Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar aquí n.n

Ya pasamos la mitad del fic, parece mentira... Veremos cómo hace Ichigo para sobrevivir a esta nueva clase de análisis de oraciones. ¡Esfuérzate, Ichigo! XD

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Lección N°6: Los circunstanciales


Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha debido desarrollar diversas estrategias adaptativas para sobrevivir en su ambiente. Miles de años de evolución dedicados a mejorar tanto física como intelectualmente nuestra especie han definido este proceso, del cual el lenguaje forma parte.

Los antiguos griegos, por ejemplo, creían en la correcta utilización de las palabras más que en sus propias divinidades. La Retórica clásica era una disciplina especialmente cultivada entre los oradores, pues sólo mediante los argumentos racional y emotivamente mejor construidos podían dirimirse las problemáticas típicas de la vida en sociedad. Así, apelando al noble ejercicio del discurso apelativo se podía arbitrar en todo tipo de asuntos, desde el simple robo de una gallina hasta la conveniencia de invadir o no una nación.

Posteriormente, durante el medioevo, la Retórica pasó a formar parte de las Artes Liberales, agrupadas en los llamados Trivium y Quadrivium. El Trivium, compuesto por aquélla, la Dialéctica y la Gramática, constituían tres de los siete caminos por los cuales el hombre, mediante estos conocimientos generales y las destrezas intelectuales que implican, dejaría de ser un siervo (esclavo), para convertirse en un ser libre (de allí el término "liberal").

A lo largo de los siguientes siglos, numerosos nombres ha adquirido el estudio del lenguaje, su adquisición, uso y comprensión. Basta con señalar que ya en la última centuria la Gramática vino acompañada de la Lingüística y de otras tantas áreas específicas, como la Filosofía del Lenguaje, la Sintaxis, la Morfología, la Pragmática, la Fonética, etc. Para tan valiosa habilidad, esta exhaustividad analítica no hace más que demostrar el interés que ha despertado entre los eruditos más destacados de nuestra historia.

En suma, la evolución del lenguaje humano ha venido de la mano del resto de los avances disciplinarios y científicos, acompañando, supuestamente, el desarrollo intelectual.

Así es… Siglos y siglos de escrupuloso estudio, teorización y evolución lingüística para terminar, adentrados ya en el siglo XXI –epifanía de nuestro progreso-, pulverizando el lenguaje en el chat, en twitter, en internet y en los infames mensajitos de texto. Una vez más hemos corroborado que el último estadío es la destrucción.

Pero qué más da, lo positivo de esto es que Ichigo y Rukia tienen una excusa para pelear.

-¡No lo entendí! –repitió ella, caprichosa.

-¡Porque estás en las nubes de Valencia! –reclamó él, irritado.

-¡Cálmate, idiota, sólo se trata de oraciones!

-¡Pues entonces presta atención!

El escritorio de Ichigo bullía de papeles, anotaciones y nuevos cuadernos de ejercicios. El tutor y su alumna, furibundos, manotearon de aquí y de allá para aventárselos por la cabeza en la medida en que intercambiaban las correspondientes recriminaciones, tal vez algo cansados de la presunta sosería de los insultos habituales. Recurrieron a la agresión material nomás para amenizar la disputa verbal.

Cuando ya no les quedaron municiones para revolearle al otro, se dieron a la tarea de juntarlo del piso, bufando. Eso les llevó algunos minutos, pues adrede levantaban los diversos objetos de a uno por vez, aprovechando la ocasión para dirigirse miradas ceñudas cargadas de reproches, responsabilizando al compañero por el desorden, la conducta infantil y la pérdida de tiempo. Pero antes de continuar veamos cómo llegaron hasta aquí.

El resentimiento había dado inicio con el retraso de la clase. Debido a sus propias obligaciones escolares, Ichigo llegó al menos quince minutos después de la hora pautada, pero Rukia tampoco se hallaba en casa. Su ausencia le deparó cierto alivio –la culpa por la demora lo había carcomido durante todo el camino-, pero no tuvo mucho tiempo para regodearse en ese posible reclamo porque ella, ladina, tuvo la desfachatez de comparecer a la cita apenas un minuto después que él.

