Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar aquí n.n

Tercera entrega de este fic que he disfrutado tanto escribir. Odio justificarme, pero la verdad es que no he tenido oportunidad de dedicarle tiempo de edición -mejora y corrección- a este capi, por lo que si ven párrafos demasiado extraños, oraciones incomprensibles o palabras desconcertantes, tengan a bien ser pacientes y tolerantes con la esquizofrénica autora.

Hoy más que nunca, disculpen por los posibles fallos u_uU

Gracias por leer :D


Lección N°3: El sujeto y sus modificadores


"¡Qué irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!", dice Soren Kierkegaard. ¿Quién podría discutir la legitimidad de tal afirmación? La mayoría de las veces somos lo que hacemos, y en muchas ocasiones somos también lo que decimos.

Por eso, y teniendo en cuenta que suele usarse con bastante torpeza esta preciosa herramienta de comunicación, cierto edificio de puertas abiertas cual fauces de criatura de pesadilla, situado contra un cielo tormentoso y lúgubre, de funestas murallas aisladoras –mal llamado "escuela"- intenta fomentar a través de diversas áreas específicas la correcta apreciación y utilización del lenguaje. El estudiante, lógicamente, se rebela.

¿Cómo se debería obrar, entonces, pese a comprender la importancia de adquirir tal aprendizaje? La respuesta es simple: el estudiante agradecerá encarecidamente al docente responsable por su paciencia y dedicación, y a continuación se dará a la fuga por la ventana más próxima.

Por supuesto, los protagonistas de esta historia nunca se permitirían tal cobardía. ¡La dignidad ante todo! Esa noche el hollow que habían estado persiguiendo aulló lastimosamente por última vez y comenzó a desintegrarse, pues el corte de Zangetsu había sido limpio y preciso. Luego Ichigo envainó y se volteó para ver cómo le iba a su compañera.

Rukia chequeaba su móvil para detectar nuevas señales. Después de un rato lo cerró y se dirigió al shinigami sustituto.

-Parece que todo está tranquilo –comentó-. Sin embargo, los del doceavo escuadrón informaron que han detectado una variación en la energía, pequeña pero significativa. Puede que pronto aparezcan más hollows.

-Entiendo.

Estaban apostados en la terraza de un edificio del centro de Karakura. Desde allí podían verse las luces del tránsito al igual que si fuesen luciérnagas y los automóviles como si fuesen miniaturas de colección. Ichigo pensó que era una suerte que al menos todas esas personas pudiesen transitar en paz y con normalidad, ajenos a sus acciones.

No era su caso. Él tenía conciencia, sabía, veía y luchaba, ser shinigami se había convertido en algo mucho más trascendental que una obligación o un simple compromiso. Los meses que habían transcurrido desde que perdiera sus poderes le parecían ahora un malhadado sueño del que tuvo la fortuna de despertar. Se sentía satisfecho.

-Será mejor que por ahora nos quedemos aquí haciendo guardia –dijo Rukia, sentándose en el suelo de la azotea.

Ichigo se aproximó hasta ella y se acomodó a su lado.

-¿Crees que tardarán mucho en manifestarse?

-No tengo idea.

-¿Qué podríamos hacer mientras tanto?

La pregunta reverberó en el aire. Rukia alzó los ojos y con ellos recorrió el cielo, en cambio Ichigo permaneció mirando el piso, pensativo.

Cualquiera que hubiese escuchado, viéndolos allí solos, jóvenes, bellos y aburridos, se pondría a considerar toda una serie de alternativas. ¿Jugar a piedra, papel o tijera? ¿Enumerar las películas protagonizadas por el actor favorito? ¿Contar hasta cien en francés? ¿Competir para ver cuánto tiempo se aguantaba uno sin respirar? ¿O habrá cosas más interesantes para hacer?

La shinigami resolvió el interrogante en forma práctica.

-Enséñame los modificadores del sujeto –demandó.

Ichigo la miró con fastidio.

-¿Tú crees? –se burló-. Demonios, enana, estamos en medio de una misión.

-¿Y qué?

