que no significaba lo suficiente como para informarle de su partida.
Las lágrimas cayeron por mi rostro y quise morirme en ese mismo instante.
Él me había usado, a su antojo, todos esos meses, haciendo las cosas exactamente del modo que él las quería y aprovechando el hecho que yo no me diera cuenta de lo que estaba sucediendo. No dejando que me encariñara con él, y yéndose al instante que se había dado cuenta de que eso había sucedido.
Yo le había dado mi corazón y él lo había estrujado y dejado los pedazos atrás.
Él se había ido, así como así y sin importarle absolutamente nada.
.
Y mentiría al decir que la depresión duro poco, cuando lo hizo por unas cuantas semanas. Semanas en las que me sentí horrible y repasé una y otra vez en mi cabeza cada una de las veces que habíamos estado juntos. Dándome cuenta entonces al ponerle algo de distancia a las cosas, de como él había hecho todo lo necesario para que yo me enamorara de él; como no dejarme dormir con él, no salir juntos a ningún lado, no llamarme "novia" y sobre todo no decirle a mi padre sobre nosotros; pero al mismo tiempo él había hecho lo necesario para continuar captando mi atención y que yo siquiera buscándolo a él para follar. El sexo había durado cinco meses, y había sido tan tonta como para pensar que me había enamorado, cuando el solo quería follarme. Las frases dulces, las caricias y los besos solo habían sido su forma de convencerme de que lo hiciera con él, de hacerme creer que tal vez había algo más. Pero al fin y al cabo yo solo había sido una estúpida adolescente a quien podía follar como y cuando quería.
No podía creer como no había visto todas las señales antes, como había sido tan ingenua de creer toda la basura que salía de su boca y no ver la realidad.
Pero claro, perderlo a él, o perder mi virginidad con él en lugar de con alguien para quien si significara algo, no fue lo peor de todo.
Cuando quise volver al equipo de gimnasia ya era demasiado tarde. Mi entrenador me detestaba y había perdido tantas clases que no podía ni siquiera competir. Y el discurso que me había dado sobre lo decepcionado que estaba conmigo al haber desperdiciado tanto tiempo en vano, me había hecho sentir fatal. Así que lo dejé.
Lo había perdido todo, por culpa de un tipo, de un idiota.
Así que me dije que desde entonces no volvería nunca más a perder.
Corté mi cabello, sacándome el fleco que entonces usaba y no teniéndolo tan largo como solía usarlo.
En la escuela lo notaron, al igual que mi nuevo guardarropa, que había ampliado con algunos de los ahorros que tenía en casa y que antes usaba para mis competencias de gimnasia. Había dejado de usar cosas largas y grandes y en su lugar, solo me ponía vestidos con botas, o jeans ajustado o shorts con blusas al cuerpo como usaban el resto de las chicas. Entonces comencé a salir por todo lo que antes no lo había hecho.
Me dije entonces que podía tener un novio, uno de verdad. Uno con quien salir, ir al cine, a cenar, salir a caminar o ir a una fiesta. Todo lo que él no me había dado, pero que por ningún motivo iba a prohibirme de experimentar. Así que ese fue mi plan entonces. Conseguir un novio, uno como el que tenían muchas de mis compañeras y alguien que me hiciera feliz.
Salí con un par de chicos al principio, algunos con los que compartía clases, pero nada mágico pasaba. Tal vez había un beso o dos, pero eso era todo. Yo no conseguía sentir nada.
Así que pensé que tal vez yo debía elegir con quien quería salir en lugar de esperar que me invitaran. Oh, y había un chico que me parecía muy sexy en ese entonces. El lanzador principal del equipo de futbol americano. Riley Scott.
Claro que no fue fácil invitarlo a salir. Aún tenía algo de vergüenza y sinceramente no era una experta en todo el asunto de las citas. Así que comencé a ir a las fiestas a las que me invitaban con la esperanza de encontrármelo por allí y tal vez tomar algo de valor para hacerlo. Sabía que estaba solo, porque era lo único de lo que hablaban todas las chicas en la escuela, lo que lo hacía aún más difícil considerando lo solicitado que estaba.
