N/A
Un nuevo capítulo.
Espero les guste.
Gracias por leer.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece
El Tiempo Se Reduce En Lluvia
Capítulo XI
Abrió poco a poco los ojos, su cuerpo dolía un poco pero era un buen dolor, así de sencillo, había disfrutado tanto la noche anterior que estaba más que feliz, quizá por eso esa sonrisa plasmada no se esfumaría de su rostro en un buen tiempo, la puerta se abrió y ladeo la cabeza viendo a Yukimura que le sonreía con calma, traía una bandeja con comida, le indico con un gesto que tomara asiento pero un sonrojo cubrió sus mejillas... no podía sentarse — E-Este... —intento explicarle pero solo de pensarlo le daba más que vergüenza, el ojilila encarno una ceja pensando en porque no hacía lo que le pedía hasta que se dio cuenta.
— Lo siento, lo siento, lo siento tanto, perdón —se disculpo colocando la bandeja en la mesita de centro para ir hasta donde se encontraba, lo calmo con una sonrisa pero este solo negaba con la cabeza queriendo matarse al parecer — Estoy bien, no sucede nada Seiichi, solo necesito un baño —y quizo darse un buen golpe por decir eso, seguro que pensaría que era una experta en ese tema, quería arrancarse la cabeza en ese momento — De acuerdo, desayuna y después nos daremos un baño —bien, eso no se lo esperaba en lo más mínimo pero sabía que su prometido nunca le haría daño, al menos no de esa manera.
Él no era como Echizen que siempre la lastimaba — Bebe con cuidado el té y... ¡ah!, Niou hizo waffles para ti, dice que espera sean comestibles —no evito reír un poco al escuchar eso, le dedico una mirada de agradecimiento para ver como se subía a la cama cuidando el no derramar el contenido de la bandeja que quedo en medio de los dos cuerpos — Di; ah —lo miro con una sonrisa burlona en los labios viendo como un ligero tono carmín se posaba en sus mejillas, era lindo cuando quería y agradecía que lo fuera después de una noche así, abrió un poco los labios para dejar entrar un poco de esos waffles hechos por Niou.
Degusto un poco y se sorprendió cuando se dio cuenta de que estaban deliciosos en verdad — Mmm, sabe rico —señalo viendo como sonreía estirando una mano para apartar un mechón de cabello que había caído por sus ojos — Te amo —susurro el ojilila inclinando su cuerpo para darle un suave beso, lo tomo del cuello con un poco de timidez disfrutando de ese contacto, y es que de verdad lo amaba, no era el reemplazo de Ryoma, en lo absoluto... era el hombre que toda mujer quería y que tenía la suerte de tener sinceramente, nunca lo dejaría ir... era una promesa.
Sus dedos pasaban por el cabello pelirrojo de Taeyeon que dormía plácidamente, la lluvia caía por las calles de Japón, después de más disculpas y algunos que otros golpes terminaron durmiendo un poco en la cama, su vista estaba enfocada en una de las paredes de la habitación, su mente estaba viajando en recuerdos, una sonrisa apareció cuando su mente viajo a aquel día en que la hubiera llevado a la feria, Sakuno no conocía las mismas así que había sido divertido ver como sus ojos se iluminaban cada que veía alguna cosa que no tenía idea que era, era una niña pequeña preguntando por todo lo que llamaba su atención.
Señalaba con el dedo los puestos de juegos, ganó un peluche para la ojicaoba y lo valió enteramente por ver esa enorme sonrisa en sus labios finos, el estar en la casa de los sustos le valió varios arañazos pero lo soporto porque quería probar algo, quería decirse que no le importaba esa niña, que si lloraba o se desmayaba le daría lo mismo, no fue así, en lo más mínimo, termino teniendo un ataque de pánico y solo atino a tomarla en brazos para salir corriendo esquivando a los monstruos, cuando el aire dio en su rostro y vio esas lágrimas saladas deslizándose por sus mejillas quizo golpearse por haberla metido allí.
Le dedico una débil sonrisa junto con un estoy bien pero no lo estaba y lo sabía, quería arrancarse la cabeza pero solo la atrajo a sus brazos intentando calmarla, más tarde terminaron comiendo banderillas, sus mejillas estaban como un tomate cuando mancho su blusa, se despojo de chaqueta y la coloco sobre sus hombros, la niña temblaba por su contacto y eso era maravilloso, más tarde estaban en la montaña rusa, juraba que sus oídos sangraban por los gritos que daba pero al ver esa sonrisa mientras le enseñaba la foto de ellos dos lo hizo sonreír como un tonto, porque le encantaba que estuviera feliz, demasiado.
