Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo
Hola, gracias por entrar a leer n.n
Bueno, anteúltimo capi y aproximándonos al final. Estoy muy agradecida por el apoyo y la compañía que tanto los lectores silenciosos como los amables comentaristas le han ofrendado a esta historia con su paciente y constante lectura.
Aprovecho la ocasión para saludar al comentarista anónimo que aparece simplemente como "Guest". Me alegra que te haya gustado el fic; el beso llegará, como casi todas las cosas buenas en este inextricable mundo (?), al final de la historia :D
A los demás procedo a responderles a continuación. Disculpen por los posibles fallos (que releyendo algunos capis ya he visto, pero que nunca me acuerdo de corregir u_uU) y muchas gracias por leer :D
Lección N°9: Sintaxis: yo no te agrado y tú no me agradas
La última clase se desarrolló en el lugar donde todo comenzó, es decir, en la habitación de Ichigo. Él hubiera querido seguir trabajando en la cocina con el fin de preservar el profesionalismo que supuestamente distinguía a su relación con Rukia, pero Yuzu, ajena a las zozobras por las que atravesaba el pobre muchacho, los había echado sin ninguna clase de consideración. Razones como "necesito el espacio para cocinar" o "tienen un escritorio arriba" fueron mucho más categóricas que "para analizar oraciones" o "para seguir practicando."
Ni bien se ubicaron allí, Rukia, guiada por esa inaudita capacidad de súper-shinigami-analizadora-de-oraciones que ha revelado impúdicamente ante los ojos del mundo, resolvió con rapidez asombrosa los ejercicios que Ichigo le había preparado. Él se quedó azorado, contemplando boquiabierto la veintena de hojas cubiertas de oraciones perfectamente analizadas.
Contra todas las leyes de la naturaleza, de Dios y de los hombres, haciendo gala una vez más de sus espectaculares dotes sobrenaturales, la chica identificó cada estructura y clasificó cada función sin cometer ni un solo error, convirtiéndose así en el paradigma del alumno versado. Era insólito, abrumador, inquietante… ¡porque ningún estudiante en su sano juicio tendría el descaro de ventilar unas habilidades como aquéllas frente a todos los demás! ¡Sería vergonzoso!
Pero Rukia era extraña, temible, siniestra… Una escalofriante sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios al ver la cara de pescado muerto que puso el auténtico responsable de semejante desatino.
-Pídeme lo que quieras, Ichigo –lo provocó, sonrojándose, pero sin dejar de sonreír de aquella diabólica manera.
Era un enunciado demasiado tentador, aun al propio Ichigo no podía escapársele la magnitud de connotaciones que una frase tan simple sugería, por más que se pretenda inmune a los encantos femeninos. Se podría jurar que más del noventa y cinco por ciento de los adolescentes varones hubieran dado lo que no tenían por escuchar esa insinuación al menos una vez durante su atolondrada trayectoria escolar.
El joven shinigami sustituto, por más huraño que fuese, tampoco pudo evitar ruborizarse frente al amplio y colorido panorama que se le presentaba. Pedirle lo que quiera… El corazón latió con brío, la imaginación empezó a elucubrar. Quería estar a la altura de su seguridad, de su precisión, de su incomprensible demencia oracional.
-Dime una oración de sujeto tácito con predicado verbal simple, objeto directo y un circunstancial de tiempo –le lanzó.
Así comenzaba el rito, la vorágine, la delirante danza erótico-oracional que los envolvería en un remolino frenético y desquiciante. Y ellos, una vez más, se dejaron envolver y arrastrar, iniciando el viaje alucinante hasta el séptimo cielo de la sintaxis.
Rukia pensó en la consigna durante dos segundos y tres milésimas.
-"En el futuro, conquistará los mares más tempestuosos" –recitó con arrobo.
-Una con sujeto expreso compuesto y cuatro modificadores directos, y en el predicado verbal simple un circunstancial de afirmación, uno de instrumento y un objeto directo.
-"Las hadas cantarinas y las sílfides aliadas también abrieron los cofres con sus llaves doradas."
-Ahora dime una con sujeto expreso simple y aposición, y en el predicado verbal simple que haya un predicativo subjetivo obligatorio.
