Nueva York
Miércoles
La vida de Beth ha cambiado radicalmente ese miércoles y hasta ahora eran las 5 de la tarde.
Un breve repaso de lo que ha pasado. Lynx Pentreath llegó anoche a Nueva York. Lynx Pentreath llegó a mi instituto está mañana. Lynx Pentreath mi madre.
Sentada en el lujoso Mercedes, comiendo un sándwich que Ron había comprado, Beth recordaba todas las veces que añoraba tener a su madre a su lado, para un beso o una simple caricia. A su izquierda estaba ella, su madre, su cantante favorita, mirando por la ventana y apretando los puños como si fuera para una batalla. A esas alturas Shelby ya sabría que Lynx estuvo en el instituto. O eso quería creer, que su madre se preocupaba por ella, pero hace años, había comprendido que no era así.
-Lynx – se aclaró la voz una vez término el sándwich - ¿Pued…
-Quinn – la interrumpió girando su rostro para mirarla – mi nombre es Quinn, Quinn Fabray.
-Quinn – repitió – será un poco raro acostumbrarme a ese nombre.
-Es normal – se estiró bajando un poco la ventana – quien recién me conoce, me llama Lynx y muy poca gente recuerda que mi nombre es Quinn.
-¿Por qué no usas tú nombre? – preguntó olvidándose de su pregunta original y bebiendo un poco de su jugó de cajita.
-Cuando The Lynx Pentreath Band se separó, la gente me conocía como Lynx Pentreath, no como Quinn Fabray y aunque la banda se había separado, yo quería seguir cantando y se presentó la oportunidad de quedarme con el nombre y así lo hice, pero eso arraigo que el nombre de Quinn quedará en el olvidó.
-Yo no recuerdo mucho de The Lynx Pentreath Band – comentó mirando a su madre – creó que sólo escuche el último cd. ¿Es cierto lo que dices en tú entrevista?
-¿Cuál entrevista?
-La que salió hace unos días en MTV – Quinn la miró tratando de recordar – donde hablas de tus padres y de los motivos por los que se separó la banda.
-Ahhh si sí– respondió asintiendo, al tiempo que el auto se detenía.
-¿Tú no comes? – Preguntó al ver el sándwich sin destapar – se que no es un gran almuerzo pero….
-Ya me lo como – respondió con una sonrisa forzada. Rápidamente se comió el sándwich y es que Quinn no había privado bocado desde las 8 am y su estómago ya le estaba pasando factura.
-Ten – Beth le entregó la otra cajita de jugó que había allí – Tómatelo o te atragantaras – eso hizo sonreír a Quinn quien asintió bebiendo el jugó.
-Hemos llegado señorita Fabray – informó Freddy. Beth rápido término su jugó, por estar observando comer a la cantante, olvido terminar su comida.
-Ahorita seguiremos hablando ¿De acuerdo? – Beth asintió antes de salir por la puerta que había abierto Ron para ella.
-Andando – su corazón dio un brinco, cuando Quinn la tomó de la mano. Y es que eran diferentes sensaciones las que le generaba coger la mano de su madre, a la de su madre adoptiva - ¿Tienes llaves? – le preguntó Quinn soltándola para colocarse sus lentes de aviador.
Beth abrió la puerta de la casa, permitiéndole la entrada a Quinn, que miraba todo tras los lentes negros. En la sala se escuchaban unos murmullos.
-Espera aquí –le indicó a Quinn que asintió mirando la decoración. Beth se acercó a la sala en donde estaba Shelby con London y Syd.
-¿En donde demonios estabas mocosa? – Le gritó Shelby apenas la vio - ¿Por qué tienen que venir tus amiguitas a informarme que te has escapado del instituto? – Beth cerró los ojos cuando vio la mano de Shelby dirigirse hacia su rostro - ¡Responde! – le gritó luego de darle la cachetada.
-Señora Corcoran
-¡Cállate! – le gritó a London.
-Te recordaba con mejores modales Shelby – la sala quedó en silencio, cuando la voz de Quinn resonó
-¿Quinn?
-Hola Shelby – la rubia entró en el salón, quitándose los lentes de aviador.
-¡Lynx Pentreath! – gritaron las dos adolescentes.
-¿Qué haces aquí Fabray? – preguntó Shelby cruzándose de brazos. Ambas adolescentes no podían creer que la súper estrella de música estuviera a pocos metros de ellas.
-Cuando Sue Sylvester te llama es por que algo grave ocurre – comenzó a caminar con el salón, ante la atenta mirada de las cuatro mujeres
-Eso no responde mi pregunta ¿Qué haces en mi casa?