Finalmente una noche tuve suerte, él estaba bebiendo solo en las escaleras de la casa donde estaba ocurriendo la fiesta y yo aproveche para acercarme a él. Realmente no recuerdo que le dije, porque estaba tan nerviosa que no tengo la menor idea de que fue, pero evidentemente a él le interesó. Hacia el final de la noche terminamos besándonos en uno de los sofás de la sala, a plena vista del resto de la mayoría de las chicas del instituto.
Y ese fue el comienzo, el comienzo del resto del desastre que iba a venir. Riley y yo comenzamos a salir y me lo pasaba realmente bien, él era dulce y besaba muy bien, pero yo quería algo más. Habían pasado algunos meses desde que había sucedido lo de Royce y desde entonces no tenía sexo, y realmente lo necesitaba. De modo que en cuanto Riley insistió en hacerlo, yo no opuse mucha resistencia. Pero claro, esperar que eso fuera igual que como había sido con Royce…. Oh, esa había sido una gran equivocación.
La primera vez fue penosa y demasiado rápida. Luego, a él le encantaba el sexo oral, recibirlo, desde luego, no darlo. Pero en cuanto yo se lo había pedido, había notado cuan malo era en ello. Bien, tal vez solo necesitaba práctica, me dije. Así que yo intenté guiarlo y de algún modo creo que mejoro. Pero que yo me corriera tantas veces o al menos una, fue un problema. Había aprendido a disfrutar del sexo, y ahora solo me sentía frustrada.
Pensé entonces que tal vez por eso Royce decía que nosotros "follabamos" en lugar de "hacer el amor". Tal vez follar te daba placer, pero no implicaba sentimientos y hacer el amor, no te daba el mismo placer, pero lo hacías con quien querías de verdad.
Sí, lo sé. Tenía un maldito en lío en mi cabeza en ese entonces, pero no sabía tanto de realmente nada como para entender que era qué y cómo se suponía que debía ser todo el asunto de amor y el sexo.
Yo quería a Riley, no sé si tanto como lo había querido a Royce, pero si me gustaba mucho, tanto que incluso estuve dispuesta a sacrificar el placer en la cama por que fuéramos novios.
A él le encantaba ir al cine y a los bolos y regalarme peluches y bombones cada tanto. No podía haber un novio mejor que él, o eso es lo que yo creía.
Incluso fuimos al baile de su graduación juntos. Yo me había comprado un hermoso vestido de color rosa y él me había comprado flores y había pasado a recogerme en una limusina como muchos chicos hacían.
La parte horrible, sin embargo, fue cuando él me terminó después del baile.
Dijo que como iba a irse a la universidad en un par de meses lo nuestro iba a ser imposible y que así me ahorraría darme falsas esperanzas. Que lo habíamos pasado bien, pero que eso había sido todo.
.
Como imaginaran después de eso deje de creer absolutamente en el amor.
El siguiente año en el instituto, le declaré la guerra a los hombres. Dando por iniciada una cacería en lo que tener placer era lo único que me importaba. El amor había sido solo una farsa y no necesitaba más hombres para comprobarlo. Solo era una excusa, una estupidez y obviamente no dura. El sexo, por otro lado, el follar por placer era lo único que quería, así que iba a tratar de conseguirlo como fuera.
No sería más la chica buena, ni linda, ni considerada, no iba a enamorarme ni dejar que me manipularan. Haría lo que yo quería con quien quería, y sin importarme lo que ellos sintieran. Porque obviamente a nadie le importaba lo que yo pensara o sintiera al respecto.
Continué vistiéndome como una zorra, incluso aún más que antes, lo que llamó la atención de mi padre y me advirtió que no dejara que nadie me usara. Desde luego que no lo haría.
Decidí ir entonces a una ginecóloga por primera vez en mi vida y luego de hacerme todo los exámenes de ETS y darme negativo a todas ellas, comencé a tomar la píldora, para cuidar de mi misma. Además de comprar una gran cantidad de condones, claro está.
