Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

*Haciendo palmas*: Atención, alumnos, ¡atención! *Carraspea* ¡Llegamos a la última clase teórica de sintaxis! La próxima será de repaso, así que estudien bien. No se olviden que después vienen el examen y las notas finales. ¡A esforzarse todo el mundo!


Lección N°8: Las oraciones compuestas


Por la gracia del Espíritu Santo, o de cualquier otro tipo de divinidad, habían alcanzado el último tema del análisis sintáctico: el estudio de las oraciones compuestas. Para alivio de Ichigo (que a esas alturas soñaba con serpenteantes oraciones recurrentes sobre las que montaba como si se tratase de míticos dragones, tan afectado estaba su vapuleado aparato psíquico), no fue necesario desarrollar la totalidad de sus variantes, pues el programa de Rukia (que permanecía tan fresca como al principio de la travesía, la muy desvergonzada) sólo abarcaba el tipo de oraciones coordinadas y yuxtapuestas.

Este espinoso grupo de sintagmas se subdivide en tres clases: las dos antes dichas y las llamadas proposiciones subordinadas –a veces también denominadas "incluidas"-. Estas últimas, a su vez, reconoce tres tipos distintos: las sustantivas, las adjetivas y las adverbiales. Podríamos, asimismo, especificar que las adverbiales se dividen en "las del primer grupo" y "las del segundo grupo", pero para qué continuar machacándonos injustificadamente la mollera al compás de estas siniestras bifurcaciones clasificatorias.

La cuestión es que Ichigo suspiró aliviado cuando vio que los contenidos de Rukia se detenían en los niveles más simples de este tipo de oraciones. Las proposiciones subordinadas constituyen otro de los grandes hitos conducentes a la desesperación estudiantil, y él no tenía ninguna intención de emprender las engorrosas peripecias de explicarlas.

Rukia había asistido con puntualidad inglesa a la última clase teórica. La lección restante antes del día del fatídico examen estaría dedicada a una práctica integradora donde repasarían desde el principio el intrincado camino sintáctico recorrido, para lo cual Ichigo, tal vez más nervioso que la propia damnificada, había preparado ya numerosas hojas con ejercicios de identificación. Ambos jóvenes se esforzarían al máximo hasta el final, ninguna malhadada oración los sorprendería con la guardia baja.

En el fondo, tuvieron que admitir que echarían de menos ese tipo de intercambio. Porque más allá de los conocimientos escolares trabajados, a lo largo del arduo proceso pedagógico tuvieron la oportunidad de conectarse desde otro lugar y con nuevos propósitos, fortalecieron sus lazos de una forma más íntima y reveladora. A esas alturas, haberse enamorado entre absurdas peleas y oraciones bimembres se había convertido para ellos en el evento más natural del mundo.

Sentados uno frente al otro ante la mesa de la cocina, repetían exactamente la misma escena del día anterior. Al empezar Ichigo le dio ejercicios de repaso para identificar predicativos, y luego los corrigió sin encontrar nunca, jamás, ningún tipo de error. La capacidad de Rukia para el análisis sintáctico era francamente espeluznante.

Después de presentar el tema del día y de especificar las subdivisiones ya mencionadas, Ichigo procedió a explicar que las oraciones compuestas son aquellas que poseen más de un verbo. Esta característica, que puede confundirse fácilmente con el predicado verbal compuesto, llega a entenderse cuando se reconoce que, además, para cada uno de esos verbos corresponde un sujeto diferente.

-De este modo –explicó el joven mientras anotaba en la libreta-, una oración como "Las rosas florecen en primavera y las mujeres las disfrutan" nos presenta dos núcleos verbales: "florecen" y "disfrutan". Sin embargo, es claro que el primer verbo está predicando a "Las rosas", mientras que el segundo se refiere a "las mujeres". Por eso podemos afirmar que se trata de una oración compuesta, ¿entiendes?