Aun así la shinigami se percató perfectamente de la falta cometida por su tutor, y acto seguido procedió a echárselo en cara. Él, a su vez, señaló el hecho de haber llegado antes que ella, pero de poco le sirvió. Cuando por fin se sentaron para empezar a trabajar, habían perdido casi media hora de clase en esos absurdos planteos de puntualidad tan típicos de las parejas.

Lugeo Ichigo anunció el tema del día: los circunstanciales, y a continuación expuso las cuestiones básicas para identificarlos. Fue allí donde comenzó el segundo round de la pelea.

Para sorpresa de Ichigo, a Rukia le costaba entender que los circunstanciales podían presentarse al menos de dos formas: o bien eran adverbios, o eran frases que empezaban con preposición. Esto último la confundió y, para disimular, se entregó al divague de reflexiones tales como "la cantidad de modificadores que empezaban de esa manera", "el notable abuso de las pobres preposiciones en el lenguaje cotidiano", "la falta de originalidad de la sintaxis" y las ganas de "enviar al predicado y a todos sus secuaces directamente al infierno". Cuando Ichigo, con paciencia infinita –y un muy poco atinado bombardeo de ejemplos-, se dio a la tarea de trabajar sobre sus dificultades, la shinigami se limitó a cruzarse de brazos y sintetizó su postura con un rotundo "No entendí", que desató el breve intercambio de antes.

Entonces, después de haber descargado la tensión y de juntar los papeles y demás útiles escolares que se habían arrojado, de nuevo sentados y –gracias al cielo- con cierto grado de serenidad recuperado, se dispusieron a continuar. Ichigo le encomendó a todos los integrantes del Seireitei el futuro de la clase.

-Sigamos con la clasificación, tal vez de ese modo lo entiendas mejor –farfulló. Tomó la lapicera para escribir mientras explicaba-. Hay varios tipos de circunstanciales, según respondan a las preguntas dónde, cuándo, cómo, cuánto, etc. Empecemos con un ejemplo: "El reloj está sobre la mesa", ¿cuál es el circunstancial?

-"Sobre la mesa".

-Muy bien. Ahora, si esa estructura sintáctica responde a la pregunta ¿dónde?, ¿de qué tipo de circunstancial se trata?

Rukia lo pensó durante un momento. Tenía que recordar la explicación anterior a la pelea y eso le demandó un poco de esfuerzo.

-Es un circunstancial de lugar.

Ichigo se asombró. Por más que hubiese rabiado de la explicación, finalmente la shinigami había entendido el tema con la misma rapidez de otras veces. ¡Era increíble!, pensó con indignación.

Durante unos segundos se quedó cortado, buscando por milésima vez una explicación racional para tal fenómeno de compenetración. La única conclusión posible era que estuviese predestinada a entender el análisis sintáctico –cosa para nada envidiable por cierto- o que su carácter sobrenatural se impusiera de alguna manera reforzando sus dotes intelectuales. El caso de Rukia era digno de ser investigado por los agentes Mulder y Scully.

Otra conclusión que extrajo con algo de bronca fue que la disputa había estado de más. Debía reconocer que, en ocasiones, sólo peleaban por deporte.

-Muy bien, veamos este ejemplo: "Por la tarde iremos de paseo". ¿Cuál es el circunstancial?

-"Por la tarde" –repuso Rukia-, y es de tiempo porque responde a la pregunta ¿cuándo?

-Perfecto. ¿Y si digo "El reloj está allí" y "Mañana iremos de paseo"?

De nuevo Rukia se tomó algunos segundos para responder. Cuando cayó en la cuenta de que se trataba de adverbios, casi colapsó. Él había tenido razón, ahora entendía bien la diferencia entre adverbios y frases cumpliendo la función de circunstanciales, y eso le dolió en el orgullo. Por esa causa se había desatado la pelea, por eso el bombardeo despiadado, pero admitir en voz alta su característica testarudez iba en contra de sus principios más sagrados. Se mordió el labio inferior, contrariada.

