Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar aquí!

Parece mentira, ¡pero llegamos al final del fic! Estamos en condiciones de afirmar que hemos sobrevivido, ¡que la sintaxis no nos ha vencido! Hubiese sido demasiado humillante que unas cuantas oraciones nos vencieran...

En este capítulo sabremos por fin cuáles son las calificaciones de Rukia (recuerden que gramática no fue la única materia que reprobó), se devela el misterio de las clases de apoyo de Renji y nos enteraremos en qué consistió el fatídico examen.

A partir de aquí sólo me quedan palabras de agradecimiento, tanto a quienes comentaron como a los que leyeron. Aprovecho la oportunidad para saludar a los anónimos Akane-chan, Lady-Shinigami y MargoM, muchas gracias por su apoyo y constancia. Es la última ocasión en que podré agradecer este tipo de reviews, pero si siguen llegando sepan que los leeré y agradeceré con el corazón aunque no pueda responderlos.

Tengo otros escritos para publicar, aunque no son ichirukis. Lo que sí haré pronto es re-subir el fic "La shinigami y el sustituto". Era una piedrita en el zapato para mí, hace tiempo que quería someterlo a un riguroso proceso de edición. Fue lo primero que escribí, y releyéndolo ahora me parece vergonzoso (encima tiene lemmon), por lo que me debía una reivindicación mejorándolo en cuanto sea posible. ¡No se les ocurra leerlo!, el estilo de escritura de ese entonces es muy diferente al actual. A menos que quieran ver el "antes" y el "después" (el "antes" es sólo para reír XD).

En fin, creo que ya he dicho lo necesario. De nuevo les agradezco profundamente por el apoyo, el tiempo, la generosidad y la constancia. Me despido hasta la próxima deseándoles lo mejor :D


Lección N°10: Epifanía


Se abrió paso entre sus compañeros hasta alcanzar la panorámica adecuada. La cartelera ubicada en el primer nivel exhibía las calificaciones de los alumnos que habían rendido sus exámenes recuperatorios la semana anterior, por lo que se detuvo para verificar ciertos resultados.

Buscó su nombre en la lista y allí estaba, irradiando sus esforzadas notas por encima del número básico para la promoción. Ichigo sonrió. Después, tranquilamente, continuó su camino.

-¿Ves? Es un ocho, Renji, ¡un ocho!

El teniente observaba el documento con estupor. No podía creerlo, en verdad estaba allí escrito, dibujado, impreso, establecido, un hermoso, suculento, místico y curvilíneo número ocho junto al rótulo que decía "Matemática". Y pensar que una cifra tan simple podía proporcionar tanta dicha… Un ocho, ¡un perfecto y maravilloso ocho! Renji tuvo que apretar las muelas para contener la emoción. Aun así, pronto se vio asaltado por una serie de escrúpulos.

-Rukia, yo…

-Lo sé, tonto.

Al oírlo, el joven la miró horrorizado, componiendo el gesto del galán de telenovela mortificado. Rukia puso los ojos en blanco.

-No, no lo sabes –dijo Renji, eludiendo su mirada-. No lo sabes…

-Si te digo que lo sé es porque lo sé –aseveró ella.

-Pero…

-¡Ahórrate el melodrama, Renji! –lo amonestó Rukia, ceñuda-. Sé lo que tuviste que hacer para poder darme clases de matemática, Ni-sama me lo contó.

Entonces el joven la miró con perplejidad. Pero Rukia sonreía. Todas aquellas nefastas horas que tuvo que dedicar en secreto al estudio de la aritmética para poder ayudarla habían valido la pena. Lástima que Byakuya lo hubiese delatado al final.

-Rukia, yo… yo…

-Te esforzaste mucho, Renji, estoy muy agradecida –dijo ella para confortarlo-. Debió haber sido muy difícil para ti en cuanto te pedí ayuda, y luego cuando estudiabas para enseñarme. Ese tipo de cosas sólo las hacen los amigos de verdad. Una buena parte de ese ocho te pertenece.

Renji sorbió los sentimientos que jamás permitiría dejar escapar. Rojo hasta las orejas después de semejante halago, asumió una pose de aventajado que ni el profesor más ducho en la materia podría igualar, clavando la vista en el horizonte.

-Los números son lo mío –declamó.

Rukia alzó una ceja.

-Tampoco es para tanto, ¿no crees?

El teniente rió, aliviado, y volvió a la normalidad.

-Y por cierto, ¿qué tal te fue en gramática? –inquirió, fijándose en el papel de nuevo para buscar la calificación correspondiente-. Veamos… -Y cuando la encontró, se quedó petrificado-. ¿Eh?

