Nueva York
Sábado
-¡Joder ya voy! – gritó Quinn bajando las escaleras en pijama, con su bata negra. Había dormido toda la noche en compañía de Rachel, consolándola luego de haberle hecho la curación; arrunchadas, le había cantado una canción hasta que la morena se había dormido en sus brazos. Duro un buen rato, observándola en silenció, acariciándole la mejilla con ternura, hasta que se quedó dormida - ¿Quién diablos timbra a las 7 de la mañana? – mascullo furiosa llegando a la puerta - ¿Qué demonios…?
-Hola Quinn
-¿Qué diablos haces en mi casa St. James?
-Necesitó hablar contigo – trató de abrir la puerta – a menos que quieras un espectáculo – alzó una ceja recalcando sus palabras
-Pff con lo que me interesan los espectáculos – bufó quitándose de la puerta y caminando hacia la cocina – al menos cierre bien la puerta – gritó sacando la cafetera
-Linda casa – murmuró Jesse entre dientes
-La de tus sueños y que nunca tendrás – sirvió una taza de café – te ofrecería una, pero no tengo esos modales – sonrió probando el café
-Los modales y tu no se llevan bien
-Nop – chasqueo la lengua – pero no me quejó – dejó la taza sobre el mesón - ¿A que vino a mi casa a tan temprana hora?
-¿Dónde está mi mujer? ¿Dónde la tienes escondida? – Quinn rodó los ojos recostándose en el mesón – es obvio que la tienes escondida
-¿Mi casa parece una mansión del terror o algo así? – Jesse negó confundido - ¿Entonces porque demonios creen que todo el que vive aquí, está en contra de su voluntad?
-¡Por qué es obvio! – alzo la la voz - ¿Quién en sus cinco sentidos vendría a vivir se con una adicta?
-Primero en mi casa no se grita – respondió tranquila – en segundo lugar, en mi casa se encuentran personas durmiendo y en tercer nadie está aquí contra su voluntad, es más ¿Cómo diablos consiguió la dirección de mi casa?
-Santana me dijo…
-Santana, Santana – interrumpió negando con la cabeza - ¿Ya le dijiste a tu gran amiga Santana lo que le hiciste a Rachel?
-Yo no le hice nada a Rachel
-¿Ah no? – apretó la mandíbula - ¿¡Entonces el golpe que tiene en la cara, se lo hizo ella misma!?
-Ella se lo buscó…
-¿¡Se lo buscó!? – exclamó indignada - ¿Crees que los golpes se busca St. Tonto?
-Respétame Quinn, que yo no...
-¿Tu no que? – lo interrumpió encarándolo - ¡Eres un cobarde de mierda! ¡Golpear una mujer con la triste escusa de que ella se lo buscó!
-¡Exijo ver a mi esposa!
-¿Exigir tu? – se burló, volviendo a tomar de su café – ¡En está casa nada se exige!
-¡Ya me estás cansando Fabray! ¡Dile a Rachel que la estaré esperando en nuestra casa, para que hablemos de nuestro matrimonio!
-¿Tu esposa? – alzó la ceja con una sonrisa burlona en su rostro - ¿Realmente cree que Rachel seguirá casada con una basura como usted?
-Al menos yo soy una basura y no una adicta, Santana ya me contó de la droga en tu sala
-Santana debería estar más pendiente de su matrimonio que de mi vida – negó haciendo sonar su cuello – y lo mismo va para usted St. Tonto, mejor dedíquese a vivir su vida con Jason – sonrió al ver como el chico abría los ojos sorprendido – oh sí, lo se y por su bien esperó que no se vaya a ir de bocazas diciéndole a la prensa cosas que no son y en caso de que se le de por ser valiente – se encogió de hombros – quien quedará mal será otro.
