Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar aquí n.n

Segunda entrega del fic. Ahora que lo pienso puede que algunas partes de la oración reciban otras denominaciones según el país, pido disculpas por ello. De todas formas no es que vaya a ahondar demasiado en esto, habrá muchos aspectos del análisis que dejaré de lado para no embarullar innecesariamente. ¡Que se trata sólo de un fic, caramba! XD

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Lección N°2: Clases de sujeto


La adolescencia es un período hostil. Cualquier palabra, cualquier actitud, cualquier insinuación, por más nimia o fortuita que sea, puede servir de justificación para que el joven grite a los cuatro vientos que el mundo está en su contra, que las personas están en todo equivocadas y que nadie entiende nunca nada. Y, para colmo de males, constantemente desfilan frente a sus ojos esas extrañas criaturas reveladoras de enrevesados saberes –vulgarmente denominadas "profesores"-, que intentan convencerlo de la conveniencia de abstenerse de andar por la vida cual burro tras la zanahoria. Adolecer en la escuela se vuelve un calvario.

De este modo el adolescente –o estudiante de nivel secundario, que es casi lo mismo- debe enfrentarse cotidianamente a un sinnúmero de inconvenientes y soportar a una multiplicidad de seres de raza alienígena para lograr sobrevivir. Pues bien, el estudio de la sintaxis, junto con una abigarrada e insufrible lista de padecimientos escolares, figura entre los más traumáticos desafíos.

Según lo dictan las leyes naturales, el sentido común y las normas del buen gusto, es muy poco probable que alguna clase de adolescente llegue a congeniar con el conocimiento gramatical. Puede que este tipo de aprendizaje sea útil para nutrir nuestras capacidades expresivas y mejorar nuestro lenguaje, pero no por ello dejará de redundar en el disgusto, la amargura, la pataleta pueril y en el eterno resentimiento de la pobre víctima expiatoria. Cuánta humillación, cuánta desesperación, cuánta contundente reprobación difícil de compensar…

Quién no habrá soñado alguna vez con una oración retorcida y malhadada atacándole por la espalda, resumiendo en cada una de sus palabras el espanto universal. Y quién no habrá huido de su presencia estrepitosamente, aullando como niña, con el ingenuo convencimiento de que al despertar la pesadilla terminaría y continuaría su vida en paz. Luego, en la vigilia, la realidad de la tarea olvidada reavivaría los peores temores.

Nadie merece atravesar por tal suplicio. Asimismo, nadie en su sano juicio debería siquiera atreverse a acariciar la idea de dominar tales conocimientos. Sin embargo, Kurosaki Ichigo tuvo que reconocer que Rukia era sorprendentemente rápida para entender tanto como para practicar. La shinigami había terminado los ejercicios de clasificación en lo que dura un suspiro y redactó correctas estructuras sintácticas en menos de dos minutos. Lleno de estupor, cuando supervisó la labor tildó cada enunciado con un signo positivo, convencido de que tal despliegue de idoneidad lingüística no era nada natural.

Se habían acomodado en la mesa de la cocina. Estaban en pleno invierno y las tardes se hacían cada vez más frías, por lo que buscaron ese sencillo pero cálido cobijo. Sentados uno frente al otro, el chico se inclinaba sobre la libreta anotando los nuevos niveles de análisis que examinarían durante la clase.

-Ahora que ya reconoces el sujeto y el predicado, nos dedicaremos al primero. Sabrás que hay tres clases: el sujeto expreso simple –y anotó sacando una flecha la sigla "SES"-, el sujeto expreso compuesto –anotó "SEC" en otra flecha-, y por último el sujeto tácito –la sigla "ST" quedó registrada también.

Rukia asentía con la cabeza. Ichigo levantaba la vista de vez en cuando para cerciorarse de que ella seguía la explicación y, al verificarlo, se sintió satisfecho. Si bien le resultaba extraño haber adoptado ese nuevo rol, debió admitir que un poco le gustaba captar la atención de aquella manera. Que ella dependiera de él de un modo tan manifiesto era toda una novedad para su pequeña vanidad masculina.