-Entiendo –afirmó Rukia, acompañando tal aserción con un convincente movimiento afirmativo de cabeza.

-Bien, entonces empecemos con las oraciones yuxtapuestas. –Ichigo decidió empezar con ellas por considerarlas las más fáciles de entender. Sacó una flecha y anotó el nombre junto al siguiente ejemplo-: "Compraron revistas esta mañana, las observé sobre la mesa." ¿Reconoces las dos proposiciones o suboraciones?

-Sí: "Compraron revistas esta mañana" es una suboración y "las observé sobre la mesa" es otra. Se nota que tienen diferentes sujetos por la persona gramatical de cada verbo.

-Exacto. En este caso ambas coinciden en poseer un sujeto tácito, pero mientras que en la primera el sujeto corresponde al pronombre "ellos", en la segunda corresponde al pronombre "yo". Fíjate que la única señal que las separa es una coma, el signo ortográfico que marca la pausa. Por ende, se trata de una oración yuxtapuesta.

-Ya veo.

-Veamos otro ejemplo: "Chad preparó los utensilios; Orihime se encargó de la comida".

-Imbécil.

-¿Y eso por qué? –se irritó Ichigo.

-Por utilizar a tus mejores amigos constantemente. ¿Acaso no tienes vergüenza?

La cosa venía desarrollándose con demasiada calma para seguir de esa manera durante mucho tiempo más. Tarde o temprano Rukia tenía que romper la deliciosa paz con uno de sus simpáticos comentarios, e Ichigo ya no sabía si enojarse con ella o celebrar mentalmente el acierto de sus propias prevenciones.

-Guárdate tus tonterías y mejor dime un ejemplo de lo que acabo de explicar –farfulló.

Rukia lo meditó unos instantes. El joven tutor se preguntó de qué historieta extraería el ejemplo esta vez.

-"Los invasores dispararon sus láseres de color verde, el héroe pudo verlo a la distancia" –recitó ella con emoción.

Lo dicho: no podía fallar. Ichigo apenas se removió en su silla sin dignarse a dirigirle ni la mirada ni palabra alguna para reprenderla por sus fuentes literarias. En cambio, anotó con absoluto autocontrol la oración en la hoja para que también sirviera como ejemplo.

Rukia miró lo que hacía sin podérselo creer. ¿Es que no iba a reaccionar? ¿Qué diablos le pasaba? Se sintió algo defraudada por la escasa repercusión que en esa ocasión tuvo su inventiva. No obstante, pronto se consoló pensando que todavía faltaban por ver los otros tipos de oraciones y que seguramente allí se saldría con la suya. Una clase de gramática oracional sin el habitual cruce de ejemplos agraviantes no podía considerarse digna de ellos, le extrañaba que su compañero asumiera tal actitud.

Cuando Ichigo terminó de anotar prosiguió con su exposición como si nada hubiese pasado. En su interior se apuntó algunos tantos por haber aprendido al fin a dominarse.

-Luego están las llamadas oraciones compuestas coordinadas, que a su vez se subdividen según el tipo de nexo que une las proposiciones. –A continuación trazó tres flechas y en la primera escribió-: Las coordinadas copulativas expresan suma o adición y se identifican por llevar los nexos y, e, ni. Por ejemplo: "Ishida prepara sus flechas y Chad entrena con su brazo."

-Y vamos de nuevo.

-Si yo no me meto con tus ejemplos, entonces tú no te metas con los míos –le advirtió él.

Ella lo miró con sorna e Ichigo, esta vez, tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para controlarse. Las palabras eran una cosa, pero los gestos de burla realmente podían sacarlo de quicio. Sin embargo, logró continuar con admirable impasibilidad, por nada del mundo dejaría que ella note que estuvo a punto de boicotear de nuevo su frágil equilibrio mental.

-Otro ejemplo: "Nadie se enteró de la verdad ni quisieron saberla después."

-Es porque siempre tratas con idiotas.