Nunca tuve amigas, no con la reputación que me había hecho, y desde luego, mis compañeras de gimnasia, no solo no tenían el tiempo para salir tanto como yo lo hacía, sino que tampoco compartían el estilo de vida que yo estaba comenzando a llevar.
Y la verdad es que ni siquiera tenía que invitar a nadie a salir, porque eran los chicos quienes me invitaban a mí. Sobre todo los deportistas. Y que pese a ser los favoritos de las chicas, porque tenían los mejores cuerpos, no podía decir lo mismo de su desempeño.
La mayoría, incluso teniendo un buen tamaño, eran mediocres en la cama, y no sabían usar sus manos ni su lengua; así que me duraban tanto como yo soportara acostarme con ellos.
Royce me había enseñado muchas cosas, cosas que yo creía que serían igual con los demás tipos, pero no era así.
De modo que pasando la mitad del año escolar y cuando ya me había acostado casi con la mayoría de los deportistas de la escuela, los que tenían novia inclusive, decidí que eso no iba a dar resultado.
Investigué entonces algo que venía escuchando por un tiempo y la verdad es que no me había animado a probar. La pornografía. La mayoría de los chicos hablaba de ello, las chicas no, no más que para criticarlos a ellos. Y con ello vino también, la autocomplacencia o la masturbación, como le decía la mayoría de las personas.
Oh, y eso fue la solución para el placer. Bueno al menos en parte. Si bien no era lo mismo que follar, llegó a ser una actividad que disfrutaba bastante cuando no tenía a nadie con quien hacerlo o la mayoría eran malos. Y juntando las cosas que había hecho con Royce además de las que veía en internet, se había convertido en una gran herramienta, que luego también comencé a utilizar mientras estaba follando con alguien.
Más tarde, y comenzando a preguntarme si era una cuestión de edad la que iba aparejada con la experiencia, decidí que debía probar acostarme con tipos más grande que yo, y no más niñitos de preparatoria. Así que hice que uno de mis "amigos" me consiguiera una identificación falsa para comenzar a ir a bares donde iban los universitarios.
Y efectivamente las cosas mejoraron. Estos tipos sabían un poco más lo que las chicas querían. Y eran muy buenos dando sexo oral, lo cual es convirtió en una de mis partes preferidas del sexo. Aun así, no conseguí encontrar a nadie tan bueno como Royce en la cama.
Y eso me estaba comiendo la cabeza.
Por otra parte y para sumar al terrible panorama que había en casa mi padre decidió casarse con Rachel. Ella ya había tenido su bebé, lo que me hacía tener un nuevo hermanastro, al cual no veía casi nunca, ya que casi no pasaba tiempo en casa más que para dormir o comer algo.
Pero si, la boda sucedió y yo tuve que ir, metida en un vestido de color celeste cielo junto a las demás damas de honor de Rachel, que no tenía la más mínima idea de quienes eran.
Fue una celebración pequeña. Hubo pocos invitado y familia de nuestra parte casi no había, a excepción de una hermana de mi padre y sus hijos, que eran primos míos, y a quienes no veía desde que tenía como cinco años.
La convivencia después de la boda no fue un problema. Bueno, no lo fue para ellos, ya que llevaban viviendo juntos ya hacía más de un año, con sus idas y vueltas claro, rompiendo y regresando más de treinta veces, según yo llevaba la cuenta. Y si bien yo realmente no pasaba mucho tiempo en casa, soportar a Rachel y sus quejas sobre mi padre, el alcohol, él bebe y el que no podía dormir o esto y aquello, estaba por completo fuera de mis planes. Rachel solo se había vuelto más insoportable con el tiempo, más territorial y más manipuladora con mi padre, lo cual me parecía totalmente terrible y para nada tolerable.
Y obviamente eso aumentaba mis deseos de salir de casa y seguir con las fiestas, y el sexo con chicos más grandes que yo. Comprando condones a montones y tratando de estudiar en mis tiempos libres e incluso en la biblioteca de la escuela, con tal de no hacerlo en casa.