La parte que más le gustaba era cuando estaban en las barcas del amor, ese túnel donde la beso, donde junto sus frentes y le dijo que la amaba, porque lo hacía, no era mentira en verdad, después arruino todo, lo sabía, viviría con ello cada día de su vida, sus ojos se cerraron unos momentos mientras su cabeza chocaba contra el cabezal de la cama y algunas lágrimas se deslizaban de sus mejillas — ¿Lo recuerdas? —le pregunto a la lluvia, ese juramento de estar siempre juntos, de ser uno por siempre y para siempre... ya no podía ser para ninguno de los dos... ya no.
— ¿Es mucho tu trabajo? —ladeo la cabeza y le dedico una hermosa sonrisa, solo con la cobriza podía sonreír sinceramente — No es mucho pero si complicado, si una de mis empresas falla tengo que erradicar el problema porque de lo contrario sera como un virus, no es complicado solo reviso los libros, balances, gestiones, y ese tipo de cosas, nada del otro mundo —noto la mirada de confusión en sus bonitos ojos y sonrió enternecido, ese era un tema que tenía que erradicar a la de ya, le hizo un gesto de que se acercara pero recordó que no podía moverse mucho así que solo soltó un suspiro, era un tonto por completo.
No debía de haber sido tan bestia o quizá no había sido eso sino que para empezar no debió de haberla tocado — De verdad lo siento —se disculpo con una leve sonrisa viendo como la cobriza solo bufaba, la vio acercarse con cuidado hasta estar acurrucada en su pecho, la laptop descanso en la lateral de la cómoda cama, era enorme, a Sakuno le encantaba porque tenía dosel, decía que era como de princesas — Basta ya de eso, te lo pedí, no te culpes de ello... ¿te arrepientes? —negó de inmediato con la cabeza, eso nunca pasaría, había amado cada segundo de tocarla, de adorarla con suaves caricias, como la seda.
La había tratado como una princesa porque eso era justamente — Jamás... juro que jamás me arrepentiré de esto —escucho su suave risa y sonrió aún más, miro la hora en su reloj, era hora de ir por sus medicamentos así que la separo con suavidad, beso su frente con ternura y bajo de la cama con cuidado — No tardo, no te muevas —le indico y la ojicaoba hizo una señal de ok con sus manitas, era tan linda, salio de la habitación y escucho las risas de sus amigos, rodo los ojos ante aquello aunque agradecía que las paredes al menos de su habitación fueran insonoras, no quería escuchar sus burlas de verdad, claro que no.
— De acuerdo, no, no te preocupes, lo entiendo y dile que... esto no se queda así, dile que pienso luchar —vio a Sanada colgar su celular mientras respiraba con dificultad, su amigo se dio cuenta de su presencia y le dedico una sonrisa falsa — Llama a mi equipo de abogados, dile de mi parte que no piense en quedarse con algo que es tuyo, ¿de acuerdo? —tomo los medicamentos junto con una jarra de agua viendo que el pelinegro solo asentía con una leve sonrisa, era su familia entonces tenía que ayudarlos, siempre lo hacía y no sería la excepción... tenía que cuidarlos como a Sakuno.
Termino de tomar las vitaminas arrugando levemente la nariz, escucho su suave risa y le dedico una mirada furibunda, eso no era justo así que hizo un puchero en los labios — No hagas eso, es por tu bien —batió las pestañas viendo como se mordía el labio para no reír pero al final explotaron en risas estridentes, se estaba divirtiendo como nunca la verdad, el ojilila solo le revolvió el cabello mientras alzaba las manos en señal de que ya era suficiente — Venga ya, descansa un poco —le pidió con suavidad y asintió aunque después de la ducha de la mañana quería darse otra pero lo mejor era dormir y en la noche podría hacerlo.
— ¿Sucede algo? —miro esos ojos lilas que le encantaban, no entendía su pregunta pero entonces se dio cuenta de que a que se refería, negó mientras se acomodaba en la cama siendo cubierta de inmediato por los edredones, su cabeza se acomodo en la almohada viendo como su prometido se acomodaba a su lado tomando la laptop para seguir con su trabajo — Quiero que tengas una maestra particular, así que hice un par de llamadas y están haciendo entrevistas, ¿te parece bien? —lo miro desde su lugar asintiendo con la cabeza, cerro un momento los ojos escuchando el sonido de las teclas, el sueño comenzaba.
