Nueva York

Domingo

-Tengo un mal presentimiento con este viaje Quinn – Rachel estaba sentada en la cama observando como la rubia buscaba unos papeles. Por la ventana se filtraba la luz de la luna.

-No pasará nada cariño – dijo besándola en los labios antes de sentarse al lado de ella – sólo iré al lanzamiento del disco de Isabella, un par de reuniones y haber si puedo colocar en venta la mansión

-¿La vas a vender? – Quinn sonrió, al ver el brillo que desprendían los ojos de la morena.

-Ya no la necesitó, todos los que me importan están en Nueva York, así que – se encogió de hombros – puede que se la venda a Isabella, siempre le ha gustado.

-No entiendo porque tienes que estar tú, en el lanzamiento de su disco – hizo puchero, jalando a Quinn para quedar acostadas en la cama.

-Para Isabella ha sido más difícil lanzarse como solista, que lo que fue para mi – comentó jugando con el cabello de la morena, que la abrazaba por la cintura – cuando la banda se separó y yo continué, tuve la ventaja de que me quede con el nombre de Lynx Pentreath, Isabella se está lanzando al mercado como Isabella Welch y quienes la conocen o la recuerdan, es porque ha tocado conmigo en los conciertos o colaborado en alguna canción, así que le es difícil alejarse de mi imagen

-Por eso ¿No sería mejor que no fueras a su lanzamiento?

-Debo ir preciosa – le robo un beso – además tengo asuntos que atender en Los Ángeles y poner mi centro de mando aquí en Nueva York, además ya tengo la primera canción

-Quinn…

-No te preocupes Rach – le acarició la mejilla – para tú tranquilidad, Trece irá con nosotras.

-¿En serio?

-Sí, Isabella es importante para ella, como para no estar mañana.

-Te quiero Quinn

-Yo también hermosa.

Dedicaron la noche a amarse, a hacerse promesas que estaban seguras cumplirían. Y aunque para Rachel fue un alivio saber que Trece estaría con Isabella y Quinn, había algo en su corazón que le decía que las cosas cambiarían con ese viaje.

Lunes

-Te quedas juiciosa con Rachel ¿De acuerdo? – Beth asintió bajando las escaleras con su madre. Eran las siete de la mañana y la adolescente debía partir al colegio

-No te preocupes, Berry y yo nos portaremos bien en tu ausencia – bromeó sacando la lengua – no traeremos chicos, ni chicas para que no te roben a la chica.

-Hoy amaneciste graciosa – negó con la cabeza, escuchando la risa de su hija – vamos a desayunar, que de por si ya vas tarde para clase.

-Que aguafiestas – bufó entrando a la cocina, en donde ya estaban Rachel, Isabella y Trece - ¿La maleta que está en el lobby de quien es? – preguntó Beth sentándose a comer los huevos con tocino que le habían servido.

-Es mía – contestó Trece, entregándole una porción de fruta a Quinn – a diferencia de éstas dos – miró a las dos cantantes – yo casi no tengo ropa en Los Ángeles

-Pero parece que te fueras para no volver – La joven se ganó un golpe en el hombro y la risa de todas en la cocina.

Siguieron desayunando, entre bromas y risas. Para Quinn era satisfactorio ver como Rachel y Trece bromeaban entre si, a pesar de llevarse mal en varios momentos o ver a Isabella molestando a Beth por la chaqueta roja que se había puesto ese día.

Aunque se mantuvo callada, pudo observar que, aunque la morena riera, aún estaba preocupada por el viaje y por lo que en el pudiese pasar.

-¡Vámonos! – exclamó Isabella sacándola de su pensamientos – son seis horas de vuelo y el avión sale a las 8 así que… - se término el jugó levantándose de la mesa – iré por mi chaqueta – salió de la cocina seguida de Trece

-Antes de que salgan – Quinn frenó a Rachel y Beth que pretendían seguir los pasos de las dos chicas – Quiero dejarles algo muy claro a las dos – se paso la lengua por los labios – se que ambas tienen miedo, de que en éste viaje yo recaiga en las drogas y vuelva a mis andanzas. Pero eso no será así – con su mano derecha, tomó la mano de Beth y con la izquierda la de Rachel – ustedes dos son lo más importante que tengo en está vida y no voy a arriesgarme a perderlas por un ratico de emoción – refiriéndose a la droga – o por un ratico de placer – miró a Rachel – las amo a las dos y lo que menos quiero es decepcionarla

-No lo harás – Beth apretó tu mano – nosotras confiamos en ti y sabemos que no nos decepcionaras

-Te queremos Quinn – murmuró Rachel soltándola para poder abrazarla, abrazo al que se le sumó Beth – nos harás mucha falta.

