CAPÍTULO I - EL ORIGEN DEL CLAN YAGAMI
Hace 1800 años, la humanidad se había puesto en situación de peligro, debido a la aparición sobre la faz de la tierra del demonio Orochi. Su aparición pudo concretarse, debido al accionar de una secta de adoradores y descendientes de Orochi, quienes para poder romper el aislamiento del demonio, deciden ofrecer en sacrificio a 9 jovencitas vírgenes, para lograr su institución en la Tierra. Conscientes de la gravedad de esta situación, tres jóvenes representantes de los clanes más poderosos del Japón (el Clan Kusanagi, el Clan Yasakani y el Clan Yata), se juntaron para poder mandar nuevamente al demonio hacia su abismo dimensional. Para ello, decidieron reunirse e infiltrarse como adoradores del demonio para poder llegar hasta él. Una vez logrado el ingreso, tuvieron éxito embriagando al demonio con ocho copas de vino. Una vez que se encontraba indefenso, los amigos iniciaron el ataque. El representante del Clan Yata consiguió inmovilizar al demonio encegueciéndolo con un resplandor de luz, tras lo cual Kusanagi y Yasakani lo terminarían eliminando atacando con sus fuegos místicos. Una vez que el demonio fue eliminado, los tres amigos lo terminaron sellando y dividiendo el sello en tres partes, las cuales se convirtieron en los tres tesoros sagrados de Japón. A cada clan le fue entregado en custodia un tesoro, siendo entregada La Espada de Fuego al clan Kusanagi, el Collar Magatama al clan Yasakani y el Espejo de Luz al clan Yata.
Sin embargo, a la hora de los reconocimientos, el pueblo recibiría al clan Kusanagi como los verdaderos héroes de la batalla, mientras que a los otros dos clanes solo les darían reconocimientos secundarios. Esta situación despertó un sentimiento de envidia de parte del clan Yasakani hacia los Kusanagi, llegando a despertar deseos de odio por haberse llevado todo el crédito, por la batalla contra Orochi. El demonio, consciente de la debilidad del clan Yasakani, decide atraerlos hacia su red, buscando así una posibilidad fuerte de poder volver a manifestarse en la tierra. Para ello, consiguió atraer su atención, luego de que un descendiente de Orochi asesinase a la esposa del patriarca del Clan Yasakani. El patriarca enfurecido, acusó de ese crimen al clan Kusanagi, por lo que decidió definitivamente violar el pacto sagrado, rompiendo su parte del sello y cambiando sus flamas naranjas por las mortíferas flamas púrpuras de Orochi. Asimismo, para salvar la honorabilidad de su apellido, el clan decidió cambiar su apellido de Yasakani a Yagami. Sin embargo, como respuesta al pacto celebrado, el demonio se cobraría el "favor" otorgado de una manera muy cruenta: a partir de ese momento, cada vez que el clan iba a dar a luz a un descendiente, la madre del recién nacido debía morir al dar a luz, mientras que al padre, luego de un buen tiempo de haber criado a su hijo, le esperaba un trágico final a temprana edad.
En el siglo XX, tras casi dos milenios de haberse sucedido las acciones de la batalla de Orochi, nuevamente los clanes Yagami y Kusanagi volvían a verse las caras. Los representantes en esta época de ambos clanes eran dos jóvenes maestros en el dominio del arte místico: Saisyu Kusanagi, era el defensor contemporáneo del tesoro de la Espada de Fuego, uno de los tres sellos que mantenían cautivo al demonio Orochi, mientras que Tao Yagami era el representante del clan que rompiera el sello del Magatama que le fuera entregado en custodia. Un buen día, ambos hogares vivirían emociones dispares: Primeramente, el hogar de los Kusanagi se llenaría de júbilo con la llegada de su primogénito el cual fue bautizado como Kyo. Sin embargo, del lado de los Yagami, la tristeza reinaría con la llegada del nuevo heredero del clan. Al nacer el pequeño, que fue bautizado como Iori, se produjo el triste deceso de su madre. Por causa de ello, Tao odió desde el primer momento a su hijo, ya que al no haber podido derrotar a Saisyu (victoria que supuestamente le daría la libertad ante la maldición de Orochi) y habiendo concebido un sucesor, era consciente de que su final estaba muy cerca.
El tiempo pasó y tanto Saisyu como Tao entrenaron duramente a sus hijos para que siguieran sus pasos. En el caso de Tao, su forma de entrenar a Iori se basaba en pura violencia, haciendo que su hijo inspire odio hacia esa clase de prácticas y hacia cualquier tipo de relación humana. Sin embargo, un buen día del quinto año de vida de Iori, Tao conocería sin querer a una nueva muchacha que capturaría su atención. La joven estaba siendo atacada por cuatro malvivientes, a los cuales Tao exterminó utilizando todo su poder. Una vez terminado su combate intentó establecer contacto con la joven rescatada.
- ¿Te encuentras bien? - preguntó Tao con tono sombrío
- Sí... Muchas gracias. - contestó la joven muy asustada por el poco ortodoxo medio de rescate utilizado por su benefactor.
- ¿No te han hecho daño? - repreguntó Tao.
- No... Dije que no. - volvió a responder la joven y trató de huir del lugar.
- Espera... Por favor. No te vayas - pidió Tao. - Mira, lamento mi carta de presentación, pero me interesaría poder conocerte.
- ¿A mí? Solo me has rescatado de una pandilla de malhechores. No es motivo para un pedido tan importante. - respondió la joven aun más asustada.
- Es que... Mira, tal vez no es el mejor lugar, ni la forma adecuada de establecer diálogo... Pero me gustaría poder pedirte ayuda. Yo a ti.
- ¿Usted a mi? - preguntó la joven.
- Mira, es muy difícil de explicar... Soy padre de un niño y no tengo esposa. Murió al dar a luz - intentó explicar Tao.
- Por lo que necesitas una institutriz para que eduque a tu pequeño - interrumpió la joven adivinando el pedido de Tao. - Mire, si le parece bien, podemos llegar a un acuerdo. Solo dígame donde puedo ubicarlo.
Tao le explicó a la joven como ir hacia el dojo Yagami, para iniciar las tratativas para poder hacer que la joven se encargue de la educación de Iori, al mismo tiempo que él se encargaba de su formación marcial. Mientras lo hacían, la acompañó caminando hasta su casa. Una vez allí se despidieron.
- Hasta luego señor. Prometo no revelar nada de lo vivido el día de hoy - se despidió la joven.
- Hasta pronto niña. Y una vez más, lamento el haberte asustado de esa forma. - se depidió Tao, disculpándose.
- No se preocupe. Me ha salvado de una muerte segura. - respondió la joven
- Muy bien. A propósito, no me he presentado... Soy Tao Yagami, ¿Con quien tuve el gusto de tratar?
- Me llamo Lien... Abe Lien - respondió la joven.
Abe Lien, era diez años más joven que Tao y él la veía como una jovencita al lado suyo, a pesar de él contar con la edad de 30 años. Sin embargo, dentro suyo algo más empezó a florecer además del interés porque Lien eduque a su hijo... Algo que no sentía desde que había conocido a Okinu, la madre de su pequeño hijo.