Por otro lado, la experiencia de pasar su tiempo transmitiendo un conocimiento a alguien tan bien dispuesto a aprender le generaba un agrado diferente, una satisfacción que pocas veces había sentido. Jamás se hubiera imaginado que terminaría en ese lugar, pero habiéndolo asumido sin más alternativa, realmente ya no lo veía como algo tan malo, desusado o impropio. En todo caso, poco a poco le gustaba cada vez más.

Por su parte, Rukia asistía a las clases con gran expectativa, mitad porque en verdad tenía que redimirse en la escuela y mitad porque, si era honesta consigo misma, debía reconocer que le agradaba estar allí con él. Además, en las actuales circunstancias, se daba el lujo de descubrir un nuevo aspecto de la personalidad de su amigo. Por más ceñudo que se mostrase frente a ella cada vez que se sentaba a explicar, lo cierto es que el sustituto lo hacía con un compromiso y una generosidad que seguían maravillándola.

Así era Ichigo: en parte parco, en parte retraído, en parte apenas demostrativo. Pero también era considerado, sensible y noble. Y explicaba bastante bien.

-¿Me estás escuchando? –dijo de pronto él, distrayéndola de esas cavilaciones.

Rukia se abochornó.

-Sólo pensaba en lo que decías –disimuló.

-Sí, claro –ironizó él-. No lo volveré a repetir, enana, así que presta atención: el sujeto expreso simple es aquel cuyo núcleo es un solo sustantivo. Por ejemplo: "La mansión parece deshabitada." El núcleo es "mansión", el único sustantivo que hay en el sujeto. Ahora dime tú un ejemplo.

Rukia necesitó una fracción de segundo para pensarlo.

-"Asterix cruzó aquellas montañas con gran resolución" –recitó.

Ichigo puso los ojos en blanco.

-¿Por qué demonios tienes tiempo para leer historietas en medio de tantas clases de apoyo?

-El sujeto es "Asterix", sustantivo propio y, por lo tanto, el único núcleo.

-Deberías preocuparte más por los exámenes recuperatorios.

-¿Es un sujeto expreso simple o no?

-Nunca terminaré de entender esa fascinación tuya.

-¡Responde!

-A veces es como si no existiera otra cosa en el mundo.

-¡Responde a la maldita pregunta!

-¡Sí, lo es! Diablos… -masculló él. Pero, nomás para fastidiarla, en la libreta anotó un ejemplo diferente-: "Las… grandes… ciudades… poseen… amplias… avenidas…". Cuál es el sujeto.

-"Las grandes ciudades".

-¿Núcleo?

-"Ciudades". También es un sujeto expreso simple.

De nuevo había contestado acertadamente. Por momentos Ichigo no sabía cómo reaccionar, el intercambio con ella oscilaba entre el absurdo y la lógica sin solución de continuidad. Por esa causa se sentía agobiado pero, al mismo tiempo, motivado, y esa desacostumbrada fluctuación interna lo confundía todavía más.

Las disputas entre ellos siempre fueron infantiles, pero ahora se hallaba realmente contrariado. Se le ocurrió pensar que, al darle clases de gramática, estaba proveyéndole de nuevas armas nada menos que a su "enemigo mortal" en cuanto a confrontaciones verbales, ofreciéndole quizá sutiles vericuetos sintácticos para contribuir a un progreso expresivo que, a la larga, redundaría en su propia destrucción. Una persona en su sano juicio evitaría caer en semejante contradicción.

Se trataba de un asunto verdaderamente inquietante. Decidió pensarlo con más detenimiento en cuanto tuviese la oportunidad.

-El sujeto expreso compuesto posee, en cambio, dos núcleos –prosiguió, anotando lo que decía-. En la oración "Contribuyeron a su derrota el frío y la escasez de provisiones", ¿cuál es el sujeto y cuáles son sus núcleos?

-Es fácil: el sujeto es "el frío y la escasez de provisiones", y los núcleos son "frío" y "escasez" –respondió Rukia.

-Si fuera tan fácil no habrías desaprobado el examen –comentó Ichigo con sequedad.

Rukia lo fulminó con la mirada.

-Guárdate los sarcasmos para ti, idiota –replicó.

-Y tú guárdate el exceso de confianza, que al fin y al cabo por algo estás tomando lecciones.