-Tampoco es hora de clases.

-¿Y qué?

-¡No tenemos ni siquiera donde escribir!

-¡Y qué! –porfió Rukia, irritada-. Sabes que prestaré atención a cada cosa que digas, cabeza hueca, yo misma me dedicaré a anotarlo todo mañana mismo.

En su mente, el sustituto trató de recabar argumentos. Seguir con las clases de análisis sintáctico era lo último que quería hacer esa noche.

-Si aparecen los hollows tendremos que interrumpir la clase y será problemático –intentó.

-Eso lo resolveremos cuando de verdad aparezcan –replicó ella.

-No puedo explicar si no tengo algo para escribir.

-Si yo puedo entender, tú puedes explicar.

-¡El tema de hoy es más largo de lo habit…!

-¡Por eso mismo deja de perder el tiempo con estupideces, idiota! –se hartó ella, encarándolo con ceñudo semblante-. ¡Empieza de una vez!

-Enana del demonio –masculló él.

Ichigo se abofeteó interiormente. ¿Por qué maldita razón se esforzaba tanto por sostener una reyerta con ella cuando él mejor que nadie sabía desde el principio que estaba perdida? ¿Es que con los años se hacía más lento, irracional, masoquista? La chica podía frustrarle cada intento de triunfo con suma facilidad, jamás debería olvidarse de ello.

Resopló, molesto consigo mismo más que con su amiga. Era lógico que si pasaban juntos mucho tiempo terminarían riñendo por cualquier tontería: si no eran los hollows eran las katanas, si no eran los entrometidos tenientes era su hermano mayor, si no era el Seireitei en pleno era el cargoso de su padre. Cualquier excusa les convenía, ninguno de los dos podía mantenerse taciturno durante un lapso demasiado largo.

Y ahora se sumaban las clases de apoyo… Un motivo más para estar juntos, para pasar el tiempo y para discutir. Era definitivo: su debilidad y la sintaxis los habían unido para siempre.

-Psé, los modificadores del sujeto –farfulló con fastidio, desviando la mirada hacia el edificio más próximo-. El primero es el modificador directo y se abrevia MD.

-MD –repitió Rukia para memorizarlo.

-Las clases de palabras que cumplen esta función son los adjetivos en general, también los artículos y algunos pronombres.

-Adjetivos, artículos y pronombres.

-¿Entiendes de qué estoy hablando? –preguntó Ichigo de mala gana.

-Claro que sí, tonto.

-Más te vale –la amenazó él-. Por ejemplo, si digo "Las coloridas luces artificiales decoran la ciudad", ¿cuál es el sujeto, de qué tipo, y cuáles los modificadores directos?

-El sujeto es "Las coloridas luces artificiales", sujeto expreso simple, el núcleo es "luces" y los modificadores directos son "las", "coloridas" y "artificiales".

Ichigo asintió con la cabeza, medio pasmado, medio satisfecho. Para ese entonces ya no le asustaba tanto ese insólito despliegue de discernimiento sintáctico y procedió a concentrarse en su labor. Rukia en verdad era muy rápida para captar la idea y eso lo motivaba, además de hacerle sentir de nuevo esa sensación de complacencia tan fuera de lo común.

-Muy bien. Ahora dime una oración de sujeto expreso compuesto que contenga al menos cuatro modificadores directos.

Rukia lo pensó un poco. Él, por su parte, previendo lo que se venía, intentó atajarse.

-Si estás pensando en algún pasaje de tus cómics…

Un certero codazo en el brazo interrumpió la amenaza. Ichigo se frotó la zona afectada con una mueca en el rostro.

-Ya sé –dijo Rukia, pero aún se tomó unos segundos antes de completar el enunciado-: "La lucha constante y su encendida voluntad conformaban su esencia de guerrero" –recitó con fervor.

Ichigo puso los ojos en blanco. Ni siquiera lo tendría que haber intentado.

-¿Es que no usarás nunca tu propia imaginación? –le reclamó, aunque sabía que era inútil. Como la otra lo ignoró olímpicamente, no le quedó más remedio que resignarse a proseguir-. Sigamos, entonces –masculló-. Después está el modificador indirecto, se abrevia MI.

