Nueva york

Sábado

-¡Rachel! ¡Espera! – gritó Quinn corriendo tras ella – ¡Espera!

-¿Qué quieres Quinn?

-No te vayas así – la frenó cuando la morena quiso volver a caminar – no te vayas.

-¿Qué no me vaya? – bufó molesta- si me acaban de echar

-Rach…

-Adiós Qui… - los labios de la rubia interrumpieron a la morena - ¿Qué…qué haces? – balbuceó cuando se separaron del casto beso

-Lo que debí haber hecho, hace muchos años – puso su mano en la mejilla de Rachel y volvió a besarla, esta vez profundizaron el beso. Rachel, en vez de separarla, colocó sus brazos alrededor del cuello de Quinn, quien jadeo bajando sus manos a la cintura de la morena

-Quinn…

-Shhh – siguió besándola con ímpetu, con pasión, con hambre. Todo lo que se había guardado por años la rubia, lo estaba dejando salir. Un beso que deseaba desde hace muchos años y que ese sábado a las once de la noche, por fin se daba – ven conmigo – pidió uniendo sus frentes y sus labios en un beso más tranquilo.

Quinn comenzó a caminar jalando a Rachel hasta abrazarla por la cintura. Así, volvieron a entrar a la mansión en donde estaba Trece guardando sus utensilios.

-Me iré a dormir – miró a Rachel con desgano y cruzó la habitación saliendo hacia el jardín, hacia su nueva casa.

-No le hagas caso – susurró Quinn besando los labios de Rachel – ven, vamos a mi habitación.

La morena aún no decía nada, su cuerpo se encontraba en modo automático. Se dejaba guiar por la rubia, que suspiraba cada tres pasos. ¿Qué estas haciendo? Le gritó su mente, ella estaba casada ¡Casada! Y aún así, allí estaba, entrando la habitación de una mujer que no era su pareja después de haber dejado que la besara, después de haberse besado.

-No puedo hacer esto – soltó la mano de la rubia como si estuviera hirviendo

-No haremos nada – susurró Quinn herida por la acción de la morena – no haremos nada que no quieras Rachel – volvió a tomar su mano – sólo quiero que charlemos.

-¿En tu cuarto?

-Rachel…

-Quinn entiéndeme – la soltó esta vez de manera más delicada – esto no puede ser… yo no debería estar sintiendo eso – habló antes de que la rubia pudiera hablar – no me pueden gustar tanto tus besos.

-¿Por qué no? – se acercó lentamente

-Estoy casada Quinn

-¿Y eso que? – sus alientos chocaron por la cercanía entre ellas – un par de besos no lastiman a nadie – paso su mano por la mejilla de la morena – sólo déjate llevar – la volvió a besar lentamente. Rachel colocó sus manos en la cintura de la cantante, dejándose guiar por los experimentados labios.

Quinn bajo su mano a la cintura de Rachel sin dejar de besarla, comenzando a caminar hacia la cama, quedando Rachel debajo de ella. El beso se intensificó, y la luz que se filtraba por la ventana de la gran luna llena, le daba un toque romántico y a la vez nostálgico. Sus lenguas, iniciaron una fuerte batalla que les sacó un par de suspiros, hasta que Quinn paro lentamente.

-Besas asombroso – Rachel pudo observar como los ojos de Quinn brillaban y como la luz que las invadía le daban un toque eléctrico.

La rubia se acomodó al lado de la morena, quien recostó su cabeza en el pecho de está.

-¿Me contarás que pasó contigo? – susurró Rachel con miedo de romper el momento que se había creado entre ellas.

-¿Quieres hablar de eso? – respondió acariciando el cabello de la actriz.

-Sí… realmente quiero entender – miró a Quinn a los ojos antes de levantar el rostro y besarla suavemente.

-No podré negarme si me besas – sonrió de medio lado robándole otro beso - ¿Tu preguntas y yo respondo?

-Como quieras – la morena volvió a recostarse en el pecho de Quinn luego de que esta asintiera – bueno primera pregunta… ¿Qué paso con Noah?

-Bueno… - Quinn suspiró sin dejar de acariciar el cabello de la morena – Isabella sabía de mi relación con Puckerman y habló con unos viejos amigos de ella y consiguió un mini concierto en la base en la que estaba – se inclinó y beso la frente de Rachel – él no estaba muy de acuerdo en que yo perteneciera a Lynx Pentreath, tenía miedo de que volviera a mis pasos de Skank, así que no le comente de la visita que haría a su batallón, quería que fuera sorpresa.

-¿Qué paso? – susurró con los ojos cerrados la morena.

