ESCENA II: Reencuentro.

-"¡Shintaro-kun, ya son las nueve!"- Llamaba una voz aguda al joven durmiente, haciéndolo despertar por el tono tan alto y los destellos del sol que atravesaba su ventana.

-"¡Sí, voy mamá!"- Mencionó levantándose parpadeando lentamente. Se puso ropa muy ligera: un polo blanco sin impresiones en él, una camisa negra que cubría las mangas del polo, un jean azul oscuro y unas zapatillas negras. Bajó por las escaleras para desayunar y se sentó a beber yogurt en un plato con cereales de chocolate.

-"¿Cómo va la banda?"- Preguntó la madre abriendo un sobre de café para desayunar.

-"Muy bien, creo… Takuya vendrá con los demás a llevarme hacia el estudio"-Dijo entreabriendo los ojos y con seriedad.

-"¿A qué hora volverán?"- Consultó mientras divisaba el rostro de su hijo, sentada en frente del mismo.

-"Sobre las once. Ayer sólo pudimos terminar de grabar una canción, a duras penas"-indicó el joven terminando de comer.

-"Cuídate, sabes que me preocupo"- declaró mostrando sus sentimientos. Sonó una bocina, era Nobuto junto a los demás, quienes llamaron insistentemente a Shintaro. El acudió y se subió al auto.

Cuando volvieron a las 11 y media de grabar unas dos canciones más, Shintaro abrió la puerta con su llave sin hacer ruido, cuidando de que su madre no despertara. Iba con dirección al baño a tomar una ducha, cuando percibió una silueta en su habitación en su trayectoria. Se quedó pasmado al ver a una chica escultural leyendo un manga en pijama, recostada de pecho en su cama y comiendo una manzana.

-"¿Qué?"- Se preguntó mentalmente al verla. No quitó los ojos de ella, y al darse cuenta que la observaban, la muchacha alzó la mirada para encontrarse con los ojos negros del joven, al cual saludó alegremente:

-"¡Shinta-kun! ¡Eres tú, y estás muy flacucho!"- Rió cerrando la historieta y yendo hacia él. Shintaro parecía perdido, pero no dejaba de verla con los ojos penetrantes. La madre escuchó el saludo y entró a ver qué pasaba.

-"¿Qué sucede?"- Lanzó inquietada dando pasos temblorosos.

-"Mamá… ¿Quién es?"- Preguntó él casi susurrando, pero eso no impidió que la chica escuchara.

-"¡Qué gracioso es! ¿Verdad, madre?"- Manifestó ella riendo más aún, con el dedo señalando el rostro de Shintaro.

'¿Madre?' Meditó la frase y la relacionó directamente con su pasado, entonces recordó quién era.

-"¿Minami? ¡Minami!"- Expresó con los ojos bien abiertos, retrocediendo un poco.

-"¡Hasta que al fin adivinaste, idiota!"- Confirmó dando un leve salto hacia él y abrazándolo casi asfixiándolo. La escena se tornó a compleja y tétrica por una parte. Shintaro aún estaba sorprendido, y también se denotaba un trivial desánimo.

-"Mina-chan llegó ayer a Japón y vino a quedarse por un tiempo. Deben estar preguntándose qué ha sido de sus vidas el uno al otro; es mejor que conversen en la sala"- Sugirió la madre del chico disponiéndose a dormir. Los dos, obedientemente, fueron hacia la sala y se sentaron: Minami en lo hondo del sofá, casi al centro; Shintaro en el brazo del mismo mueble, pensativo y sin palabras. Ella cortó el silencio y entabló:

-"¿Qué es esto? ¿Así me recibes? ¿Sin nada que decir?"- Indagó la señorita de cabello medio largo y negro purísimo, cruzando las piernas.

-"¿Cómo… has estado?"- Formuló atendiéndola con los ojos y dedicándole una extraña pero aceptable sonrisa.

-"Muy bien, pero no he recibido ninguna carta tuya desde que me fui de Japón hace unos años ¿Qué te pasó?"- Interrogó moviendo su cuerpo de manera que se aproximara un poco más a él.

-"Pues… No sabía adónde habías ido, no me diste ni una pista, sólo te fuiste y ya, sin avisarme…"- Inclinó la cabeza sobre su mano, para que ella no viera su rostro.