-Vente a vivir conmigo – Quinn miró a Rachel y Beth supo que era el momento de dejarlas solas – sobran habitaciones, sino quieres dormir conmigo pero vente a vivir aquí, trae tus cosas y vivamos juntas

-Lo haré – susurró con los ojos brillantes.

Rachel se sintió pequeña, cuando quedó sola en la mansión de Quinn. Ron se había ido con Freddy a llevar a Quinn y sus amigas hasta el aeropuerto y Beth se había marchado con sus amigas, aún no manejaba el auto que Quinn le había regalado, pero esperaba cambiar eso pronto.

Rachel salió de la mansión, luego de cerciorarse que chimuelo tuviese comida, rumbo al departamento que compartía con Jesse para sacar parte de las cosas que continuaban en el departamento. Al ser tan temprano, estaba segura que el actor no estaría y para su suerte así fue.

En una maleta grande, empaco su ropa, sus vestidos y zapatos en una aparte. En otra más pequeña, guardó sus premios y otras cosas de valor. Cuando quiso darse cuenta, ya eran las 3 de la tarde, afanada, sacó todo lo empacado del departamento y cuando arrancaba vio el auto de Jesse llegar, aunque el chico ni cuenta se dio, puesto que llegaba acompañado de Jason.

Se detuvo en un restaurante de comida rápida y pidió dos pizzas, una vegetariana y la otra de peperoni para Beth, quien ya debía haber llegado a la mansión.

Howard, el guardia que había contratado Trece luego de las desafortunadas visitas de Jesse y Santana a la mansión, le ayudoba bajar las maletas del auto y a entrarlas a la mansión, encontrándose con Beth en el Lobby.

-¿Cómo te fue en el instituto? – preguntó Rachel luego de agradecerle a Howard por la ayuda

-Igual que siempre… ¿Pizza de que es? – preguntó enderezándose. Estaba acostada en aquel sofá que tanto le gustaba a Quinn y que a pesar de que a la rubia le gustaba fumar en el, aún conservaba su olor.

-Peperoni y vegetariana

-Genial… ¿Y esas maletas? – preguntó tomando la caja de pizza

-Decidí hacerle caso a tu madre y venirme a vivir del todo con ustedes.

-Eso es fantástico – comentó mordiendo la pizza – puedes acomodarte en su Suite o en la del lado.

-En la del lado duerme Isabella – respondió con la mandíbula apretada, sentándose frente a la adolescente que la miraba confundida – Isabella me dijo que ella dormía en la habitación que estaba al lado de la de Quinn – explicó pero la risotada de la adolescente la dejó confundida.

-Isabella duerme en la casa de invitados con Trece – negó con una sonrisa mordiendo otro trozo de pizza.

-¿Con Trece? – pero antes de que la chica pudiese contestar, su celular sonó dejando ver el rostro de Quinn en la pantalla – Es Quinn… hola – saludó colocando el teléfono en altavoz

-Hola Rach ¿Cómo estás?

-Estoy aquí con Beth comiendo pizza

-Rompiendo la dieta, aprovechando que no estamos – se burló - ¿Y si ésta buena?

-Deliciosa – contestó Beth - ¿Cómo les fue en el viaje? – sonrió cuando escuchó un bufido del otro lado.

-Agotador… había olvidado lo tedioso que es estar a punto de lanzar un disco, Trece está por volverse loca

-¿Por qué?