-Llegamos al batallón, las chicas estaban instalando los instrumentos y Jenna me dijo que porque no iba a buscar a mi novio, la chicas estuvieron de acuerdo y deje lo que estaba haciendo y fui a buscarlo – pausó un segundo cerrando los ojos – un soldado me dijo donde quedaba el bloque en donde Puckerman dormía – Rachel alzo el rostro y vio los ojos cerrado de la rubia – entre sin hacer mucho ruido y los vi Rachel – la morena pudo ver la tristeza en los ojos avellanas de Quinn cuando los abrió – estaba teniendo sexo con la enfermera… la misma que llevó a la cena del club Glee… - Rachel se quedó en silencio esperando que la rubia continuará – le grite Rachel, automáticamente se separaron y me dijo que no era lo que parecía – tragó sacudiendo la cabeza – ella me preguntó que quien era yo, ella ni sabía que Puckerman tenía novia.

-¿Luego que pasó?

-Salí de allí y a los minutos Puckerman me alcanzó a medio vestir, me dijo que era culpa mía porque no lo satisfacía como mujer, que solo me había dedicado a la banda y lo había abandonado y el tenía necesidades – obligó a la morena a recostarse nuevamente – llegué al escenario bañada en lágrimas, le conté a Isabella y casi se baja a matarlo, al final no lo hizo. Puckerman se sorprendió de vernos allí y pude ver como varios de sus amigos lo felicitaban por tenerme de novia. Término el concierto y nos marchamos de allí.

-¿Esa noche…?

-Sí – respondió entendiendo la pregunta de la morena – esa noche me drogue por primera vez ¡Dios! – se pasó las manos por la cara sin mover a Rachel - estaba destruida, mi novio, el padre de mi hija, aquél chico que me defendió de mi ex novio Biff me había engañado con esa patética excusa y más patética yo que me drogue para olvidarlo – Rachel se enderezó correctamente y beso los labios de la rubia, Quinn lo profundizó ligeramente.

-Lo siento mucho – murmuró sobre los labios de su amante.

-Más lo siento yo, que aparté de ti, nadie más se tomó la molestia de llamarme o mandarme un email para corroborar la información

-Quinn…

-Pero eso ya no importa – volvió a besarla logrando que Rachel quedará encima de ella – me estoy volviendo adicta a tus besos – dijo besándola con pasión.

-¿Puedo preguntar otra cosa? – preguntó Rachel luego de que se separaron de aquel beso.

-Dale con confianza – respondió Quinn jugando con un cabello rebelde de la morena

-Hace un rato, cuando empezaste a besarme dijiste "Lo que debí hacer hace mucho tiempo" ¿Por qué?

-Porque es la verdad hermosura – le robo otro beso – siempre me has gustado – sonrió al ver como la morena se sorprendía – lo se sorprende eh – se burló dándole otro beso – nunca te lo dije porque en aquella época era una cobarde, me ganaba el que dirán que lo que yo sentía y por eso salí con Puckerman después de graduarnos, porque era lo que se esperaba de mi y aprendí a amarlo, realmente lo ame pero a ti te tenía en un lugar especial y de hay nunca has salido

Rachel no pudo responder con palabras pero si con hechos, un beso apasionado que dejó a la rubia sin aire

-No me importa que estés casada Rachel – susurró uniendo sus frentes – no me importa que seas una mujer comprometida – beso los labios de la chica – no me importa en que categoría me coloques, si como amiga, amiga con beneficios o como amante, yo sólo quiero estar contigo.

-Quinn…

-Sigamos con las preguntas – beso está ves su mejilla.

-¿Por qué te alejaste de nosotros?

-Después de la desastrosa cena de ese día, entendí que ellos nunca me iban a apoyar en mis decisiones y nunca me preguntarían si algo era cierto o no, así que decidí tomar mis distancias.

-¿Pero porque conmigo?

-Por lo mismo nena – acarició su mejilla con delicadeza – eres demasiado pura para andar metida en mi mierda y más cuando recién estaba entrando, me aterraba la idea de que te vieras metida en el mundo en el que ya estaba o peor, que me vieras diferente. No quise arriesgarme.

-Hay Quinn… - volvieron a besarse por un par de minutos - ¿Qué hace esa chica en tú casa? – preguntó con algo de celos.

-¿Trece? – Rachel asintió – vive aquí.

-¿Así? – levantó la ceja, eso no le había gustado mucho.

-Sí – suspiró – Trece ya tiene experiencia tratando con adictos y ella es quien me esta guiando en todo este proceso de desintoxicar mi cuerpo y mi mente y me pareció que lo más pertinente era tenerla cerca por si tenía alguna recaída, además vivía en una pequeña habitación arrendada que tiene humedad y a está casa le sobran habitaciones.