Ichigo inspiró con fuerza. Parecía que por fin Rukia lo lograría, lo sometería, triunfaría sobre él… pero milagrosamente, inopinadamente, Ichigo pudo contenerse una vez más.

-Luego están las coordinadas disyuntivas –anunció con sequedad, anotando la denominación en la segunda flecha-, donde entre las proposiciones se da una relación de opción o de exclusión. Los nexos que permiten identificarlas son o, u, o bien. Por ejemplo: "Los ejercicios te ayudarán o bien reprobarás el examen."

Rukia lo miró con indignación.

-¿Estás loco o qué? ¡Cómo puedes venirme con esas amenazas a mí, cabeza hueca!

Entonces ichigo ya no lo pudo soportar.

-¡Se trata sólo de un maldito ejemplo!

-¡Pues cuida muy bien de tus estúpidos ejemplos!

-¡Y tú deja de decir los tuyos!

-¡Deja en paz a los míos!

-Pues te comunico que son insoportables, ¡enana descarada!

Se enfrentaron clavándose feroces puñales con la mirada, explícitamente enfadados por fin. La armonía parecía ser una sensación algo incómoda para ellos, porque en ese preciso momento, aún en medio del enojo, se sintieron como peces en el agua.

Les llevó algunos minutos -y otras elocuentes devoluciones verbales- retomar la esquiva senda de la fraternidad. Cuando volvieron a sus cabales, Ichigo se resignó a pedirle un ejemplo de coordinación disyuntiva y Rukia reincidió en sus recursos de friki empedernida para dárselo. Cansado, el chico se limitó a anotarlo sin volver a objetar.

-El último caso de coordinación que veremos es el de las adversativas –anunció, apuntándolo en la última flecha trazada-. Los nexos que permiten identificarlas son pero, sin embargo, mas, sino, no obstante, entre algunos otros, que introducen en el enunciado una oposición o salvedad a lo dicho anteriormente. Por ejemplo: "Los shinigamis vigilan siempre, pero los hollows no dejan de provocar estragos."

-Es el destino –suspiró Rukia, filosófica.

-Ja-ja –se burló él.

-¿De quién te burlas?

-¿De quién va a ser? No hay nadie más aquí.

-Imbécil.

-Pues entonces deja de interrumpirme con tonterías –farfulló Ichigo-. En todo caso, bien harías en ocupar tu tiempo desarrollando mejor esa tan fina ironía dándome ejemplos de oraciones coordinadas adversativas.

-"Claro que lo haré, pero no te quejes luego" –ironizó ella.

-"Yo no me quejo, mas tú lo haces constantemente" –arguyó él, que de inmediato captó la idea.

-"Yo sigo tus indicaciones, sin embargo tú te la pasas provocándome."

"Desvergonzada", pensó Ichigo con rencor. Lo único que le faltaba era que la otra tuviera el tupé de negárselo en la cara.

-"Jamás te he provocado, pero tú te la pasas peleándome." -replicó.

-"Yo no peleo, pero me obligas a defenderme."

-"Yo no te ataco, pero tienes un carácter insufrible."

-"¡No soy insufrible, pero tú sí que lo eres!"

-"¡Claro que no lo soy, enana maldita, pero tú me sacas de las casillas!"

-¡Imbécil!

-¡Descarada!

-¡Idiota!

-¡Taimada!

Los senderos de la gramática oracional son tan retorcidos e insondables que las oraciones coordinadas disyuntivas se convierten fácilmente en ultrajantes oraciones unimembres… o algo así. Los insultos florecieron como "las rosas en primavera" y un rato después, gradualmente, comenzaron a mermar. Cuando ya no les quedó ninguna estructura sintáctica debajo de la manga, Ichigo le extendió con aire triunfal el cuaderno donde había señalado varias páginas con ejercicios. Al menos con eso se quedaría callada.