-Vengó por mi hija – se sentó en el sofá.
-¿Tú hija? – Se burló Shelby - ¿Con que derecho vienés a exigir eso?
-Con el derecho de ser su madre biológica – se enderezó en la silla cruzando la pierna – Beth – miró a la adolescente que era cuestionada por sus amigas – empaca tus cosas cariño
-¡Tú te quedas aquí! – Le gritó Shelby cuando vio la intención de la joven - ¡En esta casa mandó yo Fabray!
-Me vale que sea tu casa – se levantó encarándola – Ve a empacar tus cosas
-¡No!
-¡Joder! – Exclamó Quinn, agarrando a Beth de la mano y jalándola hacia la escalera - ¿Cuál es tu cuarto? – preguntó mientras subían la escalera.
-Aquel – señaló la puerta, escuchando como Shelby comenzaba subir las escaleras.
-Entra – le ordenó Quinn cerrando la puerta tras ella – lindo cuarto – susurró al verse pegada en la pared de su hija – empaca lo primordial. Lo más importante para ti, que la ropa y demás cosas se pueden volver a comprar – Beth asintió sacando una maleta de su armario para guardar sus libros, cámaras y discos.
Disimuladamente, miraba a Quinn que estaba recostada contra la puerta evitando que Shelby logrará abrirla. Si le hubiesen dicho que tendría a Lynx Pentreath en su cuarto, los habría tratado de locos. Pero allí estaba, mirándola con cariño y apurándola a guardar sus cosas para sacarla del infierno que era su vida.
-¡Beth abre la puerta! – Shelby golpeaba con fuerza - ¡Ábrela o me veré forzada a tumbarla!
-¿¡Tú y cuantos más Corcoran!? – se burló Quinn
-¡Yo solita puedo Fabray, a diferencia tuya…!
-¿¡A diferencia mía!?
-¡Claro, o me vas a negar que tienes fuerza únicamente cuando estás hasta arriba en coca! ¡Le vas a arruinar la vida a Beth!
-¡No más de lo que ya se la has arruinado Shelby y a diferencia tuya, a mi me respeta!
-¡Abre la endemoniada puerta!
-¿Ya tienes todo? – preguntó Quinn bajando la voz, sobre los golpes que Shelby le propinaba a la puerta.
-Sí – asintió sacando su chaqueta favorita
-Escúchame bien. Apenas te de la orden corres hasta el auto y me esperas allí ¿Entendido? – Claro que había entendido – Déjame una de tus maletas – pidió al ver que la adolescente tenía su mochila en el hombro y una de rueditas. Beth asintió entregándole la mochila
Quinn suspiró y exhalando fuertemente, abrió la puerta para recibir un golpe en su rostro por parte de Shelby, sin detenerse a tocar su rostro, tomó las manos de Shelby con fuerza
-¡Ahora! – le gritó a Beth, que salió corriendo empujando a London que estaba en la escalera.
-¿Beth que está pasando? –preguntó Syd siguiéndola por las escaleras
-Luego les cuento – abrió la puerta y corrió hasta el auto en donde Ron se puso alerta al ver a la joven
-Suba al auto señorita – miró a Freddy y este asintió
-Dame tu maleta – le pidió luego de que Ron entrará a la casa - ¿Sus amigas nos acompañaran?
-Yo… - no pudo responder, pues en la puerta aparecía Quinn caminando de espaldas mientras gritaba.
-¡Si intenta salgo Corcoran, será usted quien salga perdiendo! – Se giró y camino al lado de Ron quien azotó la puerta al cerrarla después de recibir la mochila de la joven – sube al auto Beth – miró a su hija y luego a las dos adolescentes – ustedes también – ordenó mientras Beth miraba hacia la ventana del segundo desde donde Shelby las observaba con la mandíbula apretada.
-Este… - London se aclaró la voz – nosotras tenemos auto – señaló el auto estacionado a unos metros del lujoso Mercedes.
-Ron ve con ellas – el hombre asintió – Vámonos Freddy - se montó en el auto, refrescándose la cara por la rabia que tenía - ¿Shelby siempre te ha tratado así?
-Desde los 10… sí – Quinn asintió sacando un cigarrillo.
-¿Te molesta? – la joven negó. Encendió el cigarro y bajo la ventanilla - ¿Por qué desde los 10?
-Cuando tenía 10 me enteré que era adoptada así que… - de encogió de hombros.
-Debí saber que no sería buena madre – soltó el humo – no después de lo que le hizo a su hija.
-¿Conoces a la hija de Shelby? – ella había escuchado eran amigas – La maestra Wilde dice que es buena gente – recordó la conversación con su maestra ese día más temprano.