-"Batman, el caballero encapuchado, parecía la sombra de la venganza."
-Una oración unimembre sin verbo.
-"¡Enemigos a las once!"
-Una oración unimembre con verbo.
-"Llovía en la ciudad de Metrópolis."
Ichigo se quedó pasmado. Y en ese preciso momento, una acuciante y hasta el momento jamás pronunciada duda existencial lo acometió como un piedrazo en la cabeza: ¿por qué demonios había estructuras sintácticas tan retorcidas –y tan coincidentes con lo que pedía- adentro de un puto cómic? ¿Y por qué ella las sabía de memoria? Los otakus eran seres realmente aterradores.
Ichigo olvidaba siempre el pequeño detalle de que las historietas son ilustraciones dialogadas, o bien narraciones ilustradas. Si la narración o el diálogo consisten en lenguaje, es lógico que éste se presente ordenado según las leyes sintácticas correspondientes. Las oraciones no son propiedad exclusiva de la profesora de gramática, sino que se las encuentra allí donde haya texto. Si el texto es una casa, las oraciones son los ladrillos, ¡caramba!
La sintaxis tampoco es un conjunto de reglas prescriptivas, sino que constituye una descripción del lenguaje tal y como lo hemos adquirido. Enfocada en las palabras o construcciones que se repiten de un enunciado a otro, es una disciplina surgida de la necesidad de encontrar una explicación lógica para las elecciones lingüísticas que realizamos. Pero no es una ciencia exacta. En todo caso, teoriza sobre esos patrones del modo más aproximado posible.
Así como las otras ramas de la gramática, la sintaxis no es anterior al lenguaje, ni lo define ni lo determina. Más bien se trata de un conjunto de reglas constitutivas, es decir, la forma de explicar por qué y cómo hablamos cuando hablamos, o por qué y cómo escribimos cuando escribimos. Es una mera abstracción teórica nacida de la observación. A lo largo de la historia, los postulados sobre sintaxis han sido muchos y variados, y siguen floreciendo trocándose en nuevas y más modernas inquietudes a medida que el lenguaje evoluciona.
Sí, los estudiosos de la gramática y de la lingüística también florecen como "las rosas durante la primavera." Pero tranquilos, el único campo propicio para dicho desarrollo es la universidad. Nadie saldrá herido a causa de sus intervenciones ni habrá que cuidarse de mojarlos o de negarles el alimento con posterioridad a la medianoche*.
Pero volvamos a la pareja que nos compete.
-Ahora dime una oración con sujeto simple y predicado verbal compuesto, donde haya además un predicativo subjetivo no obligatorio y un circunstancial de modo –pidió Ichigo.
La chica pensó que se trataba de una consigna bastante compleja. Sin embargo, supo conducirse a la altura del requerimiento.
-"Nuestros héroes lucharon denodadamente y vencieron, gloriosos e indestructibles" –respondió al borde de las lágrimas.
¡Qué dramática!, farfulló él para sus adentros. Cada día que pasaba estaba más convencido del progreso de sus dotes teatrales tanto como de las sintácticas.
-Ahora dime una de sujeto tácito con predicado verbal simple, objeto directo y objeto indirecto.
-"Ofrendaron sus vidas para los ciudadanos de aquella nación."
¿Es que jamás utilizaría su propia imaginación? ¿Y cuántos pasajes podía llegar a memorizar un shinigami, maldita sea? Esta vez Ichigo la miró con irritación mal disimulada, pero, conteniéndose, continuó con el ejercicio.
-¿Una oración compuesta disyuntiva?
Obviamente, a Rukia no se le iba a escapar semejante actitud. El malhumor de Ichigo tenía la virtud de transparentarse en seguida ante sus perspicaces ojos, y las posibilidades de utilizarlo en su contra eran infinitas.
-"O dejas de poner esa cara de idiota, o damos por finalizada la clase."
-¿Quién es el idiota aquí? –se exaltó él.
-¡Por supuesto que tú!
-Pues gracias a este idiota aprendiste a analizar oraciones, ¡descarada!