-MI –repitió Rukia.

-A diferencia del anterior no es una clase de palabra, sino una frase que comienza con una preposición… ¿Sabes cuáles son las preposiciones?

-Sigues preguntándome cosas absurdas.

Ahora Ichigo la miró directamente a la cara, bordeando la indignación. Era el preciso momento en que su paciencia comenzaba a acabarse, pensó Rukia con secreto deleite.

Porque desde que se había abierto ese nuevo panorama ofensivo-sintáctico, la shinigami alcanzó la verdadera autosuperación. Disfrutaba de esos intercambios en igual medida que el otro los padecía, jamás hubiese imaginado que las clases de gramática oracional serían sus favoritas. Con nadie más que con Ichigo se divertía de esa manera, o a costa del pobre.

-¡Si te lo pregunto es porque importa! –le espetó él-. Te lo advierto, pequeña engreída: si no sabes las preposiciones, ¡entonces nunca podrás detectar el modificador indirecto!

-¡No me amenaces, imbécil!

-¡Pues dímelas!

-¡No quiero!

-Rukia… -amenazó él.

Pero de pronto ella cambió por completo de actitud. Se acomodó el flequillo, se cruzó de brazos y exhaló con resignada solemnidad, componiendo un semblante relajado y meditativo.

-Debes aprender a confiar en tus amigos, Ichigo –dijo, con la serenidad del orador ateniense que disertaba antiguamente en el ágora-. Tus amigos son como tus hermanos, personas con las que has establecido un vínculo tanto o más estrecho que el de la propia sangre. Ellos te acompañarán cuando los necesites y lucharán por ti si estás en problemas. Si tienen que sacrificarse, lo harán sin vacilaciones, y si te dan su palabra, todo cuestionamiento estará de más. Yo soy tu amiga, tonto, soy tu aliada, conque no dudes de mí cuando hago lo que hago o cuando digo lo que digo. Y si digo que sé las preposiciones es porque las sé –concluyó.

El sustituto la miró con perplejidad. No podía ser posible… ¿Realmente había escuchado lo que había escuchado? Era el colmo de la estupidez.

-¡¿Por qué sales con esa mierda de discurso, maldita sea?! –se exaltó-. ¡Sólo estoy preguntando por las estúpidas preposiciones! ¡Si las sabes sólo dímelas y guárdate el resto!

Rukia suspiró con resignada compostura.

-"A, ante, bajo, con, contra, de, desde, durante, en, entre…"

-¡Está bien, está bien! –la cortó Ichigo, al borde del agotamiento físico, mental y espiritual-. Más te vale que las sepas todas. -Harto del tema, optó por avanzar a pesar del creciente e irremediable disgusto-. Si digo la oración "Las calles de nuestra ciudad brillan por las noches", cuál sería el maldito MI.

-Obviamente "de nuestra ciudad".

Ichigo estaba tan cansado que prefirió omitir cualquier comentario referido a su soberbia. Nada era tan obvio en esta vida, pensó él, absolutamente nada, sólo el hecho de que dictarle clases de apoyo se convertiría en un tortuoso viaje de ida.

-Ahora dime un ejemplo, y en lo posible uno normal.

Rukia compuso una diabólica semisonrisa.

-"El shinigami con cara de idiota tiene poca paciencia". Creo que está de más señalar cuál es el MI, pero si tienes dudas…

Ichigo la encaró con enfado. Pero en ese preciso momento, la alarma bienhechora vino a poner paños fríos en la situación, o de lo contrario hubiesen continuado refocilándose sin decoro en el sardónico barro de la provocación lingüística. Y tal vez ganas no les faltaban a ninguno de los dos. El teléfono móvil de Rukia fue el improvisado deus ex machina de la alienada representación.

En menos de un instante ella olvidó la diversión y él el enojo para proceder a movilizarse con gran agilidad en la dirección que les habían indicado desde la Sociedad de Almas. En poco tiempo, además, detectaron un significativo reiatsu.

-Allí –señaló Rukia con la cabeza.

