Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo
Hola, gracias por entrar aquí n.n
Me está costando un poco actualizar, no sé si será problema de la página o de mi compu, al menos ya logré entrar en mi cuenta XD
Después de este sólo quedan tres capítulos más, tal cual prometí al comenzar el fic. Si no hago las cosas en el orden de lo planeado, lisa y llanamente, colapso. Tengo poca tolerancia para los imprevistos, y esto de tener problemas para subir el capítulo a tiempo puede transformarme en una criatura deforme y desesperada cuya imagen me avergonzaría bastante mostrar XD
En fin... Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
Lección N°7: Predicativo subjetivo obligatorio y Predicativo subjetivo no obligatorio
A esas alturas de los acontecimientos, Rukia apenas si podía dominar la ansiedad que sentía cada vez que se encaminaba a una nueva clase de apoyo con el shinigami sustituto. Experimentaba una urgencia distinta, una necesidad que crecía desde lo más recóndito de su ser y que se expandía hasta desbaratarle los sentidos, emocionándola y creándole expectativas. Aunque todavía no lograba entender qué era lo que en realidad esperaba.
Tal vez esos meses que estuvieron alejados fueron ciertamente perjudiciales. Ella recordaba muy bien la clase de afecto y el vínculo que había establecido con Ichigo, porque de hecho fue ese atesoramiento el que la motivó a secundar desde un inicio los planes de Urahara para restituir sus poderes. Estaba dispuesta a hacer lo que le dijeran sin cuestionar ni disentir, pero en ningún momento dudó de que el interés que la impulsaba fuese otro que el de la amistad más estrecha y sincera, la clase de amistad que se nos ofrece pocas veces en la vida.
En el presente hubo un cambio, un viraje, se produjo un inefable quiebre sin que hubiese podido evitarlo, ni predecirlo. Y lo peor era que ni siquiera podía identificar con exactitud qué fue lo que se rompió, qué pasó con los pedazos ni qué nueva forma se había gestado para reemplazar aquello. O sí lo sabía, sólo que quizá le asustaba la inusitada intensidad con que la acometía.
No es una buena idea, teniente Kuchiki, no es tiempo ni lugar para que te sucedan este tipo de cosas justamente con esa persona…
Por alguna misteriosa razón, Ichigo la había citado en la cocina. No era que fuese el lugar más insólito para una clase, pero ambos sabían que sólo en la habitación tenían la intimidad necesaria para concentrarse sin interrupciones. Sin embargo él insistió y a Rukia no le vino mal aceptar ese cambio de escenografía.
Para ese entonces, además, la shinigami había llegado a la meritoria conclusión de que la sintaxis no era ninguna joda. Cada oración encerraba un mundo, un engorroso cosmos configurado de palabras y de estructuras que debían tomarse en serio, un mundo que nadie debería subestimar. Ese mundo era la jungla y la única forma de sobrevivir era haciéndose más fuerte.
Por eso jamás retrocedería. Rukia atendía a cada palabra que leía o que escuchaba de su tutor, y practicaba el proceso pedagógico con disciplina marcial, pues sabía que la más mínima distracción podía ser fatal. Ejemplos de estudiantes confiados sobraban, y ella había visto a más de uno gimoteando la reprobación contra los fríos e indolentes azulejos de los baños del primer piso. Ella, en cambio, ni paspada se lo permitiría.
¿Qué diablos tiene el análisis sintáctico para ser tan complicado ante los ojos de un estudiante? ¿Por qué una simple oración como "Sado compró revistas" puede llegar a convertirse en una verdadera amenaza mortal? ¿Qué tan traumático, aterrador y retorcido es el sintagma "Salió de paseo", al que nadie podría culpar por poseer un sujeto tácito? Si se dice "Las rosas florecen en primavera", ¿por qué identificar a "florecen" como el núcleo del predicado implica la llegada del mismísimo Apocalipsis?