-Oye, cabeza hueca…

-Y por último –interrumpió él elevando la voz para apisonar el contraataque-, el sujeto tácito es aquel que debe reponerse en la oración por medio de un pronombre, ya que está omitido. Por ejemplo: "Dejemos la discusión aquí", cuyo sujeto sería "Nosotros" -se burló.

Rukia lo miró con irritación. Tenía los brazos cruzados y se limitó a reposar sobre el respaldo de la silla mientras observaba con creciente indignación cómo Ichigo buscaba ejemplos en la libreta de ejercicios para que ella clasifique.

Si el tipo pensaba que iba a salir airoso del combate tapándole la boca, estaba muy equivocado.

-"En el jardín crecían rosas y jazmines". ¿Tipo de sujeto?

-Tú y tus rosas –farfulló Rukia-. ¿Ya florecieron…? Ah, ¡cierto!, la primavera aún no llega –dijo con sorna.

-¿Tipo de sujeto? –repitió él sin hacerle caso.

-Sujeto expreso compuesto –contestó ella con desdén-. "Rosas" y "jazmines" serían los núcleos correspondientes.

-"Llegaré tarde".

-Sujeto tácito. Se repone con "Yo".

-"Mis mejores amigas vendrán conmigo".

-Sujeto expreso simple. El núcleo es "amigas".

El shinigami sustituto leyó algunas oraciones más y ella las clasificó correcta y categóricamente, una tras otra, casi sin respirar. No cometió ni un solo error por más que en ocasiones el sujeto estuviese en el medio de una oración kilométrica o los núcleos se perdiesen entre extensos modificadores, tema que verían en breve. Fue meticulosa, precisa, lapidaria. En suma, Rukia era una alumna de temer.

Entonces llegó el momento crucial. Esta vez la shinigami debía formular sus propias oraciones según la estructura propuesta, y aunque Ichigo intuyó que lo lamentaría, no le quedaba más remedio que soportarlo. El proceso pedagógico así lo exigía y desde un principio sabía que tendría que exponer su propio cuello si quería favorecerla. A veces la docencia es una profesión de riesgo.

-Ahora dime tú una oración con sujeto expreso simple –pidió encomendándose al cielo.

-Hoy ya te he dicho una.

-Pues dime otra.

El rencor es una materia oscura que echa raíces profundas en nuestras almas para crecer luego con un poder retorcido y destructor. Rukia se pasó la lengua por los labios, fatídica. El tipo lo estaba pidiendo. Por supuesto que no dejaría pasar semejante chance para vengarse de su último desaire, Ichigo iba a aprender a fuerza de bofetadas sintácticas a no interrumpir jamás el discurso de una mujer.

-"Mi profesor de matemáticas es un verdadero genio" –disparó.

Ichigo la miró con sorna. Si pensaba herirlo con eso, entonces lo había subestimado.

-Muy bien –aceptó sin hacer comentarios-. Ahora dime una con sujeto expreso compuesto.

-"Tus ínfulas de buen muchacho y tu expresión sobradora me tienen sin cuidado".

Esa precisión sintáctico-desafiante logró remover en el joven cierta cantidad de resentimiento. Le clavó una mirada gélida pero logró mantenerse en sus cabales, sabía perfectamente que si llegaba a acusar recibo de esos ataques estaría perdido.

-Muy bien. Ahora dime una con sujeto tácito –pidió con un autocontrol envidiable.

-"Eres un cretino" –masculló ella.

-¿Perdón? –Esta vez Ichigo no logró dominarse a tiempo.

-"Actúas como un idiota."

-Me lleva el diablo…

-"No tienes paciencia", "Deja de mirarme con cara de bobo", "¡No me interrumpas nunca más en tu vida!". ¿Quieres que siga, sensei?

-Enana endiablada…

-¿No son oraciones con sujeto tácito?

Ella le sonrió con suficiencia. Ichigo se pasó la mano por la frente, impotente ante esa arma de destrucción masiva que sin querer le había otorgado: el poder del lenguaje bien utilizado.

Lo meditó, en verdad que meditó seriamente en las alternativas. Si quería podía largarse de allí para que se las arregle sola, esa sí que sería una revancha perfecta. Sin embargo, el sabor de tan tosca victoria sería temporal. Más tarde o más temprano lo viviría con culpa.