Ichigo resopló, fastidiado. De todas formas sería inútil seguir discutiendo con ella, por lo que se limitó a desafiarla con el silencio. Acto seguido, tomó la libreta y llenó un par de páginas con consignas del mismo tenor para que Rukia las resolviera por escrito, a modo de desquite. Fue lo más sano que pudo idear para neutralizar su carácter… dos semanas después de haber empezado con esos infames bombardeos oracionales. Tarde, pero seguro.
La chica, algo decepcionada, tomó de mala gana la libreta y comenzó a trabajar. Ya encontraría el modo de vengar tal desdén.
Mientras tanto, Ichgio la observaba. Ella escribía con parsimonia aunque sin vacilaciones, y casi no se detenía para pensar. Apenas leída la consigna, componía la respuesta. Poco tiempo demoró él en experimentar de nuevo esa mezcla de orgullo, satisfacción y admiración que lo acometía en cada una de esas delirantes clases de apoyo.
Por alguna extraña razón, ayudarla de ese modo tan diferente al habitual los acercó todavía más, les creó una nueva sensación de confianza. Ichigo quedó embargado de sentimientos inesperados, cálidos, sentimientos que no recordaba haber cultivado antes. Si meditaba en todas las ocasiones que la salvó juraría que se había conducido con el mismo instinto protector que lo motivaba a socorrer a cualquiera de los demás, sin romanticismos ni otro interés que el de su bienestar. Al menos, así lo creía él.
¿Así lo creía, o así lo había racionalizado? Pensando en ello, Ichigo se sobresaltó. ¿Sería posible que lo que sentía ahora hubiese estado siempre allí, agazapado y silencioso, aguardando el tiempo para manifestarse? ¿Sería factible que alguien como él albergara ese tipo de emoción sin notarlo? ¿Se habría estado engañando a sí mismo?
Ichigo suspiró. Examinó el rostro de la que siempre creyó su amiga, los detalles, el rictus de su boca, la pequeña arruga de concentración en la frente. La chica que tenía delante, ¿realmente la había visto alguna vez? O, en todo caso, ¿hacia dónde había estado mirando? ¿Por qué boicotear un desenlace tan natural para una relación como la suya?
¿Y quién era ella en verdad? ¿Era su compañera? ¿Su amiga? ¿Su salvadora? ¿Una mera ilusión?
De lo único que podía estar seguro era que Rukia latía dentro de sí, formaba parte de él. Tal vez, a lo largo de esas dos vertiginosas semanas, la hubiese formado en gramática oracional, pero en los últimos años fue ella quien lo formó a él. Enseñarle algo a alguien y que ese alguien lo reciba de buena gana y descubra la manera de aprovecharlo genera uno de los lazos más estrechos que las personas puedan establecer.
Cuando Rukia le tendió la libreta para que revisara las oraciones que había redactado, Ichigo la tomó esbozando una sonrisa. Ella se le quedó mirando con extrañamiento, un poco turbada y un poco halagada.
-¿Por qué sonríes de esa manera?
-¿Acaso no puedo sonreír? –replicó él.
Rukia lo miró con asombro, pues recordó que hacia el final de la clase anterior el tipo le había recriminado de muy mal modo que le sonriera. ¡Quién lo entendía!
-Es tan poco frecuente en ti que por un momento pensé que habías perdido el juicio –comentó, burlona-. ¿Por qué razón sonreiría el shinigami sustituto más parco de la historia?
-Porque estoy orgulloso de mi alumna –respondió él.
La joven se quedó de piedra. Eso sí que no se lo esperaba. ¿Había oído bien? Era la primera vez desde que empezaron las clases que se lo decía abiertamente. Entrecerró los ojos para escrutar su rostro en detalle. No presentaba ningún síntoma de enfermedad. Contrariada por el súbito halago prodigado, se ruborizó irremediablemente.
-Tonto, ¿crees que si no hubiera tenido un buen profesor habría podido ser tan buena en esto? –señaló, disimulando su desconcierto-. ¿O creías que era una friki del análisis sintáctico y que lo hacía por amor al idioma?
Ichigo terminó de corregir haciendo caso omiso de la inusual lisonja. Si los insultos le irritaban, la adulación lo ponía al borde del colapso nervioso, sobre todo teniendo en cuenta de quién solían proceder. En este sentido, jamás conseguiría relajarse: si Rukia lo alababa, lo más probable es que en cualquier momento se abatiría sobre ellos alguna clase de plaga apocalíptica.