-Hoy toca el predicativo subjetivo obligatorio y el no obligatorio –anunció Ichigo una vez que se acomodaron.
El súbito colapso de Karin fue revelador.
-Ichi-ni… por favor… cuida… tus palabras… -suplicó sujetándose el corazón con una mano mientras que con la otra, melodramática, se sostenía de la nevera para no caer.
-Necesitamos silencio, Karin –dijo él.
Apenas terminó de pronunciar la frase cuando Karin ya corría a campo traviesa después de oír tan infausto panorama oracional, deseándole mucha suerte a Rukia desde la distancia. Ella sólo la miró con asombro mientras Ichigo empezaba a hacer algunas anotaciones en la libreta como si nada hubiese ocurrido.
Ahora que estaban solos, de nuevo se iniciaron las palpitaciones, la ansiedad, la espera. Rukia tuvo que hacer más esfuerzo que el de costumbre para concentrarse en su explicación, y no en él.
Para Ichigo tampoco era fácil. La clase anterior había terminado de una forma muy poco usual y había removido dentro de sí unos sentimientos que no dejaban de crecer. Había pasado la noche entera sin dormir intentado discernir qué demonios era aquello que le pasaba y por qué vibraba con tanto arrebato cuando estaba cerca de Rukia.
Era simplemente increíble. La conocía desde hacía años, había compartido con ella más de lo que muchos compartían con sus propios hermanos y jamás había sentido en ese entonces algo distinto al afecto más entrañable y a la lealtad más absoluta. Confianza también, por supuesto, y en más de una ocasión un miedo atroz a perderla cada vez que resultaba herida. Incluso la había echado de menos dolorosamente mientras estuvieron separados. Pero, aun así, ¿podía ser posible que…?
Cuando lo sorprendió el día, gruñó porque la noche fuese insuficiente para dormir, para pensar o siquiera para admitir la verdad. Reconocer que uno ha cambiado, o que ya no vemos igual que siempre a quienes nos rodean, a veces es el paso más difícil de dar. Lo único que Ichigo pudo hacer durante la vigilia para conservar cierto equilibrio emocional fue refugiarse una vez más en su promesa de ayudarla.
(Sólo para alguien tan acojonado como él en ese momento de su vida la oración "Las rosas florecen en primavera" podía llegar a ser un refugio... Que el Rey de los shinigamis se lo perdone.)
-Empecemos –dijo por fin, ignorando olímpicamente la pueril reacción de su hermana, que ya llevaba ganadas cinco calles de distancia-. El predicativo subjetivo obligatorio, en adelante PSO, es un modificador que corresponde únicamente a las oraciones cuyo núcleo verbal sea un verbo copulativo. ¿Sabes cuáles son los verbos copulativos?
-¿Crees que si los conociera estaría aquí? –replicó ella.
-Pues sabías las preposiciones –arguyó él, irritado por aquella grosera contestación.
-Fue de casualidad.
-Debí suponerlo.
-Sopórtalo y continúa, idiota.
Ichigo le dirigió una mirada de advertencia que Rukia, como de costumbre, desestimó por completo. El chico entonces procedió a acumular paciencia para correr aunque sea con un poco de ventaja y, a continuación, suspirando, prosiguió.
-Los verbos copulativos son ser, estar, parecer, semejar, yacer, quedar, resultar –enunció. Rukia los repitió de memoria e Ichigo asintió con la cabeza, satisfecho-. Estos verbos no pueden aparecer solos en una oración porque carecería de sentido. Uno puede decir "Megumi corrió", pero no "Megumi es" o "Megumi parece", ¿entiendes? Estas oraciones necesitan información para tener un sentido acabado, por eso es obligatorio.
-Entiendo.
-Además, como será información sobre el sujeto, es decir, sobre "Megumi", será subjetivo. Por último, al estar en el predicado se le llama predicativo. Completemos el ejemplo: "Megumi es una vecina", donde "una vecina" es el PSO, ¿entiendes?