-¿Solo es por eso? – preguntó insegura - ¿No te gusta?

-Trece es una mujer muy linda Rach – contestó luego de reír – pero es sólo mi amiga, únicamente mi amiga, nunca la he visto con otros ojos.

-¿Tiene experiencia tratando con adictos? – preguntó luego de soltar un suspiró de alivió que hizo sonreír a Quinn.

-Sí, su madre fue una adicta así que…

-Oh…

-Mi turno de preguntar – alzó la cejas sacando una sonrisa en la diva - ¿Qué paso con Jesse?

-¿Con Jesse? – la pregunta la había puesto un poco sería.

-Sí, pensé que te quedarías con tu marido cuidándolo luego del golpe que le dio Ron, no que vendrías a buscarme

-Jesse llegó furioso al departamento – suspiró enterrando su cara en el cuello de Quinn – llegamos con todos los del club Glee y empezó a hablar mal de ti hasta que te gritó adicta de mierda. Me enfurecí y me marché.

-Eres una chica mala Berry – se burló Quinn robándole otro beso – delicioso – se saboreó los labios sacando una sonrisa tonta en la morena.

-¿Te duele mucho? – preguntó tocándole suavemente la nariz

-Sí mucho – respondió con voz aniñada – mi nariz necesita ser consentida – hizo un puchero ganándose un beso de la actriz.

Para Rachel era surrealista la situación, la chica mala de la música estaba allí haciéndole pucheros para que ella la besará ¿Quién lo diría?

-Èsta semana te has llevado varios golpes – susurró la morocha acariciándole el pómulo donde días antes Shelby le había golpeado.

-Las consecuencias de ser sexy – alzó las cejas ganándose un golpe de Rachel – ahora tú me golpeas – sollozó falsamente.

-Eres una consentida Quinn – se volvieron a besar.

-Es hora de descansar – el reloj de la suite de la rubia, marcaba las 11:58. Estiró su brazo jalando la cobija para cubriesen – buenas noches hermosa – le dejó un casto beso en los labios.

Domingo.

Rachel se despertaba relajada, frotándose los ojos, no recordaba en que momento se había quitado los zapatos. Estiró la mano para palmear a Quinn, cuando notó que no había nadie más en la cama que ella.

Se sentó rápidamente tratando de localizar a la rubia con la mirada. Al no verla en la suite, se colocó sus zapatos y salió esperando no perderse en aquella casa.

-¿Quinn? – comenzó a llamarla sin ningún resultado - ¿¡Quinn!? – volvió a llamarla

-Señorita Berry

-¡Dios! – gritó brincando hacia atrás cuando escuchó la voz de Ron

-Lo siento, no era mi intención asustarla – Rachel podía observar que el hombre hacia un gran esfuerzo para no reírse – la señorita Quinn, le ha dejado el desayuno en el comedor.

-¿Sabes donde está? – preguntó siguiendo al guardaespaldas.

-En el gimnasio con la señorita Remy

-¿Remy? – se sentó en el comedor, donde había un plato con fruta, tostadas integrales y un jugó de naranja

-Trece – comentó el hombre viendo a la actriz desayunar – cuando termine de comer, la llevaré al gimnasio.

Rachel se tardó diez minutos en comer su fruta y las tostadas.

-Listo – anunció sacudiéndose las manos - ¿Dónde compran la comida?

-La señorita Remy es la que cocina – comentó – por aquí

-Lo se – mascullo entre dientes. Hace unos días ella había hecho el recorrido con Quinn y aún recordaba donde quedaba el gimnasio.

Caminaron en silencio hasta el gimnasio, momento en el que Rachel aprovechó para darle otra mirada al lugar. Le encantaba como los rayos de sol golpeaban el mar, dándole un toque mágico. Aunque el gimnasio quedaba en el sótano de la casa, todo el lugar estaba adornado por grandes ventanales que le daban a Rachel una vista privilegiada del mar.

-Aquí es – susurró Ron abriendo la puerta del gimnasio.

Dentro de el, estaba Quinn y Rachel pudo ver como practicaba boxeó con Remy – Trece, aún no sabía cual era su nombre.

-¡Tienes que estar pendiente Fabray! – gritó la mujer brincando alrededor de Quinn – debes cuidar tu retaguardia – acto seguido, golpeó sobre las costillas, sacando un grito ensordecedor de la rubia.

-¡Oye! – Rachel corrió hacia Quinn que estaba de rodillas - ¿Qué demonios te pasa? – empujó a Trece cuando estuvo dentro del ring - ¿Éstas bien Quinn?