-"¿Cómo que no? ¡Te mandé cinco mensajes a tu teléfono celular, pero nunca respondiste!"- Se acercó aún más, casi tocándolo.

-"¿Qué? ¡Ah! Supongo que fue cuando perdí mi móvil, desde entonces, tengo uno nuevo; Te llamé pero tampoco respondiste"- Dijo despacio, sin quitar sus manos.

-"¡Pero qué cruel es el destino! También me compré otro celular; Porque al cambiarme de país tenía que tener otro número, con el código de allá"- Explicó apartando la mano del joven y poniéndola en su mejilla.

-"Sí, es muy cruel ¿verdad? Todos éstos años me he preguntado dónde estarías"- Sonrió dulcemente.

-"Acaríciame, Shinta-kun. Quiero sentir tus frías manos de nuevo"- Le respondió la sonrisa con otra más pícara. Él acató la orden deslizando los dedos en los pómulos en tanto la chica cerraba los ojos enrojecida.

-"Estoy frío; y no me refiero a mis manos, sino a mi expresión. Me tomaste por sorpresa"- Anunció dejando de acariciarla.

-"Sigues siendo cortés… ¡Pues yo sí que he cambiado! Estar en Argentina tanto tiempo me ha hecho ver el mundo de una manera diferente"- Señaló un poco decepcionada de que él ya no la tocara.

-"Hablas como si fueses una filósofa reconocida"- Echó a reír entre dientes, parándose dispuesto a caminar.

-"¿Adónde vas?"- Pronunció dubitativa.

-"A dormir. Es un poco tarde ya, ¿No te parece? Tú también debes estar cansada. Como sea, buenas noches Mina-chan"-.

Un color rojo recorrió la cara de la muchacha cuando Shintaro pronunció su nombre como lo solía hacer. Luego se paro también y siguió de cerca al joven. –"Dormiré contigo"- Señaló desplomándose sobre la cama y abrigándose muy bien.

-"¡¿Qué?!"- Exclamó el muchacho, pensando que era una broma.

-"¡Ven, Shinta-kun! ¡Tu mamá ya me dio permiso!"- Rió hacia adentro mientras lo invitaba a acostarse haciendo un gesto con la mano.

-"¿C-Cómo has dicho? ¿Qué te pasa? ¡No podemos dormir juntos!"- Enfatizó un poco encolerizado y muy avergonzado, retrocediendo a pasos grandes de la tentación; pues la dama tenía un cuerpo fenomenal, con las curvas bien dibujadas y de un busto para envidiar.

-"¿Por qué no? ¡Dormíamos juntos cuando éramos niños!"- Protestó ella mirando el cabello negro lacio del chico, como estudiándolo.

-"¡Lo sé pero ya no somos más unos niños!"- Replicó más alterado.

-"Ah, ya veo: Piensas que lo haremos o algo como eso ¡No te preocupes, no tomo a idiotas como tú!"- Enfatizó tapándose toda la cara.

-"¿De qué hablas? ¡Sé controlar mis deseos! (¿Pero qué rayos estoy diciendo?)"-Miró sus manos sorprendido.

-"¡Oh, Así que me deseas! ¡Maldito pervertido! ¡Sal de aquí!"- Gritó ella ordenando desde adentro de las sábanas.

-"¡No dije eso! No es que te desee a ti, me referí a que… (Pausó al verse que estaba en la puerta de su habitación, obedeciendo a la orden de la joven al decir que se retirara) ¡Oye! ¿Por qué tengo yo que salir de mi habitación? ¡Eres tú la que debería…!"- No terminó la oración, al observar salir caminando descalza del cuarto a su visitante, vistiendo sólo un short violeta corto y un polo que hacía juego con su pijama, dirigiéndose a la puerta principal.

-"¡Me voy! Ya que soy un claro estorbo ¿No?"- Le dijo mirándolo como una felina a punto de atacar.

Shintaro suspiró para tranquilizarse y vigiló cada paso de la señorita, acercándose a ella y denotando su rostro arrepentido. Luego, dando otro suspiro pensó –"¿Dónde quedó la dulce y simpática Minami?"- Avecinando que sus problemas habían empezado con la llegada de la chica.