"Sólo hay mundo donde hay lenguaje", afirma Heidegger. Basta con visitar la literatura de ficción para corroborarlo. Así como los sonidos y los silencios componen una pieza musical, así como las acuarelas esbozan una pintura y el barro modela una escultura, el lenguaje es el material con el que se crean los universos de ficción. Sin lenguaje, tampoco habría imaginación.

Así, el escritor toma la pluma y traza con palabras esos mundos que en la realidad no existen y por eso se dice que crea algo nuevo, algo que antes no estaba ahí. De este modo las palabras son el medio por el cual el lector conoce ese universo ficticio, viaja a través de las frases, lo recorre hasta hacerlo parte de sí, hasta que sea real para sí. Y todo por la magia de las palabras, de las frases, del lenguaje.

El escritor redacta en una hoja en blanco: por esta calle tranquila el joven de cabello anaranjado se dirige a su casa, al atardecer, pensando en la chica a la que ha ayudado, su amiga, por la que se siente tan inclinado. El escritor dice que camina calle tras calle, que dobla en una esquina y que se topa con un espíritu, pero al no presentir ningún peligro sigue hasta su casa pensando en que más tarde se ocupará de él.

Por esta otra senda, cercana a un río de aguas diáfanas, en el mismo atardecer, el autor bosqueja una jovencita de kimono negro que camina sin prisa en dirección a la casa del chico que la ha ayudado, su amigo, del que se ha enamorado. El escritor dibuja un pequeño charco que ella elude, luego otro y otros más, resultado de la lluvia del día anterior –piensa la joven, según lo indican las palabras-. Luego aparece de nuevo la esquina –porque para el escritor la casualidad es una pieza fundamental en su historia-, donde se topa con un espíritu al que le practica el rito final.

Cuando el espíritu se desvanece, un destello vago es todo lo que perdura de él flotando en el aire. Al desaparecer la huella, la muchacha ya se encuentra ante la puerta de la casa. Según el autor, entra sin llamar y luego anuncia su presencia.

-¿Por qué te anuncias estando en modo espiritual? –indagó Ichigo.

-Porque creo que prácticamente la totalidad de tu familia ya puede detectar mi presencia –dijo Rukia con sarcasmo.

Ichigo continuó leyendo su libro. Rukia subió hasta su habitación, se apropió del gigai y volvió a la sala. Una vez allí se dejó caer en el sillón frente a su amigo, suponiendo que hablarían de los resultados de los exámenes. Pero durante varios minutos sólo se oyó el monótono tic tac del reloj.

La shinigami no sabía qué pensar. ¿Por qué esa indiferencia? ¿Por qué no le preguntaba por sus calificaciones? ¿Por qué tanto repentino interés en –tuvo que agudizar la vista para leer el nombre en la portada- el tal Murakami? Se cruzó de brazos fulminándolo con la mirada, como si sólo con el poder de sus virulentos pensamientos pudiera sacarlo de su mutismo.

Por supuesto, Ichigo de inmediato percibió el aura maléfica que desprendía la chica, lo sintió en cada uno de sus poros. Sin embargo, se mantuvo inconmovible. Si se estaba aburriendo, que no cuente con él para divertirse.

Entonces Rukia, sabedora ya de ese retraimiento intencional, imprimió más malignidad aún en sus sentidos. Hizo fuerza con la vista, con la piel, con la mente, con su beligerante silencio, reunió y le envió una suculenta sobrecarga de electrones desafiantes y de ondas retadoras que ni el más indolente de los seres humanos podría resistir. Lo bombardeó con emisiones negativas, disparó una buena carga de despecho e irradió tal cantidad de violencia mal contenida que lo menos que podía hacer Ichigo era darse por enterado. Pero el muy idiota no lo hizo.

Sin embargo, lo sentía perfectamente. El chico no podía pasar la página de su novela porque fue sensible a cada puñal, a cada aguijón, a cada purulenta incisión de hiel vengativa y de rencorosa demanda. Aun así, resistió el acoso sensorial con estoicismo. Por nada del mundo se sometería a ese tipo de extorsión parapsicológica. Que ella siguiera exigiendo su atención cuanto quisiera, él tenía mejores cosas que hacer con su tiempo.

Así, la sobrenatural puja continuó durante varios minutos, una sin retroceder, el otro sin conceder. Rukia atacaba con impetuosas oleadas de irritación, e Ichigo resistía como si su piel y su mente estuviesen revestidas de acero. Eran la viva imagen de la insistencia de la mujer versus la apatía del hombre, el reclamo femenino versus la inercia masculina, la intimidación del shinigami contra la indiferencia del ser humano… Y la contienda jamás tendría final.