Así se terminaba la teoría que le tocaba estudiar en su nivel. Lógicamente habían quedado varios temas afuera, pero a grandes rasgos lo más básico del análisis sintáctico había sido examinado con exhaustividad. Tampoco era que se extendiese mucho más allá, pues la abstracción sintáctica tenía un límite, aunque con lo que habían visto tenían más que suficiente. Y por fortuna, Rukia lo resistió con gran determinación y arrojo. Cualquier otro estudiante, uno "normal", hubiera claudicado en la primera clase.

Había sido una tarea por demás trabajosa y complicada. Juntos recorrieron un camino lleno de sobresaltos, insultos, aposiciones, objetos directos y frases igualmente directas expresadas con la alevosa intención de reducir el orgullo del otro al tamaño de una pelotita de ping-pong. Sin embargo, en el medio, habían logrado aprender algunas cosillas. Ichigo, para su asombro, se sentía orgulloso del progreso alcanzado.

Claro que, mientras tanto, adquirieron otro tipo de conocimiento. Una relación donde alguien enseña y alguien acepta aprender crea por fuerza un lazo estrecho e inapelable, uno que los une más allá de las circunstancias que los pusieron en ese lugar. Además, tratándose de ellos y de la historia que cargaban, ese lazo fomentó el nacimiento de, quizá, la única emoción que aún les quedaba por experimentar.

Esa clase de milagros no ocurre con frecuencia. Pero ahí estaba, y los cimientos donde se forjó son de los más sólidos, contundentes e impensados: la totalidad de los sintagmas habidos y por haber en nuestro maravilloso lenguaje. Si eso no es amor, ¿entonces qué otra cosa podría ser?

Cuando Rukia terminó de resolver los ejercicios de clasificación se los pasó a Ichigo para que los revisara. Él, muy concentrado, inspeccionó cada oración y las halló analizadas con la exactitud de siempre. Entonces, sin poderlo evitar, le dirigió una mirada cargada de satisfacción, la mirada del maestro complacido con el esforzado crecimiento de su alumno.

Rukia, al percibirlo, sintió calor en el rostro. Era una mirada nueva, una mirada que no recordaba haber notado en él, una mirada brillante sobre ella… Aturdida por tal reconocimiento, dejó caer el lápiz que sostenía entre los dedos.

Con movimientos pausados Ichigo se inclinó y buscó el objeto, anticipándose a la shinigami. Cuando lo recuperó, al erguirse de nuevo se cruzó con unos grandes ojos violáceos fijos en él desde el otro lado de la mesa. Y lo que vio en ellos lo hirió directamente en el corazón. Nunca le pareció tan grande la distancia, ni tan molesta, y nunca se sintió tan perturbado como entonces.

Nadie podría culparlo por carraspear con nerviosismo, por mirar para otro lado, por rogar que Yuzu, Karin o su propio padre se aparezcan de la nada para quebrar la repentina intensidad que se generó en el ambiente. A fin de cuentas, él aún no superaba la centuria de vida para dominar una situación incómoda. Necesitaba sacudirse de encima la sensación de que debía decir algo, o hacerlo, o cortarlo. Fueron los instantes más largos que haya vivido.

Por su parte, Rukia no se sentía mejor. Ella, que sí traspasaba la centuria, tampoco vislumbró el modo de contener aquella desconcertante impresión de cercanía, de pudor, de vulnerabilidad. Hubiera querido apelar nuevamente a la indignación, a los insultos, a las burlas, pero se hallaba tan nerviosa que no atinaba a reaccionar. Se sentía atada a él, subyugada… y expuesta.

Por primera vez se habían visto abiertamente, con franqueza, por primera vez el silencio fue más elocuente que sus absurdas maniobras sintácticas. Se habían asomado sin querer, sin buscar, pero habían llegado a visualizar claramente los sentimientos del otro en la mirada que tenían delante. Ni siquiera una confesión explícita podría haber resultado tan contundente y reveladora, y ahora ya nada podría detener el proceso.

