Título: Por Más Que Para Siempre.

Capítulo 3/3: Argovia.

Fandom: Hetalia.

Personajes: Suiza, Austria y OC's.

Género: Romance, Histórico, AU.

Advertencias: Los personajes son humanos, no países. Uso de la versión nyo de uno de ellos.

Resumen: Un romance medieval protagonizado por dos personas muy diferentes nacidos en un periodo de conflictos entre suizos y austriacos.

Palabras del capítulo: 2,659.

Aclaración: Hetalia: Axis Powers, título comercial, pertenece a Hadekaz Himaruya, Studio DEEN y sus respectivos socios y derivados comerciales. No busco beneficio alguno al escribir y publicar esto más que el placer de hacerlo y la esperanza de que sea leído y guste. Fin.

Notas: Esta historia es ficción, cualquier parecido con la realidad favor de avisar para disfrutar de la coincidencia.

Aclaraciones históricas al final del capítulo (no será demasiado).


Esperaba pacientemente a que el mensajero del Rey abandonara la sala donde estaba reunido con el Duque y Roderich, mientras tanto la futura Duquesa se encontraba en un salón contiguo al vestíbulo tratando leer pero continuamente fijaba su vista en la puerta abierta esperando ver al mensajero pasar. Estaba nerviosa, la política no estaba nada bien y ella ya había sufrido un duro golpe hace tiempo.

Llevaba casada ya algunos años pero al poco tiempo de contraer matrimonio su querido padre le había contactado mediante una carta sólo para explicarle que Zug había pasado a formar parte de la Confederación y dejaba de ser territorio austriaco, cortando relaciones que Argovia y, por lo tanto, con ella más que mediante esporádicas cartas. Sabía que la situación ya era delicada pues durante los últimos 50 años la presencia e influencia de suizos se había incrementado en Zug, tanto que ella misma se consideraba suiza pero jamás imaginó que de un día para otro su padre cortaría las relaciones siendo que había pasado años (toda la vida de Adelheid por lo menos) tratando de afianzar sus tratos con Austria.

Según la carta el Conde se había visto obligado a tomar una decisión y ya que tenía a su hija a salvo en Argovia se decantó por cambiar sus lealtades. No fue fácil para ella, los Duques lo tomaron como una traición y aunque no fueron directamente hostiles con ella sí cambiaron su trato, la Duquesa era más severa y el Duque dejó de ser amistoso, por no hablar de los sirvientes y el pueblo que la veían como una intrusa. Si no hubiera sido por Roderich y su nana se habría sentido tremendamente sola, tan acostumbrada que estaba a salir al campo, convivir con todos la gente del pueblo y recibir palabras amables… Ya se había mentalizado en que al convertirse en la esposa de un Habsburgo aquella rutina desaparecería pero nada la preparó para enfrentar el silencio que se cernió en su entorno con la pérdida de Zug.

Sólo Roderich permaneció a su lado como si nada hubiera cambiado y ella lo amó más por eso, a pesar de la seriedad y autoridad que demostraba frente a los demás en la intimidad era amable y cariñoso, escuchaba sus lamentos preocupados por su padre y secaba sus lágrimas de rabia cuando la presión del día era tanta que se quebraba al llegar la noche.

A pesar de todo eso jamás les dio la satisfacción de romperse frente a los Duques, permaneció firme y serena, cumpliendo con sus obligaciones y todo lo que esperaban, esperando a la noche para descargar sus frustraciones.

Curiosamente descubrieron que hacer el amor ayudaba a que se calmara con mucha eficiencia así que en ocasiones tenían intensas sesiones que los dejaban agotados. Roderich a veces extrañaba esos momentos pues con el paso del tiempo los problemas se fueron enfriando y regresando lentamente a la normalidad así que aprovechaba cuando la hacían enojar para disfrutar de aquellos encuentros ardientes e intensos.

Jamás pensó que hacer el amor se volvería tan primordial en su vida, tan recto que fue educado pero en cuanto conoció la mieles de la carne se perdía por satisfacer sus instintos primarios y el hecho de que Adelheid secundara esos deseos lo hacía mucho más fácil. A pesar de eso fue sorpresivo para ellos que Adelheid no quedara embarazada sino hasta unos años después de casarse.

Pero nuevos acontecimientos volvían a tambalear su recién recuperada estabilidad, el rey Segismundo y el Duque estaban teniendo diferencias debido a los conflictos que estaba causando el papa Alejandro XXIII. Adelheid tenía miedo por las consecuencias que podrían acarrear si el Rey decidía volverse en su contra, sin su protección los suizos tendrían vía libre para invadir Argovia ¿qué pasaría entonces con ellos?