Las oraciones redactadas seguían siendo del estilo cómic, pero al igual que siempre respetaban las estructuras pedidas.
-Si me detengo a pensarlo, la verdad es que no me gusta demasiado andar por ahí rebanando criaturas sobrenaturales –comentó, cambiando sorpresivamente de tema-, pero entiendo que sea necesario para preservar las almas de las personas. De igual modo, creo que el conocimiento constituye un fin en sí mismo. ¿Acaso tú no tienes algún objetivo por el cual el esfuerzo de estudiar haya valido la pena?
-¿Cuáles son los objetivos de los seres humanos?
-Muchos. Algunos quieren ser médicos, o abogados, o economistas, por lo que la escuela es la vía de acceso a la universidad. Otros prefieren dedicarse a determinados oficios, por lo que la escuela es una etapa obligada. Algunos lo hacen para pasar el tiempo mientras deciden, o para ganarse la libertad de hacer lo que desean. Otros descreen de su importancia o todavía no saben qué quieren hacer.
-Ya veo. En mi caso, ambos sabemos perfectamente por qué me tiene que ir bien de este lado de la realidad, Ichigo. Si quiero confundirme entre los seres humanos tengo que dar lo mejor de mí, incluso analizando oraciones.
El chico volvió a sonreír.
-Esa es la mejor excusa que he oído, enana.
Sin embargo, para ella no se trataba de una simple excusa, tenía motivos de fondo mucho más valederos que lo que se limitó a reconocer en voz alta. Lo miró con cierto reparo por la repentina dulzura destilada hacia su persona, y guardó silencio.
Quizá tendría que haberle dicho que su razón más poderosa para hacer todo aquello era él. ¿O hubiera sido demasiado? En más de una ocasión había estado tentada de decírselo, de confesarle de una vez por todas lo que realmente sentía, pero a último momento se había echado atrás, amedrentada.
A veces creía que había llegado a dominar al dedillo el grado de susceptibilidad que detentan los vivos, pero muchas otras lo dudaba. Quién sabe cómo reaccionaría Ichigo ante una confesión semejante. Podría alegrarse u ofenderse. Podría enfadarse, despreocuparse, mandarla al diablo o sorprenderse mucho, incluso ensimismarse, y estas dos últimas posibilidades eran las que más temía y por las que terminaba replegándose.
A ella tampoco se le escapaba el hecho de que a lo largo de esos últimos días se había generado un halo de intimidad bastante singular e irregular en su relación. Una cosa era la familiaridad que había existido siempre, pero… ¿intimidad? Lo que recibió de él, lo que había aprendido, trascendía el nivel escolar y los conectaba de nuevo desde otro lugar. Rukia lo advirtió en cada contienda, en cada mirada, en cada una de las palabras ofensivas con que se evadían.
No obstante hoy, cuando esa experiencia compartida llegaba a su final, su espíritu se sublevaba ante la sola idea de seguir huyendo. Ella era una guerrera, una luchadora, una shinigami hecha y derecha que jamás había sucumbido a la cobardía. Pero aun así, ¿debía decírselo? Porque, aunque no cuestionaba ni se arrepentía de lo que sentía, ¿qué resultaría de confesárselo?
Además, dejando a un lado tales conflictos, Rukia tampoco perdía de vista el hecho de que, por más lazos que los uniesen, pertenecían a mundos diferentes e irremediablemente opuestos. ¿Qué oportunidad tendrían, qué decisiones tomarían, cuál sería el lugar para ellos dos?
-La anteúltima oración fue la que más me costó –comentó finalmente, fatigada. Necesitaba dejar de pensar en todo aquello.
Ichigo la releyó.
-Sin embargo está bien redactada.
-Entonces me gustaría que la sintaxis fuese aún más compleja.
Al joven se le erizaron los pelos de la nuca. ¿Acaso había perdido el juicio? ¿Qué clase de alumno formularía semejante deseo? Y después andaba pregonando que pretendía confundirse entre los seres humanos, ¡ja!
-Si quieres hacerte pasar por un estudiante normal, nunca vuelvas a decir algo como eso. Resulta escalofriante, enana.
-Pero sería una forma de tener más clases, ¿no?