-Con tantas vueltas, ya creía que Megumi era tu novia.
-Ahórrame tus estúpidos intentos humorísticos, enana.
-Más enana será la tal "Megumi."
Ichigo le dirigió una segunda mirada de advertencia, pero las reservas de paciencia impidieron que se desbordara. Sabía que todavía quedaba mucho camino para andar, por lo que tenía tiempo de sobra para estallar de ira.
El PSO es un modificador de cuidado. Constituye una de las más equívocas estructuras del predicado, los estudiantes suelen confundirlo con el objeto directo pese a la insistente advertencia de fijarse en el verbo. Ya sea porque se distraen, porque olvidan la lista antes mencionada o porque se encariñan profundamente con el OD, la cuestión es que el PSO, por más evidente y sencilla que fuese su identificación, es continuamente desairado por ellos.
Es por causa de esta negación, por este despreciativo desdén, que el PSO se ha llenado de rencor y ha decidido convertirse en uno de los peores enemigos sintácticos de los alumnos. La afrenta a la que cruelmente se ve sometido en cada una de sus apariciones, el olvido liso y llano, es de las que se paga con sangre… o con un bonito círculo de color rojo que señala el error y que redundará en la quita de puntos. La falta de reconocimiento vuelve vengativo a cualquiera.
Ichigo lo sabía, por lo que se dedicó a exponer el tema de modo progresivo.
-Veamos más ejemplos –dijo, mientras anotaba en la libreta-. Si digo "Megumi fue mi amiga durante la infancia", ¿cuál es el PSO?
-"Mi amiga" –respondió Rukia sin vacilar-. "Durante la infancia" es un circunstancial de tiempo.
-C-correcto –balbuceó él, medio estupefacto por la velocidad de la respuesta. Aquella insólita clarividencia sintáctica realmente daba miedo, dotaba a Rukia de unas monstruosas habilidades gramaticales que lo dejaban patitieso-. A-ahora, s-si digo "Megumi parece una joven doncella"…
-"Una joven doncella."
-"Megumi yace dormida."
-"Dormida".
-"Megumi resultó gravemente herida."
-"Gravemente herida". Por mí, se lo merecía –dijo infantilmente Rukia, celosa.
Como es lógico, no podía faltar ese tipo de comentarios. Ni siquiera una maldita clase.
-Megumi no existe, es sólo un ejemplo, enana –explicó Ichigo con cansancio.
-Esos son detalles –adujo ella. Y luego, dándose cuenta de algo, agregó-: Ahí tienes un buen ejemplo, "detalles" es el PSO.
-Piensa en esta oración –le propuso él ignorando su supuestamente cómica espontaneidad-: "Megumi está en la escuela secundaria."
-Una compañera, ¡lo sabía! –farfulló Rukia.
Ichigo descargó la palma de su mano sobre la mesa, sin poder contenerse más.
-¡Te digo que Megumi no existe! –exclamó, indignado-. ¡Deja de decir estupideces y concéntrate en el PSO!
-¡El PSO no va a desaparecer por criticar un poco a la tal Megumi!
-¡Exacto! ¡Como tú digas! –aceptó Ichigo, a punto de desbancarse al tomar conciencia del nivel que adquiría la discusión-. ¡Entonces volvamos con Sado! ¿Qué te parece Sado? ¿Te sientes más cómoda si usamos a Sado? Con Sado no tienes nada que temer. ¿O también te molesta Sado?
-¡Sí, Sado me parece bien, estúpido! –se exaltó ella, irritada.
-¡Pues responde a la condenada pregunta! –gritó él. Y, todavía gritando, se la repitió-: ¡"Sado está en la escuela secundaria"! ¡Dime qué demonios ocurre con esa oración!
-¡La oración no tiene nada de malo, imbécil, sólo tu susceptible cerebro!
-¡Responde de una buena vez, maldición!