Pero el hombre está hecho de flaquezas e intolerancia, por lo que Ichigo naturalmente fue el primero en claudicar. Después de sostener cuanto pudo ese valeroso acto de impasibilidad, bajó el libro con impotencia y encaró a la fuente de aquella nefasta emanación energética sin poder contenerse más.

-¿Qué diablos te sucede ahora, maldita sea?

-¡Me pasa que no me has preguntado por mis calificaciones! –lo acusó Rukia, directa.

-¿Y por qué tendrían que importarme tus calificaciones?

-¡Porque lo digo yo!

-¡Pues me importan un comino! ¡Quiero leer!

-¿Ni siquiera te interesa saber cuánto saqué en gramática? ¡Eres un idiota, Ichigo!

Al fin lo escupieron, las cartas estaban echadas sobre la mesa. La milenaria lucha de la mujer por captar la atención del hombre y la del hombre por evadirla (sobre todo cuando ya era de noche y el tipo quería comer e irse a mirar el juego televisivo de turno), alcanzó el clímax revelador. Así expuestos los motivos de cada uno, habían llegado a la encrucijada decisiva.

Pero cuando parecía que la bomba les estallaba, Ichigo se ocupó de aplacar los ánimos.

-¿Y no se te ha ocurrido que tal vez ya sepa cuánto sacaste? –preguntó-. ¿Qué tal si mi silencio se debe a que ya conozco los resultados de tus exámenes?

Aquí Rukia vaciló, contrariada. Semejante posibilidad ni siquiera se le había pasado por la cabeza. A menos que el tipo estuviese mintiendo para rehuir de la situación… Pero por la forma como la miraba, ese no parecía ser el caso. Tuvo que cancelar sus precipitadas conclusiones.

-Entonces ya sabes qué nota saqué en gramática –farfulló con el orgullo herido.

-Por supuesto que lo sé –dijo Ichigo, representando la cifra con todos los dedos de las manos.

Ante semejante evidencia, la shinigami se emocionó. Sintió calor en el rostro, aunque no sólo por los absurdos exabruptos emitidos, sino también por el hecho de que él se hubiese interesado en eso tal vez antes que ella misma. Él ya conocía su situación, que había logrado promocionar, y se lo probó además enumerándole el resto de las notas.

-Hubieras empezado por decírmelo, idiota –le reprochó luego, sin enojo-. Jamás entenderé la conducta de los hombres, siempre mostrándose indiferentes para parecer interesantes.

-¿Yo soy así? –se extrañó Ichigo.

-Tú, en ocasiones, más que nadie.

El joven se crispó. Aunque, a continuación, se detuvo a reflexionar en la inesperada imagen que ella le mostraba de sí mismo. No podía ser real.

-Jamás quise parecer interesante –masculló, molesto-. No pretendo que tengas esa idea de mí, ni tú ni nadie.

Rukia suspiró.

-Sólo bromeaba, tonto.

-Porque cuando algo me interesa, ¿para qué simularía lo contrario? –continuó él, ofuscado.

Rukia puso los ojos en blanco.

-Te dije que sólo brom…

-Nunca he sido una persona con segundas intenciones.

-Ichigo…

-Siempre he sido honesto conmigo mismo y con los demás, ¿por qué demonios fingiría ser algo que no soy, o sentir algo que no siento?

-Te dije que…

-Como si me importara que la gente me encuentre interesante, ¡qué ridiculez!

-Sin embargo, eres un experto en negar lo que te pasa cuando algo te afecta –señaló Rukia, cortándolo. Fastidiada con el tono de la plática, pero muy poco dispuesta a tolerar ese análisis de su personalidad sin expresar su propia opinión, decidió decir lo que pensaba-. Cada vez que algo malo te ocurre, o cuando algo te preocupa, te lo guardas para ti mismo y nos dejas afuera.

Esta vez Ichigo se calló. No tuvo nada para decir al respecto. De hecho, en ese preciso momento, estaba experimentando una emoción en particular que procuraba ocultar. Aquella era una faceta de su temperamento que todavía no conseguía corregir, el arma defensiva más poderosa que su psiquis haya producido jamás.

-¿Y qué hay de ti? –le lanzó a modo de acción evasiva.

-¿De mí? –A Rukia semejante pregunta la tomó por sorpresa-. Yo no tengo nada que ocultar… ¡Y estábamos hablando de ti, cabeza hueca!