-¿Y por qué demonios un adolescente en sus cabales querría extender sus clases de apoyo?
Rukia guardó silencio. Ichigo le restó importancia al asunto.
-Como sea, nosotros ya hemos terminado. Ya que el examen es mañana a primera hora, sería mejor que te fueras a descansar.
-Aún me queda una clase de matemática.
-Ese examen es pasado mañana. Avísale a Renji que por esta vez no irás, él entenderá. –Y luego, pensativo, añadió-: Todavía no logro concebir la lógica que señaló a Renji como tu profesor de matemática. Tendría que verlo para creerlo.
-El que no entiende nada eres tú –farfulló ella, resentida.
Ichigo la miró sin comprender. Mientras la joven redactaba el mensaje en su móvil, repasó mentalmente la conversación. Hubo pocos y aislados insultos, se pronunció alguna que otra frase ofensiva sin consecuencias relevantes y gracias a Dios ningún comentario sarcástico surgió de la nada, ¿entonces por qué iniciar una pelea justo ahora?
¿Y por qué parecía estar tan ofendida? El que tenía más derecho a sentirse así era él, la muy descarada había logrado enamorarlo en el momento menos esperado. ¿Qué más quería?
Ni bien terminó de enviar el mensaje, Rukia ordenó sus útiles escolares y procedió a guardarlos en su bolso. Ichigo se devanó los sesos tratando de dar con una explicación para esa inopinada actitud, aunque sin éxito. Concluyó que ningún hombre sensato debería atravesar nunca por el suplicio de intentar entender a una mujer.
Rukia seguía ceñuda y obstinadamente silenciosa mientras recogía sus cosas. Después fue hasta el armario y revolvió buscando vaya a saber qué. A continuación hurgó ruidosamente entre los cajones, haciendo más tensa la situación.
Ichigo percibía claramente que lo hacía a propósito, que lo provocaba con su silencio mientras que lo desdeñaba con su conducta. Era su juego favorito y en verdad que funcionaba, porque en sólo cinco minutos de indiferencia lo hizo caer.
-¡Ya! ¡Dime de una vez qué demonios te pasa! –exclamó él.
Por fin Rukia se dignó a mirarlo por encima del hombro.
-Nada –respondió con simpleza, y continuó con su fingida actividad.
-Te lo advierto, enana…
-Más enana será tu mente, idiota –masculló ella.
A Ichigo le estalló una vena.
-¡Entonces dime qué te sucede, maldita sea!
Pero Rukia volvió a refugiarse en la táctica del silencio y del orgullo herido. Los hombres nunca entienden nada... Hasta alguien tan bueno y compasivo como Ichigo no dejaba de ser un ejemplar de esta especie primitiva, indolente y arrogante, cuya cabeza bien podía reemplazarse por un simple balón de fútbol.
A fin de cuentas, ¿por qué tenía que ser ella la que diera el primer paso? ¿No solían ser los hombres los que se declaraban a las mujeres? ¿No se ofendían mortalmente si era una la que los encaraba primero? ¿Y cuándo se daría cuenta el muy idiota de que se trataba de eso?
A menos que… a menos que él ya se hubiese dado cuenta, pero no sintiera lo mismo.
Horror. Frío. Consternación. Y muchas otras sensaciones que hubiesen servido de estupendos ejemplos para explicar las oraciones unimembres. Rukia sopesó con mayor certidumbre que antes la posibilidad de que su amor fuese unilateral, no correspondido y rematadamente desestimado. Esta vez se planteó el dilema con seriedad, aturdida por lo nefasto de la perspectiva. Si él no sentía lo mismo nada tendría que esperar, ni valía la pena seguir liándose con sus conflictos internos.
Avergonzada, salió disparada de la habitación. Ichigo, pasmado, ni siquiera atinó a detenerla.
*¿Se acuerdan o vieron alguna vez las películas de los Gremlins? Cuando al protagonista le venden la criatura llamada "mogwai", le hacen las siguientes advertencias: "No exponer al mogwai a las luces brillantes y no debe recibir luz del sol, ya que ambas lo matarían. Nunca darle de beber agua y no debe mojar al mogwai. Y la más importante, nunca alimentar al mogwai después de la medianoche." XD