La otra posibilidad era pensar en las oraciones antes que ella. Es decir, entrar en su juego lisa y llanamente. Pero Ichigo sabía muy bien que se metería en una camisa de once varas, pues históricamente era Rukia quien llevaba las de ganar en sus duelos verbales. Y, por otro lado, al menos uno de los dos debería actuar como un adulto en esa relación.

No tenía más opciones que seguir conteniéndose. Permanecería allí pero no retrucaría; la escucharía pero no se mostraría afectado por sus palabras; le enseñaría y luego se mantendría al margen de su descarada inventiva, de lo contrario ella se ensañaría aún más. Esto era la guerra sintáctica declarada y él elegiría replegarse.

-¿Tendré que reponer el sujeto de cada oración? –lo pinchó ella al notarlo tan silencioso.

-No, gracias –dijo él, fiel a su táctica.

-¿Por qué no repasamos? ¿Qué tal algunas oraciones más con sujeto tácito? Me gustan.

-No es necesario –se apresuró a responder Ichigo, cerrando las libretas.

-Vamos, Ichigo, sin práctica no se fijará lo aprendido.

-Ya hemos practicado lo suficiente –persistió él. Jamás claudicaría ni por nada del mundo cedería a su provocación, era la única forma de combatirla.

Pero Rukia no era ninguna tonta.

-¿Qué tal la oración "Los shinigamis sustitutos se acobardan"?

Ichigo, sin detenerse a pensar en la trampa, le clavó una mirada de triunfo. No por el contenido sino por el fallo evidente en cuanto a la estructura sintáctica que ella misma había propuesto, le resultó imposible evitar el funesto –y rápido- quiebre de su esforzado estoicismo.

Fue así que se sintió en el súmmum de la epifanía gramatical. Dejándose llevar por el momento, por la rabia contenida y por las imperiosas ansias de ganar que venía reprimiendo, olvidó con torpeza imperdonable sus anteriores prevenciones y la apuntó con un dedo acusador, exultante.

-¡Te equivocaste! –Casi gritó de la emoción-. ¡Esa oración tiene sujeto expreso simple, no tácito!

-¡Y tengo más de esas si es que las quieres!

-¡Me importan un rábano tus oraciones!

-¡Te diré cada una que se me cruce por la cabeza, estúpido!

-¡Prefiero las de tus cómics!

-¡¿Acaso te crees mejor que yo para los sujetos tácitos?! –se indignó ella al analizar mentalmente el último enunciado tanto en su estructura como en el contenido-. ¡Tengo más de ciento cincuenta años de edad, imbécil, así que conozco más clases de sujetos que tú!

-¡Sabía que en algún momento harías esa broma estúpida, enana!

-¡Me importa un comino! ¡Y más enana será tu determinación para evadirme, idiota!

En el in crescendo de la discusión habían adelantado tanto sus rostros sobre la mesa que casi estaban nariz con nariz, echando chispas por los ojos. Era uno de los intercambios más insensatos que hayan tenido y, al percatarse de eso, se sonrojaron irremediablemente. Sin embargo, les resultaba tan estimulante hablarse de ese modo que en el súbito silencio que siguió a la reyerta se sintieron terriblemente incómodos.

Al darse cuenta de ello ambos retrocedieron al mismo tiempo, como si se repeliesen. Luego, se tomaron algunos instantes para recuperar la calma y volver a sus sentidos. De tanto en tanto se lanzaban furtivas miradas, atentos al próximo paso del otro. Lógicamente, ninguno quería ser el primero en ceder.

Pero por fortuna ninguno de los dos tuvo que realizar semejante acto de humildad, el gong del reloj de la cocina resonó anunciando que la hora destinada a la clase ya había finalizado. Rukia miró al inocente aparato con encono e Ichigo lo hizo con gran irritación. Era el cese definitivo de las hostilidades.

Al fin y al cabo ambos habían cumplido con su objetivo esencial: una, aprender; el otro, enseñar. Que fueran expertos en explicar y entender la gramática oracional y completamente irracionales en lo que atañe a la comunicación era otro asunto. Tal vez pudiese adjudicarse a los caprichosos azares del destino lingüístico que toda persona debía transitar, o a que todavía desconocían otras formas de relacionarse, la cuestión era que así se llevaban y nadie los había obligado a eso.