-La tienen sentada, mientras una la peina, la otra la maquilla y está ya desesperada

-Me la imaginó – se burló Beth

-Las extraño muchísimo – murmuró Quinn – debo colgar, acaba de llegar Glenn y debo hablar con él. Mañana las llamó y les cuento como nos fue

-Esta bien – luego de un par de palabras de cariño, Rachel colgó la llamada

-¿Entonces Trece e Isabella?

-No se si duermen juntas – comentó Beth sacudiéndose las manos – pero viven allá, igual, esa casa también tiene varios cuartos – de encogió de hombros – te ayudó a subir esto, mientras decides que habitación

Jueves

Beth llegaba enojada a la mansión, lanzando lejos su mochila contra el sofá en el Lobby, dejándose caer de rodillas presa del llanto.

-¡Beth! – exclamó Rachel corriendo hacia ella - ¿Cariño que pasa?

-¡Agustín! – gritó

-¿Le pasó algo a Agustín?

-No – negó limpiándose las lágrimas – es un hijo de puta

-Beth…

-Le dijo a todos en el instituto que había logrado comerse a la hija de Lynx Pentreath – se burló, recordando que el martes en la noche, el chico se había quedado en la mansión donde tuvieron su primera vez juntos

-¿Eso hizo? – la joven asintió tragando fuertemente.

-Era una apuesta que tenía con sus amigos, de que en menos de un mes lograba tenerme en su cama y que creés lo consiguió – se derrumbo nuevamente, pero está vez en los brazos de Rachel.

-Tranquila cariño

-La vida apesta – murmuró apretando a Rachel – extraño mucho a Quinn

-Ya falta una semana para que regresé – la chica asintió sin soltar a Rachel – Apenas llegue tu madre, lo vamos a torturar

-¿Torturar?

-Ni te imaginas las cantidad de métodos de tortura que conoce Quinn – se estremeció con Beth en brazos, recordando la Quinn del instituto – No llores por ese chico, no vale la pena cariño

-Pero yo lo quería – sollozó en el hombro de la morena

-Lo se cariño – le dio un beso en la frente – pero él no merece tus lágrimas, ningún hombre las merece

-Duele

-Claro que te duele – la apretó más hacia si misma – pero, sólo el tiempo te ayudará a sanar. ¿Quieres ver una película y comer helado?

-Lo típico de las películas – se burló separándose de la morena – porque no, me hará bien – suspiró profundamente – ven vamos al cuarto de entretenimiento

-¿Para que?

-Nunca has entrado ¿Verdad? – la morena negó – ven, sígueme.

Caminaron hacia el salón de entretenimiento, abrazadas, aunque Beth era ligeramente más alta que Rachel.

-¡Oh Dios! – exclamó Rachel cuando entraron. En el cuarto había una pantalla, tan grande que Rachel no sabía ya cuantas pulgadas tenía. Unos sofás comodísimos y varias máquinas de videojuegos, una máquina de crispetas y otra de bebidas. No hace falta aclarar que luego de que Beth regresará con el helado, se habían dedicado a ver películas de comedia, románticas y de drama.

Sábado

La noche anterior, Rachel había hablado con Quinn, pero había quedado con una sensación extraña en el pecho. Sensación que aumentó al saber que Trece había viajado de improviso a Washington. .

-¿Estás bien? – Britt había llegado el viernes a acompañarlas en la mansión. Las cosas con Santana habían mejorado, más cuando la latina se había enterado que Jesse había golpeado a Rachel, asumió sus errores y se disculpó con la morena por los malos momentos que le hizo vivir con su inmadurez, aunque todavía no estaba dispuesta a llevar las cosas tranquilas con Quinn.

-Anoche hable con Quinn y la sentí extraña, como si me estuviera ocultando algo.

-¿Crees que algo paso?

-No lo se – se dejó abrazar por su amiga – pero desde que se fue, tengo un presentimiento extraño y escucharla hablar como me habló anoche, no se Britt, tengo desconfianza.

-Llámala y preguntarle que le está pasando – sugirió la bailarina

-Está bien – aceptó sacando su teléfono – ¿Estarás aquí?

-¿Quieres que me quede mientras hablas con Quinn? – la morena asintió – está bien, pero ponlo en altavoz – la morena marcó y al cuarto tono, la llamada fue atendida.