Sin embargo, algo tenía que decir. Ichigo la miraba con expectación, no con desafío, pero eso no tranquilizaba sus pruritos. Además tampoco le convenía equivocarse, porque eso también minaría su esforzada imagen de alumna inteligente. Debía decorar la respuesta con palabras geniales, rimbombantes, ingeniosas, cualquier cosa que la hiciese quedar cool sin dejar traslucir jamás que la explicación del chico había sido adecuada, mientras que su beligerante reacción había estado completamente fuera de lugar.

-Pero qué pregunta más tonta, Ichigo, ¡preguntarme semejante nimiedad! –exclamó con fingido porte de autosuperación-. Resulta obvio que "allí" es un adverbio de lugar, por lo que en la oración es un circunstancial de ese tipo, y que "Mañana" es un adverbio de tiempo, por lo que se trata de esa clase de circunstancial. ¿Crees que soy tan estúpida como para no advertirlo? ¿Crees que soy incapaz de identificar un mísero adverbio? ¡Ja! Cuando quieras hasta puedo dibujarte uno.

Ichigo la dejó hablar tamborileando los dedos sobre el escritorio, escrutándola sobradoramente desde el podio del que llevaba la razón. Cuando la joven terminó con ese descargo, ignorándolo olímpicamente, el susodicho continuó.

-Lo que tú digas. Ahora dime los circunstanciales y de qué tipo son en las oraciones "Reparó mal el televisor" y "Reparó el televisor con ineficiencia."

-"Mal" y "con ineficiencia", circunstanciales de modo. Responden a la pregunta ¿cómo? –se apresuró a responder ella, la menos interesada en retomar aquella rencilla.

-¿Y en las oraciones "Comí demasiado" y "Comí en demasía"?

-"Demasiado" y "en demasía", de cantidad. Responden a ¿cuánto?

-"Fui al cine con mis amigos."

-"Al cine" es de lugar y "con mis amigos" es de compañía, porque responde a ¿con quién?

-"Abrí la puerta con mis llaves."

-"Con mis llaves" es circunstancial de instrumento, responde a ¿con qué?

-"Compré entradas para el recital."

-"Para el recital" es de finalidad, responde a ¿para qué?

-"Vine temprano por las dudas."

-"Temprano" es de tiempo y "por las dudas" de causa, responde a ¿por qué?

-"Hablamos sobre oraciones."

-Ya lo sé, estúpido.

-No me jodas y responde a la pregunta.

-No se puede hacer ni un chiste.

-¡Los tuyos son chistes malos!

-¿Qué dices?

-Lo que oíste, enana engreída.

-Atrévete a repetirlo, cabeza de zanahoria –lo amenazó Rukia, formando un bollo de papel.

Adiós al circunstancial de tema que responde a la pregunta ¿sobre qué? Mientras la shinigami acopiaba nuevas municiones de papel, Ichigo masculló maldiciones. Una vez más cruzarían la línea de la violencia verbal para volcarse de lleno en la trifulca material.

Aquel ping-pong de preguntas y respuestas había sido tan edificante y armónico, que Ichigo apenas podía creer que hayan desembocado de nuevo en la vergonzosa senda de la hostilidad. En cualquier momento romperían su propio récord. A esas alturas ya no sabía cuál de los dos era el culpable, ni cuál tendría mejores chances de salir airoso. Mejor dicho, esto último era lo único que tenía muy en claro.

Rukia ya le apuntaba con la catapulta de su mano. De repente, en un rapto de iluminación, su instinto de supervivencia le mostró la clave salvadora. En el maravilloso y accidentado ciclo didáctico-pedagógico que conformaban ellos dos desde que comenzaran a analizar oraciones, nunca faltó la instancia de producción final que lo cerraba. Esta última indicación, fundamental para asentar los conocimientos adquiridos en las otras etapas, era lo único que podría distraerla de su repentina sed de guerra papelera.