-No me amenaces – la empujó
-Viene a mi casa, a las siete de la mañana y pretende que sólo calle y asienta a las estupideces que dice – rodeo la mesa quedando frente al actor – conmigo no se equivoque St. James, una vez me pegó y no me defendí, pero está vez, ojo por ojo diente por diente – se ajustó el cinturón de la bata – deje bien cerrado antes de salir
-Esperó te guste el obsequio que le dejó aquí – habló antes de que la cantante saliera de la cocina – digo, para que Rachel no se entere que sigues en las mismas – sonrió de lado al ver el rostro contrariado de Quinn, que tenía la mirada clavada en la mesón, donde estaba una bolsa de droga – que la disfrutes – salió golpeando el hombro de la rubia, para luego salir de la mansión lanzando un portazo
-Buenos días Quinn – saludó Trece ahogando un bostezo mientras ingresaba a la cocina - ¿Cómo amaneciste?... ¿Quinn? – preguntó al percatarse que la cantante tenía la mirada clavada en un punto de la cocina - ¿Quinn?
-Droga – fue lo único que salió de la boca de la rubia, pero fue suficiente para que Trece siguiera la línea de visión y observará la droga sobre el mesón
-¿Pero que demonios? – se acercó a ella y la tomó en su mano, aprovechando que Quinn seguía petrificada - ¿Quinn? ¿Cariño? – le habló amablemente, lo último que necesitaba, era que Quinn reaccionará violentamente y tratará de quitarle la droga de las manos – cariño tienes que reaccionar – Trece no se percató que Rachel estaba entrando en la cocina y que había escuchado perfectamente ese "cariño" – Quinn – volvió la doctora a llamarla – diablos.
-¿Está…está todo bien? – preguntó Rachel asiéndose notar en la cocina a la vez que evitaba que Trece se percatará de que su voz sonaba rota.
-No tengo idea – contestó sin mirarla – de alguna forma esto – le enseñó la droga mirándola de lado – llegó a la cocina – Rachel frunció el ceño acercándose a la rubia – mira haber si puedes hacerla reaccionar, yo trataré de averiguar si alguien estuvo aquí
-Quinnie – habló suave después de que Trece saliera – Quinn… amor – la rubia desvió la mirada del mesón, a los ojos de la morena, pero aún no pronunciaba palabra alguna. – Quinn, amor ¿Qué tienes?
-Droga – repitió bajando la mirada hacia sus manos que empezaban a temblar
-Quinn mírame – Rachel tomó el mentón de la rubia obligándola a alzar el rostro – yo estoy aquí contigo y no voy a permitir que recaigas ¿Me oyes? – recibió como respuesta un débil asentimiento – ven, descansa un poco – la tomó de la mano y la guió escaleras arriba, hasta llegar a la Suite de la rubia. Suite, en la que se había despertado hacia unos minutos, con la sensación de haber descansado, sensación que desapareció al notar que la rubia no estaba en cama con ella y un sentimiento amargó que se instaló en su pecho al escuchar las palabras de Trece.
Luego de cerciorarse que Quinn dormía plácidamente en la cama, se cambio de ropa y bajo las escaleras rumbo a la choza. Al ser las ocho y media de la mañana, ni Britt, ni Beth, ni mucho menos Isabella, se había levantando, por lo que Rachel se encontraba en total calma.
No había querido revisar su celular, estaba segura que encontraría mensajes de Jesse, pidiéndole disculpas o más mensajes de Santana tratando mal a Quinn por impedirle ver a Britt. Se acomodó en la hamaca que Quinn había instalado en la choza y empezó a mecerse con el sonido de las olas golpeando el muelle. Había pasado poco más de una semana desde que se había reencontrado con la rubia y su vida ya había dado un cambio de 180 grados.
En esos días, había entendido que la admiración que sentía por Quinn en el instituto no era otra cosa sino un gusto por la – ahora – cantante, y no un gustó cualquiera, sino ese tipo de gusto que hacer que sientas mariposas en el estómago con tan sólo un mensaje, ese tipo de gusto que hace que todo tu cuerpo tiemble con el sonido de su voz, ese tipo de gusto que hace, que tus vellos se ericen con su tacto, ese gusto, que Rachel no sentía desde hace mucho tiempo con Jesse, lo sentía a flor de piel con Quinn y esa era el motivo por el cual le dolía tanto, ver como le costaba dejar la droga, si bien era cierto que no se acercaba a tomarla, si se quedaba observándola fijamente, añorándola y sabía, que tarde o temprano, Quinn volvería a consumir, y esperaba que fuera tarde y mejor aún que nunca más volviera a consumir
-¡Si tu marido vuelve a está casa! – la voz de Trece la sacó de sus pensamientos y casi la hace caer de la hamaca de la impresión – ¡te juró por lo más sagrado que tengo, que es mi pareja, que te largas con él!