Nada… excepto el gong salvador del reloj que sonó a la hora exacta en que la clase debía finalizar. Echando mano a esta excusa, atontada por haber visto lo que todavía no esperaba ver, Rukia se apresuró a recoger con cierta torpeza sus cosas para irse a las clases que le quedaban. Ichigo, tan perplejo como ella, no se decidió a hablarle sino hasta que estuvo seguro de su voz.

-Recuerda que mañana haremos ejercicios de integración –señaló casi con afonía.

-Lo recuerdo, tonto –musitó la joven sin levantar la vista de lo que hacía.

-Más vale que no te confíes y que en cuanto puedas repases un poco.

-No me confiaré.

-También te dejaré algunos ejercicios en tu habitación para que practiques antes de dormir.

-Lo haré.

-Y quiero que cualquier duda que tengas, la que se te ocurra, me la plantees mañana sin falta, ya que es el último día que podré ayudarte.

-Lo sé.

Cuando estuvo lista Rukia se cargó el bolso al hombro y se quedó un rato inmóvil, indecisa, de pie frente a él. Ichigo volvió a experimentar incomodidad con su silencio, pues todavía no lograba reponerse de aquel delicado cruce de miradas. Y en ese momento, como nunca antes le hubiese ocurrido, realmente deseó que se pusiese a torearlo. Que lo insultase, que lo desafiara, ¡lo que sea! Ya no podía más con lo que sentía, ni con lo que pensaba, ni con todo lo que se guardaba para sí mismo.

Pero Rukia, lejos de ese plan beligerante, en lugar de hablar, sonrió. Para asombro del joven, una verdadera sonrisa asomó a los labios de su amiga e iba dirigida sin ningún tipo de restricciones hacia él. Su corazón bombeó con tanta fuerza, que le parecía que el alma se le fugaría en cualquier momento del cuerpo sin ninguna clase de emblema facilitador.

-¿Q-Qué sucede? –sondeó con temor, desconociendo a qué atenerse.

-¿Acaso no puedo sonreír? –casi se ofendió Rukia.

-P-Pero…

-¿No puedo sentirme contenta?

-Eeeh…

-¿No puedo manifestar mi alegría? ¿Debería guardar la sonrisa para alguien menos descerebrado que tú?

Ichigo no sabía qué decir. Azorado, confundido, fue absolutamente incapaz de entender de qué demonios hablaba ella respecto a sus sonrisas y a él.

-Enana, y-yo…

-¡Toma! –le dijo ella con brusquedad golpeándole el pecho con una mano. Por instinto, Ichigo llevó la suya a la zona agredida y descubrió que, en realidad, le había tendido, a su estilo tan particular, una hoja de papel plegado-. Ni siquiera me dejas estar agradecida, ¡idiota!, pero yo no soy tan grosera como tú.

Dicho esto, se marchó con impostada dignidad. Ichigo, repuesto ya de aquel vergonzoso estado de estupor, se quedó rumiando la irritación por la inusitada e infundada reprimenda. ¡Justo ella lo acusaba de grosero! ¡Las cosas que tenía que oír!

-Enana maldita –murmuró, mientras desdoblaba el papel.

Una desfigurada nube de estrellas de colores asaltó a su desprevenida retina. En el centro se erguía, vestido de manchas negras, un conejo con pelo rayado naranja y hocico rosa. Sostenía en su mano derecha un maltrecho lápiz del tamaño que, tal vez, debería tener su zanpakutou de haber sido dibujada en su lugar. La oración que había escrito en el aire constaba de una única palabra: "Gracias", seguida de la observación "oración unimembre."

A pesar del maltrato sufrido por su inocente membrana ocular, Ichigo sonrió. La gramática tal vez no fuese tan mala, ni tan fastidiosa… Para la eterna perplejidad de la sensibilidad estudiantil, el shinigami sustituto se halló en condiciones de afirmar que las oraciones se habían convertido en sus mejores aliadas.