Sorprendentemente para todos, o mejor dicho, para mis compañeros, yo conseguía mantener mis promedios, pese a mis comportamientos rebeldes y salvajes. Quería entrar a la NYU, esa era una de mis prioridades, y aunque también aplique para otras 4 universidades más, esa es la que más ansiaba ir.
Algo que si no me pasó mucho, fue que algunos chicos querían algo más que solo follar conmigo, como salir o pasar tiempo juntos. Y en cuanto eso cuanto eso ocurría, yo daba todo por terminado. Nada que tuviera que ver con sentimientos había resultado bien para mí, así que no quería nada tener que ver con ello de nuevo. Sin importar las excusas que pusieran o las cosas que me prometieran, yo desaparecía de sus vidas casi tan rápido como había aparecido.
Y respecto a lo que quería estudiar en la universidad, bueno, muchos de los chicos con los que había estado estaban metidos en carreras que tenían que ver con economía, no era precisamente mi área, pero pensé que la publicidad o el marketing podían funcionar bien para mí. En el instituto tenía buenas calificaciones en materias que tenían que ver con el tema, así que iba a estudiar algo de eso.
Pero cuando la carta de aceptación de la NYU llego a casa y yo estaba tan feliz que casi andaba saltando por la casa de felicidad, mi padre me dio la terrible noticia.
No había dinero para la universidad, no más que para dos años con suerte, de modo que si quería irme, yo tendría que pagarme el resto. Su excusa para lo que faltaba del dinero fue Rachel y el bebé. Todo el resto estaba en el banco con una cuenta a mi nombre, pero no era suficiente.
Entonces lo que había sido una de las noticias más increíbles que podía recibir se había visto por completo opacada antes la perspectiva de no poder pagarme la universidad y tener que dejarla cuando ya no tuviera más dinero. "lo siento", en eso había consistido toda la disculpa de mi padre, haciendo que yo me sintiera aún menos querida que antes, y con menos importancia para el de la que alguna vez había tenido. El continuo con su vida, me recordé, formo una nueva familia y tú ya vas a irte.
Así que eso hice.
Luego de graduarme de la secundaria y para cuando ya las cosas en la universidad estaban listas para que yo me fuera, empaque mis cosas y me fui de casa, sin deseos de volver allí otra vez.
Sabía que tarde o temprano iba a necesitar un trabajo, así que me di un tiempo para buscar algo mientras comenzaba a estudiar los primeros meses de la universidad.
Probé diferentes cosas. Trabajar en la librería de la universidad, en una tienda de ropa, zapatos, mesera… ninguno pagaba lo suficiente. Con lo que ganaba en todos esos trabajos me alcanzaba para comer, los libros de la universidad, algo de ropa y salir los fines de semana, ahorrar estaba fuera de mi alcance. Y eso sin mencionar algunos de los horribles y lascivos jefes que tuve que soportar en el proceso.
Así que, en algún momento me rendí.
Pensé que si ya no había forma de lograrlo, no tenía caso que me siguiera matando en un trabajo que no valía la pena, y en su lugar me dediqué a salir de fiesta con los nuevos "amigos" que me había hecho. Las viejas costumbres nunca se van, no del todo, me recordé.
Y cuando yo creía que ya nada tenía remedio, Jess apareció en mi vida, una noche, durante una fiesta, y ofreciéndome la única oportunidad que me permitió salir adelante y poder volver a pensar en mi futuro.
Y fue así como entre en el negocio.
.
En perspectiva, no hubo realmente muchos hombres importantes en mi vida. Mi padre fue uno de ellos, lo quisiera o no. Su estilo de vida y su forma de ser con las mujeres me marcaron al punto tal que yo terminé haciendo lo mismo que el hacía, pero con los hombres. Y aunque era verdaderamente una mierda, no tenía idea de cómo podía cambiar.
Royce, había sido el segundo. Diez años mayor que yo y con obviamente un gran gusto y habilidad para el sexo, me había engañado para que yo me acostara con 'el y luego mantener una aventura durante varios meses hasta que algo mejor había surgido y se había ido sin decir una palabra. Allí había aprendido que no debía confiar en todo lo que decían los hombres y desde luego, en no dejar que mi corazón tomara las decisiones en lugar de mi cabeza. Él me había roto el corazón, pero también había roto algo en mí, algo que incluso antes de conocerlo estaba a punto de desarmarse.