-Estoy bien – respondió casi sin aire.

-Dejaremos hasta aquí por hoy – murmuró Trece quitándose los guantes – te veo a arriba

-¿Segura que estas bien?

-Sí Rachel – se quitó el protector de cabeza lanzándolo lejos – estábamos practicando boxeó.

-Eso lo noté.

-Hace parte de mi tratamiento – comentó soltándose los guantes – es una manera de tener ocupada mi mente y no pensar en drogas.

-Es un tratamiento algo… extraño.

-Lo se – le dio un beso – pero ¿Qué es convencional en mi vida? – le guiño el ojo bajándose del ring y ayudando a la morena – Creó que debo ducharme – murmuró al verse toda sudada.

-Te ves sexy – se burló Quinn ante lo dicho.

-Sí claro, sexy y sudorosa – volvió a besar a la morena, quien gustosa le devolvió el beso.

Tomadas de la mano como si de una pareja se tratase, salieron del gimnasio y subieron al lobby para salir al jardín

-Me encanta tu jardín – suspiró Rachel encantada con la vista.

-Y a mi me encanta como estamos tomadas de la mano – Rachel desvió la mirada y vio que su mano y la de Quinn estaban entrelazadas – se siente asombroso

Caminaron así hasta la choza en donde se sentaron en los banquillos

-Debo decirle a Trece que pongamos aquí una mecedora – murmuró acercando el cuerpo de Rachel al suyo.

-¿Una mecedora?

-Claro, con una mecedora sería mucho más fácil recostarnos juntas – se quedaron abrazadas mirando hacia el mar hasta que Rachel sintió como Quinn comenzaba a cabecear.

-¿Quinn? – recibió como respuesta un mmm - ¿Por qué tu le dices Trece y Ron le dice Remy?

-Su nombre es Remy Hadley pero su apodó es Trece

-¿Por qué?

-Un antiguo jefe le puso así y así se quedó.

-¿No le incómoda?

-Bueno… - se encogió de hombros – cuando Beth y ella se conocieron, Trece le dijo a Beth que le dijera así, pues Remy sonaba a ratón de Disney – la morena no pudo aguantar la carcajada que hizo sonreír a Quinn

-Sí, ahora la molesto con eso – se besaron lentamente

-¡Quinn Fabray! – el gritó las hizo separarse rápidamente

-¿Isabella? – susurró Quinn al distinguir a su amiga - ¿Qué… qué haces aquí? – el hecho de que Quinn titubeara no le gustó para nada a Rachel.

-¿Te parece poco? – se cruzó de brazos con el rostro rojo – vengó a Nueva York a tratar de recuperar a mi chica y con que me enc uentro con mi chica besándose con un intento de Diva.

-¿Tu chica? – dijeron al tiempo.

-Quinn… amor… - susurró Isabella aún colorada.

-Esto es increíble – bufó molesta la morena levantándose de allí - ¡Increíble! – se alejó de ellas

-¡Quédate aquí! – le gritó a Isabella que sólo levantó las manos y corrió tras Rachel - ¿Se te hará costumbre que deba correr tras tuyo? – le dijo cuando la frenó.

-Estabas muy entretenida con tu novia – dijo apretando la mandíbula.

-Isabella no es mi novia – le acarició la mejilla – no se que le pasa, pero créeme que no hay nada entre nosotras

-¿Y entre tú y yo? – susurró la morena

-Anoche te lo dije Rachel, yo seré lo que tu quieras que sea.

-Debo irme Quinn – se soltó caminando hacia el interior del lobby en donde estaba Trece muerta de la risa. Tanto Quinn como Rachel la observaron pero no dijeron nada.

-¿No puedes quedarte?

-Debo ir a casa Quinn, son las once de la mañana y no se como estará Jesse – no pudo ignorar como se contrajo el rostro de Quinn ante la mención de su esposo

-¿Me llamarás?

-Lo prometo – la besó observando a Isabella que entraba al lobby

-Quinnie, ¿Podemos ducharnos juntas?

– Adiós Quinn – tomó su chaqueta que estaba sobre una silla y se marchó de allí lanzando la puerta, después de percatarse de la maleta de la pelinegra. Tanto Isabella como Trece se observaron y siguieron riendo.

-¿¡Qué demonios te pasa!? – le gritó a Isabella que seguía riendo - ¡Están locas!

-¿¡A dónde vas!?

-A ducharme y no, no quiero que me acompañen

-¡Aguafiestas! – lo último que escuchó Quinn, fue como reían en el lobby.