-¿De que hablas? – la frenó cuando la doctora se disponía a regresar sobre sus pasos
-¡Tu querido esposo, Jesse! – apretó la mandíbula – ¡vino hace un rato y habló con Quinn y al parecer él le dejó esto! – le tiró la bolsita de droga a Rachel – ¡primero tu amiga la latina demente y ahora tu marido, avísame quien más va a venir así evitó que Quinn resulte en un manicomio! ¡Estar contigo definitivamente no le hace ningún bien! – dicho eso se giró marchándose, dejando nuevamente a solas a la morena.
-¡Esto es increíble Jesse! – se levantó de la hamaca y camino hasta el muelle, en donde lanzó la bolsita de droga al mar – pero me vas a escuchar eh, me vas a escuchar – se tomó unos minutos para calmarse y regresar a la casa. Cuando terminaba de correr la puerta, Beth bajaba refregándose los ojos
-¿Rachel que haces aquí? – preguntó la adolescente al verla - ¿Y que diablos te paso en la cara? – volvió a preguntar al ver el moretón que había en su rostro.
-Tuve una discusión con Jesse anoche y pues vine a quedarme
-¿Te quedaste con Quinn o en una habitación aparte? – inquirió con una sonrisa traviesa.
-Con Quinn… pero no paso nada – se apresuró a decir al ver la mirada de la chica
-Ah, pero te hubiera gustado – la molesto para luego reír al ver que se había sonrojado – me caes bien Rachel – siguió riendo camino hacia la cocina.
-Estos adolescentes – murmuró tratando de que le bajara el sonrojó. Una vez logrado, entró a la cocina en donde ya desayunaban Britt, Trece, Isabella y Beth
-Ese es su desayuno – le informó Trece sin mirarla. Al lado de Britt había un plato de fruta picada, con tostadas y un vaso de jugó natural
-Gracias
Desayunaron en silencio, únicamente con más aportaciones que de vez en cuando hacia Britt, eso sí, después de indagar que le había pasado en la cara. Rachel podía notar la mirada furiosa de Trece sobre ella, quería decirle que ella misma se encargaría del asunto, pero no quería alarmar a su amiga y la hija de la rubia.
Lavó los platos cuando todas terminaron de desayunar y estaba colocándolos en su puesto cuando Trece entró
-Lamento haberte hablado así, pero es que me dio mucho coraje que tu marido venga y le ofrezca droga a Quinn, dejándosela en bandeja de plata – se disculpó con las manos entre los bolsillos
-Yo hubiese reaccionado igual, si la situación fuera al revés – comentó girándose para observarla a la cara – y no tienes que disculparte
-Claro que tengo que hacerlo, eres una persona importante para Quinn
-Tu también
-Debes entender Berry, que si yo no apruebo tu relación o lo que sea que tengas con ella, es por el bienestar de ella, porque necesitamos recuperarla, alejarla de toda esa basura de mundo en la que se rodea y con personas como tu marido o la latina, no lo va a lograr – se dio la vuelta mirando hacia afuera de la cocina – en estos momentos, estamos en un punto, en que hay que escoger un bando ¿En que bando estás tu Berry?... El desayuno de Quinn está en la nevera – miró a la morena unos instantes más y salió de la cocina.
Rachel tomó la bandeja que contenía el desayuno de la rubia y subió hasta la Suite de ésta, encontrándola sentada en el suelo mirando hacia la ventana
-Hey – saludó Quinn al ver entrar a la morena – pensé que te habías ido
-Estaba desayunando abajo con las chicas – se acercó a ella con la bandeja – y tu también debes desayunar – la rubia asintió tomando la bandeja y comiendo en silencio - ¿Qué quería Jesse? – preguntó Rachel una vez Quinn término de desayunar, la morena se sentó en el suelo al lado de ella.