-¡Bien! –dijo ella, que ya no podía recordar por qué había iniciado aquella torpe contienda. Lo último que supo fue que su corazón latía velozmente al escucharlo hablar con esa concentración, al notar sus ojos fijos en ella mientras le explicaba. Si no lo hubiese toreado con cualquier excusa, habría reaccionado sobre él siguiendo unos impulsos demasiado fuertes como para dominarlos, y de seguro bochornosos-. ¡Lo que intentas decir es que "en la escuela" no es un PSO sino un circunstancial de lugar, a pesar del verbo copulativo! –logró contestar por fin.
Ichigo se quedó de piedra. Había creído que tendría que ampliar esa cuestión con más casos, pues los verbos estar y yacer a veces ameritan ese tipo de circunstanciales y no PSO, pero Rukia, una vez más, había entendido sólo con meditar en el ejemplo y sin ninguna otra referencia. Su intuición de shinigami era sencillamente escalofriante… ¿o quizá hubiese desarrollado un séptimo sentido sintáctico? Ichigo se estremeció ante la sola idea.
Del enojo pasó al recelo. La miró con suspicacia, detenidamente, como si tratase de desentrañar la clave de algún misterioso arcano. Rukia le sostuvo la mirada, extrañada, sospechando que se hubiese convertido sin saberlo en algún tipo de criatura sobrenatural. Aunque en realidad ella era una criatura sobrenatural, con PSO incluido.
-¿Es suficiente? ¿Ya has concluido con tu pormenorizado examen de mi belleza? –se burló.
El chico se sobresaltó. Y, para su desazón, se puso irremediablemente colorado. Sin responder a tan perturbadora ironía, se apresuró a buscar ejercicios en la libreta correspondiente y luego, con cierta brusquedad, se la tendió para que practicase. Rukia, medio azorada por su conducta, tomó el lápiz y, sin decir palabra, se dispuso a trabajar.
Ichigo aprovechó esos minutos para recuperar el sosiego perdido. Estuvo a nada de quedar como un idiota, o tal vez quedó como un idiota, pero en estos penosos casos de enamoramiento no reconocido la ignorancia puede ser una bendición. El atolondramiento lo sorprendió justo cuando más necesitaba contraatacar, y eso lo puso al borde de la vulnerabilidad.
Y pensar que con una zanpakutou en la mano era capaz de destajar a la más horripilante de las criaturas sin que se le mueva uno solo de sus pelos anaranjados… Pero por unas simples palabras de burla, comprometedoras para su orgullo masculino, estuvo a punto de sufrir un síncope y de quedar expuesto para siempre. Ichigo vino a descubrir, medio a regañadientes, que era un joven tan normal como cualquiera de sus congéneres, y para nada un muchacho autosuperado.
Cuando Rukia terminó sus ejercicios se los dio para que los chequeara. Él, en estado seminconsciente por lo abrumado que se sentía, los corrigió someramente. De todas formas, los PSO señalados con orejas de conejos estaban bien identificados.
-Mierda –masculló, pues la visión de esos alevosos contornos alargados asomando por encima de las estructuras, más unas sospechosas protuberancias dentarias por debajo, lograron sacarlo de su embotamiento-. ¿Qué crees que haces con esos estúpidos dibujos?
-A mí me gusta –dijo ella.
-¡Pues a mí me parece ridículo y completamente fuera de lugar!
-¡Me importa un bledo lo que te parezca porque a mí sí que me gusta! –repitió ella con mayor énfasis, ya que sólo trazando esas irreflexivas figuras había logrado distraerse un poco del sonrojo de Ichigo, del que prefirió no pensar.
-Maldita sea –farfulló él, pasando la hoja escrita para empezar con el otro predicativo-. Mejor sigamos con el predicativo subjetivo no obligatorio –gruñó.
-Sí, mejor –replicó Rukia, mostrándose más ofendida que él.