-Hola…

-Hola Quinn – la voz se le corto a Rachel, al escuchar la voz apagada de la rubia - ¿Cómo estás?

-Bien… algo cansada pero bien – bostezo sacando una sonrisa en Britt

-¿Éstas sola?

-Sí – murmuró – Isabella salió temprano para la disquera

-Quinn ¿A pasado algo? – preguntó directamente

-¿Pasado de que?

-¿Con Isabella? ¿A pasado algo?

-¡Por supuesto que no! – exclamó indignada – estoy ya fue suficiente

-Quinn…

-No Rachel escúchame tú a mi. Entre Isabella y yo no ha pasado nada, ni pasará nada. Si ella me coqueteaba y yo no le prestaba atención es simplemente por que Isabella tiene pareja, es más, están comprometidas y a mitad del próximo año se van a casar y si se comportaba así, es porque le divertía verte celosa

-¿Isabella está comprometida?

-Confía un poquito más en mi Rachel, yo no pondré en peligro lo que estanos construyendo juntas… al menos no voluntariamente – murmuró más para si misma

-¿A que te refieres? –sí, Rachel alcanzó a escuchar eso último – Quinn…

-Me duele la cabeza Rachel – suspiró pesadamente – Te amo morena, no lo olvides – dicho eso, colgó la llamada

-Quinn está consumiendo – Rachel lanzó el teléfono lejos, rompiéndolo en el acto – está consumiendo Britt.

-Eso no lo sabes

-Se que no lo se, pero es lo más seguro…

Miércoles

-¿No piensas contestarle el teléfono a mi madre? – Beth estaba molesta con la morena. Desde el viernes anterior, que la morena había destrozado el teléfono, no había vuelto ha hablar con Quinn – ¡En vez de ayudarla la estás es hundiendo! – le gritó Beth – ¡No sabemos a ciencia cierta si en verdad volvió a consumir, o porque lo volvió a hacer y de ser así, es mi madre y la voy a apoyar para que salga de eso, muy diferente de ti por lo que veo!– se giró para salir de la habitación – afortunadamente preferiste no dormir en su cuarto – la miró de arriba abajo antes de salir.

Rachel suspiró apretándose el puente de la nariz. Después de varias respiraciones, tomó su nuevo teléfono y marcó el número de Quinn, quien le contestó en el primer tono

-Rach… - la morena se asustó al escuchar la voz rota de la rubia – me has llamado.

-¿Quinn estás bien? ¿Has estado llorando?

-Sí… yo – se aclaró la voz – me he sentido un poco mal eso es todo.

-¿Qué tienes?

-Me ha dolido mucho la cabeza y hoy fui al médico con Trece…

-¿Trece está allá? – suspiró aliviada.

-Sí, llegó el lunes en la noche y ya mañana nos darán los resultados.

-¿Pero es algo grave? – preguntó sintiéndose estúpida por ignorar a la rubia tantos días.

-Esperemos que no… Te amo mucho Rachel, siempre recuérdalo.

-Yo también te amo Quinn – era la primera vez que se lo decía y escuchó un sollozó del otro lado de la línea - ¿Quinn?

-No sabes lo hermoso que se sintió eso… debo dejarte – habló luego de unos minutos, minutos en los que Rachel escuchó la voz de Trece – Trece quiere tomarme la presión

-Está bien, descansa.

-Igual tú. Te amo

Viernes

Habían pasado ya dos semanas desde la partida de la rubia hacia Los Ángeles y desde el jueves en la mañana, ni Beth, ni Rachel habían tenido noticias de ella. Más de 24 horas sin saber de ella.

La situación con Beth aún no había mejorado, la adolescente sentía que Rachel se había rendido a la primera y aunque ya sabía que Quinn y ella habían hablado, aún no la perdonaba por los días en que no quiso atender la llamada de la rubia.

El cielo estaba nublado y el clima helado. Rachel se encontraba mirando un catálogo de ropa para bebé con Britt. Hasta ahora eran las doce del día, pero por el clima parecía más tarde.