No sé si pueda decir que Riley fue importante, pero si fue la última pieza que necesite para darme cuenta que todo lo que antes había pensado y establecido sobre los hombres era verdad. Tal vez, el solo fue el paso que necesitaba para hacer todo lo que hice después.
Y el último y más reciente… Emmett.
Agradable, apuesto, divertido y demasiado bueno en la cama, tanto como recordaba que Royce lo había sido. Tal vez eso es lo que me había hecho pensar que sentía algo por él, el sexo. Uno que venía buscando desde que tenía 17 años y que había probado solo una vez. No había tanta diferencia de edad entre nosotros, pero me hacía sentir a salvo, cuidada… tanto que mi corazón había tratado de comenzar a descongelarse del sueño helado en el que lo había metido, pero sin darme cuenta de que él también iba a lastimarme.
Sabía que él y Royce no eran la misma persona, mi cerebro lo entendía, pero era mi corazón el que se negaba a verlo. Y yo no iba a dejar que este se continuara rompiendo aún más, no si podía evitarlo.
Los hombres encantan a las mujeres, las seducen, las hacen creer que puede tener eso que nadie más puede darles. Yo sabía eso, y por ello yo hacía exactamente lo mismo, pero con ellos. Era encantadora y seductora, divertida, compañera y comprensiva. Algunas cualidades, que si eran mías y reales, pero otras, había aprendido a controlarlas con el tiempo. A ser paciente y comprensiva…. Esas definitivamente no servirían para describirme. Entonces los hombres que pagaban, podían tenerme solo por un tiempo, pero nunca iba a ser suya o iban a enamorarme. Nunca iba a entregarme por completo de nuevo.
Ni siquiera con Emmett. Siempre había estado un paso atrás, miedosa, temerosa…
Mientras él había dado todo de sí. Lo bueno y lo malo.
Había sido una perra insensible, como hubiera dicho un hombre, pero lo había hecho para terminar solo con el daño mínimo y necesario, no más que eso.
Usaba el humor, la ironía y el doble sentido, para no involucrarme, lo sabía y era consciente de ello. No era tonta y no dejaba que nadie me manipulara…. Bien no psicológicamente. Lo del aspecto físico es algo diferente cuando te acuestas con tipos que tienen temperamentos y gustos sexuales muy diferentes.
Analizaba demasiado las cosas, creía incluso que pensaba demasiado. Y era justamente por eso que me mantenía ocupada, lejos de mi cabeza que solo conseguía auto boicotearme.
Claro que eso no evitaba que me sintiera vacía, como si nada importara, como si mi vida ni nada de lo que estaba haciendo tuviera sentido.
Solo esperaba poder empezar de nuevo cuando terminara con ello. Tratar de…hacer un vida normal, si es que había alguna forma de hacerlo.
Bien, este fue un capitulo muy largo, y queme tomo bastante tiempo escribirlo. Fue difícil resumir toda la vida adolescente de Rose en un capitulo, pero creo que me las arregle bastante bien.
Se que tardé más de lo que venia tardando en actualizar, pero estoy trabajando en mi tesis de grado para obtener mi titulo en la universidad y de verdad quiero presentarla antes de fin de año y asi poder recibirme.
También quiero terminar le fic, desde luego, no teman por que no voy a abandonarlo. Además, ahora solo nos quedan 4 capítulos para el final. Lo aclaro por si acaso, por que algunas chicas me preguntaron cuantos mas quedaban, así que ahora lo saben.
Ah y finalmente decidí hacer un capitulo del punto de vista de Emmett. Será el anteúltimo capitulo de la historia y aun esta en proceso, pero se que va a gustarles mucho.
Tratare que el siguiente capitulo no demore tanto en subirlo.
Espero sus reviews!
Que tengan un gran fin de semana mis lectoras!
Saludos y gracias por seguir leyendo y comentando.
Bella McCartney Darcy