A continuación Ichigo, malhumorado, se dedicó a exponer el tema. El predicativo subjetivo no obligatorio -en adelante PSnoO-, suele ser un adjetivo o una frase de núcleo adjetivo que aparece en el predicado con cualquier tipo de verbo, exceptuando obviamente los copulativos. Si el PSnoO se anula de la oración ésta no pierde sentido, de ahí su nombre.
-Por ejemplo, si digo "Las rosas crecen, fragantes, durante la primavera", vemos que "fragantes" es un adjetivo, por lo cual no puede ser objeto directo, objeto indirecto ni circunstancial. Si quito la palabra, "Las rosas crecen durante la primavera" también tiene sentido, por lo cual ese adjetivo era simplemente un PSnoO. ¿Entiendes?
-Entiendo.
-Veamos otro ejemplo. Si digo "Los animales corren por la pradera, libres y salvajes", ¿qué modificadores aparecen en el predicado?
Rukia lo pensó durante una fracción de segundo.
-"Por la pradera" es un circunstancial de lugar y "libres y salvajes" es el PSnoO.
-Muy bien, ya lo tienes. Ahora dime tú un ejemplo.
Esta vez Rukia demoró un poco más en reflexionar. Parecía esforzarse para recordar algo. De pronto, sus ojos se iluminaron con fulgor.
-"Flash se deslizó por aquel siniestro reducto, furtivo y audaz" –recitó embelesada.
Ichigo se golpeó la frente con la mano, hastiado. Hacía tanto tiempo que los ejemplos esgrimidos contenían solamente referencias autobiográficas que casi olvida los extraídos de los cómics, los cuales creyó haber desterrado en alguna discusión pasada. Pero se equivocó por completo.
-¿Es o no es? –indagó ella a medio camino de sentirse ofendida. Aquella reacción tan alevosa la había puesto inmediatamente en guardia.
Como toda respuesta, Ichigo la miró con irritación. De ese modo Rukia supo que su ejemplo fue acertado y que sólo lo había mortificado el que retomara los viejos hábitos ejemplificadores. La media sonrisa que se dibujó en su rostro reveló la conciencia de su pequeña victoria.
Pero tal gesto al tipo lo exasperó todavía más.
-El día que puedas apelar a tu propia imaginación lloverán piedras de tres toneladas –gruñó.
-El día que sepas apreciar la inventiva propia de una de las más excelsas artes literarias declararé que ya no eres un cabeza hueca.
Ichigo golpeó la mesa de nuevo, levantándose como resorte de la silla.
-¿Qué has dicho? ¡No eres más que una enana engreída! –vociferó, agitado por la indignación.
Rukia golpeó aún más fuerte que él y también se levantó, encarándolo con ceñudo talante.
-Te crees muy listo para escupir predicativos obligatorios, ¿eh? –lo desafió, haciendo referencia a la última frase pronunciada con la lucidez sintáctica que la caracteriza-. Pues yo también tengo uno para decirte, idiota: ¡"Ichigo es el shinigami sustituto más imbécil"! –le lanzó.
-"¡Y tú eres la shinigami más insoportable!" –replicó el otro, que por supuesto decidió dejar de reprimir la ira acumulada.
-"¡Pues tú pareces un descerebrado!"
-"¡Y tú pareces un demonio!"
-"¡Pues tú resultas desesperante!"
-"¡Y tú resultas desquiciante!"
El PSO puede ser uno de los peores enemigos sintácticos, pero en boca de estos dos personajes puede convertirse en el arma más letal del universo. Así, intercambiaron efusivos y muy poco halagüeños enunciados de esta índole mientras el enojo les duró y la creatividad no les falló. Del PSnoO en ningún momento se sirvieron, pues el otro era muchísimo más rendidor.
Pero todo tiene un final en esta vida, incluso las posibilidades ofensivo-predicativas. Cuando algunos minutos después se cansaron de lanzarse oraciones por la cabeza, tomaron asiento otra vez para continuar con nuevos ejercicios de identificación. Gracias al bombardeo se sumieron en un silencio tenso y hostil, sin embargo Rukia fue correcta y ejecutó la consigna con precisión, e Ichigo tuvo la suficiente presencia de ánimo como para controlar y dar por válidos los resultados.