Sin embargo, bien sabía Ichigo que ese as bajo la manga era el arma de doble filo más temible del universo oracional. El joven se halló entre la espada y la pared: o aceptaba el bombardeo y limpiaba luego, o se enfrentaba nuevamente con su espeluznante creatividad sintáctica. Una decisión difícil de tomar.

Pero Ichigo, el shinigami sustituto salvador de los dos mundos, aún no aprendía a retroceder. Al menos con la segunda opción todavía tendría la oportunidad de defenderse.

-¡Falta la última consigna! –gritó, cubriéndose el rostro con las manos.

Rukia había amagado con lanzarle la primera "bomba", pero sus palabras la frenaron. La mano en alto descendió y empezó a juguetear con el bollo de papel, expectante.

No era que ignorase lo que venía. Al contrario, lo estaba esperando con ansiedad. Pero Ichigo ponía caras demasiado divertidas como para hacerle más fácil el juego.

-Habla –ordenó.

Ichigo sudó frío. Él sabía que ella sabía, y ella sabía que él sabía que ella sabía. Sus miradas se cruzaron, recelosa la de uno, desafiante la de la otra. A lo lejos, se oyó el terrible clamor de los primeros truenos… porque el día estaba nublado y pronto llovería, lo que les vino de perlas para crear la atmósfera.

-Ya sabes –dijo él, reticente.

Rukia lo miró con una ceja levantada.

-No lo sabré a menos que lo digas, idiota.

El otro tragó saliva con dificultad. Necesitaba tiempo para pensar en sus propios contraataques.

-No es necesario –balbuceó.

Ella compuso una siniestra sonrisa.

-Oh, sí que lo es –replicó, morbosa.

La electricidad en el ambiente era demasiado palpable; la tirantez entre ambos, innegable. Sólo había que dar un paso, un pequeño paso, y caerían al abismo. Un estudiante de secundaria también se nutre del vértigo gramatical.

-Estoy esperando –canturreó ella.

Entonces el propio Ichigo ya no lo soportó más. Inspiró profundamente con los ojos cerrados, después exhaló con lentitud. A continuación la miró fijamente, y se arrojó sin paracaídas.

-Ahora dime tú un ejemplo de cada tipo de circunstancial.

Kuchiki Rukia tuvo la deferencia de no demorarlo más.

-"El sustituto llegó tarde a la clase", de tiempo y de lugar.

-¿Cuándo lo hice? –reclamó él, ofuscado.

-"¡Hoy lo hiciste!", cabeza de mandarina. ¡Otra vez de tiempo!

-"Al menos llegué antes que cierta señorita –ironizó él, molesto-, ¡porque tú no estabas aquí!", ¡de negación y de lugar!

-"¡Venía de mi clase de matemática, estúpido!" –replicó ella, ofendida-. Ahí tienes otro de lugar, ¡ya que te gustan tanto!

-A mí no me gustan los de lugar, sino los de modo –señaló Ichigo, sardónico-. "Algún día aprobarás tus exámenes con pura suerte." El de tiempo va de regalo.

A ella no le gustó nada la insinuación.

-Pues a mí me gustan los de instrumento. Y te lo advierto: "¡Falta muy poco para que te congele el trasero con mi katana!" ¡El de tiempo también va por mi cuenta, imbécil! ¿Crees que sólo tú puedes hacer oraciones con más de un tipo de circunstancial?

-"Probablemente nunca puedas congelarme", ¡si al final siempre soy yo el que te salva! –dijo él con aspereza-. Ahí tienes uno de duda y otro de negación.

-¿De duda? ¿También existe el circunstancial de duda? –Rukia estaba al borde de la indignación-. ¿Y cuándo pensabas decírmelo, pedazo de alcornoque?

La consecuente retahíla de oraciones cargadas de insultos y otros modificadores sintácticos se desarrolló con la misma escrupulosidad y corrección de costumbre. Las clases de apoyo de gramática podían ser conflictivas, pero jamás faltaban a los principios estructurales.