Ichigo bufó, fastidiado. Ni muerto continuaría por ese camino. Mascullando frases ininteligibles, recuperó el libro olvidado, lo abrió en cualquier parte y se puso a leer.

-¿Ves? Ahí estás de nuevo fingiendo desinterés –lo acusó Rukia.

Entonces el otro dejó el libro, nomás para no tener que darle la razón. Molesto, buscó cualquier tema de conversación para seguir escapando del anterior. En cuanto lo encontró, pensó que ningún joven en su situación podría culparlo por ello. Además, su maniobra era mucho más noble que la de salir corriendo de la habitación, como hiciera ella la vez pasada.

-¿En qué consistió el examen? –indagó.

Rukia hizo una mueca. Vaya, sí que sabía por dónde escabullirse. Aunque, para ser sinceros, tampoco tenía la serenidad suficiente como para seguir revolviendo entre sus sentimientos y personalidades, pues sería contraproducente. El venerable camino de la sintaxis le pareció el más seguro para ambos, por lo que también lo aprovecharía.

-Fueron diez oraciones para analizar, luego veinte sintagmas para identificar y, por último, había que redactar oraciones.

-¿Qué tipo de oraciones?

-La primera que pedían debía ser de sujeto tácito y predicado verbal compuesto con cualquier modificador verbal.

-¿Y tú que pusiste?

-"¡Vayan a la isla y recuperen el tesoro!" –exclamó Rukia, poseída de nuevo por el espíritu del fanático recalcitrante.

Ichigo volvió a crisparse. Era de no creer, ella lo hizo, ¡realmente tuvo el descaro de utilizar sus historietas como referencia! ¡Incluso en una evaluación escrita!

-Tenías que hacerlo hasta el final, ¿verdad? –gruñó.

-Por supuesto, ¿quién te crees que soy?

El chico meneó la cabeza con resignación. Y aunque presentía cómo continuaba la historia, tomó aire y volvió a preguntar.

-¿Qué otra?

-También me pidieron una oración unimembre sin verbo. Escribí "Marcianos al ataque."

-Al menos esta vez te basaste en una película –comentó él con sequedad-. ¿Qué más?

-Pidieron una oración con sujeto expreso simple, predicado verbal simple y predicativo subjetivo obligatorio. Escribí "Las rosas son las flores preferidas de Ichigo."

-¿Qué?

-Lo que oíste. ¿Por qué te pones así? ¿Acaso la oración está mal construida? Ya sabemos que no –ironizó ella, indiferente a la irritación ajena-. ¿O es que el contenido está errado? ¿Acaso no gritaste a diestra y siniestra que las rosas florecían?

-¡Sólo se trataba de un maldito ejemplo! –farfulló Ichigo, avergonzado.

-De nada te servirá ocultarlo, Ichigo. Si te gustan las rosas, admítelo y ya.

El chico bufó. ¿Pero de qué valdría reprenderla? ¿Tenía sentido llamarle la atención por tamaña falta de formalidad tratándose de un examen recuperatorio? ¿Qué habrá pensado el profesor al leer esos ejemplos? Ichigo sudó frío.

De todas formas las oraciones estaban perfectamente formuladas y respetaban las consignas, por lo que al pobre docente no le habrá quedado más remedio que admitirlas. O quizás, a esas alturas de la vida, lo único importante era que Rukia hubiese entendido el tema, por lo que el nivel de ridiculez y puerilidad en los enunciados redactados era lo de menos. Hasta se habrá divertido un poco corrigiéndolos.

-¿Y ahora por qué sonríes? –preguntó ella.

Ichigo pestañeó, confuso. Era cierto, estaba sonriendo de la nada como un idiota, dejándose llevar por sus pensamientos.

-¿Sabes que el análisis sintáctico al final es una cuestión de interpretación? –indagó para cambiar de tema… otra vez.

Rukia lo miró sin entender.

-Hay muchas teorías que se dedican al análisis de las oraciones –explicó él-. La más común es la que utilizamos en la escuela, la teoría estructuralista. Pero también se practican la funcionalista y la generativista, por ejemplo. Sin embargo, al final todos los lingüistas terminan por aceptar que los niveles de análisis, llegados a cierto punto, dependen de la interpretación. Claro que esto debe justificarse, pero el análisis termina dependiendo del punto de vista.

-Entiendo –musitó Rukia, meditándolo.

Después guardaron silencio y cada uno se hundió en sus propias cavilaciones. Mientras Rukia intentaba asimilar la nueva información, Ichigo trató de comprender por milésima vez por qué no podía sacarle los ojos de encima, aunque la viese a diario.