Su mente viajo a aquellos hermosos recuerdos que tenía junto al peliverde, aquella ocasión en que la nieve caía sobre sus cuerpos, era Navidad así que decidieron irse juntos, había dicho a sus padres que sería un viaje de curso totalmente pagado, no opusieron mucha resistencia y termino por marcharse, Ryoma la esperaba en su auto, una hermosa cabaña fue el lugar perfecto para hacer el amor cuantas veces quisieran, la nieve se apilaba en las ventanas de la pequeña casa así que decidió salir y jugar con esa sustancia blanca, el ojigatuno se había negado así que al final terminaron en una pelea de nieve, justo como niños.
Las risas se podían escuchar en los rincones de su mente, ese momento en el cual después de terminar con la rompa empapada se acurrucaron sobre un sillón frente a la chimenea, las manos viajaron por los cuerpos, los besos eran más calientes que las caricias, fue en esa ocasión cuando procrearon a su bebé... solo que había un problema, solo eran recuerdos, sentía la humedad bajando por sus mejillas aún cuando estaba dormida, las lágrimas eran una clara señal de despedida o así lo sentía... era la despedida de esa hermosa historia de amor, si, justo eso era y posiblemente los dos lo sabían y sentían.
Sus pies se detuvieron en ese parque donde tuvieron su primera pelea, Sakuno no sabía de su prometida en ese momento, la desilusión y el dolor en sus ojos fue tan palpable que incluso su corazón dio un quejido al ver los mismos, fue la primera vez que deseo matarse con sus propias manos por causarle un dolor como aquel, cerro un momento los ojos, Taeyeon dormía en su cama, cubierta de edredones y con una nota en la otra almohada, hacía demasiado frío pero era como si su cuerpo no respondiera al mismo, siguió caminando un poco más viendo como las farolas alumbraban el hermoso lugar y la enorme fuente.
Se detuvo unos momentos ahí, cerro los ojos y juro que podía escuchar aquellas palabras si se concentraba, en la escuela se hablaba de su compromiso, la cobriza había salido corriendo antes de darse cuenta, fue tras ella, no podía dejarla ir, cuando sus pies tropezaron el pánico entro en cada parte de su cuerpo, la sostuvo en sus brazos soportando cada golpe que le dio, le dedico una débil sonrisa cuando dejo de escuchar su llanto, terminaron sentados sobre el césped notando como la gente los miraba raro pero eso le daba lo mismo, solo quería verla bien, no quería ver las lágrimas en sus ojos pero ya era tarde.
Antes de darse cuenta le estaba explicando su situación, cada lágrima era como un golpe en su corazón porque sabía que había sido un completo imbécil con la Riuzaky, pensó que lo dejaría pero negó cuando le pregunto aquello, lo amaba demasiado como para dejarlo ir, así era de sencillo, siguieron con su relación y cada día sabía que pronto terminaría el sueño, no pensó en eso hasta que termino de verdad, tomo asiento en el césped ligeramente empapado por la reciente lluvia y alzo la vista al cielo, le dedico una débil sonrisa al mismo, ya era hora, era hora de acabar con ese bonito sueño, no podía seguir tras ella.
Ninguno de los podía volver a lo de antes, eso era y seguiría siendo bonito pero no en el presente, la lluvia comenzó a caer más no se movió de su lugar, una sonrisa se dibujo en sus labios mientras sentía como la lluvia lo calmaba, le decía que estaría bien, que el momento era adecuado para despedirse, no había marcha atrás, era el momento de pasar página le gustara o no — Adiós Sakuno —susurro con la voz quebrada porque ese era el momento en el cual la despedida ya era un hecho... le decía adiós a la persona que siempre amaría, los dejaba y esta vez... era para siempre.
— ¿Te sientes mejor? —le dedico una leve sonrisa y asintió con la cabeza, sentía una opresión muy fuerte en el pecho, como si algo estuviera sucediendo y no podía saberlo del todo, se acomodo con cuidado en la cama, España era empapada por la lluvia que caía sobre los enormes ventanales de la habitación donde se encontraba — ¿Quieres decirme algo? —lo miro cautelosamente y mordió su labio, era muy complicado si le preguntaba la verdad pero de igual manera asintió — Creo que me despedí de él —la ceja encarnada le dijo que no entendía nada así que soltó un suspiro hasta que escucho la suave risa del ojilila.