-Hablar contigo – susurró suavemente – al parecer Santana y él, tienen la percepción de que, quienes viven aquí, viven en contra de su voluntad
-Eso no es cierto
-Lo se, pero sabes que aquí puedes entrar y salir cuando gustes ¿No?
-Lo se Quinn – sonrió cuando la rubia, se recostó en su hombro
-Jesse dejó una bolsa de cocaína en la cocina – murmuró cerrando los ojos
-Lo se, ya nos deshicimos de ella
-Mejor, pero – suspiró pesadamente sin abrir los ojos – cuando la vi, mi cuerpo se paralizó y aunque mi mente quería consumir, mi cuerpo no obedeció las ordenes que le di
-¿Aún quieres consumir?
-No te voy a mentir Rachel, quiero consumir, aunque cada día las ganas son menos, aún están allí
-Pero tu eres fuerte, hoy lo demostraste al no caer en la tentación
-Porque te tengo a ti - levantó la cabeza y unió sus labios en un tierno beso.
Luego de un rato abrazadas en el suelo, decidieron bajar a la piscina, aprovechar el sol que hacia y así estrenar la piscina.
En la piscina estaba Beth nadando y cerca de allí estaban Trece e Isabella charlando animadamente con Britt
-Buenos días Beth - saludó la rubia, entrando de la mano con Rachel - ¿Cómo estás?
-Bien aquí disfrutando del sol - contestó mirando la unión entre su madre y Rachel - ¿Entrarás a la agua? - preguntó alzando la vista
-Sí, ya que hoy no hice ejerció en el gimnasio, lo haré aquí
-¿Unas carreritas? - preguntó emocionada Beth, al ver que Quinn se quitaba la bata dejando a Rachel con la boca abierta
-Te ganaré - no dijo nada más, pues se lanzó al agua, en un clavado limpio, en donde nado hasta la otra esquina antes de salir por un poco de aire.
Cerca de una hora estuvo jugando con Beth en la piscina, tiempo que aprovechó Rachel para tomar el sol, pero a fin se cuentas, terminó uniéndose a la diversión de madre e hija.
-Manson me llamó hace un rato. - comentó Beth, sentada en el borde se la piscina con los pies entre el agua.
-¿Tu ex novio? - Beth asintió - ¿Y qué quería? - preguntó abrazando a Rachel dentro del agua.
-Invitarme a salir, alguien le fue con el chisme de que ayer salí con Agustín y ahora él quiere que le de una oportunidad
-Ten cuidado con esos chicos, no sabemos que intenciones puedan tener.
Luego de un rato más en el agua, Isabella se acercó a ellas
-Quinn
-¿Qué pasa? - preguntó sacando la cabeza del agua, estaba jugando carreritas con Beth y Rachel, quienes se detuvieron pada escuchar a la pelinegra - ¿Y Britt y Trece? - preguntó al no verlas
-A dentro, se fueron hacer el almuerzo
-¿Qué hora es? - preguntó Rachel
- Cerca de las 2 - contestó Isabella mirando el reloj - Quinn, acaba de llamarme Glenn
-¿Y que te dijo Glenn?
-Ya hay fecha de lanzamiento de mi disco, para la próxima semana en Los Ángeles ¿Vendrás conmigo?
-Eh... - balbuceó un poco - sí, así aprovechó para traer unas cosas de Los Ángeles que quiero mostrarle a Beth - Isabella asintió feliz y se marchó hacia la casa
-¿Te irás a Los Ángeles? - preguntó Rachel abrazándola
-Sólo serán un par de días y podrás quedarte con Beth, aprovechó que va Isabella, para arreglar los últimos detalles para mi siguiente cd
-Está bien - se ganó un beso por parte de la morena, bastante intenso. Siguieron jugando hasta que Britt les avisó que era hora de almorzar