Cuando se cansaron de reclamarse todo lo que se les ocurrió en el momento, se tomaron unos minutos para hacer el relevo de los daños. Al igual que las veces anteriores no hubo ningún herido de consideración, exceptuando el amor propio. Porque por más que intentaran boicotearlo, el otro tipo de amor se conservaba intacto.

Los últimos minutos de la clase transcurrieron en relativa calma. Ichigo le asignó otros ejercicios de práctica y Rukia, como siempre, los resolvió con rapidez y exactitud. Incluso las oraciones más cargadas de circunstanciales pudo analizarlas correctamente. El chico, una vez más, debió admitir la satisfacción que le generaba verla mejorar.

Poco después dieron por finalizada la clase. Cuando Rukia preguntó por el tema de la siguiente tuvo que rumiar el fastidio de saber que el predicado tenía más modificadores aún. Hizo uno de sus habituales comentarios al respecto, señalando que "era injusto para el sujeto que el predicado lo acaparase todo", pero al ver el desdeñoso gesto de Ichigo, sólo por esta vez, se contuvo de continuar con esas observaciones.

Sin que él se lo pidiera, se abocó a juntar los bollos de papel que había armado y que al final se abstuvo de arrojar. Ichigo la miró con asombro, sin podérselo creer.

-Qué, ¿no puedo limpiar? –lo encaró ella.

-Yo no he dicho nada –bufó él.

Así, en silencio, Rukia reunió los bollos sobre el escritorio y se puso a buscar alguna caja o bolsa donde arrojarlos. Escudriñó en cada rincón del mueble haciendo movimientos tan bruscos que no calculó la corporeidad de Ichigo, quien parado a su lado ordenaba los libros. Fue así que, después de registrar algunos cajones, se irguió de súbito y chocó contra él, que justo giraba. Su cara golpeó de lleno contra el pecho de Ichigo, quien, por instinto, la rodeó con los brazos, por si la fuerza del rebote la impelía hacia atrás.

Durante un terrible instante se quedaron en esa postura, paralizada ella, estupefacto él. Rukia tenía los labios contra su camisa, pero alcanzó a elevar los ojos lo suficiente como para verle la cara, que miraba hacia ella con un color de piel varios tonos más elevado de lo habitual y el ceño contraído en una mueca de estupor.

Ichigo, para su pesar, sintió que el corazón lo traicionaba latiendo de una manera tan rápida como insensata, atolondrándolo a él y atolondrando sus ideas para salir del escollo. Demoró en entender que la chica no podía separarse de su cuerpo porque la tenía abrazada, sin fuerza, cierto, pero con inexcusable determinación. Y, para colmo de males, al cruzarse con sus ojos abiertos de par en par, en lugar de reaccionar pareció aturdirse todavía más.

Por su parte, Rukia no la pasó mejor. Le sostuvo la mirada como pudo, teniendo en cuenta que ni uno solo de sus traicioneros músculos hizo nada para sacarla de allí, para liberarla, para salvarla de aquella vergonzosa situación. Y, para peor, el maldito e inoportunamente masculino perfume de Ichigo invadió sus sentidos, distrayéndola de sus verdaderas intenciones.

El instante se transformó en segundos y los segundos se convirtieron en un minuto completo, eterno y bochornoso. Entonces, al igual que si se hubiese activado un caritativo resorte invisible, finalmente el cuerpo les respondió y dispararon cada uno a rincones opuestos de la habitación, silbando bajo y fingiendo indiferencia.

Jamás hicieron algún comentario al respecto. Aunque sí lo pensaron. Rukia, tímidamente, pensó que él era cálido, que su perfume era perfecto y que se sentía demasiado bien estar entre sus brazos. Ichigo, por su lado, y con igual cohibición, también pensó que ella era cálida, que su belleza era especial y que se sentía demasiado bien abrazarla.

Cuando los dos maldijeron a sus respectivos corazones por ser tan débiles y a sí mismos por ser tan cobardes, lo hicieron al mismo tiempo, pero también por separado y en silencio. Quizás en los asuntos del corazón, a diferencia del progreso del lenguaje humano, mantener cierta involución aún conserve su encanto.