Incluso había escrito a su padre explicándole sus miedos y rogándole discreción, él había respondido confirmándole que los confederados estaban listos para avanzar contra ellos a la menor oportunidad y diciéndole que en el peor de los casos la recibiría de vuelta. Se estremecía sólo de pensar que "el por de los casos" sería que se quedara sola.

Se levantó de donde estaba sentada ganándose una mirada severa de su nana pero no le importó pues oía voces masculinas acercándose por el pasillo, no podía salir a encontrárselos pero sí podía acercarse a la puerta a intentar oír qué decían pero para su desespero no decían nada de lo que esperaba.

─Verano es una buena época para tener niños, espero de corazón que su hijo nazca con bien, en el nombre del Rey permítame felicitarlo por el futuro alumbramiento ─el desconocimiento de la voz le hizo saber que se trataba del mensajero.

─Le agradezco mucho, espero poder presentarle a mi hijo personalmente la próxima primavera ─esa era la voz de Roderich.

─Claro, claro, informaré a su majestad sobre eso, nos congratulamos ante la noticia de la venida un nuevo Habsburgo.

─Seguramente no tanto como nosotros ─reconoció al Duque pero también notó en su voz una nota de tensión.

─Seguramente… y bien, no los entretendré más, mi viaje de vuelta es largo y hay mucho que informar.

─Espero que marche con bien, esperaremos nuevas noticias.

Desde el lugar donde espiaba pudo ver como el mensajero les hacía una reverencia a los dos Habsburgo y salía por la puerta pero padre e hijo se quedaron parados ahí en silencio unos momentos después de quedarse solos.

─Debemos empezar a tomar previsiones.

─Lo sé, padre…

─Especialmente por tu esposa, en su estado hay que doblar los cuidados y no podemos darnos el lujo de exponerla a alguna movilización prematura ─Roderich soltó un fuerte suspiro.

─¿Tan mal crees que está la situación?

─Creo que será peor, evidentemente ese Luxemburg tratará de perjudicarnos usando cualquier pretexto para quitarnos del camino.

─Eso suena bastante radical, padre.

─Suena justo como se ve ─dio un golpe contra el suelo con el pie e inhaló con fuerza─. Iré con los soldados, ellos deben prepararse.

─Esta bien, nos veremos en la cena.

El Duque se alejó dejando a Roderich solo, que volvió a suspirar.

─Roderich ¿qué sucede? ─preguntó Adelheid entrando al vestíbulo y acercándose a él. Roderich volvió a suspirar pero con una sonrisa en su rostro.

─No deberías oír a hurtadillas.

─No deberías creer que soy tan débil como para enfermarme sólo por una mala noticia.

─Estás embarazada.

─Y aún así sigo despertando primero en las mañanas.

─Aún así deberías descansar más.

─Eso no parece preocuparte demasiado cuando estamos en la cama ─Roderich se ruborizó ligeramente y carraspeó ganándose una sonrisa divertida.

─No soy brusco.

─Tienes suerte de que no le diga al médico, quizás lo prohíba ─definitivamente no era muy aristocrático sentir pánico ante la idea.

─Si no le has dicho es por que tú quieres que sigamos haciendo el amor a pesar de tu embarazo.

─Eso demuestra que no me he sentido enferma ni cansada ni que deberías tener tantas consideraciones especiales.

─El hecho de que no te sientas mal no quiere decir que no te haga mal ─la tomó del brazo para ir de vuelta al salón de donde había salido.

─Insisto en que una mala noticia no me hará daño... de todas maneras ya me preocupo bastante por lo que no me dices.

Tenía que darle la razón en todo lo que decía y por mucho que se preocupara por su estado sabía que su esposa era una mujer muy fuerte aunque le costara dejar de compararla con su delicada madre. Por otro lado si lo que él y su padre temían de todos modos tendría que revelarle todo a Adelheid en un futuro cercano.

Le pidió a la nana que los dejara solos e hizo que su esposa se sentara junto a él en el sillón. Una vez solos la miró con seriedad y se dispuso a contarle las últimas noticias.

─Sabes que mi padre ofreció su apoyo al papa Alejandro XXIII para que fuera designado como único papa de la Iglesia Católica y que el año pasado fue despojado de su investidura después del Concilio de Constanza ─casi con cada oración Adelheid le respondía con un asentimiento─ pero aún así mi padre ha seguido apoyándolo como el legítimo papa y eso no le ha agradado al Rey ─justo lo que ella ya sabía─. El mensajero que ha venido nos dijo que si no cambiamos de parecer el Rey nos quitará su protección ─justo lo que ella temía─ e instará a los confederados a invadirnos ─eso sí era nuevo.