En esas dos semanas, Rachel le había enseñado a conducir a Beth y aunque no se hablaban bien, Beth quería aprender a conducir, así que por ese espacio de tiempo se mordió la mejilla y aceptó los consejos de la morena y para ese viernes ya tenía su licencia de conducir. Aún seguía de mal humor luego de su repentino rompimiento con Agustín.

Rachel ya no sabía como llevar el tema con la chica, sabía que se había equivocado y aunque la misma Quinn le había dicho que no se preocupará, la adolescente no la perdonaba.

-¿Las cosas siguen mal con Beth? – preguntó Britt al ver a la morena en las nubes.

-Esáa difícil la situación – contestó haciendo sonar su cuello – y más aún que desde ayer no tenemos noticias de Quinn

-¿Habrá pasado algo?

-No creó – negó mirando hacia la ventana – Trece o Isabella hubiesen llamado

-Es cierto… no pienses tanto Rachel, seguramente Quinn esta bien, además ¿Llega esta noche no? – la morena asintió – eso es, tal vez este preparando una sorpresa para ustedes.

-Pero sigo preocupada Britt. Quinn se sentía mal y no he sabido que le ha dicho el médico, si está bien o no.

-No pienses más en eso y mejor vamos a preparar el almuerzo – cerró las revistas – Beth llegará con hambre.

-Y estos días a demostrado ser hija digna de Quinn y Puck

Entre charlas, ambas mujeres prepararon el almuerzo. Britt sin permiso, invitó a la latina a almorzar, quien se sintió algo incómoda en casa de la rubia, recordando el último enfrentamiento que había tenido con ella.

-La próxima vez avísame que viene gente indeseable, así me demoró en llegar – comentó Beth, asustando a las tres mujeres que no habían escuchado la puerta – la próxima vez, quien dice, no es tu marido quien está sentado en la cama de Quinn – replicó molesta, saliendo de allí.

-¿Qué le pasa a la mini Fabray? – preguntó Santana, el carácter de la chica le había recordado a Quinn en sus mejores días.

-Tuvimos un mal entendido pero ya vez… - señaló la puerta por la que había salido la chica.

-Vas a tener que arreglar eso, antes de que Quinn regresé – comentó Britt comiendo helado

-Ahora vuelvo – suspiró saliendo de la cocina.

Encontró a la adolescente en el salón de entretenimiento, mirando algo de televisión.

-Beth

-No quiero hablar contigo – contestó sin mirarla

-Tenemos que arreglar esta situación

-No tenemos que arreglar nada Berry – soltó el control sin darse cuenta que el canal se cambiaba – no eres lo suficiente valiente como para ser la pareja de Quinn

-Beth, entiendo que estés molesta pero…

-¡Pero nada! – gritó interrumpiéndola – ¡Tú! – la señaló con el dedo – ¡No sabes nada! ¡No tienes ni idea de lo que fue escuchar a Quinn llorar porque no le atendías el teléfono! ¡Ojalá te sacará de aquí, pero con lo enamorada que está, llegará corriendo a tus brazos!

-¿Qué es la gritería? – preguntó Santana entrando con Britt. La latina aún no se acostumbraba a tanto lujo

-¡Usted no se meta! – exclamó Beth. Respiró profundo y volvió a sentarse – Les agradecería que me dejaran sola – tomó el control y le subió volumen al televisor sin mirarlo.

-Beth tienes que entender algo …

-"Interrumpimos esté programa para dar la siguiente información; hoy en la mañana salió un rumor de que Lynx Pentreath " – las cuatro giraron el rostro al escuchar el nombre artístico de Quinn – "Se había internado en un centro psiquiátrico" – Tanto Beth como Rachel, sintieron que el mundo se les caía

-No – negó Beth – eso no es verdad

-"Información que se confirmó hace unos minutos. Lynx Pentreath se interno voluntariamente en un centro psiquiátrico de Los Ángeles, por problemas mentales…"

Ninguna reaccionó, únicamente escucharon la puerta abrirse y una adolescente correr hacia la puerta para luego regresar en sus pasos.

-¡Esto es tu culpa Berry! – gritó Beth antes de tomar sus llaves y salir corriendo hacia el estacionamiento.

-Quinn… - fue lo último que susurró Rachel antes de caer desmayada en los brazos de Santana