Aproximadamente a dos calles de distancia una figura desproporcionada se movía con torpeza entre los edificios de la zona. En principio podría decirse que actuaba fuera de sí, como si estuviese perdida, sin embargo Ichigo pronto notó que en realidad avanzaba tras una presa humana.

El espíritu de la mujer la había visto, no cabía duda, pues corría llena de espanto. Ichigo se lo hizo notar a su compañera y ambos se lanzaron con mayor velocidad para alcanzar a la bestia.

La criatura era de un tamaño poco común, por eso le costaba tanto desplazarse por la calle. Apenas si cabía entre las marquesinas de los edificios, entre los que pasaba rozando y provocando desmoronamientos de material. Los jóvenes supieron que debían apresurarse si querían evitar que hiciera más daño.

Por fortuna la mujer logró alejarse. Con sólo intercambiar una mirada Rukia e Ichigo acordaron una pequeña estrategia y la shinigami avanzó más rápido para poder ubicarse por detrás de la criatura. Después Ichigo se le colocó delante, estorbándole el paso. De ese modo, la tenían rodeada.

El primero en atacar fue Ichigo. Tomó impulso y se elevó hasta colocarse a la altura de su esquelética cabeza para cercenarla con su zanpakutou. No obstante, en menos de un segundo optó por cortar las extremidades, pues no había saltado lo suficientemente cerca como para hacer el tajo definitivo.

Fue así que, luego de fraccionarse su cuerpo, el hollow comenzó a proferir alaridos escalofriantes. Rukia, desde su posición, se encargó de hacer el resto.

-Sode no mai, ¡Hakuren! –exclamó, y una serie de descargas de hielo cayó sobre la criatura, congelándola de forma instantánea. Después, con un corte limpio de su espada, finalmente se disolvió en un oscuro manto de partículas.

A continuación, cada uno de los jóvenes se dirigió al encuentro del otro.

-Nunca había visto un hollow tan grande –comentó Ichigo una vez que estuvo a su lado-, al menos en lo que hace a su categoría.

-Todavía pueden aparecer, de vez en cuando, hollows que no se ajustan a nuestros parámetros –explicó ella-, las presencias sobrenaturales no están obligadas a respetar nuestras clasificaciones, es inevitable. En lo personal, creo que es bueno que podamos seguir sorprendiéndonos en el trabajo.

Ichigo sonrió de lado.

-Tal vez –admitió.

Un rato después de notificar lo sucedido recibieron el mensaje de que ya no se detectaba ninguna anomalía espiritual, por lo que los liberaron del patrullaje. Ichigo se sintió aliviado. Pese a que agradecía mucho haber recuperado esa forma de vida, las horas de sueño que le demandaba comenzaban a hacer estragos en su cuerpo. Lo que más quería hacer a esas alturas de la noche era dormir, y así se lo dijo a Rukia.

De camino a casa, avanzaron de azotea en azotea con el corazón tranquilo. Después de la batalla los exaltados ánimos se habían calmado. El chico recordó entonces las obligaciones contraídas, por lo que decidió repasar el tema del día.

-Dime una oración con dos modificadores directos y uno indirecto –pidió.

-¿No eras tú el que se negaba a estudiar dadas las presentes circunstancias? –señaló Rukia, extrañada.

-La misión ya terminó –se limitó a decir él.

-Pero en estos momentos estamos saltando de casa en casa –creyó oportuno indicar ella.

-El ejercicio físico ayuda a pensar –replicó Ichigo con pasmosa serenidad.

Definitivamente, Rukia jamás terminaría de descifrar la naturaleza humana, en particular la masculina. Después se quejaban de que las mujeres eran ciclotímicas e histéricas… ¡Al demonio con todos ellos! Encogiéndose de hombros, dándose por vencida al respecto, se tomó unos instantes antes de contestar.

-"Los gigantescos hollows de esta ciudad son difíciles de aniquilar".

Ichigo puso los ojos en blanco.

-¿Alguna vez me dirás un maldito ejemplo normal?