─Pero ¡¿pero que haremos entonces?!

─Irnos a otro lado... Adelheid, tú sabes que nuestro ejército no ha podido hacerle frente a los confederados en la mayoría de las ocasiones que se han enfrentado y aunque hace apenas tres años mi padre firmó con ellos una cuerdo de paz no sabemos si lo respetaran cuando el Rey les permita invadirnos.

─Cuando el Rey les permita... lo dices como si ya fuera un hecho.

─Mi padre no va a retirar su apoyo al papa y lo seguirá ayudando en lo que pueda, no piensa ceder a las presiones del Rey.

─Aunque eso signifique perder nuestro hogar... ─frunció el ceño, nada contenta con eso.

─Él ya tomó su decisión –y seguía siendo el Duque así que aunque no le gustara debía acatar sus decisiones, no iba a ser como esas familias dónde los padres traicionaban a sus hijos.

Adelheid suspiró, sabía lo que estaba pensando y también sabía que era cierto, Roderich no concordaba con muchas decisiones de su padre pero respetaba su autoridad.

La primavera llegó y con ello se definió su destino, el Duque mantuvo su apoyo al papa y el Rey les quitó su protección, tal como amenazó incluso invitó a los confederación a hacerse con las tierras de los Habsburgo y el Duque decidió que era momento de retirarse, sus soldados poco pudieron hacer así que no había cómo postergar lo inevitable.

En el castillo los sirvientes iban de un lado a otro empacando las pertenencias de su amos para marchar lo antes posible antes de los invasores llegaran a sacarlos, Adelheid además debía empezar a prepararse para la llegada de su hijo pero con tanto movimiento no le quedaba más que esperar a arribar a su nuevo hogar para poder acondicionar todo lo necesario.

Entró a su habitación para descansar un poco antes de la cena, había pensado que podría seguirle el ritmo a la mudanza pero finalmente el embarazo le ganaba y la hacía cansarse más rápido. Por suerte la Duquesa era lo suficientemente controladora como para tomar las riendas de todo sin problemas y todavía darle recomendaciones sin parar.

Vio a su esposo sentado en el pequeño escritorio que tenían en la habitación y se acercó a él.

─¿Qué lees? ─preguntó asomándose sobre su hombro, Roderich se sobresaltó y giró de inmediato pero ella ya había visto la carta─ Eso es de mi padre ─reconoció la escritura, entonces recordó que esa mañana había estado releyendo su última misiva─ ¿Por qué lees mi correspondencia? ─intentó quitarle la carta pero él no se lo dejó.

─Yo debería preguntarte por que mantienes correspondencia peligrosa.

─¿Desde cuando cartearme con mi padre es peligroso?

─Desde que se separó de Austria, cualquiera podría leer esto y pensar que estas llevando a cabo planes conspiracionales contra nosotros ─agitó la carta apretada en su puño. Adelheid abrió la boca, ofendida.

─¡Jamás atentaría contra ustedes! ¡Tú lo sabes! ─lo que más le insultaba era precisamente que Roderich viniera ahora a dudar de ella luego de todo lo que aguantó cuando Zug se unió a la Confederación.

─Yo lo sé pero los demás no ─sabía lo que su esposa estaba sintiendo en ese momento pero él no estaba dudando de ella─, me preocupo mucho por ti pero con todo lo que está pasando deberías cuidarte de no hacer cosas buenas que parezcan malas... ¡menos si insinúan la posibilidad de que vayamos a separarnos y te unas a los confederados como tu padre!

Ella ya estaba enfadada y de un rápido movimiento le arrebató la carta.

─Me importa muy poco lo que piensen los demás, no me fui cuando todos pensaron que mi padre era un traidor, no me fui cuando el Rey lanzó sus amenazas y no pienso irme ─había un tono de angustia en su voz, quizás lo más desesperanzador de la carta era esa pequeña posibilidad de que Roderich y Adelheid por algún motivo no pudieran seguir juntos, incluso él se daba cuenta y la sola idea de faltarle a su mujer era desconsoladora ¿qué sería de ella sola y con un niño, viviendo con los Duques que no confiaban en ella y con su padre lejos?

─Sin embargo esa carta me ha hecho darme cuenta de algo que no había considerado ─relajó su voz aunque se volvió más seria.

─¿Y eso es…? ─Roderich no respondió de inmediato, se tomó un momento en ordenar sus ideas.