-Ya lo pudiste comprobar – la miró cuando Beth se quedó en silencio – Rachel Berry es la hija de Shelby – aclaró.
-¿Qué?
-Si bueno, no fue precisamente una madre ejemplar para ella…
-¿Te duele mucho el golpe? – preguntó viendo el pequeño moretón en el pómulo de la cantante
-Me arde, pero nada que no pase con una pastilla o algo
-¿Pastilla?
-Lo siento… - Quinn se tomo la cara quejándose cuando toco la herida – es la costumbre, siempre que me golpeo o me golpean como en este caso, me tomo una pastilla y ya se me pasa.
-¿S e te pasa?
-Bueno… no lo puedo asegurar al 100 por ciento – respondió apretándose el puente de la nariz
-¿Por qué viniste por mi? – preguntó de repente.
-Sue Sylvester me llamó, luego de que tu maestra Wilde – soltó una risita – la llamará para decirle que estabas en problemas y que lo más seguro era que Shelby te estuviese maltratando. Fue una suerte que Shelby no la conociera a ella o Marly… ya me estoy casando de contar la misma historia – bufo recostándose en la silla
-¿Por qué ella te llamó viniste?
-En cuanto tú nombre salió de sus labios, supe que algo pasaba, así que no lo pensé dos veces y tome el primer avión rumbo a USA.
-¿Y qué pasa con tus vacaciones? En la radio decían que estarías unos días en Europa.
-Si bueno – miró por la ventana y vio su hotel – mi hija me necesitaba. Ven, vamos hay que ducharnos y luego iremos a cenar.
-¿Y mis amigas? – preguntó bajándose del auto y siguiendo a Quinn, después de recibir su maleta por parte de Freddy
-Ron las hará pasar no te preocupes – oprimió el botón del ascensor – entra
-¿No crees que es malo para ti, que la gente te vea conmigo?
-¿De que hablas? – preguntó Quinn confundida. Ella no se había percatado, pero Beth si, y a las afueras del hotel habían varios papz quienes les habían tomado fotos.
-Nos han tomado fotos
-¿Quién? – la puerta del ascensor aviso que ya habían llegado a su destino
-Abajo, unos fotógrafos – explicó siguiendo a Quinn
-¿A ti te molesta que sepan que eres mi hija? – preguntó abriendo la puerta de su Suite.
-No – respondió entrando y quedándose anonadada por el lujo, que había en aquel cuarto.
-Si a ti no te importa ¿Por qué habría de importante a mí? Estoy acostumbrada a que hablen de mi – comentó quitándose la chaqueta – puedes dejar tu maleta en aquella habitación – señaló un pasillo – dúchate y saldremos a cenar, un sándwich no es suficiente para tú correcta alimentación.
Sin esperar respuesta camino hasta su habitación, al otro lado de la Suite. Beth se quedó mirando todo con lujo de detalles. La habitación principal de la Suite tenía una pequeña chimenea, un mini bar. Un televisor de 50 pulgadas, un comedor y una sala que se veía bastante cómoda. Un balcón que daba a la quinta avenida y que proporcionaba una espectacular vista.
-¿Te gusta? – la voz de Ron la hizo brincar. No había escuchado la puerta abrirse y al girarse, vio a sus amigas bastante tímidas al lado del guarda espaldas. Se veían pequeñas al lado de ese hombre tan alto.
-Esta genial. – respondió mirando nuevamente hacia el balcón
-Quinn me ha dado órdenes de que sus amigas esperen aquí – señaló el sofá – mientras ella y usted se alistan para salir a cenar. Aquí tiene su maleta señorita Beth
-Gracias Ron – caminó hacia su cuarto, no sin antes hacerle un gesto a London de que ya hablarían.
En la habitación, volvió a quedar en shock. La cama era una cama de agua, de esas que se ven en las películas. Un televisor de 40 pulgadas en la pared y un gran ventanal hacia la quinta avenida.
Dejó la maleta sobre la cama y caminó hacia el baño. Un baño grande, con una bañera y una regadera con diferentes botones. Un doble lavamanos y unos cajones. Agradeció mentalmente haber guardado una muda de ropa entre la maleta.
20 minutos le tomó alistarse, peinando su corto cabello y aplicándose su perfume. Al salir del cuarto, vio a London y a Syd jugando videojuegos en el inmenso televisor.
-Rachel nos acompañaran en la cena – indicó Quinn sacudiendo su cabello
-¿Rachel? – preguntaron sus dos amigos.
-Sí, Rachel Berry – lo siguiente que se escuchó fueron gritos por parte de las dos adolescentes.