-Al menos yo no recurro a las "rosas florecientes" cada vez que necesito un ejemplo.

-¡Yo tampoco lo hago siempre!

-¿Entonces te molestan las frases autobiográficas?

-Me molesta que lo hagas para molestarme, enana.

-La teoría debe llevarse a la práctica, Ichigo, recuérdalo.

-No pretendas actuar como si fueses mi maestra, pequeña engreída.

-¿A quién le dices pequeña, idiota? ¡Ya van más de dos veces esta noche!

-"La pequeña shinigami sin modales molesta todo el tiempo" –se burló él.

-"El estúpido sustituto sin cabeza sólo dice insensateces" –contraatacó ella.

-"La hermana menor de Kuchiki Byakuya, una chica molesta, necesita clases de apoyo".

-¡¿Y qué demonios tiene de malo?! –se indignó ella.

-¡Allí no hay modificadores! –señaló él con gesto triunfal.

-¿Y qué clase de modificador es "una chica molesta", estúpido?

-Es una aposición, ¡ja!

-Maldita sea –masculló Rukia lanzándole una furibunda mirada-. ¡No vuelvas a ocultarme ese tipo de información!

Ichigo sonrió. Parecía una meta imposible, inalcanzable, pero sin darse cuenta, sin buscarlo, al menos había conseguido estar a su nivel. Aunque sea sólo por esa única vez.

Había extrañado hasta la desesperación ese lado de él, ese lado que era su reiatsu, Zangetsu, su capacidad de ver donde nadie más podía, su oportunidad de entrar en otro pliegue de la realidad. Sólo allí se sentía realmente completo, sólo allí lograba encontrar el sentido de las cosas. Y allí también estaba Rukia.

La observó de soslayo, constató una vez más la verdad de su presencia. En numerosas ocasiones había soñado con esas experiencias, con su compañía, con sus ojos severos y confiables, y cada una de esas noches había tenido que despertar para toparse solamente consigo mismo, con su soledad, con su insatisfacción. Contar con ella de nuevo casi le parecía un milagro.

Por nada del mundo cambiaría lo que se le había conferido. Durante esos largos y tediosos meses en que no fue nada ni nadie, Ichigo entendió que aunque como shinigami no se salvaba del sufrimiento, como humano ni siquiera tenía armas para defenderse. Siendo humano se quedaba afuera, rezagado e impotente, en cambio como shinigami podía hacer la diferencia.

Hubiera querido transmitirle todo eso a Rukia, compartir con ella su tristeza pasada, su plenitud actual y su lucha de siempre, porque ella entendería. Pero ninguna estructura sintáctica abarcaría por completo la magnitud de sus emociones. En todo caso, ya encontraría la manera de hacérselo saber a través de sus acciones.

Por su parte, Rukia también lo observaba. Él no lo notó, pero ella examinó su figura, su voluntad, la intensidad de sus poderes. Era el mismo Ichigo del que había tenido que despedirse tiempo atrás, aunque pudo vislumbrar también cosas nuevas, cosas que antes no estaban allí. La shinigami podía reconocerlas porque era la clase de huellas que imprimía el acontecer del tiempo, y tiempo era precisamente lo que había tenido Ichigo para madurar.

Era el mismo y, a la vez, era más. Rukia podía sentir que su corazón se inclinaba hacia él con mayor confianza y resolución. Cuán fuerte se haya vuelto al recuperar sus poderes carecía de importancia comparado con la fuerza que se abría paso en su espíritu y con la determinación de aferrarse a su destino que se anidaba en su corazón.

La shinigami quería demostrarle que era capaz de entenderlo sin ningún tipo de explicación. Lo que era él, lo que eran juntos, no necesitaba ser expresado con palabras. A fin de cuentas, se conocían más que nadie.

-"Ichigo, el muy idiota, siempre avanza a mi lado" –enunció-. Lógicamente, "el muy idiota" sería la aposición, no creas que se me escapó el detalle.

El aludido ni siquiera la miró al contestar, porque aunque la había escuchado, su mente divagaba todavía por otros rumbos emocionales.

-No molestes –masculló. Pero sonreía.