─No había pensado que esa es tu gente, que las personas contras las que peleamos son los mismos con los que tu creciste y que si tienes el deseo de volver con ellos por que son tu identidad yo… lo creería… ─le dolería infinitamente pero si lo veía con objetividad ella estaba prácticamente atrapada en territorio enemigo.

Adelheid suspiró calmándose, dejó la carta arrugada en el escritorio y tomó ambas manos de Roderich entre las suyas.

─No creas que no me he dado cuenta de mi situación particular... sí, crecí con ellos, yo me considero suiza y constantemente tenía conflictos internos sobre lo que debo apoyar o a quien pero... pero hace mucho que ya no tengo ese problema... ─Roderich la miraba sin entender, sobre todo cuando tardó en continuar hablando pero no dijo nada para no interrumpir su idea y por que ella había dejado de mirarle a los ojos.

»Mi espíritu siempre será suizo... pero mi corazón es tuyo, eres el hombre al que amo, el padre de mi hijo e hice un juramento ante Dios para permanecer a tu lado pase lo que pase, en las buenas y en las malas.

─Hasta que la muerte nos separe… ─añadió conmovido, ella sonrió ligeramente.

─Te seguiría hasta el fin del mundo si es el camino que debemos seguir pero jamás, nunca, he pensando en estar en otro lugar que no sea a tu lado.

Roderich se soltó de sus manos y le tomó el rostro con suavidad, dándole un tierno beso en los labios.

─¿No tienes miedo de lo que vaya a pasar? ─susurró contra sus labios luego del beso.

─Sí que lo tengo... pero yo ya tomé mi decisión y... y si tú me faltas, Dios no lo quiera, aún me queda el compromiso con este niño que llevo ─miró hacia abajo, a su vientre hinchado, y lo acarició con una mano─, por muy suiza que yo sea este niño es un Habsburgo y mi deber es guiarlo por el camino que le corresponde.

Una mano masculina acompañó a la suya para acariciarle el vientre, Roderich sabía que Adelheid nunca estuvo contenta con el hecho de haber sido criada para convertirse en su esposa sin embargo quedar embarazada y la herencia que ese niño significaba la había hecho ver desde otra perspectiva, pero también sabía que ella había cambiado sus impresiones no por su familia sino por él, por que ese sería su hijo y por las responsabilidades que tendría en el futuro.

No mucho después una procesión de carruajes salió del castillo de Argovia, desocupándolo. El Duque de Austria junto con su familia salía prácticamente huyendo. Desde una de las ventanillas Adelheid miraba hacia atrás con su alma diciendo adiós a la tierra que la vio nacer y crecer, una a la que ya nunca volvería, aunque todos los que viajaban estaban perdiendo su hogar era ella quien más dejaba atrás, pero no lo lamentaba, sentado frente a ella estaba Roderich y él junto con su futuro hijo era todo lo que le bastaba para sentirse en casa.


Historia vs Adaptación, por que uno nunca sabe cuando le preguntarán sobre la conquista de Argovia(?):

-Zug fue un territorio que a ratos era austriaco, a ratos era suizo. Aunque para la historia establezco que se separó completamente de Austria pocos años antes de la conquista de Argovia lo cierto es que su anexión definitiva a la Confederación ocurrió con aproximadamente 60 años de diferencia.
-Cuesta trabajo imaginarlo pero hubo una época en que no había un sólo Papa, sino que había dos o tres, la iglesia dividida como el Imperio Romano, disputándose por ver cuales chicharrones tronaban más. Juan XXIII fue un "tercer Papa" que quiso imponerse sobre los otros dos de su época y se le ocurrió convocar un concilio (Concilio de Constanza) para que se llegara a un acuerdo. El tiro le salió por la culata y eligieron a un sólo Papa que no fue él, pero necio seguía insistiendo en declarar esa elección inválida.
-El Duque de Austria, Federico IV de Habsburgo, se puso de su lado, tache para el Duque de Austria.
-El Rey de Alemania y del SIR, Segismundo de Luxemburgo (no, no era alemán, era originario de Luxemburgo) sí le advirtió que midiera sus pasos, pero Federico no le hizo caso.
-A pesar de que Federico había firmado apenas un par de años antes un tratado de paz con los confederados, Segismundo declaró ese tratado inválido y no sólo eso, invitó a los suizos a apropiarse de los territorios de los Habsburgo bajo su protección, obligando a Federico a huir de ahí.
-En realidad fue una conquista pacífica, se concretó entre abril y mayo de 1415, sin embargo su importancia radica no sólo en el territorio sino también en la expulsión de los Habsburgo después de siglos de permanencia y modificó su proceder político y administrativo pues no fue un cantón autónomo como todos los demás sino que fue administrado en conjunto por los demás.