La persona que amamos es un misterio, uno que puede paralizarnos tanto como alentarnos. La vemos todos los días, o periódicamente, nos enfocamos en ella y nos preguntamos si sabrá que existimos, y si lo sabe, qué pensará de nosotros, y si siente algo, qué clase de sentimiento es. ¿Será profundo, doloroso u honesto como el nuestro? ¿Será novedoso, perturbador, imprevisto? ¿Será bueno? ¿Será reprimido o será alimentado?

¿Puede una amiga de años convertirse de pronto un día en el centro de todo, en la causa y en los motivos, en el punto de partida y en el de llegada? ¿Qué habría sido de él si esa muchachita terca no se hubiese cruzado en su camino? ¿Cómo habría sido su vida si se hubiese negado a dejar que su katana le atraviese el pecho? ¿Hubiese hallado su destino, hubiese llegado a ser quien era más allá de su intervención?

Habría que desandar cada pasaje del laberinto que es el tiempo, habría que deshacer cada elección tomada para volver al origen, para saber y para entender, para hallar las respuestas. Pero si hacía eso entonces borraría todo lo sucedido, sería reemplazado por la nada. La vida está llena de preguntas, es dolorosamente cierto, pero eso no significa que vivir consista en buscar cada una de las respuestas. Al mirar hacia atrás, para Ichigo lo mejor fue que, pasaje tras pasaje, elección tras elección, estuvo acompañado por ella.

-Desde mi punto de vista, lo has hecho bien –murmuró-. Ambos lo hemos hecho bien, hicimos lo mejor que pudimos.

-¿Eh?

Asombrada por esa salida, Rukia lo miró con interrogación. Se había enamorado de un joven que aún podía generarle intriga pese al tiempo y las experiencias que habían transitado juntos, y eso le parecía un milagro casi tan grande como el del amor. Para estar a la altura de esa observación, y pese a que no venía a cuento de nada, ensayó una respuesta del mismo tenor.

-No estoy muy segura acerca de lo que tratas de decir, pero creo que hemos hecho lo mejor que pudimos porque siempre hemos estado juntos –replicó mirándose las uñas para fingir indiferencia. La conversación había dado un giro extraño que la puso sobre ascuas e Ichigo le clavó la vista con demasiada intensidad. Sentía que el pulso se le iba por las nubes.

Entonces él se levantó, se acercó hasta ella y le tendió la mano.

-Ven –dijo simplemente.

-¿Y ahora qué? –indagó Rukia, desconfiada y más nerviosa todavía.

-Hay otra cosa que debes saber –explicó Ichigo, insistiendo con su mano tendida. En la shinigami residía la única respuesta que le interesaba obtener. Sin embargo, consideraba que para decirse lo más importante ellos nunca precisaron de palabras.

Algo contrariada por ese abrupto cambio de actitud, la joven demoró algunos instantes más en reaccionar. Finalmente alargó la mano para tomar la que le ofrecían. Entonces él jaló para que se pusiera de pie, la rodeó con un brazo, la atrajo hacia sí y se inclinó.

Rukia recibió el beso apenas sorprendida, porque de repente besarlo resultó ser lo más natural del mundo. Que ella lo quiera, que él le corresponda y que por fin se lo demuestre resultó ser lo más natural del mundo. Que compartan, que peleen, que se abracen absorbiéndose el aliento y que se transmitan lo que sienten resultó ser lo más natural del mundo, porque lo más natural del mundo era que ellos, Ichigo y Rukia, lo hicieran. Por eso tampoco le resultó extraño que los labios se volviesen más ansiosos y demandantes.

Así es como debían terminar, ¿de qué otra forma si no? Se dejaron llevar por la certeza de lo que sentían y por la libertad de demostrarlo, ya nada tenían que temer. Cada nudo, cada conflicto, cada recelo solapado se desvanecieron en el aire como si fuesen burbujas, o se perdieron tras un suspiro, o se diluyeron con una caricia.

El abrazo se prolongó. Por momentos besaron el alivio de saber que su amor era el mismo, o la conciencia de entender lo que sentían. Por momentos simplemente se apoyaron uno en el otro, como siempre lo habían hecho, admirados de la amorosa revelación. A veces eso es todo lo que se necesita para sobrevivir.

Más tarde, el móvil de la shinigami comenzó a sonar. Mientras pasaban al modo espiritual, sólo tuvieron tiempo de intercambiar una significativa mirada de entendimiento. Porque aunque la comunicación explícita no era su fuerte, se conocían lo suficiente como para decirse las cosas prescindiendo de las oraciones innecesarias.

Ningún estudioso de la gramática los criticaría por ello.

FIN