El gong del reloj que marcaba el final de la clase los sorprendió en medio de una nueva práctica. Rukia consultó a su tutor con la mirada y éste le hizo una seña para que se fuese tranquila a la clase siguiente. La shinigami recogió los útiles escolares y, sin más, se marchó.
De camino a la tienda de Urahara, Rukia midió las pulsaciones que trascendían su gigai. Esas palpitaciones provenían de su propia alma y sacudían el cuerpo artificial que la envolvía, el cuerpo donde lo que sentía se agudizaba hasta estremecer cada fibra de su falsa existencia humana. Para ella se había vuelto casi una tortura, porque lo que de este lado se materializaba tan perturbadoramente, del otro lado del mundo, despojada ya de la piel, se agitaba con mayor nitidez aún.
La shinigami pensó que la palabra amor era demasiado pequeña a veces, demasiado simple. Porque ¿cómo podían cuatro letras ser suficientes para expresar todo aquello que la atravesaba? Alguna vez, en los primeros tiempos como shinigami de su escuadrón, creyó que ése era el mejor rótulo para designar lo que sentía cada vez que compartía una experiencia nueva con Kaien. Y si esos inquietantes e irrefrenables sobresaltos eran una señal del amor, ¿entonces con qué nombre debería referirse a lo que sentía ahora por Ichigo?
En cuanto al joven en cuestión, otro tanto podría decirse. Después de que Rukia se marchase permaneció sentado en la silla, cruzado de brazos y meditabundo. De vez en cuando, de forma inconciente, sonreía al recordar ciertos pasajes de la discusión del día.
Rukia tenía razón, por fuerza tenía que ser un descerebrado si era incapaz de entender lo que le sucedía cada vez que estaba con ella, cada vez que peleaba con ella o cada vez que se le quedaba viendo como un bobo. Pero reconocerlo sería un golpe demasiado fuerte para su orgullo, que siempre había creído a salvo de ese tipo de flaquezas. Aunque, ¿es el amor una flaqueza?
Cuando se convirtió en shinigami sustituto, el vacío de su vida se llenó con una responsabilidad que poco a poco fue definiéndolo, obteniendo así una razón para continuar. No necesitaba nada más, sólo proteger a los suyos con sus propias fuerzas y superarse a sí mismo. Jamás se le cruzó por la mente que pudiera esconderse dentro de sí otro tipo de interés ni otro tipo de inquietud. Sin embargo, parecía que allí había estado.
Sin sospecharlo, sin siquiera haberlo registrado, se había ido formado en su espíritu una nueva necesidad. Asimismo, todo ello se lo debía a una única persona: Rukia le dio la razón para luchar pese a todas las tristezas, y Rukia le señaló también, gracias a su constante compañía, que los seres humanos estaban hechos de otros pequeños y diversos vacíos que merecían ser notados.
Si eso era así, entonces el amor no debería considerarse una mera flaqueza. Depender del afecto de alguien podía ser arriesgado, pero carecer de ese vínculo podía ser aún peor. Ichigo siempre había necesitado de Rukia, siempre la había buscado y había anhelado su presencia más de lo que hubiese estado dispuesto a admitir. Sentado allí solo, en ese preciso momento, no sólo lo reconocía, sino que también percibía claramente la forma como esos sentimientos habían madurado.
En esa clase de amor, en esa fortaleza, era donde Ichigo quería refugiarse. Sólo allí podía ser él sin recelos ni aprensiones, sólo allí cada parte de sí encontraba su perfecto sentido. Y, al igual que todo joven enamorado, deseó ardientemente que para Rukia signifique lo mismo, que ella también lo necesite y lo busque, que el amor que pueda sentir por él sea semejante al suyo.