Rukia comenzó a guardar sus cosas.

-Me voy a mi clase de ciencia –dijo con sequedad.

-Hmm –profirió Ichigo en tono neutral.

Cuando terminó de recolectar los útiles escolares, Rukia se levantó y se dirigió hasta la puerta. Antes de traspasarla se detuvo, pareció pensar en algo y finalmente se volteó para hablarle. Ichigo también se había levantado y la observaba.

-"La clase estuvo bien", "En la heladera faltan la carne y el jugo", "Llegaré para la cena" –dijo ella con severidad y corrección gramatical.

Ichigo se quedó atónito. Así se llevaban, nadie los había obligado, pero lo más extraño del asunto era que todavía no hallara el modo de desenvolverse con ella. Rukia lo sorprendía y lo descolocaba con suma facilidad.

De nuevo lo acometió la contrariedad, el conflicto, la vacilación, porque por fin advirtió lo que lo había estado aturdiendo realmente: esa forma única que tenían de entenderse no sólo le irritaba, también lo atraía.

Vaya conclusión… ¿Desde cuándo tenía esa clase de pensamientos? Ichigo se enojó, se asombró, se sublevó ante la sola idea y, por último, se perturbó. He allí que de repente surgían varias cosas inesperadas en las que tendría que meditar.

Después de unos segundos de silencio, carraspeó para disimular su desconcierto.

-Vete de una vez –le dijo con fingido disgusto.

Mientras salía por la puerta de calle, Rukia sonreía y se preguntó por qué. ¿Sería por haberle ganado una vez más? ¿Sería por la satisfacción de haber sido ella la primera en ceder? ¿Sería por alguna cosa que no recordaba? Daba igual. De lo único que estaba segura era de lo agradecida que se sentía por tenerlo de nuevo a su lado, aunque fuese sólo para pelearse. Mejor eso a tener que seguir extrañándolo.

El chico se quedó parado mirando la puerta de la cocina y así permaneció durante unos minutos sin darse cuenta de su abstracción. Finalmente sacudió la cabeza para volver en sí. Luego fue hasta la mesada, llenó la tetera eléctrica de agua y la conectó.

Cuando el té estuvo listo volvió a tomar asiento. Era maravilloso sentir el calor de la taza entre las manos. Se preguntó si Rukia antes de irse a la Sociedad de Almas había recogido algún abrigo, pues cuando volviese al mundo humano ya sería de noche y haría más frío.

-¡Qué tonto! –murmuró para sí al descubrirse pensando en ella de ese modo… de nuevo.

No obstante, la cadena de razonamientos siguió su curso. Así, concluyó que la shinigami podía mostrarse dura y belicosa, iracunda e intimidante, pero él sabía muy bien cómo era ella en verdad. Rukia era una luchadora, una joven que batallaba para superarse, para ser mejor, para aprender. Si se trenzaba en esas absurdas discusiones era porque la conocía, porque le gustaba lo que le generaba adentro, porque sólo con ella podía abrirse y ser auténtico sin temor a parecer débil. A Ichigo le gustaba cómo era él cuando estaba a su lado.

Enfrentarse así con una persona cualquiera no sería lo mismo. Entre ellos había tanta confianza que jamás necesitaron observar formalidades ni pretender algo que no eran, ni decir banalidades. Hablaban de frente y sin tapujos porque sabían muy bien a quién tenían adelante, y esa clase de vínculo era un regalo precioso que se ofrece pocas veces en la vida. Ichigo era muy conciente de eso, lo agradecía y se esforzaba por cuidarlo.

Mientras bebía su té, abandonadamente, siguió pensando en ella y en ellos dos juntos en tantas circunstancias. De pronto se sintió tan solo ahí sentado que no tuvo mejor idea que irse también. Terminó su té de un trago, se levantó y fue hasta su cuarto. Una vez allí buscó su insignia de shinigami sustituto y pasó al modo espiritual.

De todos modos ya había cumplido sobradamente con sus labores cotidianas, nada ganaba con quedarse a esperar. Se deslizó de techo en techo hasta la tienda de Urahara, sin registrar cuán contento se sentía. Si se apuraba un poco tal vez llegaría a tiempo para alcanzarla en el Seireitei y acompañarla de regreso.