La mirada de ternura la hizo sentirse muy pequeña — Entiendo, ¿esta mal qué me alegre por ello? —soltó una suave risa e intento mirarlo mal pero fallo en el intento, sabía que con esa actitud le hacía daño, era consciente de ello pero le era imposible evitarlo al menos por ese momento porque lo estaba dejando ir, le estaba diciendo que ya era suficiente aunque el peliverde no estuviera enterado, algo le decía que él estaba haciendo lo mismo — Ven, vamos a un lugar —lo vio bajar de la cama con cuidado acomodando sus pantuflas, rodeo la cama y estiro su mano, la tomo con dudas y quedo sentada sobre la superficie blanda.
Una suave manta paso por su cabello, quedo como un... velo, la arropo con cuidado y paso una de sus manos por su espalda impulsándola un poco para enredar sus piernas en su cintura, de esa manera comenzaron a caminar, pasos suaves, la habitación quedo atrás y se perdieron en los pasillos que llevaban al balcón principal, el ruido no era parte de esa escena peculiar, finalmente llegaron a su destino, la suave lluvia caía rociando los jardínes de la mansión donde se estaban hospedando, algunos charcos se dejaban ver de una manera colorida puesto que la luna los iluminaba, era un bonito espectáculo si era sincera.
Descendió un poco y entonces noto la diferencia de altura, no mucho pero se le hacía tierna esa diferencia, mordió con fuerza su labio cuando lo vio incarse, sus manos se deslizaron hacía sus labios para no gritar de emoción, las lágrimas se deslizaron de sus ojos y ni siquiera había dicho algo pero es que de verdad era demasiado, no era un sueño porque el leve frío que sentía era real, no podía creerlo, estaba feliz, de verdad era inmensamente feliz en ese momento... porque después de todo sería feliz con alguien que los amaba... con alguien que nunca los dejaría.
Estaba llorando y no quería verla llorando, extrajo la cajita donde reposaba aquel anillo de compromiso, oro blanco adornado con un diamante cuadrado que relucía en la luz de la luna — Nunca quise hacer esto, me daba pánico entregarme a una mujer dando todo pero llegaste a mi vida y no tienes idea de cuanto me alegro por ello, no quiero decirte lo que le dijo mi padre a mi madre, no te jurare las estrellas, no complaceré cada uno de tus caprichos... no pienso mentirte sobre cosas como ésas... —era la verdad, no planeaba bajarle el cielo cuando sabía que esa no era la manera, prometerle algo como eso no iba con él.
— Sin embargo, prometo ser un buen hombre para ti, prometo cuidarlos con mi vida, prometo que nunca te haré llorar más que de felicidad, prometo mantener la puerta abierta para cuando quieras irte porque jamás te obligare a hacer algo que no quieras, lo juro, no pienso mentir diciendo que serás feliz porque ese sera mi logro de cada día, quiero una vida contigo, con ustedes y espero que me la concedas así que por eso estoy aquí, con la lluvia como testigo estoy aquí... pidiendo esto —estaba temblando al igual que la cobriza que lloraba con más fuerza pues sus hombros se sacudían en leves espasmos debido al llanto.
— Riuzaky Sakuno, ¿quieres pasar el resto de tú vida conmigo? —no salieron palabras de sus labios pero cuando cayo de rodillas y lo beso temblorosa entendió a la perfección su respuesta, lo beso con calma, con timidez, como si fuera el primer beso de su maravillosa relación, cuando se separaron le sonrió con ternura — No llores... —pidió limpiando las lágrimas que salían en silencio, la abrazo con fuerza prometiendo que la sostendría entre sus brazos para siempre, eso siempre pasaría sin duda alguna, nunca los dejaría ir, la arrullo mientras deslizaba el anillo con cuidado por su dedo viendo su sonrisa encantadora.
La separo un poco de sus brazos y aparto su cabello — Nunca te dejare ir, lo prometo, quiero quedarme contigo para siempre —susurro viendo como esta asentía de prisa causando una suave risa en sus labios, acuno su rostro y beso de nuevo sus labios, los amaba demasiado — P-Por favor hazlo... —suplicó con un tono de voz lleno de promesas en silencio, junto sus frentes con suavidad al igual que sus manos, entrelazo sus dedos siendo consciente de que lo haría por el resto de sus vidas o que eso intentaría de verdad, escucho los pasos de sus amigos que le habían ayudado con algunas cosas, vio sonrisas en ellos.
— ¡Eh pareja! Hora de festejar —sentencio Akaya con una copa de vino y algo de agua embotellada para Sakuno, todos rieron como niños para dar paso a un festejo... un festejo de la decisión más importante de su vida sinceramente.
N/A
Gracias por leer.
Espero les haya gustado.
Gracias por los reviews, los contestaré pronto, lo prometo.
